viernes, 19 de diciembre de 2014

Para ir (y para ver): La última de Ácido Canario


Nos avisa Zelmar Garín, factotum del sello de música inclasificable (¡así se clasifican!) Noseso Records, que ya está online la película de Ácido Canario.

La cosa es así: en 2012, el cineasta Rodrigo Espina (sí, el que dirigió una de las mejores biopics sobre un músico hecha en Argentina, Luca), vio al grupo en vivo y quedó encantado por esa música difícil de etiquetar. Se lanzó, entonces, a realizar un film experimental sobre Ácido Canario y, con la anuencia de los miembros del grupo, filmó un concierto en una universidad y realizó tomas durante el último verano en zonas barriales y construcciones demolidas.

Según las malas lenguas, Espina asevera que Ácido Canario "porta el legado de Sumo como nadie más". Pero como un hombre solo no puede hacer nada, colaboraron para la realización de la película Marcelo el Griego Iconomidis y Marcelo Capasso, ambos a cargo de la musicalización y la producción de los videos con que rompen la pantalla de La TV Pública los lunes por las noches de Peter Capusotto. También aportaron lo suyo Federico Peretti (director de El otro fútbol y Esos colores que llevás); Daniel Grinóvero y Pablo Bobadilla (Noseso Records).

El detalle es que la película ve la luz al mismo tiempo que... ¡el grupo se disuelve! Suena insólito (y lo es), pero así funciona la dinámica de Ácido Canario, empezando por su propia música. En unas horas, el sábado 20 de diciembre, será la última fecha de la formación actual del grupo. "¿Por qué se separan y al mismo tiempo sacan una película?", sería la pregunta apropiada. La respuesta es fácil: Ácido Canario no se separa, sólo cambia de piel. Como dicen ellos mismos, transmuta. Zelmar profundiza la idea: "Cada dos años, el grupo cambia músicos y música. Entonces, para ésta música y ésta banda es la última función...".

Por si hay algún descolgado que aun no comprende de qué se trata, Garín da la definición final sobre lo que sucede con el grupo: "Ácido Canario es un grupo multifacético. en este ente vuelco mis inquietudes ligadas al rock (fue fundado junto a Nahuel Creche). Me motivan los proyectos cortos, esto hace que sugiera una idea que dependiendo los participantes o mi búsqueda personal del momento se vayan tomando diferentes caminos estéticos. Por eso después de que la criatura crece, se desarrolla, dice lo que tiene que decir, hace lo que tiene que hacer, es bueno darle un cierre y decirle adiós... y dejarla correr por el pasto mundano de la mente universal en bolas".



*Ácido Canario despide a la formación que grabó Volumen V - El Impostor el sábado 20 de diciembre en el Zaguán Sur (Moreno 2320, Capital Federal).

jueves, 11 de diciembre de 2014

Alud Negro: molestando a la Oscuridad


Andrés Ruiz no para. En 2014 publicó Huésped, su sexto disco solista en nueve años, donde desborda de amor por el sonido de los '80, profundiza su veta cancionera y se reafirma como uno de los mejores cantantes de su generación. Andrés grabó todos los instrumentos del disco, tal como hiciera tiempo atrás con Cuna, disco que grabó antes pero no quiso presentar bajo su nombre (a pesar del trabajo en solitario).
Cuna, entonces, dio vida a la nueva criatura: Alud Negro.

En el medio aparecieron César Borra y Matías Mielniczuk, los compañeros ideales para llevar a cabo el proyecto que amenaza con teñirlo todo de azabache. Ahora que son una banda hecha y derecha, y que el disco vio su edición física (había sido publicado en Bandcamp a fines de 2013, sign o' the times), Ruiz nos cuenta en detalle cómo fue todo el viaje; y lo que vendrá:

Este es un año bastante productivo para vos, sacaste Huésped como solista y Cuna, el debut de Alud Negro. Ambos discos los grabaste casi por completo, todas las composiciones son tuyas… ¿Por qué decidiste que uno de ellos fuera solista y el otro no?
Cuna fue pensado y concebido en 2013 para un proyecto paralelo que aún no tenía nombre. Una vez que las canciones estaban grabadas comencé a buscar músicos y así nació Alud Negro. Tenía muy claro desde el principio lo que quería. Un trío electrodark sin guitarras. Una banda original y muy poética. Con un sonido distinto a todo lo que venía haciendo.
Por otro lado, Huésped es mi último disco solista y, si bien tiene algunos elementos en común con Cuna (protagonismo de los sintetizadores, baterías electrónicas, por ejemplo), sigue la línea de canciones que vengo haciendo en mi proyecto solista, con estribillos bien marcados y melodías más simples que en discos anteriores.

¿Cómo conviven los dos proyectos? Se nota que te gusta formar bandas, más allá de tu versión solista.
Todo convive de manera natural. En mi proyecto los márgenes son más flexibles. Puedo tocar solo, en dúo, trío o cuarteto, como ahora. En las bandas, en cambio, las formas se mantienen más sólidas, son parte de un concepto, una estructura más concreta. Por ejemplo, Alud Negro es claramente un trío, un triángulo. Cada uno de nosotros es irreemplazable.
Me interesa mucho aprender, interactuar y sobre todo experimentar. Las vivencias como solista son muy distintas a las que tenés en una banda; de la misma manera me pasa con los estilos. Me divierte hacer temas pop, pero también tengo muchas composiciones electrónicas e incluso doom metal, como las que hago para mi otro proyecto, Monje de Fuego.

¿Cómo fue la búsqueda de músicos para Alud Negro? ¿Pensaste en quiénes podían ser mientras grababas el disco o todo surgió después?
La búsqueda fue bastante rápida porque conocía a los chicos de algunos conciertos y amigos en común. César Borra era el tipo de bajista que había pensado para la banda: un bajo muy presente, con púa y mucho ritmo. Lo de Matías Mielniczuk [el tecladista] fue un hallazgo, ya que le dio a la banda mucha dinámica en el plano electrónico. Apenas terminé de redondear los temas di con los chicos y todo fue perfecto. Ellos aportaron mucho en las canciones y así redondeamos entre los tres la producción final. De hecho, actualmente estamos componiendo juntos y salen canciones muy redondas. Creo que nuestro segundo LP dará que hablar.

El nombre Alud Negro resulta paradójico, porque no parece haber en nuestro país una corriente dark demasiado grande. ¿Certificás este parecer o no es tan así? 
Sinceramente no estoy muy al tanto de la movida dark argentina. Investigo mucho sobre música, bandas actuales y de varios estilos, pero hasta ahora vi muy pocos grupos que se autodefinan de esta forma. La mayoría de los grupos que conozco están más ligados al postpunk o el rock gótico.
Cuando armamos las canciones de Cuna, algunos amigos idóneos coincidieron en que lo nuestro era darkwave o new romantic. Para mí es pop (risas), pero bueno, entiendo que ese es un concepto muy ambiguo.

¿Y con qué bandas del darkwave se identifican? Así se autodefinen en las redes sociales.
En lo particular, me gustan mucho algunas bandas como The Frozen Autumn, de Italia, Minuit Machine, de Francia; o She Past Away, de Turquía. Igualmente, creo que Alud Negro es bastante original. Tomamos piezas de varios rompecabezas para crear nuestro propio paisaje.

¿Cómo respondió la gente al vivo y a la formación de la banda? No es del todo convencional...
La reacción del público es genial. Nuestros conciertos son muy divertidos y enérgicos. En general tenemos dos clases de espectadores: los que nos siguen a todos lados, que conocen las canciones y demás, y los nuevos que se van sumando. Estos últimos son más frecuentes en nuestros viajes al interior o cuando tocamos en festivales con bandas de estilos bien distintos. En ambos casos la respuesta es muy buena. Tenemos claro que Alud Negro es una proyecto distinto y eso siempre es un plus. La puesta en escena también es importante en nuestros shows; para la presentación oficial de Cuna vamos a estrenar nuestro nuevo vestuario que es espectacular.

Anuncian un EP próximamente, además.
Sí, tenemos muchos planes. Luego del concierto del 14 de diciembre vamos a lanzar un EP con dos canciones nuevas y una versión del clásico de Virus, Tomo lo que encuentro. El título del disco es Aurora. Por otro lado, estamos a punto de terminar nuestro segundo videoclip y tenemos dos más en proceso de edición.
Además estamos preproduciendo nuestro segundo LP, del que ya tenemos muchas canciones. La idea es que salga en otoño del año que viene. El álbum contará con invitados de lujo y una gira promocional por algunos países de Latinoamérica.


*Alud Negro presenta Cuna en el Centro Cultural Borges (Viamonte 525, Capital Federal), el domingo 14 de diciembre a las 20 horas (súper puntual). Banda invitada: Cosaquitos en Globo. Anticipadas en la boleteria del C.C Borges, de 10 a 21 horas. 
Entrada general: $50 (con disco, $80).


[Foto por Kamel Alzate.]

viernes, 5 de diciembre de 2014

Marco Sanguinetti: cómo encontrar lo propio


Esta nota era una cuenta pendiente de meses. Allá por septiembre nos encontramos con Marco Sanguinetti para charlar y que me diera en mano su último disco, 8. Las casualidades quisieron (todo pasa por alguna razón, no tengan dudas) que nuestro encuentro se postergara más de lo debido, por lo que pudimos concretar el mano a mano justo el día que Marco cumplía años. Pero no sólo eso: ese mismo 24 de septiembre, el hombre recibía la noticia de que su 8 estaba nominado a los premios Grammy Latinos en la categoría Mejor Diseño de Empaque -hecho por Laura Varksy, con ilustraciones de Leandro Castelao-, gracias a su ambiciosa edición en vinilo (no saben qué lindo es...).

Ese día hablamos mucho: de su música, de rock argentino, de los medios, de cómo dio con Mariano Manza Esaín para que produjera 8, de su laburo como diseñador e infinidad de cosas más... pero como la cita no estaba planteada de antemano como una entrevista, no se grabó. A todo esto, yo todavía no había escuchado 8 completo (en Internet aun no está disponible el full album), por lo que la sorpresa al darle play fue mayor, si bien me había resultado atractivo el extracto disponible para probar en Bandcamp. El jazz, el rock en su vertiente más experimental y la música argentina conviven con una naturalidad admirable en un disco que se libra de etiquetas.

A la semana de nuestro encuentro, me ofrecieron entrevistar a Manza para indieHearts. No me pude negar y aproveché para preguntarle respecto de su trabajo en 8. En esta nota, combino lo que me contó el productor con unas cuantas preguntas que volví a hacerle a Sanguinetti, para que la historia cierre como debe ser: con el padre de la criatura explicándolo todo. Marco empieza contando cómo fue que llegó a Esain para que produjera 8:


-Una de las primeras y fundamentales ideas para este disco fue la de trabajar con un productor. No lo había hecho en ninguno de mis tres discos anteriores. Esta vez quería compartir con alguien mis ideas sonoras, discutirlas, e interactuar con las propuestas que otro pudiera sugerir para mi música.
Antes de conocer a Manza me junté a conversar con varios productores y la mayoría no comprendía mi plan, a pesar de que era muy sencillo: realizar una grabación del grupo en el estudio a la manera del jazz tradicional y luego manipular ese registro agregando sonidos ambiente que me había grabado en un viaje por Nepal e India. Mi referente principal era Yankee Hotel Foxtrot, el disco de Wilco. Cuando me encontré con Manza hablamos de Wilco (resultó ser un admirador de la ingeniería de ese disco) y en el acto entendió todo.

¿Cómo es eso del viaje por Nepal e India? ¿Fueron vacaciones?
Fue un viaje sin un fin especifico, como todos mis viajes... Creo que uno comprende el motivo de viajar mucho tiempo después de haber regresado. Esta vez entendí el valor de estar en el camino, ¡el camino es un lugar! Y ahí es donde se debe estar... ¡llegar no tiene sentido! (Risas). Después de desapegarme de algunos proyectos laborales me fui a Nepal para realizar una caminata de 20 días por el Himalaya y sumé un mes y medio por India, donde tomé unas clases de música geniales. Casi todo 8 fue compuesto en ese periodo.

¿Viajaste solo?
Sí, estaba solo, así que fue un verdadero viaje hacia uno mismo, digamos...

Es un disco con influencias múltiples, entonces. Volviendo a Manza, ¿conocías su trabajo previo como productor y músico?
Sí, conocía el trabajo de Manza como productor y también su música. Me gusta mucho lo que hace, ahora soy un seguidor de Valle de Muñecas. Si bien no hay dudas de la capacidad y el profesionalismo de Manza, mi decisión de sumarlo al disco tuvo mas que ver con una primera buena sintonía, algo intuitivo... tal vez, ¡una cuestión de conexión entre pelados! (Risas).

