sábado, 24 de enero de 2015

El Chango Spasiuk, Amalia Granata, Diego Boris, Spinetta, Juan Falú y Litto Nebbia: el día del músico en Argentina


No soy un entusiasta del chamamé. Mejor digámoslo así: de las músicas folclóricas de nuestro país, el chamamé me resulta lo menos interesante. Ante todo, admito que nunca indagué ni me preocupé por profundizar su historia, origen y sonoridad; lo que conozco es consecuencia del contacto lógico y superficial que se tiene con una música de raíz nacional insertada en la cultura popular del país: algún que otro tema de León Gieco y su vindicación de Isaco Abitbol; saber Kilómetro 11 porque me la enseñaron en el colegio; haber visto al Chango Spasiuk con Divididos -admito con vergüenza que no escuché aun ni Pynandí ni Tierra colorada, dos discos de él que, dicen que dicen, dejaron huella en la música litoraleña-, en un cruce poco feliz de rock and roll y acordeón (lo que hicieron fue más que una conjugación de dos géneros, una confusa zapada sin ton ni son que atentó contra ambos universos), etcétera. Qué bien me cae el Chango igual, es un capo.

No soy un entusiasta del chamamé... O, al menos hasta anteayer, no lo era.
La noche del jueves, entre sueños, dejé el televisor encendido en La TV Pública que, como sucede habitualmente, o por lo menos en el término de los últimos ¿diez años?, programa durante el verano buena parte de los festivales folclóricos del país. En estos días le tocó su turno a la 25º Fiesta Nacional del Chamamé del Mercosur. Dejé de fondo la música para dormirme (no porque el chamamé me duerma, sólo para dejar de fondo algo que enmascarara los sonidos del barrio) y lo que sonaba me despertó: una cruza que emparentaba al chamamé con el cuarteto y la chacarera (con ésta comparte una rítmica similar) me llamó la atención para bien. El acordeonista tocaba a mil por hora pero eso no perjudicaba la fluidez de la música, todo lo contrario... Me gustó, pero el show estaba por terminar. En el medio del tema, apareció una mina bailando que parecía mandar fruta un poquito por aquí y otro poquito por allá; a la vez me simpatizó ese ritual tan típico del folclore de tener gente en escena que baila sobre lo que se toca, la necesidad de que música y danza vayan siempre de la mano.

La sorpresa total llegó cuando el cantor, al finalizar el tema (ya había dejado de mirar y me acomodaba para el desmayo) presentó a la enigmática bailarina: "¡GRACIAS AMALIA GRANATA! ¿TE QUEDÁS PARA UNA MÁS?".

Estaba acostado pero me caí de culo. Amalia Granata, ese personaje mediático engreído y malicioso que se hizo famoso por voltearse a Robbie Williams, en escena, feliz, bailando como sabía o podía (yo no sé nada de danza, quizá estuviera bailando bien), con tipos que aun hoy no sé quiénes son (digo, ella es más famosa). ¿Qué hace Granata ahí? ¿Cuáles pueden ser las razones para que esté? En el momento obvié la opción dinero, había algo más. Pensé que no sabía de dónde era Granata: su procedencia sería la explicación perfecta. Seguramente era correntina, entrerriana, o andaba cerca. Bueno, es rosarina.

A veces los personajes son sólo eso, la cáscara: no digo que ahora ame a Granata pero me gustó verla ahí (quizá debería averiguar los entretelones...), me demostró una calidez inesperada por parte de ella. En fin, ahora tengo un interés por ahondar en las raíces y los intérpretes trascendentes del chamamé (se aceptan con gusto recomendaciones).

Esos diez minutos resultaron toda una lección.


***

Ayer desperté con el mundo virtual invadido por fotos, letras y videos de Spinetta. El 20 de diciembre de 2014 se convirtió en ley el proyecto presentado por la diputada nacional Mayra Mendoza -y apoyado por Diego Boris, presidente del Instituto Nacional de la Música-, que establece al 23 de enero, fecha del natalicio de LAS, como Día Nacional del Músico. Antes de su aprobación, entre un amplio conjunto de músicos que apoyaban la propuesta, aparecieron algunas voces disidentes: sobresalía la de Juan Falú, nombre clave del folclore argentino de los últimos 30 años. Falú escribió una carta dirigida a Boris, en la que cuestionaba la decisión. En el momento de la polémica, pasé la carta de largo: el típico "la leo en un rato" que fue no leerla hasta hoy.

Amamos a Spinetta, ni hace falta aclararlo (sólo verlo en el banner de este blog).
Pero Falú tiene razón. Léanlo y lo discutimos.

Carta a Diego Boris:
Boris, creo que te has equivocado
Con respeto, quiero decirte que desde tu flamante cargo al frente del Instituto Nacional de la Música, has dado un paso en falso al proponer el natalicio de Spinetta como Día Nacional del Músico.

No voy a aclarar más que este párrafo para fijar mi posición sobre Spinetta: es un musicazo respetable y querido. Punto.

Justamente, uno de tus errores, Boris, es que al elevar tu propuesta estás poniendo a muchísimos músicos y ciudadanos en la no querida tarea de tener que aclarar que aquí Spinetta no tiene nada que ver, ni la valoración que todos hacemos de su arte.
El error es insistir en una suerte de refundación de la cultura nacional, acotándola a los últimos 40 años de vida nacional, esto es, al surgimiento del rock nacional.

En un país que desde Gardel o Chazarreta hasta el glorioso Horacio Salgán, pasando por Atahualpa Yupanqui, Ariel Ramírez, Eduardo Falú, Astor Piazzolla, Ramón Navarro, Ramón Ayala, María Elena Walsh o Gustavo Leguizamón, ha contado con músicos, creadores y hacedores de las más bellas e imperecederas canciones que calaron profundo en el alma colectiva nacional, resulta hasta increíble que se proponga compulsivamente a un representante del rock para tamaña representatividad simbólica.
Eso, Boris, es relativizar de un modo casi irresponsable a la historia, la cultura y sus símbolos.

Con respeto, insisto, te sugiero algunas consideraciones para no errarle fulero al tema:
1- La representación musical argentina más sedimentada y claramente vigente es del folclore y el tango. Claro que también es del rock, pero desde el rock se continúa buscando señales argentinas cuando sus músicos beben de las fuentes de los otros lenguajes, lo que simplemente confirma la contundente argentinidad de los mismos.

2- Si hablo de “argentinidad” te ruego y ruego al lector que no se me endose la etiqueta de nacionalista conservador, pues sería errarle fulero a mi modo de actuar y no entender la perspectiva. El Día Nacional del Músico tiene que tener necesariamente una fuerte carga simbólica y representativa. Su argentinidad, sedimentada históricamente, es una condición inevitable.

3- Inclusive, entre el folclore y el tango (cuyas compartimentaciones merecen una discusión aparte), es más representativo el folclore por sus pertenencias regionales y porque cada región cultural argentina es la que contiene los lazos genuinos con unidades culturales mayores más allá de los límites de nuestra geografía nacional.

4- El músico es el que produce música, más allá de las canciones, que son una forma excelsa de la creación musical.

5- Sin embargo, si la idea es poner en el centro la creación de canciones, te propongo, Boris, un ejercicio futurista. Imaginemos qué canciones cantarían los argentinos de aquí a medio siglo (para citar el período de vida que tiene el rock nacional). Te diré mi respuesta: si se continúa “roquizando” la cultura nacional es probable que queden con sobrevida las canciones emanadas del rock, que las hay para todos los gustos. Pero si las canciones tuviesen sobrevida por su propio peso y por la adopción histórica que de las mismas hicieron generaciones de argentinos, en el 2.060 se cantarían Tonada del viejo amor, Alfonsina y el mar, Volver, Sur, La pomeña, se silbaría Adiós Nonino, a la par de un inmenso cancionero que también se está produciendo hoy, con orígenes diversos y destino de eternidad.

6- El tema es complejo y por tanto, merece una discusión y un consenso, para que la medida tenga el efecto que de ella se espera: tener un día que nos represente y no una fecha que nos desencuentre por generarla a las atropelladas.


El apresuramiento en llevar al Congreso de la Nación un proyecto sin la necesaria discusión y consenso, contiene rasgos autoritarios por el irreflexivo uso de los recursos democráticos para plasmar una ley que difícilmente pueda cuestionarse una vez sancionada. ¿Quién osaría derogar una ley que unge a Spinetta con tal carga simbólica? Posiblemente nadie. Pero eso no le confiere una necesaria legitimidad porque parte de un atropellamiento que, a la mirada de muchos que piensan como yo, responde a una recortada perspectiva de la cultura nacional.

Son demasiados los movimientos mediáticos, empresariales y de la propia política para entronizar el rock como la representación musical argentina privilegiada. Esto, Boris, se sabe. Pocos quieren discutirlo abiertamente, pero se sabe. El rock es la niña mimada en las representaciones musicales al exterior, en los actos centrales para fechas patrias, en la revisión de himnos, marchas y canciones escolares.

