jueves, 13 de agosto de 2009

Otra dama que canta lindo

Hace un tiempo ya, cada vez que ponía MTV o Much Music y había un videoclip -¡milagro!- la protagonista era una niñita de quien no tenía la menor idea, con un nombre curioso. Nunca escuchaba mucho la canción, pero su apellido era difícil de pronunciar... y me asombraba que siempre fuera la misma imagen la que aparecía ante mis incursiones telemusicales: me terminé aprendiendo el nombre y tarareando la simpatiquísima canción. Algo le veía a la piba. A veces pasa que aunque lo que escuches no sea lo tuyo, el emisor te mueve, lo ves y te atrapa. Pasó un tiempo y vi a la misma niña en RSM, el programa de Mariana Fabbiani.

Pasaron semanas, meses, y un día me acordé de ese nombre-pegote otra vez. Lo googleé y fue curioso enterarme de que la dama además de cantar es actriz, y que hizo sus primeras armas en Luz clarita, una tira para niños mexicana que es algo así como la Chiquititas del norte. No voy a negar que el paraguas de los prejuicios se abrió un poco, pero se iba a cerrar bastante rápido. Era estúpido además juzgar a alguien por un trabajo profesional hecho de niño...
Y sí, aquellos pocos prejuicios se desvanecieron al instante no bien le di play y Mediocre -el tema que abre el disco de mismo nombre- me dibujó una sonrisa cómplice: una balada al piano, suavecita, que en el estribillo muestra a una mujer salvaje cantando "Me creí tan especial, qué ingenua mi torpeza / Y me sentí tan esencial, qué ingenua mi verguenza / Me olvidaste, por mi parte ¡qué mediocre!". Con el estribillo ya me ganó. Nenita las pelotas, la dama canta con huevos y personalidad. Y se enoja cuando la comparan con Julieta Venegas o Natalia Lafourcade.
Después, leyendo más mientras escuchaba el disco, sumé otro dato positivo: los productores de su debut eran Juan Campodónico y Tweety González. Pero eso importó menos que cada canción que iba pasando. El swing medio funky de Vidas paralelas -la del video, un pegote encantador, admitámoslo-, la melancolía de Normal, la perversión de La tina y las dudas de Reforma... resultó que cada uno de los temas que se sucedía estaba buenísimo -highlight: Un error- y que la tipa, admiradora de Fiona Apple y Bjork y "con mucha influencia de cantantes de jazz como Ella Fitzgerald" -como dice en MySpace- era una excelente compositora de letras frágiles y melodías lindas (¿cómo definir a una melodía que es agradable a los oídos?).
En fin, ya saben: Mediocre es una sorpresa del pop mainstream y si es posible deberían de escucharlo y juzgar por ustedes mismos. ¿Se la imaginan a Agustina Cherri haciendo canciones como estas? Jeje.

jueves, 30 de julio de 2009

Un poco de paz, por favor

Este último mes fue todo un quilombo, no tengo ni tiempo ni ganas de escribir y necesito escuchar discos reposados y magníficos. Como este de Mark Knopfler, aparecido aquí después de leer a mi amigo Darío.

A pesar de ser un gran guitarrista, el ex líder de Dire Straits se vuelca a canciones simples, omite solos de guitarra y cualquier otro esbozo de fuegoartificialismo (más conocido como virtuosismo) para dejarnos relajar un poco -"go, forget it, let it all go, let it all go"- después de tanto quilombo. Canta valsecitos y baladas como un viejo sabio, por lo que no me queda más que darle la razón y mandarme a mudar...


Por favor, quienes tengan más sedantes musicales, se pide recomendar.

miércoles, 15 de julio de 2009

LMEDA Records presenta: De mí para vos



Hace mucho que tenía pensado esto pero nunca lo terminaba de hacer. Bajo la chapa de LMEDA Records presento De mí para vos, es decir, el tributo hecho canción de un músico a otro: entre colegas.
Son muchas, muchísimas, las canciones que hay al respecto. Están las que guardan un profundo respeto e idolatría hacia quien se canta, un amor inmenso que se demuestra de letra y música. También las hay a ex compañeros de banda que han pasado a mejor vida. Y ni hablar de aquellas piezas furibundas e irónicas, con palos directos a colegas que se detestan, más parodias varias.
Yo me dispuse a elegir entre casi 40 canciones que encontré, y dejé las que me parecieron más simpáticas y significativas, obviando las agresivas (Ya morí de los Ratones no está, tampoco los palitos entre Beatles, ni la que Erica García le hizo a Mollo, o el chiste de Minimal con el bueno de Elton John). Me tenté con un par de instrumentales pero al fin decidí seleccionar estas 15 canciones que dicen mucho y emocionan. Espero que les guste.

A Jerry García (de Massacre a Jerry García): aunque siempre los ubiquen al costado alternativo, Massacre ha demostrado con su elección de covers que sus integrantes escucharon a muchos clásicos (Creedence, Rod Stewart, Beatles). En este caso no es cover, sino un tributo a un grande de la psicodelia modelo 67, por parte de una banda que más de una vez incursionó en el tema. Gran momento de un gran disco, Juguetes para olvidar... aunque la versión que aquí ofrezco es la de Diferentes maneras, el disco en vivo de hace unos años. (Ah, más allá del anuncio, Nuevo día nunca llega, problemas de track...).

A girl called Johnny (de The Waterboys a Patti Smith): el primer single en la carrera de los Waterboys fue este tributo para Patti, con un saxo introductorio genial y un andar más británico que el té a las 4 de la tarde. Mike Scott, el líder del grupo, había conocido a Smith en Londres, cinco años antes de que aparezca la canción. Cuando se grabó el disco, Mike viajó a NY para laburar con Lenny Kaye, el histórico compañero de Patti en la guitarra, pero las sesiones no prosperaron.

Song for Bob Dylan (de David Bowie a Bob Dylan): de un grande a otro. Zimmerman tiene demasiados temas a su favor, y este de Bowie está en uno de sus mejores discos (y uno de los mejores de música pop de la historia, Hunky dory). Según David, la voz de Dylan es “arena y pegamento”. Tal cual, ¿no? (Dicho sea de paso: extrañamos a Bowie, ¿alguien sabe en qué anda?) .