¿Quedaste contento con su laburo?
Sí, claro, Manza se convirtió en un factor fundamental para 8. Conversamos mucho y captó muy bien todas mis intenciones musicales. Su compromiso fue total. Vino a presenciar ensayos previos; estuvo a cargo de la ingeniería de grabación en las sesiones que hicimos en ION; pasamos varios días enteros juntos dedicados a la mezcla; y hasta me acompañó a dejar el material en manos de Andrés Mayo para la masterización.

***

Así como se nota que Marco quedó más que contento con lo hecho por Manza Esain, el cantante y guitarrista de Valle de Muñecas también cree que 8 es un trabajo distintivo entre la infinidad de producciones que hizo en los últimos años (lo primero que le salió apenas mencioné el disco fue un entusiasta "¡está buenísimo!"). Su primera experiencia en territorios cercanos al jazz:


-Era una deuda pendiente, siempre había querido grabar un trío de jazz así, de piano, contrabajo y batería. Y tenía mis propias ideas acerca de cómo tenía que sonar esa música. Todo vino con el plus de que la propuesta de Marco traía eso más otras cosas que tienen que ver con mi mundo usual de producción, entonces fue algo así como un hallazgo. Es un disco del que estoy recontra orgulloso, me encanta haber sido parte de eso. Y haberlo conocido a Marco: encontramos muchísimas cosas de qué charlar acerca de la música, a pesar de que nos movemos en círculos completamente distintos. Eso es súper enriquecedor, porque te das cuenta de que siempre hay un montón de cosas en común.

De hecho, él te eligió a vos porque quería un sonido cercano a ciertas bandas de rock.
Claro, él se fascina con cierta cosa de collage sonoro que tienen un montón de discos de rock contemporáneos, pero al mismo tiempo su música viene de otro palo tímbrico. Como sonidista en vivo también me muevo en otros círculos, y terminás hablando con todos y dándote cuenta de que hay muchas cosas en las que pensás distinto, pero muchas otras que son iguales. Al final, todos hablamos de música y hay algo que nos mueve que es lo mismo, por más que a uno le gusten los Sex Pistols y al otro Steely Dan. Es una cosa muy fuerte, la música une a gente que piensa distinto en otros temas, comunica a gente que habla distintos idiomas...

Marco me contó algo que hiciste, sorprendido para bien: que fuiste con una libreta a los ensayos, te sentaste a un costado de la sala y te pusiste anotar... 
(Se ríe). Fue gracioso, porque cuando él me contactó no se esperaba que como productor hiciera eso. Marco se había juntado con otros productores y tenían approachs muy diferentes, entre sí y al mío. Y creo que lo que a él le gustó fue eso, que yo me metiera y opinara como un miembro más. Yo necesitaba estar desde el principio en un laburo de este tipo, quizá él no pensaba que me iba a ocupar de toda la parte técnica también, de operar... Hay productores que eligen las tomas que van y punto; otros que saben cómo hacer un hit para que suene en la radio y los elementos que tiene que tener la canción para eso; otros que tienen buenos contactos para hacer que tu disco entre en una compañía grande… Todos tenemos nuestras maneras. Por suerte, en este caso salió bien.

***

Volvemos a Marco. ¿Por qué publicó 8 en vinilo? ¿Quién tuvo la idea de agregar al packaging del disco las partituras de los temas y los dibujos explicativos de Leandro Castelao? ¿Cómo se lleva Sanguinetti con el mote de "músico de jazz"? ¿De qué se trata Pibe A, el proyecto con el que revisa la obra de Radiohead? Para cerrar, todo eso:

Pareciera que hay una corriente de músicos de jazz jóvenes que están más ligados al rock, algo que no deja de ser lógico... 
Existe una muy sana honestidad con las influencias musicales... ¡La mayoría de los discos que tengo en casa son de rock! (Risas). No es casual que mis músicos favoritos de la escena del jazz actual (Björn Svensson, The Bad Plus, Vijay Iyer, Brad Mehldau, Dave Douglas, entre otros) transiten también por climas rockeros. El día que terminamos de grabar 8, Manza definió mi proyecto como jazz post-Radiohead (risas). ¡Eso me gustó!


Da la sensación de que con 8 quisiste sacarte definitivamente la etiqueta de “músico de jazz”, y creo que lo lograste. ¿Es así o no es para tanto?
Yo no quiero sacarme ni ponerme ninguna etiqueta. En todo caso, me interesa dar con un género musical propio. Quiero que mi música se identifique con mi historia, con mi ciudad, y eso no puede ser ni jazz, ni tango, ni folclore. Debe ser todo eso y además la música de tradición europea con la que aprendí a tocar el piano, el rock británico de los setentas, Radiohead, Astor Piazzolla, Egberto Gismonti, la música académica del siglo XX, los rockeros argentinos de los ochentas... y todo lo que me pase cerca (risas).

¿Y con qué músicos de la nueva escena te sentís identificado?
Este año coincidimos conversando sobre estas cuestiones con Esteban Sehinkman, Cirilo Fernández y Nicolás Sorín. Eso nos llevó a formar el No-Jazz Collective, con la idea de organizar (entre otras cosas) conciertos donde nuestras cuatro bandas comparten escenario.

¿Te sorprendió que 8 fuera nominado a los premios Grammy latinos por su diseño
¡Claro! La nominación a los Latin Grammys resultó una gran sorpresa porque el disco fue un proyecto súper independiente, apoyado en la buena onda y la enorme capacidad de todos los que participaron. Y fue muy impactante ver que estaba nominado junto a otros productos bancados por la industria a nivel internacional [el ganador fue el diseño de Wed 21, de Juana Molina, hecho por Alejandro Ros; los otros nominados fueron Activistas (Nonpalidece), Antes que tu conte outra (Apanhador Só) y Combi (Lucho Quequezana)]. Con mucha cabeza, corazón y poquísimos recursos, algo típico argentino (risas), hemos logrado un resultado muy bueno.

¿Sentís que le das más importancia que otros músicos a ese costado, por ser tu otra profesión? Son disciplinas con una relación profunda en lo que refiere a creación… 
Puede ser que el hecho de que yo sea diseñador industrial profundice mi atención sobre otras variables del proyecto de un disco. Del mismo modo, en mi tarea como diseñador suelo considerar aspectos sonoros o ligados al movimiento, algo que algunos colegas del diseño suelen ignorar.

¿La idea de presentar el disco con sus partituras e ilustraciones fue tuya? 
La idea de ilustrar los temas de 8 surgió cuando Laura Varsky, después de asistir a un concierto mío, me comentó que mi música le recordaba a las ilustraciones de su amigo Leandro Castelao. En esa misma conversación le dimos forma a este delirio de transportar cada tema del disco a una dimensión gráfica (risas). Pasamos varios meses trabajando en la traducción de la música al dibujo, y Castelao logró interpretar el concepto y la morfología de cada composición a través de unos esquemas que preparé, ¡ahora considerados como una nueva forma de escritura musical! (Risas).

¿Cómo sería eso?
Desde hace unos años vengo desarrollando esquemas de notación musical. Me gusta llamarlos mapas. Se trata de una inquietud personal, que ha sido útil para dialogar desde la música hacia el diseño, y también son utilizados en los ensayos con otros músicos.

Es un procedimiento que se usa mucho en la música contemporánea. ¿Y por qué quisiste que el disco saliera sí o sí en vinilo? ¿Responde a una cuestión romántica, del diseño, o porque el sonido cambia radicalmente?
Compuse la música de 8 para que sea escuchada en vinilo: hay dos comienzos y dos finales (por los lados A y B); el orden de los temas responde al mejor rendimiento de la púa (temas densos sobre el diámetro más grande); la presencia de la base rítmica batería-contrabajo está ecualizada para que vibre el piso de la casa (sólo pasa con vinilos); los temas son cortos para entrar en 20 minutos de cada lado (el ideal para este formato).

Todo fue ideado al detalle.
Sí, pero no soy un fanático… mi próximo disco podría estar proyectado para soporte digital, y en ese caso sacaría provecho de otros condicionantes.

Paralelo a 8, estás llevando a cabo el proyecto PIBE A. ¿Cómo surgió hacer esa revisión de Radiohead? Tiene un antecedente en otra revisión que hiciste...
Sí, el proyecto PIBE A es parte de las obras que desarrollamos con la Cía Móvil, donde integramos música, danza y video. Simplemente, nos basamos en un recorrido conceptual por el disco Kid A; algo parecido a lo que hicimos con The dark side of the moon de Pink Floyd. Además, este año me propusieron hacer un concierto únicamente con versiones de Radiohead... y por supuesto acepté. Para eso formé un grupo nuevo (en trío piano, bandeja y batería) y armé versiones muy personales de varios temas, de modo que todos los discos de Radiohead estuvieran representados. Durante este verano en Buenos Aires seguramente esté presentando ese repertorio en varias oportunidades. En definitiva, cuando me dedico a versionar otras músicas, termino encontrando puertas de ingreso a nuevas composiciones propias.




*Marco Sanguinetti Cuarteto (Marco Sanguinetti en piano y armonio, DJ Pablozqui en bandeja de vinilos, Jerónimo Carmona en contrabajo y Tomas Babjaczuk en batería; + Victoria Zotalis en voz) se presenta hoy viernes 5 de diciembre a la medianoche en Café Vinilo (Gorriti 3780, Palermo). Entradas: $80. Reservas al 4866-6510, o por mail.


[Fotos de Marco y su Cuarteto, por Pablo Astudillo]

jueves, 27 de noviembre de 2014

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Un balbuceo irracional, una ovación de pie. Un auditorio repleto, un nene haciendo pis por la ventana. ¿Qué separa a esas situaciones? Un mundo. ¿Qué las une? Tototomás presentando su disco Jau Jau en el Auditorio de la Facultad de Bellas Artes.

TEXTO: Sebastian Lino
FOTOS: Jeremías De Meo
***

Era viernes y las luminarias anunciaban la caída de la noche.
A las 22 horas comenzaría un evento que dos centenares de personas aguardaban en sinuosa fila sobre diagonal 78 y 60, la entrada del Auditorio de Bellas Artes. Un muchacho andrajoso pedía monedas. Otro de lentes le preguntó:

-¿Cuánto te falta?
-Y… tengo siete pesos.
-Estas re jugado… tomá tres, por ahí con diez más tenés para un vino.
-No es así la cosa, yo quiero ver a la banda.

La banda era Tototomás: un montón de espíritus vivientes salidos de casas-chorizo-centros-culturales, unidos por el embrujo de balbuceos chirriantes como el pedido de un niño que quiere ir al baño, por ejemplo. Uno de esos espíritus asomó a la vereda, hizo algún gesto al aire y desapareció. Las puertas se abrieron y los otros espíritus ingresaron lentamente.
En minutos, el salón principal se llenó y se abrió el palco para los que seguían llegando, ticket en mano. Una niña pasó chillando “aaaua auuua dun dun dun dun dun…” y no pedía agua ni dun dún. Se anticipaba a lo que se escucharía luego.


Un espíritu verde asomó en el escenario, cuyo telón nunca estuvo cerrado. La gente comenzó a aplaudir, pero el ente señaló su palma abierta y dijo: “cinco minutitos”. Algunos lo abuchearon en tono jocoso. Otros siguieron con palmas, ávidos. Pasaron los minutos y dos almas aparecieron sonrientes como dúo de comedia y dijeron algo así: “Para empezar, va a tocar unos temas Juanito el Cantor, que es quien produjo el disco así que tiene mucho que ver con esto. Gracias”. La gente ovacionó aún más cuando un pelilargo de barba y saco sin corbata se acomodó con su guitarra y un percusionista.

Juanito el Cantor comenzó suave, austero como presidente uruguayo o ritmo de esa misma tierra. Pasó otro tema y se declaró más que productor, fan de Tototomás. También aclaró que en esta ocasión no cantaría nada de los dos discos que estaban para vender en la entrada, sino de otro más viejo llamado 12 canciones de amor y una botella de vino.
Sus rasgueos de guitarra asombraron, más por lo emotivos que por su impecable complejidad. El beat-box de Ay, mi gorrión y las espirales de Quiero ser un actor se llevaron los mayores aplausos y risas, como en ¿Dónde está la luz?, cuando Juanito admite el deseo de liberarse tanto como para sacar el pito y hacer pis.