Esta carta abierta puede sonar con una fuerte carga de prejuicio frente al rock nacional.
Prefiero correr el riesgo de ser interpretado de tal modo, antes que callar ante lo que he considerado una bofetada a los símbolos más contundentes y representativos de la cultura musical de nuestro país.
Para discutir sobre supuestos prejuicios o sobre cualquier controversia que este texto genere, tengo siempre la voluntad de hacerlo y hay tiempo para ello.
Mientras tanto creo que en tu condición de Presidente del Instituto Nacional de la Música, debieras apelar a la mesura para no herir ni símbolos ni generaciones, en función de ungir a tus propios ídolos generacionales. Te invito a reflexionar y dar el noble paso de promover un debate que le confiera contenido, validez, consenso y representatividad a la excelente idea de tener un Día Nacional del Músico.

O, si se me permite la ironía, dado que tenemos músicos para hacer dulce de leche, podríamos proponer que cada día del año sea destinado a un músico y nos sentiremos todos representados.

Un abrazo
Juan Falú
DNI 5.535.809
***

La carta de Falú es contundente y no desmerece la obra de Spinetta, sino que ofrece otra discusión, otro debate: el más interesante se da en torno al rock argentino como folclore nacional. ¿Lo es? Vaya trampa. Es indudable que el rock argentino ya es un pedazo ineludible de nuestra cultura y dio al menos una docena de compositores que dejaron su huella en la música nacional, una marca compositiva, un sonido, una palabra que antes no había. Ahora, también es indudable que esa huella está dada por la interrelación del rock con las músicas de tierra adentro y, principalmente, con el tango (que, como el rock, atiende en Buenos Aires... allí hay otro punto clave de debate). Puede afirmarse que el rock es un folclore, pero lo es también gracias a los otros folclores, lo que también delata su juventud.

Esto señalaba Litto Nebbia, uno de los músicos que más matizó su lado rockero con el folclore argentino (y que ¡fue condenado por ello en los '70!) en una entrevista de 2007:

-¿Qué circunstancias, te parece, llevaron a que surgiera el rock en castellano en Argentina antes que en otros lugares?
-Creo que todo el mayor antecedente lo encontrás en el tango aquí. ¿Dónde viste una música así? Con divinos arreglos, grandes músicos solistas, buenos letristas, sabios melodistas, excepcionales cantores (y cancionistas), orquestas a pleno, el bandoneón… y encima se baila.
No hay otra música popular tan completa en el mundo. Y podemos discutir esto con quien quieras (en otra oportunidad, claro). Las letras de tango, son la crónica diaria de la lucha del hombre en la adversidad de la gran ciudad. Y el rock argentino, de alguna manera, es su pequeño hijo, que lucha por desarrollarse, por crecer...

Otra pregunta que impera es: ¿para qué sirve un Día del Músico? Según Boris declaró al momento de la sanción de la ley, "es algo en lo que los músicos venimos trabajando, en la posibilidad de tener un día, todos los años, en el cual podamos manifestar las condiciones en las cuales se desarrolla nuestra profesión y las necesidades a resolver". En esta dirección, y por haber sido aprobada el 22 de diciembre en la Cámara de Senadores, la ley comenzará a regir en febrero de este año, por lo que debemos suponer que lo de ayer fue una celebración exclusiva para las redes sociales. Será el año que viene el momento de saber si ese día se utiliza para fomentar el debate sobre los pormenores de la actividad, Ley de la Música mediante. Aunque... ¿un día? ¿Sólo un día de presentaciones? De seguro, la cosa no será tan así.

Como bien señala Falú en el cierre de su carta... "dado que tenemos músicos para hacer dulce de leche, podríamos proponer que cada día del año sea destinado a un músico y nos sentiremos todos representados". Allí está la disputa territorial: ¿en cuánto influyó Spinetta a la música que se hace en todo el país sin distinción de género, por caso, a los músicos de chamamé? Quizá habría que preguntárselo a ellos... o a Amalia Granata.

viernes, 16 de enero de 2015

Para ir: Trombone de Frutas en el Matienzo


Por esas cosas de las redes sociales y las amistades virtuales, me llegó la data de que el grupo brasileño Trombone de Futas está de gira veraniega por nuestro país. El sexteto, formado en 2010 en la ciudad de Curitiba, viene a la Argentina a presentar su único disco de estudio a la fecha, el multigenéro Chanti, charango?, que puede escucharse en el Bandcamp del grupo y fue editado en julio de 2014 gracias a la colaboración de su público, mediante la vía del financiamiento colectivo o crowdfunding (la plataforma Catarse les permitió recaudar nada menos que 28 mil reales para hacer el disco en los estudios Toca do Bandido de Río de Janeiro).

Ellos mismos definen su música como "una investigación sólida para caminar y ser caminado por el rock, el jazz, el samba y una multitud de sentimientos". Y aunque el eclecticismo a veces resulte un arma de doble filo, lo que logra Trombone de Frutas en su debut es una identidad multicolor que no pierde forma en la variedad: su fusión de folclores brasileños (la bossa y el samba) con jazz y rock -arrebatos que incluyen citas a I want you (she's so heavy) de los Beatles- los acerca a esa doble faceta que llevan también (tan bien) otros grupos internacionales como los mismísimos Calexico. Es decir, lejos del pastiche efectista, con la justeza para no excederse y que tanto termine resultando nada.

"El disco está lleno de latinidades, texturas coloridas, convenciones y acuerdos dudosos. Banda sonora para la vida", dicen los curitibanos de su hijo único Chanti, charango? Habrá que ir a verlos en vivo y comprobar si la sentencia es exagerada o les calza perfecto.

*Trombone de Frutas se presenta mañana, sábado 17 de enero, en el Centro Cultural Matienzo (Pringles 1249, Capital). Entrada $50). Además, tocan hoy viernes 16 en Casa Frida (Ituzaingó); el domingo 18 en Ensamble del Sol (Morón); y los días 22 y 23 de enero en Rosario (una fecha en Kika Art Bar, la otra en Downtown).

viernes, 19 de diciembre de 2014

Para ir (y para ver): La última de Ácido Canario


Nos avisa Zelmar Garín, factotum del sello de música inclasificable (¡así se clasifican!) Noseso Records, que ya está online la película de Ácido Canario.

La cosa es así: en 2012, el cineasta Rodrigo Espina (sí, el que dirigió una de las mejores biopics sobre un músico hecha en Argentina, Luca), vio al grupo en vivo y quedó encantado por esa música difícil de etiquetar. Se lanzó, entonces, a realizar un film experimental sobre Ácido Canario y, con la anuencia de los miembros del grupo, filmó un concierto en una universidad y realizó tomas durante el último verano en zonas barriales y construcciones demolidas.

Según las malas lenguas, Espina asevera que Ácido Canario "porta el legado de Sumo como nadie más". Pero como un hombre solo no puede hacer nada, colaboraron para la realización de la película Marcelo el Griego Iconomidis y Marcelo Capasso, ambos a cargo de la musicalización y la producción de los videos con que rompen la pantalla de La TV Pública los lunes por las noches de Peter Capusotto. También aportaron lo suyo Federico Peretti (director de El otro fútbol y Esos colores que llevás); Daniel Grinóvero y Pablo Bobadilla (Noseso Records).

El detalle es que la película ve la luz al mismo tiempo que... ¡el grupo se disuelve! Suena insólito (y lo es), pero así funciona la dinámica de Ácido Canario, empezando por su propia música. En unas horas, el sábado 20 de diciembre, será la última fecha de la formación actual del grupo. "¿Por qué se separan y al mismo tiempo sacan una película?", sería la pregunta apropiada. La respuesta es fácil: Ácido Canario no se separa, sólo cambia de piel. Como dicen ellos mismos, transmuta. Zelmar profundiza la idea: "Cada dos años, el grupo cambia músicos y música. Entonces, para ésta música y ésta banda es la última función...".

Por si hay algún descolgado que aun no comprende de qué se trata, Garín da la definición final sobre lo que sucede con el grupo: "Ácido Canario es un grupo multifacético. en este ente vuelco mis inquietudes ligadas al rock (fue fundado junto a Nahuel Creche). Me motivan los proyectos cortos, esto hace que sugiera una idea que dependiendo los participantes o mi búsqueda personal del momento se vayan tomando diferentes caminos estéticos. Por eso después de que la criatura crece, se desarrolla, dice lo que tiene que decir, hace lo que tiene que hacer, es bueno darle un cierre y decirle adiós... y dejarla correr por el pasto mundano de la mente universal en bolas".



