Mostrando entradas con la etiqueta andrés ruiz. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta andrés ruiz. Mostrar todas las entradas

miércoles, 3 de octubre de 2018

LMEDA – Radio #41 (01-10-2018)


La música es del aire - radio #41. Una semana que nos trajo estrenos en forma de elepé -el excelente Prender un fuego de Marilina Bertoldi a la cabeza-, videoEP -el de Expediciones Científicas, Abrigo/Halo-, y singles adelanto de futuros álbumes por parte de Andrés Calamaro, La Otra Cara de la Nada, Cat PowerJeff Tweedy.

Además recibimos la mano amiga de Andrés Ruiz, quien continúa presentando el disco que editó el año pasado, Víctima de la imaginación. Andrés es un aventurero y ha hecho un largo recorrido en su carrera solista, que llega con Víctima... a la síntesis de su búsqueda. El tránsito fue de cierta grandilocuencia en sus inicios a la búsqueda de lo mínimo, siempre con altas dosis de elegancia y oscuridad (que este último sea su álbum más ochentoso, si se quiere, no es casual). En las cinco canciones que eligió podemos notar, además, cómo le influye la música que escucha.

Sus elecciones y las nuestras, aquí debajo:

Marilina Bertoldi – O no?
Encías – Mentir
Barbi Recanati – Teoría espacial
Mariana Bianchini – La policía de la armonía
HTML – Días invertidos

Andrés Calamaro – Verdades afiladas
Jeff Tweedy – Some birds
Pels y Litto Nebbia – Cortina para un programa de televisión
Los Andes – Todo lo que quiero
Los Besos – En mis sueños

La Otra Cara de la Nada – Nada que ver
2001 – Sub
Andrés Ruiz – Víctima de la imaginación
Expediciones Científicas – Abrigo
Lyla Foy – Far behind you

Rosal – Educación sentimental
Darío Jalfin – Dame el pie
Palmer – Nunca lo sabrán
Cat Power – Stay
Mi Nave – Amuleto


BLOQUE INVITADO: Andrés Ruiz
Part Time – I wanna take you out
Alex Andwandter – Tormenta
Yuliano Acri – Puro total
Jaakko Eino Kalevi – Emotions in Motion
Casey Golden – That declares

Palo Pandolfo y Onda Vaga – Estaré
La Joven Guarrior – Un extraño me saluda
Láudano en Canciones – Paloma siesta
Prietto y Poli – Témpanos lejanos
Jazmín Esquivel – El nombre


jueves, 11 de diciembre de 2014

Alud Negro: molestando a la Oscuridad


Andrés Ruiz no para. En 2014 publicó Huésped, su sexto disco solista en nueve años, donde desborda de amor por el sonido de los '80, profundiza su veta cancionera y se reafirma como uno de los mejores cantantes de su generación. Andrés grabó todos los instrumentos del disco, tal como hiciera tiempo atrás con Cuna, disco que grabó antes pero no quiso presentar bajo su nombre (a pesar del trabajo en solitario).
Cuna, entonces, dio vida a la nueva criatura: Alud Negro.

En el medio aparecieron César Borra y Matías Mielniczuk, los compañeros ideales para llevar a cabo el proyecto que amenaza con teñirlo todo de azabache. Ahora que son una banda hecha y derecha, y que el disco vio su edición física (había sido publicado en Bandcamp a fines de 2013, sign o' the times), Ruiz nos cuenta en detalle cómo fue todo el viaje; y lo que vendrá:

Este es un año bastante productivo para vos, sacaste Huésped como solista y Cuna, el debut de Alud Negro. Ambos discos los grabaste casi por completo, todas las composiciones son tuyas… ¿Por qué decidiste que uno de ellos fuera solista y el otro no?
Cuna fue pensado y concebido en 2013 para un proyecto paralelo que aún no tenía nombre. Una vez que las canciones estaban grabadas comencé a buscar músicos y así nació Alud Negro. Tenía muy claro desde el principio lo que quería. Un trío electrodark sin guitarras. Una banda original y muy poética. Con un sonido distinto a todo lo que venía haciendo.
Por otro lado, Huésped es mi último disco solista y, si bien tiene algunos elementos en común con Cuna (protagonismo de los sintetizadores, baterías electrónicas, por ejemplo), sigue la línea de canciones que vengo haciendo en mi proyecto solista, con estribillos bien marcados y melodías más simples que en discos anteriores.

¿Cómo conviven los dos proyectos? Se nota que te gusta formar bandas, más allá de tu versión solista.
Todo convive de manera natural. En mi proyecto los márgenes son más flexibles. Puedo tocar solo, en dúo, trío o cuarteto, como ahora. En las bandas, en cambio, las formas se mantienen más sólidas, son parte de un concepto, una estructura más concreta. Por ejemplo, Alud Negro es claramente un trío, un triángulo. Cada uno de nosotros es irreemplazable.
Me interesa mucho aprender, interactuar y sobre todo experimentar. Las vivencias como solista son muy distintas a las que tenés en una banda; de la misma manera me pasa con los estilos. Me divierte hacer temas pop, pero también tengo muchas composiciones electrónicas e incluso doom metal, como las que hago para mi otro proyecto, Monje de Fuego.

¿Cómo fue la búsqueda de músicos para Alud Negro? ¿Pensaste en quiénes podían ser mientras grababas el disco o todo surgió después?
La búsqueda fue bastante rápida porque conocía a los chicos de algunos conciertos y amigos en común. César Borra era el tipo de bajista que había pensado para la banda: un bajo muy presente, con púa y mucho ritmo. Lo de Matías Mielniczuk [el tecladista] fue un hallazgo, ya que le dio a la banda mucha dinámica en el plano electrónico. Apenas terminé de redondear los temas di con los chicos y todo fue perfecto. Ellos aportaron mucho en las canciones y así redondeamos entre los tres la producción final. De hecho, actualmente estamos componiendo juntos y salen canciones muy redondas. Creo que nuestro segundo LP dará que hablar.

El nombre Alud Negro resulta paradójico, porque no parece haber en nuestro país una corriente dark demasiado grande. ¿Certificás este parecer o no es tan así? 
Sinceramente no estoy muy al tanto de la movida dark argentina. Investigo mucho sobre música, bandas actuales y de varios estilos, pero hasta ahora vi muy pocos grupos que se autodefinan de esta forma. La mayoría de los grupos que conozco están más ligados al postpunk o el rock gótico.
Cuando armamos las canciones de Cuna, algunos amigos idóneos coincidieron en que lo nuestro era darkwave o new romantic. Para mí es pop (risas), pero bueno, entiendo que ese es un concepto muy ambiguo.

¿Y con qué bandas del darkwave se identifican? Así se autodefinen en las redes sociales.
En lo particular, me gustan mucho algunas bandas como The Frozen Autumn, de Italia, Minuit Machine, de Francia; o She Past Away, de Turquía. Igualmente, creo que Alud Negro es bastante original. Tomamos piezas de varios rompecabezas para crear nuestro propio paisaje.

¿Cómo respondió la gente al vivo y a la formación de la banda? No es del todo convencional...
La reacción del público es genial. Nuestros conciertos son muy divertidos y enérgicos. En general tenemos dos clases de espectadores: los que nos siguen a todos lados, que conocen las canciones y demás, y los nuevos que se van sumando. Estos últimos son más frecuentes en nuestros viajes al interior o cuando tocamos en festivales con bandas de estilos bien distintos. En ambos casos la respuesta es muy buena. Tenemos claro que Alud Negro es una proyecto distinto y eso siempre es un plus. La puesta en escena también es importante en nuestros shows; para la presentación oficial de Cuna vamos a estrenar nuestro nuevo vestuario que es espectacular.

