jueves, 23 de marzo de 2017

Córdoba llama

Anticasper, por Guido Grosso 

En el último lustro, la provincia de Córdoba se convirtió en uno de los polos de producción clave dentro del rock argentino. Como nunca antes, surgieron una cantidad de sellos y artistas que, búsqueda sonora y estética mediante, forjaron una movida que llegó al punto de ganarse su propio libro -Esto es una escena, compilación del periodista, músico y gestor Juan Manuel Pairone- con escritos sobre nada menos que 19 álbumes cordobeses editados entre 2012 y 2014.

Anticasper, Telescopios y Valdes son tres de las bandas que hacen fuerte a la movida cordobesa: los primeros ya como referentes indiscutidos hace años; los segundos como una de las promesas que empieza a cosechar lo sembrado con su imperdible disco El templo sudoku; los terceros, uno de los proyectos a explotar, recién estrenados (su debut homónimo salió a principios de año).

Por todo eso, Nico Garriga (Anticasper), Bernardo Ferrón (Telescopios) y Pancho Valdés (Valdes, claro) se prestaron a responder algunas preguntas.

¿Cómo describirían la situación local en este momento, con sellos que redujeron su actividad (Discos del Bosque) o directamente dejaron de existir (Ringo Discos) y a la vez muchas bandas surgiendo desde allá? ¿Quedó una estructura que sirve como punto de partida o pasa más por el entusiasmo de las bandas?
Nico Garriga: Estamos muy contentos y orgullosos con la escena cordobesa actual. Creemos que se encuentra en un gran momento musical. Hay muchas bandas nuevas que están laburando de una gran manera. Buenos discos, de gran calidad de audio, buenos shows y buenos trabajos de distribución y prensa. Si bien nuestro sello quedó en el pasado, ha sido una gran herramienta para Anticasper. Hay muchas ganas de hacer las cosas bien de parte de las bandas a la vez que Ringo dejó una estructura que nos sirve para nuestro trabajo como núcleo de banda.
En estos años hemos aprendido a ser más independientes de lo que éramos siendo Ringo. De alguna manera, la finalización del sello vino de la mano con el funcionamiento del trabajo autónomo de cada banda que formaba parte del sello. Creo que lo más rescatable de esta situación es que todavía existe el trabajo cooperativo y solidario entre bandas, más allá de si estaban en nuestro sello u en otro. Ahora estamos haciendo varias cosas a la par de Valdes y Telescopios y esto se da porque estamos en una situación parecida, porque somos amigos y buscamos lo mismo y porque nuestros managers también comparten cosas.

Bernardo Ferrón: Sin dudas hay un antes y un después en la escena de acá a partir de estos sellos que nombrás. En el momento en que empezó a pasar esto de “hay una escena de bandas de nuestra generación en nuestra ciudad” los sellos te ponían en la cara la data de “está pasando aquí y ahora” y ahí a bastantes músicos nos cayó una ficha grosa. El hecho de que ahora no estén tan manija como hace unos años debe ser por el desarrollo de cada banda en particular. No vemos como un retroceso eso, de hecho vemos cómo algunas bandas de esos sellos ya están con un pie puesto en algo un poco más mainstream, y eso ya es medio como empezar a curtir otra.
Más que por el entusiasmo de las bandas -que es súper necesario y vital-, pasa más por el trabajo de las bandas que por una “estructura”; estamos convencidos de que no hay una manera de hacer las cosas: hay millones de maneras y todas tienen que ver con cada proyecto en sí.

Pancho Valdés: La escena está en constante crecimiento, con una propuesta de bandas novedosa e interesante, y por más que sea una movida que tiene poco público cautivo es algo a lo que nosotros elegimos apostar porque también vemos que crece paso a paso. Personalmente, la estructura de Discos del Bosque nos ha dado un gran empujón para movernos como banda bajo el ala del sello, abriéndonos puertas en Buenos Aires o acercándonos a público de otros artistas. De todos modos, cada banda se autogestiona y busca crecer como proyecto con sus propias características. El laburo que llevaron a cabo los sellos en todo este tiempo ha sido asimilado por los distintos artistas.

¿Cuál creen que es la peculiaridad de la escena cordobesa, si es posible catalogarla como una sola? Visto desde lejos, parece haber una búsqueda estética a partir de un sonido pulcro, límpido, inclusive cuando se suben los decibeles.
NG: En Córdoba hoy existen muchas bandas que están produciendo muy buenos materiales y no necesariamente compartimos la misma movida. Pero si vamos a hablar de nuestro circuito y escena, encontramos una riqueza justamente en la pluralidad de géneros y sonidos que hay entre las diferentes bandas. Hay muchos discos que suenan bien actuales y “pechados” pero están en distintas estéticas. Por ejemplo, no es lo mismo el punch y la energía que generan los Claravox, que viene por un lado noise-experimental, a la que generan los Viaje a un Minúsculo Planeta, que tiene algo más clásico, con una gran técnica y ejecución, a la que generan los Valdes que son mucho más bailables y grooveros. Justamente en este amplio rango de propuestas radica el buen posicionamiento de la movida cordobesa hoy vista desde afuera. Siempre priorizando la calidad de las producciones con una gran identidad en cada banda.

BF: Capaz que lo que está bueno de acá es que todas las bandas hacemos música bastante distinta. No hay dos bandas que vos digas “mirá que parecidas que son”. ¿Catalogarla? Ni idea, de pronto si alguien de afuera escucha una banda de acá sin saber y dice “che que cordobés que suena esto”, mata. Eso habla como de una identidad y está buenísimo.

PV: La escena cordobesa más ligada al pop, que es el nicho en el que nos movemos, tiene como característica principal una cierta suavidad y sutileza a la hora de expresarse en términos de sonidos y melodías. Hay algo en toda esa variante de estéticas que genera calidez en el público, que se vuelve entrañable. Pero al mismo tiempo, esa sutileza no va en detrimento del power rockero. Eso no impide que haya shows potentes y bailables, es todo parte de lo mismo. Cuando salimos de Córdoba sentimos que la respuesta en el público también es positiva, y eso nos motiva a seguir creando y abriendo caminos.

Telescopios, por Joaquín Ferrón

¿Sienten que la cantidad de grupos que se instalaron en los últimos cinco años levantó la vara en cuanto a producción en todos los aspectos? Es notoria la preocupación por hacer algo de calidad, desde el arte de los discos hasta la faceta visual de los grupos.
BF: Y en el audio también. Si algo podemos decir de toda la música independiente es que de la manera que sea, sea la búsqueda que sea, los discos suenan cada vez más lindos. Obvio que eso en cierto punto te pone en un lugar, tenés que hacer algo que esté bueno. No por el hecho de estar a la altura y ya, sino porque posta que es re motivador tener a colegas haciendo cosas que nunca nos imaginamos que íbamos a poder hacer. Te hace reaccionar y activar fuerte.

PV: Pero más vale que se levantó la vara, papá (risas). Los grupos buscan superarse en cada nueva instancia creativa. Se nota el aprendizaje que se va generando entre discos propios y de compañeros de ruta, también en cuanto a calidad de shows, videos, diseño de arte, vestuario, luces.

NG: Seguramente cada banda tiende a esto a la hora de sacar nuevo material. Además de la necesidad de editar discos que suenen a la altura de la música moderna, es imprescindible complementar las producciones con shows completos, buenas ediciones físicas, trabajos fotográficos… De todas maneras lo bueno de ser independientes es que cada banda hace lo que quiere. No creemos que haya competencia entre las mismas. El nivel de las producciones de cada banda lo elige cada banda y esto es justamente ser dueño de tu propio trabajo. Desde Anticasper, le estamos dando mucha bola actualmente a los shows. Como cuando vas a ver una banda grande y salís con esa sensación de que ahí adentro se vivió de todo. Bueno, eso es lo que queremos generar en nuestros shows. Buen sonido, lo más fiel al disco, unas visuales que acompañen el viaje y te metan en la música, interacción con el público de manera lúdica y cercana, manejar momentos que suban y bajen en intensidad, por decir algunos ejemplos.

¿Tienen respuesta en los lugares donde se toca? Esa apuesta sonora, ¿es posible de llevar al vivo o las condiciones técnicas no avanzaron en Córdoba a la par de la escena?
PV: La verdad es que hay lugares que se la bancan más que otros. Nosotros al tener un show basado en un beat con subwoofer a veces nos tenemos que adaptar y bajar un poco los decibeles de graves, pero al fin y al cabo el resultado es óptimo. Somos músicos y estamos acostumbrados a adaptarnos. Además, al tener una propuesta sin batería acústica y con pistas tenemos menos problemas a la hora de hacer sonar nuestros temas como en el disco.

NG: Nosotros intentamos siempre tocar en lugares donde haya una técnica que responda a los requerimientos de las bandas en lo que refiere a pubs, boliches y salas. En Córdoba hay varios lugares en donde siempre encontramos buena respuesta, por ejemplo Belle Epoque, Casa Babylon y Paraguay. Son los lugares donde nos sentimos cómodos para dar un show. A la vez, últimamente, salen algunas fechas en bares más chicos, tipo cena-show, en donde no siempre se puede pedir todo lo que la banda necesita para su show en formato completo. Es por esto que también preparamos un set reducido y más abajo para poder ajustarnos a las condiciones de cada lugar.

BF: Nuestro desafío de ahora es ése, estamos en la búsqueda de un vivo que tenga lo que sentimos que tiene que tener. Y está medio jodido en general, es raro pero hay veces que sentimos que se llega hasta un límite. Y la mayoría de las veces ese límite no lo ponemos nosotros sino las condiciones que se presentan en determinada ocasión. Y todo bien, se encara para el lugar que haga falta para hacer el mejor show que se pueda en ese lugar. Hay productores que la re bancan y te ofrecen condiciones que están buenas para tocar y podes llevar tu propuesta y mostrársela a la gente como es. Y obvio, hay muchas veces que no se puede. Pero pasa en todos lados, no solo en Córdoba.

¿Y el periodismo? ¿Se abrieron más canales a la par, o se sigue necesitando de los medios grandes para tener otra llegada?
BF: Los canales que se abrieron a la par siempre se copan. Pero sin dudas necesitás de los medios grandes para tener otra llegada. Esos medios por ahí se copan también, y ahí es cuando te das cuenta que efectivamente hacen falta.

