viernes, 21 de noviembre de 2014

Pez en Ushuaia: Desde el cielo sólo baja un viento que azota

TEXTO: Lau Larrea
FOTOS: Cecilia Bellotti


Mientras empiezo a escribir esta crónica en Buenos Aires, suena de fondo El manto eléctrico -el nuevo disco de Pez- y la emoción perdura desde el domingo pasado en Ushuaia. Pez cerró allá su primera gira patagónica.

El primer recital que recuerdo haber visto de ellos fue en Costanera Sur -durante las vacaciones de verano del ´99- junto a Cienfuegos y Los Fabulosos Cadillacs. Fui porque en Ushuaia había escuchado hablar de la banda. Al volver, mi hermana me grabo un TDK con Pez (1998) y algunos temas de Quemado.

"Buenos Aires es tan cruel/ la nostalgia es corazón en este estúpido lugar" decía un bloc de notas en el que mi hermana había dibujado una muchacha mirando un horizonte montañoso. Ese bloc de notas me acompañó desde que me mudé de Ushuaia a Buenos Aires en el año 2000, cada vez que anotaba o buscaba algo lo veía; la nostalgia era un sentimiento recurrente por esas épocas.
Gracias a ella fui a ver Pez en el Club del Vino presentando Convivencia sagrada, también recuerdo haber ido a la facultad de Ciencias Económicas con ella. Y por un par de años, hasta el 2006, no fui a verlos en vivo.

En 2007 les escribí para preguntarles por lo invernal y sureño que notaba en las últimas canciones de sus últimos discos, Hoy (de Hoy) y Existencialismo (de Los orfebres). Ambos me parecían temas muy fueguinos. Fósforo García, el bajista, me respondió que no había una razón específica, que era casualidad, sin embargo me contó que siempre quisieron ir a tocar a Ushuaia, que para ellos era una suerte de "tierra prometida" y que siempre les escribían mucho desde allá; pero que era difícil por las distancias y los costos.

Empecé a soñar lo que sería ver a Pez en Ushuaia, y repasé mentalmente toda la gente que conocía de allá que realmente disfrutaba de Pez, era mucha gente. Recuerdo una clase de la facultad en la que me paré delante de todos mis compañeros y les espeté que Pez era "mucho muy grande" en Ushuaia; gracias a ese fervor gané un amigo de la clase.

Este año Pez anunció su primera gira por el Sur y les volví a escribir para confirmarlo ya que quería ir. Alguien contestó desde el Facebook que el 9 de noviembre tenían fecha para tocar en Ushuaia. Era septiembre. Invité a una amiga fanática de Pez y sacamos los pasajes.

Noviembre suele ser un mes hermoso en la Patagonia. Los días empiezan a ser más largos, el sol radiante descongela la nieve de las montañas y los árboles se ven con un verde frondoso. El paisaje se compone de distintas tonalidades de azules de cielos abiertos, lagos y mares; los verdes de Ñires, Lengas, Pinos y Colihues, el gris del ripio que une una ciudad con otra, todos componen una imagen de cuento de Tolkien. El viento completa la pincelada  como marco a tan imponente belleza.
Aunque en Ushuaia nevó los últimos días de octubre y en las montañas permanecía la nieve. La lluvia fue permanente y la temperatura no fue superior a los 7 grados. Hacía frío y el viento frío se siente más duro aún. Se leía por las redes sociales que los muchachos de Pez estaban girando en la Patagonia Austral.


Ese domingo 9 salimos al mediodía y al parar en el mirador del Paso Garibaldi (un mirador en la cima de la montaña, desde donde se cruza la Cordillera de los Andes, que da al Lago Escondido) nos bajamos a sacar fotos. A los pocos minutos una camioneta frenó al pie del mirador y bajaron Fósforo García, Ariel Sanzo, Franco Salvador, Checho Marcos, Mauro Taranto y Mario Burgueño: los tres peces, su asistente, su sonidista y su manager. Pasaron a nuestro lado riéndose y  sorprendidos con las montañas. Mi amiga no se contuvo y los saludó, ellos respondieron cordialmente. Los saludé y les dije que viajábamos desde Buenos Aires para verlos, se sonrieron sorprendidos y nos agradecieron; nos preguntaron si habíamos estado la noche anterior en Río Grande ya que había sido un show hermoso y muy intenso. Nos contaron que estaban de viaje desde Río Grande a Ushuaia. Mi amiga preguntó si les podía sacar una foto, ellos subidos sobre la muralla con la cordillera y el lago de fondo. Los saludamos y seguimos. Me reproché no haber hablado más. Tenía una idea de lo que quería preguntarles. Nos despedimos hasta la noche.

En lugares tan inhóspitos, tan chicos, tan lejanos, no pasan muchas cosas. El tiempo es distinto al de la ciudad. El tiempo y los días son distintos. La noche es luminosa. El tiempo en todas sus expresiones: las horas transcurren más lentas o de acuerdo a un tiempo ¿biológico?; el tiempo climático es caprichoso, en un mismo día puede llover, salir un sol radiante, nevar y estar nublado. Cuanto más al sur se va, en primavera/verano anochece más tarde y amanece más temprano.

A las nueve de la noche y bajo una lluvia torrencial poco común, con frío y viento, los Pez estaban (músicos, sonidista, apoyo logístico y manager) en la vereda del local, charlando con los que íbamos llegando, refugiados bajo el techo del lugar. Se los notaba con cara de contentos y cansados, se mostraban felices de estar ahí y de haber logrado la gira que, contaron, se bancaron ellos mismos y hacía muchísimo tiempo querían hacer. Ni Franco ni Fósforo habían estado en Ushuaia antes, Ariel recordó haber estado con los Cadillacs a fines de los ’90.

Todo el equipo habló de la gira dividida en dos partes. Calafate fue el parte aguas de esta gira. Parece que allí pudieron parar varios días en un alojamiento copado y hasta grabaron algunas cosas. También visitaron el Glaciar Perito Moreno. Hubo un antes y un después del Calafate (que les robo el corazón).

Ariel y Mauro estaban contentos con el frío, en cambio Franco no. De hecho, intentó pasear por el centro pero la lluvia y el frío lo desanimaron pronto. Fósforo fue el único que estuvo apartado del grupo hablando con alguien que parecía conocer de mucho tiempo atrás. Me hubiera gustado preguntarles por los públicos de la Patagonia, o por la lista de temas. Sólo atine a pedirle a Checho si por favor podía guardarme la lista para quedármela de recuerdo.

Al rato de esperar, todos fuimos entrando. Ariel y Mario se pusieron en una mesa a vender discos y remeras. Ariel, con muy buena onda, firmó cada disco que vendió. Se sacaron fotos con todos los que las pidieron, y charlaron con aquellos que se acercaban. Nosotras no fuimos la excepción.


Pasadas las diez empezó la banda local que los teloneó, Simón Radowitzky. El cantante presentó a la banda como "todos de San Vicente de Paul", un barrio histórico que se sitúa en la zona fabril, rodeado de galpones, depósitos y fábricas. Esta aclaración fortaleció lo que se escuchó después, letras con una mirada crítica sobre la sociedad fueguina y con mucha referencia a lo local. La banda tocaba un rock grunge, con mezclas de rap/hip-hop. A la formación básica de batería-bajo-guitarra se sumaban samplers, loops y efectos varios. Contaron que en pocos días salía su primer disco y saludaron tras poco más de 40 minutos de show para un público que arengó y cantó todas las canciones.

Un rato después Pez abría su primer show en Ushuaia con Barro (Desde el viento en la montaña hasta la espuma del mar). Ariel agradeció ese primer mail que le enviaron desde Ushuaia en el ’97 y comentó que esperaba "que no pasaran tantos años para volver". El público extasiado bailaba y pedía canciones, así fue que se coló Campos de inconsciencia; Minimal aclaró que El alma de Ana no sonaría porque era un tema para una ex y su mujer lo mataba si se enteraba de que lo habían tocado (todo en tono relajado y jocoso). La voz de Ariel no se notaba cansada, se los veía sonrientes y acalorados: más de 200 personas saltando en ese pequeño lugar emanaban mucho calor, por lo que pidieron que se abran las puertas... aunque para ese momento Franco ya tocaba sin remera. De repente y ante la mirada atónita de los presentes comenzó a sonar Ushuaia. A pesar de que ellos habían aclarado que no tocarían la canción ni en Tilcara ni en Ushuaia, sabíamos por las redes sociales que había sonado en El Calafate. Fue un momento de intensa emoción.

(Una particularidad del show en Ushuaia: salvo mi amiga y alguien del local que filmaba todo, no había fotógrafos. Fue como volver a un show de rock de hace 20 años, un lugar chico, todos amuchados y sin fotógrafos).

Casi 2 horas después de comenzado el show, terminó con el público enardecido cantando Malambo. Checho cumplió y mientras desarmaba todo, nos acercó dos listas de temas.


Al salir les preguntamos dónde paraban y hasta cuándo se quedaban. Nos contaron que volvían al otro día -al mediodía- y que, si llegaban, harían la excursión en Catamarán. Estaban cansados y ya tenían ganas de volver a casa.  Les había escrito para hacer una entrevista allá en Ushuaia, para hablar de la gira y del disco nuevo. Fósforo contestó que sí, que no habría problemas. Pero el momento post show no era el indicado para hacer la nota, así que pensé en escribirles para hacerla al regreso. Mientras tanto, escribo esto para no olvidar lo que fue Pez en Ushuaia (¡como si eso fuera posible!) y para compartir con quienes me preguntaron por el recital: Pez en Ushuaia fue un sueño cumplido y como dijeron ellos, ahora habrá que pensar... qué otro sueño queda por cumplir.

jueves, 6 de noviembre de 2014

Gabo Ferro y Luciana Jury, el milagro de una voz


Lo mejor del disco conjunto entre Gabo Ferro y Luciana Jury es que por momentos no se sabe quién canta. Las voces se funden, se confunden, histriónicas, se juntan, se chocan, se enmascaran, perturban. Llega un momento en que ambos son una sola persona, incluso cuando está cantando sólo uno de ellos: Jury podría ser Ferro y viceversa. No es que no se distinga la voz de cada cual, sino que ahí se explica la comunión que derivó en disco. La clave está en sus voces inquietas e inquietantes, en esa capacidad de trastornar la piel con un grito o un susurro.

