Mostrando entradas con la etiqueta rubin y los subtitulados. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta rubin y los subtitulados. Mostrar todas las entradas

viernes, 28 de diciembre de 2012

2012, Año de Buenas Canciones: éstas nos gustaron

En esta época del año -esos insoportables últimos días que están total y completamente de más entre las Navidades y el Año Nuevo- abundan en las revistas musicales, periódicos, blogs y demás, las ya clásicas encuestas con lo mejor de: todo aquello que no deberíamos perdernos y/o (se supone) dejó su marca indeleble dentro del período transcurrido. Como somos más humildes, no creemos tener la verdad, ni nos da el cuero para armar una encuesta con 500 músicos opinando al respecto, en La Música es del Aire vamos a hacerla más simple: nuestros discos favoritos del año son aquellos que aquí mismo comentamos; más varios que nos quedaron en el tintero pero tendrán aquí su debida mención y dos o tres palabras de descripción y agradecimiento (en el futuro, seguramente surjan algunas acotaciones algo más desarrolladas de varios de estos álbumes).

No nos animamos a poner un orden numérico, aunque puede que haya discos que nos gusten más que otros; ¿por qué dar un orden a algo bello, si no es una competencia? Escuchen ustedes, si así lo desean, y quizá encuentren en este mar de discos una buena compañía para los días por llegar. Todavía nos queda por bucear mucha música recién salida del horno... pero hoy nos acordamos de estos álbumes: 


Brusa y los Bombones de Murano - Ídem: Un disco sorprendente para lo que podía esperarse de la dulce y suave voz de Eugenia Brusa (la referencia nos orientaría hacia un pop similar al de Les Mentettes). En este disco, que funciona por oposición al  grupo, Brusa aborda boleros tradicionales, aires de folklore y valses, con su habitual calidez y languidez, acompañada de una banda sutil y acústica. Esta vuelta, además, va en castellano y para que se den una idea, tiene temas que hasta puede cantar mi abuela de 90 años (esto sucedió, de veras). Se escucha algo -poquito, liberen más...- por acá.
Y sino, cómprenlo como hice yo, amigos.


Crisologo y los cuerdos - Melodías para dar: Un EP preciosista que deja ganas de disco. Canciones matizadas con vientos, órganos y cuerdas; bonitas melodías e interludios; armonías simples pero efectivas. El sonido sesentoso remite a los comienzos de La Perla Irregular: hay amor allí por esa década, fuente inagotable del pop. Líricas sobre el olvido, la pérdida y el paso del tiempo, con cierto dejo evocativo e ideales para escuchar a las 3 de la tarde -todos los días- de un verano infernal. Veremos cómo continúan... por lo pronto, Melodías para dar se escucha y baja de acá.


El mató a un policía motorizado - La Dinastía Scorpio: Uno de los discos más esperados del under local en años. Estos platenses desprolijos merecen más parrafada, especialmente por ser exitosos en un mundillo -el indie- que pareciera odiar, al menos en teoría, sus dos cualidades fundamentales: la épica barrial (¡puaj!) y la repetición de un estilo, el más de lo mismo. ¿Queda mal decirlo? No. ¿Es necesario un cambio rotundo cuando lo que hacés te sale tan bien? Por ahora, con eso a El mató... le alcanza y le sobra.
Ya sin los fantasmas del fin del mundo y con un sonido algo más hi-fi, el grupo redobla su apuesta de distorsión contenida y voz rasposa, pega un hit tras otro y vuelve a salir airoso y ganador. Como los campeones de la tapa.
Van subiendo, de a poco, acá.


Flopa Minimal - La piedra en el aire: De éste ya hablamos largo y tendido con los protagonistas. Un disco a dos voces y dos guitarras, despojado de grandes arreglos y pequeños detalles. Folk a montones, donde lo que importa son esas dos voces que se funden, la madera de las violas y las melodías que se  despliegan en cada una de las trece canciones que se contienen las unas a las otras. Todo es uno y se nota que así se trabajó, incluso compositivamente... no por nada el disco lleva la firma de Flopa Minimal, así, sin guión. Paren la oreja que hay cuatro o cinco momentos de antología (Atolondrón, Todo lo que ya no sirve, La máquina de hacer todo mal, ¿Y cuánto más tengo que pagar). Pueden descargarlo desde la mismísima página oficial del dúo.


La Perla Irregular - América: Si el disco de Flopa Minimal es un canto al despojo, aquí tenemos el ejemplo inverso. La mente brillante de Pablo Vidal pega el salto final con un disco mega orquestado, el más complejo de los cuatro álbumes que La Perla Irregular haya editado (casi sucesivamente, en una demostración de talento compositivo casi abrumadora e inédita en estos últimos años). Cuesta al principio, parece un laberinto prog, pero la luz de los sesenta asoma y ya no deja de iluminar a este continente de sonido, cuidado al detalle. Hay que darles su tiempo a las formas y adentrarse en ellas mientras se distinguen los destellos de un mundo fantástico... Una hora para viajar siempre. Descargad.


Los Reyes del Falsete - Días nuestros: Nunca tan bien puesto un nombre de disco. Los Reyes parecen estar en su momento de gracia y eso es lo que suena: diversión, alegría, fluidez, la marca de su mejor momento que se certifica en la variedad y la potencia de estos Días. Es inevitable mencionar el tema del disco, Los niños, donde los acompaña Litto Nebbia como diciendo "bienvenidos a todo esto del rock nacional". Pero la épica no está sólo ahí, sino que llega hasta límites insospechados, incluso... ¡con un final a toda cumbia! (Que no suena ni un poco snob: San Jorge es parte de esa fluidez que mencionaba antes). Si no lo escuchan, se están perdiendo el 2012. Así de simple.


Mister - El olor de la sangre: No podía faltar el toque de oscuridad. La primera experiencia solista de Ramiro García Morete (Miro y su Fabulosa Orquesta de Juguete) lo muestra alejado de las canciones melodiosas de su grupo y lo acerca a los sonidos más cavernosos de su voz. Un disco casi desgraciado, maldito, difícil de escuchar y a la vez adictivo. ¿Cómo se explica? Ojalá lo supiera... La sangre mancha todo pero queremos más de estos paisajes sombríos, mientras esperamos que vuelva el brillo de la Orquesta de Juguete. ¿Recomendaciones para probar este plato frío? Las escalofriantes Villa Urquiza, Elegía II y Blues de la media sangre. ¿El hitNocturno sobre el Viejo de Ojos Distintos.
Presten la debida atención a esta pluma y, si van a escuchar, no lo hagan bajoneados ni de noche: supongo que puede ser riesgoso.