*Ácido Canario despide a la formación que grabó Volumen V - El Impostor el sábado 20 de diciembre en el Zaguán Sur (Moreno 2320, Capital Federal).

jueves, 11 de diciembre de 2014

Alud Negro: molestando a la Oscuridad


Andrés Ruiz no para. En 2014 publicó Huésped, su sexto disco solista en nueve años, donde desborda de amor por el sonido de los '80, profundiza su veta cancionera y se reafirma como uno de los mejores cantantes de su generación. Andrés grabó todos los instrumentos del disco, tal como hiciera tiempo atrás con Cuna, disco que grabó antes pero no quiso presentar bajo su nombre (a pesar del trabajo en solitario).
Cuna, entonces, dio vida a la nueva criatura: Alud Negro.

En el medio aparecieron César Borra y Matías Mielniczuk, los compañeros ideales para llevar a cabo el proyecto que amenaza con teñirlo todo de azabache. Ahora que son una banda hecha y derecha, y que el disco vio su edición física (había sido publicado en Bandcamp a fines de 2013, sign o' the times), Ruiz nos cuenta en detalle cómo fue todo el viaje; y lo que vendrá:

Este es un año bastante productivo para vos, sacaste Huésped como solista y Cuna, el debut de Alud Negro. Ambos discos los grabaste casi por completo, todas las composiciones son tuyas… ¿Por qué decidiste que uno de ellos fuera solista y el otro no?
Cuna fue pensado y concebido en 2013 para un proyecto paralelo que aún no tenía nombre. Una vez que las canciones estaban grabadas comencé a buscar músicos y así nació Alud Negro. Tenía muy claro desde el principio lo que quería. Un trío electrodark sin guitarras. Una banda original y muy poética. Con un sonido distinto a todo lo que venía haciendo.
Por otro lado, Huésped es mi último disco solista y, si bien tiene algunos elementos en común con Cuna (protagonismo de los sintetizadores, baterías electrónicas, por ejemplo), sigue la línea de canciones que vengo haciendo en mi proyecto solista, con estribillos bien marcados y melodías más simples que en discos anteriores.

¿Cómo conviven los dos proyectos? Se nota que te gusta formar bandas, más allá de tu versión solista.
Todo convive de manera natural. En mi proyecto los márgenes son más flexibles. Puedo tocar solo, en dúo, trío o cuarteto, como ahora. En las bandas, en cambio, las formas se mantienen más sólidas, son parte de un concepto, una estructura más concreta. Por ejemplo, Alud Negro es claramente un trío, un triángulo. Cada uno de nosotros es irreemplazable.
Me interesa mucho aprender, interactuar y sobre todo experimentar. Las vivencias como solista son muy distintas a las que tenés en una banda; de la misma manera me pasa con los estilos. Me divierte hacer temas pop, pero también tengo muchas composiciones electrónicas e incluso doom metal, como las que hago para mi otro proyecto, Monje de Fuego.

¿Cómo fue la búsqueda de músicos para Alud Negro? ¿Pensaste en quiénes podían ser mientras grababas el disco o todo surgió después?
La búsqueda fue bastante rápida porque conocía a los chicos de algunos conciertos y amigos en común. César Borra era el tipo de bajista que había pensado para la banda: un bajo muy presente, con púa y mucho ritmo. Lo de Matías Mielniczuk [el tecladista] fue un hallazgo, ya que le dio a la banda mucha dinámica en el plano electrónico. Apenas terminé de redondear los temas di con los chicos y todo fue perfecto. Ellos aportaron mucho en las canciones y así redondeamos entre los tres la producción final. De hecho, actualmente estamos componiendo juntos y salen canciones muy redondas. Creo que nuestro segundo LP dará que hablar.

El nombre Alud Negro resulta paradójico, porque no parece haber en nuestro país una corriente dark demasiado grande. ¿Certificás este parecer o no es tan así? 
Sinceramente no estoy muy al tanto de la movida dark argentina. Investigo mucho sobre música, bandas actuales y de varios estilos, pero hasta ahora vi muy pocos grupos que se autodefinan de esta forma. La mayoría de los grupos que conozco están más ligados al postpunk o el rock gótico.
Cuando armamos las canciones de Cuna, algunos amigos idóneos coincidieron en que lo nuestro era darkwave o new romantic. Para mí es pop (risas), pero bueno, entiendo que ese es un concepto muy ambiguo.

¿Y con qué bandas del darkwave se identifican? Así se autodefinen en las redes sociales.
En lo particular, me gustan mucho algunas bandas como The Frozen Autumn, de Italia, Minuit Machine, de Francia; o She Past Away, de Turquía. Igualmente, creo que Alud Negro es bastante original. Tomamos piezas de varios rompecabezas para crear nuestro propio paisaje.

¿Cómo respondió la gente al vivo y a la formación de la banda? No es del todo convencional...
La reacción del público es genial. Nuestros conciertos son muy divertidos y enérgicos. En general tenemos dos clases de espectadores: los que nos siguen a todos lados, que conocen las canciones y demás, y los nuevos que se van sumando. Estos últimos son más frecuentes en nuestros viajes al interior o cuando tocamos en festivales con bandas de estilos bien distintos. En ambos casos la respuesta es muy buena. Tenemos claro que Alud Negro es una proyecto distinto y eso siempre es un plus. La puesta en escena también es importante en nuestros shows; para la presentación oficial de Cuna vamos a estrenar nuestro nuevo vestuario que es espectacular.

Anuncian un EP próximamente, además.
Sí, tenemos muchos planes. Luego del concierto del 14 de diciembre vamos a lanzar un EP con dos canciones nuevas y una versión del clásico de Virus, Tomo lo que encuentro. El título del disco es Aurora. Por otro lado, estamos a punto de terminar nuestro segundo videoclip y tenemos dos más en proceso de edición.
Además estamos preproduciendo nuestro segundo LP, del que ya tenemos muchas canciones. La idea es que salga en otoño del año que viene. El álbum contará con invitados de lujo y una gira promocional por algunos países de Latinoamérica.


*Alud Negro presenta Cuna en el Centro Cultural Borges (Viamonte 525, Capital Federal), el domingo 14 de diciembre a las 20 horas (súper puntual). Banda invitada: Cosaquitos en Globo. Anticipadas en la boleteria del C.C Borges, de 10 a 21 horas. 
Entrada general: $50 (con disco, $80).


[Foto por Kamel Alzate.]

viernes, 5 de diciembre de 2014

Marco Sanguinetti: cómo encontrar lo propio


Esta nota era una cuenta pendiente de meses. Allá por septiembre nos encontramos con Marco Sanguinetti para charlar y que me diera en mano su último disco, 8. Las casualidades quisieron (todo pasa por alguna razón, no tengan dudas) que nuestro encuentro se postergara más de lo debido, por lo que pudimos concretar el mano a mano justo el día que Marco cumplía años. Pero no sólo eso: ese mismo 24 de septiembre, el hombre recibía la noticia de que su 8 estaba nominado a los premios Grammy Latinos en la categoría Mejor Diseño de Empaque -hecho por Laura Varksy, con ilustraciones de Leandro Castelao-, gracias a su ambiciosa edición en vinilo (no saben qué lindo es...).

Ese día hablamos mucho: de su música, de rock argentino, de los medios, de cómo dio con Mariano Manza Esaín para que produjera 8, de su laburo como diseñador e infinidad de cosas más... pero como la cita no estaba planteada de antemano como una entrevista, no se grabó. A todo esto, yo todavía no había escuchado 8 completo (en Internet aun no está disponible el full album), por lo que la sorpresa al darle play fue mayor, si bien me había resultado atractivo el extracto disponible para probar en Bandcamp. El jazz, el rock en su vertiente más experimental y la música argentina conviven con una naturalidad admirable en un disco que se libra de etiquetas.

A la semana de nuestro encuentro, me ofrecieron entrevistar a Manza para indieHearts. No me pude negar y aproveché para preguntarle respecto de su trabajo en 8. En esta nota, combino lo que me contó el productor con unas cuantas preguntas que volví a hacerle a Sanguinetti, para que la historia cierre como debe ser: con el padre de la criatura explicándolo todo. Marco empieza contando cómo fue que llegó a Esain para que produjera 8:


-Una de las primeras y fundamentales ideas para este disco fue la de trabajar con un productor. No lo había hecho en ninguno de mis tres discos anteriores. Esta vez quería compartir con alguien mis ideas sonoras, discutirlas, e interactuar con las propuestas que otro pudiera sugerir para mi música.
Antes de conocer a Manza me junté a conversar con varios productores y la mayoría no comprendía mi plan, a pesar de que era muy sencillo: realizar una grabación del grupo en el estudio a la manera del jazz tradicional y luego manipular ese registro agregando sonidos ambiente que me había grabado en un viaje por Nepal e India. Mi referente principal era Yankee Hotel Foxtrot, el disco de Wilco. Cuando me encontré con Manza hablamos de Wilco (resultó ser un admirador de la ingeniería de ese disco) y en el acto entendió todo.