Una de las grandes decepciones (entre comillas bastante grandes) de La la la, el disco de la dupla Spinetta/Páez, es que casi no junten sus voces para hacerlas una: cuando uno dice, el otro muta. Y aunque en sus músicas sí haya una influencia y afinidad evidentes, Fito y el Flaco no cantan precisamente parecido, por lo que la unión habría sido interesante para saber qué tercera voz salía de allí.

En El veneno de los milagros lo que sucede es precioso: dos de las voces más expresivas (vayamos más allá de las capacidades técnicas, esta gente canta hermoso pero además transmite), una tras otra, juntas, en un disco que pasa como un huracán emocional, como si los sonidos se desintegraran por la transparencia y la fragilidad que sale de ambas bocas. Cómo friza los sentidos por su punkitud (no me van a comparar esto con Green Day, por favor) y una interpretación sostenida por guitarras que pasan del arpegio espacioso al cuasimachaque hasta llegar al silencio, porque con la palabra y la búsqueda del perfume de las noches, basta; Estamos, estarás funciona como contraparte (“quiero ser lo que he reído, no sólo lo que sufrí”).


"Aire, necesito que te deshagas en soplos”, cantan. Amigos, ustedes dos hacen con el aire lo que quieren y más: los experimentos vocales de la susurrada y borrascosa Bayos negros dormidos dan escalofríos en un día de rayos, truenos y tormentas como hoy*. Para El extrañante, la trama conjunta es el punto cúlmine de la teatralidad vocal: por momentos Ferro y Jury recrean flautas al unísono, luego se vuelven hachas haciendo su trabajo letal sobre la madera indefensa (“la calma de un mar feroz”, dice Gabo y pone los pelos de punta). El acorde final es, casi, tan intenso y rupturista como lo que transcurre en los 3 minutos anteriores.

De golpe el disco termina y uno se queda pensando si lo que pasó fue una ráfaga de viento erizador de pieles o un cachetazo. Mientras, las voces pegan el golpe de knock-out. Las últimas palabras que se escuchan son éstas, las copio rápido porque el tiempo pasa: “Hemos cantado tanto para esto,/ para ver que se cante sin su riesgo. / Cantar, cantar, cantar, cantar / Mirar o ver, mirar o ver, mirar o ver”. El tiempo pasa, la canción (Mirar o ver) acaba, el disco termina. Jury y Ferro ven. Es hora de que muchos otros lo intenten.

Uno de los discos año (otra vez) si es que hay discos que duren un año o 34 minutos, como es el caso: aquí hay demasiado tiempo liberado. Ése es el milagro.




*Escrito durante las tres primeras (y sucesivas) escuchas del disco, el lluvioso miércoles 29/10/14. Foto de Luciana y Gabo por Alejandra López.

martes, 28 de octubre de 2014

Acorazado Potemkin, tres por tres


Tercera y última parte de la hermosa charla con los tres Acorazado Potemkin. No por casualidad publico todo lo que se habló (más allá de mi costumbre de hacerlo...): lo dicho por Federico Ghazarossian, Lulo Esain y Juan Pablo Fernández es interesante y profundo. La dosis de humor que tiene el texto me sorprendió a mí mismo al desgrabar y sorprende al releer: sospecho que Juan Pablo podría ser un tuitstar si se lo propusiera, por su capacidad para aprovechar el hueco y clavarla al ángulo con unas pocas y precisas palabras (aunque no creo que esto esté entre sus objetivos más próximos).

Lo demás ya lo saben. Que fuimos con Miriam y Vicky y que la charla abarcó un temario amplio o, como titulara la revista La García una vieja nota con Los Redondos, fuimos "del universo al bife". En este cierre, los AP nos cuentan cómo sobreviven (o no) de la música; reivindican la movida de festivales autogestionados por sobre los megaesponsoreados; reconocen a nuevos valores de la escena; y profundizan en el porqué de su nombre.

NOTA: Santiago Segura y Miriam Maidana
FOTOS: Victoria Schwindt

[PRIMERA PARTE - SEGUNDA PARTE]


"SOS MÚSICO Y... ¿DE QUÉ TRABAJÁS?"

MM: ¿Ustedes pueden vivir de la música?
JPF: Tenemos siete u ocho cosas que están incluidas en la palabra “música” (risas). Cada uno arma el puchero con un montón de cosas distintas. Yo, ponele, hago desde gráfica, hasta música para obras de teatro o películas.

SS: ¿Gráfica en qué, hacés diseños de discos y demás?
JPF: Sí, claro, soy diseñador gráfico. Y bueno, paro la olla haciendo muchas cosas... Como le pasa a la mayoría de la gente, en todo el mundo, salvo a los europeos.

MM: A los psicoanalistas nos pasa lo mismo. Igual es ridículo pensar que vas a vivir de una sola cosa.

SS ¡No debería ser tan ridículo! (Risas).
FG: Estaría buenísimo, para estar con la cabeza sólo en eso. Me gustaría vivir sólo de la música. Hace siete años que hago cualquier cosa: vendo rodillos, trabajaba en pruebas de coches, me contratabas para estar parado en la esquina y me quedaba parado en la esquina... (Risas). Pero porque musicalmente había meses donde no ganaba un mango. Hace cuatro años que estoy con cuatro o cinco bandas, algunas que son eventuales y otras más fijas, pero hay meses donde igual no llegás y entonces terminás haciendo cualquier otra cosa; aunque siempre esté pensando en música.

MM: ¿Pero no estás dando clases?
FG: Sí, tengo algunos alumnos, pero pocos...

SS: ¿Y ahora qué de todo eso hacés, aparte de la música?
FG: Lo de los rodillos. Salgo a vender rodillos y pinceles, hace siete años que lo hago, lo sigo haciendo porque… ponele, este mes estoy al horno (risas).

JPF: No musicalmente, económicamente (más risas).

FG: Tengo un par de alumnos y nada más.

LE: Y los alumnos van y vienen. Yo medio que me armo entre Acorazado, Valle y Motorama más los laburos que hago de drum-doctor, en estudios de grabación y eso. Y después tengo algunos alumnos. La otra vez estaba yendo a tomarme el bondi y me crucé con el verdulero, y me pregunta: “¿vas a laburar? ¿De qué laburás vos, Luciano?”. “¡Toco la batería!”. “¿Y ganás plata con eso?” (Risas). Entonces yo le digo: “¿qué es ganar plata, recuperar la plata que gastaste el mes pasado, o juntar para el mes que viene?”. Es un poco eso, saco de un lado y pongo en el otro, voy tapando huecos. Pero no hago otra cosa por fuera, todo está relacionado a la batería y a la música.

JPF: A mí el verdulero me dijo que nos había visto en Encuentro (risas).


LOS FESTIVALES, LAS BANDAS NUEVAS

SS: ¿Y con la Ley de la Música se activó algo ya?
LE: Todavía no, no hay nada claro.

FG: Eso de que no te tienen que cobrar el sonido, por ejemplo, todavía no cambió. O que tiene que haber un cachet fijo.

JPF: Igual a nosotros la experiencia nos juega a favor, ya sabemos por dónde movernos. Pero sigue estando el tipo que te hace vender entradas, sigue estando el que te cobra la cerveza...

LE: Y también pasa que sigue estando la banda dispuesta a pagar para tocar antes de una banda que viene de afuera. O incluso para tocar con bandas de acá. Y eso es lo que determina que se siga sosteniendo esa porquería de hacerle vender entradas a la banda, que pasa desde que yo era muy chico. Yo siempre me dije que nunca en mi vida iba a hacerlo. Igual, hay algo así como movidas paralelas, que no se cruzan. Hay un circuito de bandas que tocan en ciertos lugares, que capaz arman un festival de cinco grupos y no se prestan las cosas entre sí, y en la puerta tenés que decir a qué banda vas a ver... ¡Y se piensan que tocar es eso!

JPF: Y después hay otra cosa linda que está pasando en el ambientillo nuestro, y es que empiezan a animarse a hacer producciones más ambiciosas los productores de por ejemplo el Festipulenta, el FestiZAS, el Music is my Girlfriend, el mismo FestiPez que hacen los chicos... La gente y el músico no tiene miedo de animarse a ir a un escenario más grande; los músicos y los productores tienen ganas y entonces venís tocando en un lugar chico y de repente se alquila el Matienzo y se pone hasta los huevos porque todo el mundo quiere ir creciendo de escenario y de público, y de ahí se va al Konex y de ahí adonde sea.

FG: Hay gente que se está animando, y es lo que te da Internet de no depender de un gran medio o de una radio. Antes el festival era de tal persona y nada más. No por nada se creó el FestiPez, y lo que generaron es algo buenísimo, demostraron que se puede hacer.

JPF: En el FestiPez o en el Festipulenta cobramos todas las bandas lo mismo, tocamos todas las bandas la misma cantidad de tiempo, todos con el mismo sonido.

FG: Y no te cobran una fortuna, no te rompen el culo para que estés todo el día viendo el cartel de Pepsi ahí (risas). Esa política de festivales que te cobran una entrada de 600 pesos y vos tenés que comprarles el agua y el pancho a ellos, te tratan como el orto y no te dejan entrar comida. La gente paga para que la forreen. O largan una preventa del Lollapalooza y te rumorean artistas para que se vendan las entradas: “viene Jack White”.

LE: Claro, lo que pasa es que te conviene comprar las entradas ahora, ¡porque el año que viene van a estar una luca! (Risas).

MM: Volviendo a lo que decían de los lugares de acá, El Matienzo, por ejemplo, es un lugar que tiene su público más allá de los shows. Está el que va a los shows y también el que va a comer algo porque es un lugar encantador. Se abrió todo otro circuito, aunque Macri se la pase cerrando lugares...
JPF: Y en el Matienzo no hay patovicas en la puerta.

SS: Son pibes como nosotros los de la puerta.
JPF: Claro, es otra lógica también. Después hay algunas cosas que pasan que son rarísimas, por ejemplo: hacés una guitarreada en tu casa y te meten una denuncia, en vez de tirarte un huevo como hacían antes. Antes te puteabas con los tipos, te cagaban a huevazos, les decías “bueno, ya va…” (Risas). ¡Ahora tenés que tener una habilitación para hacer una guitarreada en tu casa!

MM: ¡Y si guitarreás no podés bailar, es increíble! 
JPF: Igual yo nunca hice temas para bailar (risas).

FG: ¡Tiene que ser "Clase B" tu casa! (más risas).

LE: Eso pasó, me acuerdo de alguna vez en el Podestá que empezaron a decir “por favor, no se paren a bailar”.