Esa misma libertad se siente cuando se despide y desde algún lugar emerge un coro misterioso: “Eoooooooooo, sinpreguntarnos nonononono/ Eoooooooo, sinpreguntarnos-¡quenospasó!”.
¿Qué les pasaba? Comenzaba la invocación con los segundos finales de Jau Jau, el álbum que los Tototomás tocarían entero y mucho más. Pero no todo fue extrospección directa y sin preguntas. Las primeras frases formales anunciaron: “Siempre estoy mirando al suelo” y una batalla comenzó ahí entre los casi diez espíritus de la banda (incluyendo sección de vientos).

Un ánima golpeó un tacho cual piquetero y la épica se multiplicó durante exactamente 20 segundos de distorsión. Ni más ni menos: el universo sonoro de Tototomás tiene literalmente un poco de todo. El segundo tema también estalló y luego susurró como una banda emo-harcore. Con tantos músicos en escena, más que una banda son tres: un trío punk de bata, bajo y mujeres inquietas chillando; un trío acústico de banjo-pandeiro-guitarra-española que mantiene la profundidad tropical, y por último los vientos que sonaron por momentos como por encargo de Phil Spector.


Resulta difícil ver que en efecto hay un líder de banda, ya que todos bailan, tocan, saltan como por efecto del azar. Pero esta (To to) Tomás, quien cada dos o tres canciones no puede evitar agradecer, presentar, recordar y comprobar que el disco ya salió, que toda esa gente está ahí y que las canciones resisten incluso versiones extendidas como en Dí que te encanta. Hasta en un momento notó y se avergonzó: “¡Gracias! ¡Hay muchas familias detrás de esto!”.

“Snabnieo-sabnineo-namniveo-alanganaunnn”, “Ganguenguengongon goungoun goun”, “eshauuumm ieee”. Tototomás hace que lo imposible sea lo más natural. Más de doscientas personas sonrieron, carcajearon y bailaron (en sus asientos). Hasta las canciones que en el disco son más lentas, como Ay Nanan, ya tienen su versión acelerada hasta un ritmo circense.
Algunos músicos tocaron descalzos. Las coristas no dejaron de bailar un segundo. El bajista se tiró al piso. Tomás quiso imponer autoridad diciendo que el recital terminaba como el disco. Que eso es lo que la gente había pagado y no iba a dar nada más.

Nada menos serio que querer serlo en esta lista de embrujos en una lengua inexistente y ancestral como un bebé nombrando al mundo por primera vez.


[Advertencia del editor: Jau Jau es adictivo como el tomacco, aquél fruto extraño que cosechara Homero Simpson. Consumir con moderación.]

martes, 25 de noviembre de 2014

Nuevos discos, nuevas drogas

Es hermoso seguir leyendo en 2014 que no hay música nueva, que hace rato "no pasa nada". Ese tipo de sentencia suele hablar más de quien la dice (muchas veces periodistas prestigiosos; otras tantas, ¡los mismísimos músicos hablando de sus colegas!) que de lo que sucede en las márgenes de la industria. Lo que pasa, pasa siempre, y bien sabemos que esto de escuchar música es un ejercicio trabajoso que unos cuantos no están dispuestos a llevar a cabo...

Hace un par de semanas creé una carpeta en el escritorio de mi PC que se llama 2014 y tiene más de ochenta discos nacionales editados este año. De a poco, entonces, trataré de que hacer justicia con este año tan fructífero (mucho de lo que hay en la carpeta está buenísimo). Esta vuelta, vamos con cuatro novedades solistas:


Juan Irio - El ideal de lo común: En lo que va del año hubo tres bandas platenses y bellas que anunciaron su despedida: Orquesta de Perros, Miro y su Fabulosa Orquesta de Juguete y Thes Siniestros. Juan Irio, cantor de estos últimos, se encarga en su debut solista de tocar casi todo, acompañado por un desertor de las otras dos bandas que dijeron chau por estos días, el joven y talentoso guitarrista Lautaro Barceló. El ideal de lo común tiende un puente sonoro con la melancolía de Dorado y eterno (último y gran disco de los Siniestros), aunque profundice en los climas más reposados y las canciones de duraciones larrrgas, casi de responso (La derrotaCanción para Carola, Nuestro error) y tristeza que acaricia (Este tiempo no fue hecho para nosotros, Los ídolos). La naturaleza anuncia soledad (El pinar) y futuro (Trepar el ciruelo) y las letras levantan la vara del rock argentino del último lustro: poéticas, milimétricas. Advertencia: no lo dejen pasar.


Gastón Massenzio - Otra luz: Si hay un sello que dio en la tecla en 2014, ése es Fuego Amigo Discos: todo lo que escuché bajo su etiqueta es original y de buena factura (irán cayendo aquí de a poco). Otra luz parece, de buenas a primeras, una celebración de la amistad, la distensión y la simpleza en la que el también platense -aunque radicado en Capital- Massenzio se rodea de amigos/invitados para colorear canciones sencillas y cálidas (Sol distante) y otras más bien taciturnas tirando a oscuras (Lago congelado; la psicodelia acústica de Incógnita (cuatro años luz), ¿será para Cerati?). Con las escuchas nos vamos dando cuenta de que triunfa el costado más introspectivo: cuando Massenzio se sienta al piano en La última noche -balada dark- y Alma sin voz -beat de trip-hop + voz femenina fantasmagórica, cortesía de Mene Savasta- remite a los Thom Yorkes y Fionnas Apples del mundo... y sale muy bien parado.


Juan Ravioli - Allá voy / Bajo la sombra: Celebramos que tras cuatro años de silencio discográfico haya vuelto Juan Ravioli. Es un retorno particular: sólo dos canciones en casi veinte minutos. Más que un simple, aquí bien puede hablarse de un extended play; pero esos resultan meros detalles técnicos, porque Allá voy y Bajo la sombra son ante todo batallas ganadas a los estándares de la canción pop, un desafío duracional al encorsetamiento capitalista (!), y lo justo y necesario de todo el universo sonoro de Juan compactado en dos piezas extensas. La una, Allá voy, entre el western y la contemplación spinetteana; la otra, Bajo la sombra, de impronta prog-pop y leves gestos folclórico/jazzísticos... aunque en el cierre vire a melodrama casi metalero. La soledad se torna eje temático: "Todas las voces que alguna vez hicieron eco en mi interior, se van" o Esto Debe Ser La Soledad Más Absoluta. Aunque el sonido tremendo del final lo diga aún mejor.


Leopo - Puñal 2: Debería ser pecado mortal escribir sobre un disco que se erige como "2" -o sea, la secuela de otra cosa-, sin conocer la parte "1". El lugar del puñal fue el uno... pero empecé sin lugar y quedé encantado igual. Leopo de Sarro (Surales) pela un disco lúdico al borde del ludopatismo, ese juego que también les sale a sus colegas Botis Cromático y Sofía Viola. En este caso, casi lo-fi (¡o casi hi-fi!) y casero, como si el hombre quisiera que hasta se escuche la madera de su guitarra criolla, compañera exclusiva en la aventura. De Sarro sabe que para jugar el juego hay que saber las reglas (Para resolver las cuentas/ es mejor saber las tablas./ La guitarra en sobremesa/ mejor suena) y las tiene clarísimas: ¡cómo toca la viola! Puede ser un rasgueador compulsivo o apelar a su técnica para reproducir cosas intocables (chequeen El amor en la tierra, la intro de Azucena y la breve e intensa Lagrimita, sino). Telúrico y hermoso. Y eso que no hablé de su voz aterciopelada.

viernes, 21 de noviembre de 2014

Pez en Ushuaia: Desde el cielo sólo baja un viento que azota

TEXTO: Lau Larrea
FOTOS: Cecilia Bellotti


Mientras empiezo a escribir esta crónica en Buenos Aires, suena de fondo El manto eléctrico -el nuevo disco de Pez- y la emoción perdura desde el domingo pasado en Ushuaia. Pez cerró allá su primera gira patagónica.

El primer recital que recuerdo haber visto de ellos fue en Costanera Sur -durante las vacaciones de verano del ´99- junto a Cienfuegos y Los Fabulosos Cadillacs. Fui porque en Ushuaia había escuchado hablar de la banda. Al volver, mi hermana me grabo un TDK con Pez (1998) y algunos temas de Quemado.

"Buenos Aires es tan cruel/ la nostalgia es corazón en este estúpido lugar" decía un bloc de notas en el que mi hermana había dibujado una muchacha mirando un horizonte montañoso. Ese bloc de notas me acompañó desde que me mudé de Ushuaia a Buenos Aires en el año 2000, cada vez que anotaba o buscaba algo lo veía; la nostalgia era un sentimiento recurrente por esas épocas.
Gracias a ella fui a ver Pez en el Club del Vino presentando Convivencia sagrada, también recuerdo haber ido a la facultad de Ciencias Económicas con ella. Y por un par de años, hasta el 2006, no fui a verlos en vivo.

En 2007 les escribí para preguntarles por lo invernal y sureño que notaba en las últimas canciones de sus últimos discos, Hoy (de Hoy) y Existencialismo (de Los orfebres). Ambos me parecían temas muy fueguinos. Fósforo García, el bajista, me respondió que no había una razón específica, que era casualidad, sin embargo me contó que siempre quisieron ir a tocar a Ushuaia, que para ellos era una suerte de "tierra prometida" y que siempre les escribían mucho desde allá; pero que era difícil por las distancias y los costos.

Empecé a soñar lo que sería ver a Pez en Ushuaia, y repasé mentalmente toda la gente que conocía de allá que realmente disfrutaba de Pez, era mucha gente. Recuerdo una clase de la facultad en la que me paré delante de todos mis compañeros y les espeté que Pez era "mucho muy grande" en Ushuaia; gracias a ese fervor gané un amigo de la clase.

Este año Pez anunció su primera gira por el Sur y les volví a escribir para confirmarlo ya que quería ir. Alguien contestó desde el Facebook que el 9 de noviembre tenían fecha para tocar en Ushuaia. Era septiembre. Invité a una amiga fanática de Pez y sacamos los pasajes.

Noviembre suele ser un mes hermoso en la Patagonia. Los días empiezan a ser más largos, el sol radiante descongela la nieve de las montañas y los árboles se ven con un verde frondoso. El paisaje se compone de distintas tonalidades de azules de cielos abiertos, lagos y mares; los verdes de Ñires, Lengas, Pinos y Colihues, el gris del ripio que une una ciudad con otra, todos componen una imagen de cuento de Tolkien. El viento completa la pincelada  como marco a tan imponente belleza.
Aunque en Ushuaia nevó los últimos días de octubre y en las montañas permanecía la nieve. La lluvia fue permanente y la temperatura no fue superior a los 7 grados. Hacía frío y el viento frío se siente más duro aún. Se leía por las redes sociales que los muchachos de Pez estaban girando en la Patagonia Austral.


Ese domingo 9 salimos al mediodía y al parar en el mirador del Paso Garibaldi (un mirador en la cima de la montaña, desde donde se cruza la Cordillera de los Andes, que da al Lago Escondido) nos bajamos a sacar fotos. A los pocos minutos una camioneta frenó al pie del mirador y bajaron Fósforo García, Ariel Sanzo, Franco Salvador, Checho Marcos, Mauro Taranto y Mario Burgueño: los tres peces, su asistente, su sonidista y su manager. Pasaron a nuestro lado riéndose y  sorprendidos con las montañas. Mi amiga no se contuvo y los saludó, ellos respondieron cordialmente. Los saludé y les dije que viajábamos desde Buenos Aires para verlos, se sonrieron sorprendidos y nos agradecieron; nos preguntaron si habíamos estado la noche anterior en Río Grande ya que había sido un show hermoso y muy intenso. Nos contaron que estaban de viaje desde Río Grande a Ushuaia. Mi amiga preguntó si les podía sacar una foto, ellos subidos sobre la muralla con la cordillera y el lago de fondo. Los saludamos y seguimos. Me reproché no haber hablado más. Tenía una idea de lo que quería preguntarles. Nos despedimos hasta la noche.

En lugares tan inhóspitos, tan chicos, tan lejanos, no pasan muchas cosas. El tiempo es distinto al de la ciudad. El tiempo y los días son distintos. La noche es luminosa. El tiempo en todas sus expresiones: las horas transcurren más lentas o de acuerdo a un tiempo ¿biológico?; el tiempo climático es caprichoso, en un mismo día puede llover, salir un sol radiante, nevar y estar nublado. Cuanto más al sur se va, en primavera/verano anochece más tarde y amanece más temprano.