Rubin y Los Subtitulados - Más: Otro que desarmamos junto al protagonista; Más es un disco ambivalente: de ruptura amorosa y desengaño por un lado, de hits guitarreros y canciones redondas por el otro. Poseídos por Tom Petty, Los Subtitulados suenan más consistentes que nunca, sin perder su esencia, aquella que redondea canciones en su mayoría breves y directas al mentón. Más no es la excepción y se pasa rapidísimo, en un suspiro.
Atención a los hits que hay escondidos aquí (casi, casi, todos los temas del álbum; especialmente los tres temas que inician el disco: Fred Astaire, No me olvides Margarita y No sé qué va a ser peor). Se escucha y baja por aquí.


Los Pels - Nancy y Julio: Con producción del ya mencionado Pablo Vidal, Los Pels se mandan un simple de tan solo dos temas en los que narran, precisamente, la historia de una pareja sumergida en las profundidades del Delta bonaerense (Nancy y Julio, claro). La dama se marcha y el hombre la espera por siempre: no suena nada raro pero el testimonio de Julio resulta suficiente para que Tingo Zucal componga dos canciones de -¡por supuesto!- impronta 60s e incurable dolor, contrarrestado por los arreglos de cuerdas de Vidal y esas dos melodías entrañables, de lo mejor de su repertorio personal y de este año. También dejan ganas de disco nuevo, y pronto. Los esperamos.


Rivero y El Mico - El fulgor: A este disco lo descubrí en vivo, primero. En trece canciones despojadas de elementos exóticos, Rivero y El Mico van al grano con canciones de banda de rock: la voz al frente, la base bien firme, coros que engordan las texturas, algunos raptos cercanos al funk, guitarras de las acústicas y de las otras, estridentes. Nada suena extraño y a su vez todo suena bien. Jesús Rodríguez y los suyos contagian la energía  de sus temas, de sueños, dolor y vacío... Momentos de intensidad (Todo está en vos); canciones bien arregladas y abrochadas (las preciosas Caminaba y El fulgor); raptos intimistas (la acústica y delicada Para en otro sueño despertar) redondean un disco amigable para cualquier hora y momento. Pulgares arriba.


Andrés Ruiz - Un santo nuevo: Si hablamos de gente prolífica, no debemos olvidar a Andrés, dueño de una vasta y sólida discografía solista. Puede interpretarse a Un santo nuevo como la secuela de Ruiseñor, su álbum anterior, aunque aquí parezca haber otra vuelta de rosca en las canciones, que parecen estar siempre atravesándote un cuchillo incluso cuando las melodías son amigables al oído, como en los temas donde se suma la voz de Jimena López Chaplin (Comerás mi pan y Se disuelve entre los dedos). Pulso rockero, sonido enigmático (acrecentado aquí por la presencia de teclados solemnes y armonías de guitarra no tan convencionales) y una de las voces con más presencia del rock argentino: grave y firme, la manera de cantar de Andrés es fundamental para darle un eco de solemnidad a cada pieza. ¿Quiere antihits? Aquí están. 


Valentín y los Volcanes - Todos los sábados del mundo: Una canción detrás de otra, todas imparables. La pluma de Jo Goyeneche se revela como una de las más ingeniosas y sintéticas dentro de las nuevas voces rockeras, y la banda suena más pulida que en su debut; quizá por eso el concepto del disco cierra perfecto y se convierte en lo mejor que Los Volcanes han producido hasta la fecha. 
En La Plata ya la gastan, sólo les falta expandirse un poco más y empezar a girar: hits como Pequeña Napoleón piden cancha en cualquier lado, y algo me dice que el tiempo no tardará mucho más en darles la debida razón. Prueben por aquí.


Orquesta de Perros - Roles y oficios: Para cerrar una lista poblada de grupos platenses, qué mejor que el LP debut de Orquesta de Perros, grupo compuesto de varios solistas y partenaires de diversos grupos dentro del magnífico sello Uf Caruf! Guitarras afiladas, cantores que por momentos suenan desaforados y también saben relajar, y lo más importante: pequeñas piezas que brillan por sí solas y en conjunto, y un sentido de grupo que les da la contundencia justa para merecer destino de himno a casi todos los temas. De la furia de Los polacos a la encantadora Cara de pato (o cómo hacer una canción perfecta de dos minutos y medio), quedan las ganas de que pronto arriben novedades de estos escritores tan personales y esquizoides. Y eso que Roles y oficios sigue estando fresquito.


(Quedaron varios discos afuera por no llegar a escuchar lo suficiente como para juzgarlos; algunos de ellos, por ser demasiado recientes. Seguramente sigan apareciendo en el futuro cercano. Los invito a ustedes a contar los suyos).

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Seba Rubin: lo mejor es el final (pt. 3)



Hermos llegado al final de la extensa charla con el subtitulado-magnético Sebastián Rubin. Para el final de nuestro diálogo quedaron tópicos más que interesantes por tocar: sus días en la facultad de economía como estudiante y fundador de la agrupación TNT -con compañeros que hoy ocupan un lugar de importancia en la política nacional-; el comando de un bar en el que se iniciaron varios grupos del under capitalino; un breve memorial de Grand Prix, su bonito conjunto anterior; y la sorpresa que aún le genera el éxito de Los Campos Magnéticos, su proyecto grupal más reciente.
Lean y disfruten de esta charla nutritiva (y si se perdieron las primeras rondas, acá tienen la pt. 1, y acá la pt. 2):


RUBIN, EL ESTUDIANTE

Vos estudiaste economía, una carrera que no parece ser muy compatible con la música. ¿En qué te ayudó?
La facultad te enseña a estudiar y aprender, te da herramientas que encontrás en otro lugar. La cantidad de matemática que vi en la facultad, o el leer libros sofisticados, papers y cosas que requieren de mucho trabajo, te ayuda. Por ejemplo, poder resolver un sistema de ecuaciones complejas, sin lugar a dudas desarrolló algún tipo de herramienta que me permite entender varias cosas al mismo tiempo: si puedo hacer eso, seguramente mi cabeza funciona de cierta manera y no me asusto ante varios problemas simultáneos. Y cuando producís un disco eso pasa, ¡una canción tiene problemas simultáneos!