SS: Increíble. Mencionaron varios festivales, y ahí ustedes comparten fecha con bandas más jovenes. ¿Cuáles les gustan?
LE: Compartimos en los festivales con bandas a las que les llevamos 10 o 15 años, sí. Me gustan Riel, Atrás Hay Truenos, los chicos de Córdoba del [Un día perfecto para el] Pez Banana... No sé, hay un montón.

JPF: Los chicos de Marvin, que ensayan acá, Tulús, Crema del Cielo, Norma (aunque son un poco más grandes). Los más chiquilines de ahí son los Tulús.

FG: Y Las Diferencias...

JPF: Sí, Las Diferencias me encanta. También Sur Oculto, que son más grandes pero son buenísimos.


NAVEGANDO EN EL "ACORAZADO"

MM: En relación al nombre de la banda les quería preguntar algo [nota: alerta spoiler de una película que tiene 90 años]. El otro día recordé aquello de los marineros cuando se rebelan en El Acorazado Potemkin por el tema de los malos tratos, y entregan la comida en mal estado. Pensaba que ustedes de alguna manera toman ese nombre marcados por esto, por cierta rebelión de la que venimos hablando, cierto movimiento de abajo. Que no tiene que darse necesariamente abajo, tampoco pretenden liberar a las masas. No sé si queda claro...
FG: Yo te puedo decir cómo lo tomé yo siempre. A mí la película me marcó, todo ese cine que iba a ver a la Lugones y al Cosmos, que era Bergman, Tarkovsky y Eisenstein. Me las vi todas. Me costaba la palabra "acorazado" por la parte militar, pero en la película y lo que me transmite hoy por hoy la banda es ése... Sueño de libertad, ¿no? El sueño sigue todavía, mi chiste interno era ése: el sueño sigue.

JPF: No era algo ingenuo, seguro.

FG: No por algo grandilocuente, sí por los derechos de cada uno. De preguntarse por qué aquél tiene más derechos que yo, ¿porque tiene plata? ¿Porque es policía, porque es juez, porque puede pagarlos?

JPF: A mí lo que me fascina -y que fue lo lindo de recrear- es cierto espíritu adolescente del que hablamos. Una de las cosas que más me gusta de la película es esa chispa que enciende algo, cómo funciona ese entusiasmo, ese impulso de cuando uno es más chico. Entonces uno está intentando recrear ese impulso de cuando es más pibe y, obviamente, son unos anteojos para mirar, es una forma de pararse, no es ingenuo, no es inocente, es rojo, hay un montón de cosas que le podés encontrar. Pero desde una cosa muy personal, a nuestra escala, me parece que tiene que ver con que uno hace rock para compartir eso. Esa rebelión, esa actitud, ese ideal de libertad. O buscar una sensación de libertad, aunque nunca te sientas libre del todo: siempre compartida, siempre nosotros, siempre colectiva.

LE: Un poco ese espíritu del Do It Yourself del punk rock, también.

FG: Un día tuvimos la suerte de hacer un show en Mendoza tocando sobre la película, con la película de fondo. Se proyectaba El Acorazado..., y nosotros estábamos tocando abajo. Se juntó mucha gente, era la primera vez que tocábamos en Mendoza y aparte estaba toda la gente así (mira para arriba).

JPF: Hay por ahí una foto hermosa de eso.

FG: Aparte fue en un cine de la década del ’40, ponele, y se juntaron como 300 personas. Le decíamos a la gente de la organización “no vemos un carajo” (risas) porque teníamos tres veladores nomás.

JPF: “Y bueno, sino no se ve la película”, nos decían (más risas).

FG: Trabajábamos con la luz de la película. Y en un momento, creo que fue justo en la escena de la escalera, estábamos tocando Puma Thurman... Ahí fue un flash.

JPF: Aparte mirabas a la gente y estaban todos así (mira para arriba como Federico), no nos daban ni cinco de bola.

SS: Estaría bueno que lo hicieran de nuevo.
JPF: Nos gustaría, estaría buenísimo. Sé que hay una versión musicalizada por los Pet Shop Boys, también. Se han hecho muchas cosas. A mí siempre me gustó que el grupo tuviera el nombre de algo, que la banda tenga algo que nos englobe y nos supere y nos trascienda a los tres. Que hablemos de eso como si fuera otra cosa y no la suma de nosotros. “Toca Acorazado”, me gustaba eso. Y después todas las cosas que te puede traer, no sé... yo la vi en el Centro de Estudiantes del colegio. Pero para mí en particular reencontrarme con la guitarra y con una forma de componer, hacer un trío... fue muy importante. Había muchas cosas que tenían que ver con eso, con lo que creíamos que eran ideales del rock. Después uno va creciendo y se da cuenta de que ni el rock ni ningún movimiento tienen sus propias formas y nada está ajeno a lo que pasa alrededor y a la gente que lo compone. No es que el rock es una cosa y el tango otra cosa, está lleno de cruces por todos lados.

FG: El rock venía bastardeado de todas las cosas que pasaron en los ’90, hubo un momento que no pasaba nada, de una sequedad de ideas... Y creo que después de lo que pasó en el 2001 con De la Rúa y todo el problema que tuvimos, de vuelta volvió la llama vieja. Y las nuevas generaciones también, claro. Porque nosotros, siendo gente mayor, trabajamos con el impulso de los pibes.


*Acorazado Potemkin continúa presentando Remolino. El viernes 31 de octubre tocarán junto a Las Diferencias en Pura Vida (Diagonal 78 y 61, La Plata). Entradas en puerta: $40. Show después de medianoche.
En tanto, el domingo 9 de noviembre se presentarán en La Usina del Arte (Cafarena 1 esq. Pedro de Mendoza, La Boca; horario tentativo: 17 hs.); y el miércoles 12 abrirán la V Muestra de Cine Independiente de Rio Cuarto, Córdoba, en el C.C. Leonardo Favio. Ambos shows con entrada libre y gratuita.

miércoles, 15 de octubre de 2014

Acorazado Potemkin: Hay segunda vuelta

Segunda parte de la charla que tuvimos junto a Miriam Maidana y Victoria Schwindt con los tres miembros de Acorazado Potemkin. El temario, esta vez, se expande más allá del Remolino: Juan Pablo Fernández, Federico Ghazarossian y Lulo Esaín hablan de las edades para tocar y ser público de rock and roll; de las nuevas tecnologías, Internet y la relación del grupo con Oui Oui Records, su sello editor; de U2 y Apple; y de cómo hace un grupo del under para girar por todo el país.
Sí, todo eso y aún falta una tercera parte. Los que se hayan perdido la primera vuelta, pueden leerla aquí. Los que no: allá vamos.

NOTA: Santiago Segura y Miriam Maidana
FOTOS: Victoria Schwindt


EL PÚBLICO, LAS EDADES Y LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS

MM: Ustedes tienen un target interesante de público, que no es a propósito, claro. Yo no sé si van a llegar a gente de 15 o 16 años, me parece que hay como una movida...
JPF: (Proclama) ¡Va a ser nuestro orgullo cuarentón! ¡¡¡Ustedes!!! (Risas).

MM: ¿Te fijaste que no hay música para gente de nuestra edad? Por eso seguimos escuchando siempre lo mismo… No me parece un hueco menor.
FG: Yo tenía un concepto a principios de los 2000, que ahí ya tenía cuarenta y algo: que la gente de cuarenta ya no escuchaba rock (risas).

LE: ¡Ahora tenés cuarenta y algo, boludo! (Más risas).

FG: ¡Ahora tengo casi 52! (Carcajadas).

JPF: ¡Vino tinto y jazz! (Más carcajadas).

FG: Yo ahí había dejado un poco el rock, ya estaba re quemado del rock. En un momento pensaba eso, pero cuando volví a tocar con ellos vi una vuelta de la gente de cuarenta a los shows. Algo que me sorprendía porque estaban excitadísimos, gritando “eh, toquen rock, toquen rock” (risas).

MM: A lo que voy es que viene Gloria Gaynor y llena, quiero decir: no es un fenómeno menor. Hay un montón de gente que no encuentra qué escuchar... Lo que pasa que quizá tiene otro poder adquisitivo para comprar las entradas y por ahí es necesario que los lugares sean mejores; difícilmente vaya a un sótano. Pero es una brecha que me parece interesante, porque pareciera que uno debería empezar a escuchar Keith Jarrett, y a mí me aburría a los 20 y me aburre ahora.
FG: Es algo que yo me planteé toda la vida: creía que después de los 35 años estabas muerto como músico de rock. Obvio que después veías que Eric Clapton seguía tocando con 80 años y llenaba (risas), pero es Eric Clapton.

MM: ¡El Indio Solari tiene más de sesenta años!
FG: Pero de última es una mega industria esa gente, nosotros siempre estuvimos más o menos en un mismo nivel, algunos años un poco mejor y otros un poco peor, pero siempre fue remarla, remarla y remarla. Yo me decía a mí mismo “y... si quiero ser músico tengo que dedicarme a estudiar, sino me dedico más a la droga” (risas).

MM: A venderla... (Carcajadas).
FG: Sí, bueno, no sé… (Risas). Ya los efectos los sabía (Más risas). Pero después hubo un cambio en mi cabeza, entendí que la música es universal y podés seguir en lo que sea. Y hay algo bueno que te da que es el asentamiento, de grande disfrutás más de las cosas que vas tocando y vas sacándote una cantidad de miedos. Disfrutás más en el estudio, no pensás “no llegó a la semicorchea esa de la puta madre” (risas).

LE: Algo bueno que decís vos, Miriam, es que quizá hay un público de más de 35 para el que ir a ver rock era sólo ir a ver cosas grandes, no meterse en lugares como el Zaguán, el Salón Pueyrredón o Uniclub a bancarse el volumen, ¿entendés?

MM: ¡Es que las bandas de rock importantes son todas de viejos! Divididos no es una banda adolescente. Eso es algo que la gente no tiene en cuenta. Hay una fantasía de que el rock lo hacen los jóvenes y últimamente son más los jóvenes que lo escuchan que los que lo hacen.
FG: Los Redondos cuando arrancaron ya eran grandes.