A las nueve de la noche y bajo una lluvia torrencial poco común, con frío y viento, los Pez estaban (músicos, sonidista, apoyo logístico y manager) en la vereda del local, charlando con los que íbamos llegando, refugiados bajo el techo del lugar. Se los notaba con cara de contentos y cansados, se mostraban felices de estar ahí y de haber logrado la gira que, contaron, se bancaron ellos mismos y hacía muchísimo tiempo querían hacer. Ni Franco ni Fósforo habían estado en Ushuaia antes, Ariel recordó haber estado con los Cadillacs a fines de los ’90.

Todo el equipo habló de la gira dividida en dos partes. Calafate fue el parte aguas de esta gira. Parece que allí pudieron parar varios días en un alojamiento copado y hasta grabaron algunas cosas. También visitaron el Glaciar Perito Moreno. Hubo un antes y un después del Calafate (que les robo el corazón).

Ariel y Mauro estaban contentos con el frío, en cambio Franco no. De hecho, intentó pasear por el centro pero la lluvia y el frío lo desanimaron pronto. Fósforo fue el único que estuvo apartado del grupo hablando con alguien que parecía conocer de mucho tiempo atrás. Me hubiera gustado preguntarles por los públicos de la Patagonia, o por la lista de temas. Sólo atine a pedirle a Checho si por favor podía guardarme la lista para quedármela de recuerdo.

Al rato de esperar, todos fuimos entrando. Ariel y Mario se pusieron en una mesa a vender discos y remeras. Ariel, con muy buena onda, firmó cada disco que vendió. Se sacaron fotos con todos los que las pidieron, y charlaron con aquellos que se acercaban. Nosotras no fuimos la excepción.


Pasadas las diez empezó la banda local que los teloneó, Simón Radowitzky. El cantante presentó a la banda como "todos de San Vicente de Paul", un barrio histórico que se sitúa en la zona fabril, rodeado de galpones, depósitos y fábricas. Esta aclaración fortaleció lo que se escuchó después, letras con una mirada crítica sobre la sociedad fueguina y con mucha referencia a lo local. La banda tocaba un rock grunge, con mezclas de rap/hip-hop. A la formación básica de batería-bajo-guitarra se sumaban samplers, loops y efectos varios. Contaron que en pocos días salía su primer disco y saludaron tras poco más de 40 minutos de show para un público que arengó y cantó todas las canciones.

Un rato después Pez abría su primer show en Ushuaia con Barro (Desde el viento en la montaña hasta la espuma del mar). Ariel agradeció ese primer mail que le enviaron desde Ushuaia en el ’97 y comentó que esperaba "que no pasaran tantos años para volver". El público extasiado bailaba y pedía canciones, así fue que se coló Campos de inconsciencia; Minimal aclaró que El alma de Ana no sonaría porque era un tema para una ex y su mujer lo mataba si se enteraba de que lo habían tocado (todo en tono relajado y jocoso). La voz de Ariel no se notaba cansada, se los veía sonrientes y acalorados: más de 200 personas saltando en ese pequeño lugar emanaban mucho calor, por lo que pidieron que se abran las puertas... aunque para ese momento Franco ya tocaba sin remera. De repente y ante la mirada atónita de los presentes comenzó a sonar Ushuaia. A pesar de que ellos habían aclarado que no tocarían la canción ni en Tilcara ni en Ushuaia, sabíamos por las redes sociales que había sonado en El Calafate. Fue un momento de intensa emoción.

(Una particularidad del show en Ushuaia: salvo mi amiga y alguien del local que filmaba todo, no había fotógrafos. Fue como volver a un show de rock de hace 20 años, un lugar chico, todos amuchados y sin fotógrafos).

Casi 2 horas después de comenzado el show, terminó con el público enardecido cantando Malambo. Checho cumplió y mientras desarmaba todo, nos acercó dos listas de temas.


Al salir les preguntamos dónde paraban y hasta cuándo se quedaban. Nos contaron que volvían al otro día -al mediodía- y que, si llegaban, harían la excursión en Catamarán. Estaban cansados y ya tenían ganas de volver a casa.  Les había escrito para hacer una entrevista allá en Ushuaia, para hablar de la gira y del disco nuevo. Fósforo contestó que sí, que no habría problemas. Pero el momento post show no era el indicado para hacer la nota, así que pensé en escribirles para hacerla al regreso. Mientras tanto, escribo esto para no olvidar lo que fue Pez en Ushuaia (¡como si eso fuera posible!) y para compartir con quienes me preguntaron por el recital: Pez en Ushuaia fue un sueño cumplido y como dijeron ellos, ahora habrá que pensar... qué otro sueño queda por cumplir.

jueves, 6 de noviembre de 2014

Gabo Ferro y Luciana Jury, el milagro de una voz


Lo mejor del disco conjunto entre Gabo Ferro y Luciana Jury es que por momentos no se sabe quién canta. Las voces se funden, se confunden, histriónicas, se juntan, se chocan, se enmascaran, perturban. Llega un momento en que ambos son una sola persona, incluso cuando está cantando sólo uno de ellos: Jury podría ser Ferro y viceversa. No es que no se distinga la voz de cada cual, sino que ahí se explica la comunión que derivó en disco. La clave está en sus voces inquietas e inquietantes, en esa capacidad de trastornar la piel con un grito o un susurro.

Una de las grandes decepciones (entre comillas bastante grandes) de La la la, el disco de la dupla Spinetta/Páez, es que casi no junten sus voces para hacerlas una: cuando uno dice, el otro muta. Y aunque en sus músicas sí haya una influencia y afinidad evidentes, Fito y el Flaco no cantan precisamente parecido, por lo que la unión habría sido interesante para saber qué tercera voz salía de allí.

En El veneno de los milagros lo que sucede es precioso: dos de las voces más expresivas (vayamos más allá de las capacidades técnicas, esta gente canta hermoso pero además transmite), una tras otra, juntas, en un disco que pasa como un huracán emocional, como si los sonidos se desintegraran por la transparencia y la fragilidad que sale de ambas bocas. Cómo friza los sentidos por su punkitud (no me van a comparar esto con Green Day, por favor) y una interpretación sostenida por guitarras que pasan del arpegio espacioso al cuasimachaque hasta llegar al silencio, porque con la palabra y la búsqueda del perfume de las noches, basta; Estamos, estarás funciona como contraparte (“quiero ser lo que he reído, no sólo lo que sufrí”).


"Aire, necesito que te deshagas en soplos”, cantan. Amigos, ustedes dos hacen con el aire lo que quieren y más: los experimentos vocales de la susurrada y borrascosa Bayos negros dormidos dan escalofríos en un día de rayos, truenos y tormentas como hoy*. Para El extrañante, la trama conjunta es el punto cúlmine de la teatralidad vocal: por momentos Ferro y Jury recrean flautas al unísono, luego se vuelven hachas haciendo su trabajo letal sobre la madera indefensa (“la calma de un mar feroz”, dice Gabo y pone los pelos de punta). El acorde final es, casi, tan intenso y rupturista como lo que transcurre en los 3 minutos anteriores.

De golpe el disco termina y uno se queda pensando si lo que pasó fue una ráfaga de viento erizador de pieles o un cachetazo. Mientras, las voces pegan el golpe de knock-out. Las últimas palabras que se escuchan son éstas, las copio rápido porque el tiempo pasa: “Hemos cantado tanto para esto,/ para ver que se cante sin su riesgo. / Cantar, cantar, cantar, cantar / Mirar o ver, mirar o ver, mirar o ver”. El tiempo pasa, la canción (Mirar o ver) acaba, el disco termina. Jury y Ferro ven. Es hora de que muchos otros lo intenten.

Uno de los discos año (otra vez) si es que hay discos que duren un año o 34 minutos, como es el caso: aquí hay demasiado tiempo liberado. Ése es el milagro.




*Escrito durante las tres primeras (y sucesivas) escuchas del disco, el lluvioso miércoles 29/10/14. Foto de Luciana y Gabo por Alejandra López.

martes, 28 de octubre de 2014

Acorazado Potemkin, tres por tres


Tercera y última parte de la hermosa charla con los tres Acorazado Potemkin. No por casualidad publico todo lo que se habló (más allá de mi costumbre de hacerlo...): lo dicho por Federico Ghazarossian, Lulo Esain y Juan Pablo Fernández es interesante y profundo. La dosis de humor que tiene el texto me sorprendió a mí mismo al desgrabar y sorprende al releer: sospecho que Juan Pablo podría ser un tuitstar si se lo propusiera, por su capacidad para aprovechar el hueco y clavarla al ángulo con unas pocas y precisas palabras (aunque no creo que esto esté entre sus objetivos más próximos).

Lo demás ya lo saben. Que fuimos con Miriam y Vicky y que la charla abarcó un temario amplio o, como titulara la revista La García una vieja nota con Los Redondos, fuimos "del universo al bife". En este cierre, los AP nos cuentan cómo sobreviven (o no) de la música; reivindican la movida de festivales autogestionados por sobre los megaesponsoreados; reconocen a nuevos valores de la escena; y profundizan en el porqué de su nombre.

NOTA: Santiago Segura y Miriam Maidana
FOTOS: Victoria Schwindt

[PRIMERA PARTE - SEGUNDA PARTE]


"SOS MÚSICO Y... ¿DE QUÉ TRABAJÁS?"

MM: ¿Ustedes pueden vivir de la música?
JPF: Tenemos siete u ocho cosas que están incluidas en la palabra “música” (risas). Cada uno arma el puchero con un montón de cosas distintas. Yo, ponele, hago desde gráfica, hasta música para obras de teatro o películas.

SS: ¿Gráfica en qué, hacés diseños de discos y demás?
JPF: Sí, claro, soy diseñador gráfico. Y bueno, paro la olla haciendo muchas cosas... Como le pasa a la mayoría de la gente, en todo el mundo, salvo a los europeos.

MM: A los psicoanalistas nos pasa lo mismo. Igual es ridículo pensar que vas a vivir de una sola cosa.

SS ¡No debería ser tan ridículo! (Risas).
FG: Estaría buenísimo, para estar con la cabeza sólo en eso. Me gustaría vivir sólo de la música. Hace siete años que hago cualquier cosa: vendo rodillos, trabajaba en pruebas de coches, me contratabas para estar parado en la esquina y me quedaba parado en la esquina... (Risas). Pero porque musicalmente había meses donde no ganaba un mango. Hace cuatro años que estoy con cuatro o cinco bandas, algunas que son eventuales y otras más fijas, pero hay meses donde igual no llegás y entonces terminás haciendo cualquier otra cosa; aunque siempre esté pensando en música.

MM: ¿Pero no estás dando clases?
FG: Sí, tengo algunos alumnos, pero pocos...

SS: ¿Y ahora qué de todo eso hacés, aparte de la música?
FG: Lo de los rodillos. Salgo a vender rodillos y pinceles, hace siete años que lo hago, lo sigo haciendo porque… ponele, este mes estoy al horno (risas).

JPF: No musicalmente, económicamente (más risas).

FG: Tengo un par de alumnos y nada más.

LE: Y los alumnos van y vienen. Yo medio que me armo entre Acorazado, Valle y Motorama más los laburos que hago de drum-doctor, en estudios de grabación y eso. Y después tengo algunos alumnos. La otra vez estaba yendo a tomarme el bondi y me crucé con el verdulero, y me pregunta: “¿vas a laburar? ¿De qué laburás vos, Luciano?”. “¡Toco la batería!”. “¿Y ganás plata con eso?” (Risas). Entonces yo le digo: “¿qué es ganar plata, recuperar la plata que gastaste el mes pasado, o juntar para el mes que viene?”. Es un poco eso, saco de un lado y pongo en el otro, voy tapando huecos. Pero no hago otra cosa por fuera, todo está relacionado a la batería y a la música.

JPF: A mí el verdulero me dijo que nos había visto en Encuentro (risas).


LOS FESTIVALES, LAS BANDAS NUEVAS

SS: ¿Y con la Ley de la Música se activó algo ya?
LE: Todavía no, no hay nada claro.

FG: Eso de que no te tienen que cobrar el sonido, por ejemplo, todavía no cambió. O que tiene que haber un cachet fijo.

JPF: Igual a nosotros la experiencia nos juega a favor, ya sabemos por dónde movernos. Pero sigue estando el tipo que te hace vender entradas, sigue estando el que te cobra la cerveza...

