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lunes, 11 de agosto de 2014

Dos semanas de musicalizador


Hace un par de semanas (o poco más, no me pidan tanta memoria), Agustín Pisani, genial escritor-monologuista-humorista-conductor que conocí por medio de Pablo Vidal (La Perla Irregular), me invitó a musicalizar el programa que hace junto a Federico Di Paolo en Radio Atómika, intitulado BocaBoca y que sale de lunes a viernes de 11 a 13 horas.

La propuesta que me hizo Agustín fue concreta: "elegí 30 canciones y las pasamos durante dos semanas". Es una práctica que llevan a cabo desde que BocaBoca comenzó: invitan a músicos, periodistas y allegados a que elijan sus canciones favoritas (o las que se les canten en el momento) para que roten en el programa. Por supuesto que acepté al instante, la idea era noble, me encantó y supe que cumplirían con la difusión.

Como la selección era totalmente libre, decidí pasar (díganme hipster, pero es lo que hago acá también) treinta bandas y solistas underground, o como más les guste decir. Los hay con un solo disco y otros de más trayectoria, pero lo que sonó fue esto que les presento aquí abajo, por si les interesa descargar y escuchar. Hice una selección bastante exhaustiva, abriendo el juego a distintos tipos de "rock" y debiendo descartar al menos otra treintena de grupos que podrían haber estado tranquilamente. Será la próxima.

Lucas Martí y Dario Jalfin - Hacer real
Miro y su fabulosa orquesta de juguete - Epifanía #32
Sig Ragga - Chaplin
Fede Cabral - Berlín
Viva Elástico - El gran encuentro
Mejor Actor de Reparto - Construcción
Los Sub - Todo lo que quiero en este momento, oh
El Atolón de Funafuti - Octoplus
Mi Amigo Invencible - Salto del nido
El Perrodiablo - Algo sobre estar vivo
Shaman y los Hombres en llamas - Perdemos la piel
Gabo Ferro - Lo que no se puede decir
María Pien - Madera y mano
Florencia Ruiz - El futuro, flor
La Joven Guarrior - Chica de Puán
Fotos del Otoño - Alfil
Acorazado Potemkin - Desert
Botis - Historias de barriletes
Panza - Nada es rosa
Mostruo! - El control 
Thes Siniestros - Alabanza 
Un día perfecto para el pez banana - México
Valle de Muñecas - Vanidad 
Alfonso Barbieri (con Lucio Mantel y Palo Pandolfo) - Renacer
Pablo Dacal - Tanta rigidez 
Andrés Ruiz - Cuando al rebaño quiero matar
ChauCoco! - Nada nuevo
Prietto viaja al cosmos con Mariano - El bombero
Bichos - Nena 
Zelmar Garín y Eduardo Herrera - Gospel 

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miércoles, 6 de agosto de 2014

Mejor Actor de Reparto: El premio de las canciones


En el rock de Buenos Aires de los últimos diez años parece haber dos microcosmos más allá de la siempre atrayente luz capitalina: uno es la ciudad de La Plata, con su enorme cúmulo de bandas -patria indie y alternativa, cuna también de grandes e históricos-; y el otro es el aún más ecléctico rock del Oeste de la provincia. Aunque en los últimos años, el Sur también grita fuerte su “presente” -en especial de la mano del sello Triple RRR Discos-, nos hemos acostumbrado a recibir novedades en cantidades desde estas dos latitudes, de donde las bandas emergen casi por generación espontánea. El resultante enriqueció y redefinió sonidos y estéticas del rock local (en su ámbito más pequeño, al menos).

Una sensación casi mundial -bueno, exageremos un poco- atraviesa al concepto de Oeste: si el Sur es romántico por su paisaje grisáceo, aquella belleza descompuesta del arrabal y las fábricas; entonces el Oeste es, siempre, zona de conflictos, territorio en ebullición. Salvajismo. De las calles, de los bares más pulenta, de los equipos de fútbol con las barrabravas más temerarias y pintorescas (entre comillas), del tren más -tristemente- célebre del conglomerado, de los Barones del Conurbano que se eternizan en las intendencias, de los lugares más trasmano del mundo, de la avenida más larga y más rea, de la inseguridad más acechante y asesina (bueno, eso dicen los medios)... Y de las bandas de rock multipalo. Se puede aseverar que la cantidad de grupos que emergieron de por allí abren un abanico de géneros sorprendente: hemos visto pasar ante nuestros ojos y con mayor o menor fortuna a cantautores intimistas (Coiffeur, Juanito el Cantor, el insólitamente ignoto Checho Flá); cancionistas calamarescos (Ella Es Tan Cargosa...); latinistas empedernidos (Nuca, Yicos); folklóricos que rockean (Semilla); poperos sofisticados (Ojas); y los que mezclan todo lo anterior (Árbol). También personajes que merecen el cartel de genios inclasificables, como Botis Machín -hoy solista errante- y su colectivo La Manzana Cromática Protoplasmática.

***
Soy un idiota.
Así, con esas palabras, comienza el álbum debut de Mejor Actor de Reparto. Lo sospechamos desde un principio: tienen que ser del Oeste.
Probablemente nada, la primera canción, descarta pronto la idea de un horizonte amable -¿o acaso no son queribles los actores segundones que reciben el Oscar del montón?- para ser en cambio el primer cachetazo de un debut más bien salvaje. El estribillo de la canción perturba por su indefinición: Mauro Duek, la voz cantora, grita que todo le habla “de tu, de tu, de tu...”. Así, incompleto. ¿¿¿De ??? ¿De tu qué? Nunca se sabe. Se lee estúpido, pero escúchenlo: es más desesperante de lo que parece.


En el camino de este debut homónimo (escuchen aquí) nos encontramos con un bloque de canciones rudas y otro de piezas más sosegadas, un equilibrio que le sienta bien al sonido prístino pero punkie del disco. Detalle fundamental: la producción corre por cuenta de dos Barones del Oeste, que han demostrado saber del tema: Pablo Romero y Matías El Chávez Mendez.

En esa ambivalencia que vuelve indispensable a todos los tracks -nada sobra- el primer puesto del bloque rudo se lo lleva Si querés. La música va en crescendo de la mano de una letra que comienza con propuestas ¿amorosas?, que luego pasan a un tono oscurísimo. El hombre comienza romántico, pero de “cumplir tus promesas mirando el mar” a “escupirle a un ciego”, “poner una bomba donde haya gente”; y luego “saltar de la terraza, colgarse del cuello y romperlo todo” termina habiendo casi un solo paso. Aunque sea el que avanza del Abismo a la Nada. Hay que animarse a cantarlo todo así de fuerte y claro.

Desde el otro polo, las canciones más cristalinas no por ello dejan de acarrear rencor; el de la distancia y el adiós. Parece ser la temática inevitable de todo el álbum. Hush, con su pulso folk, se eleva desde el primer play como el hit más potable, con sus latiguillos irónicos -¡ya estamos grandes y vacunados!- que redundan en las pocas ganas del protagonista de recibir cuestionamientos (“no me digas nada más”). Tren que tren -el Oeste, el Conurbano, sí- y su amago de estribillo que tampoco llega, se erige como el momento contemplativo o lo más cercano a un slow tempo. Y Sábado es, por poco, la excepción al desencanto, en tanto podría ser de un grupo de los sesenta si no fuera por algunas irrupciones guitarrísticas más dignas de Pixies que de Beatles. Todo vuelve a su lugar.

El último tema del álbum funciona como el broche de oro y la consumación de -sí, así de pronto- eso que los críticos llaman estilo propio. Construcción parece tenerlo todo para ser una canción memorable: el desarrollo del tema está montado pacientemente, es casi fílmico y hace equilibrio entre las melodías épicas cantadas por una garganta a punto de quebrarse, las guitarras sutiles que se tornarán filosas y la sensación de que todo flota y viaja a la altura y la velocidad adecuadas.

Si el Oeste vistió en todos estos años un traje multicolor, se puede decir que Mejor Actor de Reparto queda perfecto de negro: de camperas de cuero o de traje, estos cuatro jovenzuelos ya están listos para saltar. Ellos mismos lo cantan: “Sólo la canción te va a salvar/ la película que protagonizar, ya empezó”.
Y el premio no tardará en llegar.


[Publicado en Revista Domo, en su edición de junio.
Foto de la banda por Magdalena Pardo.
]

sábado, 5 de abril de 2014

Yo también fui al Lollapalooza: día 1


Y sí. Mucho se habló del festival de rock independiente e itinerante más grande del mundo (?). A los argentinos nos resultaba extraño que otros países de la región, en teoría sin tanto rock encima como nosotros (bueno, no disimulemos: estamos hablando de Chile) tuvieran su edición del festival y aquí se lo mirara de lejos, como si nunca pudiéramos organizar algo de manera decente. Es que, de veras, en lo que a grandes festivales se refiere, parecía que en Argentina nunca estaban dadas las condiciones para hacer un evento como el que se llevó a cabo el 1º y el 2 de abril en el Hipódromo de San Isidro. Era cuestión de poner unos mangos más, queridos empresarios.