NG: Bueno, esto viene un poco de la mano al crecimiento también. Un poco es sí a las dos. Existen nuevos medios independientes que se involucran con la escena cordobesa y nos tiran una gran onda a las bandas a través de notas, entrevistas, agendas. Hay nuevas bandas pero también hay nuevas radios, revistas, blogs, portales, programas de TV, que hacen a esta escena. Ahora, en los que figuramos la gran mayoría de las veces no son medios mainstream. Es necesario para las bandas acceder a esta otra parte ya que es una gran ayuda para ampliar el alcance y el público. Lo curioso es que existen radios en donde no te pasan si no tocas un cover del tema de moda del momento, o si no sos “cool”, o si no te manejás con “gente importante”. A nosotros poco nos importa lo último. Creemos en la autenticidad de nuestro proyecto y creemos que gracias a esto es que no somos una banda más entre un gran montón de bandas que sí tienen alcance en estos medios y no nos gustan.

PV: Se abren canales en forma permanente que brindan espacios para que las bandas muestren su música, así como espacios que ya están hace años y se siguen sosteniendo. Pero la difusión a gran escala de los medios más renombrados sigue siendo clave. No faltan medios en Córdoba que brinden apoyo incondicional a las bandas, falta poder construir masividad, hacer llegar la música a más gente.

¿Con qué región del país se sienten identificados en cuanto a lo que sucede? En estos años se evidenció que hay varios polos por fuera de Capital que emergen con fuerza (Mar del Plata, Mendoza, Rosario, La Plata). ¿Les parece que en verdad es una gran “escena de escenas” y la búsqueda en el fondo es la misma?
PV: Nos sentimos identificados, más que con una región, con un grupo de músicos “exiliados”, nuestros amigos cordobeses que viven en Buenos Aires. Ellos transportan esa sensibilidad cordobesa a la Capital, lugar que pensamos clave a la hora de generar público a nivel nacional. Sentimos que hay una escena global que está subdividida en pequeñas escenas regionales y nuestra aspiración es hacer pie en cada una de ellas.

NG: ¡Nos sentimos identificados con la nuestra! (Risas). Por suerte hemos ido a tocar a todos esos lugares, menos a Mardel. Muy linda movida en todos ellos y lindas bandas también. Sin embargo, nos siguen conmoviendo más las nuestras: Telescopios, Valdes, Un día perfecto para el pez banana, Cintia Scotch, Viaje a un Minúsculo Planeta, Hipnótica, Berthex, por nombrar algunas. Igual, nos encantan algunas bandas de “afuera”: Morbo y Mambo, Mi amigo invencible, Diosque, Los Reyes del Falsete, Francisca y los Exploradores. Esto es una gran escena argentina de 2010, como supongo fue en su momento la movida del Nuevo Rock Argentino.

BF: La búsqueda es la misma. Tocar nuestras canciones y que nos vaya a ver gente tocándolas. Todo lo demás tiene mil formas, por suerte.

Valdes, por Rocío Yacobone y Romina Alterman

Pareciera que hay una retroalimentación entre los músicos de esta generación pero no tanto contacto con el canon del rock argentino. ¿Es así o esa influencia está sin ser bajada en forma tan directa? ¿Se ve y escucha más al colega y a los grupos de afuera?
NG: Bueno, no sé cuál será el canon del rock argentino, pero no creo que no haya miradas hacia atrás en las bandas actuales. Podes encontrar rasgos de Virus y Charly en Cintia Scotch, Illya Kuryaki en De la Rivera, Invisible en VMP, Manal en Anticasper. También juega el lado actual y de afuera, Café Tacuba en el Pez Banana, Javiera Mena en Valdes, Tame Impala en Telescopios y Neon Indian en L’Esec por nombrar algunas. Todos consumimos mucha música de antes y de ahora.

BF: Capaz que ahora se escucha al colega y se escucha al de afuera y al de antes y así. Es tan fácil tener acceso a tanta música que hay que es todo como un despelote divino. Hay veces que el canon ese que decís avala y hubo y seguirá habiendo momentos en que la bardea. Depende más de cada artista que de “los artistas” o el canon o el rock y eso. Algo hay acá, algo tiene que haber, alguien tiene que seguir haciendo música acá.

PV: Nosotros hemos escuchado mucho rock argentino “clásico” de más niños pero claramente nuestras influencias más directas nacen de la música negra, que es lo que nos une en este proyecto. Es cierto que nuestras referencias nacionales son más contemporáneas y, aunque todavía no tengan reconocimiento masivo, para nosotros forman parte de nuestro canon del rock y el pop argentino.

¿Cómo definirían su show en vivo? ¿Qué esperan cada vez que salen de Córdoba, donde más o menos saben cuál puede ser la respuesta de la gente?
BF: Justo ahora estamos armando un show nuevo. En nuestras próximas fechas en Buenos Aires lo vamos a mostrar por primera vez. Va a estar potente, ese es el plan.

NG: Estamos preparando un show bien arriba. Lisérgico, caliente y estridente. Queremos que la gente se quede manija con nuestra banda. Vamos a usar nuestras mejores armas humorísticas y escénicas para complementar lo musical. El show de Anticasper atraviesa varios momentos. Hay partes bolicheras y hay baladas. Hay vuelo y hay bajada a tierra para mover las pompis (risas). Creemos que la dupla con Telescopios puede funcionar muy bien en la escena porteña. Nos complementamos bien entre las bandas porque no hacemos la misma música pero sin embargo hay puntos en común. Esperamos un camarín lleno de guachitas y guachitos para después salir de joda… pero todos mayores de edad, por favor (risas).

PV: El show en vivo de Valdes es completamente groovero y bailable. Una mixtura entre el house noventero y la canción pop. Con una propuesta visual cuidada y laburada con el único objetivo de brindarle al espectador una experiencia. Cada vez que salimos de Córdoba esperamos dejar todo en la cancha. Llegamos a Buenos Aires con muchas expectativas y queremos que nos vea mucha gente y, sobre todo, que se diviertan con nuestra música. Puntualmente, los shows en el festival Aruma y en Sheldon van a ser únicos para nosotros, ya que por primera vez vamos a tocar con otros músicos, en formato banda (NdR: Valdes es primordialmente un dúo que completa el hermano de Pancho, Edu). Los invitados son Pablo González, en batería electrónica, y Hernán Segret, en bajo. Esas presencias le dan a la banda un sonido más orgánico, que es mucho más cálido y llega más al cuerpo. Va a ser imposible no dejarse llevar por las vibraciones y la conexión entre nosotros.

[Publicado en ArteZeta el 28 de agosto de 2016]

jueves, 9 de marzo de 2017

Atrás Hay Truenos: el futuro ya llegó


En un momento de la charla con Roberto Aleandri, cantante, guitarrista y compositor de Atrás Hay Truenos, el hombre vislumbró el papel diminuto con algunas anotaciones que quien escribe había llevado. Fue hacia el final, cuando el grabador yacía apagado en la mesa del bar. Pero la curiosidad de Roberto pudo más: quiso saber qué había quedado escrito y sin ser mencionado. Su discurso entusiasta hizo el resto y nos llevó a encender el aparato nuevamente.

Con ese fragmento del final -el descubrimiento de Neu!, fantástico grupo alemán que resultó un espejo en el que aquellos adolescentes neuquinos supieron mirarse; y la cita a una película de nombre curiosamente parecido al del grupo- empieza esta segunda y última parte de un diálogo rico en anécdotas y pensamientos (acá está la primera). Sobre la música propia y el arte ajeno (así dijo siempre Aleandri, el arte). Sobre el desarrollo continuo de las canciones y la producción de un disco. Sobre los sintetizadores, el instrumento estrella de su álbum Bronce. Sobre lo que vendrá, empapado por la ambivalencia entusiasmo por el presente artístico-desencanto político total. Y una probable salida que Simon Reynolds tacharía de pospunk: romper todo para empezar de nuevo.

LA SALVACIÓN SE LLAMÓ NEU!
“Conocerlos fue definir que uno podía hacer música. Y querer tomarse el atrevimiento de salir a tocar a un lugar o grabar un disco”, empieza Roberto cuando el grabador se reenciende. Y sigue.

¿Cuándo fue ese encuentro, te acordás?
Con Tito [Héctor Zúñiga, el baterista del grupo] tocamos desde 2003, más o menos. Esto fue en esa época, incluso antes de que fuéramos los Truenos. Ensayábamos con él y otro chico más, Maxi, un amigo que tocaba los teclados. Yo me vine a Buenos Aires a visitar a otro amigo -el Pato Rodríguez, vamos a darle el mérito- que vivía acá con varios neuquinos que no conocía. Y él tenía en su computadora 10 gigabytes de música bajados de internet, perfectamente catalogados. En ese momento era un montón para una computadora. Entonces me volví para Neuquén con varios CDs de mp3, entre ellos, Neu! y otros discos de Alemania de los 70; un montón de música. Y se los llevé a los pibes. Nosotros nos juntábamos a ensayar y siempre escuchábamos música, eran horas charlando y escuchando, como una terapia eterna. Y cuando llegamos a Neu! flasheamos, no lo podíamos creer. Fue decir “ah, boludo, tenemos una banda, estamos haciendo música”. Hizo que todo eso tuviera un sentido, le dio forma a algo que ni nosotros identificábamos que estábamos haciendo. Lo puso en un lugar en el que ya le podíamos decir a alguien qué hacíamos.

Podían citar una influencia.
Sí, y ni siquiera es que éramos parecidos a Neu! ni nada, no sé. Pero era la misma visión de la música y el arte, media hora tocando una nota y entrando en ese mundo sensible, digamos.

Esto no tiene nada que ver con Neu! pero lo anoté como una curiosidad. ¿Sabías que hay una película costarricense que se llama Atrás Hay Relámpagos?
¡No, ni idea! ¡Ya quiero contactar al director! ¿Atrás Hay Relámpagos, en serio? No, man, ¡ya hay que mandarles música! (Risas). Qué loco esto... me gusta porque siempre pensé que el nombre era medio enroscado, a mí nunca me gustó.