Luca (de Divididos a Luca Prodan): tardaron en hacerlo, pero en 1998 apareció en Gol de mujer esta desgarradora -como la voz de Mollo cuando grita el nombre de su viejo compañero- pieza del “fuelle tano que respirando pampas se aporteñó”. Recuerdan el subte de San Telmo a Chajarí, las ojotas y el bar... sinceramente es una canción escalofriante, la emoción aplasta.
Siempre sospeché que El ñandú de Las Pelotas también es para el pelado, pero como nunca confirmé la sospecha, aquí va el homenaje a Luca más reconocible.

Joe Strummer (de Cowboy Mouth a Joe Strummer): acá ni siquiera tenía a la banda, pero estos punkies oriundos de New Orleans me hicieron orinar de la risa con esta canción que habla de una falsa chica punk que canta a escondidas canciones de boy bands... ¡y no sabe quién es Joe Strummer! Musicalmente, claro, el tema es un punk-pop bien noventoso y, por supuesto, el autor abandona a la niña porque no quiere estar con alguien que no sabe que los Clash “le salvaron la vida”.

Late (de Ben Folds a Elliott Smith): esta es otra de las que no tenía y me gustó mucho. Folds se manda una balada al piano con mucha simpleza y sentimientos encontrados, entre los buenos recuerdos del autoapuñalado Smith y la tristeza de su pérdida. Me gusta la estrofa que dice: “Elliott, man, you played a fine guitar / and some dirty basketball / the songs you wrote / Got me through a lot / Just wanna tell you that”. Bonito y sutil homenaje.

Blind Willie McTell (de Bob Dylan a BWMT): esta melancólica página que permaneció como perla inédita unos cuantos años fue en homenaje para el legendario cieguito blusero. Dice Bob que nadie puede cantar el blues como McTell, pero increíblemente, Blind Willie recién fue incluida en su primera serie de bootlegs oficiales, cuando es considerada una de sus mejores canciones de todos los tiempos. (No puse Song to Woody porque es más conocida).

Con Abuelo (de Andrés Calamaro a Miguel Abuelo): a la hora de hacer tributos, AC es mandado a hacer: tienen su ofrenda, por ejemplo, Elvis y Pappo. Pero esta cancionaza para su compañero abuelo se roba todas las palmas, con una letra larguísima (como todas las de Honestidad brutal) y un nudo en la garganta que dura por cinco minutos y medio. Mi parte favorita es cuando tira: “Miguel, cojones... ¡parecés el Bráian Jónes!”.

Memphis skyline (de Rufus Wainright a Jeff Buckley): Imaginen a un artista prometedor que muere ahogado en Memphis en 1997 y aún hoy se duda de si su muerte fue suicidio o no. Bueno. Ahora hagan lo propio con otro cantautor, un tipo de tono dramático que tiene una maravillosa voz para cantar piezas tristes y paralizadoras del tiempo. El resutado de la mezcla es Memphis skyline, y te deja con los pelos de punta.

Solid air (de John Martyn a Nick Drake): un clasicazo tanto como el disco homónimo. La dejadez del gordo Martyn para cantar bluseramente es genial, y logra un clima tan etéreo como el propio homenajeado en sus canciones, en una pieza sencillamente perfecta e inolvidable: “Don't know what's going on inside / But I can tell you that it's hard to hide / When you're living on solid air”. Maestro total, que se nos fue hace poquito casi sin que nos enteremos (consíganse ya este disco si es que no lo tienen, nunca es tarde).

Song to Bobby (de Cat Power a Bob Dylan): además de versionar I believe in you, en Jukebox la Cat le escribe esta confesión más que canción al héroe de Duluth. Evoca sus primeras escuchas de Bob; una llamada desde las oficinas de Dylan para verla, cuando estaba a miles de kilómetros; y culmina con una sorprendente propuesta al jovie en el final. A propósito: qué lindo canta esta tipa, la pucha. Si me agarra la loca a último momento, mañana la voy a ver.

Tema para Luis (de David Lebón a Spinetta): hace poco vi una entrevista de Lebón en CM y el tipo contaba que Spinetta, para él, más allá de ser un amigo, era su ídolo de siempre. Cuando lo convocaron para Pescado Rabioso -lo dijo desde esa época y lo repite hoy- sintió que tocaba el cielo con las manos. No bien murió la banda, David se hizo solista y compuso esta confesional balada para su amigo, con cita al Tema de Pototo incluida. ¡Parece una canción de amor!

Life is real (de Queen a Lennon): es increíble lo que logra Queen, porque homenajea a Lennon con una canción que... ¡tranquilamente podría haber sido compuesta por él! Melódica y armónicamente es una canción re-Lennon, y eso está muy bien, porque además a medida que el tema avanza aparecen más elementos queenescos que la convierten en un tributo aún más válido. El final de la letra es bárbaro: “Music will be my mistress loving like a whore / Lennon is a genius living in every pore. / Life is real, so real / Life is cruel, life is a bitch / Life is real, so real”.

Long shadow (de Joe Strummer a Johnny Cash): otro que tributó asimilándose a sí mismo como si fuera el homenajeado, fue el capo de Joe con sus Mescaleros. Lo triste de este caso es que Strummer dedicó el tema a Cash pero terminó falleciendo antes que el propio Johnny, y la canción debió ser incluida en el álbum en el que estaba trabajando cuando murió y que terminó siendo póstumo, Streetcore. Strummer se vuelve un cantante country por 3 minutos y pico, acompañado sólo por su guitarra.

About a boy (de Patti Smith a Kurt Cobain): genio y figura en esto de dejarnos paralizados, en su retorno total de 1996, la tía Patti se mandó esta barbaridad de obra para Kurt. Ocho minutos de clima puro, donde el sentimiento se nota tan verdadero que hasta me atrevo a decir, es una canción difícil de escuchar. Había otros temas para Cobain pero este es insuperable y deja sin palabras. Tan simple como eso. Y tan simple como que LMEDA ama a Patti Smith por sobre todas las cosas (?).

