jueves 24 de diciembre de 2009

Un regalo multicolor

En esta semana del año todo se hace mal y pronto, digamos la verdad.
El apuro por la reunión familiar que de tomas maneras será enquilombada -como todas, siempre-, la desesperación por comprar regalos (los que pueden) y alimentos varios, el engaño simpático a la ingenuidad de un niño que aún cree en Papá Noel, algún que otro borracho y/o descompuesto a la noche y demás detalles entre patéticos e hilarantes, conforman las normas a cumplir en cada fin de año.

En este preciso momento todas esas cosas no importan, tan solo me sirven de excusa perfecta para aprovecharme de esa urgencia y desearles unas felices fiestas -me atrevería a decir, mejor, feliz reunión familiar con regalos; siento que de celebración religiosa la Navidad ya tiene muy poco y no me molesta para nada ello- a todos los visitantes de este lugar: pásenla bien que no es tan difícil.

Les dejo nada más y nada menos que un hermoso presente en forma de mp3 para poner de fondo a las doce: este genial disco de los Hollies, redondo de punta a punta, psicodélico, afinado y perfecto.

Eso nomás.

miércoles 16 de diciembre de 2009

Bonitos y nerviositos

Mientras en varios lares están haciendo análisis, elecciones y balances de década, aún no sé si voy a escribir algo sobre eso -un poco por falta de tiempo para armar algo piola y otro poco porque tantas ganas no me da, o me cuesta decidirme-, pero les cuento que planeé una interviú que hasta ahora está quedando trunca porque le falta una pata (cuando sepa bien cómo se cierra el tema les cuento mejor, quizá; sé que diciéndolo así les suena raro).
El año próximo trataré de reforzar el blog con esas charlas y alguna sección más, me es interesante hablar con músicos: cuentan sus experiencias y saben más que nosotros. (Además, me siento músico también -toco, ergo, lo soy (?)- y el año que viene espero comenzar un nuevo proyecto relacionado con eso). Lo que nunca puedo prometer es voracidad y constancia en la publicación de textos aquí, ustedes saben...

Pero bien, sin hacer aún esos benditos balances y después de contarles nada, les quería dejar al paso este disco de Okkervil River, The stage names. Sin dudas, el disco y la banda estarían entre mis elegidos como una de las cosas más interesantes que he escuchado en la década que se nos va. La palabra interesante tal vez los confunda y les haga pensar en Okkervil River como una banda archimoderna, y no van por ese lado estos señores texanos: su fuerte son las melodías tarareables que mueven las entrañas. Canciones con swing -onda, bah-, algunas con las guitarras como protagonistas y otras con el pianito... Sin embargo hay algo en ellos, un nervio especial que los destaca y no sé cómo explicar; un algo que ni siquiera sé si responde a esos ataques psicótico-musicales (Our life is not a movie or maybe, el temazo de apertura), a la manera de cantar de su frontman Will Sheff o a qué.
Lo que les aseguro, así de una y con confianza ciega en estas nueve canciones, es que The stage names les va a gustar. Así de soberbio me pongo. No sobra nada más que belleza melódica, clasicismo indie y arreglos que engordan y ensalzan páginas insoslayables como A girl in port, una de las canciones más perfectas que he escuchado en los últimos 5 añitos.

Que lo disfruten, les digo que así será.



PD: nada que ver con Okkervil, pero en A estos hombres tristes están subiendo el show de Spinetta en Vélez. A quienes les interese, ya saben.

domingo 6 de diciembre de 2009

Dignidad eterna


Sí, yo también voy a escribir sobre Spinetta. Estuve a punto de no hacerlo por la cantidad de textos que vi referentes al histórico cónclave del viernes por la noche, pero quisiera remarcar algunas cosillas que me resultaron maravillosas:

1- La duración del concierto: un desafío rockero, de resistencia, paciencia y amor, para los treintipìcomil presentes en Vélez. Algunos cuantos se quejaron de ello, pero todos sabíamos que iba a dar para largo (quizá no imaginábamos que sería tanto). El dato numérico es increíble: 51 canciones en 5 horas y media, señores: la burbuja en el tiempo se la choreó el Flaco a los Soda dos años más tarde. Lo remarcable de esto radica en que -me atrevo a afirmarlo- casi todos salimos conmovidos por lo que vimos y escuchamos.

2- El altruismo de la estrella: Spinetta aprovechó la situación para mostrar a (casi) todos los que tuvieron afinidades en su larga vida musical (toda la vida, no cuarenta y tantos años). No sólo dio lugar a Ceratis y Juanses, sino que llevó a un estadio a músicos que no tienen la popularidad como para tocar ante tamañas audiencias. El lujo nuestro de escuchar a Diego Rapoport o Lito Epumer fue (es) un reconocimiento del propio Flaco a sus ex compañeros, quienes fueron adjetivados de maestros, genios, bestias y demás, primero por Luis y luego por todos.
Luis también se dio gustos, ni hablar: invitó a sus hijos Dante y Valentino para una versión con medley rap de Necesito un amor, de Manal, por citar. Y aquí salta otro detalle: el mimado de la noche, el homenajeado, homenajeó. Seleccionó gemas de varios autores clave del rock argentino, y sentí que lo hacía no sólo como tributo, sino también para darle al show un tono más cercano al de festejo del rock argentino que festejo propio. Y fue una fiesta de la música popular toda, ni hablar. El humor de LAS a lo laaargo de la noche lo certificó.

3- La variedad en el repertorio: claro, es sencillo hablar de variedad cuando hubo cinco horas de música. Pero el armado fue casi ideal, con lo más nuevo al principio, entre temas de Jade y su carrera solista de los últimos veinte años -que fueron más de los esperados-, los homenajes al rock argentino y los invitados más reconocibles y queridos por el público, para ir elevando el clima para cerrar con las bandas. Ni hablar que hubo momentos de densidad... ¡y claro, era Spinetta y es una de sus cualidades, amigos! (Deberíamos agarrar el diccionario y reanalizar el significado de esa palabrita, eso aparte).

