miércoles, 11 de septiembre de 2013

Ellos votan

¿Creían que habíamos cancelado la encuesta de discos del rock argentino? No, amigos. Estuvimos dos meses trabajando para ustedes y, al fin, cerramos la participación popular (aunque quizá se cuele alguna persona más sobre la hora). En estos días subiremos algunos textos con anécdotas de las votaciones -más las palabras que algunos participantes quisieron agregar-, y daremos una explicación concreta de porqué no quisimos que sean "los mejores" discos de "rock nacional".

Para que se vayan dando una idea: éste es el listado de votantes, tal como quedó en mi archivo (no me pidan orden alfabético y esas cosas, no por ahora). A todos ellos agradezco su paciencia y buena voluntad: la respuesta fue simpática y comprometida, muchos de los consultados -casi todos- se tomaron un tiempo que no esperaba para elegir bien sus 15 discos favoritos, demostrando interés respecto de mi pedido.
Pronto tendrán más novedades: por ahora les dejo la lista. Largamos:

Emmanuel Angelozzi, periodista
Pablo Saraceni (Los Planos), músico
Eduardo Gazzaniga, manager
Germán Hatrick, músico
Álvaro el Ruso Sánchez (El Siempreterno; 333; 37 Noches; Natural Mente Reggae), músico
Seba Ibarra, fotógrafo
Federico Muñoz de Toro, productor discográfico en Cincope Records
Jo Goyeneche (Valentín y Los Volcanes), músico
Julián Oroz, músico
José Noisé (SUB), músico
Fabián Spampinato, director de FM d-rock! y músico
Pol Neiman, músico
Pablo Grinjot, músico
León Rogani (El Hiperfulbo, Krupoviesa), músico
Alejandro Pi-Hué, fotógrafo
Fotos del Otoño, músicos
Juan Pablo Gambarini (Fútbol), músico
Hernán Cucuza Castiello, músico
Ariel Bacca, fotógrafo
Andrea Prodan (Romapagana), músico y actor
Pablo Comas (Alucinaria), músico
Lucas Gregorini (Miro y su Fabulosa Orquesta de Juguete), músico
Juanchy Manchy (Los Reyes del Falsete), músico
María Boccanera, prensa y producción en Rock City
Facundo Llano, periodista
Lautaro Barceló (Miro y su Fabulosa Orquesta de Juguete, Orquesta de Perros), músico
Fernando M. Blanco (Valle de Muñecas), músico
Seba Rubin (Rubin y Los Subtitulados), músico
Oscar Cuervo, director de revista La Otra, blogger y periodista
Anahí Parrilla Belfer, música
Juan Manuel Strassburger, periodista y co-creador del Festipulenta
Álvaro Barbeira, blogger
Fósforo García (Pez), músico
Matías Córdoba, periodista
Tino Moroder (El Atolón de Funafuti), músico
Pablo Scarpaci, músico
Ale Do Carmo, periodista
Miguel David Barrenechea (Placard), músico y periodista
Juan Martín Galeano (Policromía), músico y blogger
Martín Zariello, escritor y blogger
Federico Anzardi, periodista, editor de revista Rock Salta
Carlos Elorza, periodista
Juan Manuel Pairone (Un Día Perfecto Para El Pez Banana), músico y periodista
Natalia Torres, periodista
Juan Manuel Condori (Viva Elástico), músico
Sebastián Chaves, periodista
Emiliano Valcarce, periodista
Lucas Magnín, músico
Alejandro Leonelli (Honduras), dibujante, diseñador gráfico y músico
Javier López Uriburu, fotógrafo
Pablo Vidal (La Perla Irregular; Pels), músico y productor
Manuel Bence Pieres (Crisologo y Los Cuerdos), músico
Fernando CHatarra Fauszleger, periodista, fotógrafo y representante musical
Mariana Enriquez, escritora y periodista
Esteban Cavanna, productor
Joaquín Vismara, periodista
Lucio de Caro (Nikita Nipone), músico
Tingo Zucal (Pels; La Perla Irregular), músico
Cristian Vitale, periodista
Belén Ilé, música
Jorge Shura Ruchtein (Shura & Monos en Trance), músico
Juanito El Cantor, músico
Adrián Juárez, músico
Pablo Natale (Bosques de Groenlandia), músico y escritor
Pablo Schanton, periodista y letrista
Miriam Maidana, blogger
Mariano del Mazo, periodista
Alejandro Lingenti, periodista
Juan Carlos Ingaramo, músico
Julia González, periodista
Javier Aguirre, periodista
Maxi Diomedi, periodista
Rocío Paulizzi, prensa
Adrián Mouján, periodista
Christian Alliana (Esencia Vudú), músico
Ramiro García Morete, Míster (Miro y su Fabulosa Orquesta de Juguete), músico y periodista
Julio Nusdeo, periodista
Agustín Pisani, escritor y periodista
Andrés Ruiz (Alud Negro), músico
Shaman Herrera, músico
Sebastian Lino, músico
Juliana Celle, periodista
Gustavo Collado (La Sobrecarga), músico
Leonardo Ojeda, periodista
Vito Martino, músico
Richie Sanabria (La Perla Irregular), músico
Claudio Quartero (La Saga de Sayweke; Los Fakires), músico
Esteban Serrano, diseñador y dibujante
Santiago Ramos, periodista
Hugo Ulrich, blogger
Agustín Emilio Casalia, músico
Marcos Rocca, músico
Karpy Karpinsky, periodista
Santiago Álvarez (Un Día Perfecto Para El Pez Banana), músico
Ángel Clemente (Excursiones Polares), músico
Leopoldo Deza, músico
Ezequiel Borra, músico
Tom Quintans (Go-Neko!; Bestia Bebé), músico
Jesu Rivero (Rivero y El Mico), músico
Sebastián Paunero (La Asociación; La 220; Juan Tenti y Los Cuñados), músico
Pablo Gorondi, periodista
El Nica (Los Reyes del Falsete), músico
Juampi Mandelman (Rubin y Los Subtitulados; Sacoman), músico
Nicolás Kosinski (Valentín y Los Volcanes), músico
Sebastián Duarte, periodista
Pablo Potapczuk, fotógrafo
Facundo Miño, periodista
Fabricio Morás (Sur Oculto), músico
Aníbal Esmoris, productor de cine
July Sky, música
Marianela Insúa Escalante, periodista
Alejandro Meola, músico
Polvo Bureau, sello discográfico
Pablo Krantz, músico
Julián Perla (Mi Pequeña Muerte), músico
Adrián Outeda (Satan Dealers), músico
Marcos de Martis (Excursiones Polares), músico
Luciano Lulo Esaín (Acorazado Potemkin; Valle de Muñecas; Motorama), músico
Roy Milan Johansen (Excursiones Polares), músico
Sebastian Volco (Orquesta Metafísica), músico
Leandro Kalén, músico
Flavio Mogetta (Miro y su Fabulosa Orquesta de Juguete), músico y periodista
Marco Sanguinetti, músico
Claudio Cardone, músico
Dani Pérez (Los Sucesores de la Bestia), músico
Martín Barraco, periodista
Guillermo Martín Villalobos, periodista
Alejandro Grimson, periodista y decano del IDAES-UNSAM
Feche Juárez (La Ola Que Quería Ser Chau), músico
Joaquín Cañardo (La Ola Que Quería Ser Chau), músico
Agustina Gutiérrez (La Ola Que Quería Ser Chau), música
Santi Nerone (La Ola Que Quería Ser Chau), músico
José Miguel del Pópolo (La Ola Que Quería Ser Chau), músico
Matías Frontera (La Ola Que Quería Ser Chau), músico
Federico Toscano (Alucinaria), músico
Gonzalo Aloras, músico
Diego Capusotto, actor
Gonzzalo Iglesias, fotógrafo
Emmanuel Patrone, periodista
Paula Bustos Paz, periodista
Alejandro Mármol, gestor cultural
Sebastián Salvador, músico
Gustavo Sala, humorista gráfico
Juan Pablo Rufino Picoroso, músico
Carlos Sidoni, prensa y producción
Tifa Rex (Los Reyes del Falsete), músico
Carla Castelo, periodista
Guillermo Naccachian, blogger
Marcelo Iconomidis, musicalizador e investigador autodidacta
Nacho Zucal (Pels; La Perla Irregular), músico
Agus Stegmayer, periodista
Cristian Seligmann, periodista
Pablo Ramos, escritor y músico
Luciano Villacé (Bigger), músico
Rodrigo Espina, director de cine
Zelmar Garín, músico y productor
Acho Estol, músico
Litto Nebbia, músico y productor
Charlie Desidney, músico y productor
José Heinz, periodista
Alan Plachta, músico
Lula Bauer, fotógrafa
Andy Cherniavsky, fotógrafa
Pedro Bedascarrasbure (La Teoría del Caos), músico
Ezequiel Ruiz, periodista
Alan Levy, periodista
Manu Loop, músico
Lucas Giotta, músico
Julieta Rimoldi, música
Adrián Cayetano Paoletti, músico
Matías Peluffo, periodista
Salomar, músico
Lucas Herbin, músico
Alfonso Barbieri, músico
Felipe Surkan, director de Viajero Inmóvil Records
Mariano Fernández Bussy (Me Darás Mil Hijos), músico
Sebastián Schachtel (Las Pelotas), músico
Marianela Pelzmajer, música
Franco Salvador (Pez), músico
Federico Córdoba, periodista
Diego Fares (Linda), músico
Hernán Espejo (Compañero Asma), músico
Alvaro Villagra, técnico de grabación
Sebastián Escofet, músico
Lionel Pasteloff, periodista
Gustavo Varela, filósofo, docente y músico
Liliana Vitale, música
Francisco Milne (Pels; Nikita Nipone; La Bundesliga), músico
Rodolfo García, músico y productor artístico en La Perla del Once y ECuNHi
Ariel Minimal (Pez; El Siempreterno), músico
Señorita Carolina (Miss Bolivia), música
Alfredo Rosso, periodista
Diego Mancusi, periodista
Mariano López Gringauz (Valle de Muñecas), músico
Ángeles Benedetti, periodista
Pipo Lernoud, periodista y poeta
Darío Jalfin, músico
Carola Bony, música
Juan Ingaramo, músico
Juan Pablo Fernández (Acorazado Potemkin), músico
Oscar Reyna (Atlanticus; Los Fakires), músico
Juan Bárcena, periodista
Ezequiel Alemian, periodista
Facundo Lozano, periodista
Eloisa López, música
Alejandro Wierna, periodista
Diego Maita, periodista
Gerardo Farez (Tremor), músico
Oscar Jalil, periodista
Federico Ghazarossian (Acorazado Potemkin, Me Darás Mil Hijos), músico
Marcos Fernández Mouján (Dos Mil Osos; La Perla Irregular), músico
Fabián Resakka García (Error Positivo), fotógrafo y músico
Gustavo Semmartín (Me Darás Mil Hijos), músico
Alexis Valido (Simon Fuga), músico
Diego Eigengrau (Pels), músico
Martin Reboredo, músico
Ezequiel Black, diseñador gráfico y artista
Nicolás Lantos (Krupoviesa), periodista y músico, co-creador del Festipulenta
José Martínez (Clochard), músico
Bárbara Gilles, música
Alina Gandini, música
Lola García Garrido, fotógrafa
Gonzalo Pajaro Rainoldi, técnico de grabación y músico
Fabian Tweety González, músico y productor
Silvia Aramayo, música
Leo Sujatovich, músico
Alejandro Schuster (Viva Elástico), músico
Martín Elizalde (Falsos Profetas), músico
Javier Rabinovich (Un Día Perfecto Para El Pez Banana), músico
Marcelo B., blogger
Lucila Escalante (Un Día Perfecto Para El Pez Banana), música
Victoria Schwindt, fotógrafa
Julián Fernández Mouján, periodista
Lucía Couso, editora
Flor Codagnone, periodista y docente
Julieta Sabanes, música
Juan Cavalli (Los Esqueletos), músico
Edy Rodriguez, periodista
Pablo Hadida, músico
Willy Quiroga (Vox Dei), músico
Fabio Scaturchio, manager y productor
Gustavo Bazterrica, músico
Gisela Varacca, música
Daniel Irigoyen, músico
Bruno Larocca, periodista
Pablo Mendez, periodista
Paula Alberti, prensa
Alejo Vintrob (José Unidos), músico
Fede Kempff, músico
Manuel Farizano (Superlasciva), músico
Omar Serra, actor y dramaturgo
Sergio Alejandro Pujol, periodista y escritor
Sofía Arcuri, periodista
Humphrey Inzillo, periodista
Mariano Manza Esaín (Valle de Muñecas), músico y productor
Eduardo Berti, escritor y periodista
Mario Sobrino, técnico de grabación
Juan Pollo Raffo, músico
Gabriel Valverde, músico y docente, co-director de la carrera de Licenciatura en Música de UNTREF
Ignacio Xavier Ruibal (Un Día Perfecto Para El Pez Banana), músico
Fede Cabral, músico y productor, director de Tomalo o Dejalo Discos
Ezequiel Ábalos, periodista y escritor
Roque Casciero, periodista
Ricardo Lew, músico
Emiliano Rodriguez, manager de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado y programador en Niceto
Santiago Pedroncini (Malyevados), músico
Pablo Matías Vidal (Orquesta de Perros), músico
Blas Rizzardo, músico
Isa Portugheis, músico
Marcelo Canevari (Julio y Agosto), músico e ilustrador
Gabriela Radice, periodista
Mariana Bianchini (Panza), música
Hernán Agrasar, ingeniero de audio, productor y músico
Flopa Lestani, música
Eduardo Fabregat, periodista
Marcelo Vega, staff Melopea Discos
Chucky de Ipola, músico
Érica Villar, historietista e ilustradora
Felipe Mallar, músico
Pato Suárez, músico
Pat Pietrafesa (Kumbia Queers; She Devils), música
Martín Pérez, periodista
Ray Fajardo (Jauría), músico y productor
Lucas Herrera Fernández (El Atolón de Funafuti), músico
Paz Villahoz, música
Mariano Lucano, dibujante y co-director de Barcelona