Que lo disfuten.

miércoles, 24 de junio de 2009

Morphine en oraciones vagas

- Morphine fue un grupo estadounidense de ¿rock?, sin guitarras.
- Morphine fue un trío (cuarteto) poco común: batería, bajo (casi siempre, sólo las dos cuerdas de arriba, las más graves) y saxo... a veces doble.
- Morphine tiene el nombre perfecto para una banda como Morphine.
- Morphine sacó un disco en 1993 -Cure for pain, como dice arriba- que es sencillamente una hermosura. Tienen cuatro más.
- Morphine me pone los pelos de punta con Cure for pain -la canción- y con In spite of me, digna del Lou Reed más tétrico y hermoso.
- Morphine tenía un cantante con nombre de asesino serial, Mark Sandman, que daba escalofríos con su susurro barítono.
- Morphine dio su último show en Italia, y fue lo último que hizo don Sandman en su vida... porque murió arriba del escenario.
- Morphine no es una banda recordada por muchos, lamentablemente.
- Morphine le hizo una fea portada a un disco tan hermoso como este.
- Morphine era sensual, era tierno, era violento, era funk, era jazz, era punk, era placer, era lo que quieras, era lo que sea.
- Morphine era una banda de la puta madre.
- Morphine... si no los escuchaste, no sé qué esperás.











(Cortito y al pie, venía escribiendo mucho...).

lunes, 15 de junio de 2009

Wilco y su canción en la década de la nada

El 30 de noviembre de 2007, hace menos de 2 años, escribí esto: "Ya termina otra década. A la hora de sacar balances musicales, y pensar por qué se caracteriza, lo primero que se me ocurre es... por las vueltas. Vueltas a un sonido retro y retornos de bandas muertas hace tiempo ya, pero que dejaron un legado que ningún otro grupo de 2000 para acá pudo hacer olvidar (aquí, allá y en todas partes)".

Desde ese momento para acá, terminé de confirmar un par de sospechas. La primera es que, en definitiva, la década '00 es la década de la nada y la vuelta atrás. La segunda es una desconfirmación de lo dicho aquella vez. Porque cambio mi elegido en estos años...

Ahora son los chicos de Wilco. Incluso siendo un grupo bastante clásico en sus formas, aunque inquieto estilísticamente, son quienes más han hecho por las canciones en estos años poco rutilantes: magníficos y sutiles, chiquititos y grandilocuentes, épicos y acústicos... Para colmo comandados por un geniecillo que hace de su migraña crónica algo bello (canciones), un duende que es hijo vocal de Neil Young y John Lennon y que forma parte del under yanqui hace ya muchos años (desde su proyecto anterior, Uncle Tupelo) . Jeff Tweedy, de él hablo, es probablemente uno de los autores clave de estos años. Un sensible de la vida, mas no un emo; un compositor taciturno pero no débil ni edulcorado. En síntesis: un arquitecto de los tres minutos perfectos.
En su misión, por supuesto, siempre buscó estar bien rodeado. Por eso Wilco es una finísima banda, un conjunto, y si bien es Tweedy el cerebro compositivo, encuentra en los demás no un grupo de apoyo, sino una banda que le da a cada canción un aura único: entre el fino clasicismo y el toque alternativo necesario.

Pues bien, toda esta parrafada elogiosa no viene porque sí. Por estos días sale un nuevo disco de los muchachos de Chicago -que hace tiempo está en la web y tiene de portada esa insólita imagen de arriba- y es otra obra maestra de la canción. Wilco (the album) nos ofrece once momentos para agradecer con un play casi todos los días: Wilco the song y un rockito de distorsión hasta ahí, ideal para arrancar; Deeper down y la canción enigmática, con el siempre invalorable y necesario aporte de esa bestia llamada Nels Cline en las seis cuerdas; One wing y los acordes perfectos y glamorosos de séptima mayor, una armonía increíble y una melodía mejor; Bull black nova y Velvet Underground se cruza con los Beatles de Come together, para generar una tensión digna de melodrama... Y llega la canción perfecta, cuando se acaban los adjetivos y no hay descripción que valga. Para You and I, donde la voz de don Tweedy cede alguna estrofa para la bella, bellísima (voz de) Feist, el disco llega a un nivel de impecabilidad que, casi, perturba. Y por supuesto, emociona.
¿Y después? Después siguen las canciones notables, algunas alegremente otoñales (I'll fight), otras cuasi fiesteras (Sunny feeling, You never know), y por supuesto, los infaltables bajonazos épicos marca Wilco, esos temitas que parece que te conducen al suicidio y terminan dibujando una sonrisa en tu cara sin que te des cuenta de ello (Solitaire, y el final con Everlasting).

Sólo queda rezar -aunque no seas religioso, si te gustan rezás igual- para que a algún loco se les ocurra traerlos a Argentina, cosa que se rumoreó el año pasado y quedó en la nada. Para así confirmar que Wilco, sobre las tablas, también es lo mejor que uno puede ver en vivo... Porque en los discos ya demostraron que no hay mejor banda sonora en estos días que sus canciones: lánguidas e impalpables. (Ah, ¿todavía no los escuchaste? No tenés perdón de Dios, entonces. Creas o no en Él).

martes, 2 de junio de 2009

Una despedida para Los Piojos

Los Piojos se despidieron el sábado, y algo tenía que comentar.
Partamos de una base: tengo 23 años y desde los 13 que escucho a la banda. Me atrevería a decir que son el único grupo que escuchaba a esa edad y que hoy sigo escuchando. Desde ese momento hasta hoy, mis espectros musicales se ampliaron -mucho, muchísimo- pero ellos siguieron ahí.
Hago esto porque me causa gracia el ensañamiento que suele haber con Los Piojos por parte de un público rockero que suele ser muchas veces prejuicioso, otras tantas elitista y, casi siempre, desinformado. Los Piojos fueron una banda que dividió aguas: a poca gente le dan igual.
A mí no, está claro. Es más: me parece que fueron la mejor banda de su generación, al menos de las que llegaron. Su estilo clásico pero con elementos originales -mezclaron muy bien el rock con la música rioplatense- dio forma a muchas canciones notables, en diferentes marcos musicales que se fueron ampliando con el tiempo, convirtiéndolos en una banda ecléctica como pocas: rock and roll, rock de aires más punk, murga, baladas (con sabor candombero infalible o no, cosa que también aplicaron en sus rocandombes), aproximaciones al tango y el folclore argentinos, funk, reggae y, en los últimos tiempos, algunos roces con la electrónica.