4- Dulce 3 nocturno: Invisible y su prestancia, Invisible y su sonido refinado, Invisible y sus 3 músicos inclasificables, perfectos, monstruos. Invisible y la certeza de Spinetta violero terrible, Invisible y la base que tenés que llamar si querés tener el mejor trío del país. Invisible. Por un rato vimos a Invisible tocar Jugo de lúcuma mejor que en el disco; y luego Pescado Rabioso y la belleza, seguida por, sí, la rabia rockera del final. Se notó que para la gran mayoría era lo más esperado, y por eso fue la banda que más temas hizo (siete): la sorpresa inicial de Poseído del alba, la joyita de Hola dulce viento, con el placer de ver a Lebón y Luis juntos en un mismo escenario, ¡Cre-du-li-daaaad! y la aplanadora al final, con Cutaia yBlack más protagonistas y el agregado de Bocón Frascino para los tres simples maravilla del rock argento: Despiertate nena, Me gusta ese tajo y Post crucifixión. Qué decir.
Y quedaba Almendra... la modernidad, eso fue lo que más me mató. El viernes 4 de diciembre de 2009, cuando en realidad ya estábamos en 5, di cuenta de que Almendra es la banda más moderna que hubo aquí. Escuché Color humano y A estos hombres tristes en sublimes versiones que me dejaron mudo y comprendí que hay una diferencia importante en el lugar común del decir periodístico que afirma que cualquier disco de -pongámosle- los '70, "hoy sigue sonando como si hubiese sido compuesto ayer, ya que sus piezas siguen siendo actuales" y el verdadero valor del sonido mismo, el sonido en el pecho, digamos. A ver: si escucho el primer disco (CD) de Almendra, suena como a su época, con aquellas limitaciones sonoras en la grabación, por ejemplo. Pero al oir esas piezas tocadas hoy, al sentirlas en el calor del vivo, certifiqué que esta gente no es gente, son marcianos y son novedad cuarenta años después. Y no es lugar común, ni ahí.

5- La inclusión de Muchacha y ¿el fin del idiota? (no Starosta): en lo que me animó a calificar como suceso histórico, Luisito dejó para el final de Almendra -que no, no sería el final del show- su canción más conocida, por él mismo denostada y borrada entre sus obras tocables. Por pedido de su madre Julia, para quien pidió antidóping por el aguante hasta altas horas en el estadio, Luis rompió con años de conciertos sin Muchacha. Rompió quizá con su ¿terquedad? ¿negación? a ser popular y simple. Así, los cuatro Almendra dejaron sus instrumentos, Luis reemplazó la eléctrica por una acústica y los otros tres, cracks, se le unieron en los coros, uno al ladito del otro en círculo. Fue tan bello como inesperado -al menos para mí- y el broche perfecto para tantas sensaciones juntas. Esas cosas no se explican. (Tampoco se explica que Del Guercio y Spinetta tengan las voces tan fuertes e intactas, hay que pedirles que revelen el secreto).
A su vez, gracias a este momento, ruego que mi deseo se haga realidad: gracias a este regalo de LAS, espero poder afirmar pronto (aun no puedo) que ha muerto el idiota -¿siempre es el mismo o son muchos?- que pedía la canción imposible. En la recreación de Capusotto era gracioso, pero el "Flaco tocá Muchacha (o la que sea)" en vivo es bastante hincha, incluso aunque deba admitir que un vivo gritó "Flaco tocá Lo que nos ocupa es esa abuela, la conciencia que regula el mundo" y me hizo reir... ¡Y encima al rato Invisible la tocó!

BONUS: La consciencia: para el final-final Luis tocó los dos temas que compuso -uno con León Gieco- a causa de la tragedia del colegio Ecos y contó, como viene haciendo desde que aquello sucedió, del valor de esos padres que intentan construir en una sociedad de mierda, con Conduciendo a consciencia. Después de ello, el final con tres hits de su carrera nos devolvió al show (sonaron Seguir viviendo sin tu amor, Yo quiero ver un tren y No te alejes tanto de mí) pero, justificadamente, se volvió al tema Ecos por la vivez de la Rolling Stone local. Los muchachos de la revista, que en su último número cuenta con Spinetta y Charly G. en su portada, osaron borrarle a Luis el lema de una remera que se había puesto, claro, para mostrar, como una de las principales personalidades que apoyan el proyecto de CaC que es. Luis contó indignado el hecho y pidió un fuck you -"¡fuck up!"-de todo el estadio para ese gesto más bien siniestro que vaya a saber uno qué oculta (¿qué será que no le conviene a La Nación de CaC?). Acto seguido, hizo subir a todos los invitados para saludar y recibir el aplauso final del público, con un detalle: todos llevaban puesta la remera con el "Todos fuimos, todos somos, todos podemos ser", a lo que Luis disparó un "a ver si la pueden tapar ahora". La respuesta de RS fue, como siempre en casos de este tipo, la de un pobre periodista haciéndole el caldo al jefe, por pedido, en vez de pedir las disculpas apropiadas y, como mínimo, mostrar una foto de todos los músicos con la camiseta puesta. Estos periodistas son los mismos que hablan de libertad de expresión, estos medios son los que bombardean de inseguridad sus portadas pero no muestran el proyecto y el accionar solidario de gente que perdió a sus hijos por inseguridad vial. No hay mucho que agregar, Spinetta les puso la tapa con el arte y la palabra, porque los grandes artistas son así, mueven y conmueven, nos dejan algo. En este caso, el recuerdo, eterno como esas bandas, de una noche mágica en la que los presentes nos sentimos en el jardín de Luis. Las palabras no alcanzan para agradecer tanto arte y amor.


¡No somos dignos, Luis!

sábado 28 de noviembre de 2009

Vago con suerte

Buenas cosas le pasan a la gente buena (eso dicen). Por eso, solucioné mi dilema (ver debajo para más información, si desea) y pude hacer efectivo mi canje, vía Mercado Libre. El sujeto tenía cara de bueno, y la misma ubicación que yo para el show de AC/DC, claro que para otro día. No niego un mínimo temor de que la entrada sea trucha -aunque me haya dado el ticket de compra y todo- pero como la cuestión es confiar o morir, aquí estamos.
Gracias a todos los que tiraron buena onda, en especial a la dama eMeYgriega que se ocupó del tema con dedicación y me mandó varios mails con data y ayudas varias.

Ahora, es raro. Debería de festejar con la música relacionada al asunto (don Luis, ya tengo mi ticket) pero encuentro interesante este retorno escrito para hablar de un grupejo de atorrantes que despertó las mejores sensaciones internas de mi ser en los últimos meses.

Algo así como un dream-team del under de los últimos días, los Onda Vaga son cinco señores (Nacho Rodríguez y Marcelo Blanco, ex Doris, junto con Marcos Orellana y Tomás Gaggero de Michael Mike, más Germán Cohen, de Satélite Kingston y la Orquesta de Salón de Pablo Dacal) que se juntaron a tocar, sin cables y por abuso de causalidad -cuatro de ellos estaban de vacaciones en Uruguay y allí largaron-, pero con las voces listas para bancar lo que venga. Así, aunque se suponían un conjunto de corta duración, la Onda creció cuando comenzó a sumar fechas y fechas encima, lo que sumado a la definitiva disolución de Doris -qué lastima- volvió a la banda un quinteto ya estable. Tiempo después de tocar y tocar, sintieron la necesidad de grabar un disco como carta de presentación: ellos mismos dicen que fue más por necesidad ante la gente que por otra cosa.