Pero ¿quién lo puso?
Entre todos, en una charla. Íbamos a tocar por primera vez y no teníamos nombre, y los organizadores querían hacer un afiche para promocionar la fecha. Era la gente de Domingos de Terciopelo, un ciclo de Neuquén hermosísimo, el más viejo que hay allá (tiene como 15 años). Se organiza con pacientes de salud mental del hospital y un domingo por mes tocan bandas: una onda bellísima, es lo mejor que hay en Neuquén.

¿Abierto al público o sólo para los pacientes?
No, abierto al público y autogestivo, no lo banca nadie. Pero bueno, volviendo al nombre, ahora mismo me pasa que no me gusta. Yo tuve algo que ver, no me acuerdo bien quién lo tiró. Fue así: siempre ensayábamos y grabábamos el ensayo con un aparato que le habían regalado a mi hermanito para su cumpleaños, un juguete que era como un gatito grabador. Tenía dos micrófonos, casetera, y grababa. Lo colgábamos de un ventilador en la habitación donde ensayábamos, grabábamos con eso, y después nos íbamos a la plaza a escuchar las tres horas de ensayo. Ni nos acordábamos de lo que habíamos tocado porque era todo sin parar. Y ahí pasó que una vez hubo una tormenta muy grosa, y en la plaza había toda una alameda gigante, muy vieja. Y bueno, nosotros habíamos fumado, estábamos sensitivos, flasheando, porque era una imagen impresionante... vino de eso, de una cuestión pictórica. Después, la primera fecha fue mágica. Nosotros pensábamos que nos iban a odiar por nuestra música de mierda, que nos iban a sacar cagando (risas). Teníamos sólo cuatro canciones, tocamos y nos hicieron repetir todo el set.

¿Duplicaron el show?
Hicimos dos veces la lista de canciones porque a la gente le pareció hermoso. Hay registro en video de ese primer recital, lo veo y todavía no lo puedo creer. Y bueno, a partir de ahí nos enamoramos de tocar en vivo y ya quedó el nombre. Aunque nos han llamado de mil maneras... Atrás Hay Trenes (risas). Ahora que veo que hay una película de nombre similar me gusta, significa que alguien más pudo haber pensado como nosotros y tiene un poco más de sentido.


LA CANCIÓN NUNCA ES LA MISMA
Aquí retomamos la charla al punto en que había quedado en su primera parte: el disco de reversiones de Bronce y las nuevas formas que toman las canciones con el tiempo, a riesgo de parecer... interminables. Roberto lo explica mucho mejor: “En el disco va a estar la versión cantada de Interminable, que ahora salió instrumental. Es una canción que ya tiene sus versiones -está en un Compipulenta-, pero para mí se sigue transformando y la sigo escribiendo. Quiero ver si logro llegar a la versión definitiva. Me gustaría sacarme esa canción de la cabeza y que quede registrada en el disco, como parte del Bronce.

¿Eso pasa con las canciones de este disco o con anteriores también?
También pasa con “Luna vieja”, de Encanto. La versión que tocamos en vivo es extendida, tiene todo un final nuevo con otra estrofa que me parece increíble y me hubiera encantado que esté en el disco. Quizá alguna versión en vivo pueda quedar o grabarse. Creo que ahora tengo más consciencia sobre una canción, cantar y decir algo, e ir a grabarlo. Justamente por eso, porque no es normal que pase que vos grabes una canción y la sigas extendiendo. Entonces, me gustaría tomarme más tiempo para la composición. Digo, más tiempo antes de grabar un disco que en el momento de grabarlo. Pero es algo que te digo y después no sé si lo voy a hacer (risas).

Ahora fue al revés el proceso.
Sí, fue totalmente inverso. Teníamos una idea cuando fuimos a grabar, para nosotros las canciones ya estaban desarrolladas y tenían principio y fin. Pero en todo el proceso, las canciones tomaron otro volumen, se expandieron. Y fue más difícil, por una cuestión de tiempo, de fricción, de todo, desarrollar eso durante la grabación. A mí se me hizo más difícil por los contextos: todo sale dinero y no podés estar probando tanto. A la vez, los estudios de grabación son hermosos porque son lugares para ponerle imaginación al trabajo, no tanto lo técnico.

Y con Bronce fueron a ION y se fascinaron.
ION es un lugar increíble, yo me enamoré profundamente. Nunca había estado en un estudio de esa magnitud, son lugares que están preparados para la música, para la imaginación, para la libertad. Fue una experiencia reveladora.

¿Lo próximo que graben va a ser ahí?
No sabemos todavía. Pero va a ser difícil no ir. Me intriga mucho cuál sería la próxima obra nuestra. Ahora, además del disco de remezclas, estamos viendo de hacer un disco de covers, un pequeño EP de canciones que nos gustan: tenemos una canción de Primal Scream, una de Suárez, una de los Perdedores Pop y otra de Lemonheads. Van a ser cinco o seis, y las queremos ir a registrar en vivo a algún estudio. Hay que darle forma a la idea, ese sería nuestro próximo disco. Lo de las remezclas sale seguro porque no requiere de ir a grabar. Y esto lo vamos a hacer con Willy [Ruiz, alias Doctora Muerte], el batero de El Mató. Escuchó el disco y nos dijo “quiero grabarlos”.

Les gusta trabajar con productores, ¿no?
El productor es una figura importantísima, porque realmente te da una visión que vos no vas a tener. Y es así, por más que vos tengas mil visiones. Para mí la producción tiene más que ver con lo artístico, no con lo técnico, eso se resuelve yendo a un buen estudio. El tema es la visión sobre el arte y sobre quiénes son los músicos, cómo se captura eso. El productor tiene que saber cómo son las personas y entender lo que uno quiere hacer. Ese aura, el alma, no sé cómo decirlo, es algo humano y también algo medio espiritual que hay que lograr que quede registrado. Es mucha tensión y no es un trabajo que pueda hacer cualquier persona. A mí me interesa que el productor sea músico, que toque en el disco y sea un integrante más de la banda. En este disco lo logramos, con Juan Cruz [Palacios] a lo último ya estábamos tocando, prácticamente. De hecho, tocó los sintetizadores en un par de shows nuestros. Para mí es así: no puedo ver al productor como alguien que dice no. Hay que ver quién será el próximo.

¿Les gustaría alguien en particular?
Juan Cruz y Félix [Cristiani] son dos chabones que hacen discos hermosos. Pero bueno, con ellos ya trabajamos. Me gusta [Ezequiel] Araujo, me parece que es un genio. No lo conozco, pero la otra vez vi una entrevista que le hicieron en un blog y me sentí en la misma línea de esto que hablamos. Y bueno, [Daniel] Melero me parece una bestia.

HOLA, SINTETIZADORES
Bronce es un disco meleriano, empezando por el desplazamiento sonoro que hicieron, de la guitarra al sintetizador.
Yo había usado siempre los sintetizadores de la compu. Y bueno, Félix fue productor de Melero. Es un animal, tiene una mente impresionante y sensible, y él toca mucho sintetizadores.Y de ir a su casa a tocar y grabar, me enamoré perdidamente del instrumento, que es fascinante. Eso quedó plasmado en el disco (se ríe).

¿Fue una idea de él?
En realidad no fue una idea de nadie, fue producto de estar ahí haciendo. Prender el sintetizador, probarlo en una canción, que pase algo y empezar a meterse. Teníamos la nave armada de sintetizadores, que también nos permitía grabar -sin ir a un estudio- al nivel de lo que teníamos de ION. Esto lo podíamos hacer cualquier día y a cualquier hora, porque manejás el volumen y no necesitás un equipo prendido al palo, como puede pasar con una guitarra.

Y ¿ves su uso como algo que va camino a convertirse en un patrón?
No te lo sabría decir. De hecho, ahora estamos tocando el disco con el formato de la banda más un nuevo integrante, Marto, Martín Villulla. Él toca los samples y sintes del disco, y obviamente, si lo próximo se compone con alguien que está tocando sintetizadores, el instrumento va a estar.

Pero por ahora la participación de él tiene que ver con el sonido de Bronce.
Sí, porque estamos presentando el disco. Aunque el deseo nuestro es que se quede, porque es un sol y es un músico increíble, toca muy bien. ¡Es la primera que tenemos un músico en la banda! (Se ríe).

¿Te referís a un músico con estudios más formales?
Que estudió, claro, que sabe muchísimo. Nosotros somos todos autodidactas. Y Marto estudió, hizo conservatorio, sabe muchísimo de teoría musical, de composición. De la academia. Lo mágico es que él se complementa a nuestro lenguaje mononota (risas). Fue un encuentro bellísimo, desde el primer día que ensayamos hasta hoy sigue siendo sorprendente. Entonces la idea es que se quede. Para el disco de remixes, él va a participar en la producción de “Interminable”. Le propuse que reinstrumentara un poco la canción, es sutil: sobre lo que tenemos grabado, agregar un sintetizador que toca en vivo y que acompaña mucho a la voz. Sería la única grabación que haríamos, y va a estar formando parte de la creación musical. Ahora, si me preguntás cómo va a estar instrumentada la próxima obra nuestra, es un misterio.


¿CRISIS? ¿QUÉ CRISIS?
El debate de al menos el último lustro de rock argentino gira en torno a una supuesta crisis. ¿Crees que es así? Y de ser así, ¿no es necesario para el rock estar siempre en crisis?
Me fascina la crisis en el arte, el arte es una situación de crisis. Estamos en un gran momento, la crisis es a nivel difusión-mercado. En lo que está llegando a la masividad sí hay una crisis artística horrible, no hay ningún mensaje nuevo para el mundo. Pero hay todo un movimiento de artistas nuevos, no solamente en el rock. Hay una manera nueva de hacer las cosas, de crear el arte, de mostrarlo, de llevarlo a cabo, de presentarlo ante otras personas. Tiene que ver con la autogestión, y me parece que es algo que no pasaba hace muchos años. También es un momento de superinformación para todo, no se puede terminar de abarcar qué es lo que está pasando porque hay demasiado y muy bello. Ojalá dentro de un par de años -o lo más pronto posible- eso pueda llegar a más personas, porque sé que es algo que se retroalimentaría, generaría más artistas. Siento al mundo de las artes menos hermético y más abierto. Por ejemplo, ahora se hacen recitales de poesía, hay miles. Cuando yo era más joven había muy pocos, y tenías que ser un iluminado o un estudioso, no sabías cómo llegar ahí. Lo mismo con la cultura del rock, es más transparente. Me parece que puede cambiar radicalmente las cosas.