¿Cómo es eso del viaje por Nepal e India? ¿Fueron vacaciones?
Fue un viaje sin un fin especifico, como todos mis viajes... Creo que uno comprende el motivo de viajar mucho tiempo después de haber regresado. Esta vez entendí el valor de estar en el camino, ¡el camino es un lugar! Y ahí es donde se debe estar... ¡llegar no tiene sentido! (Risas). Después de desapegarme de algunos proyectos laborales me fui a Nepal para realizar una caminata de 20 días por el Himalaya y sumé un mes y medio por India, donde tomé unas clases de música geniales. Casi todo 8 fue compuesto en ese periodo.

¿Viajaste solo?
Sí, estaba solo, así que fue un verdadero viaje hacia uno mismo, digamos...

Es un disco con influencias múltiples, entonces. Volviendo a Manza, ¿conocías su trabajo previo como productor y músico?
Sí, conocía el trabajo de Manza como productor y también su música. Me gusta mucho lo que hace, ahora soy un seguidor de Valle de Muñecas. Si bien no hay dudas de la capacidad y el profesionalismo de Manza, mi decisión de sumarlo al disco tuvo mas que ver con una primera buena sintonía, algo intuitivo... tal vez, ¡una cuestión de conexión entre pelados! (Risas).

¿Quedaste contento con su laburo?
Sí, claro, Manza se convirtió en un factor fundamental para 8. Conversamos mucho y captó muy bien todas mis intenciones musicales. Su compromiso fue total. Vino a presenciar ensayos previos; estuvo a cargo de la ingeniería de grabación en las sesiones que hicimos en ION; pasamos varios días enteros juntos dedicados a la mezcla; y hasta me acompañó a dejar el material en manos de Andrés Mayo para la masterización.

***

Así como se nota que Marco quedó más que contento con lo hecho por Manza Esain, el cantante y guitarrista de Valle de Muñecas también cree que 8 es un trabajo distintivo entre la infinidad de producciones que hizo en los últimos años (lo primero que le salió apenas mencioné el disco fue un entusiasta "¡está buenísimo!"). Su primera experiencia en territorios cercanos al jazz:


-Era una deuda pendiente, siempre había querido grabar un trío de jazz así, de piano, contrabajo y batería. Y tenía mis propias ideas acerca de cómo tenía que sonar esa música. Todo vino con el plus de que la propuesta de Marco traía eso más otras cosas que tienen que ver con mi mundo usual de producción, entonces fue algo así como un hallazgo. Es un disco del que estoy recontra orgulloso, me encanta haber sido parte de eso. Y haberlo conocido a Marco: encontramos muchísimas cosas de qué charlar acerca de la música, a pesar de que nos movemos en círculos completamente distintos. Eso es súper enriquecedor, porque te das cuenta de que siempre hay un montón de cosas en común.

De hecho, él te eligió a vos porque quería un sonido cercano a ciertas bandas de rock.
Claro, él se fascina con cierta cosa de collage sonoro que tienen un montón de discos de rock contemporáneos, pero al mismo tiempo su música viene de otro palo tímbrico. Como sonidista en vivo también me muevo en otros círculos, y terminás hablando con todos y dándote cuenta de que hay muchas cosas en las que pensás distinto, pero muchas otras que son iguales. Al final, todos hablamos de música y hay algo que nos mueve que es lo mismo, por más que a uno le gusten los Sex Pistols y al otro Steely Dan. Es una cosa muy fuerte, la música une a gente que piensa distinto en otros temas, comunica a gente que habla distintos idiomas...

Marco me contó algo que hiciste, sorprendido para bien: que fuiste con una libreta a los ensayos, te sentaste a un costado de la sala y te pusiste anotar... 
(Se ríe). Fue gracioso, porque cuando él me contactó no se esperaba que como productor hiciera eso. Marco se había juntado con otros productores y tenían approachs muy diferentes, entre sí y al mío. Y creo que lo que a él le gustó fue eso, que yo me metiera y opinara como un miembro más. Yo necesitaba estar desde el principio en un laburo de este tipo, quizá él no pensaba que me iba a ocupar de toda la parte técnica también, de operar... Hay productores que eligen las tomas que van y punto; otros que saben cómo hacer un hit para que suene en la radio y los elementos que tiene que tener la canción para eso; otros que tienen buenos contactos para hacer que tu disco entre en una compañía grande… Todos tenemos nuestras maneras. Por suerte, en este caso salió bien.

***

Volvemos a Marco. ¿Por qué publicó 8 en vinilo? ¿Quién tuvo la idea de agregar al packaging del disco las partituras de los temas y los dibujos explicativos de Leandro Castelao? ¿Cómo se lleva Sanguinetti con el mote de "músico de jazz"? ¿De qué se trata Pibe A, el proyecto con el que revisa la obra de Radiohead? Para cerrar, todo eso:

Pareciera que hay una corriente de músicos de jazz jóvenes que están más ligados al rock, algo que no deja de ser lógico... 
Existe una muy sana honestidad con las influencias musicales... ¡La mayoría de los discos que tengo en casa son de rock! (Risas). No es casual que mis músicos favoritos de la escena del jazz actual (Björn Svensson, The Bad Plus, Vijay Iyer, Brad Mehldau, Dave Douglas, entre otros) transiten también por climas rockeros. El día que terminamos de grabar 8, Manza definió mi proyecto como jazz post-Radiohead (risas). ¡Eso me gustó!


Da la sensación de que con 8 quisiste sacarte definitivamente la etiqueta de “músico de jazz”, y creo que lo lograste. ¿Es así o no es para tanto?
Yo no quiero sacarme ni ponerme ninguna etiqueta. En todo caso, me interesa dar con un género musical propio. Quiero que mi música se identifique con mi historia, con mi ciudad, y eso no puede ser ni jazz, ni tango, ni folclore. Debe ser todo eso y además la música de tradición europea con la que aprendí a tocar el piano, el rock británico de los setentas, Radiohead, Astor Piazzolla, Egberto Gismonti, la música académica del siglo XX, los rockeros argentinos de los ochentas... y todo lo que me pase cerca (risas).

¿Y con qué músicos de la nueva escena te sentís identificado?
Este año coincidimos conversando sobre estas cuestiones con Esteban Sehinkman, Cirilo Fernández y Nicolás Sorín. Eso nos llevó a formar el No-Jazz Collective, con la idea de organizar (entre otras cosas) conciertos donde nuestras cuatro bandas comparten escenario.

¿Te sorprendió que 8 fuera nominado a los premios Grammy latinos por su diseño
¡Claro! La nominación a los Latin Grammys resultó una gran sorpresa porque el disco fue un proyecto súper independiente, apoyado en la buena onda y la enorme capacidad de todos los que participaron. Y fue muy impactante ver que estaba nominado junto a otros productos bancados por la industria a nivel internacional [el ganador fue el diseño de Wed 21, de Juana Molina, hecho por Alejandro Ros; los otros nominados fueron Activistas (Nonpalidece), Antes que tu conte outra (Apanhador Só) y Combi (Lucho Quequezana)]. Con mucha cabeza, corazón y poquísimos recursos, algo típico argentino (risas), hemos logrado un resultado muy bueno.

¿Sentís que le das más importancia que otros músicos a ese costado, por ser tu otra profesión? Son disciplinas con una relación profunda en lo que refiere a creación… 
Puede ser que el hecho de que yo sea diseñador industrial profundice mi atención sobre otras variables del proyecto de un disco. Del mismo modo, en mi tarea como diseñador suelo considerar aspectos sonoros o ligados al movimiento, algo que algunos colegas del diseño suelen ignorar.

¿La idea de presentar el disco con sus partituras e ilustraciones fue tuya? 
La idea de ilustrar los temas de 8 surgió cuando Laura Varsky, después de asistir a un concierto mío, me comentó que mi música le recordaba a las ilustraciones de su amigo Leandro Castelao. En esa misma conversación le dimos forma a este delirio de transportar cada tema del disco a una dimensión gráfica (risas). Pasamos varios meses trabajando en la traducción de la música al dibujo, y Castelao logró interpretar el concepto y la morfología de cada composición a través de unos esquemas que preparé, ¡ahora considerados como una nueva forma de escritura musical! (Risas).

¿Cómo sería eso?
Desde hace unos años vengo desarrollando esquemas de notación musical. Me gusta llamarlos mapas. Se trata de una inquietud personal, que ha sido útil para dialogar desde la música hacia el diseño, y también son utilizados en los ensayos con otros músicos.

Es un procedimiento que se usa mucho en la música contemporánea. ¿Y por qué quisiste que el disco saliera sí o sí en vinilo? ¿Responde a una cuestión romántica, del diseño, o porque el sonido cambia radicalmente?
Compuse la música de 8 para que sea escuchada en vinilo: hay dos comienzos y dos finales (por los lados A y B); el orden de los temas responde al mejor rendimiento de la púa (temas densos sobre el diámetro más grande); la presencia de la base rítmica batería-contrabajo está ecualizada para que vibre el piso de la casa (sólo pasa con vinilos); los temas son cortos para entrar en 20 minutos de cada lado (el ideal para este formato).