Te ayuda a resolver como productor y arreglador, por caso...
En el punto de vista de lo racional de la música, que tiene mucha matemática, sirve mucho. Tardás mucho tiempo con eso; la multiplicidad de planos e instrumentos que puede tener una canción... y la armonía. La armonía es matemática, en un punto te permite no asustarte tener esas herramientas. La facultad te da un método de estudio que sirve para aproximarse a cualquier tema que te interese, incluso aunque sea algo totalmente inconsciente.
Y aparte, para grabar un disco hay que hacer números, no es fácil ver de dónde sacás la plata y cómo la ponés (risas).

¡Sos el que maneja las finanzas de Los Subtitulados! (Risas).
Sí, y de Los Campos también. Son cuestiones muy básicas de todas maneras, tampoco es un problema. Pero a veces creo que sería mejor desconocer esas cosas, ser un poco más inconsciente: si fuera realmente racional y tomara decisiones conscientes respecto de sacar un disco, no lo sacaría. Porque la posibilidad de ganar es bastante baja: todos jugamos a recuperar, es como una rueda de la fortuna. Por eso lo encaramos desde lo emocional y desde el placer que significa hacer los discos, sacar esas canciones que tenemos.

Vos fundaste la agrupación TNT junto a Axel Kicillof, ¿cierto? Ése es un aspecto poco conocido tuyo.
Sí, la fundamos con Axel y varios chicos más. Teníamos la sensación de que ninguna de las agrupaciones que estaba en ese momento representaba los intereses de los alumnos de mejorar su estadía en la facultad, y queríamos que las condiciones de estudio sean mejores. Bastante sindical la mentalidad, digamos. Se generó un compromiso con la educación pública, con la información que se maneja en la facultad y con la forma de hacer política; con sistemas perversos de negocios internos en la facultad... Una vez que metimos la pata se abrió un océano de cosas, tomamos todo con mucha responsabilidad. TNT llegó a ganar el centro de estudiantes, le ganamos a Franja Morada que era el oficialismo.

¿Cuál era tu función dentro de TNT?
Yo era el responsable de la difusión, me dedicaba a hacer los volantes -en joda, porque el humor era muy importante en la agrupación- con otros chicos. Era una parte importante del proyecto, mi militancia era más artística... ¡y era el disc-jockey de las fiestas! (risas). A la vez, claro, confiaba en Axel y los demás que se encargaban de otros detalles.
Fue una época muy linda. Yo terminé la facultad y seguí un tiempo más relacionado con TNT, después me desligué. Sería muy interesante que alguien contara la historia de la agrupación; la prueba está, de gente que salió de ahí adentro y llegó a lugares de importancia.

¿Seguís siendo amigo de Axel? ¿Qué te pasa cuando lo ves ahí?
Sí, sigo siendo amigo y Axel es una de las personas más brillantes que conocí en mi vida. Pero más allá de eso, conociéndolo a él y a su grupo de trabajo, ojalá los dejen trabajar de la manera que nosotros pregonábamos porque son gente que tiene una capacidad y una formación impecables. En la política a grandes niveles hay muchos intereses, por lo que deseo que trabajen libres de presiones: le haría muy bien a todos, los resultados se verán después.

Esto es algo que deduje atando cabos: ¿puede ser que junto a Axel y Lucas Bergman hayas tenido un bar?
Sí, claro, se llamaba Espero Infinito y lo tuvimos por dos años. Fue un bar en el que empezaron muchas bandas, todos los jueves había un recital. La historia de Grand Prix está muy relacionada a Espero Infinito, la de Pablo Dacal también... o Mataplantas, Jaime Sin Tierra, Rosal, se había generado una escena muy linda en el segundo año del bar, pero 2001 fue un año complicado.
Con Grand Prix presentamos el primer disco ahí y tocábamos mucho. Y sí, éramos cuatro o cinco socios, todos amigos de la facultad. Era un momento difícil para tener un negocio y lo vendimos, también por cuestiones profesionales, porque varios de los chicos se fueron a estudiar afuera. Pero terminamos con la mejor onda y si hoy estuviese abierto sería un lugar referente; era de esos lugares a los que la que gente va sin saber quién toca. Eso era muy lindo, y casi todos los músicos que tocaron en el bar lo recuerdan con cariño.

¿No te da ganas de retomar un proyecto así?
No, te acostás muy tarde... (Risas). Sabiendo lo que sé, sería mucho más fácil ahora, pero es un trabajo muy esclavo. Estuvo bien en su momento y lo disfrutamos, pero ya está: puedo decir que he sido un gastronómico (risas).


GRAND PRIX, PRIMER AMOR

¿Con Grand Prix te quedó la espina de algo inconcluso?
Tuvimos la mala suerte de sacar el primer disco en octubre del 2000, cuando todo el mundo te decía “guardalo un año más”... como si la cosa fuera a mejorar.

¡Por suerte no hicieron caso! (risas).
Por suerte no. Y después de eso, nos tocó vivir la peor crisis de la historia argentina. Realmente, tuvimos nuestra pequeña ventanita de oportunidad en el peor momento. Pero yo pienso que el segundo disco de Grand Prix, Lejos, está injustamente pasado por alto: hablaba de lo que nos pasaba a los chicos de veintialgo en el año 2001, hay canciones que tratan específicamente eso. Y es la razón por la que muchos colegas-amigos lo quieren tanto también y vinieron sin dudar cuando presentamos en 2007 la edición argentina. En un punto, éramos casi la única banda que estaba haciendo un disco en ese año, y se nos habían ido el bajista y el baterista...

¿Es cierto que el baterista se fue a tocar con Los Sultanes?
Sí, Guido... estuvo muy poco tiempo con nosotros. Le salió un laburo en Los Sultanes, ¡qué sé yo! (risas). Podría haber seguido con Grand Prix también, pero venía a los ensayos y empezaba a tocar temas como Los Sultanes. El guitarrista lo subió al auto en un ensayo y se lo llevó, directamente le dijo “te llevo”, porque no paraba. Era un laburo, está bien...
La estábamos pasando mal en vivo, tuvimos algunas experiencias bastante feas por cuestiones técnicas y dijimos “así es un embole, no gastemos más plata en sala de ensayo”. Entonces fuimos al estudio de grabación El Túnel y arreglamos para grabar un tema por mes, trabajábamos ahí e íbamos subiendo los temas a internet, de a uno. Empezamos en julio de 2001 y cuando llegó el quilombo nosotros ya estábamos bastante metidos, con muchas crisis personales y laborales, momentos muy complicados. La música se volvió nuestro oasis; en ese sentido, Lejos está bendito, tiene una magia muy especial.