LE: Y también pasa que sigue estando la banda dispuesta a pagar para tocar antes de una banda que viene de afuera. O incluso para tocar con bandas de acá. Y eso es lo que determina que se siga sosteniendo esa porquería de hacerle vender entradas a la banda, que pasa desde que yo era muy chico. Yo siempre me dije que nunca en mi vida iba a hacerlo. Igual, hay algo así como movidas paralelas, que no se cruzan. Hay un circuito de bandas que tocan en ciertos lugares, que capaz arman un festival de cinco grupos y no se prestan las cosas entre sí, y en la puerta tenés que decir a qué banda vas a ver... ¡Y se piensan que tocar es eso!

JPF: Y después hay otra cosa linda que está pasando en el ambientillo nuestro, y es que empiezan a animarse a hacer producciones más ambiciosas los productores de por ejemplo el Festipulenta, el FestiZAS, el Music is my Girlfriend, el mismo FestiPez que hacen los chicos... La gente y el músico no tiene miedo de animarse a ir a un escenario más grande; los músicos y los productores tienen ganas y entonces venís tocando en un lugar chico y de repente se alquila el Matienzo y se pone hasta los huevos porque todo el mundo quiere ir creciendo de escenario y de público, y de ahí se va al Konex y de ahí adonde sea.

FG: Hay gente que se está animando, y es lo que te da Internet de no depender de un gran medio o de una radio. Antes el festival era de tal persona y nada más. No por nada se creó el FestiPez, y lo que generaron es algo buenísimo, demostraron que se puede hacer.

JPF: En el FestiPez o en el Festipulenta cobramos todas las bandas lo mismo, tocamos todas las bandas la misma cantidad de tiempo, todos con el mismo sonido.

FG: Y no te cobran una fortuna, no te rompen el culo para que estés todo el día viendo el cartel de Pepsi ahí (risas). Esa política de festivales que te cobran una entrada de 600 pesos y vos tenés que comprarles el agua y el pancho a ellos, te tratan como el orto y no te dejan entrar comida. La gente paga para que la forreen. O largan una preventa del Lollapalooza y te rumorean artistas para que se vendan las entradas: “viene Jack White”.

LE: Claro, lo que pasa es que te conviene comprar las entradas ahora, ¡porque el año que viene van a estar una luca! (Risas).

MM: Volviendo a lo que decían de los lugares de acá, El Matienzo, por ejemplo, es un lugar que tiene su público más allá de los shows. Está el que va a los shows y también el que va a comer algo porque es un lugar encantador. Se abrió todo otro circuito, aunque Macri se la pase cerrando lugares...
JPF: Y en el Matienzo no hay patovicas en la puerta.

SS: Son pibes como nosotros los de la puerta.
JPF: Claro, es otra lógica también. Después hay algunas cosas que pasan que son rarísimas, por ejemplo: hacés una guitarreada en tu casa y te meten una denuncia, en vez de tirarte un huevo como hacían antes. Antes te puteabas con los tipos, te cagaban a huevazos, les decías “bueno, ya va…” (Risas). ¡Ahora tenés que tener una habilitación para hacer una guitarreada en tu casa!

MM: ¡Y si guitarreás no podés bailar, es increíble! 
JPF: Igual yo nunca hice temas para bailar (risas).

FG: ¡Tiene que ser "Clase B" tu casa! (más risas).

LE: Eso pasó, me acuerdo de alguna vez en el Podestá que empezaron a decir “por favor, no se paren a bailar”.

SS: Increíble. Mencionaron varios festivales, y ahí ustedes comparten fecha con bandas más jovenes. ¿Cuáles les gustan?
LE: Compartimos en los festivales con bandas a las que les llevamos 10 o 15 años, sí. Me gustan Riel, Atrás Hay Truenos, los chicos de Córdoba del [Un día perfecto para el] Pez Banana... No sé, hay un montón.

JPF: Los chicos de Marvin, que ensayan acá, Tulús, Crema del Cielo, Norma (aunque son un poco más grandes). Los más chiquilines de ahí son los Tulús.

FG: Y Las Diferencias...

JPF: Sí, Las Diferencias me encanta. También Sur Oculto, que son más grandes pero son buenísimos.


NAVEGANDO EN EL "ACORAZADO"

MM: En relación al nombre de la banda les quería preguntar algo [nota: alerta spoiler de una película que tiene 90 años]. El otro día recordé aquello de los marineros cuando se rebelan en El Acorazado Potemkin por el tema de los malos tratos, y entregan la comida en mal estado. Pensaba que ustedes de alguna manera toman ese nombre marcados por esto, por cierta rebelión de la que venimos hablando, cierto movimiento de abajo. Que no tiene que darse necesariamente abajo, tampoco pretenden liberar a las masas. No sé si queda claro...
FG: Yo te puedo decir cómo lo tomé yo siempre. A mí la película me marcó, todo ese cine que iba a ver a la Lugones y al Cosmos, que era Bergman, Tarkovsky y Eisenstein. Me las vi todas. Me costaba la palabra "acorazado" por la parte militar, pero en la película y lo que me transmite hoy por hoy la banda es ése... Sueño de libertad, ¿no? El sueño sigue todavía, mi chiste interno era ése: el sueño sigue.

JPF: No era algo ingenuo, seguro.

FG: No por algo grandilocuente, sí por los derechos de cada uno. De preguntarse por qué aquél tiene más derechos que yo, ¿porque tiene plata? ¿Porque es policía, porque es juez, porque puede pagarlos?

JPF: A mí lo que me fascina -y que fue lo lindo de recrear- es cierto espíritu adolescente del que hablamos. Una de las cosas que más me gusta de la película es esa chispa que enciende algo, cómo funciona ese entusiasmo, ese impulso de cuando uno es más chico. Entonces uno está intentando recrear ese impulso de cuando es más pibe y, obviamente, son unos anteojos para mirar, es una forma de pararse, no es ingenuo, no es inocente, es rojo, hay un montón de cosas que le podés encontrar. Pero desde una cosa muy personal, a nuestra escala, me parece que tiene que ver con que uno hace rock para compartir eso. Esa rebelión, esa actitud, ese ideal de libertad. O buscar una sensación de libertad, aunque nunca te sientas libre del todo: siempre compartida, siempre nosotros, siempre colectiva.

LE: Un poco ese espíritu del Do It Yourself del punk rock, también.

FG: Un día tuvimos la suerte de hacer un show en Mendoza tocando sobre la película, con la película de fondo. Se proyectaba El Acorazado..., y nosotros estábamos tocando abajo. Se juntó mucha gente, era la primera vez que tocábamos en Mendoza y aparte estaba toda la gente así (mira para arriba).

JPF: Hay por ahí una foto hermosa de eso.

FG: Aparte fue en un cine de la década del ’40, ponele, y se juntaron como 300 personas. Le decíamos a la gente de la organización “no vemos un carajo” (risas) porque teníamos tres veladores nomás.

JPF: “Y bueno, sino no se ve la película”, nos decían (más risas).

FG: Trabajábamos con la luz de la película. Y en un momento, creo que fue justo en la escena de la escalera, estábamos tocando Puma Thurman... Ahí fue un flash.

JPF: Aparte mirabas a la gente y estaban todos así (mira para arriba como Federico), no nos daban ni cinco de bola.

SS: Estaría bueno que lo hicieran de nuevo.
JPF: Nos gustaría, estaría buenísimo. Sé que hay una versión musicalizada por los Pet Shop Boys, también. Se han hecho muchas cosas. A mí siempre me gustó que el grupo tuviera el nombre de algo, que la banda tenga algo que nos englobe y nos supere y nos trascienda a los tres. Que hablemos de eso como si fuera otra cosa y no la suma de nosotros. “Toca Acorazado”, me gustaba eso. Y después todas las cosas que te puede traer, no sé... yo la vi en el Centro de Estudiantes del colegio. Pero para mí en particular reencontrarme con la guitarra y con una forma de componer, hacer un trío... fue muy importante. Había muchas cosas que tenían que ver con eso, con lo que creíamos que eran ideales del rock. Después uno va creciendo y se da cuenta de que ni el rock ni ningún movimiento tienen sus propias formas y nada está ajeno a lo que pasa alrededor y a la gente que lo compone. No es que el rock es una cosa y el tango otra cosa, está lleno de cruces por todos lados.

FG: El rock venía bastardeado de todas las cosas que pasaron en los ’90, hubo un momento que no pasaba nada, de una sequedad de ideas... Y creo que después de lo que pasó en el 2001 con De la Rúa y todo el problema que tuvimos, de vuelta volvió la llama vieja. Y las nuevas generaciones también, claro. Porque nosotros, siendo gente mayor, trabajamos con el impulso de los pibes.


*Acorazado Potemkin continúa presentando Remolino. El viernes 31 de octubre tocarán junto a Las Diferencias en Pura Vida (Diagonal 78 y 61, La Plata). Entradas en puerta: $40. Show después de medianoche.
En tanto, el domingo 9 de noviembre se presentarán en La Usina del Arte (Cafarena 1 esq. Pedro de Mendoza, La Boca; horario tentativo: 17 hs.); y el miércoles 12 abrirán la V Muestra de Cine Independiente de Rio Cuarto, Córdoba, en el C.C. Leonardo Favio. Ambos shows con entrada libre y gratuita.

miércoles, 15 de octubre de 2014

Acorazado Potemkin: Hay segunda vuelta

Segunda parte de la charla que tuvimos junto a Miriam Maidana y Victoria Schwindt con los tres miembros de Acorazado Potemkin. El temario, esta vez, se expande más allá del Remolino: Juan Pablo Fernández, Federico Ghazarossian y Lulo Esaín hablan de las edades para tocar y ser público de rock and roll; de las nuevas tecnologías, Internet y la relación del grupo con Oui Oui Records, su sello editor; de U2 y Apple; y de cómo hace un grupo del under para girar por todo el país.
Sí, todo eso y aún falta una tercera parte. Los que se hayan perdido la primera vuelta, pueden leerla aquí. Los que no: allá vamos.

NOTA: Santiago Segura y Miriam Maidana
FOTOS: Victoria Schwindt


EL PÚBLICO, LAS EDADES Y LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS

MM: Ustedes tienen un target interesante de público, que no es a propósito, claro. Yo no sé si van a llegar a gente de 15 o 16 años, me parece que hay como una movida...
JPF: (Proclama) ¡Va a ser nuestro orgullo cuarentón! ¡¡¡Ustedes!!! (Risas).

MM: ¿Te fijaste que no hay música para gente de nuestra edad? Por eso seguimos escuchando siempre lo mismo… No me parece un hueco menor.
FG: Yo tenía un concepto a principios de los 2000, que ahí ya tenía cuarenta y algo: que la gente de cuarenta ya no escuchaba rock (risas).

LE: ¡Ahora tenés cuarenta y algo, boludo! (Más risas).

FG: ¡Ahora tengo casi 52! (Carcajadas).

JPF: ¡Vino tinto y jazz! (Más carcajadas).

FG: Yo ahí había dejado un poco el rock, ya estaba re quemado del rock. En un momento pensaba eso, pero cuando volví a tocar con ellos vi una vuelta de la gente de cuarenta a los shows. Algo que me sorprendía porque estaban excitadísimos, gritando “eh, toquen rock, toquen rock” (risas).

MM: A lo que voy es que viene Gloria Gaynor y llena, quiero decir: no es un fenómeno menor. Hay un montón de gente que no encuentra qué escuchar... Lo que pasa que quizá tiene otro poder adquisitivo para comprar las entradas y por ahí es necesario que los lugares sean mejores; difícilmente vaya a un sótano. Pero es una brecha que me parece interesante, porque pareciera que uno debería empezar a escuchar Keith Jarrett, y a mí me aburría a los 20 y me aburre ahora.
FG: Es algo que yo me planteé toda la vida: creía que después de los 35 años estabas muerto como músico de rock. Obvio que después veías que Eric Clapton seguía tocando con 80 años y llenaba (risas), pero es Eric Clapton.

MM: ¡El Indio Solari tiene más de sesenta años!
FG: Pero de última es una mega industria esa gente, nosotros siempre estuvimos más o menos en un mismo nivel, algunos años un poco mejor y otros un poco peor, pero siempre fue remarla, remarla y remarla. Yo me decía a mí mismo “y... si quiero ser músico tengo que dedicarme a estudiar, sino me dedico más a la droga” (risas).