Anuncian un EP próximamente, además.
Sí, tenemos muchos planes. Luego del concierto del 14 de diciembre vamos a lanzar un EP con dos canciones nuevas y una versión del clásico de Virus, Tomo lo que encuentro. El título del disco es Aurora. Por otro lado, estamos a punto de terminar nuestro segundo videoclip y tenemos dos más en proceso de edición.
Además estamos preproduciendo nuestro segundo LP, del que ya tenemos muchas canciones. La idea es que salga en otoño del año que viene. El álbum contará con invitados de lujo y una gira promocional por algunos países de Latinoamérica.


*Alud Negro presenta Cuna en el Centro Cultural Borges (Viamonte 525, Capital Federal), el domingo 14 de diciembre a las 20 horas (súper puntual). Banda invitada: Cosaquitos en Globo. Anticipadas en la boleteria del C.C Borges, de 10 a 21 horas. 
Entrada general: $50 (con disco, $80).


[Foto por Kamel Alzate.]

miércoles, 20 de agosto de 2014

Andrés Ruiz: soy El Visitante


“La cultura rock me dio la idea de la mutación constante y de no luchar por adaptarme, sino más bien encontrar un espacio en donde ser un inadaptado”.
Daniel Melero.
***

Hace más o menos un mes -no me pidan exactitud, gracias- me encontré con Andrés Ruiz en su casa de Once. Nos debíamos el encuentro desde la salida de Huésped, su último disco; entonces pudimos saldar la deuda.
Supongo que hay varios detalles de Huésped que cualquier lector curioso/seguidor del rock independiente habrá descubierto en el sinfín de notas que Andrés dio. Pero bien vale recordar algunos de esos pormenores de la realización del disco para comprender mejor el resultado final.

Huésped fue compuesto pieza por pieza, canción por canción, para volverse disco allí. No sé cuán común es este procedimiento pero parece haber funcionado más que bien. Explico mejor: la canción uno del disco, Luna de verano, es también la primera canción compuesta y grabada para el disco. El desafío de Andrés -me dijo que tiene temas para tirar al techo- consistió en componer el disco completo utilizando la Metodología Mostaza Merlo: paso a paso. Si el tema uno iba por un lugar, el tema dos no iría exactamente por el mismo. Un ejercicio de composición, un poco para divertirse y otro poco para huir de aquello que ya tenía y podría haber grabado. La famosa foto del momento, quizá.

Lo otro que ya se leyó y repito: Ruiz toca, a excepción de los saxos marcianos del merlense Sergio Merce, todo lo que suena en el álbum. Me sorprendió no leer en ninguna crónica que Andrés llevó a cabo una restricción consigo mismo como instrumentista: la batería, su instrumento “principal” durante años -aunque no en su faceta solista, claro-, está programada -o “electrónica”, como más gusten- en todos los temas. No sé qué fue primero, si el huevo o la gallina. Al ser Huésped un disco casero, grabar una batería en condiciones óptimas era muy difícil... Pero debo suponer que la primera decisión que tomó respecto del álbum fue sonora.

Ese sonido gélido, sumado a otras texturas que tienen un valor protagónico dentro de la obra -los sintetizadores- le da al disco un carácter ochentas innegable. Así, la ligazón con cierto rock argentino de aquellos días resulta inevitable, empezando por Silencio de Los Encargados, nave insignia del tecnopop en nuestro país. También, aunque sea obvio, puede asociarse a Huésped con obras más reconocidas como Privé de Spinetta y una de las cumbres del rock argentino, el Modern clixs de Charly.


Más allá de Meleros y Charlys, hay un condimento que resalta cada día más en los discos de Andrés Ruiz. En lo que podría catalogarse como una trilogía dentro de su discografía -los últimos: Ruiseñor, Un santo nuevo y Huésped-, donde se nota un devenir de AR hacia lo cancionero cada vez más sintético, lo que creció de manera exponencial es su voz, que llega a un nivel de expresión notable. Sospecho que Andrés es uno de los mejores cantores de su generación, no por capacidades técnicas o de registro sino por su caudal interpretativo. Si me había resultado sorprendente cuán claro dice su performance en el mencionado Ruiseñor -descubrí su obra con ese disco, luego fui para atrás-, a estas alturas ha perfeccionado notoriamente esa cualidad de susurrar como un príncipe glamoroso. Casi que logra croonerearla a niveles Bowie y Moura. Definitivamente, esa profundidad vocal es la clave y una de las marcas distintivas en canciones notables como Trono, Estallará la noche o Las almas.

En sus letras también hay un universo propio, donde los animales y la naturaleza son la referencia constante para apelar a mundos más cercanos con lo fantástico que con lo cotidiano. Ese universo lo emparenta con artistas tan disímiles entre sí como Ciro Pertusi (obsesionado por los perros y los pájaros) y Spinetta (bueno, el Flaco ha tenido tal obra e influencia que es inevitable no ligarlo a casi todo lo que anda rondando por ahí... pero no me digan que estos versos de Brote no les remiten a A estos hombres tristes, por ejemplo: Cuando despierto empiezo a brotar/ Soy un tallo que va germinando/ Me hundo en el pasto/ y avanzo hacia el fulgor/ Mis raíces se han cansado/ de esperarlo todo").

Para terminar, vale recaer en otro concepto que Andrés resaltó en varias entrevistas. Al ser consultado sobre el nombre del disco, Ruiz aseguró que lo de "huésped" apunta a que no se siente parte de ninguna movida: "La palabra huésped implica un sentimiento de no pertenencia, el invitado no es de aquí ni es de allá. Es recibido, acogido, pero nunca será parte. De alguna manera me siento así".

Y tiene razón: su canción no es ni indie, ni latina, ni beatle, ni otracanción. Aunque bien sepamos cómo se manejan las radios y los grandes medios difusores en general, no deja de resultar un enigma que siquiera un musicalizador agarre este Huésped y lo haga sonar. Será como dice el autor, también: "Mi música es periférica. (...) Está ahí, en las sombras, llamando cada vez más la atención".

Esperaremos los próximos movimientos sabiendo que Andrés, como enuncia Melero, debe estar buscando el nuevo espacio en donde ser un inadaptado.


*Andrés Ruiz continúa presentando Huésped este viernes 22 a las 23.30, en el Centro Cultural de la Cooperación (Av. Corrientes 1543, Capital). Entrada: $60.


[Fotos de Kamel Alzate.]

viernes, 28 de diciembre de 2012

2012, Año de Buenas Canciones: éstas nos gustaron

En esta época del año -esos insoportables últimos días que están total y completamente de más entre las Navidades y el Año Nuevo- abundan en las revistas musicales, periódicos, blogs y demás, las ya clásicas encuestas con lo mejor de: todo aquello que no deberíamos perdernos y/o (se supone) dejó su marca indeleble dentro del período transcurrido. Como somos más humildes, no creemos tener la verdad, ni nos da el cuero para armar una encuesta con 500 músicos opinando al respecto, en La Música es del Aire vamos a hacerla más simple: nuestros discos favoritos del año son aquellos que aquí mismo comentamos; más varios que nos quedaron en el tintero pero tendrán aquí su debida mención y dos o tres palabras de descripción y agradecimiento (en el futuro, seguramente surjan algunas acotaciones algo más desarrolladas de varios de estos álbumes).