Los hizo llevar el mal momento.
Claro. Y bueno, como en 2002 había una parálisis general nos terminamos yendo a España, que fue donde nos editaron el disco e hicimos una gira de 25 conciertos en 35 días, con shows en la televisión, críticas por todos los medios... Hicimos un esfuerzo increíble, para mí era una historia que merecía ser contada y me da pena que volvimos y nos dijeron “ya está, es historia vieja”. Creo que merecíamos un poquito más de reconocimiento, es un disco que me da mucho orgullo. ¡Se vendió en Japón también! Lejos tuvo una vida hermosa.

De alguna manera, podemos decir que Grand Prix te sirvió para tender ese puente con España que aún mantenés, tenés muchos amigos allá.
Totalmente, la magia de ese disco generó una familia de amigos en España que no tiene explicación, es todo parte de la energía de aquel momento y del disco. No tiene precio.


LOS CAMPOS MAGNÉTICOS Y EL ÉXITO INDIE

¿Se esperaban semejante repercusión con Los Campos Magnéticos?
No, la verdad que no. Por cómo surgió todo es sorprendente, me acuerdo de cuando me presenté con Alvy y le dije que yo también hacía temas en castellano de Magnetic Fields... charlamos y quedó ahí, esto habrá sido en diciembre de 2006, ponele. Y nos cruzábamos y decíamos “hay que hacerlo”, hasta que después de unos años lo hicimos. Para mí era un proyecto de 10 canciones, para grabarlas con músicos invitados, subirlas online, hacer un show... y nos vamos a casa.

¡Terminaron agotando los dos volúmenes y haciendo una versión nueva conjunta!
Por un lado, jamás supuse que iba a ser un proyecto tan atractivo y para tanta gente, pero por otro lado -pensándolo bien- digo que tiene lógica que esas canciones tengan llegada, ¡porque son hermosas! Es la prueba de que cuando las canciones son lindas y el proyecto es honesto, anda. Todos los proyectos con un encare así deberían funcionar, si el proyecto tiene cohesión, entidad y gracia... Lo que nos sorprendió fue la velocidad con la que se encontró un público. También es cierto que la forma de encarar la instrumentación y de tocar los temas hace todo muy amable y accesible, lo disfrutamos a pleno y es una posibilidad que no esperábamos tener.
Además estamos haciendo conocer un repertorio que nos fascina, cumpliendo un poco con el cometido del que hablaba antes... El Profesor Magnético (risas).

¿Y el contacto con Stephin Merritt cómo fue, buena onda?
Sí... en realidad nos contactamos más con Claudia Gonson, que es la tecladista y la manager. A través de ella llegó el contacto con él, que es un poco más arisco. Teníamos que pedir autorización sí o sí, les mandamos un documento muy extenso y lo aprobaron.

¿Qué les iban mandando?
Les mandamos las traducciones, retraducidas al inglés. Era traducir y explicar, los chicos confiaron en mí para que mande los mails y Merritt nos marcó algunas cosas puntuales, corrigió unos detalles... estaba muy sorprendido y con razón. Nos felicitó y le mandamos un ukelele de regalo; a Claudia también le encantó y le mandamos los discos. La mejor onda.

Y si se le ocurre venir solo algún día...
¡Ya tiene banda! Ya le dije a Claudia que no vengan todos, que no hace falta (risas). Igual la veo muy difícil que vengan, a Merritt no le gusta salir.

¿Cómo sigue el proyecto? ¿Más temas de Magnetic Fields, o puede surgir algo entre ustedes?
Tenemos algunas canciones y estamos trabajando en otras, pero no con un objetivo muy claro sino como hicimos al principio, tratando de conservar la misma energía que nos llevó a hacerlo. Si decidimos hacerlo vamos a tener que buscar una manera de darle entidad propia, no creo que sea sano volver a repetir.
Pero es interesante, pasó algo entre los tres a nivel artístico. Y está la idea de hacer Alvy, Nacho y Rubin interpretan a Alvy, Nacho y Rubin. Sería un trabajo de exploración de la dinámica que generamos haciendo estos discos y nos interesa explorar eso más que el repertorio. Pero bueno, estamos todos con discos nuevos, entonces tenemos que encontrar el hueco para ponerle la cabeza y el corazón al proyecto.


(BONUS TRACKS)

¿Qué tema te gustaría haber compuesto? Podés elegir un par si querés.
Creo que Penny Lane, no está mal eh... estaría forrado aparte (risas). Es la primera canción que se me viene a la cabeza, es perfecta, tiene una dosis de melancolía, remite al barrio, hay una cosa como de regreso a imágenes de la infancia y al mismo tiempo tiene un tono celebratorio. Y musicalmente es una canción hermosa, tiene un bajo increíble. No sé si es mi canción favorita del mundo mundial, pero qué lindo decir “mirá, me compuse Penny Lane”.
Otra más... siempre digo la misma, Ev'rytime we say goodbye de Cole Porter. Es perfecta, es lo máximo. Y dejame una más, algo más cercano: La canción del jardinero, de María Elena Walsh. Una canción que canten todos, con esa hermosura. ¡La cantan los pibes! Soy re fan de María Elena Walsh, tener esa melodía y que la canten los chicos es divino.

¿Y qué cinco discos te llevarías a una isla desierta, o salvarías de un incendio? (!)
Pongamos uno solo de los Beatles porque sino estamos al horno: Rubber soul. Y además, llevaría Bandwagonesque de Teenage Fanclub; Imperial bedroom de Elvis Costello y los Attractions; Full moon fever de Tom Petty; y Bridge over troubled waters de Simon and Garfunkel. Son discos que vengo escuchando de toda la vida y no tienen un solo tema malo.
Esos son para la isla, porque para el incendio... son cosas distintas (risas). De un incendio, salvaría Abbey road y Magical Mystery Tour de los Beatles, porque son discos a los que les tengo un gran cariño, al disco físico digamos. Los demás que se queden, no tendría tiempo de salvar tantos discos, pero esos son irreemplazables tal cual son como los tengo.