SS: Tenían como treinta años, no eran adolescentes.
LE: Sí, igual hay un desfasaje que tiene que ver con la manera en que se mueve el negocio, la industria del rock acá, que si no tenés diez años de experiencia de banda, supuestamente no tenés chapa para que te consideren una banda importante. Pasaba otra cosa con la generación de músicos de él, de los ’80 [señala a Federico que, por si hay algún desprevenido, tocó en Don Cornelio y luego en Los Visitantes], que grabaron de jóvenes y estuvieron en multinacionales y se plantaron como bandas establecidas siendo jóvenes.

FG: La última banda así fue Catupecu, creo.

JPF: Catupecu, Estelares y Massacre, que son más de nuestra generación y son las últimas…

SS: Sí, pero Massacre y Estelares llegaron a una popularidad importante después de muchos años, Massacre estuvo 20 años tocando. Con Catupecu quizá sí pasó desde el comienzo. Y es cierto que son bandas que tienen cierta relación generacional con ustedes.
JPF: Sí, sin ninguna duda, los tres compartimos escenario con todas esas bandas.

SS: Y quizá lo que dice ella de su público también se relacione con que son gente que tuvo otros grupos y la gente los viene siguiendo desde entonces.
JPF: Sí, capaz la síntesis viene de eso en un punto, porque ya probamos muchas cosas, entonces decimos “esto es así”. Nuestro filtro interno de las canciones es así. Nos decimos “esto ya no lo voy a hacer", "esto otro ya lo hicimos en tal tema”, entonces tendés a ser más preciso pero en un sentido de querer concretar y creer que no tenés que explicar nada: tocás lo que tenés que tocar y cantás lo que tenés que cantar. Ya no pedís permiso, ya te dieron la palabra, ya probaste varias cosas, entonces, ¿qué hay de nuevo para decir? Esto.

MM: (A Juan) Vos estás más divertido igual, desde que te sacaste el traje estás más relajado (risas). Tuviste una época durísima...
FG: No, es que estaba duro todo el tiempo (más risas).

MM: Es valioso cambiar de banda y algún efecto produce.
JPF: Sí sí sí, puede ser, claro.

SS: Lo que decís me recuerda a algo que Juan repitió en muchas notas: que con Acorazado él sintió que volvía a componer como en su adolescencia.
JPF: Sí, eso es cierto.

MM: No lo leí eso, pero conocí a los Reincidentes desde el comienzo. Lo pensaba quizá porque siempre que una banda se separa y un músico arma otra, la gente empieza: “¿cuándo se reúne la banda anterior?”.
LE: Yo tuve bandas que duraron poco o no tuvieron una gran trascendencia, pero a veces aparece alguno que me dice ¿y, cuándo se juntan con Plaimobyl?”. Y yo me quedo pensando... “¡Plaimobyl ya fue boludo!” (Risas).

JPF: Qué sé yo... Eso pasa. El tema es que vos estés bien para ir para el lado que tenés que ir. Yo puedo recordar con mucho cariño o con orgullo eso, pero acá estamos en otro plan. Y somos amigos con los Reincidentes, y siempre está la fantasía, y siempre están los temas, eso no murió. Nunca mesa de saldos, además (risas). Creo que más allá de si representás o no una cuestión generacional como decíamos recién, yo siempre sentí que tenía que poder contar -en lo personal y con la gente con la que estoy- las cosas que me están pasando; lo que está pasando en el mundo y el entorno en el que estás. Para mí esas cosas del rock siguen siendo un valor: la honestidad, la experiencia, la actitud. Esas cosas le dan sentido. Puedo entender el personaje, la imitación o la recreación, pero yo no lo siento así, no puedo hacer eso. Por eso está bueno juntarse con músicos que compartan esos valores.

LE: No es que uno está jugando a ser rockero, que está tratando de meterse en un lugar que no es suyo: yo me asumo como baterista de rock, es lo que soy.


SS: Bueno, para Federico la banda fue una vuelta al rock, de hecho. ¿Cuánto hace que no tocabas el bajo?
JPF: ¡Éste la fundó, qué retomó! (Risas).

FG: Claro, estuve diez años sin tocar el bajo.

JPF: Y yo siempre reivindiqué el lado rockero de la Pequeña Orquesta, éramos bichos raros y no nos dejaban tocar en un montón lugares, tuvimos que armar un ciclo los martes, en el Club del Vino, para poder tocar con piano y con batería. ¡Los martes! Era una rareza en ese momento. Pero bueno, el rock siempre fue difícil, siempre, y creo que es parte de su encanto. Y siempre hubo semillero, también. Ahora se habla de Macri pero cuando vos (señala a Federico) eras chico estaban las razzias de la policía, más atrás estaban los militares, o el inspector de SADAIC y las clausuras… Siempre hubo algo. ¡O que no te ponían en la agenda del suplemento Sí! (Risas).

LE: “¡Uy, no salió en el Sí, no va a ir nadie, ni vayamos!” (Más risas). Y si te ponían mal el nombre...

JPF: Han cambiado muchas cosas, muchas para bien. Y otras siguen siendo difíciles. En esa época de la agenda del Sí hacíamos el chiste, por ejemplo, del momento del velatorio (todos reímos y el susurra una historia). “Se murió Juan Pablo Fernández, bueno… Va la mujer y un par de personas más...”. “No vino la gente…”. “Es que salió mal el aviso de Clarín, me parece que no salió bien la dirección…” (Muchas risas).

FG: Lo que está bueno es que se eliminó parte de lo que era el establishment en el rock, esto que decimos un poco en chiste de la agenda del Sí, que ibas a Cemento y te decían “te pongo en el avisito y te cobro cinco lucas más”. Cuando apareció Internet, el músico empezó a manejarse un poco más solo. Y que te conozcan por hacer un clic nada más, trajo un saneamiento en el rock. Antes era “si no tengo manager, no soy nadie; si no estoy en el Sí, no soy nadie”. Ahora está buenísimo, tenés más posibilidades en la forma de grabar, de proyectarte y de que te conozca la gente. Creo que nuestra arma más fuerte fue ésa: “¿no nos pasa nadie? Acá tenés un lugar para escucharnos”. Y subimos el disco. Y lo que antes te costaba siete meses, que llegara tu disco a Tilcara o a Río Gallegos, hoy llega al instante. Te da la libertad también para ir a esos lugares, que antes dependías de alquilarte un micro para llevar los equipos porque no había sonido, te salía 20 mil pesos sólo llegar a Santa Cruz. Ahora te subis a un micro, alquilás un equipo y una batería y llegás.

MM: Otra cosa que cambió con Internet es que la gente tiene un contacto directo con el músico y se da cuenta si es una persona interesante o un reverendo boludo. Los de Tan Biónica son tontos, no importa lo que hagan, eso ahora queda claro. Y creo que ustedes eso lo resuelven bien: vos sos un militante bravo contra Monsanto (señala a Federico), vos (Juan) tenés una cuestión con el proyecto Yo No Fui... También me parece sano que en Facebook se hagan algunos chistes con el Indio, con esto de las cartas de despedida a Joan Rivers (risas). Se desacraliza un poco todo. El rock tiene que volver a hablar de par en par, sino es lógico que los chicos escuchen cumbia porque ahí son divertidos y les hablan así.
JPF: Bueno, esto que decís para mí fue siempre una necesidad, pedir la oportunidad de jugar de igual a igual. ¿Yo voy a ir a tocar a tu festival y vos no me vas a pagar ni un peso? Bueno, pero voy a tocar 30 minutos y con el mismo sonido que los otros... y vamos a ver a quién aplaude más la gente. Era ésa la discusión, re creídos por supuesto (risas). Es la única forma de sostener y de bancar que tenés, de decir “yo no firmo este contrato, yo no estuve acá, yo no me siento en tal mesa”. Pero, ¿por qué? Porque tenés los votos, que es la gente, o tenés la confianza en la obra, en el material, y decís “bueno, esto se va a sostener”. Y ahí es donde empieza a aparecer esto que dice Fede, la democracia del clic. Después, por supuesto, aparecen los alcahuetes de los poderosos que siempre dicen “no, pero la gente está muy dispersa, necesita alguien que la guíe dentro de la dispersión de la web”.

SS: Lo que dicen eso son los que quieren mantener su lugar de poder.
JPF: Claro, quién canoniza y quién no, quién levanta a quién y quién no. En cambio, así estamos todos de igual a igual: la nota de tu blog es lo mismo en Facebook que la nota de Clarín, cuando nosotros ponemos “acá salió una nota en el blog La música es del aire y acá salió una nota en Clarín”, las cinco mil personas que nos siguen van a verlas en el mismo plano. La web ayudó mucho, de hecho no pagamos para publicitar donde tocamos ni pedimos permiso para nada.


OUI OUI RECORDS, U2 Y LAS GIRAS

SS: ¿Cómo fue el arreglo con el sello para subir los discos? Porque ustedes están en Oui Oui Records, e imagino que debe ser un ambiente más relajado por ser un sello independiente, pero subir los discos también debe haber sido una pelea.
LE: Con Mugre, cuando salió el disco en físico, el sello quiso que deje de estar el disco para libre descarga en la web. Y ahora fue al revés.

JPF: Nosotros lo aceptamos porque ellos nos habían prometido que iban a sacar el disco, entonces aceptamos eso a cambio, pero con la fina convicción de que “vas a ver que no compite una cosa con la otra”. Y el disco se agotó en 8 meses.

FG: Cuando se lo planteamos al sello nos miraron como diciendo “ustedes están locos” (risas). “Pero yo me la juego por ustedes”, en el sentido de que cuando salió publicado Mugre, el disco ya tenía como 12 mil bajadas. Digamos que estaba todo vendido de alguna manera, ya tenía el campo sembrado. Entonces ahí nos felicitaron. Pero ojo, se la bancaron y creyeron en nosotros. Y ya para este disco volvimos a decirles lo mismo, que una cosa no quitaba la otra: “loco, vos vendiste el disco en un año, vas a ver que lo volvés a vender, no vas a perder ventas”. Yo vengo jodiendo con que para fin de año lo van a tener que fabricar de vuelta, vamos a ver qué pasa (risas). Porque la gente el disco lo quiere tener, nuestro público por suerte ve el disco y lo quiere, lo tiene y lo disfruta.

LE: Por eso se arregló que ahora salgan ambas cosas al mismo tiempo, y que esté Mugre para descargar también, que quede. Y que salga la reedición. Vamos por todo (risas).

JPF: Todotodotodotodo (Más risas).

SS: ¿Mugre continúa agotado?
JPF: Sí, pero ya está el disco armado, la gráfica hecha, va a ser una versión un poquito más económica. Tampoco somos giles nosotros, todas esas cosas que nos plantean las comprendemos y las valoramos: si el sello no puede gastar otra vez en una edición de lujo, bueno, ¿cuánto tenés?