Todo fue ideado al detalle.
Sí, pero no soy un fanático… mi próximo disco podría estar proyectado para soporte digital, y en ese caso sacaría provecho de otros condicionantes.

Paralelo a 8, estás llevando a cabo el proyecto PIBE A. ¿Cómo surgió hacer esa revisión de Radiohead? Tiene un antecedente en otra revisión que hiciste...
Sí, el proyecto PIBE A es parte de las obras que desarrollamos con la Cía Móvil, donde integramos música, danza y video. Simplemente, nos basamos en un recorrido conceptual por el disco Kid A; algo parecido a lo que hicimos con The dark side of the moon de Pink Floyd. Además, este año me propusieron hacer un concierto únicamente con versiones de Radiohead... y por supuesto acepté. Para eso formé un grupo nuevo (en trío piano, bandeja y batería) y armé versiones muy personales de varios temas, de modo que todos los discos de Radiohead estuvieran representados. Durante este verano en Buenos Aires seguramente esté presentando ese repertorio en varias oportunidades. En definitiva, cuando me dedico a versionar otras músicas, termino encontrando puertas de ingreso a nuevas composiciones propias.




*Marco Sanguinetti Cuarteto (Marco Sanguinetti en piano y armonio, DJ Pablozqui en bandeja de vinilos, Jerónimo Carmona en contrabajo y Tomas Babjaczuk en batería; + Victoria Zotalis en voz) se presenta hoy viernes 5 de diciembre a la medianoche en Café Vinilo (Gorriti 3780, Palermo). Entradas: $80. Reservas al 4866-6510, o por mail.


[Fotos de Marco y su Cuarteto, por Pablo Astudillo]

jueves, 27 de noviembre de 2014

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Un balbuceo irracional, una ovación de pie. Un auditorio repleto, un nene haciendo pis por la ventana. ¿Qué separa a esas situaciones? Un mundo. ¿Qué las une? Tototomás presentando su disco Jau Jau en el Auditorio de la Facultad de Bellas Artes.

TEXTO: Sebastian Lino
FOTOS: Jeremías De Meo
***

Era viernes y las luminarias anunciaban la caída de la noche.
A las 22 horas comenzaría un evento que dos centenares de personas aguardaban en sinuosa fila sobre diagonal 78 y 60, la entrada del Auditorio de Bellas Artes. Un muchacho andrajoso pedía monedas. Otro de lentes le preguntó:

-¿Cuánto te falta?
-Y… tengo siete pesos.
-Estas re jugado… tomá tres, por ahí con diez más tenés para un vino.
-No es así la cosa, yo quiero ver a la banda.

La banda era Tototomás: un montón de espíritus vivientes salidos de casas-chorizo-centros-culturales, unidos por el embrujo de balbuceos chirriantes como el pedido de un niño que quiere ir al baño, por ejemplo. Uno de esos espíritus asomó a la vereda, hizo algún gesto al aire y desapareció. Las puertas se abrieron y los otros espíritus ingresaron lentamente.
En minutos, el salón principal se llenó y se abrió el palco para los que seguían llegando, ticket en mano. Una niña pasó chillando “aaaua auuua dun dun dun dun dun…” y no pedía agua ni dun dún. Se anticipaba a lo que se escucharía luego.


Un espíritu verde asomó en el escenario, cuyo telón nunca estuvo cerrado. La gente comenzó a aplaudir, pero el ente señaló su palma abierta y dijo: “cinco minutitos”. Algunos lo abuchearon en tono jocoso. Otros siguieron con palmas, ávidos. Pasaron los minutos y dos almas aparecieron sonrientes como dúo de comedia y dijeron algo así: “Para empezar, va a tocar unos temas Juanito el Cantor, que es quien produjo el disco así que tiene mucho que ver con esto. Gracias”. La gente ovacionó aún más cuando un pelilargo de barba y saco sin corbata se acomodó con su guitarra y un percusionista.

Juanito el Cantor comenzó suave, austero como presidente uruguayo o ritmo de esa misma tierra. Pasó otro tema y se declaró más que productor, fan de Tototomás. También aclaró que en esta ocasión no cantaría nada de los dos discos que estaban para vender en la entrada, sino de otro más viejo llamado 12 canciones de amor y una botella de vino.
Sus rasgueos de guitarra asombraron, más por lo emotivos que por su impecable complejidad. El beat-box de Ay, mi gorrión y las espirales de Quiero ser un actor se llevaron los mayores aplausos y risas, como en ¿Dónde está la luz?, cuando Juanito admite el deseo de liberarse tanto como para sacar el pito y hacer pis.

Esa misma libertad se siente cuando se despide y desde algún lugar emerge un coro misterioso: “Eoooooooooo, sinpreguntarnos nonononono/ Eoooooooo, sinpreguntarnos-¡quenospasó!”.
¿Qué les pasaba? Comenzaba la invocación con los segundos finales de Jau Jau, el álbum que los Tototomás tocarían entero y mucho más. Pero no todo fue extrospección directa y sin preguntas. Las primeras frases formales anunciaron: “Siempre estoy mirando al suelo” y una batalla comenzó ahí entre los casi diez espíritus de la banda (incluyendo sección de vientos).

Un ánima golpeó un tacho cual piquetero y la épica se multiplicó durante exactamente 20 segundos de distorsión. Ni más ni menos: el universo sonoro de Tototomás tiene literalmente un poco de todo. El segundo tema también estalló y luego susurró como una banda emo-harcore. Con tantos músicos en escena, más que una banda son tres: un trío punk de bata, bajo y mujeres inquietas chillando; un trío acústico de banjo-pandeiro-guitarra-española que mantiene la profundidad tropical, y por último los vientos que sonaron por momentos como por encargo de Phil Spector.


Resulta difícil ver que en efecto hay un líder de banda, ya que todos bailan, tocan, saltan como por efecto del azar. Pero esta (To to) Tomás, quien cada dos o tres canciones no puede evitar agradecer, presentar, recordar y comprobar que el disco ya salió, que toda esa gente está ahí y que las canciones resisten incluso versiones extendidas como en Dí que te encanta. Hasta en un momento notó y se avergonzó: “¡Gracias! ¡Hay muchas familias detrás de esto!”.

“Snabnieo-sabnineo-namniveo-alanganaunnn”, “Ganguenguengongon goungoun goun”, “eshauuumm ieee”. Tototomás hace que lo imposible sea lo más natural. Más de doscientas personas sonrieron, carcajearon y bailaron (en sus asientos). Hasta las canciones que en el disco son más lentas, como Ay Nanan, ya tienen su versión acelerada hasta un ritmo circense.
Algunos músicos tocaron descalzos. Las coristas no dejaron de bailar un segundo. El bajista se tiró al piso. Tomás quiso imponer autoridad diciendo que el recital terminaba como el disco. Que eso es lo que la gente había pagado y no iba a dar nada más.

Nada menos serio que querer serlo en esta lista de embrujos en una lengua inexistente y ancestral como un bebé nombrando al mundo por primera vez.


[Advertencia del editor: Jau Jau es adictivo como el tomacco, aquél fruto extraño que cosechara Homero Simpson. Consumir con moderación.]

martes, 25 de noviembre de 2014

Nuevos discos, nuevas drogas

Es hermoso seguir leyendo en 2014 que no hay música nueva, que hace rato "no pasa nada". Ese tipo de sentencia suele hablar más de quien la dice (muchas veces periodistas prestigiosos; otras tantas, ¡los mismísimos músicos hablando de sus colegas!) que de lo que sucede en las márgenes de la industria. Lo que pasa, pasa siempre, y bien sabemos que esto de escuchar música es un ejercicio trabajoso que unos cuantos no están dispuestos a llevar a cabo...

Hace un par de semanas creé una carpeta en el escritorio de mi PC que se llama 2014 y tiene más de ochenta discos nacionales editados este año. De a poco, entonces, trataré de que hacer justicia con este año tan fructífero (mucho de lo que hay en la carpeta está buenísimo). Esta vuelta, vamos con cuatro novedades solistas:


Juan Irio - El ideal de lo común: En lo que va del año hubo tres bandas platenses y bellas que anunciaron su despedida: Orquesta de Perros, Miro y su Fabulosa Orquesta de Juguete y Thes Siniestros. Juan Irio, cantor de estos últimos, se encarga en su debut solista de tocar casi todo, acompañado por un desertor de las otras dos bandas que dijeron chau por estos días, el joven y talentoso guitarrista Lautaro Barceló. El ideal de lo común tiende un puente sonoro con la melancolía de Dorado y eterno (último y gran disco de los Siniestros), aunque profundice en los climas más reposados y las canciones de duraciones larrrgas, casi de responso (La derrotaCanción para Carola, Nuestro error) y tristeza que acaricia (Este tiempo no fue hecho para nosotros, Los ídolos). La naturaleza anuncia soledad (El pinar) y futuro (Trepar el ciruelo) y las letras levantan la vara del rock argentino del último lustro: poéticas, milimétricas. Advertencia: no lo dejen pasar.