* Rubin y Los Subtitulados se presentan este sábado 15 a las 21:30 hs. junto a Eugenia Brusa y Los Bombones de Murano, en Vuela el Pez (Av. Córdoba 4379, Palermo).
Entradas con descuento escribiendo a info@rubinlandia.com.ar

* En tanto, harán lo propio Los Campos Magnéticos, pero en La Trastienda Club, el sábado 6 de octubre. Entradas a la venta mediante Livepass o en las boleterías del lugar.



[Las fotos que ilustran esta nota fueron tomadas por las siguientes estrellas de la fotografía: Rubin solo es obra de Sofía Ramírez; Grand Prix tocando en los estudios de TVE la tomó Nora Lezano y cedió el propio Rubin; y las siluetas de Alvy, Nacho y Rubin fueron captadas por Agustina García Orsi].

viernes, 24 de agosto de 2012

Charlas con músicos: Seba Rubin, se va la segunda


Segunda parte de la charla con Seba Rubin (¡aún queda mucho más!). En esta vuelta, el hombre se explaya sobre la composición en general, su trabajo como traductor y su participación mediante una columna semanal en el programa de radio Gente sexy, la obvia consecuencia de una melomanía insuperable de la que aquí -dónde sino- aporta datos jugosos.
Disfrútenlo que se deja:

DEL OFICIO DE COMPONER, AL OFICIO DE... TRABAJAR

Yendo a la composición en general, alguna vez dijiste: “salen muchas canciones pero la mayoría son una porquería”. ¿Te sigue pasando?
Sí, obvio. Me ha pasado de componer canciones ajenas, digamos. “¡Qué buena esta canción!”… claro, ya la hizo alguien antes (risas). 

¿Te dabas cuenta de cuál era y todo?
Sí, a veces son canciones que tenés perdidas, y otras veces decís eso, “esto debe ser de alguien” porque te sorprendés. Después, hay muchas cosas que surgen y que decís “nah, no me interesa”, y lo que no me interesa ni lo termino (la mayoría de las veces). 

¿Pero apretás delete o queda ahí?
No, queda ahí guardado. Unos casetes, unos demitos… De hecho, para el disco nuevo grabé todo en una grabadora digital chiquitita, y tenía un montón de tracks distintos pero dentro de un mismo track, uno atrás del otro. Entonces tuve que cortarlos, y ahí digo: “esto me gusta”, corto y guardo; si no me gusta, lo descarto. No creo que nadie encuentre joyitas perdidas en mis cajones de demos…
Como no tengo la posibilidad de grabar todo el tiempo, de ir al estudio a estar 80 días grabando 27 canciones, entonces realmente vamos a grabar lo mejor según nuestro criterio. También es un ejercicio: en lo que no te gusta nada podés encontrar una pequeña melodía que te dispara otra cosa; en ese menjunje aparecen cositas y confío en que siempre saldrá algo… El día que no salga más, pongo un parripollo (risas).

¿Es algo que hacés diariamente? Agarrar la viola, el ukelele, lo que sea…
Trato. Digamos, no tengo la fortuna de dedicarme sólo a esto, si fuese mi trabajo full-time seguramente dedicaría todos los días a hacerlo. Pero sí, lo hago casi como un trabajo, aunque sea algo lúdico, divertido y que me da mucho placer. Para componer hay que estar dispuesto a que salgan cosas, también. 

¿Sí? ¿No te pasa que capaz empezás a jugar con algunos acordes y sale algo?
Claro, pero eso es predisposición, porque por ahí agarrás el ukelele y tocás una canción de Los Beatles o de Cole Porter. Si te sentás a hacer brotar una canción es porque tenés predisposición a eso. Y hay días que no sale, pero está bueno todos los días despertarse y agarrarlo de vuelta.



¿Y de qué laburás?
Mi trabajo está repartido entre lo que hago de música y lo que hago de traducciones, subtítulos de películas. Por eso también Los Subtitulados... 

Cierto, lo había leído en algún lado pero no sabía si lo seguías haciendo. Eso explicaba todo (risas).
Ahora lo hago un poquito menos que antes, por suerte –no porque no me guste ni no lo agradezca, sino porque me gusta más tocar la guitarra. Pero sí, todavía hago bastantes traducciones.

¿Cómo llegaste ahí? ¿Caíste?
Sí… Cuando dejé mi carrera de economista y dejé de trabajar de eso, estaba por irme a España con Grand Prix -casi un año entero-, y en el momentito que me quedaba acá en Buenos Aires, trabajaba. Entonces mi hermana, que es productora, vino y me dijo: “¿querés hacerlo, te interesa?”. 

Y vos la tenés clara con eso,  imagino.
Sí, sé mucho inglés, tengo un título. Entonces empecé, un poco como para hacer algo en el mes que faltaba antes de irme; después ya estando en Buenos Aires me di cuenta de que me resultaba muy funcional, porque estoy en mi casa y los horarios los manejo yo. Si lo hacés con seriedad y disciplina, en ese sentido, es un muy buen trabajo. Traduzco un poco de todo: pelis, series, documentales. Lo que me manden... 

¿Divierte?
A veces. Igual es trabajo, si vos me das un concierto de Blur, no lo voy a ver. Lo que más me interesa de un concierto de Blur es lo poco que hablan entre una canción y la otra, y cuanto menos hablan, mejor. Después lo dejo en la computadora y por ahí lo veo, pero para mí es trabajo. Hace poquito hice el From the Basement de Radiohead, del último disco The King of Limbs… ¡y no me preguntes qué tocan! Estoy atento a lo que hablan, entonces cuando termino de hacerlo, digo “hablaron re poco, qué suerte”. Lo mando y me voy a tocar la guitarra.
He disfrutado algunas cosas. Tuve la suerte de que me dieran para subtitular el programa de Costello, Spectacle; el documental de Magnetic Fields; o toda la última temporada del Late Show de Conan O’Brien, pero en general no tengo un compromiso emocional con el contenido de las traducciones.

Estas enfocado en lo otro.
Estoy trabajando, siempre depende de qué te den. Si te dan una película que no se entiende nada y hablan mucho, vas a putear.
Lo que tiene de bueno el trabajo es que me permite organizarme de manera tal que si tengo que irme de gira un fin de semana, puedo parar; si tengo que irme a mitad de año sin pedir permiso de vacaciones, lo hago… Obviamente, todo depende de mí, soy mi propio jefe y la dinámica de trabajo depende también de cuánto material haya.