Y ¿qué es lo que falla? ¿La responsabilidad es de los medios de comunicación, de los músicos, de quién?
Es una transición y hay muchas cosas que tienen que ver. El Estado es un factor importante en la medida en que fomente la difusión de artistas y brinde espacios. Porque es difícil organizar una fecha, todo cuesta, tenés más trabas que buena onda. Si diera una mano y regulara ciertas cuestiones, ya sería un paso hacia delante. Y creo que el mercado está regulado por algo viejo, está perdido. En la medida en la que entre músicos y artistas empiece a haber más lugares y más comunión, también se va a ir cambiando el mercado y la manera de consumir el arte. Va a llevar tiempo...

Uno ve algunas puntas de lanza. El éxito creciente de El Mató a un Policía Motorizado suele ser el primer ejemplo dentro del rock.
Ellos son una bandera, un estandarte de ese cambio. Para mí representan a la perfección esto que te estoy diciendo: cambiaron la forma de hacer las cosas, de transmitirlas. Y eso da esperanza, me lo imagino llevado a todo, no sólo en la música... en el mundo editorial, qué sé yo. No sé si uno la va a ver, ojalá, sería mi sueño vivir en un mundo como el que describimos. Quizá suceda dentro de 60 años. Y en este momento de la historia creo que puede ocurrir cualquier cosa. Yo no puedo creer que esta persona gobierne un país, no lo quiero ni nombrar. Entiendo que la corrupción existe y es estructural, pero están legalizando el robo en nuestra cara. Acá la gente tiene hambre, no hay laburo, es real: cierran los negocios, están cerrando comercios.

Bueno, recién hablabas de la importancia del Estado...
Es un paso para atrás gigante, yo venía sintiendo una evolución. De la cultura, del papel del Estado en la cultura. Hubo muchos espacios nuevos, pasaron cosas que no habían sucedido nunca. Por eso digo que en este momento puede pasar cualquier cosa, a veces cuesta ser optimista y uno termina pensando en la destrucción total. Que se pudra todo para empezar de vuelta.


*Atrás Hay Truenos sigue su ruta del bronce con dos fechas imperdibles este marzo. El viernes 10 se presentan en la Fiesta Hacele Caso a tu Espíritu, Volumen 7 y 1/2 junto a, por supuesto, Los Espíritus. El festejo tendrá lugar en Niceto Club (Niceto Vega 5510, CABA) a partir de las 23.59 (!). En tanto, el jueves 16 de marzo, desde las 21 horas, tendrá lugar la Noche Solar. Allí, los neuquinos animarán la jornada junto a Mi Amigo Invencible. ¿Dónde? En el Club Cultural Matienzo (Pringles 1249, CABA).

[Fotos de Atrás Hay Truenos por Medusa Azul]

viernes, 17 de febrero de 2017

Atrás Hay Truenos: poner el cuerpo y el bocho en acción


En septiembre de 2016 vio la luz Bronce, el disco más enigmático, profundo y logrado en la trayectoria de Atrás Hay Truenos, grupo de músicos neuquinos que se asentó en la Capital Federal hace ya varios años. Bronce es además un álbum maduro y pensado, insinuante y elusivo, épico desde la sumersión. Desde la primera vez que lo escuchamos nos dibujó un gesto de sorpresa y admiración, y su calidad se mantiene mientras los meses se suceden: parece ser una obra de esas que atravesarán el tiempo sabiéndose perennes, invencibles.

Por eso esta charla con Roberto Aleandri, cantor, guitarrista y compositor del cuarteto que expandió su universo luego de casi tres años de experimentación, trabajo intensivo -al borde de la obsesión- en el estudio y resultados lógicos para con esa búsqueda maniática. Por si hace falta repetirlo, la siembra dio sus frutos.

Fue lógico, entonces, encontrar en Roberto a un tipo lúcido con quien hablar tres horas de corrido de un universo tan amplio, siempre en torno de la música de los Truenos: los procesos de un disco, la recepción del público, las colaboraciones externas, la entrega del cuerpo en pos de la obra, la idea de construir un circuito de música alternativa en todo el país. Ideas, buenas ideas. Y lo mejor: que se proyectan, pero también se llevan a cabo.

Aquí, la primera entrega de esa charla estimulante:

ZONA DE PROMESAS
Recién vuelven de una gira por el sur del país. ¿Cómo los tratan cuando vuelven a Neuquén, su ciudad de origen?
Neuquén está clavada culturalmente, es un desastre. Es la ciudad más grande de la Patagonia, pero no hay por parte del municipio de la ciudad ni por parte de Cultura de la provincia ninguna intención de fomentar la cultura ni de generar espacios. Todo lo contrario, cierran lugares. Nos costó muchísimo organizar la fecha para tocar allá, fue la última que confirmamos.

¿Tenían toda la gira por el Sur menos la fecha en su ciudad?
No había lugares: los teatros que hay en la ciudad estaban cerrados por todo enero. No sé por qué, es el momento en que más gente hay. Es realmente triste, porque no es así en las otras ciudades. Por ejemplo, en General Roca, ya hace dos o tres años que vienen haciendo el Rock al Río. También está el festival de San Martín de Los Andes, El Primer Color; el Prisma en Bariloche; y el Mucho Gustok en Meliquina, una localidad entre Bariloche y San Martín de los Andes.

Claro, hay un circuito de festivales ya.
En Bariloche no tocamos en el festival Prisma, pero nos organizaron una fecha los chicos de Mapache Records, que son varias bandas de allá. Hay una movida de rock impresionante. Las fechas estuvieron increíbles, hubo una onda... gente, predisposición, el arte cuidado. Y en Neuquén fue lo opuesto. Lo hicimos nosotros en un boliche, fue el único lugar que conseguimos y, como no pasa nada en la ciudad, mucha gente arrancó y se fue para los festivales. Nos fueron a ver a Roca porque era gratis, al aire libre, a la tardecita, al lado del río, con un supersonido...

Era más tentador el festival.
Claro. Nosotros buscamos la manera de generar algo en la ciudad que se una a todo lo demás, porque están pasando cosas increíbles en todas las ciudades del país, festivales que unen a bandas de todas las provincias. En diciembre tocamos en Santa Fe, en el festival Creciente Magnética: bandas de Rosario, de Córdoba, nosotros. Y está pasando porque hay gente joven con una visión, que quiere cambiar el mundo. Pero bueno, nuestra ciudad está atrasada 25 años.

¿Cuál es la razón por la que pasa eso?
Es la idiosincrasia del petróleo. Mucha gente vive del petróleo: hay mucho dinero para algunos y poco para muchos. Entonces hay una idiosincrasia del dinero, es bien oscura la onda. Y la cultura está relegada, obviamente. El estado provincial está concentrado en Vaca Muerta [el mayor yacimiento petrolífero de Argentina]. Cualquier cosa que se haga tiene ver con eso, para robarse todo y destruir todo. Viene sucediendo hace años. Hablamos con músicos de allá para forjar algo, decir “bueno, man, empecemos un pequeño festival, una vez al año”.

Y ¿hay un movimiento de bandas para poder hacerlo?
Sí, sí. La ciudad está creciendo mucho pero sigue siendo algo chico, igual. Tiene sus pequeños circuitos: hay muchas bandas de punk y de heavy metal. También una movida alternativa, más reducida, que es en la que nosotros entraríamos. Está el sello Jungla Discos, que empezaron hace poco. Ellos son los que están activando ese costado alternativo, por ponerle alguna etiqueta. Y con ellos es que queremos armar un circuito y llevar cosas de afuera también, para nutrir a la ciudad de cosas nuevas. Cuando yo era chico, cada vez que iba una banda de Buenos Aires era decir “vamos”, no importaba quien toque. Porque también, vos vivís en Neuquén, tocás tres meses y ya está: fueron tus amigos, alguno que otro más y se acabó. Es acotado el circuito, no es tan fácil.

No podés hacer tres shows por mes, por ejemplo.
Olvidate, una sola fecha y ya es bastante. Es mucho más difícil en ese sentido, por eso es importante nutrir a la ciudad de cosas nuevas. Para sumarse a la región, darle un contexto más grande. La misma banda puede tocar sola, después con una banda de otra ciudad... es fundamental.

Y a ustedes en particular, ¿les jugó a favor irse? ¿Los va a ver más gente cuando vuelven o no?
Ahora estuvo re tranqui, no fue mucha gente. Pasó lo que decía, que fue gente a San Martín y a otras ciudades. Pero antes de venirnos a vivir a Buenos Aires, nosotros tuvimos dos años fuertes. Habíamos tomado un teatro... no tomado ilegalmente (risas), sino que teníamos un lugar fijo, muy buena onda con el dueño, que era un muchacho del mundo del teatro, copado total. Y nos había dado bandera blanca para que hiciéramos lo que quisiéramos en un teatro hermoso. En esos dos años, 2006 y 2007, fue que llevamos a Él Mató, ahí nos invitaron al sello [se refiere a Laptra Discos]. Y en ese momento empezaron a ocurrir un montón de cosas cada vez que tocábamos: fiestas donde invitábamos gente a pasar música, bandas que traíamos de Buenos Aires (lo que también nos sirvió a nosotros de link para venir a tocar acá). Nos tomamos el laburo de empapelar la ciudad con afiches, toda una movida. Fue una pequeña ebullición que hubo en la ciudad, y el mejor momento nuestro allá. Recién después de eso nos invitaron de Mamushka Dog Records a participar del sello, del netlabel.