SS: Se charla todo.
JPF: Claro, y me parece que en ese sentido tratamos de no pisarnos la cola el uno al otro. Por suerte la gente de Oui Oui es generosa también, porque ha aceptado estas cosas y las ha entendido casi como un signo de los tiempos, de lo que está pasando: ahora U2 regala su disco.

FG: ¡Te lo pone directamente! (Risas). Ayer escuché, por suerte, a un programador de radio puteándolos, diciendo “¡por qué se me metieron, yo tengo la música que quiero! Es mi intimidad”. Me sorprendió porque era en Blue o en la Metro.

LE: Claro, y es algo que no se discute, la noticia es “U2 tuvo 500 mil bajadas de su disco en dos días”. Y claro, si se lo encajaron a todo el mundo.

FG: ¡Quinientos millones!

LE: ¡¿Quinientos millones?! ¡Creí que eran quinientos mil! (Risas).

FG: Y con eso renovaron la venta de todos sus discos anteriores, porque vendieron como 40 millones de los discos viejos por bajada paga.

SS: ¿Y ustedes llevan la cuenta de cuántas bajadas tuvo Remolino?
JPF: Sí, anda por las 4 mil quinientas, más o menos. Va bien, pensá que salió hace un mes y pico. No son estas cifras de las que estamos hablando (risas) pero para nosotros sigue siendo maravilloso, y maravillosa la comparación con lo que tenías que hacer y que decíamos antes: ir a distribuir, llevar los discos a la disquería... En esa comparación, esta cifra es maravillosa, es una cosa inimaginada teniendo en cuenta de dónde veníamos. Después podrían ser más, podrían ser menos... Todo el tiempo se están bajando, es parejo por suerte.

LE: Y ahora con la gira que vamos a hacer va a circular más.

SS: ¿Cómo circula la banda en el resto del país? En Buenos Aires ya saben que funciona.
JPF: En general, siempre hay programadores que corren riesgos y está bueno poner condiciones y decir que no cuando es necesario, pero también está bueno decir que sí a esa gente copada, que se endeuda, que se esfuerza, que te busca con el auto, que te da la casa, que te da su cama... ¿qué le vas a decir, que no? ¡Le tenés que decir que sí!

MM: Kumbia Queers gira por Europa así, son colectivos de gente que para en casas, se acomodan para comer y así van de país en país. Sería impensable de otra manera.
FG: Sí, yo hice una gira de tango así.

JPF: Está buenísimo, porque además hay un compartir...

MM: Y esto es lo virtual también, hay gente con la que te hablás durante años, no es que son grandes amigos pero ya hay una onda.
LE: Con los chicos de Chaco, Liso y Ernesto, veníamos hablando con Valle de Muñecas hace dos años, hasta que fuimos primero con Valle; y después nosotros...

JPF: Claro, yo lo decía pensando en los chicos del Chaco también.

SS: Ya hay una especie de circuito armado por Internet. ¡Hasta yo sé de quiénes hablan cuando dicen "los chicos de Chaco"!
JPF: Se democratiza un poco eso. Porque antes estaban los grandes festivales bancados por las multinacionales, los sellos discográficos grandes, y el Estado balanceó un poco todo, entonces vos tenés presupuestos de Cultura y a partir de la web y de las redes sociales -o de que es rentable que tengas 200 o 300 personas cubriendo el show y un cachet fijo-, no hace falta gran escala. Lo que siempre reclamamos los grupos como nosotros: no había por qué estar discutiendo si hay que ir a Tinelli, yo quiero tocar en un teatro y que me vaya más o menos bien, no quiero entrar en la lógica de la masividad. Simplemente estar en una escala en la que se pueda crecer, planificar... No quiero usar la palabra “sustentable” porque no la soporto, pero ponele (risas). Algo en lo cual no te fundas por crecer un poquito más.


*Acorazado Potemkin toca mañana, jueves 16 de octubre, en el FestiZAS, junto a Los Rusos Hijos de Puta, Las Bodas Químicas y López. MC: Ezequiel Ábalos / DJ: Marcelo Iconomidis. Esto sucederá, por supuesto, en el Zaguán Sur (Moreno 2320, Capital Federal) desde las 21 horas.
El sábado 18 de octubre se estarán presentando en Paraná, en el C.C. Juan L. Ortiz (Bv. Racedo 250). Banda invitada: Electrocuerpo.

sábado, 11 de octubre de 2014

Acorazado Potemkin: les tiene que tocar


Vamos a contarlo con la exactitud que merece: el 17 de septiembre caímos con las queridas Miriam Maidana (amiga virtual de años, desde que hacía Vida de ratas en Stay Free; psi-punk con quien nos debíamos un encuentro hace mucho tiempo) y Victoria Schwindt (a estas alturas la fotógrafa oficial de toda entrevista que vean en este espacio) a la sala de ensayo de los también queridos y geniales Acorazado Potemkin. Sería preocupante a estas alturas tener que explicar de quiénes hablamos cuando decimos Acorazado Potemkin. Simple: AP es uno de los últimos grandes sacudones eléctricos del rock argentino underground, un trío de músicos avezados, de experiencia, rock and roll y letras, que en cinco años y dos discos construyó su propio idioma a base de arrabal, espíritu punk y espesor sonoro.

El encuentro con el trío fue fructífero: Juan Pablo Fernández (voz y guitarra), Federico Ghazarossian (bajo) y Luciano Lulo Esain (batería y voz) me hicieron comprender en la charla que mantuvimos por qué el grupo funciona tan bien. Acostumbrados a un rock de cantantes-líderes, ver que los tres hablan mucho y con tanto entusiasmo, explica también (tan bien) la química que lograron. Tanto que se lanzaron a hablar casi sin necesidad de que se les pregunte nada. La primera revelación llegó al ver una bolsa de pan en la mesa de la cocina, no bien ingresados a la sala. Y Lulo que cuenta:

-Está bueno ensayar temprano, desayuno unas frutas, cuando llegamos hacemos unos mates y arrancamos. Cuando estábamos preparando el disco, Juan caía con el pan del facho y ese era el desayuno...

SS: ¡No me digas que el facho de la canción [justamente, titulada El pan del facho] existe!
LE: ¡Claro! ¡Y el pan es buenísimo! (risas). Juan venía con la bolsita de pan: "éste es el pan del facho, éste es el pan del facho"... y lo metió en un tema el hijo de puta (risas).

SS: Los escuché contar en Rebeldes, soñadores y fugitivos, el programa de radio de Eduardo Fabregat, que vos y Federico no supieron algunas letras hasta que se grabaron.
LE: ¡Boludo, hizo la primera toma y nos paramos a aplaudir! ¡No lo podíamos creer! (Más risas).
***

Después de la revelación, esperamos que llegue Miriam (amiga de años de Juan Pablo, además). Los AP ponen el agua y cuando la dama llega, saludos de por medio, arrancamos. Con la sola mención de la palabra Remolino, su segundo y magnífico disco recientemente editado, el trío se larga a hablar. Ésta va a ser la primera de tres partes de lo que fue una charla antológica.
Los dejo con ella.

NOTA: Santiago Segura y Miriam Maidana
FOTOS: Victoria Schwindt


SANTO REMOLINO

JPF: Lo único que puedo decir, o lo que me gusta decir -porque ya venimos hablando hace un rato del disco- es que siempre nos pasó lo mismo: ensayando, ensayando y ensayando, encontramos un momento en el cual, entre el demo y no sé qué, el disco aparece. Porque algo así pasó. Nos pasamos dos o tres años tocando Mugre, con orgullo y placer, hasta que en un momento dijimos “bueno, paremos un poco porque estamos saturándonos”.

SS: Además, Mugre primero fue subido a Internet y se editó en físico después, les llevó mucho tiempo.
JPF: Y para llegar a grabarlo habíamos estado como dos años tocándolo, cual primer repertorio de la banda. Entonces nos dijimos “bueno, paremos un poco, dejemos de tocar, aflojemos” y medio que decidimos no atender el teléfono, lo cual es difícil para un grupo independiente porque siempre te están llamando para hacer algo. Y entonces uno dice “sí, sí, sí...". Y no, basta, cerremos el teléfono, no escuchemos más nada, pero el martes te llaman y te dicen “che, hay un festival en el Zaguán, ¿quieren venir a tocar?”, y todo el mundo lo hace con la mejor buena onda y no podés decir que no. Entonces tenés que reafirmar todo el tiempo ese lugar, de las puertas para adentro de la sala de ensayo, tu independencia. Y llegó un momento en el que realmente no tocamos por tres o cuatro meses: ahí hicimos un demo con Manza, y sentimos que apareció el disco en ese momento. Y una vez que aparece el disco, aparece otra ansiedad...

LE: Decir que apareció el disco es decir que apareció una cantidad de temas con un hilo conductor, quizá no temático, una forma de hacer las cosas y de resolver las canciones. Es un poco como que se encadena todo, se arma una especie de catarata, un día resolvés una canción y al otro día otra. Otro día venís con una idea y se arma al toque... Como que abrís un placard y caen todas las cosas juntas.

JPF: Llega un momento que estás tan en gimnasia que aparece una idea nueva o alguien dice “yo tenía este tema medio colgado” y bum, sale.

FG: Sí. Hay dos temas (Miserere y La otra calle) que ya venían de Mugre, habían quedado afuera. Y después, los demás... El tema más nuevo es Sabés

JPF: Y hay un tema tuyo que lo tenías de antes.

FG: Cerca del sol, que lo tenía de hace como ocho años pero tenía la parte A y nunca había resuelto la parte B, la resolví hace un año. Y después hay uno que trabajamos mucho, que fue…

JPF: (Interrumpe) Remolino.

FG: No, yo digo otro (risas).

JPF: Pero Remolino lo empezamos a tocar en Dorrego.

FG: No, pero yo digo el lento, ¡no me sale el nombre, boludo! (Más risas).

LE: ¡Y no hace tanto!

FG: ¡Y no hace tanto! Ése lo tocamos durante un año sin letra, lo ensayábamos a full y estaba cocinado hasta que apareció la letra. Pero lo veníamos tocando hace mucho, estaba la melodía y no la letra. Era un tema raro para nosotros, yo siempre decía que era un "tema Otis Redding" (se ríen los otros dos de fondo), aunque de Otis Redding no tiene nada, capaz que la parte A, un poco por cómo está tocado.