miércoles, 14 de agosto de 2013

Javier, de Buenos Aires


Entre las tantas vueltas y revueltas que la hermosa industria editorial ha tenido en los últimos años, el crowdfunding ha aparecido como una solución casi mágica para los músicos: es una de las más originales maneras de solventar un proyecto evitando las grandes compañías. Para que entienda claramente el que no habla inglés, cuando hablamos de crowdfunding nos referimos a la financiación colectiva.

¿Cómo funciona esto? Así: el artista presenta su proyecto y la gente, su público, colabora monetariamente para que pueda salir a las calles la obra que se desea publicar. El aportante se hace automáticamente acreedor del producto ofrecido y, además, de algunos beneficios extra por colaborar (en la mayoría de los casos). El artista, en tanto, logra el cometido de editar su material sin intermediarios; más conocidos como esa gente horrible que viene a sacarle el dinero y adueñarse de sus derechos de autor, sí... Esa gente que sigue existiendo porque muchos músicos les dan el OK.

En Argentina, el crowdfunding terminó por consolidarse en el último año -diría por pura intuición, inventando estadísticas- pero hace tiempo que diversos músicos -también escritores y cineastas- se hacen de los servicios de sitios dedicados al tema (el más conocido es Idea.Me) para poder solventar sus producciones. En la música tenemos varios ejemplos recientes: Pablo Dacal con su bello disco de voz y guitarras El corazón en el lugar, Simon Fuga con su DVD de insólito nombre -Gordo paradoja del agite- y el dúo Flopa-Minimal con La piedra en el aire. Pero Panza, uno de los secretos ocultos del rock argentino de los últimos 15 años, se lleva todos los premios: logró editar con este método un disco triple, La madre de todos los picantes y el DVD doble + CD Big bang.

En fin, vamos a lo que nos convoca. Con sorpresa me enteré hace horas que le llegó el turno de crowdfundear a un histórico del rock argentino: el maestro Javier Martínez, cófrade de La Cueva, cantor, baterista y compositor de una de las bandas más importantes de la historia del rock en español o, mejor dicho, en argentino: Manal.
Mi sorpresa se acrecentó aún más al ingresar a la ficha del proyecto en cuestión: no es un álbum de nuevas canciones -algo que viene prometiendo hace años y aún esperamos- sino un libro de memorias titulado necesaria, megalómana y (por ende) porteñamente, Yo soy Buenos Aires.

A través de conversaciones con el periodista y director de cine Fabio Scaturchio, Javier -prometen en la página-  “relata el comienzo de su carrera, que es el comienzo del rock argentino. Desde la Cueva, el Di Tella, sus amigos como Tanguito, Miguel Abuelo, Pappo, Moris, Litto Nebbia. La intimidad de las grabaciones fundacionales del rock argentino con Manal, los conciertos en la década del ´60. Relatos fundamentales para entender este movimiento que está a punto de cumplir 50 años y del que Javier es parte muy importante”.

Por supuesto, desde acá bancamos la edición del libro. ¿Por qué? La operación es simple: de los grandes nombres del primer rock argentino, sólo de Manal y de Vox Dei -casualidad o no, el ala pesada- es difícil encontrar bibliografía. Spinetta hizo algo similar a lo que hará Martínez: en los ’80 le contó detalles de su carrera a Eduardo Berti, a través de Crónica e iluminaciones; en los 2000 charló con Juan Carlos Diez y vio la luz Martropía. Litto Nebbia, otro precursor, se embarcó en lo suyo con Una mirada; Miguel Cantilo hizo otro tanto y reflexionó acerca de la escena con ¡Qué circo!, y también cuentan con sus respectivas biografías García, Pappo y Tango.

¿Manal dónde está? No, no hay. Por eso hoy saludamos a otro músico con ganas de recordar su pasado y los invitamos a participar: acá tienen más data. Apúrense, no hay tiempo de más.

lunes, 15 de julio de 2013

Encuesta: 100 Discos de Rock Argentino

Los que nos sigan por las redes sociales ya lo saben (por acá o por acá), pero los que no andan por ahí aún no fueron notificados. Les cuento entonces, amigos: La música es del aire está organizando una gran encuesta gran de discos del rock argentino.

En dicha encuesta votarán al menos 250 personas vinculadas al rock argentino de todas las épocas, desde músicos y periodistas hasta fotógrafos y diseñadores gráficos. Cada uno de ellos elegirá sus 15 discos favoritos del rock argentino, partiendo desde el debut de Los Gatos Salvajes (1965) hasta nuestros días.

La idea del proyecto es que funcione como contraencuesta de lo que hizo la revista Rolling Stone recientemente. Ya les contaremos más, sólo puedo asegurarles por ahora el voto de muchos músicos del underground argentino; gente que trabaja en sellos independientes; y periodistas varios, de blogs, de revistas culturales, de diarios de tirada nacional. También votarán periodistas que escriben en la RS -un par ya confirmaron su presencia-, ya que muchos no participaron de la encuesta que hizo la revista para la que escriben y me interesa sumarlos aquí, saber qué hubieran votado.

Como leerán en el título, esta encuesta no va a ser titulada como "Los 100 Mejores Discos del Rock Nacional". Ni mejores, ni nacional. Cuando la votación esté cerrada y los resultados arriben, escribiré un prólogo a la encuesta explicando estos detalles un poco mejor. Y con los resultados sobre la mesa, queridos lectores, podrán apreciar los votos de todos los participantes mediante un dossier / revista virtual con la lista completa de electores y elecciones.