Gastón Massenzio - Otra luz: Si hay un sello que dio en la tecla en 2014, ése es Fuego Amigo Discos: todo lo que escuché bajo su etiqueta es original y de buena factura (irán cayendo aquí de a poco). Otra luz parece, de buenas a primeras, una celebración de la amistad, la distensión y la simpleza en la que el también platense -aunque radicado en Capital- Massenzio se rodea de amigos/invitados para colorear canciones sencillas y cálidas (Sol distante) y otras más bien taciturnas tirando a oscuras (Lago congelado; la psicodelia acústica de Incógnita (cuatro años luz), ¿será para Cerati?). Con las escuchas nos vamos dando cuenta de que triunfa el costado más introspectivo: cuando Massenzio se sienta al piano en La última noche -balada dark- y Alma sin voz -beat de trip-hop + voz femenina fantasmagórica, cortesía de Mene Savasta- remite a los Thom Yorkes y Fionnas Apples del mundo... y sale muy bien parado.


Juan Ravioli - Allá voy / Bajo la sombra: Celebramos que tras cuatro años de silencio discográfico haya vuelto Juan Ravioli. Es un retorno particular: sólo dos canciones en casi veinte minutos. Más que un simple, aquí bien puede hablarse de un extended play; pero esos resultan meros detalles técnicos, porque Allá voy y Bajo la sombra son ante todo batallas ganadas a los estándares de la canción pop, un desafío duracional al encorsetamiento capitalista (!), y lo justo y necesario de todo el universo sonoro de Juan compactado en dos piezas extensas. La una, Allá voy, entre el western y la contemplación spinetteana; la otra, Bajo la sombra, de impronta prog-pop y leves gestos folclórico/jazzísticos... aunque en el cierre vire a melodrama casi metalero. La soledad se torna eje temático: "Todas las voces que alguna vez hicieron eco en mi interior, se van" o Esto Debe Ser La Soledad Más Absoluta. Aunque el sonido tremendo del final lo diga aún mejor.


Leopo - Puñal 2: Debería ser pecado mortal escribir sobre un disco que se erige como "2" -o sea, la secuela de otra cosa-, sin conocer la parte "1". El lugar del puñal fue el uno... pero empecé sin lugar y quedé encantado igual. Leopo de Sarro (Surales) pela un disco lúdico al borde del ludopatismo, ese juego que también les sale a sus colegas Botis Cromático y Sofía Viola. En este caso, casi lo-fi (¡o casi hi-fi!) y casero, como si el hombre quisiera que hasta se escuche la madera de su guitarra criolla, compañera exclusiva en la aventura. De Sarro sabe que para jugar el juego hay que saber las reglas (Para resolver las cuentas/ es mejor saber las tablas./ La guitarra en sobremesa/ mejor suena) y las tiene clarísimas: ¡cómo toca la viola! Puede ser un rasgueador compulsivo o apelar a su técnica para reproducir cosas intocables (chequeen El amor en la tierra, la intro de Azucena y la breve e intensa Lagrimita, sino). Telúrico y hermoso. Y eso que no hablé de su voz aterciopelada.

viernes, 21 de noviembre de 2014

Pez en Ushuaia: Desde el cielo sólo baja un viento que azota

TEXTO: Lau Larrea
FOTOS: Cecilia Bellotti


Mientras empiezo a escribir esta crónica en Buenos Aires, suena de fondo El manto eléctrico -el nuevo disco de Pez- y la emoción perdura desde el domingo pasado en Ushuaia. Pez cerró allá su primera gira patagónica.

El primer recital que recuerdo haber visto de ellos fue en Costanera Sur -durante las vacaciones de verano del ´99- junto a Cienfuegos y Los Fabulosos Cadillacs. Fui porque en Ushuaia había escuchado hablar de la banda. Al volver, mi hermana me grabo un TDK con Pez (1998) y algunos temas de Quemado.

"Buenos Aires es tan cruel/ la nostalgia es corazón en este estúpido lugar" decía un bloc de notas en el que mi hermana había dibujado una muchacha mirando un horizonte montañoso. Ese bloc de notas me acompañó desde que me mudé de Ushuaia a Buenos Aires en el año 2000, cada vez que anotaba o buscaba algo lo veía; la nostalgia era un sentimiento recurrente por esas épocas.
Gracias a ella fui a ver Pez en el Club del Vino presentando Convivencia sagrada, también recuerdo haber ido a la facultad de Ciencias Económicas con ella. Y por un par de años, hasta el 2006, no fui a verlos en vivo.

En 2007 les escribí para preguntarles por lo invernal y sureño que notaba en las últimas canciones de sus últimos discos, Hoy (de Hoy) y Existencialismo (de Los orfebres). Ambos me parecían temas muy fueguinos. Fósforo García, el bajista, me respondió que no había una razón específica, que era casualidad, sin embargo me contó que siempre quisieron ir a tocar a Ushuaia, que para ellos era una suerte de "tierra prometida" y que siempre les escribían mucho desde allá; pero que era difícil por las distancias y los costos.

Empecé a soñar lo que sería ver a Pez en Ushuaia, y repasé mentalmente toda la gente que conocía de allá que realmente disfrutaba de Pez, era mucha gente. Recuerdo una clase de la facultad en la que me paré delante de todos mis compañeros y les espeté que Pez era "mucho muy grande" en Ushuaia; gracias a ese fervor gané un amigo de la clase.

Este año Pez anunció su primera gira por el Sur y les volví a escribir para confirmarlo ya que quería ir. Alguien contestó desde el Facebook que el 9 de noviembre tenían fecha para tocar en Ushuaia. Era septiembre. Invité a una amiga fanática de Pez y sacamos los pasajes.

Noviembre suele ser un mes hermoso en la Patagonia. Los días empiezan a ser más largos, el sol radiante descongela la nieve de las montañas y los árboles se ven con un verde frondoso. El paisaje se compone de distintas tonalidades de azules de cielos abiertos, lagos y mares; los verdes de Ñires, Lengas, Pinos y Colihues, el gris del ripio que une una ciudad con otra, todos componen una imagen de cuento de Tolkien. El viento completa la pincelada  como marco a tan imponente belleza.
Aunque en Ushuaia nevó los últimos días de octubre y en las montañas permanecía la nieve. La lluvia fue permanente y la temperatura no fue superior a los 7 grados. Hacía frío y el viento frío se siente más duro aún. Se leía por las redes sociales que los muchachos de Pez estaban girando en la Patagonia Austral.


Ese domingo 9 salimos al mediodía y al parar en el mirador del Paso Garibaldi (un mirador en la cima de la montaña, desde donde se cruza la Cordillera de los Andes, que da al Lago Escondido) nos bajamos a sacar fotos. A los pocos minutos una camioneta frenó al pie del mirador y bajaron Fósforo García, Ariel Sanzo, Franco Salvador, Checho Marcos, Mauro Taranto y Mario Burgueño: los tres peces, su asistente, su sonidista y su manager. Pasaron a nuestro lado riéndose y  sorprendidos con las montañas. Mi amiga no se contuvo y los saludó, ellos respondieron cordialmente. Los saludé y les dije que viajábamos desde Buenos Aires para verlos, se sonrieron sorprendidos y nos agradecieron; nos preguntaron si habíamos estado la noche anterior en Río Grande ya que había sido un show hermoso y muy intenso. Nos contaron que estaban de viaje desde Río Grande a Ushuaia. Mi amiga preguntó si les podía sacar una foto, ellos subidos sobre la muralla con la cordillera y el lago de fondo. Los saludamos y seguimos. Me reproché no haber hablado más. Tenía una idea de lo que quería preguntarles. Nos despedimos hasta la noche.

En lugares tan inhóspitos, tan chicos, tan lejanos, no pasan muchas cosas. El tiempo es distinto al de la ciudad. El tiempo y los días son distintos. La noche es luminosa. El tiempo en todas sus expresiones: las horas transcurren más lentas o de acuerdo a un tiempo ¿biológico?; el tiempo climático es caprichoso, en un mismo día puede llover, salir un sol radiante, nevar y estar nublado. Cuanto más al sur se va, en primavera/verano anochece más tarde y amanece más temprano.