No nos animamos a poner un orden numérico, aunque puede que haya discos que nos gusten más que otros; ¿por qué dar un orden a algo bello, si no es una competencia? Escuchen ustedes, si así lo desean, y quizá encuentren en este mar de discos una buena compañía para los días por llegar. Todavía nos queda por bucear mucha música recién salida del horno... pero hoy nos acordamos de estos álbumes: 


Brusa y los Bombones de Murano - Ídem: Un disco sorprendente para lo que podía esperarse de la dulce y suave voz de Eugenia Brusa (la referencia nos orientaría hacia un pop similar al de Les Mentettes). En este disco, que funciona por oposición al  grupo, Brusa aborda boleros tradicionales, aires de folklore y valses, con su habitual calidez y languidez, acompañada de una banda sutil y acústica. Esta vuelta, además, va en castellano y para que se den una idea, tiene temas que hasta puede cantar mi abuela de 90 años (esto sucedió, de veras). Se escucha algo -poquito, liberen más...- por acá.
Y sino, cómprenlo como hice yo, amigos.


Crisologo y los cuerdos - Melodías para dar: Un EP preciosista que deja ganas de disco. Canciones matizadas con vientos, órganos y cuerdas; bonitas melodías e interludios; armonías simples pero efectivas. El sonido sesentoso remite a los comienzos de La Perla Irregular: hay amor allí por esa década, fuente inagotable del pop. Líricas sobre el olvido, la pérdida y el paso del tiempo, con cierto dejo evocativo e ideales para escuchar a las 3 de la tarde -todos los días- de un verano infernal. Veremos cómo continúan... por lo pronto, Melodías para dar se escucha y baja de acá.


El mató a un policía motorizado - La Dinastía Scorpio: Uno de los discos más esperados del under local en años. Estos platenses desprolijos merecen más parrafada, especialmente por ser exitosos en un mundillo -el indie- que pareciera odiar, al menos en teoría, sus dos cualidades fundamentales: la épica barrial (¡puaj!) y la repetición de un estilo, el más de lo mismo. ¿Queda mal decirlo? No. ¿Es necesario un cambio rotundo cuando lo que hacés te sale tan bien? Por ahora, con eso a El mató... le alcanza y le sobra.
Ya sin los fantasmas del fin del mundo y con un sonido algo más hi-fi, el grupo redobla su apuesta de distorsión contenida y voz rasposa, pega un hit tras otro y vuelve a salir airoso y ganador. Como los campeones de la tapa.
Van subiendo, de a poco, acá.


Flopa Minimal - La piedra en el aire: De éste ya hablamos largo y tendido con los protagonistas. Un disco a dos voces y dos guitarras, despojado de grandes arreglos y pequeños detalles. Folk a montones, donde lo que importa son esas dos voces que se funden, la madera de las violas y las melodías que se  despliegan en cada una de las trece canciones que se contienen las unas a las otras. Todo es uno y se nota que así se trabajó, incluso compositivamente... no por nada el disco lleva la firma de Flopa Minimal, así, sin guión. Paren la oreja que hay cuatro o cinco momentos de antología (Atolondrón, Todo lo que ya no sirve, La máquina de hacer todo mal, ¿Y cuánto más tengo que pagar). Pueden descargarlo desde la mismísima página oficial del dúo.


La Perla Irregular - América: Si el disco de Flopa Minimal es un canto al despojo, aquí tenemos el ejemplo inverso. La mente brillante de Pablo Vidal pega el salto final con un disco mega orquestado, el más complejo de los cuatro álbumes que La Perla Irregular haya editado (casi sucesivamente, en una demostración de talento compositivo casi abrumadora e inédita en estos últimos años). Cuesta al principio, parece un laberinto prog, pero la luz de los sesenta asoma y ya no deja de iluminar a este continente de sonido, cuidado al detalle. Hay que darles su tiempo a las formas y adentrarse en ellas mientras se distinguen los destellos de un mundo fantástico... Una hora para viajar siempre. Descargad.


Los Reyes del Falsete - Días nuestros: Nunca tan bien puesto un nombre de disco. Los Reyes parecen estar en su momento de gracia y eso es lo que suena: diversión, alegría, fluidez, la marca de su mejor momento que se certifica en la variedad y la potencia de estos Días. Es inevitable mencionar el tema del disco, Los niños, donde los acompaña Litto Nebbia como diciendo "bienvenidos a todo esto del rock nacional". Pero la épica no está sólo ahí, sino que llega hasta límites insospechados, incluso... ¡con un final a toda cumbia! (Que no suena ni un poco snob: San Jorge es parte de esa fluidez que mencionaba antes). Si no lo escuchan, se están perdiendo el 2012. Así de simple.


Mister - El olor de la sangre: No podía faltar el toque de oscuridad. La primera experiencia solista de Ramiro García Morete (Miro y su Fabulosa Orquesta de Juguete) lo muestra alejado de las canciones melodiosas de su grupo y lo acerca a los sonidos más cavernosos de su voz. Un disco casi desgraciado, maldito, difícil de escuchar y a la vez adictivo. ¿Cómo se explica? Ojalá lo supiera... La sangre mancha todo pero queremos más de estos paisajes sombríos, mientras esperamos que vuelva el brillo de la Orquesta de Juguete. ¿Recomendaciones para probar este plato frío? Las escalofriantes Villa Urquiza, Elegía II y Blues de la media sangre. ¿El hitNocturno sobre el Viejo de Ojos Distintos.
Presten la debida atención a esta pluma y, si van a escuchar, no lo hagan bajoneados ni de noche: supongo que puede ser riesgoso.


Rubin y Los Subtitulados - Más: Otro que desarmamos junto al protagonista; Más es un disco ambivalente: de ruptura amorosa y desengaño por un lado, de hits guitarreros y canciones redondas por el otro. Poseídos por Tom Petty, Los Subtitulados suenan más consistentes que nunca, sin perder su esencia, aquella que redondea canciones en su mayoría breves y directas al mentón. Más no es la excepción y se pasa rapidísimo, en un suspiro.
Atención a los hits que hay escondidos aquí (casi, casi, todos los temas del álbum; especialmente los tres temas que inician el disco: Fred Astaire, No me olvides Margarita y No sé qué va a ser peor). Se escucha y baja por aquí.


Los Pels - Nancy y Julio: Con producción del ya mencionado Pablo Vidal, Los Pels se mandan un simple de tan solo dos temas en los que narran, precisamente, la historia de una pareja sumergida en las profundidades del Delta bonaerense (Nancy y Julio, claro). La dama se marcha y el hombre la espera por siempre: no suena nada raro pero el testimonio de Julio resulta suficiente para que Tingo Zucal componga dos canciones de -¡por supuesto!- impronta 60s e incurable dolor, contrarrestado por los arreglos de cuerdas de Vidal y esas dos melodías entrañables, de lo mejor de su repertorio personal y de este año. También dejan ganas de disco nuevo, y pronto. Los esperamos.