Desde la partida de Dani Buira como baterista, la banda tomó otros rumbos y cambió su esencia rioplatense por un sonido más power. Por lo general, el desencanto de muchos fue de la mano con esa época final, la que engloba sus últimos tres discos de estudio (Verde paisaje del infierno, Máquina de sangre y Civilización). A mí me parece que cuentan con una discografía irreprochable, con puntos altos y otros no tanto, pero sin discos malos: siempre aprobaron.

Creo que el aspecto más elogiable de Los Piojos se encuentra en el show en vivo. Mi suegro, que anda por los cincuenta y pico, me decía el sábado que nunca vio algo así con un grupo de rock: el gancho con la gente, su inmensa popularidad, es algo inexplicable y lógico a la vez. Con un frontman como Andrés Ciro Martínez no podía ser de otra manera. Carismático, con gracia, muchas veces tribunero -ojo: los mismos que le critican eso lo aplauden en bandas extranjeras o en bandas nacionales que fingen lo opuesto, por lo general con un nivel de pose insoportable-, Martínez es, además de un buen cantante menospreciado, uno de los tipos con más presencia escénica que he visto sobre las tablas: logra que todos lo miren a él, de ahí el chiste de que Los Piojos eran Ciro y cuatro músicos sesionistas (cosa que, dicen, era bastante así en el último tiempo, yo no me atrevo a opinar sin información de primera mano, aunque puede ser). Lo importante de toda la cuestión es que siempre brindaron shows en vivo donde pocos en el público se quedaban quietos: Los Piojos contagiaban a cualquiera. Siempre sonaron bien y se preocuparon por brindar un buen espectáculo en cuestiones ajenas a esos tipos tocando arriba del escenario, por lo que su show visual también logró ser en muchas ocasiones imponente, casi de nivel internacional.

Entonces, ¿cuál fue el karma de Los Piojos? Además de contar con un par de hits torpes, cosa que pasa con todas las bandas (por eso siempre creí que para criticar a un grupo es un deber escuchar sus discos), cargaron toda su carrera con el peso de ser una de las bandas estandartes del rock chabón o barrial, un título inventado por no sé quién, sólo con fines denigrantes. Fueron una banda surgida de un barrio, sí, como Almendra y Manal lo fueron… ¿Y? No encuentro mucho sentido en ello. Sí puedo apreciar más aquel mote en un grupo como La Renga, que habla de haber transitado toda la vida las mismas calles, y no está mal. De ahí al desprecio con el que se suele utilizar el término hay un trecho bastante grande.
Algunos, cerca del colmo de la estupidez, se atrevieron a decir que el grupo representó al menemismo en el rock, algo más inexplicable aún.

En fin: la banda surgida en un barrio se transformó en un grupo de estadio, sin vergüenza, con pergaminos y haciendo lo que querían, con el cartelito de independiente llevado con orgullo (y un sello discográfico que incluso de jacta de editar artistas de renombre como Manu Chao). Su partida, guste o no, deja un hueco en el rock argentino: los grandes estadios van a extrañar como resonaban esas melodías dignas de sus estructuras.

martes, 19 de mayo de 2009

U2 y yo

En las relaciones humanas suceden cosas raras: suele darse por los designios del destino (?) combinados con el maldito y fatal azar (?), o simplemente porque uno a veces puede ser muy hijo de puta (!), que una persona te caiga mal sin conocerla. Sólo con verla, mediante la famosa frase no me gusta tu cara o al escuchar dos palabras de su boca, se dibuja una cruz ficticia sobre el rostro del susodicho.

¿Qué carajo tiene que ver con U2 este parrafito estúpido? Que con ellos, de alguna manera, me suele pasar eso. O me pasaba hasta hace poco. No me gustaba su cara, y no me terminaban de caer (bien)*.
Los irlandeses son, desde su existencia discográfica, -porque aunque no lo crean, arrancaron en el '76, mismo año en que surgieron los Redondos- uno de los grupos de rock más grandes del mundo todo. Son también, hace una buena cantidad de años, ese gran grupo que no me terminaba de cerrar, aunque reconocía muchas (y grandiosas) canciones, alrededor de 40 o 50 temas entre tantos hits y algún que otro tema no tan conocido.
La razón fundamental para mi mirada desconfiada era (es) Bono, y la incontable cantidad de gansadas que hace.

Nuestra relación se arregló hace poco**, ante la salida de No line on the horizon.
Desde que tengo internet, todo lo nuevo que sale en materia musical y es recibido por mí como noticia más o menos interesante, va al rígido de esta maltrecha PC en la que estoy escribiendo.
Desde que tengo banda ancha aquí, U2 no había sacado disco nuevo. Saquen ustedes la cuenta.

Sencillamente, bajé NLOTH, le di play tres o cuatro días seguidos y me encantó: hay vida musical, fuerza, baladas, potencia bien elegida y canciones memorables como Magnificent. Y gracias a todo esto, me olvidé un poco de lo boludo que puede ser el líder de un grupo de rock detrás de propósitos autoindulgentes al pedo.
Mi operativo Démosle la chance que merece a U2 comenzó: bajé discos que no tenía, como Zooropa (cuya portada ilustra el post), y otros que había escuchado, me habían gustado y los había borrado, como Achtung baby.
Y no me queda más que rendirme ante la evidencia: U2 es una gran banda, que ha hecho muchas de las mejores canciones pop de los últimos 25 años, ha experimentado, ha hecho varios y variados grandes discos y en un par ha fallado también (Pop y How to dismantle an atomic bomb, justo de los pocos que había escuchado...) .
Para no molestar más con mi palabrerío les dejo Zooropa, 10 excelentes piezas que siguen sonando modernas (destaco Numb, en la voz de The Edge, y con el mejor videoclip de la historia; el logrado tema homónimo; y Stay, por elegir un par). Estribillos + electrónica, ni un solo hit (debe ser el único disco de ellos que no tiene un hit claramente reconocible), y Johnny Cash con su estelar voz invitada como cierre.