Estamos entusiasmados: ya votó mucha gente, ya nos ayudaron personas que hasta ayer nos desconocían, ya nos volvemos locos pensando en el recuento, y ya nos estamos poniendo a escuchar discos que abandonamos, menospreciamos, ignoramos y hoy se nos revelan gracias a los votos que van llegando.

Esto va a ser un lío divertido. Y necesario.
Ahora sí: están avisados.

lunes, 24 de junio de 2013

Nothomb, Radiohead y el ruido de los disparos


La escritora japo-belga-francesa Amélie Nothomb publicó en 2006 una novela corta que les recomiendo y devoré en unas pocas horas. Diario de Golondrina (Journal d'Hirondelle, en Argentina fue editada por Anagrama) cuenta en primera persona la historia de un tipo totalmente miserable que se convierte en asesino a sueldo, para ser breves y no tan spoilers (?).

Uno de los detalles del relato es que incluye su propia banda sonora: el protagonista se vuelve fan de la música de Radiohead posnoventas. O sea: Kid A, Amnesiac y Hail to the Thief, los discos que editó el grupo de Thom Yorke hasta salido el libro, son la música favorita del asesino. Nothomb describe a la perfección lo que muchos -no creo ser el único- pensamos de la música del grupo inglés a partir de la década '00. Pero dejo de hablar yo, para que lean ustedes algunos extractos de Diario de Golondrina acerca de Radiohead. Aquí van:

"Todo empezó hace ocho meses. Acababa de vivir una decepción amorosa tan estúpida que ni siquiera merece la pena hablar de ello. A mi sufrimiento había que sumarle la vergüenza del propio sufrimiento. (…) Entonces decidí matar mis sensaciones. Me bastó con encontrar el conmutador interior y oscilar en el mundo del ni frío ni calor. Fue un suicidio sensorial, el comienzo de una nueva existencia.

La música que antes me conmovía ya no me provocaba reacción alguna, incluso las sensaciones básicas, como comer, beber, darme un baño, me dejaban indiferente. Estaba castrado por todas partes. (…)
Lo que activó el mecanismo fue un disco de Radiohead. Se llamaba Amnesiac. El título le iba bien a mi destino, que resultaba ser una forma de amnesia sensorial. Lo compré. Lo escuché y no experimenté nada. Aquél era el efecto que, en adelante, me producía cualquier música. Ya empezaba a encogerme de hombros ante la idea de haberme procurado sesenta minutos suplementarios de nada cuando llegó la tercera canción, cuyo título hacía referencia a una puerta giratoria. Consistía en una sucesión de sonidos desconocidos, distribuidos con una sospechosa parsimonia. El título de la melodía le venía como anillo al dedo, ya que reconstruía la absurda atracción que siente el niño por las puertas giratorias, incapaz, si se había aventurado, de salirse de su ciclo. A priori, no había nada conmovedor en ello, pero descubrí, situada en la comisura del ojo, una lágrima.

¿Acaso era porque hacía semanas que no había sentido nada? La reacción me pareció excesiva. El resto del disco no me provocó más que un vago asombro causado por cualquier primera audición. Cuando terminó, volví a programar el track tres: todos mis miembros comenzaron a temblar. Loco de reconocimiento, mi cuerpo se inclinaba hacia aquella escuálida música como si de una ópera italiana se tratara, tan profunda era su gratitud por, finalmente, haber salido de la nevera. Presioné la tecla repeat con el fin de verificar aquella magia ad libitum.

(…) Después comprendí: lo que en adelante me conmovía era lo que no se correspondía con nada común. Si una emoción evocaba la alegría, la tristeza, el amor, la nostalgia, la cólera, etc., me dejaba indiferente. Mi sensibilidad sólo se abría a sensaciones sin precedentes, aquellas que no podían clasificarse entre las malas o las buenas.


(…) En el pasado, cuando quería liberarme de una chica que me poseía, recurría a un método temible: estudiarla de memoria. (…) Las únicas chicas que inspiran un amor incurable son aquellas que han conservado la increíble complejidad de lo real. Existen en una proporción de una entre un millón.
Liberarse de una música resulta igualmente difícil. Aquí, una vez más, lo saludable pasa por la mnemotecnia. ¡Pero a ver quién se aprende de memoria aunque sólo sean los solos de bajo de Radiohead, que apenas constituyen una capa de misterio! Con los auriculares puestos, me aislaba en una especie de arcón sensorial en el que escuchaba una y otra vez los discos Amnesiac, Kid A y Hail to the Thief. Aquello actuaba como una jeringa que me inoculaba sin solución de continuidad la droga más placentera. Cuando me quitaba los auriculares para ir a matar, mi juke-box cerebral no cambiaba de programa.
No era un sonido de fondo, era la mismísima acción. Asesinaba en perfecta armonía con ella.

(…) Algunos son bastante desafortunados a la hora de encontrar el amor de su vida, el escritor de su vida, el filósofo de su vida, etc. Sabemos en qué clase de viejos chochos no tardan en convertirse.
Me había ocurrido algo peor: había encontrado la música de mi vida. Por sofisticados que fueran sus discos, Radiohead me embrutecía todavía más que las patologías antes citadas. Me horroriza la música ambiental, en primer lugar porque no existe nada más vulgar, y en segundo lugar porque las más hermosas melodías pueden parasitar la cabeza hasta el punto de convertirse en sierras. No existe amor ambiental, literatura ambiental, pensamiento ambiental: existe el sonido de fondo, esa estridencia, ese veneno. Sólo el ruido de los disparos subsistía en mi prisión acústica".

jueves, 30 de mayo de 2013

Charlas con músicos: Franco y Fósforo, de Pez (pt. 2)


Se demoró pero aquí va, finalmente, la segunda parte de la charla que tuvimos con Franco Salvador y Fósforo García, dos tercios de Pez. En esta vuelta, hablamos de los festivales de rock en Argentina; Franco nos cuenta algunos detalles de La cruda realidad, el disco que editó el año pasado; Fósforo se explaya sobre su laburo en el CONICET (y su necesidad de descansar...); y cerramos despejando algunas dudas de la participación activa de Pez en las redes sociales. Ahí vamos.

Texto: Tucho
Fotos: Vicky Schwindt

PEZ Y LOS FESTIVALES

¿Hace cuánto que no los llaman para festivales? Ustedes habían tocado en los primeros Cosquines y después no estuvieron más...
Franco Salvador: No, es que básicamente no nos llaman. Al festival de Cosquín lo hacían dos productores: [José] Palazzo y el Perro [Héctor Emaides]. El Perro, que era nuestro amigo, era el que nos llamaba para tocar, pero esa sociedad se rompió y quedó el otro muchacho, que imagino no le gusta Pez; y entonces no nos llamaron más. Por otro lado, estéticamente, hoy por hoy no nos gustaría tocar en lo que es el Cosquín.

¿Si los llamaran dirían que no?
FS: No nos van a llamar. Y si nos llamaran nos tendrían que dar algo que nos agrade mucho... La verdad que no están buenos los Cosquines, estéticamente no tienen nada que ver con lo que eran antes, que había más variedad, más mezcla: ahora es como un palo muy definido, que no tiene mucho que ver con lo que hacemos. Si nos llamaran nos tendrían que garpar bien y ponernos en un buen horario... Cosas que no van a hacer (risas). Y encima, seguramente sería polémico para nosotros tocar en un estilo de festival que no nos cierra.

¿Y los de la gaseosa y la cerveza?
FS: Pasa un poco lo mismo, laburan con las bandas que labura Pop Art o los sellos que arman esos festivales. Y nosotros no estamos con ninguno de esos sellos.

A la vez, ustedes están llevando cada vez más gente...
FS: Sí, pero no sé si les interesa eso a los que arman los festivales; les interesa más hacer laburar a las bandas con las que ellos ganan plata. De nosotros no van a sacar un mango y no permitiríamos que lo saquen, entonces es lógico también que no les interese: si vos tenés tu empresa y tu grupo para vender, no vas a llamar a uno que no labura con vos. Es así. Y sino te llaman y te dicen “a las cuatro de la tarde tenés que tocar”. Y no, andá a la mierda...

Bueno, en el último Pepsi hubo bandas que tocaron para nadie, aún estaban las puertas cerradas y los hicieron empezar a tocar igual...
FS: Yo fui al show de Pearl Jam y realmente era una vergüenza, loco, en el predio no se podía caminar, estábamos embarrados hasta las rodillas. Y no es que la gente pagó una entrada popular, te rompían el orto con las entradas... ¡Poné un piso como en las canchas! ¡Protegé a la gente, que no se caiga, que no se embarre! Son esas cosas de mierda que tienen los festivales acá, les chupa un huevo poner esa carpeta porque seguramente les salga guita y no está bueno poner guita por los demás. Te ponen el escenario, el sonido y ya está, arreglate. También la gente vuelve a ir...

Tiene que ver también con las bandas que traen, que quizás no vienen tan seguido o creés que nunca van a volver.
FS: Sí, igual imagino que si al próximo festival que organice esa marca fuera menos gente, se sentarían a pensar un poquito qué están haciendo. Yo me fui enojado y dije “loco, no vuelvo nunca más a uno de estos festivales de mierda, por más que vengan los Beatles con John Lennon” (risas). Pero bueno, pasa también lo que vos decís: te traen a Black Sabbath y bueno... “la concha de tu madre, voy” (más risas).

En Chile hacen Lollapalooza y acá no, y uno puede suponer que en Argentina hay más público de rock...
FS: Bueno, acá no lo hicieron por una cuestión de infraestructura. Creo que la movida fue que vinieron, vieron cómo era la historia y dijeron “no, así en estas condiciones no lo hacemos”. Los lugares que proponían no estaban a la altura de las condiciones que imponen esos festivales.