Rivero y El Mico - El fulgor: A este disco lo descubrí en vivo, primero. En trece canciones despojadas de elementos exóticos, Rivero y El Mico van al grano con canciones de banda de rock: la voz al frente, la base bien firme, coros que engordan las texturas, algunos raptos cercanos al funk, guitarras de las acústicas y de las otras, estridentes. Nada suena extraño y a su vez todo suena bien. Jesús Rodríguez y los suyos contagian la energía  de sus temas, de sueños, dolor y vacío... Momentos de intensidad (Todo está en vos); canciones bien arregladas y abrochadas (las preciosas Caminaba y El fulgor); raptos intimistas (la acústica y delicada Para en otro sueño despertar) redondean un disco amigable para cualquier hora y momento. Pulgares arriba.


Andrés Ruiz - Un santo nuevo: Si hablamos de gente prolífica, no debemos olvidar a Andrés, dueño de una vasta y sólida discografía solista. Puede interpretarse a Un santo nuevo como la secuela de Ruiseñor, su álbum anterior, aunque aquí parezca haber otra vuelta de rosca en las canciones, que parecen estar siempre atravesándote un cuchillo incluso cuando las melodías son amigables al oído, como en los temas donde se suma la voz de Jimena López Chaplin (Comerás mi pan y Se disuelve entre los dedos). Pulso rockero, sonido enigmático (acrecentado aquí por la presencia de teclados solemnes y armonías de guitarra no tan convencionales) y una de las voces con más presencia del rock argentino: grave y firme, la manera de cantar de Andrés es fundamental para darle un eco de solemnidad a cada pieza. ¿Quiere antihits? Aquí están. 


Valentín y los Volcanes - Todos los sábados del mundo: Una canción detrás de otra, todas imparables. La pluma de Jo Goyeneche se revela como una de las más ingeniosas y sintéticas dentro de las nuevas voces rockeras, y la banda suena más pulida que en su debut; quizá por eso el concepto del disco cierra perfecto y se convierte en lo mejor que Los Volcanes han producido hasta la fecha. 
En La Plata ya la gastan, sólo les falta expandirse un poco más y empezar a girar: hits como Pequeña Napoleón piden cancha en cualquier lado, y algo me dice que el tiempo no tardará mucho más en darles la debida razón. Prueben por aquí.


Orquesta de Perros - Roles y oficios: Para cerrar una lista poblada de grupos platenses, qué mejor que el LP debut de Orquesta de Perros, grupo compuesto de varios solistas y partenaires de diversos grupos dentro del magnífico sello Uf Caruf! Guitarras afiladas, cantores que por momentos suenan desaforados y también saben relajar, y lo más importante: pequeñas piezas que brillan por sí solas y en conjunto, y un sentido de grupo que les da la contundencia justa para merecer destino de himno a casi todos los temas. De la furia de Los polacos a la encantadora Cara de pato (o cómo hacer una canción perfecta de dos minutos y medio), quedan las ganas de que pronto arriben novedades de estos escritores tan personales y esquizoides. Y eso que Roles y oficios sigue estando fresquito.


(Quedaron varios discos afuera por no llegar a escuchar lo suficiente como para juzgarlos; algunos de ellos, por ser demasiado recientes. Seguramente sigan apareciendo en el futuro cercano. Los invito a ustedes a contar los suyos).

martes, 16 de octubre de 2012

Litto Nebbia: hay segunda vuelta



Segunda parte de la charla con el maestro Litto Nebbia. Segunda y última, de lo que fue una nueva visita por los Estudios del Nuevo Mundo (nuestro paseo, hace unos años, acá).
En esta ronda, Litto adelanta algunos detalles de su próxima presentación en el Teatro SHA -este viernes-, en la que estrenará oficialmente Aire fresco, disco editado hace días. Derivamos en (sí) el himno que viene cantando desde 1967: La balsa y los placeres que le trae... La balsa y los disgustos que le lleva. Ese camino nos lleva a tratar de comprender -nosotros- por qué los discos de Los Gatos están descatalogados (y Litto da algunas pistas al respecto).
Terminamos -sí, terminamos- apuntando una fructífera costumbre en sus últimos tiempos: la interacción con grupos emergentes, que lo admiran, lo llaman lo consultan... y terminan cantando a dúo con él.
Disfruten esta charla tanto como lo hicimos nosotros. Es una orden.

Texto: Santiago
Fotos: Victoria Schwindt

TEATRO SHA: “45 AÑOS DE LA BALSA”

Aire fresco se presenta en el Teatro Sha. Me llamó la atención que la consigna del show sea “45 años de La balsa”. ¿A quién se le ocurrió?
Ah, bueno, yo ni sabía (risas). En realidad el tema es así: eso lo dijo el flaco que nos contrató, porque me preguntó cuál era el pretexto de este recital y yo le dije “que saco un disco nuevo”... pero siempre saco un disco nuevo (más risas), aunque este sería con una nueva agrupación. Por eso, él quería buscarle algo más contundente y me dice, “¿pero cómo, no se cumplen 45 años de La balsa?”. Y le dije que sí, claro, entonces me pregunto si lo dejaba poner eso también: “poné lo que quieras”.

A esta altura, ¿cómo tomás a La balsa? ¿Se te hace una especie de maldición por momentos, o no te molesta?
No, ¡cómo va a ser una maldición! Las canciones que son históricas, como tangos clásicos o algunos temas del folklore, toda la vida se van pasando de generación en generación y la gente te las va a pedir. Yo ya no tengo ningún problema, la canto en cualquier lado porque además siempre la toco con otro ritmo: lo cambio, jodo, hago de todo.
Sí me da rabia cuando hay gente que lo utiliza comercialmente, con mala leche.


¿Por ejemplo?
De pronto aparece un tipo que le gusta y te lo pide de corazón, u otro que quiere cantar La balsa porque le gusta la canción, la recuerda y siente algo.
Pero por ejemplo, la vez pasada me entero de que hay un espectáculo por la calle Corrientes que rememora la vida de Sandro -esas cosas que están de moda ahora, de hacer la vida de alguien-, y me comenta un amigo que fue a verlo que, en un momento, entre varias anécdotas que desarrollan de Sandro, aparece un tipito que se supone que sería yo y le dice a Sandro: “mirá, escuchá este tema a ver qué te parece”. Y le canta La balsa. Eso, primero, es mentira; y segundo, ¡ni siquiera tuvieron la delicadeza de llamarme por teléfono y preguntarme! Por supuesto, yo no estoy en la línea esta de “te mando a mis abogados” y todas esas pelotudeces... ¡pero está mal! Y encima es so pretexto, porque los tipos para agregarle un dato más comercial a una obra tienen que meter algo que, si es mentira, no les importa. ¿Entendés? Entonces agregaron que yo hablé con Sandro... Imaginate, de pronto deben cantar Rosa rosa y después cantan La balsa. Eso está mal.
[Nota: Litto se refiere a la obra Por amor a Sandro. Navegando un poco encontré varias crónicas de ese show que destacan el momento en que, efectivamente, aparece Litto Nebbia, por ejemplo ésta].

Es insólito, pero debes estar acostumbrado ya.
Y la semana pasada también leo una noticia en el diario La Nación donde dice que el año que viene van a poner la obra teatral sobre la película Tango feroz, con actores jóvenes. Van a seguir tirando de la vaca... En la misma nota el periodista pregunta: “¿les permitirá Litto Nebbia que toquen La balsa?”, cuando ya en su momento no lo permití para la película y tuve una pelotera infernal. Quiero decir: es todo por la moneda, eso me da asco. Y por otro lado me da rabia que los tipos no respeten algo que vos ni por la moneda lo hacés, porque digo: me pasé diez años sin usar la canción.