EL PROFESOR POP: UN MELÓMANO DE TODA LA VIDA

¿Cómo llegaste a la radio?
¿A Gente sexy?

Sí, ¿o hacés otro programa y no lo sé?
No, ahora me llamaron los chicos de Plátano Radio, una radio online en español, básicamente de rock. Está muy buena la idea: me convocaron para hacer una pequeña columnita semanal que va grabada, así que en ese sentido llegué también un poco por Gente sexy.
Y a Gente sexy llegué a través de Seba De Caro, que trabajaba en el programa al principio, es muy amigo de Clemente [Cancela] y compartimos algunas salidas de fin de año, hace un par de años. En una reunión nos quedamos con ellos y un par de amigos más tocando la guitarra... Yo tengo un repertorio amplio, siempre me gustó tocar de todo y tengo -está mal que lo diga- bastante facilidad para sacar canciones y tocarlas aunque no las conozca demasiado. Como sabían también que soy melómano y me gusta mucho la historia del rock, se les ocurrió combinar las dos cosas y me convocaron. Y la verdad que para mí fue una sorpresa, nunca lo hice con tanta asiduidad y la paso muy bien.

El programa está buenísimo aparte.
Sí, es una responsabilidad. Un día hago una canción que la tengo más tocada y sale bien, y otro día voy y digo “uy, ¡cómo la cagué ahí!” (Risas). Por lo general, hay gente que no se da cuenta.

Yo soy de los que no se dan cuenta.
Hay veces que digo “bueno, esto quedó como un arreglo raro”, pero la realidad es que quería hacer otra cosa. Tocar canciones todas las semanas parece una huevada, pero en realidad hay que dedicarles mucho tiempo para internalizarlas.
Además es una radio grande. En Blue era un poco más fácil porque el público era más reducido y focalizado, entonces podía echar mano de cosas que son más habituales mías, Burt Bacharach o Roy Orbison. En cambio, en Rock & Pop tengo la exigencia de llegar a un público más amplio y hay que ir un poquito a cosas más grandes, más seguras. Pero lo disfruto igual, aunque el método de selección de canciones sea distinto. Estoy contento porque es una exposición muy sana.

Y se nota cuánto se divierten…
La columna tiene un objetivo lindo, yo digo siempre que es como cuando un hermano grande o un amigo mayor se acercaba y te decía “escuchá esto”. Estamos viviendo una época en la cual la historia del rock ya es larga, ¡Chuck Berry pasó hace casi 60 años! Es una locura y a la vez es natural que un pibe de 20 años no conozca a Chuck Berry, a Elvis, a los Byrds o hasta a los Beatles. Son grupos que están cada vez más atrás en el tiempo y lo que me interesa es rescatar esas cositas que para mí son más cercanas -más por gusto personal que por edad-, traerlas a la actualidad. O sea: ¿te gustan los Kings of Convenience? Perfecto, a mí también me gustan, pero escuchá a los Everly Brothers o a Simon & Garfunkel. Es como yo vivía la radio de chico, un medio para conocer música nueva, algo que pasa cada vez menos.

Cada vez se pasa menos música en la radio.
Sí, y además la gente escucha la radio para escuchar lo que ya conoce, en otra época era al revés. Y por cuestiones comerciales, por cómo está armada la industria, las radios también tienen menos posibilidades de pasar cosas que la gente no conoce. Entonces, con que dos o tres personas digan “¿The Jam?”, vayan y lo busquen, para mí está bien. No puedo pretender que la gente salga corriendo a comprar discos de ellos: mientras la escuchen, esa banda no se va a morir y vamos a abrir un poco el juego de vuelta.
La columna tiene que entretener, educar y ser divertida. Si después hay alguien que va más allá, fenomenal.


¿A vos quién te hacía de maestro?
Tuve varios, en distintos momentos de la vida. Era muy inquieto por naturaleza y un poco solo. Vivía en Villa del Parque, teníamos una disquería en el barrio... y escuchaba radio. Antes de que existiera la Rock & Pop, grababa cosas y agarraba los discos de mi viejo: Roberto Carlos, los Beatles, Alberto Cortez, Elvis Presley. Ya a los ocho años iba a la disquería con mi mamá y le pedía que me comprara discos de los Beatles; leyendo los discos de los Beatles veía que una canción no era de Lennon / McCartney y era de Chuck Berry, entonces iba y me compraba un disco de él.
Después tenía amigos con hermanos mayores; a mis primas... iba y les sacaba los discos, preguntaba “¿qué es esto?”, me decían “Styx” y yo lo agarraba y me lo llevaba. En ese momento estaba fascinado porque para mí era una música nueva y no había tanta como hoy; ahora a Styx no lo puedo ni tragar. Y cuando apareció la Rock & Pop fue importante: me dormía con la radio debajo de la almohada, porque escuchabas Frank Zappa, Madness o XTC.

Te agarrabas de lo que podías...
Sí, por ahí estaban las encuestas de fin de año de las revistas, donde votaban los músicos y, supongamos, yo no era fan de Soda Stereo ni tenía discos, pero sabía que Cerati era un tipo con data interesante y mencionaba a Echo and the Bunnymen o U2. Entonces iba y me compraba discos de esas bandas: lo que conseguía.
También compraba libros, tenía uno que se llama Treinta años de rock, de Editorial Salvat. Me conocía a todas las bandas de nombre, de las fotos... ¡pero nunca los había escuchado! (risas). Después en un viaje me compré otro libro, Top 40 hits, un libro de estadísticas del Top 40 americano: estaban todos los artistas que habían ingresado en el Top 40 del ’55 al ’84, todas las canciones en orden alfabético. Eso era ilegible, ¡y yo lo leía!: “King Creole & the Coconuts, qué será esto…”; no importaba, fantaseaba con cómo serían, con las fotos, los nombres de las canciones. Después llegaba al disco y decía, “¿esto era?”.

¡Había mucha imaginación ahí!
¡Claro! Después empezaron a traer más discos, revistas importadas y nacionales más especializadas, los viajes, internet... en otra época hubiera sido impensado llegar a esos niveles. Es interesante lo que pasa pero también cambia mucho la forma de escuchar música. Por una cuestión de edad, mi manera de escuchar música es muy distinta de la de un pibe de 15, la forma de construir ese universo no es la misma. Y con la columna de El Profesor Pop trato de enlazar esas cositas, esos dos mundos.