Yendo a lo organizativo, el lugar resultó ideal para desarrollar un festejo de estas características. Cuatro escenarios, infinidad de puestos de comida (los precios no eran taaan exorbitantes, digámoslo, a excepción del agua a 30 pesos: muchachos, en jornadas de festival que duran doce horas tienen que ponerla a 10 pesos, no jodan) y el infaltable ecologismo chic. Sin olvidarnos del no muy concurrido espacio para niños Kidzapalooza y la peluquería (supongo que gratuita) que generó una cola de gente superior incluso a la que se formaba en varios de los emprendimientos gastronómicos. Pregunta para los organizadores: ¿por qué no había un puesto en el que se vendieran discos? ¿Por qué no el agua gratuita que sí repartieron en Chile?

Si la lluvia hubiese concretado, lo de lugar ideal pasaría a ser una afirmación más discutible: al ser un espacio verde, el hipódromo presentaba su campo algo embarrado por una lluvia de días atrás. A la vez, resulta complejo pensar un lugar alternativo a éste para semejante montaje escénico: en ese sentido les doy el OK.

En cuanto al público, es hora de reconocerlo: cierto rock, o bien ciertos eventos-a-los-que-no-se-puede-faltar, son a esta altura exclusividad de la clase media-alta. Aunque inicialmente los abonos al festival no eran tan costosos -más si tenemos en cuenta la cantidad de grupos que tocaban-, parece que hay eventos hechos para los que tienen mayor poder adquisitivo: la clase media-baja tiene, virtualmente, las puertas cerradas. El desfile de damas y caballeros sobreproducidos, algunos ridículos al extremo de disfrazarse de hippies, era un poco gracioso y otro poco patético. Pero aunque este formato de festival multitudinario haya mutado en esos "eventos a los que hay que ir", en Lollapalooza primó la música.

DÍA 1: PROMESAS CUMPLIDAS, BOCHORNO Y TRANSICIÓN

Tras la entrega de una pulsera que en principio debía acreditar el abono para los dos días del festival pero en verdad no tenía validez (había que llevar la entrada ambos días, aunque el ticket nunca fue cortado por los organizadores; vamos a ser buenos y no especular al respecto) y luego de una extensa caminata por las calles del hipódromo, llegamos con el tiempo justo para el primer show que generaba gran expectativa, al menos para mí: el del niño Jake Bugg.

Cuatro en punto salió a escena y un poco que nos miramos entre todos: ¡¿esa pulga vestida enteramente de negro es el que canta así en los discos?! Parecía un Justin Bieber cualquiera y para colmo contaba con un grupo de fanáticas chillonas como el otro JB. Pero se colgó la guitarra -arrancó con la acústica y luego se pasó a las eléctricas-, peló su arsenal de hits y, de pronto, le vimos bien las ojeras de noche larga, la cara de pillo y las uñas de guitarrero. (¡Cómo toca el pendejo! De hecho ni necesita otro guitarrista, se abastece solo). Entre Noel Gallagher y Alex Turner, Bugg resulta un frontman que con pocos gestos hace gritar a todas, solea con una solvencia de viejo y un gran sonido y terminás pensando que es un pesado, en el sentido más saludablemente rockero de la palabra. Estimo, en unos 7 u 8 años saldrá su cara en los periódicos con la noticia de que asesinó a su novia.

Primer show, primer gran show: este pendejo es la gran esperanza del rock and roll. No tiene una sola canción mala y en vivo se mete a la gente en el bolsillo tras un rato; puede pasar de baladas folk a arrebatos cuasi sabbathianos, todo con la misma expresión de “qué me importa”. Aplauso cerrado.


Del escenario alternativo nos movilizamos al principal -que estaba al lado-, para ver el que sería sin lugar a dudas el peor show del festival, y uno de los peores que podés ver en tu vida, joven argentino y del mundo: el de un pomelístico e inentendible Julian Casablancas. Lo peor de todo -sepan disculpar que la palabra peor se repita tanto en el párrafo- es que Julian y su banda buscaron, claramente, sonar así de mal: todo a un nivel de saturación insoportable, empezando por la voz del cantor. Sabemos de su gusto por cantar procesado, pero entre el enmascaramiento de My Bloody Valentine y que parezcas el Pato Donald borracho hay un abismo. Su "show" fue una exageración de hard rock y volumen que derivó en la nada misma: mejor vayamos a recorrer el predio porque este muchacho está sacado y dando lástima.

Cuando ya estábamos a kilómetros del escenario, escuchamos Reptilia (sí, claro, la de los Strokes) pero no valía la pena meter marcha atrás a un show que ni así tenía retorno. En las primeros dos presentaciones, entonces: de lo mejor y lo más flojo.

El siguiente show tenía que desempatar y entre Imagine Dragons y Lorde elegimos a la niña neozelandesa. Con un solo disco y diecisiete años a cuestas, como Jake Bugg, cuenta con su coro de ángeles púber que, tema tras tema, chilla y ovaciona. Impresiona lo claro que tiene su lugar en escena una piba tan joven: casi que sola -acompañada por un baterista y un teclista idéntico al Fito Páez de los ’80 que, por lógica instrumental no se mueven de sus respectivos lugares-, se encarga de pintar de negro como su vestido volador (el viento comenzaba a bailar más fuerte) a las canciones frías y oscuras que componen su álbum debut, Pure heroine.

En sus gestos combina el costado más creepie de Björk con la dulzura de Regina Spektor, y por lo menos a mí me compra sobremanera. El hit Royals termina de avivar el fuego de un show que inclina la balanza hacia El Eje del Bien: hasta nos bancamos casi 10 minutos de parloteo en los que Lorde explicó una canción. Aprobadísima.

Y si Lorde pasó la prueba con creces, lo de Phoenix fue la (mi) gran revelación del festival y uno de los shows del año. La previa me hacía pensar en un combo inclinado al electropop insulso, pero mis prejuicios fueron completamente derribados desde el comienzo: onda, potencia (¡esos bajos directo al pecho, ese dúo percusivo salvaje!) y un frontman, Thomas Mars, que se devoró el escenario y se compró a la gente al toque.

Los parisinos aportaron una paleta de sonidos multicolores y un factor sorpresa en cada canción, lo que renovó la energía del show constantemente. Nunca aburrieron. Al momento no escuché ninguno de sus discos enteros, ahora acudiré voraz y arrepentido, por todo. Mientras los disfrutaba de principio a fin, una pregunta rondó mi cabeza: ¿por qué, si leí tantas crónicas elogiosas en su momento, nunca descargué Wolfgang Amadeus Phoenix?


Las 8 y media de la noche era el horario de la disyuntiva mayor: ¿Nine Inch Nails o New Order? Mi idea inicial era ver el comienzo de los de Reznor y el final de los ingleses, pero los hits y las ganas de escuchar temas de Joy Division inclinaron la balanza para lo que fue un show desparejo de los mancunianos. En el debe: la lista de temas con los hits mal intercalados; algunos momentos soporíferos, demasiado extensos (586 en especial); y una insólita puesta visual. ¡Apuesto que esos videos son los mismos que usaban hace 30 años! Sino no se puede creer la pobreza estética de lo proyectado, irrisorio para una banda con semejante trayectoria. El que lo vio, podrá comprender esta mención especial a un aspecto extra musical: parecían videos de cumpleaños de 15.

A favor, debo decir que New Order logró una potencia que no esperaba de ellos. Además, los hits mencionados no dejan de ser inapelables; y las revisiones de Joy Division dieron la talla por completo: primero Isolation y para los bises, mientras el 80 por ciento del público se iba (¡ilusos!), grandes versiones de Atmosphere (tétrica y hermosa, de las mejores piezas en toda la noche) y la infaltable Love will tear us apart.
Llegaba el cierre con Arcade Fire. Les tenía toda la fe más allá de que su último disco, Reflektor, aún no me satisface del todo. No sé si es un disco de lenta digestión o sencillamente no lo tragaré nunca; además de que se aleja del dramatismo que presentan los otros tres álbumes.

Y me quedé un poquito con las ganas, nomás: el show estuvo bien hasta ahí. Quizá el problema fue justamente ése, que Reflektor se erigió como el eje de la noche y sentí que el ejercicio tribal del disco, ese costado afrolatino que reemplaza la épica de los álbumes anteriores, aún no llegó a calentar el motor del todo. Recién en Here comes the night time -el anteúltimo tema de la lista- pareció que la polenta rítmica levantaba vuelo, que el bajo tenía otra consistencia y la cosa se encendía; antes, los percusionistas fueron más un elemento decorativo y coreográfico que otra cosa, con poca presencia en el sonido global del grupo, que además fue poco potente en líneas generales.

El trabajo vocal sí me resultó bien explotado, y ahí más que Win Butler -un frontman raro, bastante parco- la estrella de la noche fue la dama, Régine Chassagne. Dieron ganas de escucharla cantar In the back seat. Será la próxima.