MM: A venderla... (Carcajadas).
FG: Sí, bueno, no sé… (Risas). Ya los efectos los sabía (Más risas). Pero después hubo un cambio en mi cabeza, entendí que la música es universal y podés seguir en lo que sea. Y hay algo bueno que te da que es el asentamiento, de grande disfrutás más de las cosas que vas tocando y vas sacándote una cantidad de miedos. Disfrutás más en el estudio, no pensás “no llegó a la semicorchea esa de la puta madre” (risas).

LE: Algo bueno que decís vos, Miriam, es que quizá hay un público de más de 35 para el que ir a ver rock era sólo ir a ver cosas grandes, no meterse en lugares como el Zaguán, el Salón Pueyrredón o Uniclub a bancarse el volumen, ¿entendés?

MM: ¡Es que las bandas de rock importantes son todas de viejos! Divididos no es una banda adolescente. Eso es algo que la gente no tiene en cuenta. Hay una fantasía de que el rock lo hacen los jóvenes y últimamente son más los jóvenes que lo escuchan que los que lo hacen.
FG: Los Redondos cuando arrancaron ya eran grandes.

SS: Tenían como treinta años, no eran adolescentes.
LE: Sí, igual hay un desfasaje que tiene que ver con la manera en que se mueve el negocio, la industria del rock acá, que si no tenés diez años de experiencia de banda, supuestamente no tenés chapa para que te consideren una banda importante. Pasaba otra cosa con la generación de músicos de él, de los ’80 [señala a Federico que, por si hay algún desprevenido, tocó en Don Cornelio y luego en Los Visitantes], que grabaron de jóvenes y estuvieron en multinacionales y se plantaron como bandas establecidas siendo jóvenes.

FG: La última banda así fue Catupecu, creo.

JPF: Catupecu, Estelares y Massacre, que son más de nuestra generación y son las últimas…

SS: Sí, pero Massacre y Estelares llegaron a una popularidad importante después de muchos años, Massacre estuvo 20 años tocando. Con Catupecu quizá sí pasó desde el comienzo. Y es cierto que son bandas que tienen cierta relación generacional con ustedes.
JPF: Sí, sin ninguna duda, los tres compartimos escenario con todas esas bandas.

SS: Y quizá lo que dice ella de su público también se relacione con que son gente que tuvo otros grupos y la gente los viene siguiendo desde entonces.
JPF: Sí, capaz la síntesis viene de eso en un punto, porque ya probamos muchas cosas, entonces decimos “esto es así”. Nuestro filtro interno de las canciones es así. Nos decimos “esto ya no lo voy a hacer", "esto otro ya lo hicimos en tal tema”, entonces tendés a ser más preciso pero en un sentido de querer concretar y creer que no tenés que explicar nada: tocás lo que tenés que tocar y cantás lo que tenés que cantar. Ya no pedís permiso, ya te dieron la palabra, ya probaste varias cosas, entonces, ¿qué hay de nuevo para decir? Esto.

MM: (A Juan) Vos estás más divertido igual, desde que te sacaste el traje estás más relajado (risas). Tuviste una época durísima...
FG: No, es que estaba duro todo el tiempo (más risas).

MM: Es valioso cambiar de banda y algún efecto produce.
JPF: Sí sí sí, puede ser, claro.

SS: Lo que decís me recuerda a algo que Juan repitió en muchas notas: que con Acorazado él sintió que volvía a componer como en su adolescencia.
JPF: Sí, eso es cierto.

MM: No lo leí eso, pero conocí a los Reincidentes desde el comienzo. Lo pensaba quizá porque siempre que una banda se separa y un músico arma otra, la gente empieza: “¿cuándo se reúne la banda anterior?”.
LE: Yo tuve bandas que duraron poco o no tuvieron una gran trascendencia, pero a veces aparece alguno que me dice ¿y, cuándo se juntan con Plaimobyl?”. Y yo me quedo pensando... “¡Plaimobyl ya fue boludo!” (Risas).

JPF: Qué sé yo... Eso pasa. El tema es que vos estés bien para ir para el lado que tenés que ir. Yo puedo recordar con mucho cariño o con orgullo eso, pero acá estamos en otro plan. Y somos amigos con los Reincidentes, y siempre está la fantasía, y siempre están los temas, eso no murió. Nunca mesa de saldos, además (risas). Creo que más allá de si representás o no una cuestión generacional como decíamos recién, yo siempre sentí que tenía que poder contar -en lo personal y con la gente con la que estoy- las cosas que me están pasando; lo que está pasando en el mundo y el entorno en el que estás. Para mí esas cosas del rock siguen siendo un valor: la honestidad, la experiencia, la actitud. Esas cosas le dan sentido. Puedo entender el personaje, la imitación o la recreación, pero yo no lo siento así, no puedo hacer eso. Por eso está bueno juntarse con músicos que compartan esos valores.

LE: No es que uno está jugando a ser rockero, que está tratando de meterse en un lugar que no es suyo: yo me asumo como baterista de rock, es lo que soy.


SS: Bueno, para Federico la banda fue una vuelta al rock, de hecho. ¿Cuánto hace que no tocabas el bajo?
JPF: ¡Éste la fundó, qué retomó! (Risas).

FG: Claro, estuve diez años sin tocar el bajo.

JPF: Y yo siempre reivindiqué el lado rockero de la Pequeña Orquesta, éramos bichos raros y no nos dejaban tocar en un montón lugares, tuvimos que armar un ciclo los martes, en el Club del Vino, para poder tocar con piano y con batería. ¡Los martes! Era una rareza en ese momento. Pero bueno, el rock siempre fue difícil, siempre, y creo que es parte de su encanto. Y siempre hubo semillero, también. Ahora se habla de Macri pero cuando vos (señala a Federico) eras chico estaban las razzias de la policía, más atrás estaban los militares, o el inspector de SADAIC y las clausuras… Siempre hubo algo. ¡O que no te ponían en la agenda del suplemento Sí! (Risas).

LE: “¡Uy, no salió en el Sí, no va a ir nadie, ni vayamos!” (Más risas). Y si te ponían mal el nombre...

JPF: Han cambiado muchas cosas, muchas para bien. Y otras siguen siendo difíciles. En esa época de la agenda del Sí hacíamos el chiste, por ejemplo, del momento del velatorio (todos reímos y el susurra una historia). “Se murió Juan Pablo Fernández, bueno… Va la mujer y un par de personas más...”. “No vino la gente…”. “Es que salió mal el aviso de Clarín, me parece que no salió bien la dirección…” (Muchas risas).

FG: Lo que está bueno es que se eliminó parte de lo que era el establishment en el rock, esto que decimos un poco en chiste de la agenda del Sí, que ibas a Cemento y te decían “te pongo en el avisito y te cobro cinco lucas más”. Cuando apareció Internet, el músico empezó a manejarse un poco más solo. Y que te conozcan por hacer un clic nada más, trajo un saneamiento en el rock. Antes era “si no tengo manager, no soy nadie; si no estoy en el Sí, no soy nadie”. Ahora está buenísimo, tenés más posibilidades en la forma de grabar, de proyectarte y de que te conozca la gente. Creo que nuestra arma más fuerte fue ésa: “¿no nos pasa nadie? Acá tenés un lugar para escucharnos”. Y subimos el disco. Y lo que antes te costaba siete meses, que llegara tu disco a Tilcara o a Río Gallegos, hoy llega al instante. Te da la libertad también para ir a esos lugares, que antes dependías de alquilarte un micro para llevar los equipos porque no había sonido, te salía 20 mil pesos sólo llegar a Santa Cruz. Ahora te subis a un micro, alquilás un equipo y una batería y llegás.

MM: Otra cosa que cambió con Internet es que la gente tiene un contacto directo con el músico y se da cuenta si es una persona interesante o un reverendo boludo. Los de Tan Biónica son tontos, no importa lo que hagan, eso ahora queda claro. Y creo que ustedes eso lo resuelven bien: vos sos un militante bravo contra Monsanto (señala a Federico), vos (Juan) tenés una cuestión con el proyecto Yo No Fui... También me parece sano que en Facebook se hagan algunos chistes con el Indio, con esto de las cartas de despedida a Joan Rivers (risas). Se desacraliza un poco todo. El rock tiene que volver a hablar de par en par, sino es lógico que los chicos escuchen cumbia porque ahí son divertidos y les hablan así.
JPF: Bueno, esto que decís para mí fue siempre una necesidad, pedir la oportunidad de jugar de igual a igual. ¿Yo voy a ir a tocar a tu festival y vos no me vas a pagar ni un peso? Bueno, pero voy a tocar 30 minutos y con el mismo sonido que los otros... y vamos a ver a quién aplaude más la gente. Era ésa la discusión, re creídos por supuesto (risas). Es la única forma de sostener y de bancar que tenés, de decir “yo no firmo este contrato, yo no estuve acá, yo no me siento en tal mesa”. Pero, ¿por qué? Porque tenés los votos, que es la gente, o tenés la confianza en la obra, en el material, y decís “bueno, esto se va a sostener”. Y ahí es donde empieza a aparecer esto que dice Fede, la democracia del clic. Después, por supuesto, aparecen los alcahuetes de los poderosos que siempre dicen “no, pero la gente está muy dispersa, necesita alguien que la guíe dentro de la dispersión de la web”.

SS: Lo que dicen eso son los que quieren mantener su lugar de poder.
JPF: Claro, quién canoniza y quién no, quién levanta a quién y quién no. En cambio, así estamos todos de igual a igual: la nota de tu blog es lo mismo en Facebook que la nota de Clarín, cuando nosotros ponemos “acá salió una nota en el blog La música es del aire y acá salió una nota en Clarín”, las cinco mil personas que nos siguen van a verlas en el mismo plano. La web ayudó mucho, de hecho no pagamos para publicitar donde tocamos ni pedimos permiso para nada.


OUI OUI RECORDS, U2 Y LAS GIRAS

SS: ¿Cómo fue el arreglo con el sello para subir los discos? Porque ustedes están en Oui Oui Records, e imagino que debe ser un ambiente más relajado por ser un sello independiente, pero subir los discos también debe haber sido una pelea.
LE: Con Mugre, cuando salió el disco en físico, el sello quiso que deje de estar el disco para libre descarga en la web. Y ahora fue al revés.

JPF: Nosotros lo aceptamos porque ellos nos habían prometido que iban a sacar el disco, entonces aceptamos eso a cambio, pero con la fina convicción de que “vas a ver que no compite una cosa con la otra”. Y el disco se agotó en 8 meses.

FG: Cuando se lo planteamos al sello nos miraron como diciendo “ustedes están locos” (risas). “Pero yo me la juego por ustedes”, en el sentido de que cuando salió publicado Mugre, el disco ya tenía como 12 mil bajadas. Digamos que estaba todo vendido de alguna manera, ya tenía el campo sembrado. Entonces ahí nos felicitaron. Pero ojo, se la bancaron y creyeron en nosotros. Y ya para este disco volvimos a decirles lo mismo, que una cosa no quitaba la otra: “loco, vos vendiste el disco en un año, vas a ver que lo volvés a vender, no vas a perder ventas”. Yo vengo jodiendo con que para fin de año lo van a tener que fabricar de vuelta, vamos a ver qué pasa (risas). Porque la gente el disco lo quiere tener, nuestro público por suerte ve el disco y lo quiere, lo tiene y lo disfruta.

LE: Por eso se arregló que ahora salgan ambas cosas al mismo tiempo, y que esté Mugre para descargar también, que quede. Y que salga la reedición. Vamos por todo (risas).

JPF: Todotodotodotodo (Más risas).

SS: ¿Mugre continúa agotado?
JPF: Sí, pero ya está el disco armado, la gráfica hecha, va a ser una versión un poquito más económica. Tampoco somos giles nosotros, todas esas cosas que nos plantean las comprendemos y las valoramos: si el sello no puede gastar otra vez en una edición de lujo, bueno, ¿cuánto tenés?

SS: Se charla todo.
JPF: Claro, y me parece que en ese sentido tratamos de no pisarnos la cola el uno al otro. Por suerte la gente de Oui Oui es generosa también, porque ha aceptado estas cosas y las ha entendido casi como un signo de los tiempos, de lo que está pasando: ahora U2 regala su disco.

FG: ¡Te lo pone directamente! (Risas). Ayer escuché, por suerte, a un programador de radio puteándolos, diciendo “¡por qué se me metieron, yo tengo la música que quiero! Es mi intimidad”. Me sorprendió porque era en Blue o en la Metro.

LE: Claro, y es algo que no se discute, la noticia es “U2 tuvo 500 mil bajadas de su disco en dos días”. Y claro, si se lo encajaron a todo el mundo.