Y vaya si la carta de presentación les salió bien: Fuerte y caliente es un discón, un poco de sol en el deprimente contexto musical de, por lo menos, los últimos cinco años (déjenme ser bueno). Con Manu Chao como nave nodriza musical (?), Onda Vaga destila eso, desganados aires de simpatía y autenticidad, lo más cercano a la música-bailable-bien (escuchen y pongan el nombre que deseen) que haya dado el rock -¿es rock?¿importa?- por estos lares. Cinco tipos, cinco voces, e instrumentos que no hace falta enchufar: percusiones varias, trombón, criollas... aunque el caballito de batalla, vale repetir, son esas gargantas callejeras perfectamente fusionadas.

Suena a niños contentos narrando verdades simples, pero OV es bastante más a medida que las escuchas pasan. Ir al baile, por ejemplo, dice: "Cuando a los doce lleve la bandera en el hombro me di cuenta que nada pesaba. Uh, sí, la culpa la tuvo la maestra de cuarto, cuando me hizo jurarle a la nada. Yo solo queria ir al baile". Vale preguntarse si el baile es la vida misma -no digo Gran Hermano, digo la vida de verdad- o el deseo de un pendejito de poder salir de joda a la noche, pero no dudo de que la lírica es irreverente y original. Es decir: puede ser lo más profundo o lo más banal, y uno mismo lo decide. La apropiación de Cómo que no, del legendario y yorugua Príncipe -¡no el Enzo, Gustavo Pena, giles!- y la lúcida argentinización de los versos también es un punto alto: "Los pibes alla en la esquina están como dibujados, nadie paga sus pecados, no les socorre ni dios. Esperan la tardecita, ay, y se van pa' la placita, beben y fuman paco, después oyen reggaetón, porque esperan que en el cielo esté el amor... que no les diste vos. !¿Qué no?! ¿Cómo que no? Mírate, míralos".

Por supuesto, semejante nombre que eligieron para el proyecto, tiene también sus perlas hedonistas para danzar un poco, como Sequía de amor y Gilda, con Fito P. como invitado (¡cómo estás Rodolfo!). Además, Nacho rescata un hit de su ex banda y se mandan nuevamente con ese gran rodeo sexual llamado El experimento, y una dulzona versión a la brasilera de Havanna afair, de nuestros queridos Ramones (si Johnny estuviera vivo y la escuchara... mejor no pensarlo).

Simples, rebosantes de gracia, cual rockeros juguetones desarmando géneros, Onda Vaga suena a buena fiesta. ¿A alguien no le gusta eso? Bueno, entonces déjelos pasar, amigo aburrido. Los demás, están todos invitados a divertirse y reflexionar al mismo tiempo. Sí, se puede.

miércoles 28 de octubre de 2009

Dilema

(En realidad, el título de este post debería ser "Me cagó en Fénix y Time for Fun" o "Ticketek y la reputa que los parió", pero intentaré ser fino aunque esté recaliente).

La cosa es así: todos ustedes saben que los cerebros de las empresas nombradas arriba organizan casi que toda la agenda de shows de rock y pop más o menos importantes que se llevan a cabo en nuestra querida republiqueta. Este estúpido que escribe es uno de los tantos que, quiera o no, debe darles dinero a estos sujetos, pues es eso o nada (nada = perderse de varios grupos que vienen a tocar al país y me gustan).
Lo que me sucedió ahora es digno de la mala suerte de un hincha de Racing, cosa que, yo pensaba, tenía que ver sólo con el mundo del fútbol, pero veo que se ha metido en otros ámbitos. Les cuento: AC/DC, uno de los grupos de rock and roll nenenen más grandes de la historia, toca en el estadio de River Plate los días 2, 4 y 6 de diciembre. Lo saben. Quien esto escribe debió, como todos los que tienen su ticket para alguno de esos días, apurarse para sacar su entrada, pues sino lo miraba por TV. Bien. Lo hice, saqué mi ticket para el día 4 de diciembre, antes de que se anuncie la tercera función (esperar podía significar quedarse afuera de un show que quiero ver desde los 15 años).

Todos sabemos que el Señor Luis Alberto Spinetta realizará un cónclave en el estadio de Vélez Sársfield, en el que reunirá a todas sus bandas históricas para hacer un repaso de sus 40 años de trayectoria. Todos sabemos lo reacio que es el maestro con algunos momentos de su pasado ("flaco, tocá Muchacha!"). Todos sabemos, entonces, que es un evento único e irrepetible, entonces. Por lo que este idiota -yo, no Luis, por favor- quería estar presente allí, pero se encuentra con que el Fénix Entertainment Group, después de unas semanas de especulación, anuncia a "Spinetta y las Bandas Eternas" para aquel día en que iba a ver a los jóvenes australianos, esa fecha hija de puta que ahora odio, 4 de diciembre.

Lo primero que se me ocurrió fue tantear a Ticketek / T4F, a ver qué sucedía. Les mandé un mail en el que por poco succioné sus partes íntimas virtualmente (!), pero fueron tan simpáticos como siempre y me contestaron que "no se hacen cambios de entradas" y que "las entradas para AC/DC están agotadas" (¿En serio hijos de puta? ¡No me digan!).

Entonces, desesperado, recurro a ustedes, gente visitante y amigos virtuales: si alguien dispone de entradas para cualquier día de AC/DC -que no sea el 4, claro- y no tiene dramas en cambiar de fecha para verlos, estoy rendido a sus pies. Tengo una platea alta y un campo para canjear y espero que alguno aparezca.
Mientras sigo puteando a esta manga de inservibles e hijos de puta...