* Excepto The Edge, que siempre fue, es y será un crack.
** Perdón por tanta estupidez junta.

viernes, 24 de abril de 2009

Divaguemos


Es lo único que puedo proponer un viernes a la noche luego de que mi plan nocturno falló gracias a las remiserías de San Miguel.
Esto se me está ocurriendo ahora porque me obligué a escribir algo. Tengo otras cosas por mostrar pero ahora no tengo ganas de que lean aquello; sí me interesa que respondan las siguientes preguntas, con la mayor sinceridad y gracia posible. Yo las voy a responder también para dar el puntapie, y hago esto porque siempre que surge el tema las charlas se vuelven muy interesantes. Vamos a las preguntas:
1- ¿Cuál fue el primer disco que compraste?
La paciencia de la araña, de los Caballeros de la Quema. Tan mal no estuvo.
2- ¿Cuál es tu primer recuerdo musical? (Acá me interesa la respuesta de gente más bien mayor).
El casette de mi tía de Sandro y yo cantando sobre él. Existían grabaciones mías cantando -de muy niño- pero destruí la cinta. Al final se arruinó la copia y pasé de Sandro a El amor después del amor, que estaba en casa, por supuesto.
3- ¿Qué canción te gustaría haber compuesto?
Like a rolling stone, me emociona todas las veces que la escucho. Y un millón de canciones más, pero LARS es algo así como la canción madre.
4- ¿Qué veinticinco discos (25, van a ver que parece mucho pero no es nada) salvarías de un incendio?
Esto cambia todos los días, pero probemos (LO QUE PRIMERO LES SALGA ES LO QUE PONEN. NO VALE REPETIR ARTISTAS, NI SIQUIERA EN DISTINTOS PROYECTOS. Ejemplo: si ponen un disco de Lennon, no vale uno de Beatles. Si ponen uno de Peter Gabriel, no vale uno de Bersuit (?)).
Marquee moon - Television
Revolver - The Beatles
Blonde on blonde - Bob Dylan
Diamond dogs - David Bowie
Let it bleed - The Rolling Stones
Bryter layter - Nick Drake
Blue - Joni Mitchell
Manal - Manal
All mod cons - The Jam
Loaded - The Velvet Underground
Meddle - Pink Floyd
Kamikaze - Spinetta
Give 'em enough rope - The Clash
Sky blue sky - Wilco
Nadir's big chance - Peter Hammill
Led Zeppelin II - Led Zeppelin
Blank generation - Richard Hell and the Voidoids
Parte de la religión - Charly García
Disintegration - The Cure
Songs for the deaf - Queens of the Stone Age
Gone again - Patti Smith
Electric Ladyland - Jimi Hendrix
Flopa Manza Minimal - Idem
Highway to hell - AC/DC
Harvest - Neil Young
5- ¿Cuáles son tus veinte piezas musicales favoritas? (TAMPOCO SE PUEDE REPETIR)
Like a rolling stone - Bob Dylan
She said she said - The Beatles
Venus - Television
Gimme shelter - The Rolling Stones
Dancing barefoot - Patti Smith
Sad song - Lou Reed
Credulidad - Pescado Rabioso
Brain damage - Pink Floyd
Estallando desde el océano - Sumo
Blank generation - Richard Hell
Castles made of sand - Jimi Hendrix
One of these things first - Nick Drake
Llorando en el espejo - Seru Giran
Puente - Gustavo Cerati
London calling - The Clash
Blue in green - Miles Davis
All I want - Joni Mitchell
Motorpsico - Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota
Muy despacito - Los Piojos
Caribou - The Pixies

6- ¿Qué canción ridícula o "que no te debería gustar" te agrada?

El universo sobre mí, de Amaral; La ventanita, de Sombras, y unas cuantas más. Debe haber alguna de Julieta Venegas (que me cae muy simpática) y de Soledad también.
7- ¿Cuál fue el mayor bochorno musical que presenciaste?
La 25 en Cosquín Rock 2005. Me sorprendieron tantos pifies, tan notorios. Y me aburrí mucho, la verdad. Juana La Loca y Adicta para 50 personas también fue patético, pero más simpático al menos.
8- ¿A quiénes del ambiente musical odiás?
No sé si es odio, pero me hace mal ver -y no me molestaría que desaparezca- a Emmanuel Horvilleur, así como La Mancha de Rolando, Nonpalidece, Miranda!, Franz Ferdinand, Juanes, Coldplay de X&Y en adelante, Bruce Springsteen -¡ni siquiera sé muy bien por qué!- y clones varios. La lista es larga, pero si pensé en ellos primero por algo debe ser... igual trato de ignorarlos.
9- ¿Todavía comprás discos?
Sí, porque es lo único que sé regalar y porque son objetos preciados y de colección. Y el disco es el disco: el librito, el orden de los temas, la portada... nunca va a ser lo mismo el mp3.
10- ¿Fueron muy pelotudas las preguntas?
Sí, pero también son jodidas porque no entra la música en números tan chicos.

lunes, 6 de abril de 2009

Los dueños del vuelo

Ahí va otro post largo, a pedido de los dos seguidores de este blog. Paz para Charly, y Say No More:

Adiós Sui Generis, hola Máquina
Le ha sucedido a más de uno lo que le tocó vivir en carne propia a Charly García post Sui Generis. La disolución de un grupo de rock reconocido suele convertirse en cuestión de estado, pues las histerias de la popularidad vuelven bomba cualquier noticia inesperada.
García colgó a Sui Generis en la percha en septiembre de 1975, luego de un disco tan incomprensible para el público como la separación posterior: Pequeñas anécdotas sobre las instituciones significó un cambio radical en el rumbo musical del grupo, y la gente no hizo el clic necesario para poder disfrutarlo. Aquello era un rock elaborado, con letras que reemplazaban las historias juveniles de Vida y Confesiones de invierno por censura y shows de muertos. El chico que hacía canciones folk, música joven, estaba cambiando. Pero los demás no, y eso le afectaba. Por eso dijo basta.
Luego del famoso adiós de Sui en el Luna Park, García sintió que su camino iba por aquel sendero, el tomado en el último disco de su ya ex banda. Después de un tiempo de reflexión, con visitas al analista incluidas, Charly empezó a caer seguido en la oficina del ex manager de SG, Oscar López. En el lugar había un órgano Farfisa, y allí comenzó a componer. Según contó en una entrevista en 2002 para Rolling Stone: «me llevaba los grabadores, me armé como un miniestudio. Ahí compuse ¡Ah!, te vi entre las luces. El socio de Oscar López tenía discos de Genesis, que entonces no era muy escuchado acá: Trespass, Nursery Crime... Yo hice varias canciones como mini óperas. Cambié. Tenía los instrumentos en el momento correcto, salió toda la parte clásica que llevaba adentro y me sentí como pez en el agua. Al primero que llamé fue a Moro. Escuchamos un LP de Herbie Hancock, Head hunters, un tema que se llamaba Chameleon y le dije: ‘Esto es lo que quiero hacer’». Ese tema de Hancock dura casi 16 minutos, por si no sabían, y para dar una pauta de lo que vendrá.
El siguiente en recibir el llamado de García fue el bajista de Crucis, José Luis Fernández. También aceptó la interesante propuesta, ya que a pesar de que Crucis era una banda prestigiosa que se estaba haciendo un lugar en la escena, tocar con Charly ya significaba subir un escalón, de una. Así, como trío, debutaron en un show poco publicitado en Córdoba.
El nombre para el grupo cayó un poco por casualidad, y otro por sonoridad. Se llamaron La Máquina de Hacer Pájaros gracias a una historieta que Crist publicaba en la revista Siete Días, en la que el protagonista era un tal... García. Según el García de esta nueva Máquina, «el nombre era muy bueno para lo que yo quería hacer, una cosa sinfoniosa, con vuelo».
Luego del show cordobés, se incorporó Gustavo Bazterrica, guitarrista de Celeste, y con esta formación de cuarteto tocaron durante un par de meses del ’76 en La Bola Loca, un bolichito propiedad de Atilio Stampone que les sirvió para hacer sus primeras armas.
El último en llegar fue el tecladista Carlos Cutaia, que tenía en su prontuario rockero el haber sido parte de Pescado Rabioso durante la época del grandioso disco doble Pescado 2. La formación del grupo quedó, de esta manera, con dos tecladistas: los Carlos se encargarían de darle un toque original a la música que uno de ellos -García, claro- estaba componiendo, muy sofisticada y llena de arreglos. (Durante los shows de La Bola Loca, además, habían probado a dos coristas, Héctor Dengis y Ana Quatraro, que finalmente no fueron de la partida).

Al psicólogo
Lo primero que hicieron cuando entró Cutaia al grupo, fue... ir al psicólogo juntos. Habían leído que los miembros de Les Luthiers hacían eso y les pareció una idea interesante. Contó Charly en aquella nota de Rolling Stone: «Imagináte: Cutaia, copado; Moro: qué carajo estamos haciendo acá (risas)... Cutaia y yo éramos los que más o menos disfrutábamos la experiencia. El tipo le preguntaba a Moro y Moro le hablaba del rock, del blues, y me acuerdo que José Luis tardó en llegar, y a la media hora estábamos todos hablando mal de él. Y en eso entró y dijo: ‘¿Hablaban de mí?’. Nos cagamos de risa y nos fuimos a la Costanera a comer un asado. Ya era Charly García, todo el mundo estaba esperando que grabara un disco; no había disuelto Sui Generis para no hacer nada. Era un momento genial para pelar otra cosa».
La idea de Charly, desde que planeó al grupo, era ser un integrante más. En una entrevista dada a la revista CantaRock lo contaba: «Yo tenía intención de formar un grupo en el que fuese uno más que aporte a la música del conjunto. Yo estoy un poco cansado de ser el líder, ha llegado la hora de cambiar y creo que por fin encontré la gente con la que puedo hacerlo».
En el país, y mientras Charly comenzaba a desarrollar este ambicioso proyecto, los militares se hacían del poder para continuar con los años negros de gobiernos anteriores. Lo que venía era peor, pero el grupo no detuvo su marcha a pesar de ello. De hecho, la lírica de Charly se volvería cada vez más comprometida respecto de la horrenda situación social que atravesaba el país.

Pormenores del primer pájaro
Charly tenía mucho material listo y, casi sin darse cuenta, comenzaron a grabar en los estudios ION, justo en la mitad del convulsionado 1976. Algunas composiciones eran de la última época de Sui Generis, más emparentada con la actualidad de García en aquellos días, pero casi ninguna logró sobrevivir ante las nuevas creaciones pensadas para los cuatro músicos de La Máquina. Charly reafirmaba las intenciones de la banda en todas las entrevistas: «apuntamos a hacer una música sutil, que contenga la polenta del rock pero completamente en otra onda, siendo además muy rigurosos con el sonido. Meteremos la voz como un instrumento más».
Cuatro meses en el estudio y ya tenían su primer larga duración listo para ver la luz. A pesar de sus intenciones de ser uno más, Charly se hizo cargo de la composición de todos los temas que integraron el álbum. Su fuerza creativa sería arrolladora en aquellos funestos años del país: entre 1976 y 1983, García editó al menos un disco por año.
Este, el debut homónimo de La Máquina de Hacer Pájaros editado por Microfón a fines del ’76, lo mostraba como el líder natural de un ensamble híper ensayado, con un nivel de sofisticación que pocas veces vimos por aquí. Eran (son) casi 40 minutos de rock elaborado para oídos exigentes, pero atención: no sólo las orejas progresivas podían captar el vuelo de esta Máquina. En el debut, que además contaba con el detalle de haber sido producido en conjunto por los cinco miembros, buscaron el equilibrio para que el término progresivo no fuera reemplazado instantáneamente por tedioso. Y aunque lo lograron, nunca son las mismas las proporciones de un éxito como podía ser el debut de La Máquina en comparación con un grupo sencillo, con base folk... como Sui Generis. García comenzaba a esquivar fantasmas del pasado.
La portada del álbum, por supuesto, fue diseñada por Crist, y es un nuevo capítulo de la historieta García y La Máquina de Hacer Pájaros, con una simpática introducción al grupo y el nombre tal como el de la tira, con el García adelante.
Fue para la época (eso dicen) el disco más costoso en la historia de la música argentina. Costaba el doble de lo que un disco normal.