¿Ahora los miran de reojo?
Hay como un recelo. Como es tan chico todo, la gente imagina cosas raras. Por ejemplo: te ve que tocás acá en Buenos Aires y se piensa que vas a ir al programa de Susana Giménez (risas). Reniegan de algo que no existe, es un garrón. Por eso a nosotros nos cuesta un huevo ir a tocar a Neuquén ahora, es rejodido hacer una fecha. Porque son pasajes, un montón de dinero que hay que cubrir... e iba más gente cuando estábamos allá que estando acá, que sacamos los discos. ¡Estando allá no teníamos ni un disco! No sé, quizá cambie con el tiempo. Tal vez, con esta idea de unir todo, aunque sea desde acá empezar a formar algo allá. Porque es increíble, hay bandas impresionantes en todas las provincias, están todos viajando para todos lados, intercambiando, y allá no está sucediendo. Y es una pena porque se pierde lo que está pasando, porque hay grupos, está GiroAngular, que es una banda impresionante de electropop, o Vidafuego, ambas del sello Jungla. Y estaría buenísimo que ellos puedan venir acá porque allá no hay espacios, es acotado, y tampoco se puede cubrir que vaya alguien a tocar. La idea, entonces, es empezar por ahí, y presentar algo a Cultura del municipio o de la provincia para que apoye un poco. Sobre todo ahora, que Neuquén, Catamarca y Godoy Cruz (Mendoza) fueron declaradas ciudades culturales de este año por Nación.

Significa que el gobierno nacional les baja una plata extra para organizar eventos culturales.
Recibieron fondos, sí. En Neuquén ahora se hace la Fiesta de la Confluencia y va a tocar Kevin Johansen, no sé. Toda una lista de artistas [Turf, Airbag, Miranda!, Los Pericos] que pagaron con ese dinero, una fiesta millonaria. Es gratuita y la gente va, pero no es un espacio para la nueva cultura en absoluto. La cultura de la ciudad queda relegada por competo.

Esa idea está muy arraigada con la ideología de este gobierno, sobre “lo que funciona” y lo que va a pérdida.
Sí, y el gobierno neuquino está ligadísimo al gobierno nacional, con Vaca Muerta... firmaron unos convenios y van a destruir todo. Pero bueno, la idea es generar otra cosa, algo que pueda perdurar con los años para que las bandas -no nosotros en particular, cualquiera- puedan ir y venir. Que Neuquén entre en el circuito de la cultura nacional, que está hermoso: Córdoba, Santa Fe, Rosario, Mendoza, Mar del Plata, Tucumán, Formosa, Misiones... todos. ¡Somos la única provincia que está aislada!


PENSAR EL ARTE PROPIO DESDE LO AJENO
La tapa de Bronce es una obra de Ariel Mora, Variables. ¿De quién surgió la idea de incluirla?
Ariel es un artista plástico de Neuquén que está acá en Buenos Aires hace un par de años. Nos conocemos de allá, era la única persona que bailaba en nuestros primeros recitales en Neuquén (risas). El único que, creíamos nosotros, entendía nuestra música. Después nos cruzamos acá y se me ocurrió -durante el proceso de grabación del disco- sumar a alguien de afuera para eso. Los artes de los discos anteriores los había trabajado más Tito [Héctor Zuniga, el baterista]. Es diseñador y con su novia y su cuñada tienen armado un grupo de artistas plásticos. Pero la idea fue agrandar un poco más el universo de la obra, así como hay invitados que tocan otros instrumentos y hay más productores. Y pensé en Ariel. Se lo dijimos hace como dos años y enseguida se copó. Le habíamos mandado los demos, ni siquiera los temas del disco.

Y ¿qué eran los demos respecto de lo que salió del disco?
Unas versiones... (se ríe). Algunas canciones similares a lo que salió y otras, muy distintas. Pero bueno, quedó todo en stand-by dos años y nos juntamos antes de que saliera el disco. Hicimos unas reuniones con él para charlar, para pensar. Queríamos hacer algo simple, por idea de él, que es un artista de la cultura pop y maneja la simpleza. Pensábamos en algo que quedara, que lo ves y no necesitas que diga nada.

Bueno, es simple pero tiene un componente enigmático...
Sí, justamente, no hay nada que te cierre. Y como somos muy fanáticos de la obra de él y la conocemos, le propusimos que directamente fuera una obra lo que esté en la tapa, más allá de pensar algo. Nos trajo varias para elegir e hicimos las sesiones de fotos buscando, y la que quedó era una foto de prueba. Hicimos como 600 fotos sobre tres obras de él y ésa es la primera o la segunda que sacaron para ver la luz. Siempre es un momento crucial el del arte de tapa.

Y ¿le encontraron alguna relación a la tapa respecto de la música?
Yo lo pienso así: me parece bastante gráfico y muy correspondiente con la construcción sonora que tiene el disco, que es de capas. También tiene mucho que ver con nuestra primera grabación, aquel EP muy viejo que era medio gráfico y geométrico. Siento que las tapas están relacionadas: se une el principio y lo más reciente, lo que hasta ahora es el final.

¿Eso les pareció a todos o es una impresión tuya?
No, es más un flasheo mío, posterior a la salida del disco. No es que lo vimos desde antes ni fue una idea para decidir si era la tapa del disco o no. La decisión de la tapa, viendo el material que teníamos y todo, fue elegir lo que nos pareciera más bello y que no tuviera una unión tan sentimental o lógica con la música. Incluso con la misma música pasa eso.

REVISIONAR
¿Van mutando también las apreciaciones sobre la música?
Sí, totalmente. A mí me duele mucho escuchar la música que hago.

¿Te duele?
Sí, me resulta una tarea durísima escuchar mi voz. Pasa más por no gustarse. Yo no me considero ni un gran artista ni un gran cantante, más bien tengo una visión artística sobre mí... de fracasado. Lo veo más por ese lado, pero no lo digo por falsa modestia ni para generar lástima en nadie, yo me veo así y busco, quiero más todo el tiempo.

A la larga, ese inconformismo termina siendo el motor para crear.
Me cuesta la tarea de escuchar la música grabada que ya está en un disco, pero también lo hago porque me gusta revisionar lo que hice. Estoy constantemente escuchando demos o los mismos discos. Bah, no constantemente, pero les voy dando su lugar y pienso cosas. Me lleva de vuelta a lugares, a decisiones, a ambiciones que tuve en ese momento para que eso esté ahí. A veces se refuerza y a veces no y te quebrás, también: “podría haber cambiado algo”.

Bronce es un disco que contiene un universo amplio, encima...
Me pasa en este disco, pero menos. Porque me di el gusto, justamente por esta tarea de revisionar y estar atento a lo que hice antes. Para que no sea algo que ya está, que lo hacés y no importa más. No, lo hiciste y eso te va a seguir toda tu vida, o sea: vos grabás un disco y es para toda tu vida. Y para Bronce, tenía la decisión en mi corazón y en mi mente de darlo todo, tomar el tiempo que fuera necesario. Grabar la cantidad de veces que quisiera la misma guitarra, la misma voz. Cueste lo que cueste, no me importaba. Entonces eso de “se podría haber hecho esto así” sigue estando, porque llega un momento en el que decís “esto tiene que salir, se termina acá”.

En particular este disco, que les tomó casi tres años.
Sí, dos años y medio de actividad intensa. Y bueno, es como que costó también, pero pasó en menor medida y en otros aspectos. Creo que ahora tengo más consciencia sobre la composición de la música a la hora de ir a grabarla, algo que siempre fue más inconsciente. Son experiencias muy distintas, pero...

Pero respecto de lo técnico imagino que no tenés objeciones. ¿O sí?
Y... sí, porque tampoco sabés todo, vas aprendiendo. En este disco hicimos cosas que por ahí las veo y digo “uy, convendría haber esperado para esto”. Fuimos a premezclar a El Pie, un estudio hermosísimo pero bueno, es caro. Y tal vez era una tarea para bancarla un poco. Nosotros pensábamos que nos íbamos con el disco de ahí y no. Faltaba un montón. Pero por impaciencia... me hubiera gustado hacer eso al final del disco, mezclarlo en una consola, bien. Es difícil, es una gran película un disco.


BUSCAR EL SONIDO, PONER EL CUERPO
Encontré un dicho de Tito, en una nota vieja. Te lo cito: "solemos tenerle miedo al estudio, pensamos que cuando todo está tan organizado para hacer una determinada cosa, ésta no sale naturalmente como nosotros queremos". ¿Esa noción no cambió después de encerrarse en el estudio tanto tiempo?
¡Es una buena apreciación, sigue vigente! No cambió en absoluto. Antes pensaba que era como autoboicot o algo así, pero tiene que ver con nuestra naturaleza. Como conjunto funcionamos así, es necesario que las cosas fluyan de manera natural. Y en este disco, más allá de que tardó tres años, fueron tres años de esa búsqueda. Por eso también se tardó lo que se tardó, porque tuvimos un montón de sesiones de estudio donde por estar buscando un ángel que pasara en ese momento... no dijimos “hoy vamos a grabar este arreglo”. No. Fuimos, llevamos las guitarras y buscamos el sonido ahí. Buscando una sorpresa de la música, esa cuestión natural que es la que te enamora. Porque cuando vos escuchás un disco de alguien, o la música que te llega, esa música te sorprende, te cambia, te atrapa.

Bueno, acabás de decir que es “una gran película hacer un disco”.
A mí se me ocurre pensar en la grabación de un disco como en la filmación de una película, digamos. Porque es algo más profundo que ir a grabar un día... o no, hay discos que pueden grabarse en un día y ser mágicos. Es difícil saber cuándo una cosa puede ser de una manera u otra. Creo que la manera de saberlo es que la naturaleza lo presente así, estando en el momento, haciéndolo. Todo lo va dictando, si te gusta y te interesa, esa cuestión artística de que no sea algo... te di el ejemplo de las películas porque existen las maneras y los formatos de hacer un disco o una película. Desde lo técnico, desde lo artístico, hay diferentes maneras de hacer, y es difícil saber cuál es la tuya para un disco particular. Porque no va a ser lo mismo al grabar el próximo. O sí: no lo sabés hasta que estás ahí haciéndolo y estás atento a la naturaleza de los sonidos, al lado salvaje de eso, a lo inesperado.