Las dos canciones de Neon bible, el disco que menos exploraron, fueron de lo mejor de la noche: quizá allí estuvo el costado más de estadio de una banda que está haciendo la transición de una música teatral y sofisticada al rock de masas. Keep the car running y, en especial, No cars go mostraron un grupo más suelto y fuerte. Si Neighboorhood #3 levantó y rockeó el comienzo del show, The suburbs (la canción) fue una pena, por el bajo volumen y la interpretación excesivamente lánguida y lenta, sin la candidez de pub de la original.

El final con la bowieana Wake up, tan anunciado como emotivo, redimió algunos de los momentos desparejos. Una belleza que parece compuesta para ser cantada por millones de voces. El saludo general y la despedida pedían otro bis, pero a lo largo del festival comprobaríamos que los horarios en el Lollapalooza se cumplen a rajatabla. Los bises no se extenderían siquiera en las bandas que cerraban cada fecha.
Dio ternura el saludo final del Will Butler, el hermano de Win, agradeciendo en reiteradas ocasiones a un público que no pareció tan encendido como para recibir semejante demostración de alegría.

En fin: puede que los hayamos agarrado a mitad de camino. Pero los espero pronto, para ver cómo sigue la trama. Iremos por la revancha: aquí, a lo sumo, ganaron por puntos.

[Fotos: salida de la gente por Fede Cabral; Jake Bugg por Diego Fioravanti; Thomas Mars (Phoenix) por Anabella Nolasco; y Arcade Fire por Tomás Correa Arce].

miércoles, 1 de enero de 2014

Trece del 13

Recién se va el 2013 y no quisimos olvidar algunos discos que estimularon nuestras horas. Varias músicas quedan afuera de esta entrega -la lista inicial ascendía a más de veinte discos-, pero estos 13 álbumes cosecha nacional merecen ser considerados: por su originalidad y personalidad, representan todo lo que pudimos escuchar del año que pasó. Ojalá les guste como a nosotros. 
Feliz 2014 para todos los que están del otro lado: esperamos que sigan por ahí.


La luna hueca - Skay y Los Fakires
El disco más convincente de un redondo como solista. Skay llega a un poder de síntesis asombroso, amparado por letras de fábula y misticismo y canciones que derrochan energía y belleza en partes iguales (Falenas en celo, Cicatrices). Entre clásicos y frescos rocks, profundiza su búsqueda hacia la música de otras latitudes con resultados asombrosos -La fiesta del karma-, y un contorno acústico que le sienta demasiado bien. Y entrega su pieza más enigmática y compleja, la notable La nube, el globo y el río.


SUBA - Un día perfecto para el pez banana
El debut más auspicioso de un grupo argentino en éste y varios años. Cinco cordobeses inquietos logran un complejo sonoro que parece trascender a la clásica formación de rock, a la vista de los resultados logrados desde lo tímbrico, la asombrosa capacidad de atravesar los más diversos paisajes en una sola canción y la bella voz de su cantante, Lucila Escalante. La fiesta de la forma se sintetiza en la fantástica México, una de las canciones de 2013. Certifica Manza Esaín en la producción, por si faltaba más.


Aquelarre - Sig Ragga
Sig Ragga, o de cómo hacer del reggae argentino un lugar mejor. La apuesta por la canción en un género que suele cantarle siempre a lo mismo no sólo funciona, sino que lleva a lugares encantadores (tanto que cuesta elegir una sola canción como muestra). Sig Ragga quiebra esa escena aburguesada y además irrumpe como un grupo sutil y climático, con la voz de duende estoico de Gustavo Cortés como referencia y un sonido refrescante que lleva encima sofisticación & radio. Los necesitábamos, amigos.


El corazón es el lugar - Pablo Dacal
¿Usted quiere hacer un disco que suene a otro tiempo y salga airoso hoy? Llame a Pablo Dacal y pregúntele cómo se hace, porque él lo hizo perfecto. Con la compañía de Las Guitarras del Tiempo -aplausos para esas violas-, Dacal llega a su pico de expresividad criolla, ese charco que nada con obstinación hace años y del que saca esta nueva Flor Nacional. Cómo reformular géneros añejos y que suenen a presente: las milongas del futuro son las de este cantor trashumante.


Palingenesia - El Atolón de Funafuti
Dicen que los terceros discos tienen “algo” y son los que terminan de definir hacia dónde va un grupo. Si tomamos al Atolón como caso testigo, aquella sentencia es totalmente efectiva: el grupo llega a su cumbre sonora como ensamble blusero-jazzístico-prog-cancionero y entrega sus mejores piezas en este disco de muerte, renacimiento y resurrección. Tino Moroder encuentra su voz definitiva y las melodías lo ayudan: respiran en esa marejada armónica de banda de rock con teclas y violín. Octoplus es la síntesis de la plenitud conseguida.


- Fede Cabral
Post-Sancamaleón, Fede Cabral se mudó, construyó su propio estudio de grabación e hizo un disco que lo pinta como tipo de cuerpo entero: optimismo, baile, energía e introspección por partes iguales. Hace rato que aquél espíritu combativo de los primeros tiempos de su ex grupo se reconvirtió en la búsqueda de cosas simples, esas que terminan haciendo de la vida algo con un poco sentido (“todo lo que importa entra en una bolsa, todo lo demás me da igual”). , su debut solista, parece ser una de esas cosas.


Confía - Los SUB
En Confía todo parece venir desde las profundidades pero asoma a la superficie de manera encantadora: se viaja desde los 80s más oscuros hasta los 90s más brillantes. El combo más rocker de Triple R Discos entrega nueve canciones donde las guitarras dirigen el devenir de los que deberían ser los hits indie del año que se fue (pero recién salieron del horno... tiempo al tiempo): el adictivo Todo lo que quiero en este momento, oh; el tema-título y Hippies. La banda en pleno se suena todo para el momento más temerario, Volviendo a casa de noche.


Shaman y Los Pilares de la Creación - Shaman y Los Pilares de la Creación
El cantor más singular del rock argentino (no sólo del rock independiente) y una nueva entrega de sus delitos de voz cavernosa y épica. Por momentos pareciera que su garganta se devora los paisajes folk que la sostienen, pero la música prevalece en su propio brillo, como si funcionara por contraste con ese vozarrón grave. Sonriendo debe ser el título más oximoronístico de la historia: la tristeza que contiene esa canción define la marcha de un disco difícil, duro y hermoso a la vez.


El poder oculto - Lucy Patané y Marina Fages
Basado en su mayoría por piezas instrumentales, El poder oculto resuelve de manera brillante la conjunción de instrumentos autóctonos, canción popular y experimentación. La dupla Patané / Fages hace gala de sus probadas capacidades como instrumentistas con un resultado absolutamente original, que combina el folklore norteño con la música oriental. Y no sólo en la profusión de arpegios, el sonido dulce y la profundidad que huele a naturaleza -presente en todo el disco- está la clave: cuando abren la boca salen poemas de canciones como La sangre en la boca del lobo. Belleza pura.


La humanidad - Miro y su Fabulosa Orquesta de Juguete
Las canciones redondas de Ramiro García Morete -en la vena de Dylan y Calamaro- son de nuestras favoritas en el mercado local, por perdedoras y hermosas. En esta vuelta, la Fabulosa suma ingredientes del comandante Tweedy en Zapatos, rockea stonianamente en Simple y se autoflagela en Ido y La mística del perdedor, como si Elliott Smith hubiera sobrevolado las sesiones de grabación. Sí, estos muchachos aman el mundo de las canciones perfectas. Y predican con el ejemplo: melodías de estadio y grandes letras (¡Epifanía #32!).


Las invasiones inglesas - La Joven Guarrior
La voz del Pastor en La oportunidad alcanzaría para incluir a Las invasiones inglesas en esta lista. Pero además de esa hermosísima canción, este colectivo de trece locos con apodos insólitos (El Nuevo, El Pochoclero, Junco) despliega un abanico de sonidos que van desde el folklore (Alma lejana) hasta el funk (¡Fa!), todo ejecutado con gracia y personalidad. Las letras no parecen tener término medio: o son introspectivas (Paisajes desiertos) o destilan humor e ironía (Mi amigo el Tano, un integrante de la nueva bohemia que se trae “tomates hechos en Holanda”). Ideal para bajar de la ansiedad ciudadana.


La nostalgia soundsystem - Mi Amigo Invencible
Desde Mendoza, Mi Amigo Invencible nos recuerda cuán importante es la concepción del tiempo en la música: todas sus canciones parecen desplegarse de a poco, hasta llegar al lugar necesario. En La nostalgia soundsystem hay una noción de las duraciones que le da un desarrollo coherente y fresco. El disco está hecho de lugares y no-lugares (el camino, los árboles, las habitaciones, las casas, el cielo, las sombras), con la mudanza del grupo a Buenos Aires como tema inevitable. Un cancionero que estalla sin dejarte sordo, a veces se electrifica y otras se torna electrónico. Pero siempre llega a buen puerto.