La Máquina, tema por tema
La apertura llega de la mano de Bubulina. Única sobreviviente de la era Sui, la pieza arranca en clave sombría y se va desenvolviendo hasta ser, probablemente, la más pinkfloydeana obra escrita por García en todo su repertorio. A pesar de haber sido dedicada para su mujer de entonces, María Rosa Yorio, la letra zumba en los oídos con una oscuridad sorprendente. Bazterrica solea, arranca la banda (Cutaia no toca en este tema) y el guitarrista improvisa mientras García dice: «Para hacer esta armonía es preciso un nuevo ser, capaz de nacer mil veces sin crecer, cuatro notas separadas y la oscuridad total, ya no queda tiempo de mirar atrás». Cuando amaga con tornarse más oscura, aparece una luz de esperanza que también suena a rara advertencia: el protagonista ve el horizonte en la mañana y «de pronto todo parece estar bien». Las intenciones progresivas se destapan más hacia el final.
En el segundo track, de corte más folk gracias a las guitarras acústicas, parece que volvió el García hippie de Sui Generis... pero hasta ahí. Cómo mata el viento norte, esa es la obrita en cuestión, presenta una alegría campestre -enmarcada por sintetizadores, ojo- bastante sospechosa: «La tierra es nuestra hermana, Marte no cede al poder del sol. Venus nos enamora, la Luna sabe de su atracción». Pero luego dispara: «Mientras nosotros morimos aquí, con los ojos cerrados no vemos más que nuestra nariz». El marco musical desborda de candor y la canción parece ser el nexo perfecto entre las melódicas formas de la primera banda del ahora gordito y la prestancia de lo que vendría, Serú Giran. A su vez, podría ser parte de cualquier disco del García de los primeros ochentas, al menos por la logradísima ambigüedad que se presenta en la fusión de letra y música. Suena raro que en un disco de rock sinfónico haya una pieza que no llegue a los 3 minutos, pero es el caso. Como detalle, participan en los coros Nito Mestre y María Rosa Yorio.
Boletos, pases y abonos continúa nuestro recorrido y ya es, directamente, Serú antes de Serú. El trabajo de ambos tecladistas es notable en el clima del tema, tanto como el del tándem Moro-Fernández. Siguiendo en lo estrictamente musical, el tema presenta un segmento prog llamado Final crucial, que enlaza solos de guitarra y bajo mientras los otros músicos despliegan un pegadizo riff que se vuelve un mantra denso. Luego, terminan improvisando teclados y guitarra, para concluir con una sección melódica bellísima, con un Moro genial de fondo, hasta el quiebre del final. Es lo único en todo el disco que no compuso el autor de Clics modernos: es obra de Pino Marrone, de Crucis.
¿La letra? Esto dijo García en el Expreso Imaginario, entrevistado por el trío Lernoud-Kleiman-Pistocchi: «Después del Luna Park y la película, empecé a ver desde afuera toda la bola que se había armado con Sui Generis, sobre todo la relación de las chicas y los chicos conmigo. Empecé a analizarlo y me pareció raro, hasta gracioso. Yo no hago nada para que me tengan de ídolo, yo sólo canto y toco en el escenario. Y en el Luna Park tenia visiones de gente que lloraba, de madres e hijas sufriendo la separación del grupo. Y entonces empecé a componer sobre eso». Para que se entienda un poco mejor a qué vienen los dichos de Charly, un fragmento de la letra: «madres, hijas, hermanas, van a escuchar el llanto del adiós, del adiós (Sui Generis). Pronto en ésta ciudad me van a nombrar ciudadano legal, como vos. Soy el hijo de todas y el amante también. ¿No se atreve, dulce mamá, a ser mi mujer infiel?». Todo dicho.
No puedo verme más es una frenética composición, llena de idas y vueltas rítmicos. Es el momento en el que el disco termina de mostrar a la banda como una máquina ultra aceitada, virtuosa y consistente, con Oscar Moro y Gustavo Bazterrica como grandes protagonistas: en los redobles y ritmos del primero y los riffs del segundo se esconde la magia envolvente de la, hasta aquí, pieza más dura del álbum. Charly se refirió alguna vez a No puedo verme como una canción que habla «sobre la incapacidad de reconocerse». Para un tipo como él, un artista tan sensible, vivir tiempos de dictadura generaba este tipo de preguntas, además de volverlo un francotirador de frases soberbias: «Cara de miedo le dijo al disfraz: necesito verme asustado. No hay maquillaje para quien no ve su reflejo por ningún lado». Participan quienes fueran coristas del grupo inicialmente, Héctor Dengis y Ana Quatraro.
El quinto tema redobla la apuesta de velocidad, y es una trompada que lleva el simple nombre de Rock. «Vamos al campo, ves cómo sale el sol» y «desoxidémonos para crecer» son las órdenes que aúlla como un loco García. Otra vez lo mismo, otra vez huir de la ciudad, como en Una casa con diez pinos (Manal), como el tren hacia el sur de Almendra... Charly lo pidió unos años más tarde, pero se ve que todavía hacía falta. O era ironía. La canción pasa por diferentes estados en sus cuatro minutos y pico de duración. Arranca baladísticamente y se vuelve un rock furioso, denso pero simple. La intensidad desemboca en una zapada en clave jazz-funk, hasta que se vuelve al rock, y otra vez a bajar... para subir en el épico final sinfónico. Épico como los dos últimos momentos del debut: Por probar el vino y el agua salada y ¡Ah!, te vi entre las luces.


Grandioso cierre
La candidez de Por probar el vino y el agua salada radica en su bella melodía y su andar alegre; es en definitiva la canción más pop del disco. Esa es su épica: ser pura melodía en un disco que es mucho más; que tiene mucho más. Resuenan otra vez los ecos de Sui Generis, y la entrañable figura de Jorge Pinchevsky aparece aportando su violín. Charly, aquí, toca el bajo.
Para el final, La Máquina dejó la obra más extensa de todas. Once minutos de duración para la mini ópera de cierre y, paradójicamente, la letra más corta de todo el disco. Sólo dice esto:

Nadie habla, nadie de pie
¿Estás lista para viajar?
¿Estás lista para venir?
Está bien, está bien, está bien...
Estás sentada en el aire.
Nada de luz
Esperando que marquen tres
Esperando verme otra vez
Está bien, está bien, está bien...

¡Ah! Te vi entre las luces
Con tu cara toda azul.