jueves 15 de octubre de 2009

El disco que no puedo dejar de escuchar

Este es mi disco favorito en lo que va de 2009.
Hace tiempo que no me sucedía lo que me está pasando con Una temporada en el amor: casi todos los días lo pongo, es casi una obligación para mí escuchar este conjunto de canciones, como una especie de necesidad que no sé bien por dónde pasa.
¿O sí?
A ver... empecemos por las cosas más globales. Lo primero que me atrevo a decir, es que hace tiempo que no encuentro un disco del que me gusten -y mucho- todas sus piezas. Ése es el primer signo de bondad de un disco definitivo, cualquiera sea: que te gusten todas las canciones. Lo segundo es que haya cierto concepto: un sonido que emparente ese conjunto de piezas, letras convincentes, belleza melódica, algo de eclecticismo, momentos de tensión y distensión... Muchas veces no nos detenemos en todos los elementos que podemos llegar a exigirle a una obra de manera muy consciente, pero podría decir que los que enumere recién son los que suelo exigir yo como escuchante.
Y Una temporada en el amor tiene todo eso. Son 14 canciones convincentes, compactas, frescas y emocionantes. Nuevamente se oculta tras las perillas Juanchi Baileirón, un personaje que ha tomado cierta trascendencia como productor, en lo que significa una redención de los labores como frontman que desempeña en su propia banda: los dos grupos que mejor material reciente han producido lo llamaron a él para que cumpla esta función (hablo de los propios Estelares y de Massacre con El mamut).
De alguna manera, Una temporada... cierra la trilogía que inició Ardimos en 2003 y secundó Sistema nervioso central en 2006 (con varios hits y todo en el medio). Es el cierre más contundente que pueden haber ofrecido a ese mar de canciones: en el medio pasaron 6 años y los Estelares pulieron bien sus defectos -si se me permite el término-, en especial en el tema letras, donde varias rimas toscas del pasado le robaban algo de belleza a aquellas melodías siempre bien elaboradas. Hoy todo sintoniza a la perfección.

En La mano de julio, Manuel Moretti, la voz cantante del grupo -además de guitarrista, letrista y principal compositor- relató así el por qué del título: "Me cerraba la idea del amor como un espacio geográfico. Como irse de vacaciones a un lugar que nunca habías visto y te gusta mucho: esa es la primera figura. (...) El amor como un lugar de generación de experiencias preciosas e increíbles, pero también de mucho ejercicio y dolor, porque tenés que perder cosas para reconocer, aprender y entender otras. En realidad sería el amor como un método de conocimiento".
Y por allí van las canciones. Con ese dolor impreso en la mayoría de ellas, y la impronta definitiva del tango como corazón y concepto de su sonido. Es decir: no usan bandoneones, pero la melancolía -tan presente que hasta es el nombre de una fantástica pieza próxima a ser hit- merodea el ambiente como un paparazzi que se trepa en el paredón de la quinta del famoso, pero en vez de ser tiroteado es recibido con cariño (¡todo tiene que ver con todo!). Prueba de ello son varias cancioncillas: Autobuses, con un tal Rodolfo Páez como invitado deluxe; Superacción, la pieza más escalofriante del disco ("noches que suelo sentir odio a través de mí"); y Hoteles, una narración sobre la soledad reflejada en la vida de una estrella en su cuarto solitario... aunque MM compuso la canción cuando lejos estaba de esa vida, y sí se encontraba cerca de la desolación (a fines de los noventa).
De todas formas, Estelares es un grupo de acordes mayores y melodías alegres, incluso con ese tono melanco tan impreso. Los estribillos para multitudes de Cristal, Máscaras y Las luces del sueño, lo prueban. En Las luces... se sienten los destellos setentosos, pero no del rock valvular, sino de esos cantores melódicos y populares que Moretti no se cansa de destacar en cada entrevista que concede: desde Roberto Carlos y Nino Bravo hasta Leonardo Favio (en aquella nota de La mano afirma que ese tipo de épica melódica le gusta mucho, y que nunca le pareció kitsch).
Otro aspecto interesante del disco es cómo se cuelan las referencias a cuestiones más bien ideológicas por medio de frases disparadas como eslóganes en canciones que parecen tener poco de comprometidas, como Un viaje a Irlanda, donde entre promesas varias para sus amigos, MM canta "veinte años no es nada, si hubiesen sido decentes"; o Tanta gente, el texto de un hombre dubitativo que busca el retorno de su chica, y canta distraídamente (en el puente de la canción, ya cerca del final) "Tantas horas tan urgentes / tanta gente indiferente / los fascistas de siempre / no tienen dos dedos de frente". Quienes lo vimos gritar a Moretti contra De Narváez y Macri en La Trastienda hace unos meses no nos extrañamos tanto, pero para algunos otros va a sonar raro.
Entonces, ya lo saben: todavía hay esperanza para los que gustamos de las canciones de guitarra con estribillos y sentimiento, y se llama Estelares. Ustedes deciden si le dan la chance o no: yo me voy a poner el disco, que ni me gasto en subir porque está en todos lados (merece una búsqueda si aún no lo probaron).

De paso, si tienen algún disco de 2009 que no puedan dejar de escuchar, me avisan.

miércoles 30 de septiembre de 2009

El testimonio de los primeros días

Aunque sean poco conocidos, pero de fácil acceso si tenés internet y curiosidad, los testimonios musicales de aquellos primeros días de Luca en Argentina vieron la luz a mediados de los '90, publicados por Silly Records, el sello de Las Pelotas. En 1996 salió a la calle Time fate love, el primero de los volúmenes, y al año siguiente fue el momento de Perdedores hermosos.
¿Qué decir de estos dos discos? Primero, que por la obvia razón de ser compilaciones de temas inéditos que fueron grabados en condiciones pobres, el sonido no es súper y -especialmente a Perdedores hermosos- hay que darles un tiempo de adaptación. Cuando la oreja se acomoda, ambos son discos matadores.
Time fate love muestra una faceta musical de Luca casi ignorada por el gran público: las canciones folk intimistas, todas ellas notables historias de -su- vida que ayudan a comprender una personalidad única (Like London es una canción terrible, háganse el favor de escucharla). Buena parte de los temas aquí presentes vienen en plan guitarra + voz y no mucho más, y participan en varias canciones Germán Daffunchio y Alejandro Sokol, además del Sumo perdido, Ricardo Curte. Hay canciones urgentes como Strange things, otoñales como Brighton past, nostálgicas como Lament y tristes como Time fate love. Todas ellas nos recuerdan -al menos a mí- la influencia notoria que tuvieron en Luca personajes como John Martyn, Bob Dylan, Nick Drake y Leonard Cohen.
En la otra punta están los temas que guardan una conexión más cercana con Sumo, y que tienen una dosis tribal y minimalista similar o incluso mayor a la que logró la banda luego. En ese grupo entran Mount Etna Erupts y End of August, por ejemplo, aunque la mejor muestra sea La pequeña muerte.
Lo que destaca en Time fate love respecto de Perdedores hermosos son las versiones de temas que luego fueron -clásicos- de Sumo. Tal es el caso de Virna Lisi (TV caliente), muchísimo más desnuda y despojada respecto de la que escuchamos en Llegando los monos; Regtest -con un par de cambios en la letra y Luca en acústica- y la versión definitiva de Divided by joy, así en inglés, ejecutadas estas últimas dos por aquella histórica formación de cuarteto con Stephanie Nuttal en batería y Sokol en bajo.
Como dato para nada menor, vale destacar que todas las grabaciones que integran TFL pertenecen a 1981, es decir, a aquellos días de vida bucólica en Córdoba. En Like London se escucha perfecto el ambiente, y eso le da un toque de hermosura aun mayor a un disco de por sí emocionante.