Debo admitirlo con algo de ¿culpa?: le había perdido el rastro a Gabo hace un par de discos. Y de seguro volveré a ellos con otra atención luego de escuchar este álbum. Elogiar su prodigiosa voz y su excelso manejo de la palabra a estas alturas es lugar común, pero hay lugares comunes que no pueden dejar de ser señalados. Su universo, de palabras, de relaciones perdidas, de inflexiones en esa voz de madera y vino, de guitarras brillosas y cientos de preguntas, encuentra en La primera noche del fantasma la cumbre. Otra más.

sábado, 12 de octubre de 2013

109 Discos de Rock Argentino: #109 a #85

Al fin, después de tanto anunciarlo, largamos la primera tanda de resultados de la encuesta 109 Discos de Rock Argentino. Decidimos dejar los textos con anécdotas de la votación -que comenzó hace tres meses- y nuestros motivos para embarcarnos en esta locura para más adelante: serán publicados entre post y post con los resultados finales. Ahora, preferimos que vayan sabiendo algo de lo que votaron los casi trescientos capos que eligieron sus 15 discos favoritos del rock de acá y confeccionaron esta lista final.

La selección de discos asciende a 109. ¿Por qué? Simple: en el puesto 100 había 10 discos compartiendo la misma cantidad de votos y me pareció injusto dejar afuera 9 álbumes por capricho propio. Entonces, ordené esa decena de manera cronológica dentro de la lista, del más viejo al más nuevo (lo mismo se hizo con otros discos que tenían igual cantidad de votaciones en otras zonas de lista, privilegiar al más viejito).
Espero disfruten los textos que acompañan esta selección de álbumes de todas las épocas: muchos amigos nos dieron una mano y enaltecen y amplían nuestra visión con sus palabras (aclaro por las dudas que los discos sin autor entre paréntesis los escribí yo).

Sin mas, aquí van, del puesto 109 al 85.


#109
Acorazado Potemkin - Mugre 
(por Ale Do Carmo)
Oui Oui Records - 2011

Mugre es el debut del trío conformado por el bajista Federico Ghazarossian (Me Darás Mil Hijos; ex Don Cornelio y Los Visitantes), Luciano Esaín (Valle de Muñecas y Motorama; ex Flopa Manza Minimal) en batería y Juan Pablo Fernández (ex Pequeña Orquesta Reincidentes) en guitarra y voz: presentan un disco lleno de fraseos arrabaleros, métricas casi imposibles, letras intimistas y furibundos arranques eléctricos, todo perfectamente desarreglado y ordenadamente disperso. Competidor firme a la corona del disco definitivo de postpunk argentino que aun hoy ostenta el debut homónimo de Don Cornelio, en Mugre, Nick Cave y Lou Reed se dan la mano con Girondo y Discépolo, conformando uno de los debuts más logrados de los últimos años. Aunque no sólo de postpunk vive el hombre, y ahí están Desayuno -con esos aires a Neil Young-, la épica de Gloria y el aroma a desierto de Puma Thurman, para ponerle un poco de luz a tanta oscuridad. Otra vuelta por favor, ¡y sin lavar los vasos!


#108
La Perla Irregular - La novena utopía 
(por Manuel Bence Pieres)
De Regreso a la Fantasía - 2009

En la era del mp3 y lo instantáneo, mientras algunos declaran el fin de la historia, La Perla Irregular le hace honor a la tradición del long play, haciendo discos conceptuales que se escuchan de pe a pa. En cinco años han grabado cuatro discos, además de un single y un EP. La novena utopía, su segundo álbum, es el que de mejor manera representa el nombre del grupo: la acumulación de arreglos y melodías, y la exquisita orquestación producto de la pluma de Pablo Vidal (compositor de todos los temas) remiten al concepto “barroco” al que se hace referencia. Hay lugar para el beat de los 60s, largos interludios instrumentales, canciones de amor (y desamor), zambas y  blues con guiños a Pescado Rabioso. Sus letras oníricas, en ese espacio que crea el grupo para la fascinación, nos trasladan a otro mundo (“aquí no es real, donde el ladrillo se hizo amor”, cantan en Donde el ladrillo). La Perla Irregular, una de las últimas utopías del rock made in Argentina, les sopla en la oreja a los predicadores del fin de la historia (del rock): “Conocimos al mundo de hoy, ¡dijimos sí, no tiene fin!”. Año tras año lo vienen demostrando con sus discos. ¡Y sino escuchen su último álbum, América!


#107
El Mató a un Policía Motorizado - Día de los muertos 
(por Ezequiel Ruiz)
Discos Laptra - 2008

Una celebración típicamente mexicana como título de catástrofes naturales o para contemplar el desastre desde el techo, armado con un rifle. El fin del mundo nunca fue tan dulce hasta Día de los muertos: poco antes del furor zombie y bastante antes de 2012, El mató cerró su trilogía, y un concepto de “vida, desarrollo, muerte”, con el disco más cinematográfico de su cosecha justo cuando su recurso melódico menos-es-más se estaba agotando (es lo último registrado sin el tecladista Chatrán Chatrán, clave para la evolución musical del grupo que vendría después). Día... es menos hitero que sus predecesores, pero aunque siempre dijeron desconfiar de pegar el salto, sirvió para pasar del Salón Pueyrredón a La Trastienda: la presentación oficial en Capital fue ahí, introducidos por un Fabián Casas encapuchado, que nos instó a “cerrar los blogs, cerrar sus facebooks” y disfrutar del ruido blanco motorizado sin pantallas de por medio. Por la misma época, Casas también subió con ellos en Niceto para cantar Mi próximo movimiento, tal vez el tema fluo del álbum, hoy en una de las cortinas de TVR.


#106
Massacre - El mamut
Pop Art Discos - 2007

Editado exactamente a 20 años de su debut, El mamut significa el (tardío) reconocimiento popular a una banda que ya desde la década anterior había pelado discos de gran factura -ahí están, esperando ser redescubiertos, Juguetes para olvidar y Galería desesperanza, sólo por mencionar un par-. A lo largo del álbum, Massacre mira de reojo las paradojas de un rock demasiado insertado en la cultura popular -“ya no es himno de boicot a Vietnam”-; recuerda algunos sucesos de la política nacional postperonoide -Estamos en problemas- y, como siempre, enumera las diversas neurosis de Walas -Divorcio, Clavos y globos-, quizá el último frontman con gracia que haya aparecido en el rock mainstream argentino. ¿La música? Una bomba tras otra, con las guitarras de Pablo Mondello como faro para solos monumentales -La orquídea blanca-; y hits que antes no eran -La reina de Marte-. La victoria de los losers pocas veces fue tan justa como en este caso. 


#105
Fun People - The art(e) of romance
Ugly Discos - 1999

Recitales anunciados en los diarios como hardcore gay anti-fascista, militancia vegana y pro-abortista y un cantante petisito y de rastas amarillas y largas: esos datos fríos son lo primero que se me viene a la mente cuando rememoro lo (poco) que sabía de Fun People a comienzos de 2000. En el medio, fui conociendo después, había una discografía extensa de la que emerge como joya The art(e) of romance, producido por un sabio en la materia rock visceral y de guitarras fuertes: Steve Albini (Nirvana, Pixies). Las melodías amigables de Middle of the rounds -con esa combinación tan característica de inglés y español que registró Nekro- y Leave me alone funcionan por contraste ante los arrebatos acelerados y/o ásperos de One day (like Wilckens), Question y F.M.S. (Fuck Male Supremacy) -otra bandera que agitaron desde entonces. El puente entre ambos mundos lo tienden Water, Vivar y la genial Vientos, el canto autogestivo de los ’90: “sopla bien fuerte porque no me vas a tirar”.  Si pudiera es la confirmación del desprejuicio y la apertura a otros estilos del grupo: una canción de aires latinos… ¡con recitado y todo!


#104
Babasonicos - Babasonica 
(por José Miccio)
Sony Music - 1997

Combinación adictiva de rock pesado (Egocripta, Demonomanía, El adversario) y baladas retorcidas (Sharon Tate, Esther narcótica, Parafinada), Babasonica es una misa negra dedicada a un Belcebú de cine clase B. El juego incluye venados muertos, machos cabríos, sangre de gallo, mandrágoras, eclipses, vampiras lesbianas y, por supuesto, el número de la Bestia, que en la notable Seis vírgenes descalzas aparece proyectado sobre un ombligo. En medio de este satanismo de cartón pintado crecen dos yuyos embriagadores. El primero es el lenguaje. Dargelos alcanza en Babasonica el máximo de su capricho: tira palabras como un poseso o un atleta tras alguna marca histórica, libera el sonido de las sílabas, regala esdrújulas, canta “confundistes”. El otro yuyo dorado es la ficción. Artificio puro, colección de citas y antifaces, Babasonica despega drásticamente la voz del cuerpo que la produce. Detrás del juego y de los personajes no hay ninguna identidad. Sólo una materia viscosa a la espera de otra máscara.