Claro, no la tocaste por mucho tiempo.
Entonces bueno, cada uno es como es, tampoco es que no me deja dormir, pero son cosas horribles. Estoy muy acostumbrado a ponerme firme con este tipo de asuntos que no me gustan. La vez pasada me pidieron Viento dile a la lluvia para ponerlo en la serie Breaking bad -mi hija la vio y dice que es linda la serie- y les dije que no. Los tipos no lo podían creer, creían que estaba loco y me decían “te vas a hacer conocer en Estados Unidos”. ¡Yo no quiero hacerme conocer, estoy tranquilo acá! (risas). Era una cesión de derechos, ponían la canción porque no sé qué pasaba en uno de los capítulos, que hay uno de los tipos que es latino, uno que enseña en un colegio. 
Al margen de que la serie sea buena, me dio rabia, esa canción como es histórica, vieja, hay derechos de la grabación original en un lugar, derechos en otro... Me los roban todos, ¿sabés? De nuevo, nadie va a cambiar el mundo, pero yo no quiero estar ahí: me iban a pagar y me quedaban 100 dólares, suponete. ¡Los tipos están locos! Y quieren que uno vaya y diga “¡ay, qué contento que estoy porque salgo en la serie!” (risas). A lo mejor a otra gente le sirve, a otro que quiere ser conocido. Pero yo la canción la hice cuando tenía 20 años, la conocen hasta los perros, está bien así la canción, es una satisfacción... ¿Para qué hacer eso? Entonces quedó ahí.


¿Y qué te produce que los discos de Los Gatos estén descatalogados? ¿Hay alguna chance cercana de que se reediten?
Me parece una gran injusticia que no estén los discos de Los Gatos a la venta, por ahora no hay nada que pueda hacer. Estamos ligados a un contrato leonino que es una estafa pero es muy largo acometer con un pleito... Finalmente, los discos no están por decisión de uno de los directivos, que porque no hice lo que él quería, me castiga de esta manera.
Ahora que se viven por el mundo tantas revisiones de sucesos del pasado,  un día de estos se comprobará por qué ese contrato ya no tiene validez y es una hijaputez. Además, igual, si sacaran los discos hoy mismo, yo percibiría 4 centavos por CD vendido... ¡Mirá qué socios me eché! (Risas).


Increíble... Volviendo al show del SHA, entonces: ¿va a ser conmemorativo o de presentación?
Es de presentación del disco y después un poco de todo, los temas que me piden siempre: La balsa, Sólo se trata de vivir... van a estar. Esos los tengo que tocar. Después va a haber una parte de guitarra, un gran lucimiento de Daniel con sus solos.

Vengo tocando muchísimo todo el tiempo por el interior, en lugares pequeños, y se me ocurrió que para este disco estaba bueno asomar la nariz en algo un poco más grande. Y como el SHA está funcionando bien porque lo han reacondicionado -tiene buen sonido, buenas luces- me pareció un lindo lugar para tocar. Y dio la casualidad de que la semana que me puse a pensarlo, me llamaron del teatro para que toque y por supuesto acepté. Veremos cómo sale.


LITTO Y LOS NIÑOS



¿Cómo te llevás con eso de que te llamen bandas jóvenes para participar en sus discos?
Está bárbaro, por supuesto que me gusta. Quise grabar con Los Reyes del Falsete y estuvo perfecto, o con los Hijos de Babel y lo mismo.

¿Estás interiorizado, conocés muchas bandas?
Conozco, no sé si tanto, pero sí bastante. Escucho de todo y me gusta que ocurra eso. Muchas veces te encontrás gente prejuiciosa, pero ojo: hay gente prejuiciosa de mi generación y también los hay jóvenes. A veces yo hablo con tipos de veintidós años y parece que tuvieran sesenta, porque tienen un preconcepto armado en el mate que vos decís “¡esto no es así, querido!”. Entonces está bueno poder intercambiar figuras, ondas.
De última, cuando te sentís a gusto con alguien que estás grabando, lo que querés es lo mismo que quiere el tipo: que el disco salga bien. Pero bueno, cada uno tiene su onda personal y eso está bueno porque cada tipo tiene que tratar de hacer la suya, eso es lo mejor que puede pasar para que haya variedad.

¿Y te gusta lo que hacen Los Reyes, por caso, u otras bandas jóvenes?
¡Sí, claro, está bueno! Te digo una cosa, mi opinión sobre lo que me gusta / no me gusta... Por supuesto que cada uno tiene una formación musical distinta y un gusto íntimo, personal. Pero yo sé apreciar un montón de variedades de músicas que no las haría; y no es que no las haría porque las desprecio, simplemente no haría eso así. El disco de Los Reyes del Falsete empieza con un quilombazo que no se puede creer y a mí me pareció bien. Quizá yo no empezaría un disco así, tampoco lo empezaría “pa pa pa” (canta débilmente y nos reímos). Pero digo: me pareció bien, es la impronta de ellos. Tienen tres discos, recién empiezan, ¿sabés la cantidad de cosas que tienen para hacer si se dedican a esto toda su vida? A veces puedo encontrar en un disco algo que me gusta más o menos, pero es porque tengo cien discos y ya hice cosas como grabar con orquesta, improvisar, meter solos de guitarra, entonces digo “esto ya no lo haría”.


Y además de hacer, escuchaste mucho más.
¡Claro, es lógico! Pero me gustan, y lo que me gusta mucho de estos grupos es que se ponen firmes y luchan por lo de ellos. Tipos con los que he hablado, que vienen con sus canciones artesanales, ornamentadas: los pibes de La Perla Irregular, Hijos de Babel, Los Reyes del Falsete, Andrés, gente que no está pensando desesperadamente que tienen que ser famosos y ricos; y se rompen el culo para sacar sus producciones y sus cosas.
No te olvides que siempre criticamos un montón de cosas que ocurren, que no se respeta a los músicos en los boliches, que les hacen pagar por tocar... y los culpables la mayoría de las veces son los propios músicos. Porque son muy maricones -no estoy diciendo maricón despectivamente con relación al sexo, que se entienda-, son muy bambis: si vos lo permitís, los tipos que manejan el negocio siempre te van a cagar. ¿Qué creés, que al tipo le interesa espiritualmente lo que vos tocás? (Risas). Es muy difícil.
La vez pasada me contaron una cosa linda los pibes del Falsete. Los habían llamado para un festival de estos más o menos masivos que hay, y el tipo que los llevaba les había tirado que tenían que tocar gratis porque a ellos eso les convenía y que “tengan cuidado con la planilla de SADAIC si ponían sus temas, porque esa plata…”. Y ellos se pusieron firmes, ya una vez había hablado de eso con ellos porque, ¿cómo vas a dejar lo tuyo? Entonces les dijeron a los tipos “no venimos”. Y al final, a los dos días los llamaron. Entonces está bueno, porque nadie va a cambiar el mundo, OK, pero ellos con eso sientan un precedente y al que quiera decir o hacer otra cosa le dicen “no, mirá que estos pibes se plantan”.
Ojalá hubiera docenas de músicos que pensaran así, me parece bárbaro. Es nuestra vida y nuestro laburo.