FG: ¡Quinientos millones!

LE: ¡¿Quinientos millones?! ¡Creí que eran quinientos mil! (Risas).

FG: Y con eso renovaron la venta de todos sus discos anteriores, porque vendieron como 40 millones de los discos viejos por bajada paga.

SS: ¿Y ustedes llevan la cuenta de cuántas bajadas tuvo Remolino?
JPF: Sí, anda por las 4 mil quinientas, más o menos. Va bien, pensá que salió hace un mes y pico. No son estas cifras de las que estamos hablando (risas) pero para nosotros sigue siendo maravilloso, y maravillosa la comparación con lo que tenías que hacer y que decíamos antes: ir a distribuir, llevar los discos a la disquería... En esa comparación, esta cifra es maravillosa, es una cosa inimaginada teniendo en cuenta de dónde veníamos. Después podrían ser más, podrían ser menos... Todo el tiempo se están bajando, es parejo por suerte.

LE: Y ahora con la gira que vamos a hacer va a circular más.

SS: ¿Cómo circula la banda en el resto del país? En Buenos Aires ya saben que funciona.
JPF: En general, siempre hay programadores que corren riesgos y está bueno poner condiciones y decir que no cuando es necesario, pero también está bueno decir que sí a esa gente copada, que se endeuda, que se esfuerza, que te busca con el auto, que te da la casa, que te da su cama... ¿qué le vas a decir, que no? ¡Le tenés que decir que sí!

MM: Kumbia Queers gira por Europa así, son colectivos de gente que para en casas, se acomodan para comer y así van de país en país. Sería impensable de otra manera.
FG: Sí, yo hice una gira de tango así.

JPF: Está buenísimo, porque además hay un compartir...

MM: Y esto es lo virtual también, hay gente con la que te hablás durante años, no es que son grandes amigos pero ya hay una onda.
LE: Con los chicos de Chaco, Liso y Ernesto, veníamos hablando con Valle de Muñecas hace dos años, hasta que fuimos primero con Valle; y después nosotros...

JPF: Claro, yo lo decía pensando en los chicos del Chaco también.

SS: Ya hay una especie de circuito armado por Internet. ¡Hasta yo sé de quiénes hablan cuando dicen "los chicos de Chaco"!
JPF: Se democratiza un poco eso. Porque antes estaban los grandes festivales bancados por las multinacionales, los sellos discográficos grandes, y el Estado balanceó un poco todo, entonces vos tenés presupuestos de Cultura y a partir de la web y de las redes sociales -o de que es rentable que tengas 200 o 300 personas cubriendo el show y un cachet fijo-, no hace falta gran escala. Lo que siempre reclamamos los grupos como nosotros: no había por qué estar discutiendo si hay que ir a Tinelli, yo quiero tocar en un teatro y que me vaya más o menos bien, no quiero entrar en la lógica de la masividad. Simplemente estar en una escala en la que se pueda crecer, planificar... No quiero usar la palabra “sustentable” porque no la soporto, pero ponele (risas). Algo en lo cual no te fundas por crecer un poquito más.


*Acorazado Potemkin toca mañana, jueves 16 de octubre, en el FestiZAS, junto a Los Rusos Hijos de Puta, Las Bodas Químicas y López. MC: Ezequiel Ábalos / DJ: Marcelo Iconomidis. Esto sucederá, por supuesto, en el Zaguán Sur (Moreno 2320, Capital Federal) desde las 21 horas.
El sábado 18 de octubre se estarán presentando en Paraná, en el C.C. Juan L. Ortiz (Bv. Racedo 250). Banda invitada: Electrocuerpo.

sábado, 11 de octubre de 2014

Acorazado Potemkin: les tiene que tocar


Vamos a contarlo con la exactitud que merece: el 17 de septiembre caímos con las queridas Miriam Maidana (amiga virtual de años, desde que hacía Vida de ratas en Stay Free; psi-punk con quien nos debíamos un encuentro hace mucho tiempo) y Victoria Schwindt (a estas alturas la fotógrafa oficial de toda entrevista que vean en este espacio) a la sala de ensayo de los también queridos y geniales Acorazado Potemkin. Sería preocupante a estas alturas tener que explicar de quiénes hablamos cuando decimos Acorazado Potemkin. Simple: AP es uno de los últimos grandes sacudones eléctricos del rock argentino underground, un trío de músicos avezados, de experiencia, rock and roll y letras, que en cinco años y dos discos construyó su propio idioma a base de arrabal, espíritu punk y espesor sonoro.

El encuentro con el trío fue fructífero: Juan Pablo Fernández (voz y guitarra), Federico Ghazarossian (bajo) y Luciano Lulo Esain (batería y voz) me hicieron comprender en la charla que mantuvimos por qué el grupo funciona tan bien. Acostumbrados a un rock de cantantes-líderes, ver que los tres hablan mucho y con tanto entusiasmo, explica también (tan bien) la química que lograron. Tanto que se lanzaron a hablar casi sin necesidad de que se les pregunte nada. La primera revelación llegó al ver una bolsa de pan en la mesa de la cocina, no bien ingresados a la sala. Y Lulo que cuenta:

-Está bueno ensayar temprano, desayuno unas frutas, cuando llegamos hacemos unos mates y arrancamos. Cuando estábamos preparando el disco, Juan caía con el pan del facho y ese era el desayuno...

SS: ¡No me digas que el facho de la canción [justamente, titulada El pan del facho] existe!
LE: ¡Claro! ¡Y el pan es buenísimo! (risas). Juan venía con la bolsita de pan: "éste es el pan del facho, éste es el pan del facho"... y lo metió en un tema el hijo de puta (risas).

SS: Los escuché contar en Rebeldes, soñadores y fugitivos, el programa de radio de Eduardo Fabregat, que vos y Federico no supieron algunas letras hasta que se grabaron.
LE: ¡Boludo, hizo la primera toma y nos paramos a aplaudir! ¡No lo podíamos creer! (Más risas).
***

Después de la revelación, esperamos que llegue Miriam (amiga de años de Juan Pablo, además). Los AP ponen el agua y cuando la dama llega, saludos de por medio, arrancamos. Con la sola mención de la palabra Remolino, su segundo y magnífico disco recientemente editado, el trío se larga a hablar. Ésta va a ser la primera de tres partes de lo que fue una charla antológica.
Los dejo con ella.

NOTA: Santiago Segura y Miriam Maidana
FOTOS: Victoria Schwindt


SANTO REMOLINO

JPF: Lo único que puedo decir, o lo que me gusta decir -porque ya venimos hablando hace un rato del disco- es que siempre nos pasó lo mismo: ensayando, ensayando y ensayando, encontramos un momento en el cual, entre el demo y no sé qué, el disco aparece. Porque algo así pasó. Nos pasamos dos o tres años tocando Mugre, con orgullo y placer, hasta que en un momento dijimos “bueno, paremos un poco porque estamos saturándonos”.

SS: Además, Mugre primero fue subido a Internet y se editó en físico después, les llevó mucho tiempo.
JPF: Y para llegar a grabarlo habíamos estado como dos años tocándolo, cual primer repertorio de la banda. Entonces nos dijimos “bueno, paremos un poco, dejemos de tocar, aflojemos” y medio que decidimos no atender el teléfono, lo cual es difícil para un grupo independiente porque siempre te están llamando para hacer algo. Y entonces uno dice “sí, sí, sí...". Y no, basta, cerremos el teléfono, no escuchemos más nada, pero el martes te llaman y te dicen “che, hay un festival en el Zaguán, ¿quieren venir a tocar?”, y todo el mundo lo hace con la mejor buena onda y no podés decir que no. Entonces tenés que reafirmar todo el tiempo ese lugar, de las puertas para adentro de la sala de ensayo, tu independencia. Y llegó un momento en el que realmente no tocamos por tres o cuatro meses: ahí hicimos un demo con Manza, y sentimos que apareció el disco en ese momento. Y una vez que aparece el disco, aparece otra ansiedad...

LE: Decir que apareció el disco es decir que apareció una cantidad de temas con un hilo conductor, quizá no temático, una forma de hacer las cosas y de resolver las canciones. Es un poco como que se encadena todo, se arma una especie de catarata, un día resolvés una canción y al otro día otra. Otro día venís con una idea y se arma al toque... Como que abrís un placard y caen todas las cosas juntas.

JPF: Llega un momento que estás tan en gimnasia que aparece una idea nueva o alguien dice “yo tenía este tema medio colgado” y bum, sale.

FG: Sí. Hay dos temas (Miserere y La otra calle) que ya venían de Mugre, habían quedado afuera. Y después, los demás... El tema más nuevo es Sabés

JPF: Y hay un tema tuyo que lo tenías de antes.

FG: Cerca del sol, que lo tenía de hace como ocho años pero tenía la parte A y nunca había resuelto la parte B, la resolví hace un año. Y después hay uno que trabajamos mucho, que fue…

JPF: (Interrumpe) Remolino.

FG: No, yo digo otro (risas).

JPF: Pero Remolino lo empezamos a tocar en Dorrego.

FG: No, pero yo digo el lento, ¡no me sale el nombre, boludo! (Más risas).

LE: ¡Y no hace tanto!

FG: ¡Y no hace tanto! Ése lo tocamos durante un año sin letra, lo ensayábamos a full y estaba cocinado hasta que apareció la letra. Pero lo veníamos tocando hace mucho, estaba la melodía y no la letra. Era un tema raro para nosotros, yo siempre decía que era un "tema Otis Redding" (se ríen los otros dos de fondo), aunque de Otis Redding no tiene nada, capaz que la parte A, un poco por cómo está tocado.

LE: Ése riff lo ponés en caños y te queda más Otis Redding, le decíamos Navidad porque era medio un villancico (risas). Y yo hacía unos cascabelitos de Papa Noel con la pandereta (más risas), pero después no los grabé.

JPF: Che, yo estoy haciéndole honor a las masas que trajo Miriam, que están deliciosas, una vergüenza (carcajadas). Igual con ésta ya estoy.

LE: Yo ahora me voy a comer otra de esas de kiwi, que están mortales (risas). Pero volviendo, la cosa es que sí, le decíamos Navidad. Y el tema con la letra de Yayo [Cáceres, se refiere a Pintura interior] también era un tema viejo de Juan.

SS: Agarraron algunas cosas del cajón entonces, para reformular.
LE: Lo que pasa es que está bueno, vos tenés temas que quedaron y que sabés que la idea está buena o que querés ver qué hacen los demás con eso.

SS: Supongo que quizá arrastran cosas que no entraron en otros proyectos, ustedes que tuvieron y tienen muchas bandas.
FG: Con Cerca del sol pasó algo así, yo un día se lo presenté a [Me Darás] Mil Hijos para que entrara en Santo remedio, lo tocamos dos veces y no entró. Y yo estaba con una leche... porque hacía años que lo tenía, y me costó mucho la parte B del tema porque es un cambio de menor a mayor que no sabía por dónde resolverlo; y el día que lo resolví me dije “quiero hacer este tema, antes de morirme quiero grabarlo”.

JPF: (Sereno) Sos trágico… (Risas).

FG: Bueno, pero eso más adelante (más risas). Tal vez también pasa que vas cerrando cosas… Miserere es un tema que lo dimos vuelta de todas las maneras posibles, que lo venimos tocando desde Mugre y siempre le cambiamos algo; recién se asentó el último año.

JPF: Hay temas y hay letras que se templan con el tiempo, como si fueran las guitarras o los aceros. Pasa el tiempo y no sabés porqué, no sabés bien si es que uno lo toma distinto o eso se templa. Pero había algo que evidentemente estaba en la sustancia que perdura, que permanece. Y a pesar de todo eso, me parece que -y esto es algo que te quería decir desde el principio- una vez que lo encontramos, le metimos pata para armar una producción y grabar rápido, sacar algo en días. En marzo se grabó, en abril se mezcló, en mayo se masterizó... Tratamos de recuperar esa urgencia que tiene el entusiasmo, porque es lo más lindo que tiene el rock y estar con la banda.


MM: Es que si no, no entregarías nunca el disco: ése es el proceso de escritura y está relacionado con, de alguna manera, evitar la muerte y crear una trascendencia. Hay un momento en el que lo tenés que entregar; probablemente a los diez años le cambiarías todo… 
FG: Igual, nosotros tenemos un concepto bastante expeditivo, en el sentido de que cuando grabamos, queremos que al mes esté terminado todo. Lo hicimos con Mugre y también con éste.