#103
Los Visitantes - Maderita 
(por Federico Anzardi)
MCA - 1996

Palo Pandolfo encuentra detractores o admiradores, sin término medio. Con su manera de cantar, entre desafinada, atravesada por veinte gallos y una desprolijidad poética que se lleva excelente con la fiereza punk acústica del delta que transmite Maderita, condujo uno de los trabajos de culto de la década del 90. Disco alegre, hippie, biblia hipster, plagado de hits de trinchera (Estaré, Bi bap um dera, Tapa de los sesos, Sapo sapo) que sirvieron para musicalizar desde un bar progre de los años previos a Acá Sí Que No Se Coge hasta Videomatch. Rock, candombe, reggae, aires tangueros: Los Visitantes tenían tanto para dar que todavía no terminaron de impactar del todo. Éste fue el último disco del grupo que se calzó el traje de clásico; luego vendría una despedida deslucida. En trabajos solistas posteriores, como Ritual criollo (2008), Palo consiguió nuevamente ese equilibrio que predomina en Maderita, sin hundirse.


#102
Los Pillos - Viajar lejos 
(por Facundo Llano)
EMI - 1987

Los Pillos, para mí, es sin duda el grupo de culto de Argentina. A ellos llegué por Cienfuegos, la otra gran banda que pelea por ese título. De hecho, antes de la era de internet, pensaba que era un grupo anterior de Sergio Rotman por lo parecido del timbre de voz del cantante Adrián Yanzón. Los Pillos dejaron como legado un único disco -nunca editado en CD- que salió en 1987; claramente influenciado por el post punk de la época, pero que no sonaba a una banda local copiando a una extranjera. Había algo notoriamente porteño en el sonido del grupo: Conversaciones con la hierba, Poco placentero y demás canciones son himnos de sótano de una juventud en completa incertidumbre. Un par de años, un disco, un show con Siouxsie & The Banshees y todo terminó: el 1 de febrero del 1990 el baterista del grupo, Pablo Esaú, desapareció de la faz de la tierra, sin dejar rastro, alimentando el mito de la banda más misteriosa que dio la escena local.


#101
Seru Giran - Seru Giran 
(por Federico Anzardi)
Music Hall - 1978

Compuesto y grabado en Brasil en sesiones mechadas con ácidos y libertad artística, Seru Giran es media hora de ensoñación. Como Black Sabbath, es tres en uno: banda, disco y canción. Letras hermosas en lenguajes inventados, virtuosismo y pop radiante para años oscuros. Eiti Leda, un tema del Sui Generis más lisérgico que no pudo ser, y Seru Giran son las insignias de un debut extraño y poco convencional para los que después serían “Los Beatles argentinos”. Seminare es la única pieza crossover de una placa que perdura en el tiempo como uno de los momentos más volados de la carrera de Charly García. También es la presentación masiva de un jovencísimo Pedro Aznar y la confirmación de David Lebón como uno de los laderos más efectivos del rock argentino, además de uno de sus mejores cantantes. El disco envejeció mucho mejor que lo que auguraban las duras críticas iniciales que recibieron al grupo.


#100
Tanguito - Tango 
(por José Miccio)
Talent - 1973

Ramsés VII, Tango con hache intermedia, José Alberto Iglesias, Donovan el Protestón: Tanguito no tenía nombre. Tampoco tenía trabajo, y casi que no tenía casa. Vivo, era un trofeo para médicos y policías. Bajo tierra, lo fue para los devotos del padecimiento ajeno. Siempre es fácil decir, desde el prestigio bobo de la muerte: Tanguito era el náufrago posta, el cuevero más poronga. Pero mejor decir otras cosas, menos imbéciles. 1º) Sobrevivir no es una concesión al sistema. 2º) Tanguito no habría aguantado tanto tiempo en la imaginación rockera argentina -siempre pobre en mitologizadores de talento- si no hubiera sido algo más que un indisciplinado. Este no disco alucinante demuestra que fue un compositor exquisito y un cantante fenomenal. Jinete, Natural, La balada de Ramsés VII. El flaco que canta con su guitarra estas canciones precarias e increíbles termina abajo de un tren poco después de registrarlas en TNT con la ayuda de Javier Martínez. Hay algo absolutamente escalofriante en esta belleza rota: como si asistiéramos a un último esfuerzo del arte por salir de un cuerpo que no podrá alojarlo mucho tiempo más.

#99
Divididos - Narigón del Siglo…
BMG - 2000

Jorge Araujo, Diego Arnedo y Ricardo Mollo viajaron a Inglaterra para grabar nada menos que en los estudios Abbey Road su último gran disco. Aunque ellos mismos desestimaron la “magia” del histórico estudio beatle, en Narigón del siglo, yo te dejo perfumado en la esquina para siempre -tal es el nombre completo- despliegan lo más interesante de su repertorio ’00: el riff poderoso tras la intro oriental de Casi estatua; la dejadez y los vicios del hombre moderno en Vida de topos y Tanto anteojo; y el sonido contundente -Divididos es, antes que nada, un sonido contundente- de Elefantes en Europa, Pasiones zurdas derechas y el ácido Qué pasa conmigo. Sin embargo, la revelación de este disco son las canciones de tono intimista que hasta entonces no eran moneda corriente en el grupo: las soberbias Par mil y Spaghetti del rock -¡Divididos con cuerdas!-, y el remanso de Como un cuento, un reggae estremecedor: con estas tres canciones asomo el Mollo clean, y con él Esa Voz, más cristalina que nunca.

#98
El Otro Yo - Abrecaminos
Besótico Records - 1999

En el último año de la década en que asomaron con notoriedad, los miembros de El Otro Yo redoblaron la apuesta tras un disco triple más que novedoso -Esencia- en el que cada uno de ellos mostraba sus propias composiciones. Con la fundamental incorporación de Ezequiel Araujo -junto a él hicieron sus mejores discos-, los hermanos Cristian y María Fernanda Aldana y Ray Fajardo se despacharon con un conjunto de canciones enérgicas como siempre pero redondas como nunca antes: Abrecaminos es un compendio de hits, uno tras otro, donde depuran el estilo de guitarras al frente para dar su mejor cosecha de melodías. No me importa morir y La música fueron los caballitos de batalla y a su vez dos declaraciones de principios -una muestra la intensidad de toda su obra; la otra, la nueva cara- pero atrás hay más canciones, entre ellas las enternecedoras Arruncha y Ella se fue y la francoparlante y climática Violet. El título del disco fue premonitorio: un par de años después, El Otro Yo y su inocencia juvenil llegaban a Obras, por entonces el templo del rock argentino.

#97
Todos Tus Muertos - Dale aborigen 
(por Facundo Miño)
Gora Herriak - 1994

Actitud, banderas y sonido se conjugan para parir Dale aborigen, un disco inoxidable, fundacional dentro del rock latino y el mestizaje. Fue publicado en 1994, con Manu Chao, Fermín Muguruza y las primeras Actitud María Marta como invitados.
Aunque la idea de la muerte sigue vigente desde el nombre mismo del grupo (retomada luego en su disco Argentina te asesina) dejan atrás las “ganas de morirse” de El espejo, las noches agitadas en el cementerio y El féretro. Aquí, los climas lúgubres ceden terreno a dosis rabiosas de furia y a un discurso libertario que rescata las figuras de Sandino y de Mandela, reivindica la lucha guerrillera y le guiña el ojo al continente con particulares reversiones de Guantanamera y Adelita. Una propuesta multicultural (también coquetea con el hip hop, el reggae, fragmentos de tambor y voz; y hasta se permite ejercicios lúdicos en Andate o en Scubidú) que no reduce su espíritu punk: lo atraviesa y complementa.


#96
Los Fabulosos Cadillacs - El león 
(por Facundo Miño)
Sony Music - 1992

Aunque ya había indicios previos (las canciones Vasos vacíos -con Celia Cruz de invitada- y Demasiada presión, por ejemplo), El león representa un quiebre dentro de la obra de Los Fabulosos Cadillacs: Londres ya no parece la meca, The Clash y The Specials ya no son los únicos espejos a mirar. El perfil político también crece en canciones como Gallo rojo, Arde Buenos Aires o Desapariciones (de Rubén Blades) y por la invención de un héroe urbano y marginal bautizado Manuel Santillán. 
De todos modos, no es la amalgama entre sonoridades latinas y posiciones ideológicas lo único que define su condición de clásico. En el disco abundan los corazones rotos (El crucero del amor, El aguijón); y un Sergio Rotman muy inspirado regala gemas de amor (Siguiendo la luna) y desamor (Ríos de lágrimas). Al combo aún le falta un fantástico track de apertura, Carnaval toda la vida, himno nocturno-nostálgico-borrachín que resume y anticipa el espíritu del álbum.