¿Hubo mucho de inesperado esta vez? ¿De momentos reveladores?
Hubo muchos momentos reveladores que nos fueron llevando hacia lo que es Bronce. Como sacar una batería completa: tomar la decisión de decir “esta batería no va más”. Y de golpe, tener una canción que estaba completamente terminada y que vuelva a estar por la mitad.

Y ¿Tito que decía ahí?
Tito, el dueño de la frase, aceptó. Fueron tres años, entonces hubo varios momentos así. Y lo que hizo que el disco se terminara también fue llegar a un límite físico, mental. Y de sonoridades, de decir “bueno, el disco es así, ya está”. aceptar que esa era la obra. Teníamos ganas de pasar a otra obra para tener otra chance más. Porque te podés morir, es real eso: la música -o cualquier arte- mata gente.

¿Llegaron a un nivel de tensión complicado?
Yo sí, personalmente lo viví con mucha intensidad. Con todos los discos me pasa, siempre viví las grabaciones de discos así.

Bueno, te he leído decir que “en los discos se la pasa mal”.
(Se ríe). No quiero que sea tan... es así, es algo intenso hacer un disco. Entonces, las cosas intensas son muy bellas y a veces... no son tan bellas. Hay muchos días malos en la grabación de un disco.

No podés escapar de la cotidianidad de la vida.
Claro, y sobre todo cuando estás más tiempo. Es la primera vez que nos tomamos tanto tiempo para hacer un disco, así que experimentamos esto por primera vez. Llegó un momento en el que estaba volviéndome un poco loco. Siempre me había vuelto loco pero en este caso, mi cuerpo, más allá de lo mental, ya pedía. Porque no dormía, o me despertaba con las sesiones en la cabeza. Me sé todos los canales del disco de memoria.

O sea, escuchás el disco y podés ubicar todo.
Absolutamente todo, conozco absolutamente todo el disco. De hecho, ya empecé a laburar en un disco de remixes. La idea es que esté para este año, de cada canción una versión distinta. Sería remezclas y versiones, porque hay versiones también. Hubo un período que lo trabajamos con Juan Cruz Palacios oficiando de productor, fue todo un año que laburamos mucho nosotros dos. Nos juntábamos todos los días: armamos una nave con sintetizadores y un par de aparatos más, y estábamos internadísimos, no nos sacaban de ahí ni con la policía (risas). Era prácticamente todos los días de la semana. Y bueno, ya en ese momento lo visualicé, porque veníamos transformando todas las canciones y dejando versiones atrás. Se lo comenté a Juan y me dijo “por favor”.

El disco les dio material de sobra.
Hay aproximadamente 150 gigas de sesiones de grabación, lo cual es una barbaridad.

Y eso, ¿cuánto significa en canciones? ¿Entre 10 y 15 versiones de cada una?
Mirá, ponele que son las nueve canciones. En una sesión organizada y normal, donde tuvieras los archivos específicos de cada canción, tenés algo así. Un poco menos, entre ocho y 10 versiones o instrumentaciones distintas por cada canción. Hay que revisar el material, lo quiero hacer con tiempo.

¿No te pasa lo contrario, de querer sacarlo rápido después de trabajar todo este tiempo?
No me voy a enroscar tanto, la idea es que salga este año pero hacerlo respetuosamente, porque son tres años de trabajo. Buscar esa misma sensibilidad que se buscó en el disco, ese cuidado. Hay mucho material muy hermoso, que costó vida y cuerpo, que merece ser escuchado. Es algo que se puede compartir.

*Atrás Hay Truenos continúa presentando Bronce este sábado en Xirgu Espacio Untref (Chacabuco 875, CABA, más información acá). Sobre el show -que abrirán el ruso Julián Desbats y la excelente banda rosarina Mi NaveRoberto cuenta: “es una presentación especial y queremos hacer varias así durante el año. Estará invitada Rosario Bléfari y la banda está extendida a una versión con percusionista y con más músicos”. 

[Fotos de Atrás Hay Truenos por Carlos Castel y Maron Barberis (en vivo)]

martes, 3 de enero de 2017

16 discos de 2016

Dejamos pasar unas horas de 2017 para publicar nuestro balance del año recién ido. La música es el lugar donde refugiamos nuestro estado de ánimo, y estos dieciséis discos elegidos sirvieron de abrigo y consuelo para horas bravas. Por eso -y por sus bondades más que evidentes- los elegimos. 

Como toda lista que se precie, ésta es caprichosa y exclusiva, podría cambiar mañana y no pretende abarcar todo el espectro de la música argentina (un hombre solo no puede hacer nada). Sí intentamos ampliar un poco la mirada y rescatar producciones que no vimos en buena parte de las listas de Lo mejor de 2016. Quedaron algunos discos afuera, por poco, y no llegamos a escuchar otro tanto (se sigue en 2017, claro). En fin, estos son los elegidos de La música es del aire.

Feliz año para todos y que la música salve.


El Estrellero - Drama 
(Fuego Amigo Discos)
El tándem creativo conformado por Juan Irio y Lautaro Barceló, a priori, esperanzaba. Pero el resultado final fue todavía más lejos de lo esperado: Drama es una colección de canciones impecable, que hace de la intensidad y la frescura su leitmotiv. El equilibrio exacto entre simpleza ("Deja que te guarde") y vuelo ("Pobre corazón"), del musical y del poético, no da respiro. Un álbum que va de cumbre a cumbre y lo logra desandando tópicos universales: el amor y la muerte (siempre hablamos de lo mismo). El heroicismo de "La rima" muestra lo que una buena canción es capaz de lograr: se canta esbozando una sonrisa de esperanza. Si todos los dramas fueran así de conmovedores...


Alucinaria - Días de fuerza
(Editorial Musical de Rosario)
Una jugada sorpresiva y triunfal de la banda rosarina: cambiar los guitarrazos de su primer disco por este conjunto de canciones ornamentadas en forma sesentista, melodiosa, lírica. Un trabajo que llevó años y, dicho por ellos mismos, terminó haciendo realidad en el seno del grupo lo que en principio era el concepto del álbum: la tensión de esos días de fuerza se hizo carne. Pero lo que salió a la luz es tan arengador como precioso. ¿Ejemplos? "Paz (excepto para las almas despeinadas)" y "Hermanos de la buena pérdida", o cómo hacer de la armonía un campo de batalla. En el medio, una banda precisa y un cantante notable. No es poca cosa.


Atrás Hay Truenos - Bronce
(Laptra Discos)
Otra apuesta con el estudio como laboratorio. Un viaje sonoro en el que se desplaza al instrumento tronador por excelencia -las guitarras- a un segundo plano. Es hora de dar paso al sonido oscilante de los sintetizadores, el corazón de este disco enigmático, quizá la mejor producción del sello Laptra en el último lustro. Una verdadera fiesta de la forma: de entradas y salidas, de efectos, de continuidades, irrupciones, superposiciones, fusiones y confusiones, historias que se cuentan pero hasta ahí. Si usted busca un disco en el que sumergirse y encontrar algo nuevo en cada escucha, puede que en Bronce esté la respuesta. O una pregunta que, por suerte, jamás termine de ser contestada.


Florencia Ruiz y Mono Fontana - Parte
(On'smusicayflia)
Al fin se concretó el disco de un dúo lógico por naturaleza. Florencia y el Mono venían tocando juntos hace años y era necesario este registro. El repertorio incluye versiones de canciones añosas de Ruiz y suma algunas novedades. Una de las más cautivantes voces de la música argentina entrega su garganta y sus arpegios a la magia de lo que Fontana denomina fondos (sólo se entiende escuchándolo). Cada uno construye su propio ruido de magia y en la conjunción logran una envolvente de belleza exótica con momentos interplanetarios -¡lo que toca el Mono en "Hacia el final"!- y otros que son un flechazo al corazón (la cita a "Mind games" en "Viviré", "Los peces").


Sanguinetti / Migma / Babjaczuk / Butelman / L'Argentiere - Cómo desaparecer completamente
(Independiente)
Un disco doble de versiones del grupo más prestigio del mundo. La propuesta es, en la previa, un desafío difícil de aprobar. Pero Marco Sanguinetti reconstruye la obra de los de Oxford valiéndose de recursos originales, como insuflarle sangre local a algunas versiones -"Everything in its right place", "Creep"- o convocar a Milena L'Argentiere para que sea la (impecable) voz en los temas cantados. Y lo más notable y meritorio, hacer de la música de Radiohead un punto de partida sobre el cual pintar la aldea propia, con iguales dosis de tensión -"Black star", "Little by little", "We suck young blood"- y belleza -"Motion picture soundtrack"-. De covers, nada: el homenaje es el riesgo. 


Melingo - Anda
(Sony Music)
Enfundado en su personaje de linyera errante -casualidad o no, el de 2016 es un linyera-parca-, Melingo vuelve a cautivar con su elegancia arrabalera y esta historia presentada como "Anda, diáspora en dos actos", un viaje a través del tiempo y el espacio que nos lleva de la casa de Osvaldo Pugliese a Japón, Constantinopla (!) y al mismísimo infierno. Tranquilos: si se pasa por alto la narración algo delirante del librito, Anda funciona igual, amparado en una banda siempre sutil y un cantor áspero que, apenas susurrando, lo hace mejor que nadie y muestra que el humus del blues y el tango es el mismo ("Intoxicated man").


La venganza de cheetara - Valles
(Fuego Amigo Discos)
Un debut tan redondo como auspicioso. El trío Rojas-Cases-Miyashiki crea un ambiente de reflexión a través de texturas lineales, armónicos y percusiones livianas, casi flotantes. Ejercicios de paciencia y temple oriental -"Milán", "Nueva playa"- que para el buscador de agite serían una tortura pero son un alivio para el oído atento. Aunque no todo es reposo en Valles: la curva es ascendente y, de a poco, el trío sube el voltaje -"Cobra Kai", "Keep it gangsta"- y suma accesorios que ayudan al viaje incidental (la fantástica "Komorebi" es el ejemplo cabal de esto). La proyección, después, es individual: hagan el esfuerzo y vean la luz del sol que se filtra a través de las hojas un árbol.