* Litto Nebbia presenta Aire fresco en el Teatro SHA (Sarmiento 2255, Capital Federal) este viernes 19 de octubre a las 21.30 horas. Entradas a la venta por PlateaNet, o en las boleterías del teatro.

miércoles, 10 de octubre de 2012

Charlas con músicos: otra vuelta con Litto, el maestro


Texto: Santiago Segura
Fotos: Victoria Schwindt

Ya se ha vuelto para mí una sana costumbre esto de ir a Melopea, ese increíble espacio de Villa Urquiza que es, antes que nada, un parque de diversiones para los amantes de la música y un paseo ineludible para la historia de la música vernácula. Por ese lugar -más precisamente por ese Estudio del Nuevo Mundo- pasaron miles de músicos (y no exagero) de los históricos y de los desconocidos, tangueros y jazzeros, gordos y flacos. La sede de Melopea debería ser declarada un espacio de interés cultural nacional (no sé si ese título honorífico existe) y sin embargo es un hogar donde Litto Nebbia y los suyos te reciben como si te conocieran de toda la vida. A estas alturas, es difícil hablar de Nebbia sólo como músico: la humildad de su trato es de por sí un honor para quienes hacemos esto. ¿Lo demás? Ya se sabe hace casi 50 años y lo viene sosteniendo él...

En fin, lo interesante es que Litto siempre tiene algo nuevo por decir y en este caso me acerqué a su búnker para que les cuente a ustedes de sus últimos pasos: la edición de un nuevo disco, Aire fresco, junto a Daniel Homer y Juan Ingaramo; la aparición de un disco perdido que grabara junto a Facundo Cabral hace 10 años, junto con la reedición de varios álbumes que nunca habían tenido su forma en CD. Además, nos explayamos acerca de los discos que planea con los Andreses -Calamaro y Ruiz-; su show en el Teatro SHA dentro de dos viernes; esa canción eterna que se llama La balsa; y su participación en varios álbumes de grupos noveles de la escena local.

Pero vamos por partes. En este caso, las novedades discográficas propias y ajenas; la difusión televisiva; el proyecto inarrancable a dúo con Andrés Calamaro y el disco de Andrés Ruiz en el que Nebbia está colaborando.


DE REEDICIONES Y NOVEDADES: AIRE FRESCO

Para empezar, vamos por partes: dentro de todo lo que editás en estos días, hay varias reediciones de discos que nunca habían salido en CD, ¿cierto?
Mirá: hay unos cuantos discos míos en vinilo que todavía no los pudimos editar en compact. Llega un momento en que son tantos discos que si saco los que falta reeditar más los nuevos que hago, son demasiados. Entonces, este año le pusimos las fichas a dos discos que yo quiero mucho y fueron vinilo originalmente. Son Buscando en el bolsillo del alma, que es del año ’88, y el siguiente que ya es del ’90 y se llama Nostalgias del Harlem Español: esos dos los hicimos compact, con sus fotos y cositas, súper masterizados. Y nos quedarían pocos discos por editar en CD, que los editaríamos para el año que viene: Tres noches en La Trastienda, que es un disco del ’80; el que hice en Brasil, En Brasil aquí y ahora; y dos o tres más. Pero bueno, vamos de a poco.
Y junto con esto, sacamos la edición nuestra del disco que hice en España en el año 2009, Soñando barcos. La diferencia que tiene éste es que la tapa es una foto que hizo un amigo mío, Ricardo Murad, que ya la había hecho para la edición de España pero el tipo que lo sacó allá decidió a último momento hacer otra portada. Y además el disco tiene -a diferencia de la edición de allá- seis bonus tracks de temas que sobraron y otras tomas, y un compact de regalo con actuaciones en vivo del mismo año que lo fui a grabar, que toqué en un poco por España -en Barcelona-, en Ploërmel y en Londres [nota: también hay temas en Buenos Aires]. Por supuesto, el disco en vivo es totalmente desparejo en cuanto a sonido porque son las grabaciones que agarré en cada lugar, es más que nada puesto para mostrar la dinámica de lo que pasa emocionalmente en los lugares que tocás. De pronto, en Londres estoy tocando en una iglesia, porque allá hay iglesias que las alquilan para cosas así, para que se mantengan.

Me habías contado esto de la iglesia creo. Debe ser raro tocar ahí...
Bueno, toqué en una iglesia en la que el mes anterior había tocado Mark Knopfler, un violero divino. Y te ponen sonido, ¡pero la gente está sentada ahí en la iglesia, es insólito! (risas). Tienen piano de cola y todo. Y bueno, de pronto está la gente cantando La balsa en una iglesia, ridículo (más risas). Lo puse en el disco como anécdota; también puse otra cosa de un boliche que se me ocurrió en el momento, que una parte del público haga un coro y la otra parte le conteste... Cosas que cuando grabás un disco y tenés todo más arreglado, no hacés.


Ésas serían las reediciones. ¿Y los discos nuevos?
Son un par. Ahora sale un disco inédito a dúo con Facundo Cabral, que lo hicimos en el año 2002 y quedó ahí porque estaba pensado para hacer una gira y no la hicimos: él se fue y yo no fui, él vino y yo salí... Yo no lo quise sacar nunca y mucho menos en el momento en que ocurrió su asesinato. El otro día estuve leyendo que lo agarraron al tipo, es una locura eso... En fin, de golpe aparece su mujer, que yo no la veía hace cien años...

Y te pidió que saques el disco.
Vino y me contó que Facundo siempre le decía: “vieras qué lindo el disco que hicimos con Litto...”. Y me dijo, “¿por qué no lo sacamos?”. Así que lo vamos a sacar, se llama En medio de los hombres.

¿Habían compuesto especialmente para el disco, o eran temas clásicos de ambos?
Sí, habíamos compuesto, hay como diez canciones que yo le puse música a sus letras, y lo grabamos tocando en trío con César Franov en bajo y Quintino Cinalli en batería (toca también el Gordo Fernández). Es un disco bien compartido, hay canciones que canta él, otras que canto yo y otras a dúo. Hay temas que quedan lindos porque el nunca perdió esa cosa que tenía de orador, de narrador, de contador de historias.

Y completa las novedades Aire fresco, ¿cierto?
Sí, Aire fresco sería el disco nuevo-nuevo. Es un trío que se me ocurrió armar con Daniel Homer en guitarra y Juan Ingaramo en percusiones. Lo llamé a Homer porque me encanta cómo toca y habíamos hecho el disco Bazar de los milagros en el ’76, nada más. Entonces lo llamé para que hiciéramos un disco de guitarra y piano, improvisando. Pero después empezamos a divagar, y él empezó: “acá le pongo el bajo” -porque lo toca muy bien-, y yo dije “acá le pongo percusión” y traje los tambores africanos que uso. Empezamos a meter una cosa, otra cosa, y lo terminamos llamando a Juan y después a un flautista, Leopoldo Deza... y se armó este quilombo que es como una agrupación (risas). Y me gusta porque yo quería armar un grupo donde solucionemos todo el tema de la polenta y la acordística sin tener bajo ni batería completa. Eso no hay: yo toco piano y órgano, Juan toca elementos de percusión y Daniel las guitarras. Pero no es un trío acústico, hay improvisaciones, rítmica.

¿Lograron que suene poderoso?
Sí, suena lindo, estamos muy contentos. El disco tiene un subtítulo que dice “Un álbum con amor a la bossa-nova y la comedia musical”, porque hay muchas canciones que parecen de esas que hay de narrativa en la comedia musical antigua. Y bueno, bossa-nova porque hay bossa-nova, claro.
Salvo cuatro temas que son viejos y los hacemos al estilo del grupo, todos los demás temas son nuevos. Estamos contentos con el disco y en marzo ya vamos a empezar a grabar otro.