FRANCO Y LA CRUDA REALIDAD

Franco, sacaste un nuevo disco solista recientemente. ¿Cómo surgió y cómo se hizo?
FS: Este disco, a diferencia del anterior, lo laburé como una banda. El primer disco [Hago lo que quiero y quiero lo que hago, 2008] lo grabé solo: me grababa la batería pensando en la canción y después le grababa alguna guitarra arriba, y así lo fui armando. En este caso tenía una banda armada, entonces lo pude laburar un poco más, demearlo, escucharlo. Con La cruda realidad pude escuchar cómo sonaban los temas antes de grabarlo, en el anterior los escuché completos cuando ya quedaron ahí.

¿Y con las fechas cómo hacés? Pez toca mucho...
FS: Estoy tratando de meter aunque sea una fecha por mes, antes tocaba por ahí dos veces al año. Estamos organizados, el manager nos dice “en junio tengo este fin de semana libre”, entonces metemos algún show, o Flopa con Ariel o yo con Los Crudos. Si eventualmente pinta una fecha que está buena, la cantás: “che, el 4 de junio tengo una fecha”, entonces avisás vos primero.

¿Cómo te sentís cantando y tocando la viola? Tenés que estar parado adelante...
FS: Me siento bien, bien... Quizás tendría que acostumbrarme un poquito más todavía, pero me parece que es un laburo que da la experiencia de ir presentándose en vivo. Debería estar un poco más suelto, lograr esa soltura que tengo cuando me siento a tocar la bata; tengo más seguridad tocando la bata que cantando y tocando la guitarra, pero está rebueno. Con la batería puedo tocar, cantar y mascar chicle al mismo tiempo, es algo natural; con la guitarra no, me demanda más concentración, pero día a día lo voy laburando. Aparte no toco mucho la guitarra en casa, pero bueno, vamos de a poquito y show tras show va saliendo mejor.
Ahora estamos ensayando más seguido porque tocamos seguido también, eso te da otra seguridad y otra fuerza.

Ensayás casi diariamente, supongo.
FS: Sí, todos los días, de lunes a viernes. A veces los viernes no, pero si no ensayo es porque tocamos en algún lado, los sábados también. Menos los domingos... Aunque tampoco es seguro que descanse porque capaz estamos volviendo de algún lugar. Llegamos, y al otro día a ensayar de vuelta… Estamos dedicados a esto.

¿Y, ya se odian? (Risas).
FS: Sí, nos odiamos desde siempre (más risas). Nos odiamos, nos amamos y nos queremos, está todo bien, es un poco ese el sentimiento de seguir estando juntos: poder pelearte y mandar a la mierda al otro en el momento en que tenés que mandarlo y después seguir adelante. Por ahora funcionó.


UN FÓSFORO EN EL CONICET

Fósforo, me sorprendió el trabajo que tenés. ¿Seguís estando en el CONICET?
Fósforo García: Sí, sigo, aunque estoy arreglando en estos días para ver si laburo un poco (bastante) menos ahí. Por la banda, no me da más el cuero... Es un quilombo y está todo bien en el laburo, cuando nos vamos de gira lo puedo manejar, pero en general es una quemazón de cabeza. Ensayamos tres veces por semana y me doy cuenta de que los días que ensayo y trabajo quedo de cama, ¿entendés? Y los fines de semana de mi trabajo de lunes a viernes tocamos, viajamos; y en realidad no tengo ni un solo día para desconectarme de las obligaciones. Eso te liquida...

Aparte a ustedes les está yendo cada vez mejor. Aunque quizás te guste lo que hacés en tu laburo... ¿Qué es exactamente lo que hacés?
FG: Por suerte sí, nos está yendo bien con la banda. Y en este laburo estoy hace como seis años, manejo un archivo digital de lenguas indígenas, un archivo de consulta para lingüistas sobre todo, pero también antropólogos y ese tipo de cosas. Con mucho material de campo... También asesoro a los investigadores en cuanto a cosas técnicas, de cómo llevar, cómo procesar el material de ellos. Ese tipo de cosas.

Es un laburo que no podés hacer así nomás.
FG: Mirá, ya lo tengo bastante calculado, puedo hacerlo bien... Pero bueno, vamos a ver qué sucede.

Sos el único de los tres que no tiene o tuvo algún proyecto paralelo...
FG: Bueno, se explica bastante por lo que venimos hablando. Todo el tiempo estoy boludeando, haciendo cosas, aunque en general me parece que son una poronga y terminan en la nada (risas). Pero sí, tengo ganas de hacer algo.

La falta de tiempo te boicotea.
FG: Tiene que ver con la energía, no es solamente el tiempo: es tiempo y energía, porque hay días en que podés ponerte a hacer algo un par de horas, pero realmente estás tan limado que no pasás de la hamaca paraguaya y la tele... o internet. Hay momentos en que necesitás cierto parate, a mí me pasa eso.
En general, las pocas composiciones propias que tengo con Pez son de períodos de vacaciones. Compongo ahí porque es donde puedo dedicarme a hacer lo que tengo ganas.

¿Componés con viola?
FG: Sí, a veces con viola, aunque ahora hace rato tengo uno de los bajos en casa, uno acústico, y por lo general me mando con eso. Letras no escribo, compongo sólo música.
Tengo ganas de armar algo con un guitarrista amigo, ojalá pueda solucionar pronto el tema de mis días de laburo para arrancar con eso, porque aparte lo vengo cajoneando hace unos meses. Quiero juntarme con este amigo para hacer metal satánico (risas).

Bueno, los últimos discos de Pez son más pesados que lo que hicieron a mediados de la década pasada.
FG: Sí, son pesados... ¡pero quiero hacer cosas más afuera del universo! (Más risas).


PECES EN LA REDES

¿Cuánto creen que les sirve el contacto con la gente a través de las redes sociales? No hace falta decir quién maneja el Facebook de Pez, creo que se nota...
FS: No es sólo Ariel... Hay veces que la gente se engancha a pelear con alguien pensando que es Ariel, ¡y no es así!

¿Lo manejan los tres? Estaba seguro de que sólo era Ariel.
FS: No te puedo decir igual, somos varios... (Risas). Gente de la banda, y gentes que no son músicos de la banda también. Pero saben que tienen la libertad para tirar bombas, entonces es medio esquizofrénico. Porque incluso entre nosotros nos contestamos sin saber quién te está escribiendo, entonces a veces le escribo desde mi Facebook a Pez y es como que le escribís a un ente. ¡No sabés quién te contestó ni a quién mandar a la mierda! (Muchas risas).

Me imagino que después hay una investigación...
FS: No, no, no, hay un código: no se sabe quién te contesta, listo, ya está. No se pregunta. Y un poco pasa con la gente también: la última semana de furia saltó toda la movida y lo puteaban a Ariel y él se había dado de baja de Facebook porque le había agarrado el chifle (risas). Y todos seguían pensando que era él, pero en Facebook no estaba más. En síntesis: no, no siempre es él...

Nos quedamos en el misterio (risas). ¿Pero les sirve o no ese contacto?
FS: Yo creo que nos sirve, todo lo que genera polémica de algún modo sirve, además es divertido. A veces no puedo creer que haya gente que se lo tome tan a pecho y me digo “la puta madre, fijate un poco lo que está pasando, no te podés poner así o angustiarte por esto”. Hay gente que se engancha en la joda y otros que se enroscan en algo muy personal y muy emotivo, ¡hay que relajarse un poco más!

¿Y la política de subir los discos colabora también?
FS: También, todo lo que vamos haciendo son pequeños granitos de arena que hacen que vayas sumando. Todo es laburo: eso, ir a tocar a los lugares, dar entrevistas, subir los discos, poner los videos que andan dando vueltas por YouTube y que filma la gente... Es el aparato que tenemos armado, de algún modo, y evidentemente funciona. De a poquito, pero funciona. Al no tener una compañía que te ponga dieciocho veces por día sonando en la radio, o que te rote un tema en los canales feos de música que hay, o que te meta en todos los putos festivales para que te vean todo el tiempo 20 mil tipos, la que nos queda es esta. Y evidentemente funciona porque todos los shows, año tras año, la convocatoria aumenta y eso debe ser fruto de todo lo que hablábamos recién.

¿Dónde se ven en unos años?
FS: No sé... En un escenario, tocando. Eso seguro. Es lo que hacemos y, salvo que ocurra algo muy difícil de sobrellevar, estaremos tocando y haciendo rocanrol.


* Pez sigue presentando Vieja era, nuevas mañas. El viernes 7 y el sábado 8 de junio, estarán tocando en el Santana Bar (Pte. Perón 414, Ramos Mejía). Anticipadas con descuento en Locuras (Morón) y Smile (Ramos Mejía).
A su vez, Franco Salvador continúa presentando La cruda realidad, esta vez junto a Laissez Faire y Sólo en Cines en el marco de La Fiesta Azul. ¿Cuándo es la cita? Este sábado 1 de junio en el Zaguán Sur: Moreno 2328, Boedo.
Además, desde su Facebook, Pez confirma algunos proyectos que comentaron en la primera parte de nuestra charla: “-El Boxset del viejécimo aniversario (gracias Estudio Gogo Goch por el empuje)...
-Un par de temas nuevos (que tal vez integren el ítem de acá arriba)...
-Un Split Salvaje con nuestros ídolos de FUTBOL.

miércoles, 15 de mayo de 2013

Charlas con músicos: Franco y Fósforo, de Pez (pt. 1)


Hace dos semanas me di una vuelta por la sala de uno de los grupos argentinos que (se está haciendo justicia) más creció en los últimos años. Los queridos Pez traen novedades y con su salvaje disco Nueva era, viejas mañas vuelven a un formato en el que se mueven con comodidad, el trío.