#95
Los Encargados - Silencio
RCA - 1986 

Frutas, piedras y monedas fueron las amigas inseparables de Los Encargados en su famoso show del BA Rock ’82. Aquella presentación con absoluto rechazo popular oficia como buena síntesis de la carrera de Daniel Melero, factotum del grupo y gran outsider -¿oxímoron?- del rock argentino. Silencio, publicado cuatro años después del episodio festivalero, es el primer y único registro discográfico del grupo: la oscuridad tecno que se cargaron como precursores y que, pudiendo ser hit tras hit, resultaba por fundirse en un complejo de ostracismo, reclusión, encierro. Aún hoy suenan desesperantes esos sonidos gélidos de sintetizadores y baterías electrónicas; Sangre en el volcán, con sus grititos entrecortados, es un gran ejemplo. Pero hay otra muestra que no deja de ser pertinente más allá de su obviedad: si Soda Stereo hizo de Trátame suavemente su primer hit alla The Cure, Los Encargados (autores del tema) lo regrabaron deconstruyendo ciertas inflexiones de la melodía que resultaban más efectivas a la hora de sonar en las radios. Estaba claro que ésa no era la suya: no al menos la de Melero, ese hombre que mira todo desde el costado, con la sabiduría de que ahí está más que bien.

#94
Miguel Abuelo - Buen día, día
Interdisc - 1984

Publicado cuando la popularidad de Los Abuelos de la Nada ascendía a niveles estelares, Buen día, día destaca inicialmente porque participa en él un verdadero seleccionado del rock sudamericano (Claudio Gabis, Fito Páez, Osvaldo Fattoruso; además de los compañeros Abuelos). Entre la irrefrenable y vívida poesía de Buen día, día (la canción) y la excesiva alegría de La mujer barbuda parece haber un abismo, pero así era el autor: capaz de escribir una canción acerca de la excitación porque una vaca lo mira de frente; o despilfarrar versos cándidos y notables como los de Americano soy del sur: “América, ¿estabas allí mi América? / Gorda divina / Americano soy del sur, brioso y puro / Zorzal alerta / Puertas abiertas / Piernas latinas / Soy de Argentina / Toda una suerte / pongo al quererte”. Destacan además los aires orientales de Verili y las reversiones, propias y ajenas: la interpretación vocal de Miguel en La balsa es sublime y Mariposas de madera, en clave 80s y cantada a dúo con su hijo Gato Azul, se convierte aquí en un clásico eterno. 


#93
V8 - Luchando por el metal 
(por Diego Mancusi)
Umbral - 1983

El debut de V8 abre dos puertas en el rock argentino. La más obvia está incluida en su título: con el Carpo como padrino, la banda sube la apuesta del hard rock rutero de Riff y escupe un heavy metal ortodoxo y espeso que venera el tritono, traduce la NWOBHM y deja asomar con asombroso timing el vértigo thrashero que se cocinaba en el primer mundo. 
Pero no sólo el ruido comienza con Luchando por el metal. “Ya no creo en nada, ya no creo en ti, ya no creo en nadie porque nadie cree en mí”, canta Beto Zamarbide en Destrucción (¡nuestro Free bird!), expresando por primera vez en la historia del rock local la desesperación del joven de clase obrera suburbana. “Basta ya de signos de la paz, basta de cargar con el morral”, remarca en Brigadas metálicas, y así deja inaugurado un espacio de hermandad para el enojo concreto, peleador y laburante, bálsamo para la marginación y la represión y anverso del amor lumpen que promovía el movimiento hippie. Ricardo Iorio, caudillo y poeta, se estrena en estos nueve salmos en los que todo metalero argentino comulga.


#92
Los Abuelos de la Nada - Los Abuelos de la Nada
Interdisc - 1982

La formación más recordada de Los Abuelos de la Nada es un combo imbatible, un sexteto de talentosos en el que componían casi todos (exceptuando a Polo Corbella) y eran voces principales tres de ellos (Abuelo, Bazterrica y el pichón Andrés Calamaro), además de músicos de probada capacidad: pasados 31 años de la publicación de este disco, se ve aún más lógico que un grupo con tantos caciques triunfara. Parte esencial del rock argentino hedonista y liberado post-dictadura, en este debut producido por Charly García -y con los militares cerca de la retirada- el mayor legado es el cómo: el histrionismo de letra y voz de Abuelo es natural, atrapa, y sigue desafiando con su androginia el machismo mataputos de buena parte del rock. En tanto, el groove de la banda es inmenso por la versatilidad de sus componentes: es notoria la soltura para ejecutar reggae y funk combinados con el sonido new wave de esos días -escuchen sino Ir a más o Tristeza de la ciudad-, músicas que en el país no habían tenido tanta cabida aún. Cuarenta minutos que intentan ahuyentar la tristeza y lo logran.


#91
Seru Giran - Peperina 
(por José Miccio)
SG Discos - 1981

No se trata exactamente de un caso, pero lo que pasa en el interior de la obra de Charly García entre 1979 y 1983 expresa de manera insuperable el cambio más profundo e intenso que conoció el rock argentino en toda su historia. En cuatro años y tres discos, García pasa del setentismo puro y duro de La grasa de las capitales al credo pop de Clics modernos. El enfrentamiento entre estas dos obras maestras ocurre en el camino que lleva de una a otra. Bicicleta es todavía Grasa. Yendo de la cama al living es ya Clics. Peperina está justo en el medio. Dicho de manera salvaje: la reducción de los virtuosismos más notorios lo lleva hacia adelante; sus armonías entrecortadas lo mantienen todavía dentro del ámbito del jazz-pop. La obra maestra del disco -junto a la maliciosa Peperina - es Cinema verité, tal vez la mejor pieza cinéfila de Charly. Pero la canción más importante es Llorando en el espejo, que adelanta desde su base el pulso obsesivo de Yendo de la cama al living y participa desde su letra -bien tempranamente- del mundo merquero de los años ochenta, lleno de narices, líneas y cosas blancas. Última: quien guste de las T seguidas de CH del Ruso Lebón tiene para enfiestarse. Tche imaginas el lamentcho.


#90
Color Humano - Color Humano 3 
(por Federico Anzardi)
Microfón - 1973

No puede ser que el tiempo y la indiferencia de los medios provoquen el olvido de Color Humano. Disco que debería estar varios puestos más arriba, Color Humano 3 es la cumbre de Edelmiro Molinari.  El último trabajo de este power trío muestra una intensidad instrumental que no decae.  A través de los inviernos, Cosas rústicas, Hace casi 2000 años y Las historias que tengo muestran una solidez grupal que contrasta con lo mal que se llevaban sus integrantes entonces. Si algún día el rock argentino se pone de moda en los círculos elitistas del mundo, será por lo producido en los primeros años 70: Pescado, Pappo, Spinetta, Manal, Aquelarre y Miguel Abuelo se sumarán a Color Humano en esa hipotética conquista tardía. No alcanza con linkear los temas del grupo en Facebook. Hay que hacer, por fin, la nota larguísima que Edelmiro Molinari merece. En todas las revistas y suplementos, en todas las radios. Al mismo tiempo.


#89
Babasonicos - Miami 
(por Miguel D. Barrenechea)
Sony Music - 1999

Miami es el álbum que sintetiza a Babasonicos, su caos, capacidad y conducta. Encasillarlo como el anticipo de Jessico y la continuación de Dopádromo tras ese paréntesis sabbathico llamado Babasónica es, por lo menos, injusto. Llevados por una faceta más descarada y experimental en 18 canciones -una cantidad increíble para ayer y hoy-, en Miami hay historias de separación, delirio y destrucción. Allá a lo lejos, ante las tentaciones menemistas, estos tipos armaron un gran lienzo que apasiona. Es un disco variopinto que invita a dejarse llevar, así sea bailando intensamente con Desfachatados, Paraguayana y El playboy o con el remanso y lo etéreo en La roncha, Valle de Valium, Gustavo Show y Mal viaje. Desde el arranque con una fuga por Constitución en 4AM hasta el final apacible con Casualidad, Miami desarrolla un swing eterno y deja un sabor puntual y abierto a la vez: aunque es signo de una época, cada vez se pone más interesante.


#88
La Renga - Despedazado por mil partes 
(por Matías Córdoba)
Polygram - 1996

Despedazado por mil partes fue el cuarto disco de La Renga y la puerta de entrada de la banda a los grandes estadios. Allí, Gustavo Chizzo Napoli enlazó en once estampas barriales sus fantasmas y delirios íntimos (Balada del diablo y la muerte), las lecturas de Carlos Castaneda (Hablando de la libertad), los recovecos de la demencia (Lo frágil de la locura, El final es en donde partí), el enfrentamiento tácito con un sector de la prensa de rock (A la carga mi rocanrol), los deseos de libertad (El viento que todo empuja) y un sinfín de apotegmas con destino de bandera que transformaron al, por entonces, quinteto de Mataderos en una banda nacional y popular mucho antes del fenómeno nac & pop. Despedazado... se grabó bajo las órdenes de Ricardo Mollo (no fue el único disco de La Renga en el que participó el cantante y guitarrista de Divididos) y se transformó en un hito para los seguidores del grupo. Hoy, el álbum, es una cita ineludible a la hora de entender su influencia y el rock nacional de los años '90.