LE: Ése riff lo ponés en caños y te queda más Otis Redding, le decíamos Navidad porque era medio un villancico (risas). Y yo hacía unos cascabelitos de Papa Noel con la pandereta (más risas), pero después no los grabé.

JPF: Che, yo estoy haciéndole honor a las masas que trajo Miriam, que están deliciosas, una vergüenza (carcajadas). Igual con ésta ya estoy.

LE: Yo ahora me voy a comer otra de esas de kiwi, que están mortales (risas). Pero volviendo, la cosa es que sí, le decíamos Navidad. Y el tema con la letra de Yayo [Cáceres, se refiere a Pintura interior] también era un tema viejo de Juan.

SS: Agarraron algunas cosas del cajón entonces, para reformular.
LE: Lo que pasa es que está bueno, vos tenés temas que quedaron y que sabés que la idea está buena o que querés ver qué hacen los demás con eso.

SS: Supongo que quizá arrastran cosas que no entraron en otros proyectos, ustedes que tuvieron y tienen muchas bandas.
FG: Con Cerca del sol pasó algo así, yo un día se lo presenté a [Me Darás] Mil Hijos para que entrara en Santo remedio, lo tocamos dos veces y no entró. Y yo estaba con una leche... porque hacía años que lo tenía, y me costó mucho la parte B del tema porque es un cambio de menor a mayor que no sabía por dónde resolverlo; y el día que lo resolví me dije “quiero hacer este tema, antes de morirme quiero grabarlo”.

JPF: (Sereno) Sos trágico… (Risas).

FG: Bueno, pero eso más adelante (más risas). Tal vez también pasa que vas cerrando cosas… Miserere es un tema que lo dimos vuelta de todas las maneras posibles, que lo venimos tocando desde Mugre y siempre le cambiamos algo; recién se asentó el último año.

JPF: Hay temas y hay letras que se templan con el tiempo, como si fueran las guitarras o los aceros. Pasa el tiempo y no sabés porqué, no sabés bien si es que uno lo toma distinto o eso se templa. Pero había algo que evidentemente estaba en la sustancia que perdura, que permanece. Y a pesar de todo eso, me parece que -y esto es algo que te quería decir desde el principio- una vez que lo encontramos, le metimos pata para armar una producción y grabar rápido, sacar algo en días. En marzo se grabó, en abril se mezcló, en mayo se masterizó... Tratamos de recuperar esa urgencia que tiene el entusiasmo, porque es lo más lindo que tiene el rock y estar con la banda.


MM: Es que si no, no entregarías nunca el disco: ése es el proceso de escritura y está relacionado con, de alguna manera, evitar la muerte y crear una trascendencia. Hay un momento en el que lo tenés que entregar; probablemente a los diez años le cambiarías todo… 
FG: Igual, nosotros tenemos un concepto bastante expeditivo, en el sentido de que cuando grabamos, queremos que al mes esté terminado todo. Lo hicimos con Mugre y también con éste.

JPF: Ya es política de la casa.

FG: Lo que menos querés es guardarte el disco, con Mugre hicimos eso.

SS: Bueno, en ese caso también porque era el primer disco, había que tener algo para mostrar, sólo tenían el MySpace.
LE: Te come la ansiedad. En el primer repertorio del grupo la banda no tenía disco y había que tocar eso y sacarlo.

MM: Pasa también que el estudio no es muy apasionante tampoco… 
JPF: ¡Sí, el estudio sí! ¡Para mí sí! (Risas).

LE: Sí, ¿el estudio? Pffff (Más risas).

MM: Es medio neurótico, ¿o no?
JPF: Nooo, te tenemos que invitar, te tenemos que invitar (repite convencido).

FG: Lo que pasa es que capaz después no escuchás más el tema, entonces es clave. Yo escucho el disco ahí, sale de fábrica y después no lo escucho más.

JPF: Trabajamos para que en esos días no haya más que tocar, entonces laburamos mucho la previa. Y vas descartando, vas sacando... hay temas que ni se proponen porque ya está, no somos de esos grupos que laburan treinta temas.

LE: Igual, en el estudio laburás haciendo un equilibrio entre el presupuesto que tenés y el tipo de grabación que querés hacer. De repente ahí dijimos “con tres días vamos a estar bien”. Qué sé yo... estaría bueno que fueran más (risas).

FG: A veces está bueno boludear un poco en el estudio, pero estás con una presión de tiempo y de guita que no podés hacerlo.

LE: Esos días los exprimimos mucho. Era grabar los temas, editar las tomas y después, al final de la sesión, grabar las voces de él (señala a Juan). Tenía que estar la toma madre del tema terminada para que él pudiera cantar encima. Eso fue lo que hicimos, y nos fuimos del estudio con todas las bases grabadas y todas las voces metidas.

JPF: Menos los coros de Lulo.

LE: Las mías las metimos después en dos días, en otro estudio.

FG: No nos dio el tiempo en ION para meter todo.

SS: ¿Mucha plata?
JPF: Hubiera sido un día más, no era tanto. Pero en un momento tenés que cerrar, sino te volvés loco. Tenés que decir “tengo esta plata para tres días”, y ahí hacés una mini producción: a la mañana graba tal, a la tarde graba tal, y esto nos va a llevar una mezcla en otro lugar por tantos otros días. Y hablás con el sello… No sé, te obliga a hacer una síntesis de cuánto vas a disponer. Y por supuesto, hay gente que tiene más presupuesto, o más neurosis como decía Miriam, y de repente al cuarto día quiere hacerlo todo de vuelta. Por suerte a nosotros no nos pasa y disfrutamos mucho el proceso para que eso no pase. Pero hay algo que sí tiene de raro y es que vos tenés que ir a hacer lo correcto, no podés confiar en la cosa mágica, emotiva...

SS: Las pelotas mágica…
JPF: ¡Las pelotas mágica! (Risas). Tenés que levantarte a las 7 y media de la mañana, llegar a las 10, y a las 11 confiar en que va a salir todo lo que estuviste ensayando y se va a recrear. ION ayuda y Manza [Esain, hermano de Lulo y coproductor del disco] ayudó. Y la experiencia nuestra, y que nos gusta el desafío...

LE: Eso, que nos gusta estar grabando. Es divertido buscar el sonido...

JPF: Y también concentrar las fuerzas, porque entre la familia, el trabajo, los otros proyectos, la vida misma… Si estuviéramos 15 días encerrados capaz el resultado sería negativo. Pero así es como un extracto de tomate, está muy, muy condensado, muy fuerte. Y ahí vos podés realmente abstraerte de eso. Y alrededor tuyo es una alegría: “papá está grabando” (risas).

LE: Los días de mezcla también fueron así, cuatro días en los que estuvimos mezclando desde las 10 de la mañana hasta las 11 de la noche, abocados a eso. Estuvo re bueno...


SS: ¿Hubo mucha lucha durante la mezcla o tenían todo tan claro que no hizo falta?
JPF: Noooo. Hubo más discusiones en esos cuatro días de mezcla que en las grabaciones... Esas cosas que pasan.

SS: Y eso que son un trío...
FG: En realidad acá era un cuarteto, porque también discutíamos con Manza (risas). Entre nosotros, con Manza… (Más risas). De última, es afinar los conceptos estéticos, la estética final. Y cuando está tomada la decisión final, ya está. No es una decisión de uno solo.

LE: Además elegimos una manera de mezclar, que fue haciéndolo en consola analógica...

JPF: ¡Le sacábamos una foto a las perillas!

LE: Porque terminado el tema, pasas a otro y moviste todas las perillas, no es que abrís la sesión y lo mezclás de nuevo porque no te gustó. Quedó y quedó. Cerca del sol, que creo fue el primer tema que mezclamos, fue el único tema que Manza remezcló. Vino, miró la foto que le habíamos sacado a la consola, a las perillas, puso todo en el mismo lugar y lo rehizo.

SS: ¿No les había gustado a ustedes o a él?
LE: No, fue a Manza al que no le gustó. Dijo “a éste lo puedo hacer mejor” y lo volvió a hacer.

SS: Para ustedes estaba perfecto.
JPF: Sí, son detalles. Me parece que este grupo tiene algo muy lindo: que es muy generoso. Esto que decía Fede recién, llega un punto en que decís “a mí me gustaría que suene esto un poquito más así”, pero después pensás “bueno, ya está”. Y en ese sentido, al trabajar con alguien de afuera que ocupe ese rol de productor, de última decís “bueno, a ver qué opina el productor…” y eso baja un poco la cuestión. Pero en general trabajamos y discutimos mucho en la previa, en el método. Igual siempre va a haber un margen de error, de duda en todo. Si vos estás discutiendo adónde vas a grabar, cuándo, cuáles temas vas a grabar, cuántas tomas vas a hacer… Una vez que te pusiste de acuerdo en eso, lo demás es natural. Y después, sí, estás sobre un piso de si es naranja claro, naranja oscuro, naranja mostaza; ya son matices.

MM: Entonces no es una cuestión económica. A mí siempre me llamó la atención que Los Brujos o Los Twist grabaron unos primeros discos espectaculares en poquitas horas de estudio y después, cuando les dieron un mes para grabar, reventaron. Terminaron todos peleados y con producciones bastante malas.
JPF: Es probable, no conozco los casos particulares, pero puede ser...

FG: Antiguamente, en los ’80, se grababa durante una semana la música. Y tenías días para boludear… Los Twist grabaron su primer disco en treinta horas, creo, algo que para esa época era raro.

MM: Sí, y después cuando Grinbank les puso la guita se mataron, terminaron todos peleados.
JPF: Si nosotros hubiéramos tenido un cuarto día, ya era de ricos directamente (risas).

MM: Pero imaginate un mes.
JPF: El otro día hacíamos un chiste con eso: si nos daban toda esa plata comprábamos un auto y lo laburábamos durante la semana (carcajadas).

SS: Hay una decisión ahí, de decir “no necesitamos dos meses para grabar”. Quizá hasta les haría mal estar dos meses grabando, por el método que tienen.
JPF: Sí, no sé... Son formas distintas.

FG: Sí, las veces que grabé discos muy largos, llega un momento en el que te quemás. Y a veces pasa que perdés el hilo conductor y el objetivo al que tenés que llegar. Se va perdiendo la energía que sale de decir “tal día vamos a grabar y tal día vamos a mezclar y ya está, loco”.