La idea inicial era charlar con los tres miembros, pero Ariel Minimal decidió no hablar esta vuelta: no quiere dar notas y se lo bancamos (ya nos dio su palabra hace un tiempo), por lo que fuimos al encuentro de Fósforo García y Franco Salvador post-ensayo del grupo. La mayor parte de la charla transcurrió con el gentil baterista porque Fósforo tenía que partir a otros destinos; de todas formas la base está y acá va un gusto más que nos damos en La música es del aire: una de nuestras bandas favoritas se explaya para nosotros y ustedes acerca de su música.
Aquí se va la primera, que la disfruten.

Texto: Tucho
Fotos: Victoria Schwindt

NUEVA ERA, VIEJAS MAÑAS

Disco nuevo: ¿cómo se fue dando?
Fósforo García: Yo tengo una teoría respecto de cómo se fue formando este disco, no sé si hablamos esto nosotros (lo mira a Franco). Para mí, cuando quedamos como trío empezamos a hacer cosas, después de haber dicho que no queríamos hacer un disco, porque te acordás que decíamos de no hacer un disco este año... Y salió un disco a la fuerza: para mí, cuando quedamos como trío hubo toda una movida energética, nos cambió la forma de tocar y eso nos generó una energía que venía con tocar un montón de cosas nuevas. ¿O no? (Vuelve a mirar a su compañero).

Franco Salvador: Sí. Tuvimos que mover piezas sí o sí con la salida de Pepo [Limeres, tecladista del grupo hasta mediados de 2012] y entonces hubo que rever cómo tocábamos un par de cosas, y eso nos fue llevando. Nos gustaba este formato de trío y cómo tocábamos, y empezaron a aparecer temas nuevos que pintaban para ese lado, nos entusiasmamos y le dimos para adelante.
Son once temas del disco, uno mío, uno de Fósforo y los otros nueve de Ariel. Las letras las hizo todas Ariel. Y bueno, pasó eso: estuvimos tocando mucho acá, ensayando, demeando y grabando. Como podemos grabarnos, escuchábamos un ensayo y reveíamos partes hasta que, ensayo tras ensayo, quedó como queríamos.

Fue fundamental la vuelta de Pez al trío para que exista este disco, entonces.
FS: No se si hubiera salido este disco.
FG: Este disco así, no. Quizá hubiera salido otro, pero este seguro que no.

¿Cómo se sienten volviendo al trío? En esencia, siempre tuvieron esa cosa de trío.
FS: Sí, no lo sé, por ahí con el tiempo seamos otra cosa... Así como estamos hoy, estamos bien, pero por ahí dentro de un año nos hinchamos las bolas y sumamos una gaita (risas). Ahora estamos cómodos, está sonando bien y estamos contentos, pero nunca descartamos nada... ¡con todo lo que ocurrió desde que empezamos! Todo lo que fue sucediendo estuvo bien, hemos llegado a tener hasta dos teclados, mirá si habrán pasado cosas raras... (risas).

¿Por qué Nueva era, viejas mañas?
FG: Fue idea de Ariel, y habla un poco de todas las cosas que cuentan las letras, en principio. Eso ya se lo tendrías que preguntar al poeta...

No tiene nada que ver con una nueva era en la banda, digamos...
Los dos: Noooo...
FG: Esas cosas son muy personales de Ariel y él puede llegar a decir o explicar qué quiso decir en cada letra. El nombre del disco encierra un poco el concepto de todas esas letras.

Me interesa esto, ¿ustedes por lo general no charlan de lo que hablan las letras?
FS: No, no se cuestionan; por otro lado nos gusta lo que escribe Ariel, entonces tampoco surge. A ver: nunca nos sentamos a preguntarle “che, ¿acá qué quisiste decir?”. Capaz vos escuchás la letra y te pinta por algún lado, a ella (señala a Victoria) le pega por otro; y a nosotros tres nos pega por el mismo lado, porque estamos viendo y hablando las mismas cosas, entonces por ahí entendemos más puntualmente lo que Ariel quiso decir. No hace falta la explicación: ya está ahí.
A la hora de componer capaz se discute más, se intercambian ideas, por momentos hasta de manera exacerbada, sin llegar a discutir...
FG: Sí, es una discusión...
FS: Bueno, sí, es cierto. Eso se labura más y como te decía antes, se revé: lo grabamos, lo escuchamos, lo modificamos, lo volvemos a grabar, lo volvemos a escuchar... Va transformándose y lo hacemos entre todos, si bien la idea principal de la canción la trae uno solo, después va teniendo aportes de cada uno. Por ahí se le corta una vuelta a un tema y lo sugirió otro que no fue el que lo trajo. Se mueve todo el tiempo hasta que queda donde nos gusta.


¿En este disco se laburo mucho así? Porque se hizo rápido.
FS: Sí, lo hicimos rápido justamente porque lo laburamos mucho previamente. Lo demeamos dos veces entero, algunos temas tres. Teníamos todo preparado para grabar y grabábamos en vivo, tanto los ensayos como el disco: sacando la voz, en el disco no hay sobregrabaciones; lo hicimos en El Pie, con el Pájaro [Gonzalo] Rainoldi. Las bases las grabamos en un día y al segundo día metimos voces, coros y esas cosas. Pero los temas los grabamos todos en un día.

¿Qué le ven de especial a este disco, comparándolo con los anteriores más cercanos? 
FS: Puntualmente, la diferencia de que hacía como ocho o nueve discos que no sonaba el trío y –nos da la sensación a nosotros– Nueva era... es más violento, más agresivo que los discos anteriores: fue quedando así. Y otra cosa que se representó bien y nos costaba era tratar de lograr que suene como el trío suena en vivo. Lo más parecido posible, con esa contundencia y qué sé yo...

¿Sentís que les costaba?
FS: Y, en los discos sí. Por lo menos, cuando después los llevábamos al vivo tenían otra furia. Es una percepción que tenemos nosotros y por ahí estamos equivocados, pero en este disco sí sentimos que se representa muy bien cómo suena la banda en este momento, quedamos re conformes con el audio. Era la primera vez que laburábamos con el Pájaro, un muy buen técnico.

PEZ DE GIRA

¿La idea es tocar mucho el disco por el interior?
FS: Sí, salieron unos FestiPez por el interior, con Fútbol y Humo del Cairo como invitados [fueron el fin de semana que pasó]. Es la primera vez que llevamos el formato fuera de Capital, y la idea es seguir, nos encantaría recorrer todo el país haciéndolo porque está bueno lo que pasa cuando tocás con bandas amigas y para la gente está bárbaro por la variedad de las cosas que pasan en el festival.

¿Les cuesta llegar al interior todavía?
FS: Algunos lugares ya los tenemos aceitados, que son los que repetimos dos veces al año: Córdoba, Rosario, Mar del Plata, Mendoza... Hay otros donde vamos de vez en cuando porque es más difícil.

El Norte es más bravo, ¿no?
FS: Sí, ahora igual empezamos a ir de a poquito para el Norte, desde Corrientes y Misiones hasta Santiago del Estero, Tucumán y Formosa... En Misiones tocamos en un festival al aire libre, con un escenario que estaba muy bueno y en Formosa también, en un lugar que está muy bien. Después hay lugares que nos son imposibles, no sé bien por qué, es una cuestión metafísica saber por qué no podemos ir a Neuquén, a Ushuaia...
Creo que de Ushuaia es el lugar del que más reclamos –por llamarlos de alguna manera– recibimos desde que empezamos a tocar. Hace 20 años que nos vienen pidiendo “loco, vengan a Ushuaia”.

¿Y qué pasa?
FS: Que las dos o tres veces que estuvimos por ir y que más o menos cerramos algo, estaba todo bien y dos semanas antes se cayó por algún motivo. Lo mismo en Neuquén, en Viedma... Y nosotros no tenemos la guita para ponerla e ir allá a ver qué pasa, necesitamos la ayuda de un productor del lugar que labure la fecha para que la gente se entere y vaya.
Es un objetivo que tenemos, estamos todo el tiempo con eso de poder ir al Sur, pero le buscamos la vuelta y se nos hace difícil. Es un traslado caro: el pasaje a Ushuaia son varios miles de pesos, pagar un lugar allá, que la movida rinda y vaya gente... No es fácil porque además tampoco sabemos qué puede llegar a pasar: si fuéramos sabiendo que va a ir a vernos mucha gente, listo, la hacés.


20 AÑOS: CHARLAS Y PROYECTOS VARIOS

Para los 20 años habían contado la idea de sacar un box-set con rarezas, más la película Hay lo que hay... ¿En qué quedó eso, se frenó por la salida del disco?
FS: No, vamos y venimos todo el tiempo con un montón de decisiones, quizás ahora te digo lo último que pensamos y dentro de una semana se cae también. Está eso de querer hacer el box-set, sí, pero es mucho laburo y no sabemos cómo encararlo. Hay que escuchar todas las cosas que grabamos desde el minuto cero y es un montón, tenemos una barbaridad: eso es lo que más nos frena para hacerlo, que es un laburo infernal de sentarse diez días a escuchar, a seleccionar.
Esa es una de las ideas, después dijimos de hacer otro disco antes de fin de año...

¡¿Otro disco de temas nuevos?!
FS: Sí, otra cosa. Pero son cosas que vamos hablando y claro claro no hay nada. Lo más firme en un principio era hacer el box-set pero ahora está medio frío, quizás lo llevemos a cabo. Más que nada es la decisión de decir “lo hago, le pongo el pecho y me pongo a escuchar lo que hay”. Si hacemos eso, realmente conscientes de hacer ese laburo, en diez o quince días tenemos que seleccionar las canciones.
La idea era tres o cuatro discos y un DVD: dos discos en vivo, otros de rarezas, no sé… Está todo ahí, hablándose y viendo si se hace o no.