Perdedores hermosos, aunque en todos lados sea señalado como una continuación de Time..., tiene sus diferencias marcadas. Detalle menor o no, las grabaciones comprenden un período de tiempo más largo, desde aquel '81 hasta 1983, por lo que además de Córdoba hay grabaciones de acá nomás, o sea, Hurlingham. También aparecen nuevos componentes de lo que ya era Sumo: Diego Arnedo y Roberto Pettinato aportan lo suyo en algunos temas, en especial el bajista, que figura en la mitad de los temas encargándose del contrabajo.
En este segundo volumen, mucho más denso que el primero, se encuentran también aquellas gemas folkies que había en TFL, como Luces rojas y Nick's song. Y nuevamente aparece esa veta en los covers de Soul love de Bowie y Solid air de Martyn, en tanto que dos de las piezas claves del disco se ven favorecidas por la inclusión de un saxo: el cover de Billy, de Lou Reed -qué belleza- y Perdedores hermosos, la apertura del disco, con una letra tristísima inspirada en una obra de Leonard Cohen que lleva el mismo nombre. (De alguna manera, Time fate love se ve más espontáneo que Perdedores hermosos, pero como creo que analizar y comparar discos póstumos es una locura, mejor sigo... analizando PH).
Los temas aquí son bastante largos, las letras son poéticas y descriptivas, e Inglaterra tiene de vuelta su lugar con Lloviendo en Londres, una canción re-Sumo que podría haber estado en su primer disco tranquilamente. Los recuerdos de tiempos pasados para Luca también están en Red lights (imaginarán a qué luces rojas se refiere) y en la fundamental Huyendo (Running away), donde vomita toda su historia de fugas y nombra a Argentina como el lugar donde resucitó en 1981, donde mató a todos los loros y donde robó todo el sol. Comparando lo que dice de estas tierras respecto de otras, podríamos decir que tan mal no le fue...
Para cerrar, caigo en un pequeño detalle que resume un poco los discos. Miren las tapas. Chequeen las fotos. Ahí están los dos Lucas que conocimos, el cordobés y el de Baires. Aquellos años de regalo de los que hablaba la madre de Luca, también han sido un regalo para nosotros: artistas auténticos no se encuentran todos los días.

sábado 12 de septiembre de 2009

Prodan antes de ser Luca

La historia de Luca Prodan es tan fascinante como increíble: un tipo que escapó del primer mundo y de sus vicios, de la seguridad económica de su familia y los lujos que todo ello traía, para terminar siendo una hosca estrella de rock en este país. ¿Por qué la madre de Luca asegura que sus años en Argentina fueron un regalo? Aquí veremos algunas razones.

La famiglia Prodan
Para desentramar una vida tan de película como la del protagonista de esta nota, es necesario contar un poco la historia familiar. Los Prodan eran una familia trotamundos, errante, producto de la unión de un austriaco de ascendencia italiana y una china de ascendencia escocesa. Partiendo de allí, con esa breve descripción, alcanzaría para definir por qué el Prodan que más conocemos fue así: trotamundos, errante... Pero esta historia tiene su desarrollo.
Mario Prodan, el padre de Luca, estudió en el colegio Gordonstoun de Escocia y al recibirse, viajó hacia China. Allí conoció a Cecilia Pollock, hija de un acaudalado funcionario de transportes. Para hacerla corta: Mario se convirtió en un empresario de éxito en el país más poblado del mundo, se casó con Cecilia en 1918 y tuvieron cuatro hijos. Las primeras dos, niñas claro, nacieron en Pekín: Michela y Claudia.
El abuelo de Luca era el jefe de la empresa de tranvías en Shanghai, por lo que la familia tenía una posición más que acomodada. Pero en el transcurso de la Segunda Guerra Mundial, los Prodan fueron víctimas del secuestro por parte del Ejército Imperial Japonés, que invadió el norte de China y encerró en campos de concentración a los ciudadanos de origen europeo. Corría 1943, y estuvieron allí 18 meses, junto a otras 4 mil personas de diferentes nacionalidades. Pasada la guerra, la familia se estableció en Roma, sin un centavo y con un destino más que incierto: Mario debía buscar un nuevo negocio para mantener a su mujer y sus niñas. Era un tipo muy vivo para los negocios, muy hábil para cualquier labor, y además un especialista de nivel internacional en arte chino. Al tiempo de llegados a Roma, un tal Federico Fellini lo fue a buscar para que produjera La Strada y, aunque finalmente no lo hizo, Mario no tardó mucho en volverse rico nuevamente.
Ya estaban establecidos en Roma cuando Luca George Prodan nació el 17 de mayo de 1953. Allí también nació el otro hijo varón, Andrea. Cecilia, ya anciana, cuenta en Luca, la película (2007) que su hijito, de cuna rica, avisó que iba a nacer, ¡en medio de una gala de ballet! Para que se comprenda el status de la familia: Cecilia rompió bolsa sentada en un palco del Teatro dell’Opera. Este acontecimiento, en definitiva pequeño y anecdótico, sería un guiño del futuro: la vida de ese niño estaría llena de sucesos extraordinarios. “Eligió un lugar apropiado”, acota simpáticamente la madre de Luca en el film de Rodrigo Espina.