Excursiones Polares - Ya no habrá más veranos
(Concepto Cero)
El Chinese Democracy de zona Sur vio la luz sobre el cierre del año. Cinco años de espera podían jugarle en contra a Ya no habrá más veranos, pero Excursiones Polares se salió con la suya y editó el mejor disco de su carrera, con madurez para elegir y ejecutar el repertorio (suponemos que había más que las ocho canciones elegidas). El recorte es justo y la interpretación precisa y emotiva desde el comienzo: "¿A dónde vas a ir?" tiene todos los boletos para ser la canción de cierre de cualquier disco, pero aquí es la apertura. Y eso da una pista sobre el resto. ¿El objetivo? Llegar hasta el núcleo de la canción. Si no lo creen, escuchen "La historia de la sangre" y nos dicen.


Cabeza Flotante - Las afueras
(Laptra Discos)
La primera sensación que da Las afueras es la de llevar todo a un mismo pulso. Y aunque hay algo de patrón rítmico incesante, esa direccionalidad que en un principio parece jugar en contra es la que cimienta el tercer disco de Cabeza Flotante, algo así como un resumen de sus álbumes anteriores -Ningún lugar y Relámpago-, realzando la principal cualidad de toda buena canción: la melodía. En "Los besos" y "Algo mejor" están las pruebas fehacientes. No es sólo lo que se dice sino cómo suena. La dupla de cierre magnifica todo desde el dolor: "No sé vivir" (¡Siento el calor/ de quedarme solo!) y "Te esperé" (Después de la guerra/ yo me disparé/ Ahora quiero que me dispares vos). 


Casita de Salvajes - Sueños de invierno
(Mínima Discos)
Casita de Salvajes es una trampa (!) en esta lista. El grupo es en verdad el proyecto solista del músico estadounidense Charlie Higgins, radicado hace algunos años en Buenos Aires. Sueños de invierno llegó cuando concluía 2016 pero ingresa triunfal a la lista por su sonido árido y sus canciones de belleza borrosa (cantadas en español, por supuesto). Higgins deja claro de dónde viene y muestra sabiduría a la hora de vestir -con lo justo y necesario- estas nueve piezas de tono grisáceo. Si viviera en Estados Unidos, le pondrían la etiqueta alt-country. Acá, podemos situarlo en el espacio equidistante entre Sombrero y Los Álamos... aunque su toque sea más seco. Para seguir.


El Lenguaje Como Obstáculo - I
(Independiente)
La sorpresa pesada del año, así de simple. ELCO -suelen acortar su nombre a la sigla- es desarrollo y contracción, despliegue y reposo, notas tenidas hacia el infinito (pero inquebrantables) y distorsión a niveles demenciales, con un audio imposible de lo perfecto. Su costado clasicista no resulta pretencioso ni preciosista, sino que destaca como el factor clave en el juego de contrastes que es una constante en la música del grupo. Más allá de toda etiqueta -en este caso, parece que a los muchachos les funciona una acuñada por Simon Reynolds: post-rock-, lo que suena este debut es inaudito. Para sacarse el sombrero (e ir a ver en vivo, a ver qué pasa en esa faceta).


Cam Beszkin - Enamorar o morir
(UMI)
Q: ¿Cuánta gente gritó más fuerte que Cam Beszkin en 2016? A: Poca o ninguna. En su tercer disco solista -segundo con la formación de power dúo que completa Arnaldo Taurel-, Beszkin se pone al frente de la arenga con un sonido furioso y líricas que proponen el combate desde el amor (basta de sobrevivir/ enamorar o morir). Siempre en primera persona, Cam pasa de personificar al macho en "El propietario" a la intimidad hogareña de "Mi casa, mi nena", hace del estribillo de "Pisco blues" un trabalenguas rítmico y baja los decibeles en "Ciertas cosas" y "Corazonotomía", para que no queden dudas de que su voz, como decía Flopa Lestani, también es dulce, fuerte y grave.


Mejor Actor de Reparto - Humilde frente al mar
(Independiente)
Sincero, terrible... esperanzador. Así es Humilde frente al mar, el segundo disco de Mejor Actor de Reparto. En carne viva, Mauro Duek -voz, guitarra y autor de todas las canciones- narra la pérdida de un ser querido con honestidad, voz quebrada y músculo post punk. Es difícil pasar el comienzo del disco sin pensar que es demasiado crudo. Pero se sigue, aceptando que somos una pequeña partícula al lado de inmensidades como la que ilustra la portada. Entre la fiesta -"6to C", "No hay que desperdiciar"-, el recuerdo -"Sola en la calle"- y el renacer del final -"Vas a venir"- se termina de visualizar que aun en el mar más oscuro, refleja el sol. Doloroso y necesario.


Roberto Monstruo - Las voces
(Independiente)
Una voz cavernosa, digna de Tom Waits, Lemmy o Mark Lanegan. Letras que parecen haber sido escritas por un criminal clase Z, entre el horror y el humor más ácido y peligroso. Guitarras como cuchillos filosos pero oxidados. El combo que ofrece Roberto Monstruo en Las voces es irresistible por su capacidad para contar historias de terror y amor con estribillos indelebles aunque corrosivos. Suena coherente y lógico su homenaje a Iggy and The Stooges en la canción homónima, pero sorprende con el estribillo de "Los rayos en los truenos", donde resuena... ¡"A little respect" de Erasure! En el fondo, sólo es un buen hombre usando su guitarra como si fuera un serrucho.


Palo Pandolfo y La Hermandad - Transformación
(S-Music)
Palo encontró la banda ideal para exhibir sus posibilidades estilísticas entre Esto es un abrazo, su disco anterior y este Transformación. La Hermandad se mueve hacia donde diga Pandolfo -atención, que hay muchas co-composiciones- y ahora la brújula los guía hacia un sonido aun más rockero, algo menos latino que en el intento previo. El disco cuenta con invitados notables del rock nacional que pasan casi desapercibidos (Ricardo Mollo, Hilda Lizarazu, Los Tipitos). Resulta lógico: ninguno está para descollar sino que se disponen a lo que la música pide. En "Un reflejo" está, quizá, la interpretación más desaforada y auténtica del año. Vital y optimista.


Saturno - Saturno
(Independiente)
Es inevitable repetir que la ciudad de La Plata tiene alrededor de un músico por casa y tres bandas por manzana. El caso de Saturno es misterioso: un puñado de amigos platenses compartió hace tiempo este disco por las redes sociales. Saturno es, al parecer, el seudónimo de Sebastián Rulli, uno de esos tantos jovenzuelos que empuñan su guitarra en la ciudad de las diagonales. Nada más se sabe de este ¿disco? desperdigado en Bandcamp sin data alguna. Pero escuchen esas canciones crudas ("Visión", "Es por amor"), algo desafinadas y rústicas, lúdicas y sufridas. No se sorprendan si, como canta el propio Rulli sobre el final, todos terminamos vociferando ¡es hermoso, esto es lo más!

miércoles, 2 de noviembre de 2016

Gastón Massenzio: de nuevo otra voz


Esta charla con Gastón Massenzio sucedió hace algunos meses en un recreo laboral de ambos, y tras casi un año de intercambio. La mano arrancó en pleno verano de 2016, en otro receso con encuentro y charla que no fue grabada. Hubo revancha, lógico, porque Gastón tenía mucho por contar y nosotros queríamos registrar todo aquello que no está dicho en la música (aunque los procesos de un músico sugieran bastante).

Seis años de búsqueda en el mundo de la canción, en distintas vertientes -él mismo se define como noventista en sus inicios y algo más cercano al folclore argentino en La presencia, su disco más reciente, editado hace exactamente un año-, siempre con buenos resultados. Y una palabra que puede haber pasado por alto en la primera oración de este párrafo pero es cierta: búsqueda. De un sonido distinto, de la palabra en su idioma, de una voz que, descubrió, puede ir más allá de lo que creía. Del estudio como laboratorio sonoro, de los colegas como fuente de inspiración, de los maestros y los alumnos.

Sí, había bastante para hablar.

EL REPOSO PREVIO AL SALTO
Venís editando un disco por año desde 2010. ¿Éste va a ser el primero sin nada?
Este año me propuse aguantarme las ganas de sacar un disco, fue al revés. Saqué el Tributo a Elliott Smith en 2010, al otro año un EP [Las formas], al otro, otro EP [Lyd]. Ya en 2013 el primer álbum [Lapsus] y en 2014 y 2015 los siguientes [Otra luz y La presencia]. Y dije “bueno, ahora me voy a tomar un respiro”. Sobre todo por un tema económico, porque sabía que si me embarcaba en esa movida después iba a tener que estar a la altura de las circunstancias. Vengo mezclando y masterizando los discos bien, sacando discos bien producidos, entonces sabía que iba a tener que esperar un poco.

Además, los últimos vinieron con muchos invitados.
Siempre son amigos, gente que admiro y con los que compartimos fechas y tenemos un vínculo de amistad. Pero claro, eso también te lleva toda una movida y se hace una cosa más grande. Entonces, lo que voy a intentar para esto nuevo es cerrar un poquito la fila y hacerlo como un proyecto solista pero de banda. La banda, con la que toqué en el Festival Ciudad Emergente, la integran Juan Irusta en bajo -con él toqué mucho este año-, Sebastián Briganti en percusión y Mariano Poc en cello. La idea es grabar en el verano de 2017, muy probablemente en Kimono Studio de Claudio Lafalce. Tenía la idea de hacer un disco al estilo power trío, pero al final va a ser un disco folk, experimental y con la sonoridad propia de esta formación, investigando en distintas afinaciones y patterns rítimicos y yendo hacia nuevos rumbos. Estamos muy entusiasmados y no sé en qué decantará... ellos van a tocar en el show del 4 en Café Vinilo también, claro.

¿Ya tenés todas las canciones?
Sí, tengo muchas. Quiero que tenga una idea conceptual, no juntar canciones sueltas. Estoy viendo cómo darle una ilación y una continuidad estética y que a la vez haya un cambio con lo anterior. Lo que se hizo ya se hizo, quiero ir para otros lugares. El primer disco fue casi todo en inglés y con un sonido más noventas, o algo así. Y al segundo y el tercero, si bien los veo muy distintos, tienen cierta continuidad en cuanto a que aparece una personalidad más marcada.