¿Y para hacer un nuevo disco tendrían que ponerse a componer de vuelta o tienen algo?
FS: Sí, tendríamos que arrancar de vuelta, todavía no tenemos nada. Fue un arranque que tuvimos en estos días, cuando nos fuimos de gira empezamos a fantasear con la idea de hacer algo que no tenga nada que ver con este último disco, con esa cosa metalera y rústica. Pero vamos a ver qué pasa.

¿Volver a algo más cancionero, quizás?
FS: No sé si canción, formato canción no creo, algo más volado, más delirado y más psicodélico podría llegar a ser.
También estamos viendo de fabricar vinilos porque Fósforo y Ariel están con la fiebre del vinilo y compran como locos; yo no tengo para reproducir así que todavía no llegué, cuando me compre seguramente me vuelva loco también. Entonces también dijimos, en vez de sacar el box-set, de sacar algo en vinilo o reeditar algún disco... Hacer algo especial. Pero también hay que conseguir quien haga los vinilos...

¿Acá hay alguien que haga?
FS: Parece que hay alguien que hace unos más chicos, tipo EP, en los que entran dos temas por lado. Porque los que hacen afuera no los podemos entrar.

¿En Brasil hay fábrica, no?
FS: En Brasil hay una fábrica pero no sé si es de vinilo o de acetato, que es una cosa más berreta. El tema es que de Brasil o donde sea, los podés fabricar pero no los podés entrar. Podés entrar veinte, de queruza, pero si querés entrar 200 o 500 discos, olvidate. El costo es imposible y tenés que venderlos a 600 mangos. Entonces, no está definido tampoco (risas).
Lo único claro es lo del 18 en El Teatro, vamos a estar presentando el disco y probablemente lo toquemos entero...

* Pez presenta Nueva era, viejas mañas este sábado 18 de mayo en El Teatro de Flores (Av. Rivadavia 7800), junto a El Perrodiablo.
Entradas anticipadas en Ticketek; sin service charge: en Disquería Oid Mortales (Av. Corrientes 1145, local 17, ciudad de Buenos Aires); La Estaka (Rivadavia 334, local 20, Quilmes); y La Disquería (Calle 49 entre 8 y 9, Galería Williams, local 23, La Plata).
Vayan y aprovechen para comprar el disco que ya pueden escuchar acá y va a estar a la venta el día del show.

jueves, 9 de mayo de 2013

Gustavo Suárez: Cuerdas del Conurbano


Gustavo Suárez dedica su vida a la música. Es uruguayo, pero se vino a vivir a la Argentina en 1974: cayó en la ciudad donde vivo, San Miguel, después de una breve estadía por Capital.
Desde entonces no para de tocar y proyectar cosas, lo puedo decir porque lo conozco hace diez años y nunca paró de gestionar eventos para que la cultura local, esa que a veces no se ve tanto, se mueva.

En su país natal, Gustavo era vecino del barrio Buceo y en la casa de al lado vivía un tal... Eduardo Mateo. Su familia tenía un kiosco y, como Mateo solía deber, a veces trocaba productos: "tuve una guitarra de él", me cuenta Suárez muy suelto de cuerpo. Para que le crea, me muestra una foto con el instrumento, mientras recuerda que a la casa de Mateo iban a ensayar el Negro Rada, Jaime Roos y los hermanos Fattoruso. Supongo que miraría atento aquellos movimientos, ya que toca la viola desde los seis: "sacaba sillas a la calle y tocaba en la vereda".

Ya en Argentina, formó un grupo con un compañero de la secundaria:"hacíamos jodas como cambiarle la letra a canciones de KISS, es muy de murga uruguaya eso". Cuando comenzó a estudiar más seriamente, dice, empezó a hacer música instrumental; él prefiere llamar a lo que hace Música Popular Instrumental, para que no quepan dudas de que la música sin cantante también es y puede ser popular.

Cuando terminó el secundario, Gustavo comenzó a dar clases particulares a la vez que colaboraba con la Academia de Música de Ricardo Pellican. Al tiempo, Pellican lo llamó para integrar su grupo Hot Club 4 junto a Héctor López Furst y Raúl Barrientos. El grupo surgió de la separación de Swing 39, conjunto mítico del jazz de acá en el que tocaba también Walter Malosetti. Los HC4 grabaron un disco homónimo en 1989, en realidad... ¡un casete!

En paralelo a todo esto, Gustavo continuó con su actividad difusora de los músicos del Conurbano -esa zona periférica a la Capital pintada por lo medios de comunicación como un lugar violento, selvático e inseguro-, brindando conciertos en el barrio Trujui Fondo de San Miguel. Primero eran ciclos en la casa de su madre, a los que iba la gente del barrio; luego la cosa fue creciendo y se transformó en el ciclo Cuerdas del Conurbano, en el Gustavo presenta a sus alumnos: el ciclo se sucede hace casi 25 años.

Suárez afirma que esto fue el germen para La Caldera, un centro cultural que armó con Jorge Paladino -un médico y dramaturgo amigo- y Pedro y Alejandro Szadursky, ambos actores. En el rubro música, pasaron por el escenario de La Caldera varias estrellas de la música popular argentina: desde Lito Epumer al Mono Fontana, pasando por Raúl Carnota y los Malosetti, Walter y Javier. También Beto Satragni, Cacho Tejera, Armando Alonso y Willy González.

A fines de los '90, en tanto, nació Che Botija, el dúo argento-uruguayo que conforma con el eximio guitarrista porteño Hernán Alizieri, que grabó en 2000 un hermoso disco homónimo, clase de guitarra para cualquier aprendiz de candombe, música brasilera e improvisación a dos voces. Una delicia que por suerte, veo, se puede escuchar por internet.


Por esa época también, Gustavo comenzó a dar clases en la Universidad Nacional de General Sarmiento, donde dictó cursos de armonía y ritmo musical, entre 1999 y 2010. Tuvo un plan ambicioso que, lamentablemente, por ahora está frenado: "Armé el Ciclo de Formación en Música Popular proyectando la idea de crear una Escuela de Música Popular en San Miguel: junté firmas y se declaró al proyecto de interés municipal. Mi idea era hacerla en la Universidad, pero por los egoísmos de algunas personas quedó ahí, en stand-by".

Entre abril de 2005 y julio de 2006 grabó su primer disco solista, tan solista que toca todos los instrumentos él. Todos instrumentos de cuerda: además de guitarras, se anima con el banjo, el charango, el guitarrón y el busuki. Se llama Aloído / Juegus y es doble: Aloído de composiciones propias, Juegus de visiones sobre temas ajenos (Beatles, Spinetta y demás).

Su fama en la zona llevó a que lo convoque la cantante Adriana Nano, con la que grabó de canto y guitarra solos el disco Cebollas en aceite en el año 2008, nominado a los Premios Gardel. En 2010, tuvieron la suerte de girar por Europa y Gustavo aprovechó para presentar también su disco solista y el libro de análisis e investigación armónica De música, laburo que -me consta- le llevó años de estudio. De música salió a mediados de ese año, acompañado de un CD con bases para aplicar las escalas y ejercicios que presenta.
Para el disco que Nano editó en 2011, Casualidades, Gustavo hizo la pre-producción y los primeros arreglos.

Pero ahí no termina la cosa: hace seis años que, junto a su colega Daniel Mamani, Gustavo organiza el Festival de Tango y Jazz en San Miguel, y lo que llaman Ciclos de Música: festivales de lo más diversos para difundir la cultura musical del Conurbano.
Además, sigue dando clases particulares y está dictando por segunda vez un curso con anclaje en la música de cuatro fabulosos, Enarmonía con Los Beatles. El curso, de diez clases, hace un recorrido por diversas cuestiones armónicas (Gustavo maneja el tema con sabiduría y soltura, le sobra) con la música de los Fab Four como eje y ejemplo: al fin y al cabo, me dice que él es músico porque existió antes un tipo llamado John Lennon.

En los próximos meses, también, verán la luz un nuevo disco de Che Botija, Garabatos, y otro disco propio, Ensusiyaensayasolo, con composiciones propias y ajenas. Este sábado se manda una de las suyas, vale la pena darse una vuelta:

martes, 30 de abril de 2013

Television, Johnston y el nudo


La semana pasada tuve la suerte de presenciar dos shows magníficos en la ciudad de Buenos Aires. A uno lo esperé con ansias desde su anuncio, el otro me cayó del cielo días antes de suceder. Television, el martes 23 en el Teatro Vorterix (El Teatro de Colegiales, bah) y Daniel Johnston, el miércoles 24 en Niceto Club.
Vamos por partes, entonces:

La llegada de Television al país comenzó a ser un rumor fuerte este verano, justo el día de mi cumpleaños; a los días se confirmó. Era, teniendo en cuenta que Marquee moon es mi disco favorito, uno de los grupos extranjeros que más ansiaba ver. Más si sabemos que en la actualidad, el cuarteto neoyorkino es un grupo inestable, que se presenta en vivo cuando le place a Tom Verlaine. Por las entrevistas que dieron sus miembros antes de girar por Latinoamérica, concluimos en que, por ejemplo, su nuevo disco no sale porque Verlaine no quiere: dicen que faltan sólo las voces de Tom para que la grabación llegue a su fin.

Entonces, la expectativa era mucha y TV, un grupo amado por la crítica y sus colegas de aquí, allá y todas partes, colmó El Teatro de periodistas y músicos (hasta el maestro Diego Capusotto fue a verlos). Esa expectativa por verlos se conjugaba con la incógnita de saber cómo estaban, tantos años después y con guitarrista (no tan) nuevo, el bonaerense por adopción Jimmy Rip, en lugar del histórico Richard Lloyd.