Gordonstoun, momento clave
Según Wikipedia, Gordonstoun es una institución famosa “por haber educado a tres generaciones de realeza británica”. Allí fue al colegio secundario, pupilo, el líder de Sumo. De hecho, entre las personalidades asistentes a la escuela que cita la más grande enciclopedia virtual, aparece “Luca Prodan, Italian-Scottish musician, leader of the argentinian band Sumo.
Allí, en la soledad escocesa, Luca se hizo hombre: a los 11 años lo mandaron, solo, a recibir una educación ejemplar. Maltratado por su condición de extranjero, enseguida encontró compañía en un argentinito de apellido inglés que sufría las mismas cargadas que él: Martin MacKern, que directo desde Hurlingham había terminado en aquel colegio de la campiña escocesa. Martin era el hermano mayor de quien se transformaría un par de años más tarde en el compinche de Luca: Timmy MacKern llegó a Gordonstoun en el otoño de 1968, cuatro años más tarde que Luca, y su hermano le presentó a un italiano al que, según cuenta Carlos Polimeni en Luca, un ciego guiando a los ciegos, “sus padres habían metido a la fuerza en el establecimiento, soñando para él una vida de heredero”. Luca decía que su madre “era muy snob” y pensó que era lo mejor para él.
Una de las cualidades de la Gordonstoun College, era que cumplía una función como “orientadora de vocaciones”. Andrea Prodan se lo contó a la revista El Abasto en 2006: “Por ejemplo, si en la clase sos el payaso te ponen en la obra de teatro que se prepara para fin de semestre. Otro puede tener buena voz y te mandan al coro. Ellos te arman una especie de ‘carrera’ donde permiten que las personas puedan desarrollar sus cualidades”. Luca, por supuesto, fue orientado más que nada hacia sus dotes musicales. Es gracioso, pero quien le enseñó a Luca a tocar la guitarra fue el jefe de los boy scout. Timmy aseguró alguna vez que las primeras canciones que supo Prodan en guitarra, fueron “canciones de jóvenes exploradores”. En la preparatoria, Luca había sido líder del coro; en Gordonstoun estudió trompeta, y se cruzó nada menos que con el príncipe Carlos, que formaba parte de la misma sección de metales de la banda escolar. El mito cuenta que alguna vez se agarraron a trompadas.
Prodan era un alumno destacado por su inteligencia. Como ejemplo de eso, vale contar que su primera tesis fue elegida para representar al colegio en un concurso. Además de dar sus primeros pasos con la guitarra y la trompeta, se daba maña con cualquier instrumento musical, y eso le daba gusto. Aun así, su espíritu libertario nunca soportó la opresión de aquel colegio, que orientaba tu vocación, pero a la vez te obligaba a ciertas actividades que Luca detestaba y que eran contradictorias respecto de esa supuesta libertad educacional. Luca odiaba la misa diaria y las actividades físicas obligatorias. Dicen que batió el récord de latigazos propinados por los maestros: no les prestaba atención.
Por supuesto, también le afectaba el ver poco a su familia, que lo visitaba de cuando en cuando; y sentía abandono de parte de sus padres, es especial de Mario, con quien siempre llevó una difícil relación. “Él amaba a su padre, pero lo cuestionaba. Y no se podía cuestionar a mi marido”, dice la madre de Luca en Luca, la película. El hermano de Luca, Andrea le escribió una carta a Carlos Polimeni después de leer su biografía sobre Prodan, y de allí me parece interesante resaltar este párrafo: “No es verdad que nuestra familia no era unida. Que cosa extraña la familia Prodan. Nuestro padre era un campeón de todo cuando era joven. Natación, polo, equitación, etc. Hay un refrán que dice que cada hijo debe superar el status del padre. Bueh, nuestro papá amaba una familia unida. Pero con una condición, y eso es total respeto, casi feudal, hacia él. Y eso, Luca no lo podía respetar. He allí el punto de constante ruptura entre ambos. Por esto Luca se hizo portador de naturaleza y justicia -primero en nuestra familia, después en general. Sí, cuando Luca amaba mucho algo, era casi siempre porque esta cosa tenía algo de orgánico”.
Eso sí: el estudiante Prodan pasaba los veranos en Roma con su familia, en libertad. Digamos que veía a su familia 3 meses por año, y poco más. El resto del año se sentía preso, y quizá eso explique al tipo que se volvió un callejero en Buenos Aires, según cuentan, un caminador incansable que salía a la calle a buscar historias, acción.


La fuga
Corría el ’71 y ya le quedaba poco en el colegio escocés, ese mismo año se graduaba. Pero Luca, siempre tan particular, después de años de sufrimiento -de él y de las estructuradas autoridades del colegio, a quienes volvió locos- y cuando, uno piensa, podría haber aguantado, no pudo más: se escapó del colegio, huyó sin avisar. El revuelo fue tal que, cuando se enteraron sus padres, la mismísima INTERPOL comenzó la búsqueda del fugitivo por toda Europa. Su madre proveyó para la búsqueda una foto de Luca cuando niño, ¡chupando una lombriz!
Su primera y breve parada fue Londres, y aunque nadie sabía muy bien cómo había hecho para conseguir dinero, luego se enteraron: Luca vendió una carabina que amaba y tenía en el colegio. Se lo contó a Nora Fisch en una nota para el Expreso Imaginario, en diciembre de 1985: “Fui el único caso de un tipo que se escapó en el último año. (...) Me escapé cuando me di cuenta de que me estaban preparando para ser un pequeño sirviente de la sociedad. (...) Dejé una pista falsa como si me hubiera ido a Noruega en un pesquero, pero en realidad volví a Roma. Mis padres tenían detectives buscándome en Noruega y yo estaba a tres cuadras de su casa”. Allí, a tres cuadras de su casa, sobrevivió como pudo: hasta trabajó en el mercado del abasto, vaya paradoja si uno sabe su historia argentina, y su aporteñización en el barrio al que le terminó dedicando una notable canción.
Por supuesto, no pasó mucho tiempo hasta que lo descubrieron: Cecilia vio en una esquina a Luca y un amigo suyo charlando con la policía, por una contravención que habían cometido con una moto. Cecilia, que venía manejando, se distrajo para confirmar que se tratara de su hijo y chocó contra un árbol. Pero sí, era Luca nomás. Lo habían encontrado, y lo mandaron a terminar el colegio en Roma. Volvió locos a todos. Además, tenía que hacer el servicio militar y no se presentó.
Por si faltase algo, cayó preso por tenencia de marihuana y luego por desertor del ejército, por lo que varios meses del ’72 los pasó tras las rejas. En el medio, se fue de vacaciones a Londres con su amigo Timmy, en lo que fueron dos meses de experimentación con todo: al fin estaban en libertad.