A las nueve de la noche y bajo una lluvia torrencial poco común, con frío y viento, los Pez estaban (músicos, sonidista, apoyo logístico y manager) en la vereda del local, charlando con los que íbamos llegando, refugiados bajo el techo del lugar. Se los notaba con cara de contentos y cansados, se mostraban felices de estar ahí y de haber logrado la gira que, contaron, se bancaron ellos mismos y hacía muchísimo tiempo querían hacer. Ni Franco ni Fósforo habían estado en Ushuaia antes, Ariel recordó haber estado con los Cadillacs a fines de los ’90.

Todo el equipo habló de la gira dividida en dos partes. Calafate fue el parte aguas de esta gira. Parece que allí pudieron parar varios días en un alojamiento copado y hasta grabaron algunas cosas. También visitaron el Glaciar Perito Moreno. Hubo un antes y un después del Calafate (que les robo el corazón).

Ariel y Mauro estaban contentos con el frío, en cambio Franco no. De hecho, intentó pasear por el centro pero la lluvia y el frío lo desanimaron pronto. Fósforo fue el único que estuvo apartado del grupo hablando con alguien que parecía conocer de mucho tiempo atrás. Me hubiera gustado preguntarles por los públicos de la Patagonia, o por la lista de temas. Sólo atine a pedirle a Checho si por favor podía guardarme la lista para quedármela de recuerdo.

Al rato de esperar, todos fuimos entrando. Ariel y Mario se pusieron en una mesa a vender discos y remeras. Ariel, con muy buena onda, firmó cada disco que vendió. Se sacaron fotos con todos los que las pidieron, y charlaron con aquellos que se acercaban. Nosotras no fuimos la excepción.


Pasadas las diez empezó la banda local que los teloneó, Simón Radowitzky. El cantante presentó a la banda como "todos de San Vicente de Paul", un barrio histórico que se sitúa en la zona fabril, rodeado de galpones, depósitos y fábricas. Esta aclaración fortaleció lo que se escuchó después, letras con una mirada crítica sobre la sociedad fueguina y con mucha referencia a lo local. La banda tocaba un rock grunge, con mezclas de rap/hip-hop. A la formación básica de batería-bajo-guitarra se sumaban samplers, loops y efectos varios. Contaron que en pocos días salía su primer disco y saludaron tras poco más de 40 minutos de show para un público que arengó y cantó todas las canciones.

Un rato después Pez abría su primer show en Ushuaia con Barro (Desde el viento en la montaña hasta la espuma del mar). Ariel agradeció ese primer mail que le enviaron desde Ushuaia en el ’97 y comentó que esperaba "que no pasaran tantos años para volver". El público extasiado bailaba y pedía canciones, así fue que se coló Campos de inconsciencia; Minimal aclaró que El alma de Ana no sonaría porque era un tema para una ex y su mujer lo mataba si se enteraba de que lo habían tocado (todo en tono relajado y jocoso). La voz de Ariel no se notaba cansada, se los veía sonrientes y acalorados: más de 200 personas saltando en ese pequeño lugar emanaban mucho calor, por lo que pidieron que se abran las puertas... aunque para ese momento Franco ya tocaba sin remera. De repente y ante la mirada atónita de los presentes comenzó a sonar Ushuaia. A pesar de que ellos habían aclarado que no tocarían la canción ni en Tilcara ni en Ushuaia, sabíamos por las redes sociales que había sonado en El Calafate. Fue un momento de intensa emoción.

(Una particularidad del show en Ushuaia: salvo mi amiga y alguien del local que filmaba todo, no había fotógrafos. Fue como volver a un show de rock de hace 20 años, un lugar chico, todos amuchados y sin fotógrafos).

Casi 2 horas después de comenzado el show, terminó con el público enardecido cantando Malambo. Checho cumplió y mientras desarmaba todo, nos acercó dos listas de temas.


Al salir les preguntamos dónde paraban y hasta cuándo se quedaban. Nos contaron que volvían al otro día -al mediodía- y que, si llegaban, harían la excursión en Catamarán. Estaban cansados y ya tenían ganas de volver a casa.  Les había escrito para hacer una entrevista allá en Ushuaia, para hablar de la gira y del disco nuevo. Fósforo contestó que sí, que no habría problemas. Pero el momento post show no era el indicado para hacer la nota, así que pensé en escribirles para hacerla al regreso. Mientras tanto, escribo esto para no olvidar lo que fue Pez en Ushuaia (¡como si eso fuera posible!) y para compartir con quienes me preguntaron por el recital: Pez en Ushuaia fue un sueño cumplido y como dijeron ellos, ahora habrá que pensar... qué otro sueño queda por cumplir.

jueves, 6 de noviembre de 2014

Gabo Ferro y Luciana Jury, el milagro de una voz


Lo mejor del disco conjunto entre Gabo Ferro y Luciana Jury es que por momentos no se sabe quién canta. Las voces se funden, se confunden, histriónicas, se juntan, se chocan, se enmascaran, perturban. Llega un momento en que ambos son una sola persona, incluso cuando está cantando sólo uno de ellos: Jury podría ser Ferro y viceversa. No es que no se distinga la voz de cada cual, sino que ahí se explica la comunión que derivó en disco. La clave está en sus voces inquietas e inquietantes, en esa capacidad de trastornar la piel con un grito o un susurro.

Una de las grandes decepciones (entre comillas bastante grandes) de La la la, el disco de la dupla Spinetta/Páez, es que casi no junten sus voces para hacerlas una: cuando uno dice, el otro muta. Y aunque en sus músicas sí haya una influencia y afinidad evidentes, Fito y el Flaco no cantan precisamente parecido, por lo que la unión habría sido interesante para saber qué tercera voz salía de allí.

En El veneno de los milagros lo que sucede es precioso: dos de las voces más expresivas (vayamos más allá de las capacidades técnicas, esta gente canta hermoso pero además transmite), una tras otra, juntas, en un disco que pasa como un huracán emocional, como si los sonidos se desintegraran por la transparencia y la fragilidad que sale de ambas bocas. Cómo friza los sentidos por su punkitud (no me van a comparar esto con Green Day, por favor) y una interpretación sostenida por guitarras que pasan del arpegio espacioso al cuasimachaque hasta llegar al silencio, porque con la palabra y la búsqueda del perfume de las noches, basta; Estamos, estarás funciona como contraparte (“quiero ser lo que he reído, no sólo lo que sufrí”).


"Aire, necesito que te deshagas en soplos”, cantan. Amigos, ustedes dos hacen con el aire lo que quieren y más: los experimentos vocales de la susurrada y borrascosa Bayos negros dormidos dan escalofríos en un día de rayos, truenos y tormentas como hoy*. Para El extrañante, la trama conjunta es el punto cúlmine de la teatralidad vocal: por momentos Ferro y Jury recrean flautas al unísono, luego se vuelven hachas haciendo su trabajo letal sobre la madera indefensa (“la calma de un mar feroz”, dice Gabo y pone los pelos de punta). El acorde final es, casi, tan intenso y rupturista como lo que transcurre en los 3 minutos anteriores.

De golpe el disco termina y uno se queda pensando si lo que pasó fue una ráfaga de viento erizador de pieles o un cachetazo. Mientras, las voces pegan el golpe de knock-out. Las últimas palabras que se escuchan son éstas, las copio rápido porque el tiempo pasa: “Hemos cantado tanto para esto,/ para ver que se cante sin su riesgo. / Cantar, cantar, cantar, cantar / Mirar o ver, mirar o ver, mirar o ver”. El tiempo pasa, la canción (Mirar o ver) acaba, el disco termina. Jury y Ferro ven. Es hora de que muchos otros lo intenten.

Uno de los discos año (otra vez) si es que hay discos que duren un año o 34 minutos, como es el caso: aquí hay demasiado tiempo liberado. Ése es el milagro.




*Escrito durante las tres primeras (y sucesivas) escuchas del disco, el lluvioso miércoles 29/10/14. Foto de Luciana y Gabo por Alejandra López.

martes, 28 de octubre de 2014

Acorazado Potemkin, tres por tres


Tercera y última parte de la hermosa charla con los tres Acorazado Potemkin. No por casualidad publico todo lo que se habló (más allá de mi costumbre de hacerlo...): lo dicho por Federico Ghazarossian, Lulo Esain y Juan Pablo Fernández es interesante y profundo. La dosis de humor que tiene el texto me sorprendió a mí mismo al desgrabar y sorprende al releer: sospecho que Juan Pablo podría ser un tuitstar si se lo propusiera, por su capacidad para aprovechar el hueco y clavarla al ángulo con unas pocas y precisas palabras (aunque no creo que esto esté entre sus objetivos más próximos).

Lo demás ya lo saben. Que fuimos con Miriam y Vicky y que la charla abarcó un temario amplio o, como titulara la revista La García una vieja nota con Los Redondos, fuimos "del universo al bife". En este cierre, los AP nos cuentan cómo sobreviven (o no) de la música; reivindican la movida de festivales autogestionados por sobre los megaesponsoreados; reconocen a nuevos valores de la escena; y profundizan en el porqué de su nombre.