Cuando dejaron de sonar unas campanas dignas de AC/DC y apareció Television, ellos mismos se encargaron de alimentar la incógnita con una entrada instrumental algo endeble, vaga, que luego derivó en Prove it, la primera bomba de la noche. La gente chamuyaba el estribillo y la guitarra de Verlaine ya mostraba que iba a ser la gran protagonista del show. Le pegaron al tema de Marquee moon la inquietante 1880 or so y la soberbia y dramática The fire, de sus otros dos discos (el homónimo de 1992 y Adventure de 1978). Notamos con alivio que Rip, además de respetar bastante los arreglos originales de las canciones, la tenía clara a la hora de jugar con la gente y alternarse con Verlaine: ambas interpretaciones fueron magníficas, la primera comenzó lánguida y fue in crescendo; la segunda muy emotiva y estridente, con duelos de guitarras que levantaron al público.

Llegarían otras gemas de los ’70, ninguna de su disco insignia de 1977: primero sonó Glory, también de Adventure, y luego Little Johnny Jewel, simple de 1975 que fue incluido en 2003 como bonus de la edición CD de Marquee moon. La segunda pieza les salió mejor, quizá por ese condimento enigmático que tiene, que juega a favor de la misteriosa y ajada voz de Verlaine.
Verlaine: apenas si decía “thanks” entre tema y tema. Es el mismo señor de siempre, algo más calvo, igualmente parco y huidizo, uno de los cráneos más extraños del rock and roll de aquella época. Y de hoy también.

Los TV eran algo así como los beatniks del punk rock y al verlos en vivo uno comprueba lo lejos que estaban de la escena punk más pura, en realidad. Lo suyo fue más que nada una coincidencia geográfica y temporal con gente que luego seguiría caminos más llanos, uniformes (aunque en la movida de New York había variedad, hay que decirlo). En ese rato de show, se notó que lo de Television era otra cosa, algo que en realidad sabemos desde siempre. Su sonido romántico y reo –la voz de Verlaine–; puntos de contacto con el blues en cuanto a atmósfera, y con el jazz en cuanto a improvisación; la frialdad de una música cruel; algunos guitarrazos; mucha densidad; longitud; expansión: eso es Television.


Una parte del público prefirió dedicarse a la charla en vez de escuchar lo que vino después: varios temas nuevos, de aquel disco que no sabemos si sacarán algún día. Choppy chunga fue el menos interesante y ni el agite de Jimmy Rip para que lo cantemos alcanzó (¡en realidad no te entendimos el coro, Jimmy querido!), pero luego se despacharon con la monocorde y climática Persia, más de diez minutos con rasgos de Within you, without you y ribetes árabes; y The drag, otro tema muy climático. Casi mantras rockeros en los que mostraron la influencia pocas veces mencionada de Lou Reed en su música.

Cuando tocaron Venus volvieron a levantar al público, que tarareó y gritó no bien comenzada la melodía de la introducción. El bajista Fred Smith –sobrio laburo de la dupla que conforma junto a Billy Ficca– se reía, contento de escuchar la réplica de un público que, al finalizar la canción, ovacionó sostenidamente a la banda como si hubiera escuchado Like a rolling stone por primera vez. ¡Aguanten los Redondos! se escuchó desde atrás, para graficar el momento épico con un toque de humor, justo cuando estaba arribando el nudo a la garganta...
Empezaba a faltar menos para el final.

Después de la caricia, salieron con otro tema nuevo, larguísimo y denso –según FM, se llama The sea– para luego dar el golpe final: el tercer y último tema de Marquee moon fue nada menos que la gema que da título al disco. Como en Venus, apenas comenzaron a sonar las guitarras, la gente aulló. Fue una tremenda y extendida versión, con Verlaine mágico en la viola y el público cantando la parte de guitarra que oficia de estribillo, además del solo ascendente del final: un coro afinadísimo a la par de la gran guitarra de Tom. Parecía que el tema no terminaba nunca, porque amagaban y seguían. Todos mirando a Verlaine, por supuesto.

Se fueron y volvieron para el bis inesperado: un cover de Count Five –Psychotic reaction– que la gente recibió con euforia a pesar de esperar, supongo, otra de Marquee moon. Luego del bis, saludaron con la alegría que les sale mostrar (en especial el marciano Verlaine, cuyo único gesto de alegría durante el show fue un gracioso paso de mimo a lo John Lennon en el Rock and roll circus) y Billy Ficca emitió palabras que no se llegaron a entender.

La leyenda está bien conservada y nos dejaron a todos con ganas de más temas, aplaudiendo hasta media hora después de finalizado el show en busca de un retorno que nunca sucedió (volvieron las campanas del comienzo para cerrar todo). Igual, quedamos contentos y nos sacamos la espina de ver a semejante banda brindando un gran recital, en el que se dieron el lujo de mostrar mucho de lo nuevo, confirmar que las guitarras en el rock and roll las pone Television, y el corazón oscuro lo entrega ese señor alto, frío, distante y misterioso llamado Tom Verlaine. Nadie más.


Y si lo de Television resultaba una incógnita que por suerte se despejó con creces, el show de Daniel Johnston era directamente la entrada a un laberinto: el del propio Daniel, del que no sabíamos si podríamos salir. O si él podría salir.
Mi novia me regaló la entrada y, para qué mentir, fui como un espectador que desconocía cabalmente la obra de Johnston: días antes del show me puse a escuchar algunas cosas como para reconocer durante el recital. Sí conocía de su historia, aquella de dibujos infantiles, problemas psiquiátricos, remeras de Kurt Cobain, casetes grabados entre la euforia y la nada e influencia alternativa.

Digámoslo: la expectativa era también el temor por el bochorno, días después del triste espectáculo de Chuck Berry en el Luna Park. La posibilidad de que sucediera algo que coartara la normalidad del recital estaba latente.

Amenizaron la espera en Niceto Club los músicos argentinos que, en una acertadísima decisión, fueron luego la backing band de Johnston. Las canciones folk y aboleradas de Shaman Herrera y Maxi Prietto fueron una buena entrada antes del plato principal. Luego de su aplaudido show y de un rato de espera con música programada por el DJ Nekro, se abrió el telón y allí estaba la banda, en la antesala acústica y ahora de rock. Bien de rock. De repente entró Johnston por detrás y la gente, lógicamente, lo ovacionó.
Comenzaba la incógnita.

Johnston estaba rodeado por atriles con las letras de los temas y una caja con botellitas de agua y Coca-Cola que consumió casi sin parar a lo largo del show. Agarró el micrófono enfocadísimo en lo suyo; las manos le temblaban y casi no sacaba sus ojos de esas hojas salvadoras. Por momentos se adelantaba en las estrofas, pero el grupo local lo seguía bien y sonaba aún mejor: el día anterior –hubo dos fechas de Johnston en Buenos Aires– el comienzo había sido con Daniel solo con su guitarra, errático e inseguro. El cambio de la segunda fecha lo encontró mejor parado, cantando varios hits de su repertorio. El careta que escribe (?), contento porque identificaba las canciones y, por ahora, la cosa venía bastante bien: Casper the friendly ghost, Speeding motorcycle, y un Johnston que conmovía en su entrega.
Estático, concentrado, ese tipo de cincuenta y pico de años estaba dando todo lo que tenía.

Cuando se acababan los temas que entraban en las dos páginas visibles por Johnston, (un tipo que luego supimos era) su hermano se acercaba a pasar a la siguiente página de las letras. Esa necesidad del otro, esa fragilidad, no hacían más que agrandar mi admiración reciente por su figura. El pibe que hizo la crónica para Rolling Stone prefirió hablar de obesidad y lástima: un tipo que lleva su enfermedad sacando todo para afuera, entregándose, de mínima merece el aplauso. Y así siguió Daniel, dándose por entero, vociferando Love not dead, rompiéndola en la ovacionada Funeral home. Antes de tocarla pidió, suelto al fin, que levantemos la mano aquellos del público que creyéramos que íbamos a morir. Ante la unanimidad, tiró un “Yo también lo creo, ¡y no puedo esperar!”.

Los músicos de la banda (Tulio Simeoni de La Patrulla Espacial, en batería; Tomas Vilche, también de La Patrulla, en bajo; Pipe Quintans de Go-Neko!, en teclados; Eduardo Morote de Sr. Tomate, en mandolina; El Toro Salvaje en coros y sonajas; Federico Terranova de Fútbol, en violín; y los mencionados Maxi Prietto y Shaman Herrera, a cargo de las guitarras) estaban aún más contentos que el público y arengaban a la gente para que cante el “Olé olé olé olé, Daniel, Daniel”, al que el protagonista respondía con un nervioso “alright!”.


Y lo dejaron solito, nomás. La banda se fue y quedó Daniel mano a mano con el piano para el momento más íntimo de la noche, que llegó con Love enchanted: con sus habituales pifias y desafinadas –parte de su estilo y su encanto, en vivo y en los discos– se mandó con una versión conmovedora del tema incluido en Fear yourself.
Luego Daniel se fue, pero avisó que volvía con la banda y lo hizo con Walking the cow. Don’t let the sun go down on your grievances fue otro momento caliente del show, con Johnston a viva voz. El apoyo del público a lo largo del show fue total y pareció sentarle muy bien al estadounidense.

A esta altura, sabíamos que quedaba poco: arremetieron con la declaración de Johnston acerca de su salvación, Rock 'n roll / EGA, en una potentísima versión con un cantor acelerado, compenetrado más que nunca en ese cuasi hardcore en el que agradece la aparición de los Beatles para salvar su vida. Pero el broche de oro lo darían las últimas dos canciones, el nudo de su vida atormentada, mil por ciento arte, tristeza, amor y redención: Life in vain y True love will find you in the end cerraron el show apenas pasada una hora.

Para el primer tema, apareció sobre el escenario un bastidor inmaculado, y tras él subió Liniers para dibujar a Johnston mientras éste cantaba esa desoladora canción en la que se pregunta “¿dónde estoy yendo?” a cada rato. La versión fue fantástica y creo que a todos nos dejó quebrados: funcionó como un símbolo de la vida de Daniel, de su lucha constante, de sus incapacidades y su amor a flor de piel por lo que hace, lo que lo salva, lo que lo lleva por el mundo, desnudo, mostrándose tal cual es ante todos. Probablemente, Life in vain sea uno de los momentos más emocionantes que vayamos a ver sobre un escenario, este año y los próximos. Siempre.