Surgió mucha música, quedó el grupo armado.
Sí, quedamos con ganas, nos dimos cuenta de que encontramos un tipo de sonido lindo tocando entre los tres. De ahí surgió un “che, algún día tendríamos que grabar esto y lo otro”, y al final ya hay como media docena de temas para un próximo disco que vamos a grabar en marzo, Aire fresco 2 o como se llame.

Además de lanzamientos a tu nombre, hay otros, ¿cierto?
Sí, sale el tercer disco de los Mersey Mustards y además un DVD del concierto que hicieron el año pasado en Córdoba, muy lindo. Y también va a salir el DVD de 11 (vidas), que tiene fragmentos de los lugares donde tocamos esa música, que fueron una vez el Boris Club y la otra Notorius; y tiene tres o cuatro clips que hizo mi hija Miranda. Todo esto sale en un mes.
Y para culminar sale el disco de Giorgia Fumanti, que hace este estilo que le dicen classical-crossover y lo estamos terminando ahora, y otro disco que nos dio para que saquemos antes de que salga éste que va a ser su disco en español, un álbum previo en el que está Pavarotti y ella canta los temas más clásicos de su onda.


COMPLEJIDADES DE LA DIFUSIÓN...

¿Para difundir un poco la obra previa de ella?
(Piensa). Es muy difícil difundir una cosa nueva, de quien sea: de alguien famoso allá, como ella, o de un grupo nuevo acá. Es como que todo está muy saturado pero a su vez está siempre tapado nada más que por las campañas publicitarias. Entonces, vos podés tener diez cosas nuevas, ¿y dónde las presentás? Es muy difícil, viste. Tenés algunos tipos interesados, de pronto aparece algún programita de cable, de televisión...

Te vi en el programa de Tarantini en Canal 9, En estéreo.
Sí, sí... Eso lo hice un día que me llamaron, estaban haciendo un programa piloto, tenían un piano que sonaba bien y fui, estuvo bien. Pero programas musicales casi no hay, es muy difícil. Ahora por ejemplo queríamos ir a algunos lugares a apoyar esto que vamos a tocar el 19 en el Teatro SHA y mirá los tres lugares que tengo para ir a tocar en la televisión: el programa de Mex, Pura química; después 678 y también podés ir al de Tognetti, Duro de domar. Pero no hay más programas musicales, ¡son todos de chismes y de boludeces! 

Y en realidad... ¡ninguno de esos tres programas es musical!
No, ¡esos tampoco son musicales! (Risas). Sin embargo, fijate una cosa: hay un par de programas de la cumbiamba de cinco o seis horas...

Antes se acostumbraba ir a presentar los discos a la televisión, en Badía y otros programas, incluso afuera.
Ahora es una locura, si encontrás un tipo que te deja tocar tres temas, ya es mucho.

A mí me sorprende positivamente que en Pura química dejen tocar los temas enteros, sin cortes.
Sí, es cierto. Pero eso es porque Mex es músico, creo yo. Menos mal que le va bien con el programa, porque viste que los programas ahora cuando empiezan a tener éxito... Si el tipo en una semana bajó, ya te echan a la mierda, es una locura.

MÁS NOVEDADES: ANDRÉS Y ANDRÉS

A todas estas novedades se suma el disco que estás armando con Andrés. ¿Eso está proyectado más a futuro?
Mirá: eso depende de cómo esté él, su tiempo y su vida personal. Viste cómo es... de pronto me manda un mail y me dice “tenemos que hacer esto” y al otro día desaparece. A los días leés los diarios y te enterás que tuvo un quilombo no sé dónde. Como yo lo conozco no le rompo las bolas, le digo “hacé lo que quieras, el día que quieras me llamás, como hicimos el otro disco”. Porque en el otro disco que hicimos, él se puso firme y dijimos “se graba tal y tal día, a tal hora”. Y lo hicimos.

¿A qué disco te referís?
El palacio de las flores.

Ah, pero yo te preguntaba por el disco que estás haciendo con Andrés... ¡Ruiz! (Risas). No sabía que lo de Calamaro estaba en marcha.
¡Ahhhh! (Más risas). Porque vamos a hacer uno con Andrés Calamaro también, perdón.


Bueno, contame entonces del disco con Andrés Calamaro y después del de Andrés Ruiz.
El quería hacer un disco a dúo-dúo, y cuando terminamos El palacio de las flores le dije “no, qué dúo: yo te produzco, toco, hago los arreglos, pero vos tenés que hacer tu disco”. Y así quedó.
Entonces arreglamos que un día íbamos a hacer ese disco a dúo; suponte que sería un disco de los dos cantando, sólo con piano o guitarra, seis temas de cada uno. Un disco de dos tipos cantando sus canciones, digamos. Y de pronto me manda un mail: “anoche estuve pensando...”. Pero no es que decís “bueno, quedamos para el lunes”, porque yo tengo un cohete en el orto, viste como soy: vos me decís una cosa y ya empiezo a proyectar.

Y él es más impredecible, quizá.
No, él labura mucho también pero depende de un montón de cosas a las que tiene que responder, de su estructura. Así que cuando esté tranquilo me escribirá, lo espero.

Saldrá con el tiempo. ¿Y lo de Andrés Ruiz?
A Andrés Ruiz lo conozco desde que me invito a cantar en un tema de su disco anterior [nota: Litto participa del tema El bosque de los años, del disco Ruiseñor, reseñado aquí], y luego yo lo invité a tocar la batería en tres temas de mi disco La canción del mundo. Me cayó bien, es un pibe bárbaro. En fin, pasó el tiempo y un día me mandó un mail diciéndome que no sabía cómo producir un disco que estaba pensando: si hacerlo acústico, corto, largo, con baterías o sin baterías; pero que sí tenía en claro por las canciones una idea de estética sonora. Me preguntó si le daba una mano y por supuesto le dije que sí, que me explique más o menos qué quería. Nos pusimos al servicio de eso y fue bueno porque creo que, en dos mañanas, nosotros dos solos grabamos las bases de guitarras, piano y batería. Entonces me decía “este tema me gustaría que suene así, aquel de esta forma”, fuimos buscando... y lo que encontramos era lo que él quería, ahora vamos a empezar a vestirlo. Vino Homer y grabó algunas guitarras, también.

¿Son todos temas de él?
Sí, todos menos uno que yo le di una música y él puso su letra. Y además de Homer va a haber algún invitado cantando, yo le sugerí que fuera Leo García y a Andrés le pareció bien. Pero bueno, para encontrarlo a Leo hay que ser del FBI (risas). Te pasan los teléfonos y ya el teléfono suena viejo, “ring, ring” (hace con la voz un sonido lejano), como que no te va a atender nadie (más risas). Después me lo encuentro y al final aparece... Así que seguramente él cante una canción; y después Andrés va a meter en dos o tres temas a un cuarteto de cuerdas de amigos y a otro guitarrista amigo de él. Pero básicamente el disco está, ya grabamos mucho.