Inglaterra, ése lugar fundamental
Después de esos meses de encierro italiano, Luca decidió irse a Inglaterra, “el único país en donde conocía el idioma”. Allí se reencontró con Timmy, que fue a Londres a estudiar fotografía. Hicieron de todo, incluso visitaron Marruecos en 1974. Vivir con un tipo tan certero en sus opiniones como Luca, le resultó varias veces difícil a MacKern: “Después de un tiempo de vivir con él, yo había perdido todos los amigos que tenía o podía tener. Para Luca, todos eran imbéciles, tontos o aburridos... ¡y se había armado cada quilombo...!”. Además, Luca se puso de novio, se enamoró profundamente de una chica llamada Linda, y vivieron un tiempo los tres juntos. Entre las tantas cosas que hicieron, en una ciudad convulsionada y a punto de explotar, trabajaron ¡de serenos! Sí, el cantante y el manager de Sumo fueron serenos en fábricas y oficinas londinenses... qué peligro.
Pero el peligro serio llegó para Luca tras la partida de Timmy, que dejó Londres a fines de 1975 y volvió a Argentina por la muerte de su padre. Mientras comenzaba algunos breves proyectos musicales -Luca siempre hizo música, incluso en sus breves estadías romanas acostumbró tocar la guitarra en las plazas de la ciudad- como New Clear Heads, Prodan se metió de lleno con una droga realmente pesada: la heroína.
En 1976, su hermano Andrea se instaló en Londres -vivía con su padre Mario; Luca tenía su propio departamento, comprado por el padre- por lo que compartieron bastante tiempo y aventuras, entre ese ’76 y el ’79. Entre otras aventuras, los hermanos Prodan vieron el nacimiento del punk. Luca comenzó a trabajar en el sello discográfico Virgin, que por esos días editaba, por ejemplo, a los mismísimos Rolling Stones: había encontrado un trabajo que le gustaba y en el que ocupó diversos puestos, entre ellos, otra vez, el de sereno.
Luca no se consideró nunca a sí mismo un activista de aquella movida punk, pero de a poco se fue fascinando con ella. En Londres comenzó a componer canciones con más frecuencia, y se grababa en una portaestudio chiquita que se había comprado: por ejemplo Teléfonos / White trash, un clásico de Sumo, fue compuesto en el año 1975, en un día frío en la capital inglesa. Sus años allí los comenzó viendo a Pink Floyd, Genesis, Peter Hammill, David Bowie y los Stones, pero los continuó con Sex Pistols, The Clash y Talking Heads, por citar algunos grupos de una lista de bandas interminable. También se fascinó con el reggae, esa contagiosa música jamaiquina que comenzaba a tener lugar en los clubes gracias a un morenito de nombre Bob, principalmente. En una entrevista que le concedió ya en Argentina a su luego compañero de banda Roberto Pettinato para la revista Le Cirque, Luca contaba que “muchos chicos lo hacían para levantar más chicas, otros para divertirse un rato. Había muchos violentos, había muchos hippies con el pelo cortado. Yo era uno de ellos. Yo no me corté el pelo: yo me vestía tipo ‘teddy boy’, que son los rockeros. Yo me vestía medio como ellos y medio punk. Era el verano del ’77, siempre en King’s Road que es una de las calles más transitadas, el sábado a la mañana”.
No pasó mucho tiempo para que visitara otra vez un calabozo. Luca cayó en la tentación del melómano, y no pudo con su rebeldía: se robó cientos de singles y elepés del archivo discográfico de Virgin, por lo que conoció también la prisión inglesa. Pero su verdadera prisión era una sola: aquella droga pesada que en ese 1977 se cargó a su hermana Claudia y su novio, que pactaron su suicidio con una sobredosis de heroína. Eso, sumado a sus desencantos amorosos, con relaciones que nunca terminaban de funcionar, lo sumieron en una depresión que fue de la mano con la caída del punk. Y llegó la sobredosis, en el ’79. Cecilia voló urgente hacia Londres, con la desesperada certeza de que se iba otro hijo, de la misma forma. Luca tuvo un coma hepático durante una semana, producto de la ingestión de drogas pesadas que le habían destrozado el hígado. Él mismo, luego de una recuperación milagrosa que sorprendió a todos los médicos del hospital público en que se encontraba internado, decidió volver a Italia. (Se lo contó también a Nora Fisch en aquella nota del Expreso: “Cuando salí dije ¡basta! Me tengo que ir, pensé. Yo era desertor del servicio militar, pero volví a Italia y dije: ‘Pónganme preso, soy drogadicto, hepatítico, hecho mierda’. Estuve en la cárcel dos meses, después en el hospital, y ahí me sacaron...").

La foto
En esos 4 años y pico de distanciamiento, la vida de Timmy MacKern viró hacia situaciones mucho más luminosas que las de Luca en Londres. Timmy se casó y tuvo dos hijas en ese período, y se instaló en Sierra Grande, Córdoba. Casualidades de la vida, dicen, su madre Cynthia había andado por Londres en aquel convulsionado 1979. Timmy, por supuesto, le había dado la dirección de Luca para que lo visitase, y aprovechó la ocasión para enviarle al italiano una foto de su familia posando en Córdoba. Se dio el encuentro entre Cynthia y el pelilargo Luca -y su novia de aquel entonces-, y la madre de Timmy le dejó como obsequio de su amigo aquella simple e inocente foto familiar: Timmy con su mujer y una hija en los brazos de cada uno, más la perra acompañando. Para cualquier persona, aquella imagen hubiera sido poco más que una bonita postal, pero para Luca fue una señal de paz y vida. En la letra de Warm mist, una canción desgarradora y emocionante que le dedicó a su hermana y que aparecería más adelante en Corpiños en la madrugada, el italiano cantaba que “no quería seguir ese camino”, y le pedía al Señor que no lo deje morir “rodeado por este gris”. El mensaje era claro: Prodan no quería partir, no era su momento.
E iba a tener su última chance: su jugada más celebre, al fin.
En un intercambio de cartas que se dio a los meses con Timmy, Luca le dijo, certero como siempre, que estaba mal pero que “quería vivir”. Apuró trámites y organizó todo lo debido para su siguiente fuga: sacó pasaje Londres-Buenos Aires pero dejó sus cosas a medias en Londres, por si no prosperaba su proyecto de limpieza en aquel ignoto país, en el que no podía conseguir heroína. Y llegó a la Argentina nomás. Instantáneamente se instaló en Córdoba, el lugar de la foto, y los primeros días los durmió, apenas si caminó unos metros por la residencia MacKern. No tenía fuerzas para mucho más. Cuando pudo moverse un poco y comenzó a recuperar energías, agarró una guitarra para niños que había en la casa y comenzó a tocar y a escribir. Ya había compuesto varias canciones y en la Argentina compondría varias más. La primera que escribió en Córdoba fue Winter en las sierras, que vio la luz en el documental biográfico de Espina. En la provincia del cuarteto, conoció al cuñado de MacKern, marino mercante él. El hermano de Inés Daffunchio, la mujer de Timmy, se llamaba Germán y apenas si sabía tocar guitarra criolla. Pegaron onda y comenzaron a juntarse, ahí en Traslasierra, a tocar por tocar. Al tiempo se les sumó Alejandro Sokol, un amigo de Germán que no sabía tocar, pero le pasaron un bajo y dijo “bueno”. Esa sería, al fin y al cabo, la génesis de Sumo: el italiano, que había vivido encerrado en su niñez y adolescencia entre colegios y cárceles, volvería a Inglaterra a buscar instrumentos (y a una amiga baterista de quien hablaba maravillas). Luego se afincaron en Hurlingham, y allí se terminó de perfilar la historia de un grupo que marcó al rock argentino como pocos lo hicieron. El pelilargo se volvió pelado, el heroinómano se limpió por un tiempo, -para luego caer en las trampas del alcohol-, el italiano se volvió porteño y ese desconocido que hablaba en un cocoliche medio difícil de comprender, mutó en poeta de Buenos Aires. Creí interesante contar un pasado no tan conocido para comprender mejor a este fenómeno argentino llamado Luca. Como decía él, sin ese.