#87
Soda Stereo - Sueño Stereo
Sony Music - 1995

Soda Stereo retornó a los flashes luego de un parate -que sirvió, entre otras cosas, para que Cerati grabase su primer disco solista, Amor amarillo-, con el que sería su último álbum de estudio: este sueño es, en verdad, el eslabón perdido entre la intensidad alternativa de Dynamo y el errante trayecto del cantor de ojos claros como solista; un disco indispensable pero algo olvidado por la memoria popular (Canción animal se lo comió todo). Hay lugar para que destaquen las diversas facetas del grupo, algunas negadas por esa parte del público que siempre los tildó de frívolos: el rock espeso de Ángel eléctrico; el cancionismo acústico en la hermosa Pasos; el espacio logrado: fiestero en Paseando por Roma, denso en Disco eterno. Ella usó mi cabeza como un revólver se lleva todos los premios: una oda a la desesperación -¿amorosa? ¿cocainómana?, qué importa- de armonía y estructura impecables, ornamentada por un arreglo de cuerdas que tensiona y embellece. Atención: puede que aquí estén las mejores palabras de Gustavo Cerati.


#86
Los Visitantes - Espiritango 
(por Matías Córdoba)
DBN - 1994

De las letras de Palo Pandolfo se podría escribir mucho. Se podría decir que son tangueras o arltianas, por el hecho de que son crónicas suburbanas, algo así como aguafuertes escritas en unas hojas manchadas de vino tinto pero, claro, eso sería un lugar común; aunque verdaderamente cierto. Las letras de Palo Pandolfo, en especial las de Espiritango, segundo disco de Los Visitantes editado en 1994, parecen escritas en pleno deambular (sin el caos existencial de Don Cornelio y La Zona, pero sí como un testigo social capaz de describir perfectamente rasgos peculiares del día a día). Es decir, como canta Calamaro en uno de sus discos solistas: "las canciones las compongo caminando". Villa Domínico, Mecánica ciudad o Gris atardecer (por nombrar solamente algunas) parecen seguir ese delineamiento. No sólo esa poética convierte al disco en una obra capital del rock argentino sino también su sonido desprejuiciado y original, característico en la obra de Los Visitantes, pero que en Espiritango encontró su mejor versión.


#85
2 Minutos - Valentín Alsina 
(por Federico Anzardi)
Polydor - 1994

Valentín Alsina es punk barrial, un clásico a la altura de sus contemporáneos (Despedazado por mil partes, Tercer arco). Asco a la policía, odas a la birra, rechazo al laburo. Desencanto juvenil cuando en la Argentina no parecía haber futuro. La herencia directa de Avellaneda Blues, de Sucio y desprolijo, de Luca Prodan caminando en ojotas con un sánguche de salame por San Telmo. Un álbum que forma parte de la columna vertebral más proletaria del rock argentino. “Ya no sos igual, sos un vigilante de la Federal” debe ser una de las rimas más emblemáticas de los últimos veinte años (¡hasta recibió los elogios de Spinetta!). Representa los dogmas y las banderas chabonas anti caretaje que coparon la parada hasta ahogarse en República Cromañón. El tema, que tuvo alta rotación en MTV, se convirtió en un himno que será interpretado por generaciones infinitas. ¿Más? La versión de Como caramelo de limón anticipó el cruce marginal con la cumbia, algo que con los años se volvió moneda corriente.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Ellos votan

¿Creían que habíamos cancelado la encuesta de discos del rock argentino? No, amigos. Estuvimos dos meses trabajando para ustedes y, al fin, cerramos la participación popular (aunque quizá se cuele alguna persona más sobre la hora). En estos días subiremos algunos textos con anécdotas de las votaciones -más las palabras que algunos participantes quisieron agregar-, y daremos una explicación concreta de porqué no quisimos que sean "los mejores" discos de "rock nacional".

Para que se vayan dando una idea: éste es el listado de votantes, tal como quedó en mi archivo (no me pidan orden alfabético y esas cosas, no por ahora). A todos ellos agradezco su paciencia y buena voluntad: la respuesta fue simpática y comprometida, muchos de los consultados -casi todos- se tomaron un tiempo que no esperaba para elegir bien sus 15 discos favoritos, demostrando interés respecto de mi pedido.
Pronto tendrán más novedades: por ahora les dejo la lista. Largamos:

Emmanuel Angelozzi, periodista
Pablo Saraceni (Los Planos), músico
Eduardo Gazzaniga, manager
Germán Hatrick, músico
Álvaro el Ruso Sánchez (El Siempreterno; 333; 37 Noches; Natural Mente Reggae), músico
Seba Ibarra, fotógrafo
Federico Muñoz de Toro, productor discográfico en Cincope Records
Jo Goyeneche (Valentín y Los Volcanes), músico
Julián Oroz, músico
José Noisé (SUB), músico
Fabián Spampinato, director de FM d-rock! y músico
Pol Neiman, músico
Pablo Grinjot, músico
León Rogani (El Hiperfulbo, Krupoviesa), músico
Alejandro Pi-Hué, fotógrafo
Fotos del Otoño, músicos
Juan Pablo Gambarini (Fútbol), músico
Hernán Cucuza Castiello, músico
Ariel Bacca, fotógrafo
Andrea Prodan (Romapagana), músico y actor
Pablo Comas (Alucinaria), músico
Lucas Gregorini (Miro y su Fabulosa Orquesta de Juguete), músico
Juanchy Manchy (Los Reyes del Falsete), músico
María Boccanera, prensa y producción en Rock City
Facundo Llano, periodista
Lautaro Barceló (Miro y su Fabulosa Orquesta de Juguete, Orquesta de Perros), músico
Fernando M. Blanco (Valle de Muñecas), músico
Seba Rubin (Rubin y Los Subtitulados), músico
Oscar Cuervo, director de revista La Otra, blogger y periodista
Anahí Parrilla Belfer, música
Juan Manuel Strassburger, periodista y co-creador del Festipulenta
Álvaro Barbeira, blogger
Fósforo García (Pez), músico
Matías Córdoba, periodista
Tino Moroder (El Atolón de Funafuti), músico
Pablo Scarpaci, músico
Ale Do Carmo, periodista
Miguel David Barrenechea (Placard), músico y periodista
Juan Martín Galeano (Policromía), músico y blogger
Martín Zariello, escritor y blogger
Federico Anzardi, periodista, editor de revista Rock Salta
Carlos Elorza, periodista
Juan Manuel Pairone (Un Día Perfecto Para El Pez Banana), músico y periodista
Natalia Torres, periodista
Juan Manuel Condori (Viva Elástico), músico
Sebastián Chaves, periodista
Emiliano Valcarce, periodista
Lucas Magnín, músico
Alejandro Leonelli (Honduras), dibujante, diseñador gráfico y músico
Javier López Uriburu, fotógrafo
Pablo Vidal (La Perla Irregular; Pels), músico y productor
Manuel Bence Pieres (Crisologo y Los Cuerdos), músico
Fernando CHatarra Fauszleger, periodista, fotógrafo y representante musical
Mariana Enriquez, escritora y periodista
Esteban Cavanna, productor
Joaquín Vismara, periodista
Lucio de Caro (Nikita Nipone), músico
Tingo Zucal (Pels; La Perla Irregular), músico
Cristian Vitale, periodista
Belén Ilé, música
Jorge Shura Ruchtein (Shura & Monos en Trance), músico
Juanito El Cantor, músico
Adrián Juárez, músico
Pablo Natale (Bosques de Groenlandia), músico y escritor
Pablo Schanton, periodista y letrista
Miriam Maidana, blogger
Mariano del Mazo, periodista
Alejandro Lingenti, periodista
Juan Carlos Ingaramo, músico
Julia González, periodista
Javier Aguirre, periodista
Maxi Diomedi, periodista
Rocío Paulizzi, prensa
Adrián Mouján, periodista
Christian Alliana (Esencia Vudú), músico
Ramiro García Morete, Míster (Miro y su Fabulosa Orquesta de Juguete), músico y periodista
Julio Nusdeo, periodista
Agustín Pisani, escritor y periodista
Andrés Ruiz (Alud Negro), músico
Shaman Herrera, músico
Sebastian Lino, músico
Juliana Celle, periodista
Gustavo Collado (La Sobrecarga), músico
Leonardo Ojeda, periodista
Vito Martino, músico
Richie Sanabria (La Perla Irregular), músico
Claudio Quartero (La Saga de Sayweke; Los Fakires), músico
Esteban Serrano, diseñador y dibujante
Santiago Ramos, periodista
Hugo Ulrich, blogger
Agustín Emilio Casalia, músico
Marcos Rocca, músico
Karpy Karpinsky, periodista
Santiago Álvarez (Un Día Perfecto Para El Pez Banana), músico
Ángel Clemente (Excursiones Polares), músico
Leopoldo Deza, músico
Ezequiel Borra, músico
Tom Quintans (Go-Neko!; Bestia Bebé), músico
Jesu Rivero (Rivero y El Mico), músico
Sebastián Paunero (La Asociación; La 220; Juan Tenti y Los Cuñados), músico
Pablo Gorondi, periodista
El Nica (Los Reyes del Falsete), músico
Juampi Mandelman (Rubin y Los Subtitulados; Sacoman), músico
Nicolás Kosinski (Valentín y Los Volcanes), músico
Sebastián Duarte, periodista
Pablo Potapczuk, fotógrafo
Facundo Miño, periodista
Fabricio Morás (Sur Oculto), músico
Aníbal Esmoris, productor de cine
July Sky, música
Marianela Insúa Escalante, periodista
Alejandro Meola, músico
Polvo Bureau, sello discográfico
Pablo Krantz, músico
Julián Perla (Mi Pequeña Muerte), músico
Adrián Outeda (Satan Dealers), músico
Marcos de Martis (Excursiones Polares), músico
Luciano Lulo Esaín (Acorazado Potemkin; Valle de Muñecas; Motorama), músico
Roy Milan Johansen (Excursiones Polares), músico
Sebastian Volco (Orquesta Metafísica), músico
Leandro Kalén, músico
Flavio Mogetta (Miro y su Fabulosa Orquesta de Juguete), músico y periodista
Marco Sanguinetti, músico
Claudio Cardone, músico
Dani Pérez (Los Sucesores de la Bestia), músico
Martín Barraco, periodista
Guillermo Martín Villalobos, periodista
Alejandro Grimson, periodista y decano del IDAES-UNSAM
Feche Juárez (La Ola Que Quería Ser Chau), músico
Joaquín Cañardo (La Ola Que Quería Ser Chau), músico
Agustina Gutiérrez (La Ola Que Quería Ser Chau), música
Santi Nerone (La Ola Que Quería Ser Chau), músico
José Miguel del Pópolo (La Ola Que Quería Ser Chau), músico
Matías Frontera (La Ola Que Quería Ser Chau), músico
Federico Toscano (Alucinaria), músico
Gonzalo Aloras, músico
Diego Capusotto, actor
Gonzzalo Iglesias, fotógrafo
Emmanuel Patrone, periodista
Paula Bustos Paz, periodista
Alejandro Mármol, gestor cultural
Sebastián Salvador, músico
Gustavo Sala, humorista gráfico
Juan Pablo Rufino Picoroso, músico
Carlos Sidoni, prensa y producción
Tifa Rex (Los Reyes del Falsete), músico
Carla Castelo, periodista
Guillermo Naccachian, blogger
Marcelo Iconomidis, musicalizador e investigador autodidacta
Nacho Zucal (Pels; La Perla Irregular), músico
Agus Stegmayer, periodista
Cristian Seligmann, periodista
Pablo Ramos, escritor y músico
Luciano Villacé (Bigger), músico
Rodrigo Espina, director de cine
Zelmar Garín, músico y productor
Acho Estol, músico
Litto Nebbia, músico y productor
Charlie Desidney, músico y productor
José Heinz, periodista
Alan Plachta, músico
Lula Bauer, fotógrafa
Andy Cherniavsky, fotógrafa
Pedro Bedascarrasbure (La Teoría del Caos), músico
Ezequiel Ruiz, periodista
Alan Levy, periodista
Manu Loop, músico
Lucas Giotta, músico
Julieta Rimoldi, música
Adrián Cayetano Paoletti, músico
Matías Peluffo, periodista
Salomar, músico
Lucas Herbin, músico
Alfonso Barbieri, músico
Felipe Surkan, director de Viajero Inmóvil Records
Mariano Fernández Bussy (Me Darás Mil Hijos), músico
Sebastián Schachtel (Las Pelotas), músico
Marianela Pelzmajer, música
Franco Salvador (Pez), músico
Federico Córdoba, periodista
Diego Fares (Linda), músico
Hernán Espejo (Compañero Asma), músico
Alvaro Villagra, técnico de grabación
Sebastián Escofet, músico
Lionel Pasteloff, periodista
Gustavo Varela, filósofo, docente y músico
Liliana Vitale, música
Francisco Milne (Pels; Nikita Nipone; La Bundesliga), músico
Rodolfo García, músico y productor artístico en La Perla del Once y ECuNHi
Ariel Minimal (Pez; El Siempreterno), músico
Señorita Carolina (Miss Bolivia), música
Alfredo Rosso, periodista
Diego Mancusi, periodista
Mariano López Gringauz (Valle de Muñecas), músico
Ángeles Benedetti, periodista
Pipo Lernoud, periodista y poeta
Darío Jalfin, músico
Carola Bony, música
Juan Ingaramo, músico
Juan Pablo Fernández (Acorazado Potemkin), músico
Oscar Reyna (Atlanticus; Los Fakires), músico
Juan Bárcena, periodista
Ezequiel Alemian, periodista
Facundo Lozano, periodista
Eloisa López, música
Alejandro Wierna, periodista
Diego Maita, periodista
Gerardo Farez (Tremor), músico
Oscar Jalil, periodista
Federico Ghazarossian (Acorazado Potemkin, Me Darás Mil Hijos), músico
Marcos Fernández Mouján (Dos Mil Osos; La Perla Irregular), músico
Fabián Resakka García (Error Positivo), fotógrafo y músico
Gustavo Semmartín (Me Darás Mil Hijos), músico
Alexis Valido (Simon Fuga), músico
Diego Eigengrau (Pels), músico
Martin Reboredo, músico
Ezequiel Black, diseñador gráfico y artista
Nicolás Lantos (Krupoviesa), periodista y músico, co-creador del Festipulenta
José Martínez (Clochard), músico
Bárbara Gilles, música
Alina Gandini, música
Lola García Garrido, fotógrafa
Gonzalo Pajaro Rainoldi, técnico de grabación y músico
Fabian Tweety González, músico y productor
Silvia Aramayo, música
Leo Sujatovich, músico
Alejandro Schuster (Viva Elástico), músico
Martín Elizalde (Falsos Profetas), músico
Javier Rabinovich (Un Día Perfecto Para El Pez Banana), músico
Marcelo B., blogger
Lucila Escalante (Un Día Perfecto Para El Pez Banana), música
Victoria Schwindt, fotógrafa
Julián Fernández Mouján, periodista
Lucía Couso, editora
Flor Codagnone, periodista y docente
Julieta Sabanes, música
Juan Cavalli (Los Esqueletos), músico
Edy Rodriguez, periodista
Pablo Hadida, músico
Willy Quiroga (Vox Dei), músico
Fabio Scaturchio, manager y productor
Gustavo Bazterrica, músico
Gisela Varacca, música
Daniel Irigoyen, músico
Bruno Larocca, periodista
Pablo Mendez, periodista
Paula Alberti, prensa
Alejo Vintrob (José Unidos), músico
Fede Kempff, músico
Manuel Farizano (Superlasciva), músico
Omar Serra, actor y dramaturgo
Sergio Alejandro Pujol, periodista y escritor
Sofía Arcuri, periodista
Humphrey Inzillo, periodista
Mariano Manza Esaín (Valle de Muñecas), músico y productor
Eduardo Berti, escritor y periodista
Mario Sobrino, técnico de grabación
Juan Pollo Raffo, músico
Gabriel Valverde, músico y docente, co-director de la carrera de Licenciatura en Música de UNTREF
Ignacio Xavier Ruibal (Un Día Perfecto Para El Pez Banana), músico
Fede Cabral, músico y productor, director de Tomalo o Dejalo Discos
Ezequiel Ábalos, periodista y escritor
Roque Casciero, periodista
Ricardo Lew, músico
Emiliano Rodriguez, manager de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado y programador en Niceto
Santiago Pedroncini (Malyevados), músico
Pablo Matías Vidal (Orquesta de Perros), músico
Blas Rizzardo, músico
Isa Portugheis, músico
Marcelo Canevari (Julio y Agosto), músico e ilustrador
Gabriela Radice, periodista
Mariana Bianchini (Panza), música
Hernán Agrasar, ingeniero de audio, productor y músico
Flopa Lestani, música
Eduardo Fabregat, periodista
Marcelo Vega, staff Melopea Discos
Chucky de Ipola, músico
Érica Villar, historietista e ilustradora
Felipe Mallar, músico
Pato Suárez, músico
Pat Pietrafesa (Kumbia Queers; She Devils), música
Martín Pérez, periodista
Ray Fajardo (Jauría), músico y productor
Lucas Herrera Fernández (El Atolón de Funafuti), músico
Paz Villahoz, música
Mariano Lucano, dibujante y co-director de Barcelona