¿El disco va a ser de él o es de la dupla Ruiz-Nebbia?
¡No, es un disco de él! Esas cosas hay que entenderlas así, porque hay gente que cree que porque un tipo está con otro tipo más conocido... esto no es Tom y Jerry, no es un dúo, ¿entendés? (risas). Yo lo ayudo porque me gusta lo que hace, y listo. Metí cosas a mi criterio pero todo consensuado con él, lo ayudé en el sentido de cerrar. Estaba indeciso y quedó contento con el sonido que se hizo acá. Pero ni sé qué va a hacer con el disco, si es un disco que va a salir por Melopea o no, será lo que el quiera.
A mí me gusta hacer eso, meterme en otro terreno, tocar en otro lado. Me gusta el ejercicio de hacer arreglos y demás, tengo la suerte de que aún cosas que agarro como laburo, son cosas que las elijo. Y no es así la vida profesional de nadie, conozco músicos buenos que a veces tienen que grabar cosas muy horrendas. Yo toco en lugares donde a mí me gusta: las cosas que hago las puedo mostrar con tranquilidad.


(En unos días, la segunda y última parte. Si les interesa conseguir alguna de las novedades discográficas de Melopea, contáctense acá: melopea@melopeadiscos.com.ar).

martes, 22 de noviembre de 2011

Para escuchar en el día de la música

Aprovechando que hoy es el día de la música, les traigo cuatro novedades del rock argentino: tres discos para llevarse de arriba sin culpa -pues nos los ofrecen sus propios autores para libre descarga- y otro que sorprende por su cercanía con un reciente lanzamiento del mismo autor (claro que los cuatro álbumes se pueden comprar si así lo desean. Yo, que soy un hombre ejemplar, lo haré).

La primera de las novedades -aunque en verdad no sea la más urgente de las noticias- es el disco (¿conceptual?) Los Ellos, un proyecto multigrupal que la gente de Concepto Cero viene preparando hace mucho tiempo y tiene como base la legendaria historieta El eternauta.
Como todo disco con variedad de artistas, hay temas que nos gustan más que otros (se destacan los composiciones de La Patrulla Espacial, Mostruo, La Perla Irregular y Excursiones Polares) pero se valora el original y ambicioso proyecto, que incluye mayoría de bandas de la ciudad de La Plata y una artística que se ve interesante desde las fotos y por la cual (además de las canciones, claro) vamos a comprar el disco. Si quieren probar, pueden descargar y/o comprar el disco completo desde aquí. (Y una nota más completa por acá).

La segunda y la tercera novedad van por el mismo carril: autores que nos ofrecen sus últimas producciones pasado un breve lapso de tiempo desde la edición de las mismas. Hablo de Nikita Nipone y Andrés Ruiz y sus excelentes álbumes El extranjero (salido a las calles a principios de este año) y Ruiseñor (fines de 2010).
Los Nikita exhiben su habitual desenfado pero más concentrados: sin tanta mixtura de sonidos y, probablemente, más rockeros que de costumbre. El disco de Andrés -reseñado aquí- es un compendio de canciones preciosas, media hora de bonitas armonías y melodías agridulces que se adhieren a la memoria. ¿Qué tienen en común estos sujetos? Ambos, grupo y solista, se enfocan en la búsqueda de la canción redonda luego de viajes por mundos más intrincados.
Pueden escuchar y descargar el disco de Nikita Nipone aquí; y el disco de Andrés por acá. Por si fuera poco, tanto NN como AR han subido el resto de su discografía a Bandcamp.

La última de las novedades es la más fresquita, tanto que todavía no la tengo en mis manos. Pero el compañero Litto Nebbia, de él hablamos, nos ha avisado que además de La canción del mundo -ese gran disco triple de salida reciente-, este año trae más buenas nuevas (y llegan casi de sorpresa). Es así que ya está disponible en Melopea 11 (vidas), disco que presenta su dúo compositivo con el poeta sureño Alfredo Lichter, unión que ya diera sus frutos en Canciones desde Península Valdés allá por el año 2002.
Para su disco oculto de este año, Litto invita a algunos de esos amigos: Rodolfo García, Gonzalo Aloras y Daniel Homer -entre otros músicos- colaboran en este nuevo proyecto de un tipo imparable que no jodía cuando nos aseveraba que no permite que le impidan seguir.


Por todo esto brindamos... y por que viva la música en todas sus formas y ámbitos. Busquen, compren, escuchen, disfruten.

viernes, 17 de diciembre de 2010

Escuchar a un Ruiseñor


"Su canto es, para muchos, el más espléndido de los que puede emitir un pájaro. Tiene una melodía musical, variada y potente, ascendente y descendente; se oye incluso en lo más cerrado de la noche. Más tarde, en mayo, el ruiseñor canta noche y día, con especial brío en los crepúsculos matutino y vespertino. (...) Cuando un ruiseñor dotado de unas cualidades canoras excepcionales deja oír su voz en una zona determinada, automáticamente mejora el nivel de canto de los ruiseñores de aquel ambiente. Al revés, cuando muere el mejor de los cantores, la nueva generación pierde calidad. En el este y en el sur existen ruiseñores muy activos pero de escaso arte canoro; en algunos lugares sólo saben una canción monótona, que interpretan, eso sí, con extraordinaria potencia".
(Texto extraído de webislam.com).

Una voz clara como el agua, como hace tiempo no escuchaba: imagino que a Andrés Ruiz le interes
a que se escuche bien lo que dice.
Esto fue lo primero que me sorprendió de Ruiseñor, su cuarto álbum como solista.

Veamos. Andrés me entregó el disco en mano hace un tiempo, en un encuentro casual pero agradable en el cual le conté que hacía un blog y que a él lo conocía de nombre, de vista y como integrante de Compañero Asma, aunque no tenía escuchada su música (pequeñísimo detalle, convengamos). Charlamos un rato y me contó que Ruiseñor es su disco más cancionero, que sus otras producciones destacan por tener obsesiones musicales cercanas a lo progresivo pero a la larga lo que le interesa es, efectivamente, hacer buenas canciones (espero no estar mintiendo en lo que afirmo que me dijo).

Pues bien, de aquel encuentro a hoy ya pasó un tiempo, tiempo suficiente para que Ruiseñor se posicione en mi “discografía 2010” como uno de los títulos destacados. Canciones redondas pero con sus toques -la búsqueda de una vuelta de rosca, más que nada en las armonías- para que sean eso, muy buenas canciones, mas no piezas completamente digeribles a la primera escucha. Lo que es seguro: si no te avisan que el autor de este disco acarició y curtió al rock progresivo con anterioridad, es imposible imaginar que este tipo que hace un disco de doce canciones en 33 minutos era eso. ¿Volverá a serlo?

Sin dudas, Ruiz presenta un disco cerebral e íntimo, ambivalente. De traje alegre y relajado, como sucede en Los atletas, donde la música encubre una letra lúgubre con más de un verso violento -“los atletas miran fijo a su rival, un par de huesos rotos no vendrían mal”-; de desolación en la magnífica 29 inviernos, donde Andrés ruega a una dama que le dé valor; y con la voz de Litto Nebbia en un dúo vocal que da grandes resultados para la melancolía de El bosque de los años, de cabeza al top ten de canciones de 2010. Sorprenden las constantes citas al mar, a los animales y a la niñez a lo largo de las letras del álbum. Se lo consultaré al autor en el futuro.

¿Lúgubres, desoladas, melancólicas? Sí, las canciones de este Andrés Ruiz parecen ser así... sin embargo, la total escucha del disco deja un sabor dulce: el famoso sabor de las buenas canciones -bien hechas y bien ejecutadas-, que es lo que importa.


[Acá les dejo un par de guías para su música, me parece más interesante eso que describir tanto:
- Tres temas para bajar (no subo el disco completo aun porque es muy reciente, no se consigue en la web y don Ruiz es independiente).
- Andrés en Facebook, myspace y blog. Y su página oficial.]