JPF: Ya es política de la casa.

FG: Lo que menos querés es guardarte el disco, con Mugre hicimos eso.

SS: Bueno, en ese caso también porque era el primer disco, había que tener algo para mostrar, sólo tenían el MySpace.
LE: Te come la ansiedad. En el primer repertorio del grupo la banda no tenía disco y había que tocar eso y sacarlo.

MM: Pasa también que el estudio no es muy apasionante tampoco… 
JPF: ¡Sí, el estudio sí! ¡Para mí sí! (Risas).

LE: Sí, ¿el estudio? Pffff (Más risas).

MM: Es medio neurótico, ¿o no?
JPF: Nooo, te tenemos que invitar, te tenemos que invitar (repite convencido).

FG: Lo que pasa es que capaz después no escuchás más el tema, entonces es clave. Yo escucho el disco ahí, sale de fábrica y después no lo escucho más.

JPF: Trabajamos para que en esos días no haya más que tocar, entonces laburamos mucho la previa. Y vas descartando, vas sacando... hay temas que ni se proponen porque ya está, no somos de esos grupos que laburan treinta temas.

LE: Igual, en el estudio laburás haciendo un equilibrio entre el presupuesto que tenés y el tipo de grabación que querés hacer. De repente ahí dijimos “con tres días vamos a estar bien”. Qué sé yo... estaría bueno que fueran más (risas).

FG: A veces está bueno boludear un poco en el estudio, pero estás con una presión de tiempo y de guita que no podés hacerlo.

LE: Esos días los exprimimos mucho. Era grabar los temas, editar las tomas y después, al final de la sesión, grabar las voces de él (señala a Juan). Tenía que estar la toma madre del tema terminada para que él pudiera cantar encima. Eso fue lo que hicimos, y nos fuimos del estudio con todas las bases grabadas y todas las voces metidas.

JPF: Menos los coros de Lulo.

LE: Las mías las metimos después en dos días, en otro estudio.

FG: No nos dio el tiempo en ION para meter todo.

SS: ¿Mucha plata?
JPF: Hubiera sido un día más, no era tanto. Pero en un momento tenés que cerrar, sino te volvés loco. Tenés que decir “tengo esta plata para tres días”, y ahí hacés una mini producción: a la mañana graba tal, a la tarde graba tal, y esto nos va a llevar una mezcla en otro lugar por tantos otros días. Y hablás con el sello… No sé, te obliga a hacer una síntesis de cuánto vas a disponer. Y por supuesto, hay gente que tiene más presupuesto, o más neurosis como decía Miriam, y de repente al cuarto día quiere hacerlo todo de vuelta. Por suerte a nosotros no nos pasa y disfrutamos mucho el proceso para que eso no pase. Pero hay algo que sí tiene de raro y es que vos tenés que ir a hacer lo correcto, no podés confiar en la cosa mágica, emotiva...

SS: Las pelotas mágica…
JPF: ¡Las pelotas mágica! (Risas). Tenés que levantarte a las 7 y media de la mañana, llegar a las 10, y a las 11 confiar en que va a salir todo lo que estuviste ensayando y se va a recrear. ION ayuda y Manza [Esain, hermano de Lulo y coproductor del disco] ayudó. Y la experiencia nuestra, y que nos gusta el desafío...

LE: Eso, que nos gusta estar grabando. Es divertido buscar el sonido...

JPF: Y también concentrar las fuerzas, porque entre la familia, el trabajo, los otros proyectos, la vida misma… Si estuviéramos 15 días encerrados capaz el resultado sería negativo. Pero así es como un extracto de tomate, está muy, muy condensado, muy fuerte. Y ahí vos podés realmente abstraerte de eso. Y alrededor tuyo es una alegría: “papá está grabando” (risas).

LE: Los días de mezcla también fueron así, cuatro días en los que estuvimos mezclando desde las 10 de la mañana hasta las 11 de la noche, abocados a eso. Estuvo re bueno...


SS: ¿Hubo mucha lucha durante la mezcla o tenían todo tan claro que no hizo falta?
JPF: Noooo. Hubo más discusiones en esos cuatro días de mezcla que en las grabaciones... Esas cosas que pasan.

SS: Y eso que son un trío...
FG: En realidad acá era un cuarteto, porque también discutíamos con Manza (risas). Entre nosotros, con Manza… (Más risas). De última, es afinar los conceptos estéticos, la estética final. Y cuando está tomada la decisión final, ya está. No es una decisión de uno solo.

LE: Además elegimos una manera de mezclar, que fue haciéndolo en consola analógica...

JPF: ¡Le sacábamos una foto a las perillas!

LE: Porque terminado el tema, pasas a otro y moviste todas las perillas, no es que abrís la sesión y lo mezclás de nuevo porque no te gustó. Quedó y quedó. Cerca del sol, que creo fue el primer tema que mezclamos, fue el único tema que Manza remezcló. Vino, miró la foto que le habíamos sacado a la consola, a las perillas, puso todo en el mismo lugar y lo rehizo.

SS: ¿No les había gustado a ustedes o a él?
LE: No, fue a Manza al que no le gustó. Dijo “a éste lo puedo hacer mejor” y lo volvió a hacer.

SS: Para ustedes estaba perfecto.
JPF: Sí, son detalles. Me parece que este grupo tiene algo muy lindo: que es muy generoso. Esto que decía Fede recién, llega un punto en que decís “a mí me gustaría que suene esto un poquito más así”, pero después pensás “bueno, ya está”. Y en ese sentido, al trabajar con alguien de afuera que ocupe ese rol de productor, de última decís “bueno, a ver qué opina el productor…” y eso baja un poco la cuestión. Pero en general trabajamos y discutimos mucho en la previa, en el método. Igual siempre va a haber un margen de error, de duda en todo. Si vos estás discutiendo adónde vas a grabar, cuándo, cuáles temas vas a grabar, cuántas tomas vas a hacer… Una vez que te pusiste de acuerdo en eso, lo demás es natural. Y después, sí, estás sobre un piso de si es naranja claro, naranja oscuro, naranja mostaza; ya son matices.

MM: Entonces no es una cuestión económica. A mí siempre me llamó la atención que Los Brujos o Los Twist grabaron unos primeros discos espectaculares en poquitas horas de estudio y después, cuando les dieron un mes para grabar, reventaron. Terminaron todos peleados y con producciones bastante malas.
JPF: Es probable, no conozco los casos particulares, pero puede ser...

FG: Antiguamente, en los ’80, se grababa durante una semana la música. Y tenías días para boludear… Los Twist grabaron su primer disco en treinta horas, creo, algo que para esa época era raro.

MM: Sí, y después cuando Grinbank les puso la guita se mataron, terminaron todos peleados.
JPF: Si nosotros hubiéramos tenido un cuarto día, ya era de ricos directamente (risas).

MM: Pero imaginate un mes.
JPF: El otro día hacíamos un chiste con eso: si nos daban toda esa plata comprábamos un auto y lo laburábamos durante la semana (carcajadas).

SS: Hay una decisión ahí, de decir “no necesitamos dos meses para grabar”. Quizá hasta les haría mal estar dos meses grabando, por el método que tienen.
JPF: Sí, no sé... Son formas distintas.

FG: Sí, las veces que grabé discos muy largos, llega un momento en el que te quemás. Y a veces pasa que perdés el hilo conductor y el objetivo al que tenés que llegar. Se va perdiendo la energía que sale de decir “tal día vamos a grabar y tal día vamos a mezclar y ya está, loco”.

SS: Lo que decían hoy, que el disco “apareció” y ése es el momento para que pase todo.
JPF: Sí, está esa cosa entre lo amateur y lo profesional, ese entusiasmo, y creo que nosotros hacemos un esfuerzo grande por tratar de recrear siempre ese impulso original, esa chispa. Todo lo que sea franela o estirar, te la baja… con perdón, pero es un poco así (risas).

LE: Además juega esa ansiedad de la que hablamos, propia del material nuevo que lo grabaste y ya querés ir a escucharlo a tu casa y mostrárselo a alguien, entonces decís "terminémoslo, dale, que salga".

JPF: Además, con esto de subirlo gratis a la web, estábamos en un reportaje con Fabregat y de golpe nos empiezan a decir “¡ya está, ya salió!” (Risas).

MM: Estábamos todos escuchándolos y se empezó a replicar en ese momento que había salido.
FG: Lo que pasó es que tuvimos problemas con el servidor. Un pibe nos pasó Mediafire, nos dijo que iba a andar bárbaro y estuvimos probando, pero hubo problemas... Y cuando salimos de lo de Fabregat de golpe nos dice “che, ya se puede bajar”.

JPF: Esas cosas después terminan siendo lindas, pero como decíamos recién: cuando vos vas hacia allá (señala hacia adelante) puede haber algunas cosas: que el horario, que el servidor falló, que la descarga, pero si vos estás de acuerdo y concentrado...

SS: En todas las entrevistas que les leí post-Remolino recalcan mucho que hicieron un laburo importante de recorte, para llegar a una síntesis. ¿Qué otras cosas le ven distintas al disco respecto de Mugre? ¿Volvieron a escucharlo?
JPF: Yo esta semana lo estuve escuchando, sí. Y además estamos ensayando mucho Remolino porque lo vamos a presentar por muchas ciudades. Estamos como una pantera adentro de la jaula porque todo esto que hablamos… ¡E hicimos un solo show! [nota: Al momento de la entrevista aún no habían tocado en Plataforma Lavarden, Rosario, ni en Uniclub, únicos show que hicieron entre la nota y su publicación].

LE: ¡Es verdad, un solo show! ¡Hicimos un solo show! (Lo dice entrecortado por las carcajadas).

MM: Bueno, pero fue el del San Martín.
JPF: Ahí está de vuelta: “papá tiene que tocar” (risas). Y la cuestión es ésa, que lo estamos ensayando mucho, y ahí lo reescuchás y lo volvés a entender, qué sé yo. Pero bueno, no me acuerdo qué me habías preguntado antes...

SS: Sobre las diferencias con Mugre. Algo que noté que es evidente es la participación vocal de Lulo, casi como un segundo cantante de la banda, ¿puede ser?
JPF: Sí, sí, eso es deliberado, en todos los temas hay coros. En un momento hasta se habló de eso...

LE: Puede ser, creo que lo que logramos es que estén mejores las voces, no sólo en la grabación, en general: en la interpretación, en el color.

FG: Hay tres años de rock de la banda, que se asentó en cuanto a la personalidad de cada uno y la general. De alguna manera también se articuló todo para que en cuatro meses sacáramos once temas, antes habíamos tardado más. Ya hay una forma de trabajo. Después veo eso que dijimos en las notas del poder de síntesis: donde hay mugre, hay mucha mugre; y donde se baja o se va a otros lugares, se baja más. Las diferencias son más notables que en Mugre: cuando hay que romper, rompés.

JPF: Yo también siento eso: cuando hay balada o pop, es más luminoso; y cuando es oscuro, es más oscuro.

SS: ¿Creen que con este disco ya llegaron a una síntesis de su estilo, o se puede profundizar?
JPF: Y, no lo sé, no lo sé... Lo que sí creo es que salió el disco que queríamos hacer. El tiempo dirá en qué lugar queda dentro de la obra de la banda, o cuáles temas quedan en el repertorio. Eso no lo podés saber.

LE: Lo que está bueno es que Remolino a la vez reafirma el estilo que la banda había planteado en Mugre. Lo escuchás y es la misma banda, no es otra cosa, en ese sentido también está bueno porque parecía que la gente quería un poco más de eso que habíamos mostrado en el primer disco y a la vez suena diferente.

JPF: Algo lindo que pasa con este disco, que nos da una inyección de confianza, es que siempre te dicen “el mejor tema es tal, el mejor es éste”.

SS: Dejame adivinar: en este caso les mencionan todas canciones distintas.
JPF: Sí, ahora nos tiran todas distintas. Entonces debe estar bien. El tiempo dirá de verdad qué queda y qué nuevo puede salir. A mí siempre me gusta lo nuevo. Y somos curiosos, no nos vamos a quedar en el disco que hicimos.


*Acorazado Potemkin presenta Remolino hoy, sábado 11 en el Centro Social y Cultural Olga Vázquez (Calle 60 entre 10 y 11, La Plata) a las 0 horas. Banda invitada: El Belafonte.
El jueves 16 se presentarán en el marco del FestiZAS junto a Los Rusos Hijos de Puta, Las Bodas Químicas y López. MC: Ezequiel Ábalos; DJ: Marcelo Iconomidis.