En la previa del show, Nekro había puesto una canción del álbum conjunto de Okkervil River y otro héroe atormentado del rock, Roky Erickson. Cuando Johnston se fue del escenario –quería seguir tocando pero ya no quedaban temas del que fue el show más extenso de su gira: tuvimos mucha suerte– recordé esa canción del comienzo, pero lo que se me vino a la mente disparado fue el título de aquel disco en colaboración: El amor verdadero aleja todo mal.
Y así es, Daniel. Al final, ese amor te va a encontrar.


[Fotos de Television por Victoria Schwindt.
Fotos de Daniel Johnston por Madi Elorza.]

jueves, 25 de abril de 2013

El artesano y La Perla



“Para saltar, tenés que replegarte un poco para tomar impulso, flexionar las piernas... Creo que el primer disco de La Perla es ese momento en el que flexionás las piernas; La novena utopía es el momento en que saltás; Rafael es cuando, para dar otro salto uno se vuelve a replegar... Y América es el segundo salto, más alto que el anterior, elevado a la potencia. Es la condensación de los otros tres discos: todo llevado al extremo”.

***

En diciembre del año pasado visitamos con Vicky Schwindt a Pablo Adrián Vidal en su hogar de Floresta / Monte Castro. ¿La excusa? Charlar un poco del nuevo disco de La Perla IrregularAmérica, de manera informal  –aunque con grabador en mano– y tomarle unas fotos (ella lo hizo, claro, son las que ven aquí). Mi idea no era hacer una entrevista a la manera de las charlas que son una fija de este blog, aunque todo transcurrió como suelen transcurrir esas charlas: con buena onda y fluidez. Esto que leen aquí.

Conocí a Pablo al poco tiempo de salido “el primer salto”, ese gran disco llamado La novena utopía. En nuestro primer encuentro me impactó su ambición (démosle a la palabra la acepción que merece, por supuesto que no hablo de ambiciones económicas o de poder, sino de objetivos claros). Pero lo que más me sorprendió fue el método que aplicaba Pablo a la hora de componer las canciones del primer disco de La Perla, que en ese momento era sólo él y dichas canciones: Vidal pasó al pentagrama todos los arreglos de los temas, sin tocarlos ni grabarlos antes; escuchó las canciones completas, vestidas, recién cuando fueron grabados todos los instrumentos.
Tenía la música entera en la cabeza. Eso habla de alguien brillante.


Luego de La novena utopía salió Rafael, y además de hacer una nota en la que se copó y contó el concepto del disco tema por tema, fuimos a los Estudios del Nuevo Mundo a llevarle el disco a Litto Nebbia, en lo que fue un día inolvidable para nosotros: presenciamos una sesión de grabación completa del maestro, que por ese entonces registraba su gran disco triple La canción del mundo.

Esa buena onda y esos encuentros fueron siempre de la mano con sus proyectos. Y, decía, a fines del año pasado La Perla editó mediante De Regreso a la Fantasía (el sello que creó y que tiene renovados planes para este 2013, planes que van más allá de LPI) un gran disco titulado América. En él, deja plasmado de manera definitiva su amor por la década de los ’60, aquella en la que el rock comenzó a ser una cultura mundial y una música que atraviesa los corazones y las mentes del mundo. Pablo habla con entusiasmo de aquellos años y, en efecto, su aspecto, su música y su búsqueda pertenecen a esa era dorada, aunque el tiempo quiera decir lo contrario: Vidal nació en el año equivocado pero se acomoda con sus movimientos, sus incontables ideas y sus proyectos. Le encanta que le digan que la música que hace es “psicodelia criolla”. Eso es.

América es un álbum complejo y denso, como ninguno de los discos anteriores de La Perla. Irregular. Necesita una buena cantidad de pasadas, debe escucharse con atención. Se grabó en un período de casi un año, lo que habla de su espesor y del entramado de sus laberínticos arreglos, sus rebuscadas formas y su profusión: es un árbol al que las ramas le brotan por todos lados. Vidal se consagra con América como un animal de estudio. Por supuesto que ama a los Beatles y, en eso, parece seguir el camino que aquellos monstruos transitaron cuando el 29 de agosto de 1966 decidieron abandonar los escenarios: el estudio como un lugar maravilloso y digno de explorar, la búsqueda sonora tomada como un factor fundamental para la ornamentación de las canciones; la elección de los timbres, de la instrumentación, cuestiones que quizá un simple escucha no considera a la hora de apretar play.


¿Ejemplos? Pablo me cuenta que los bajos fueron lo último que se grabó en América porque quería sí o sí un Höfner Violin (aquel modelo de bajo eléctrico que utiliza McCartney, sí) que, por supuesto, su obstinación consiguió: “¡Un Höfner de 1967! Me lo prestó Pulga Luciani, es el mejor bajo que toqué en mi vida”.
Hay también un arpa india que es muy difícil de conseguir –el swarmandal–, pero Pablo se contactó con la gente de la Escuela de Música de la India en Argentina (SaRGaM) y le bastaron algunos llamados para hacerse del instrumento, que él mismo ejecutó en el disco. “Me podría haber bajado el plugin pero quería estar con ese instrumento, sino no tiene gracia”.

“La mezcla y el mastering se hicieron en un toque”, me dice. Resulta algo insólito que haya utilizado equipamiento analógico, pero es otra ronda en su búsqueda. “Lo que tiene de bueno es que no te permite dar tantas vueltas como la compu... Por suerte, todo lo que hice me gustaba de entrada; se mezcló y masterizó en 32 horas. Pude acelerar el proceso, ya me estaba volviendo loco”.


Pablo no es ingenuo y América llega en un momento de potencia, emergencia y reposicionamiento de los países latinoamericanos en el mundo. Cuando falleció el comandante Hugo Chávez, en la página de Facebook del grupo, en el Facebook personal del propio Pablo y en el de varios de sus compañeros, se cambió la foto de perfil por una bandera de Venezuela. Puede parecer un gesto mínimo e insignificante pero yo lo vi como un detalle consecuente con los debates coloridos que hay en nuestra actualidad y que pintan su América. Él me aseguró, de todas formas, que “mis intenciones una vez que salió el disco ya no cuentan, el disco es el que habla. Pero no, no es ingenuo ponerle América en un momento de ebullición...”.

Pero no sólo de América vive el hombre. En los últimos tiempos, Vidal produjo un simple de Pels, y la comunión con el grupo derivó en una fusión que quizá ninguno de ellos esperaba. El simple, Nancy y Julio, contiene dos canciones magníficas que llevaron ¡casi un año! de producción. “Se grabó todo con fechas muy espaciadas entre sí; y la orquesta se grabó por separado por lo que fue muy caótica la grabación”, explica Pablo. Luego de Nancy y Julio, en el que el productor es anunciado además como invitado estelar, se dio la alianza: Vidal es (por) ahora miembro permanente de los Pels, y los hermanos Zucal (Tingo, cantante y guitarrista; Nacho, tecladista) se incorporaron al sexteto estable de La Perla, que completan Marcos Fernández Moujan en batería, Richie Sanabria en bajo y Joel Bonelli en primera guitarra. Además de Pablo, claro.
Pels es parte de la armada De Regreso a la Fantasía“el sello está tomando más vuelo, la idea es sumar más grupos, que empiece a crecer y se arme un sello interesante; en Capital no hay tantos, hay muchos en La Plata”–  y la comunión es tal, que de vez en cuando anuncian los shows, un poco en joda un poco en serio, rebautizándose Perls.


“Me interesa producir, tuve varias propuestas pero vamos a ver qué sale y qué no. Es algo que lleva mucho tiempo y me gusta hacerlo bien”. Le creemos y esperamos novedades.

Además, Pablo participa del programa de radio Patologías culturales que se emite por FM La Tribu, haciendo... una columna de música de los ’60. Y no se queda ahí: ha publicado notas en la revista cultural La Otra –algo que surgió a partir de la columna radial– y, cuando le digo que sólo le faltaría el rubro cine para completar todos los casilleros, responde “tengo ganas de hacer algo audiovisual, también” y cuenta que participó de un concurso con un corto que hizo para la facultad (estudia Artes Combinadas en la UBA).

Pero retomamos la senda de la música. Porque La Perla Irregular presenta este sábado América y, ya desde el hoy, Pablo invita. Es en el Teatro del Viejo Mercado y la cosa va completa: sonará el álbum entero, con todos sus detalles orquestales, ya que al grupo de rock se sumará el cuarteto de cuerdas y los vientos que grabaron en el disco.

Con vistas al futuro, Vidal vuelve a sorprender: “Tengo un disco todo compuesto. Cuando salió Rafael compuse 10, 11 temas, que son de otra estirpe: canciones muy simples, algunas hasta con un toque de comicidad, menos solemnes. Las encarpeté. Quiero grabarlo rápido: vendría sin orquesta, con la formación de Highway 61, digamos. Vamos a ver qué pasa, por ahí cambio de opinión”. Le pregunto si ya imagina el nombre, se ríe y no lo quiere decir. Por supuesto: ya tiene todo claro en su mente. Y se despide con una frase que lo pinta de cuerpo entero:

“Estoy dedicado a esto, voy en el bondi pensando ‘voy a hacer tal canción’. No tengo un contrato con nadie, lo hago por motivación propia”.

+ La Perla Irregular presenta América este sábado 27 de abril a la medianoche en el Teatro del Viejo Mercado, Lavalle 3177. Entradas: $60, a la venta en el Teatro del Viejo Mercado o por TuEntrada.com.