¿Puede ser que eso tenga que ver con que empezaste a escribir todo en español?
Sí, empecé a darle forma a todo lo que yo escribía en mi casa y antes no ponía en canciones. Quedaba en un lugar de relato, poesía o sueños anotados. Hice un taller literario que era muy lindo, y ese trabajo me llevó a reconciliar la canción con mis letras, como una especie de encuentro. Me amigué con el idioma. Ya cuando saqué el primer disco me sentía muy ajeno a eso, me quedaba viejo. Y lo que me pasa ahora es que hay un intermedio en este último disco que es el cambio de registro en mi voz. Algo que yo empecé a llevar también al laburo en el estudio, utilizar otro registro de voz de cabeza, más alto, y ahora estoy usando mucho eso para mis canciones. Va a haber un cambio notorio.

Y ¿lo llevás a lo viejo a la hora de tocar?
Lo viejo está en un modo, entonces no lo puedo correr tanto. Ahora estoy escuchando mucho Queen, Jeff Buckley o Rufus Wainwright, entonces estoy tratando de que esas influencias que tengo estén mucho más presentes en la música que hago. Ojo, no quiero ni estoy haciendo algo pretencioso, pero sí voy a utilizar un registro que tengo y no solía usar. Y esos nortes artísticos para tener presentes... porque yo venía por otro lado, la influencia de Elliott Smith o Nick Drake, tonos muy susurrados. Eso se reflejó un poco en los primeros discos, pero ahora está cambiando y yendo por otro lado.

¿Lleva trabajo o sentís que sale con cierta naturalidad?
Está dentro de mis registros, aunque también tomé algunas clases con Paula Maffia y ella me ayudó mucho a tomar consciencia de eso. No quiero que suene como algo pretencioso, que parezca que ahora voy a cantar como Jeff Buckey (risas). Lo que quiero decir es que en el proceso de grabación de La presencia con Lucy [Patané] y también en esas clases con Paula, tomé consciencia de que tenía un registro del que no estaba haciendo uso. Entonces, eso está presente en el encare de las nuevas composiciones.

¿Lo probaste en distintas formaciones? Porque una cosa es en la vertiente acústica y otra en banda, que quizá cuesta más.
Lo probé con la banda y me es más fácil llegar a lugares dinámicos más altos. Y el otro día tuve un acústico en Duncan y todo se fue a un lugar minimalista. También tiene que ver desde dónde se construye la canción, si estás en el living de tu casa tocando, o parado en la pieza con el amplificador enchufado. Genera hasta ergonómicamente distintas cosas, no es lo mismo cuando me siento en el piano que cuando estoy tocando la criolla en la cocina, o si estoy con la guitarra y los pedales.

Pero esas situaciones son en soledad. ¿Qué pasa cuando le presentás una canción a la banda?
A mí me pasó con los temas de Otra luz, que los tuve que mover más de un tono y pico arriba. Empecé a trasponer todos los temas. Uno siempre piensa que todo va a ser mucho más lineal de lo que termina siendo pero no, no siempre pasa.


OTRAS VOCES
¿La grabación del nuevo disco te la planteás con tiempo, o rápido?
El grueso queremos que sea en pocas sesiones, dos o tres días. Después, los detalles de sobregrabación, la voz...

¿La voz no la grabarías en vivo?
No estaría mal, pero... me re gustaría. Puede llegar a quedar mucho más crudo. Los chicos son grandes músicos, así que confío en que se puede hacer rápido. Yo cuando voy a grabar y pongo rec me pongo nervioso, un poco, pero después se pasa. Son nervios constructivos, no paralizantes. La cuestión es cambiar, que sea un disco que vaya por distintos lugares, temas que sean en piano, bajo y batería... y después temas con guitarra solo, no sé. Toda una cosa que me gustaría englobar, pero hay un margen de desconocimiento cuando uno se embarca a grabar. Desde que grabé Lapsus, que lo hicimos con Hernán De Micheli, un artista al que yo admiro mucho, tenía ideas armadas pero había disparadores y cosas nuevas que iban para acá y para allá. Tiene que estar esa confianza mutua con el productor. Pero te enriquece mucho, y yo voy con esa idea. De decir “sí, pero...”, abierto a que puedan aparecer cosas nuevas.

Vos siempre trabajaste con productores, ¿te gusta tener esa opinión ajena?
Me gusta poder anclar en una opinión, porque uno pierde objetividad para bien o para mal (nunca es para bien). Podés creer que algo está mucho mejor de lo que realmente está. Así como fue con Hernán, lo mismo me pasó con Lucy: compartimos una visión estética enorme y entonces uno se retroalimenta, uno tiene una idea de un arreglo y se enriquece con el otro. Me gustó todo lo que hicimos con Hernán y también esta etapa nueva con Lucy. Hablamos con ella incluso, hay que ver cómo viene su agenda y sus tiempos pero me encantaría que produjera lo nuevo. Además, hizo de todo, desde mi disco hasta el último de Los Rusos Hijos de Puta, que es tremendo el sonido que tiene. Hay productores que pasan todo por un filtro Instagram propio (risas), entonces está bueno cuando se respeta la identidad de la banda. Y quiero que el disco sea representativo de esta etapa, porque si no, te queda viejo.

¿Te pasó eso en algún momento?
Me pasó más con el primero [se refiere a Lapsus], quizá, que traés composiciones de un tiempo atrás, sumado a que después dejé de cantar en inglés. Con los demás no, ahora los escucho y... no quiero poner que me encantan mis discos pero... (risas). Trato de no escucharlos mucho, igual, pero estoy en una etapa de madurez nueva, aceptando todas las cosas que hice. Creo que en mis discos no hubo azar, o cosas hechas a las apuradas, lo que se hizo está bien pensado. No hubo apuro, siempre se demoraron las ideas y todo fue más lento de lo que yo pensaba que iba a ser, aunque haya salido un disco por año.

¿Eso obedece a que sos muy prolífico, o tratás de ejercitar la composición?
Un poco de todo. Capaz se me ocurre una frase acá en el bar y la anoto. Y cuando estoy en casa, si no estoy haciendo lo que fuere con una guitarra encima, estoy sentado en el piano, es una cosa para la que no busco un momento. Si buscase un momento de paz y un lugar zen para ponerme a tocar, no podría tocar nunca. Entonces, discurre mi día, de una manera u otra, con el instrumento a mano. Pero no digo “ahora me voy a componer”. Casi que no puedo estar sin un instrumento. Lo que suelo hacer es levantarme y tocar, cuando empiezo el día. Antes de salir, mientras desayuno, es un reflejo que tengo desde siempre.


EL ESTUDIO Y LA DISCIPLINA
¿Seguís estudiando guitarra?
Sí, sigo estudiando. Por ejemplo, ahora quiero aprender un poco de técnica de guitarra española y de, no sé, folclore, tango. Yeites que nunca usé: digitación, arpegios, técnica de dedos. Me gusta mucho escuchar [AtahualpaYupanqui, el Dúo Salteño, Carlos Moscardini, mucha música de proyección folclórica, cosas que quizá en mi primera época no se evidenciaban porque venía de un lugar más indie americano. Después se van repercutiendo las influencias de mi casa de chico, más los gustos propios. Porque yo escucho tango instrumental o de guitarras de la primera mitad del siglo XX y me encanta. También me encanta el folclore de guitarras...

Y ¿seguís al tanto de esas movidas?
No demasiado. Pero sí, escucho, Juan Quintero me gusta, Aca Seca Trío. Estoy con eso y también tocando con el Ensamble de Guitarras de Coghlan, todos los sábados son repertorios que van de Tchaikovsky, Paganini, algunas cosas de Bach. Entonces ahí es técnica y repertorio, eso te corre del lugar de la canción y te enriquece mutuamente, no es que va enfrentado.

En el rock a veces está mal visto estudiar y pasarse con la técnica, ¿puede ser?
Yo creo que es la manera en la que cada persona se toma el estudio. No sé, siempre fui de estudiar con maestros, pasé poco tiempo por escuelas, siempre me costó. Estudié muchos años con Fernando Kabusacki, entonces hice todo un approach al sonido, a la técnica, a la guitarra, a la posición, que me ayudó para todo. También estudié jazz con Patricio Carpossi, pero en ningún momento... ojo, soy de los que creen que cuando el estudio formal es todo el acercamiento a la música puede llegar a cerrarte. Pero así como hay gente que estudia en un conservatorio, está todo el tiempo con la partitura y no toca nunca afuera -que es el gran defecto-, también está el otro ejemplo: la persona que tiene una formación académica y a su vez está participando de un montón de ensambles, y compone.

Vos preferís esa alternativa, la de salir.
Sí, porque es un lugar en el que se genera un feedback que te lleva a seguir creando. Cada uno tiene su lugar, hay gente que va a pasar su trayecto como músico analizando obras y tocando música académica, ojalá que siga existiendo eso porque me parece indispensable. Me gustaría tener un poco esa personalidad. Ahora voy a empezar a hacer un taller de ensamble y grupal, tengo muchas ganas. Es de lo que me gustaría vivir, viviría dando clases, porque es algo que me encanta.

Además de los estudios que contás, vos participaste de cursos con Robert Fripp.
Puff... hice dos cursos de esos y en el último tocamos con él y con el ensamble. Esos retiros, esa manera de desarrollar una relación con el instrumento, con la música y con uno mismo es... eran jornadas con una dedicación y trabajo bastante extenuante. O sea, muy placentero, pero levantarse muy temprano y hacer muchas cosas, no sólo tocar la guitarra, sino encargarse de la limpieza del lugar donde uno está. Una cuestión de disciplina. Y hacer esa traslación a la música es muy enriquecedor.



*Gastón Massenzio despide el año con amigos el viernes 4 de noviembre en Café Vinilo (Gorriti 3780, entre Salguero y Bulnes). Entradas: $100 (reservas en Alternativa Teatral). Dice Gastón“va a ser el cierre de La presencia, manteniendo y respetando el formato acústico del disco. Uno lo escuchó mil veces y lo tocó, pero por ahí trata de que la gente que no escuchó el disco más o menos esté dentro de la estética. Para que no lleguen a la remake.

[Fotos de Gastón por Nat Motorizada
Afiche del show por Pedro Mancini]