Por eso te gusta tanto hacer covers, supongo.
Estudié música con un gran profesor, Jorge Puig, que me enseñaba a sacar canciones: me explicaba cuál era la tónica, cómo era la escala mayor... Pero yo sabía que lo que él estaba haciendo era darme las herramientas para que, más allá de estudiar formalmente, que lo hacía -aunque me costaba porque era bastante vago-, aprendiera a grabar y a sacar canciones. Y más de la mitad de mi formación musical está en los discos, en agarrar temas de Robyn Hitchcock y descubrir que el tipo pone acordes abiertos, o descubrir con Cole Porter cosas más sofisticadas, acordes disminuidos por todos lados.
Hay momentos en los cuales necesitás pegar determinado salto y todo esto siempre me ayudó, como conocer varios instrumentos que te brindan colores distintos. Digamos: hacer covers fue la manera en la que aprendí a tocar.


[Las fotos que ilustran el texto son gentileza de Lula Bauer, excepto la del Niño Rubin, cedida gentilmente por el propio Sebastián].

miércoles, 8 de agosto de 2012

Charlas con músicos: hoy, Sebastián Rubin (pt. 1)


Dicen que los gustos son gustos y, en fin, no hay más que seguir dándoselos… Volvimos  (volví) a visitar el hogar de un músico para tener una de las charlas más amenas y extensas de esta sección. El anfitrión esta vez fue Sebastián Rubin, voz líder de Rubin y Los Subtitulados, junto a quienes ha publicado recientemente un álbum de (notables) canciones intitulado Más.
Rubin es como canta: cálido, fresco, claro; un gran charlador, un tipo para escuchar con atención. Así fue que nuestro diálogo se extendió durante una hora y media en la que abordamos temas de lo más variados: su trabajo, su participación radial en el programa Gente sexy, sus estudios universitarios, el éxito de Los Campos Magnéticos (su grupo paralelo), los recuerdos de Grand Prix (su anterior banda) y toda una vida  escuchando, leyendo y haciendo música.
En esta primera parte, el hombre se explaya sobre la confección de su nuevo y recomendable álbum:

Comencemos hablando de Más, que es lo reciente. ¿Cómo fue el armado del disco en cuanto a composición y grabación?Es un disco muy especial en ese sentido, porque fue armado en grupo, y aunque todos mis discos fueron armados en sala de ensayo, en este disco en particular con Los Subtitulados buscamos generar un sonido nuevo, de banda, que tiene que ver con el trabajo en el tiempo y no en la intensidad, en obras en poco tiempo. Y con eso en mente, la composición también fue diferente. En algún punto fue igual, porque las canciones salían de mí, pero llegaban a la sala de ensayo mucho menos trabajadas. Antes hacía unos demos, no muy sofisticados pero con la suficiente información como para saber la forma del tema, el beat que podía tener -sin tener baterías ni nada-, con guitarras acústicas y arreglos muy chiquititos. Pero estaban más pensados, llegaban a la sala de ensayo con más trabajo encima. Y en este disco llegaron directamente en la versión lo más cruda posible, que era lo que yo grababa cuando se me ocurría una canción: con todos sus errores, mejorando estrofa a estrofa; uno va aprendiendo una canción a medida que va componiendo. Entonces agarramos las canciones desde mucho antes, lo cual fue generando mutaciones distintas, desarrollos distintos.

Lo que tiene de particular el disco es que casi ninguna de las canciones fue tocada con los instrumentos en los cuales se compusieron. Por ejemplo, podía componer con una guitarra española y que en el disco terminara sonando como Vuelo suicida, cuyo sonido no tiene nada que ver con ese timbre. No me olvides, Margarita fue compuesto con un ukelele; Fred Astaire la escribí con un ukelele de ocho cuerdas. En ese sentido también fue algo novedoso, porque al no usar un instrumento similar a la hora de componer -como podría ser una guitarra acústica-, la información o la impronta que tenía la canción en el demo estaba abierta a cualquier tipo de interpretación, porque la íbamos a tocar con otro instrumento.
Más es el resultado de un proceso distinto para nosotros, pero que fue increíblemente satisfactorio y feliz. Y la grabación en Ion fue la frutillita de la torta: pudimos grabar en un estudio con historia, con un sonido muy especial, una sala increíble con micrófonos y mesas antiguos (y no tanto) como para lograr un sonido más cálido.

Y a vos te gusta bastante eso, ese sonido.
Sí, totalmente. Encontrar un sonido grande y al mismo tiempo preciso, cristalino. Y la verdad que se trabajó para llegar a ese lugar y logramos disfrutarlo al máximo.


¿Te parece que es el disco más grupal por cómo se laburó el armado de los temas?
Yo creo que es el disco mío que tiene la mayor impronta de una banda, desde el primer disco de Grand Prix. Creo que durante todos estos 10 o 12 años, en algún punto quise recuperar -consciente o inconscientemente- esa dinámica que es más natural en una banda cuando sos más chico, no tanto cuando ya tenés tantos discos encima (y más años). Pero lo logramos, lo cual es como una segunda oportunidad que me dio la vida de disfrutar de un grupo como cuando tenía 20, 22 años, pero con mucha más experiencia. Y es más divertido todavía, mucho más sano y mucho más valioso y lo sabés apreciar más. Estoy muy agradecido de haber tenido la oportunidad de llegar a esto, fue todo un esfuerzo.

¿Te sorprendió cómo quedaron finalmente algunos temas? 
En este caso empezamos con canciones que ni siquiera yo me propuse pensar cómo quería que sonaran al final, dejamos que cada canción fuera creciendo, desarrollándose y descubriéndose a sí misma. Y ahí encontramos cosas que nos gustaban más que otras, descartamos lo que no nos gustaba, tomamos lo que sí y trabajamos sobre eso. Así que no podría contestar la pregunta porque tampoco tenía una idea inicial.
En los otros discos había una idea primaria más fuerte, entonces tratábamos de llegar a eso de la manera más fiel posible, y aunque las canciones siempre terminaban quedando mejor de lo que yo imaginaba, lo hacíamos en un vector temporal mucho más corto. Ahora, una canción se me ocurría o la imaginaba así y los chicos la mejoraban. La sensación general es esa: que después de grabar, mezclar y masterizar, las canciones están mejor de lo que jamás imaginamos. Pero son procesos y momentos distintos.