Breve y directa, habla de la situación del público en un recital. Si recordamos cuándo compuso el tema su autor (en la oficina de Oscar López, antes de formar La Máquina) puede y debe tomarse como otra referencia a aquel público, mayoritariamente femenino, que lo iba a ver cuando Sui Generis aun era realidad. No por nada la tercera persona de la canción es ella y no él.
La canción es maravillosa desde el plano musical. La melodía es marca Charly, y la épica en este caso se construye desde la tensión que propone la dupla García-Cutaia en las teclas. En estos 11 minutos, la canción de piano se vuelve zapada, parece que termina pero no mientras el bajo suena como nunca, y todo vuelve a empezar para, ahora sí, concluir con una coda oscura que repite el último verso del tema y un solo de guitarra memorable, cortesía del vasco Bazterrica, que desemboca nuevamente en los tecladistas estrella y el final.

Lo que siguió
La Máquina presentó el LP en el Teatro Astral, entre el 17 y el 21 de noviembre de 1976. Agotaron todas las funciones: la gente quería ver a García en acción y esta era la oportunidad. Charly declaraba en Expreso Imaginario: «Hace años nuestros problemas eran más simples, había que romper con toda una mentalidad. Ahora, que mucha gente ya dio ese paso, hay que seguir hablando. No puedo hablar de cosas nuevas con viejas palabras. ¿Qué puedo hacer si ahora no me entiende todo el mundo y lo de la Máquina resulta un poco oscuro? Hay que inventar un mensaje nuevo…». Las críticas del disco eran buenas, pero Charly sabía que la gente iba a verlo a él más allá de La Máquina. Era imposible lograr que fuera uno más, aquello que era su idea se cayó a pedazos instantáneamente.
Después de su brillante debut, editaron un segundo álbum en 1977, el también soberbio Películas... y cuando nadie lo esperaba, Charly dijo basta. Ya habían llegado al Luna Park, el mismo recinto que había despedido a Sui Generis. La prensa los elogiaba, el público comenzaba a entender, pero García agradeció por todo y les dijo a Cutaia, Moro, Fernández y Alejandro Cavotti -quien había reemplazado días atrás a Bazterrica- que la banda era de ellos, que hicieran lo que quisieran. Por supuesto, no siguieron: sin él no era lo mismo.
Eso sí: la despedida fue a lo grande, ya que Charly organiza el 11 de noviembre de 1977 el Festival del Amor, de nuevo en el Luna Park. Allí despide a La Máquina, reúne a Sui y PorSuiGieco y toca con varios amigos más, entre ellos David Lebón, quien sería su socio en la nueva aventura a emprender: Serú Giran.
La Máquina de Hacer Pájaros ya era historia en su carrera, un momento tan fugaz como brillante para las páginas del rock argentino más aventurado. No por nada, García recuerda con cariño, aún hoy, aquellos días sinfónicos: «ahí hacía lo que me gustaba».


domingo, 29 de marzo de 2009

Hablar de los Stones (¡2 años!)

- Siempre está bueno charlar con amigos -o quien se ponga enfrente- de música. Eso ya lo damos por descontado. Pero hablar de Beatles, Stones y demás bandas legendarias es aún más cebador y simpático, porque aparte casi cualquiera se prende a opinar.
- Invariablemente, casi sin excepción, si la charla se torna larga (nada raro) y es de noche, se termina con una guitarra cantando hitazos.
- Otro infaltable es la elección del stone favorito. Sin esto, la charla no es tal. Y sin que Richards afane terriblemente en el rubro, tampoco. Yo voto por él y por Brian Jones.
- …¿Alguien votará por Charlie Watts?
- Detesto que en reuniones con mucha gente (cumpleaños, fiestas o lo que sea) cuando suena una canción de ellos, alguien pregunte “¿Estos quiénes son?”. Es algo inadmisible e imperdonable, ¡si ya son una marca registrada!
- Me gustan muchos de sus discos desvalorizados, infravalorados, o bien, destrozados por la crítica. El único que nunca me animé a escuchar es Dirty work. ¡Ya con esa portada alcanza para espantarse!
- Mi favorito de esos discos es Black and blue. Me parece casi perfecto, es todo onda, feeling, ritmo, swing… huevos, funk y rock and roll. La famosa quintaesencia del rock (¿cuáles son las otras cuatro?).
- La primera decepción que tuve respecto al disco fue reciente. B&B siempre quedó en la historia como el debut de Ron Wood en la banda como reemplazante de Mick Taylor. Pero el otro día, buscando información al respecto, me encontré con que el ex Faces y Jeff Beck Group... toca muy poco la guitarra en el disco. Wayne Perkins y Harvey Mandel son los que se encargan de complementar a Keith.
- Memory motel al principio no me gustaba. Conocí primero su versión en vivo con Dave Matthews, la de No security, y me parecía una balada algo fría. Con el tiempo, llego a la conclusión de que los Stones no hacen baladas malas, todas son como mínimo decentes. Y Memory es un temón, donde el dueto vocal Jagger-Richards se lleva las palmas.
- Hay en Black and blue dos demostraciones de cómo hacer mucho con poco. Hot stuff y Hey negrita, temas monocordes y súper funk, demuestran, justamente, un par de cosas: una es que los tipos tienen todo el ritmo del mundo, pueden tocar lo que se les cante y va a sonar suelto. La otra es que la música es mucho más que un acorde.
- Cherry oh baby es algo así como un reggae trunco… ¡parece que quisieran tocar a destiempo a propósito! Por supuesto que está genial, y además es una reafirmación de los gustos por la música jamaiquina, que ya venían de antes de parte de Jagger y Keith.
- El quinto beatle fue el sexto stone aquí, ya que Billy Preston participa del disco casi como un miembro más. De hecho, se dice que Melody fue compuesta por él, aunque en los créditos figure que fue hecha por la dupla de siempre.
- Podría seguir escribiendo... pero nunca cansa hablar de los Stones. Mejor la corto, aunque sea por un rato.


(PD: y sí, ya van dos años de este emprendimiento. Me encanta hacerlo, a pesar de que la discontinuidad que está teniendo últimamente parezca decir lo contrario. Amo la música y trato de hablar siempre de lo que me gusta, en un mundillo en el que muchos hacen lo contrario... Lo mejor fue y es encontrarse con gente interesante, que comparte gustos y material, y tira buena onda. Trato de hacer lo mismo y espero que les guste. Me sorprende a mí mismo seguir haciéndolo, ni siquiera me acuerdo qué hacía hace dos años... Gracias a todos ustedes por entrar acá, no quiero nombrar gente para no olvidarme de nadie. De vuelta: gracias, en serio)