SS: Lo que decían hoy, que el disco “apareció” y ése es el momento para que pase todo.
JPF: Sí, está esa cosa entre lo amateur y lo profesional, ese entusiasmo, y creo que nosotros hacemos un esfuerzo grande por tratar de recrear siempre ese impulso original, esa chispa. Todo lo que sea franela o estirar, te la baja… con perdón, pero es un poco así (risas).

LE: Además juega esa ansiedad de la que hablamos, propia del material nuevo que lo grabaste y ya querés ir a escucharlo a tu casa y mostrárselo a alguien, entonces decís "terminémoslo, dale, que salga".

JPF: Además, con esto de subirlo gratis a la web, estábamos en un reportaje con Fabregat y de golpe nos empiezan a decir “¡ya está, ya salió!” (Risas).

MM: Estábamos todos escuchándolos y se empezó a replicar en ese momento que había salido.
FG: Lo que pasó es que tuvimos problemas con el servidor. Un pibe nos pasó Mediafire, nos dijo que iba a andar bárbaro y estuvimos probando, pero hubo problemas... Y cuando salimos de lo de Fabregat de golpe nos dice “che, ya se puede bajar”.

JPF: Esas cosas después terminan siendo lindas, pero como decíamos recién: cuando vos vas hacia allá (señala hacia adelante) puede haber algunas cosas: que el horario, que el servidor falló, que la descarga, pero si vos estás de acuerdo y concentrado...

SS: En todas las entrevistas que les leí post-Remolino recalcan mucho que hicieron un laburo importante de recorte, para llegar a una síntesis. ¿Qué otras cosas le ven distintas al disco respecto de Mugre? ¿Volvieron a escucharlo?
JPF: Yo esta semana lo estuve escuchando, sí. Y además estamos ensayando mucho Remolino porque lo vamos a presentar por muchas ciudades. Estamos como una pantera adentro de la jaula porque todo esto que hablamos… ¡E hicimos un solo show! [nota: Al momento de la entrevista aún no habían tocado en Plataforma Lavarden, Rosario, ni en Uniclub, únicos show que hicieron entre la nota y su publicación].

LE: ¡Es verdad, un solo show! ¡Hicimos un solo show! (Lo dice entrecortado por las carcajadas).

MM: Bueno, pero fue el del San Martín.
JPF: Ahí está de vuelta: “papá tiene que tocar” (risas). Y la cuestión es ésa, que lo estamos ensayando mucho, y ahí lo reescuchás y lo volvés a entender, qué sé yo. Pero bueno, no me acuerdo qué me habías preguntado antes...

SS: Sobre las diferencias con Mugre. Algo que noté que es evidente es la participación vocal de Lulo, casi como un segundo cantante de la banda, ¿puede ser?
JPF: Sí, sí, eso es deliberado, en todos los temas hay coros. En un momento hasta se habló de eso...

LE: Puede ser, creo que lo que logramos es que estén mejores las voces, no sólo en la grabación, en general: en la interpretación, en el color.

FG: Hay tres años de rock de la banda, que se asentó en cuanto a la personalidad de cada uno y la general. De alguna manera también se articuló todo para que en cuatro meses sacáramos once temas, antes habíamos tardado más. Ya hay una forma de trabajo. Después veo eso que dijimos en las notas del poder de síntesis: donde hay mugre, hay mucha mugre; y donde se baja o se va a otros lugares, se baja más. Las diferencias son más notables que en Mugre: cuando hay que romper, rompés.

JPF: Yo también siento eso: cuando hay balada o pop, es más luminoso; y cuando es oscuro, es más oscuro.

SS: ¿Creen que con este disco ya llegaron a una síntesis de su estilo, o se puede profundizar?
JPF: Y, no lo sé, no lo sé... Lo que sí creo es que salió el disco que queríamos hacer. El tiempo dirá en qué lugar queda dentro de la obra de la banda, o cuáles temas quedan en el repertorio. Eso no lo podés saber.

LE: Lo que está bueno es que Remolino a la vez reafirma el estilo que la banda había planteado en Mugre. Lo escuchás y es la misma banda, no es otra cosa, en ese sentido también está bueno porque parecía que la gente quería un poco más de eso que habíamos mostrado en el primer disco y a la vez suena diferente.

JPF: Algo lindo que pasa con este disco, que nos da una inyección de confianza, es que siempre te dicen “el mejor tema es tal, el mejor es éste”.

SS: Dejame adivinar: en este caso les mencionan todas canciones distintas.
JPF: Sí, ahora nos tiran todas distintas. Entonces debe estar bien. El tiempo dirá de verdad qué queda y qué nuevo puede salir. A mí siempre me gusta lo nuevo. Y somos curiosos, no nos vamos a quedar en el disco que hicimos.


*Acorazado Potemkin presenta Remolino hoy, sábado 11 en el Centro Social y Cultural Olga Vázquez (Calle 60 entre 10 y 11, La Plata) a las 0 horas. Banda invitada: El Belafonte.
El jueves 16 se presentarán en el marco del FestiZAS junto a Los Rusos Hijos de Puta, Las Bodas Químicas y López. MC: Ezequiel Ábalos; DJ: Marcelo Iconomidis.

lunes, 8 de septiembre de 2014

Jake Bugg, el hombre de la calle


El Nuevo Bob Dylan. Otro más. O el tercer hermano de la Dinastía Gallagher. Estas dos y más analogías-comparaciones se soltaron en el aire junto con el debut discográfico de un niño que recién cumple sus 20: Jake Bugg, el pibe que vino a devorarse el mundo a fuerza de guitarrazos. Hace poco más de un año y medio, su aparición impactó no sólo por la frescura y la potencia de las canciones: quedamos boquiabiertos al enterarnos que el autor de las mismas tenía 18 años.

Y a los dieciocho, como si fuera un tipo que ya la vivió, Bugg cantaba que... ¡bebía para recordar y fumaba para olvidar! Gracias a Two fingers, el gran hit del primer álbum -que lleva su nombre, y ya- aprendimos que el fuck you en Inglaterra es válido también enseñando dos dedos: el del medio, pero además el índice. Acá, mostrando esos dos levemente abiertos, somos compañeros peronistas; allá, casi con lo mismo, te están haciendo un fuck you gigante. Sabelo. Bugg, como Dylan, le hace ese fuck you gigante al ayer. Y al dolor. ¿Por qué? Porque “algo está cambiando”. No hace falta que les diga quién dijo eso hace cincuenta años. Y no hace falta que diga que sí, que a partir de este tema de estribillo candente y letra pícara -ex-ce-len-te-, la vida de Jake Bugg cambió. Luego lo dirá él mismo.

Quizá la primera impresión acerca de su música nos haga pensar que este inglesito de Nottingham está vendiendo demasiado cuán joven es. Lo primero que deja rastro en la memoria auditiva es la urgencia de sus canciones, que parecen de un yanqui y no de un inglés. Esa prisa country-punk traducida a guitarras aporreadas -la influencia de los dylanes y youngs más electrificados, o del Paul Weller que tenía más o menos la misma edad que Bugg cuando rompía todo con los primeros discos de The Jam-, sumada a la voz de pendejo canchero que se las sabe todas. Algo queda claro a primera vista sobre Jake Bugg: la calle es su lugar.

Aunque con el correr de las escuchas y tras una lectura más atenta de las letras -sí, aunque muchas de ellas cuenten historias típicas de adolescentes, porros, noche, amores y amigos-, nos encontramos con las canciones de un sabio. Pareciera que todo hombre sabio tiene una consciencia distinta de la vida ya cuando teen. Acá en Argentina, tipos como Nebbia o Spinetta lo exhibían en sus canciones con Gatos y Almendra: reflexión y evocación, primero. Afuera, además del sabio de Minnesota, otros cerebros -atención: podrán ser rockeros, podrán ser reventados, pero primero son cerebros- tuvieron esa sensibilidad desde púberes. Algunos tenían tal consciencia que se murieron demasiado rápido y nos dejaron con ganas de más (pregunten en la recepción por Nick Drake).


Cuando arribamos al costado más folk de Bugg, ése en el que la música baja un cambio, podemos notar que el autor se pone reflexivo y entre rasguidos y arpegios de acústica también sale triunfante. Simple as this es el mejor ejemplo de esta faceta íntima: una hermosa canción de amor en la que el protagonista encuentra la cura a su bajón después de una búsqueda espiritual y supercherística poco exitosa. Cuando se acelera en la noche, en cambio, JB es capaz de asegurar que ya “lo ha visto todo y nada más puede impresionarlo”. Lo dice con tal actitud que no sólo parece hablar de la noche en que se clavó un par de éxtasis, sino de la vida toda.

***

A fines del año pasado, con los ojos de la prensa británica ya posados sobre él y nada menos que Rick Rubin como productor, Jake Bugg sacó su segundo disco, Shangri La. Cualquiera habría esperado un tiempo más, pero la inspiración de Bugg parece ir de la mano con la urgencia de sus canciones más punzantes. Rubin le deja menos lugar al cancionista folk e, inicialmente, el disco parece una repetición del primero sin tanto momento slow. Pero, tras un par de escuchas, notamos con alegría que no es así, que las canciones están y las influencias se han ampliado (¿Tom Petty? ¿R.E.M.? Escuchen).

El mérito de Rick Rubin en Shangri La es haberle dado más profundidad en el sonido a canciones que tenían una simpleza desde lo estructural pero un contenido notoriamente hondo. All the reasons y Simple pleasures son muestras perfectas de ello, por su tempo y su duración. Hay más aire.

En Me and you llega la pronta reflexión sobre la fama y el mencionado “cambio de vida”: de la tranquilidad del pueblo y los amigos al asedio permanente de fans y prensa; el tipo se queja porque no puede estar tranquilo con su novia y está rodeado de guardias y paparazzis. O sea: si Me and you no fuera un temazo, podríamos decir que Bugg es un pendejo engreído. Probablemente lo sea. Pero parece que el niño está listo para llenarnos de buenas canciones. Entonces, haz lo que yo digo pero no lo que yo hago: con Jake Bugg, todavía tenemos mucho por ver.