¿Se potenció todo con el lugar de grabación también? ¿Ayudó?
Todo ayudó. Para que un disco salga bien hay un montón de eslabones y un montón de factores que influyen y el equilibrio en el cual uno transita es súper inestable en algún punto. Cualquier cosita desvía la atención, desvía una idea… Algunos de esos desvíos son súper positivos y otros te hacen volver al tablero y a tener que reescribir las cosas. Seguro que ayuda estar en un estudio en el cual todo lo que vos hacés suena tal cual lo imaginás y no hay que hacer ningún tipo de trabajo de post en términos de tener que manipular lo que uno graba para alcanzar el sonido, uno lo va alcanzando en el momento en que lo va grabando. Eso hace que las canciones lleguen mucho más puras a la mezcla, ya están casi como vos querés que suenen y no hay que hacer mucho trabajo. Entonces, sí, obviamente que potencia, porque cuanto mejor sea la calidad de los procesos de grabación, mejor va a ser el resultado final en términos de audio.

Y además porque estar en un estudio así también te inspira. Parece una cosa muy trillada pero es verdad, estás en un lugar que decís “puta, yo acá tengo que romperla”. Te motiva, te hace decir “hay que aprovechar esto”. No cualquiera puede grabar en Ion, en las condiciones que nosotros grabamos, no cualquiera puede mezclar en Revolver en las condiciones en que mezclamos; y todas esas cosas hay que saber valorarlas, agradecerlas y aprovecharlas. Creo que estamos híper contentos con Más, porque es el fruto de todo un trabajo, y es lo que soñábamos sin tener muy claro cuál era el resultado final: tener un disco que saliera y que nos hiciera sentir esto, digamos. El orgullo, el placer de escucharlo, de seguir escuchándolo…

¿Lo escuchás?
Sí. Al principio cuando salió lo escuché un poquito más. Los chicos también. De vez en cuando te dan ganas de escucharlo, es como “¡qué lindo lo que hicimos!”, está bueno.


¿Te pasa ya de querer cambiarle algo?
No. Hay un refrán que dice “las mezclas de los discos no se terminan sino que se abandonan”. Y en ese sentido nosotros hemos corregido lo que sentimos que teníamos que corregir hasta muy avanzada la mezcla. Incluso regrabamos alguna guitarra, alguna cosa que no nos gustaba… Pero el disco está. O sea, es eso, el reflejo de un momento, no cambiaría absolutamente nada. Si ahora hago otro disco por ahí haría otra cosa, pero no tengo nada de qué arrepentirme.

Grabaron rápido, ¿venían ensayados?
Veníamos muy ensayados. Se grabó en cuatro días y después hicimos un par de días más de overdubs con las voces, pero básicamente se grabó en esos cuatro días. Eran los tiempos que estaban planeados, con tranquilidad, realmente trabajamos y ensayamos pensando en la grabación y en las condiciones en las que íbamos a grabar. Pensamos en una grabación en vivo con pocos overdubs; los temas tenían que sonar bien con cinco personas tocando, sin que hiciera falta agregar mucho. Entonces, en ese sentido, la producción se centró en ese tema.

¿Pensando en el vivo también?
Bueno, en vivo siempre terminás adaptando alguna cosa. Por cuestiones de comodidad también terminás grabando algunas cosas separadas, o las acústicas… Pero sí, si la banda suena bien en vivo, en el estudio tiene que reflejar eso. Mejorarlo un poco, tener la posibilidad de hacer cosas más complejas, porque puedo cantar separado, puedo tocar separado la guitarra y en el show no. Pero digo, también depende del disco, podés grabarlo con la voz en vivo también (Neil Young lo ha hecho siempre).
No sé si pensamos tanto en vivo... el vivo es un reflejo del disco y el disco es un reflejo del vivo, se van retroalimentando.

Volviendo a la composición, ¿descartaron mucho material o quedó más o menos lo que había?
Había bastantes más proto-canciones de las que habitualmente teníamos, unas 20 cancioncitas o pedacitos de ideas de canciones sobre las cuales trabajar. Elegimos empezar por algunas y después, a medida que avanzó el tiempo, fuimos agregando otras o sumando canciones nuevas que aparecían en el trayecto. Empezamos con 6 o 7 canciones elegidas, y a partir de  ahí fuimos agregando a medida que decíamos  “bueno, acá faltaría esto, te acordás de aquella.
Entonces, quedaron cosas afuera pero no diría que canciones enteras, algunas son ideas que pueden recuperarse y quedaron un par de canciones que estuvimos ensayando unos días y dijimos “no son para el disco”. No quedó un material abismal: grabamos las canciones que más nos gustaban y que mejor quedaban para nosotros.

Una cuestión de identidad también.
Exacto. Que cuenten una historia; aunque no sea un disco conceptual, que el relato sea coherente.

¿Y están contentos con las críticas?
Estamos súper contentos, las críticas fueron relindas. Cuando uno hace un disco en los términos en que hicimos nosotros Más -si uno escucha este disco y los anteriores va a notar que la banda no es la misma- se genera una duda: "¿esto está buenísimo o es una gadorcha?" (risas). Nadie había escuchado nada, ni los amigos ni las novias, entonces decíamos “puta, ¿la gente qué va a decir?”. Habíamos tocado Margarita en los shows y lo pedían como bis, en ese sentido estábamos tranquilos pero era sólo un tema... y cuando vino Hernán Agrasar -el ingeniero de grabación- a la sala de ensayo, me acuerdo que se quedó y nos dijo “qué osado... qué manera de cambiar la forma de tocar”. Y él nos conoce: si ni él nos podía decir “¡qué bueno!”... (Risas).
A los amigos y al público les regusta el disco, pero obtener esas críticas de la prensa, de gente que nosotros admiramos y que sabe un montón, como Martín Graziano o José Bellas, siempre suma. Más allá de que todas las críticas fueron muy lindas, quizá destaco esas porque nos da mucho orgullo, es como un mimito. No es fundamental pero si lo hacen mejor.
Y sí, repito: estamos muy contentos.


* Rubin y Los Subtitulados se presentan este viernes 10 en The Roxy (Niceto Vega 5542).
Banda invitada: Mostruo! ("Somos súper fans de ellos", Rubin dixit).
20 hs - Apertura de Puertas
21 hs - Comienzo del concierto
Entradas anticipadas con descuento en Ticketek
Entradas en puerta $50
Más info en info@rubinlandia.com.ar y www.rubinlandia.com.ar



[Nota: las magníficas fotos que ilustran esta charla fueron tomdas por Lola García Garrido]