(Para la próxima, el testimonio discográfico).

sábado 5 de septiembre de 2009

Gente graciosa (para tomar en serio)

El título de este post refiere a dos sujetos muy peculiares, de esos músicos que uno ve sin la guitarra colgada y no entiende cómo son ellos los que luego suben a un escenario. No dan la imagen.

Black y Wolf.

Por caso, Black, Frank Black, podría ser el gordito de acá a la vuelta, pero no el cerebro de una música tan bonita y naif unas veces y tan perturbadora y deforme otras. Pero sí, lo es. Lo mismo que Wolf, Alberto Wolf, un yorugua del que no tenía registro pero que al verlo, lo imaginé en la esquina de Gaspar Campos e Irigoin vendiendo el diario. Y no es canillita ni ahí, ni podría serlo. Con esa voz tan extraña que tiene no le compra un diario nadie.
Ellos dos, tan diferentes en sus deformidades, hicieron recientemente los CDs que más vengo degustando.

Veamos: el tío Lucas del rock (?) se mandó un disquito con su mujer, Violet Clark. Así, en dúo y bajo el nombre Grand Duchy -¿cómo catzo se pronuncia?-, nos presentan nueve canciones sencillitas, muchas con alma pixie (y sí, Violet vendría a ser Kim Deal). Al principio te suena simpático y no mucho más, pero después de varias escuchas, además de darte cuenta de que se divirtieron mucho, caés en que casi todos son temazos y que el gordo ofrece dos o tres hits que garpan mucho. Además, siempre hay alguna guitarra punzante de la que envidiar el sonido distorsionado, esos bajos bien al frente que nos gustan y los alaridos fuertes del pelado. Fort Wayne podría ser de los Shins y eso es un gran elogio. Black suit suena muy oscura y ochentosa: la parte vocal de Frank es tenebrosa y la de su mujer, porno. Encima, a eso le sigue The long song, candidata a ser una de las mejores no-canciones del año (aunque al principio parezca hecha en 1982). Me fascina ese sonido de violas, repito.
Eso. Escúchenlo.



Ahora vamos a Wolf. Parece que hace rato la viene remando, pero yo recién lo engancho ahora. El tipo es el líder de Los Terapeutas, quienes también hacen una musiquita simpática -y sí, son uruguayos- y ecléctica. Por momentos parece que se están divirtiendo mucho, como Black y Clark. En otros pasajes agonizan, también como Black y Clark. Su última producción tiene un nombre sencillo, De, donde cada canción habla de algo; y aunque uno suponga que siempre es así al señor terapeuta Wolf le gusta recalcárnoslo. Cuando le di play juro que pensé "esto es poco serio, parece Gasalla el que canta", pero ahora el disco me gusta y no sé muy bien en que género enmarcarlo: por lo general son canciones de personajes simpáticos y medio patéticos (¿casualidad?). Las letras pueden pasar de dejar frases como "fanáticos me asustan" a citar ¡el video de Wanda Nara! Siento que no estoy diciendo nada muy importante, por lo que mejor les dejo recomendado escuchar De tan libre, De ellos dos y las bajonerísimas De Biarritz y De Klaus, donde el caradura de Albertito aulla "nunca ha sido tan feliz en mi vida" en la peor de las depresiones musicales que uno pueda soportar. Suenan a perdedores que en cualquier momento empiezan a ganar... Fue elegido disco del año (2008) en el país vecino. Prueben que no cuesta nada.

jueves 13 de agosto de 2009

Otra dama que canta lindo

Hace un tiempo ya, cada vez que ponía MTV o Much Music y había un videoclip -¡milagro!- la protagonista era una niñita de quien no tenía la menor idea, con un nombre curioso. Nunca escuchaba mucho la canción, pero su apellido era difícil de pronunciar... y me asombraba que siempre fuera la misma imagen la que aparecía ante mis incursiones telemusicales: me terminé aprendiendo el nombre y tarareando la simpatiquísima canción. Algo le veía a la piba. A veces pasa que aunque lo que escuches no sea lo tuyo, el emisor te mueve, lo ves y te atrapa. Pasó un tiempo y vi a la misma niña en RSM, el programa de Mariana Fabbiani.

Pasaron semanas, meses, y un día me acordé de ese nombre-pegote otra vez. Lo googleé y fue curioso enterarme de que la dama además de cantar es actriz, y que hizo sus primeras armas en Luz clarita, una tira para niños mexicana que es algo así como la Chiquititas del norte. No voy a negar que el paraguas de los prejuicios se abrió un poco, pero se iba a cerrar bastante rápido. Era estúpido además juzgar a alguien por un trabajo profesional hecho de niño...
Y sí, aquellos pocos prejuicios se desvanecieron al instante no bien le di play y Mediocre -el tema que abre el disco de mismo nombre- me dibujó una sonrisa cómplice: una balada al piano, suavecita, que en el estribillo muestra a una mujer salvaje cantando "Me creí tan especial, qué ingenua mi torpeza / Y me sentí tan esencial, qué ingenua mi verguenza / Me olvidaste, por mi parte ¡qué mediocre!". Con el estribillo ya me ganó. Nenita las pelotas, la dama canta con huevos y personalidad. Y se enoja cuando la comparan con Julieta Venegas o Natalia Lafourcade.
Después, leyendo más mientras escuchaba el disco, sumé otro dato positivo: los productores de su debut eran Juan Campodónico y Tweety González. Pero eso importó menos que cada canción que iba pasando. El swing medio funky de Vidas paralelas -la del video, un pegote encantador, admitámoslo-, la melancolía de Normal, la perversión de La tina y las dudas de Reforma... resultó que cada uno de los temas que se sucedía estaba buenísimo -highlight: Un error- y que la tipa, admiradora de Fiona Apple y Bjork y "con mucha influencia de cantantes de jazz como Ella Fitzgerald" -como dice en MySpace- era una excelente compositora de letras frágiles y melodías lindas (¿cómo definir a una melodía que es agradable a los oídos?).
En fin, ya saben: Mediocre es una sorpresa del pop mainstream y si es posible deberían de escucharlo y juzgar por ustedes mismos. ¿Se la imaginan a Agustina Cherri haciendo canciones como estas? Jeje.