[Publicado en Revista Domo en marzo de 2014, antes de ver a Bugg en el festival Lollapalooza y enamorarnos definitivamente.]

viernes, 5 de septiembre de 2014

Para ir: Orquesta de Música Sudamericana


La Orquesta Sudamericana es una agrupación dirigida por la pianista y compositora argentina Nora Sarmoria. Hace siete años, este grupo de 20 músicos (a la directora se suman Ivana Traboulsi y Mariel Sala en violín; Mariano Kahayan y Anahí Parrilla Belfer en violoncello; Sebastián Heudtlass en bajo; Lucas Mantovani y Gabriel Medina en flauta traversa; Javier Banchio y Patricio Bottcher en clarinete; Matías Carazzo en saxo soprano; Ignacio Oliva en saxo alto; Andrés Jorge en saxo tenor; Héctor Cantin en saxo barítono; Ary Lacanna en trompeta; Martín Robbio en piano; Luna Felenbok en voz; Violeta Juárez y Emiliana Piccini en guitarra; y Juan Cruz Donati en percusión) interpreta temas de diversos autores del continente como Hermeto Pascoal, Eduardo Mateo, Cuchi Leguizamón, Egberto Gismonti, Hugo Fattoruso, entre otros.

Ya publicaron dos álbumes de estudio y son músicos jóvenes que han tocado en diversos escenarios de Buenos Aires (el CAFF, el Centro Cultural Haroldo Conti, el Centro Cultural Adán Buenosayres, la Biblioteca Nacional, el teatro IFT y Tecnópolis). Con arreglos propios y el aporte de composiciones originales de su directora y de algunos de sus integrantes, la Orquesta se propone el desafío de plasmar con una sonoridad y orquestación sinfónica los distintos estilos y ritmos de Sudamérica.

Desde sus comienzos, además, realizaron ciclos de shows en el espacio NoAvestruz, que los alojará nuevamente los próximos viernes de septiembre. La cosa arranca hoy, viernes 5, y se extiende al 12 y el 19 del corriente. Como suele suceder, para la ocasión contarán con invitados especiales en cada fecha. Hoy los acompañarán Quique Sinesi e Hikaro Iwakawa; el viernes 12 lo hará Juan Falú; y la fecha de cierre, el viernes 19, se presentarán junto a Juan Quintero.

Quedan invitados, nosotros también nos daremos una vuelta. No solemos hacer este tipo de difusión pero cuando aparecen proyectos nobles como el de la Orquesta, sentimos casi la obligación de levantarles el pulgar.


*La Orquesta de Música Sudamericana se presenta los viernes 5, 12 y 19 de septiembre en NoAvestruz (Humboldt 1857. Palermo). Entrada: $70. Reservas al: 4777-6956 o escribiendo a reservas@noavestruz.com.ar.

miércoles, 20 de agosto de 2014

Andrés Ruiz: soy El Visitante


“La cultura rock me dio la idea de la mutación constante y de no luchar por adaptarme, sino más bien encontrar un espacio en donde ser un inadaptado”.
Daniel Melero.
***

Hace más o menos un mes -no me pidan exactitud, gracias- me encontré con Andrés Ruiz en su casa de Once. Nos debíamos el encuentro desde la salida de Huésped, su último disco; entonces pudimos saldar la deuda.
Supongo que hay varios detalles de Huésped que cualquier lector curioso/seguidor del rock independiente habrá descubierto en el sinfín de notas que Andrés dio. Pero bien vale recordar algunos de esos pormenores de la realización del disco para comprender mejor el resultado final.

Huésped fue compuesto pieza por pieza, canción por canción, para volverse disco allí. No sé cuán común es este procedimiento pero parece haber funcionado más que bien. Explico mejor: la canción uno del disco, Luna de verano, es también la primera canción compuesta y grabada para el disco. El desafío de Andrés -me dijo que tiene temas para tirar al techo- consistió en componer el disco completo utilizando la Metodología Mostaza Merlo: paso a paso. Si el tema uno iba por un lugar, el tema dos no iría exactamente por el mismo. Un ejercicio de composición, un poco para divertirse y otro poco para huir de aquello que ya tenía y podría haber grabado. La famosa foto del momento, quizá.

Lo otro que ya se leyó y repito: Ruiz toca, a excepción de los saxos marcianos del merlense Sergio Merce, todo lo que suena en el álbum. Me sorprendió no leer en ninguna crónica que Andrés llevó a cabo una restricción consigo mismo como instrumentista: la batería, su instrumento “principal” durante años -aunque no en su faceta solista, claro-, está programada -o “electrónica”, como más gusten- en todos los temas. No sé qué fue primero, si el huevo o la gallina. Al ser Huésped un disco casero, grabar una batería en condiciones óptimas era muy difícil... Pero debo suponer que la primera decisión que tomó respecto del álbum fue sonora.

Ese sonido gélido, sumado a otras texturas que tienen un valor protagónico dentro de la obra -los sintetizadores- le da al disco un carácter ochentas innegable. Así, la ligazón con cierto rock argentino de aquellos días resulta inevitable, empezando por Silencio de Los Encargados, nave insignia del tecnopop en nuestro país. También, aunque sea obvio, puede asociarse a Huésped con obras más reconocidas como Privé de Spinetta y una de las cumbres del rock argentino, el Modern clixs de Charly.


Más allá de Meleros y Charlys, hay un condimento que resalta cada día más en los discos de Andrés Ruiz. En lo que podría catalogarse como una trilogía dentro de su discografía -los últimos: Ruiseñor, Un santo nuevo y Huésped-, donde se nota un devenir de AR hacia lo cancionero cada vez más sintético, lo que creció de manera exponencial es su voz, que llega a un nivel de expresión notable. Sospecho que Andrés es uno de los mejores cantores de su generación, no por capacidades técnicas o de registro sino por su caudal interpretativo. Si me había resultado sorprendente cuán claro dice su performance en el mencionado Ruiseñor -descubrí su obra con ese disco, luego fui para atrás-, a estas alturas ha perfeccionado notoriamente esa cualidad de susurrar como un príncipe glamoroso. Casi que logra croonerearla a niveles Bowie y Moura. Definitivamente, esa profundidad vocal es la clave y una de las marcas distintivas en canciones notables como Trono, Estallará la noche o Las almas.

En sus letras también hay un universo propio, donde los animales y la naturaleza son la referencia constante para apelar a mundos más cercanos con lo fantástico que con lo cotidiano. Ese universo lo emparenta con artistas tan disímiles entre sí como Ciro Pertusi (obsesionado por los perros y los pájaros) y Spinetta (bueno, el Flaco ha tenido tal obra e influencia que es inevitable no ligarlo a casi todo lo que anda rondando por ahí... pero no me digan que estos versos de Brote no les remiten a A estos hombres tristes, por ejemplo: Cuando despierto empiezo a brotar/ Soy un tallo que va germinando/ Me hundo en el pasto/ y avanzo hacia el fulgor/ Mis raíces se han cansado/ de esperarlo todo").

Para terminar, vale recaer en otro concepto que Andrés resaltó en varias entrevistas. Al ser consultado sobre el nombre del disco, Ruiz aseguró que lo de "huésped" apunta a que no se siente parte de ninguna movida: "La palabra huésped implica un sentimiento de no pertenencia, el invitado no es de aquí ni es de allá. Es recibido, acogido, pero nunca será parte. De alguna manera me siento así".

Y tiene razón: su canción no es ni indie, ni latina, ni beatle, ni otracanción. Aunque bien sepamos cómo se manejan las radios y los grandes medios difusores en general, no deja de resultar un enigma que siquiera un musicalizador agarre este Huésped y lo haga sonar. Será como dice el autor, también: "Mi música es periférica. (...) Está ahí, en las sombras, llamando cada vez más la atención".

Esperaremos los próximos movimientos sabiendo que Andrés, como enuncia Melero, debe estar buscando el nuevo espacio en donde ser un inadaptado.


*Andrés Ruiz continúa presentando Huésped este viernes 22 a las 23.30, en el Centro Cultural de la Cooperación (Av. Corrientes 1543, Capital). Entrada: $60.

[Fotos de Camel Alzat.]

lunes, 11 de agosto de 2014

Dos semanas de musicalizador


Hace un par de semanas (o poco más, no me pidan tanta memoria), Agustín Pisani, genial escritor-monologuista-humorista-conductor que conocí por medio de Pablo Vidal (La Perla Irregular), me invitó a musicalizar el programa que hace junto a Federico Di Paolo en Radio Atómika, intitulado BocaBoca y que sale de lunes a viernes de 11 a 13 horas.

La propuesta que me hizo Agustín fue concreta: "elegí 30 canciones y las pasamos durante dos semanas". Es una práctica que llevan a cabo desde que BocaBoca comenzó: invitan a músicos, periodistas y allegados a que elijan sus canciones favoritas (o las que se les canten en el momento) para que roten en el programa. Por supuesto que acepté al instante, la idea era noble, me encantó y supe que cumplirían con la difusión.

Como la selección era totalmente libre, decidí pasar (díganme hipster, pero es lo que hago acá también) treinta bandas y solistas underground, o como más les guste decir. Los hay con un solo disco y otros de más trayectoria, pero lo que sonó fue esto que les presento aquí abajo, por si les interesa descargar y escuchar. Hice una selección bastante exhaustiva, abriendo el juego a distintos tipos de "rock" y debiendo descartar al menos otra treintena de grupos que podrían haber estado tranquilamente. Será la próxima.

Lucas Martí y Dario Jalfin - Hacer real
Miro y su fabulosa orquesta de juguete - Epifanía #32
Sig Ragga - Chaplin
Fede Cabral - Berlín
Viva Elástico - El gran encuentro
Mejor Actor de Reparto - Construcción
Los Sub - Todo lo que quiero en este momento, oh
El Atolón de Funafuti - Octoplus
Mi Amigo Invencible - Salto del nido
El Perrodiablo - Algo sobre estar vivo
Shaman y los Hombres en llamas - Perdemos la piel
Gabo Ferro - Lo que no se puede decir
María Pien - Madera y mano
Florencia Ruiz - El futuro, flor
La Joven Guarrior - Chica de Puán
Fotos del Otoño - Alfil
Acorazado Potemkin - Desert
Botis - Historias de barriletes
Panza - Nada es rosa
Mostruo! - El control 
Thes Siniestros - Alabanza 
Un día perfecto para el pez banana - México
Valle de Muñecas - Vanidad 
Alfonso Barbieri (con Lucio Mantel y Palo Pandolfo) - Renacer
Pablo Dacal - Tanta rigidez 
Andrés Ruiz - Cuando al rebaño quiero matar
ChauCoco! - Nada nuevo
Prietto viaja al cosmos con Mariano - El bombero
Bichos - Nena 
Zelmar Garín y Eduardo Herrera - Gospel 

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