NOTA: Santiago Segura y Miriam Maidana
FOTOS: Victoria Schwindt

[PRIMERA PARTE - SEGUNDA PARTE]


"SOS MÚSICO Y... ¿DE QUÉ TRABAJÁS?"

MM: ¿Ustedes pueden vivir de la música?
JPF: Tenemos siete u ocho cosas que están incluidas en la palabra “música” (risas). Cada uno arma el puchero con un montón de cosas distintas. Yo, ponele, hago desde gráfica, hasta música para obras de teatro o películas.

SS: ¿Gráfica en qué, hacés diseños de discos y demás?
JPF: Sí, claro, soy diseñador gráfico. Y bueno, paro la olla haciendo muchas cosas... Como le pasa a la mayoría de la gente, en todo el mundo, salvo a los europeos.

MM: A los psicoanalistas nos pasa lo mismo. Igual es ridículo pensar que vas a vivir de una sola cosa.

SS ¡No debería ser tan ridículo! (Risas).
FG: Estaría buenísimo, para estar con la cabeza sólo en eso. Me gustaría vivir sólo de la música. Hace siete años que hago cualquier cosa: vendo rodillos, trabajaba en pruebas de coches, me contratabas para estar parado en la esquina y me quedaba parado en la esquina... (Risas). Pero porque musicalmente había meses donde no ganaba un mango. Hace cuatro años que estoy con cuatro o cinco bandas, algunas que son eventuales y otras más fijas, pero hay meses donde igual no llegás y entonces terminás haciendo cualquier otra cosa; aunque siempre esté pensando en música.

MM: ¿Pero no estás dando clases?
FG: Sí, tengo algunos alumnos, pero pocos...

SS: ¿Y ahora qué de todo eso hacés, aparte de la música?
FG: Lo de los rodillos. Salgo a vender rodillos y pinceles, hace siete años que lo hago, lo sigo haciendo porque… ponele, este mes estoy al horno (risas).

JPF: No musicalmente, económicamente (más risas).

FG: Tengo un par de alumnos y nada más.

LE: Y los alumnos van y vienen. Yo medio que me armo entre Acorazado, Valle y Motorama más los laburos que hago de drum-doctor, en estudios de grabación y eso. Y después tengo algunos alumnos. La otra vez estaba yendo a tomarme el bondi y me crucé con el verdulero, y me pregunta: “¿vas a laburar? ¿De qué laburás vos, Luciano?”. “¡Toco la batería!”. “¿Y ganás plata con eso?” (Risas). Entonces yo le digo: “¿qué es ganar plata, recuperar la plata que gastaste el mes pasado, o juntar para el mes que viene?”. Es un poco eso, saco de un lado y pongo en el otro, voy tapando huecos. Pero no hago otra cosa por fuera, todo está relacionado a la batería y a la música.

JPF: A mí el verdulero me dijo que nos había visto en Encuentro (risas).


LOS FESTIVALES, LAS BANDAS NUEVAS

SS: ¿Y con la Ley de la Música se activó algo ya?
LE: Todavía no, no hay nada claro.

FG: Eso de que no te tienen que cobrar el sonido, por ejemplo, todavía no cambió. O que tiene que haber un cachet fijo.

JPF: Igual a nosotros la experiencia nos juega a favor, ya sabemos por dónde movernos. Pero sigue estando el tipo que te hace vender entradas, sigue estando el que te cobra la cerveza...

LE: Y también pasa que sigue estando la banda dispuesta a pagar para tocar antes de una banda que viene de afuera. O incluso para tocar con bandas de acá. Y eso es lo que determina que se siga sosteniendo esa porquería de hacerle vender entradas a la banda, que pasa desde que yo era muy chico. Yo siempre me dije que nunca en mi vida iba a hacerlo. Igual, hay algo así como movidas paralelas, que no se cruzan. Hay un circuito de bandas que tocan en ciertos lugares, que capaz arman un festival de cinco grupos y no se prestan las cosas entre sí, y en la puerta tenés que decir a qué banda vas a ver... ¡Y se piensan que tocar es eso!

JPF: Y después hay otra cosa linda que está pasando en el ambientillo nuestro, y es que empiezan a animarse a hacer producciones más ambiciosas los productores de por ejemplo el Festipulenta, el FestiZAS, el Music is my Girlfriend, el mismo FestiPez que hacen los chicos... La gente y el músico no tiene miedo de animarse a ir a un escenario más grande; los músicos y los productores tienen ganas y entonces venís tocando en un lugar chico y de repente se alquila el Matienzo y se pone hasta los huevos porque todo el mundo quiere ir creciendo de escenario y de público, y de ahí se va al Konex y de ahí adonde sea.

FG: Hay gente que se está animando, y es lo que te da Internet de no depender de un gran medio o de una radio. Antes el festival era de tal persona y nada más. No por nada se creó el FestiPez, y lo que generaron es algo buenísimo, demostraron que se puede hacer.

JPF: En el FestiPez o en el Festipulenta cobramos todas las bandas lo mismo, tocamos todas las bandas la misma cantidad de tiempo, todos con el mismo sonido.

FG: Y no te cobran una fortuna, no te rompen el culo para que estés todo el día viendo el cartel de Pepsi ahí (risas). Esa política de festivales que te cobran una entrada de 600 pesos y vos tenés que comprarles el agua y el pancho a ellos, te tratan como el orto y no te dejan entrar comida. La gente paga para que la forreen. O largan una preventa del Lollapalooza y te rumorean artistas para que se vendan las entradas: “viene Jack White”.

LE: Claro, lo que pasa es que te conviene comprar las entradas ahora, ¡porque el año que viene van a estar una luca! (Risas).

MM: Volviendo a lo que decían de los lugares de acá, El Matienzo, por ejemplo, es un lugar que tiene su público más allá de los shows. Está el que va a los shows y también el que va a comer algo porque es un lugar encantador. Se abrió todo otro circuito, aunque Macri se la pase cerrando lugares...
JPF: Y en el Matienzo no hay patovicas en la puerta.

SS: Son pibes como nosotros los de la puerta.
JPF: Claro, es otra lógica también. Después hay algunas cosas que pasan que son rarísimas, por ejemplo: hacés una guitarreada en tu casa y te meten una denuncia, en vez de tirarte un huevo como hacían antes. Antes te puteabas con los tipos, te cagaban a huevazos, les decías “bueno, ya va…” (Risas). ¡Ahora tenés que tener una habilitación para hacer una guitarreada en tu casa!

MM: ¡Y si guitarreás no podés bailar, es increíble! 
JPF: Igual yo nunca hice temas para bailar (risas).

FG: ¡Tiene que ser "Clase B" tu casa! (más risas).

LE: Eso pasó, me acuerdo de alguna vez en el Podestá que empezaron a decir “por favor, no se paren a bailar”.

SS: Increíble. Mencionaron varios festivales, y ahí ustedes comparten fecha con bandas más jovenes. ¿Cuáles les gustan?
LE: Compartimos en los festivales con bandas a las que les llevamos 10 o 15 años, sí. Me gustan Riel, Atrás Hay Truenos, los chicos de Córdoba del [Un día perfecto para el] Pez Banana... No sé, hay un montón.

JPF: Los chicos de Marvin, que ensayan acá, Tulús, Crema del Cielo, Norma (aunque son un poco más grandes). Los más chiquilines de ahí son los Tulús.

FG: Y Las Diferencias...

JPF: Sí, Las Diferencias me encanta. También Sur Oculto, que son más grandes pero son buenísimos.


NAVEGANDO EN EL "ACORAZADO"

MM: En relación al nombre de la banda les quería preguntar algo [nota: alerta spoiler de una película que tiene 90 años]. El otro día recordé aquello de los marineros cuando se rebelan en El Acorazado Potemkin por el tema de los malos tratos, y entregan la comida en mal estado. Pensaba que ustedes de alguna manera toman ese nombre marcados por esto, por cierta rebelión de la que venimos hablando, cierto movimiento de abajo. Que no tiene que darse necesariamente abajo, tampoco pretenden liberar a las masas. No sé si queda claro...
FG: Yo te puedo decir cómo lo tomé yo siempre. A mí la película me marcó, todo ese cine que iba a ver a la Lugones y al Cosmos, que era Bergman, Tarkovsky y Eisenstein. Me las vi todas. Me costaba la palabra "acorazado" por la parte militar, pero en la película y lo que me transmite hoy por hoy la banda es ése... Sueño de libertad, ¿no? El sueño sigue todavía, mi chiste interno era ése: el sueño sigue.

JPF: No era algo ingenuo, seguro.

FG: No por algo grandilocuente, sí por los derechos de cada uno. De preguntarse por qué aquél tiene más derechos que yo, ¿porque tiene plata? ¿Porque es policía, porque es juez, porque puede pagarlos?

JPF: A mí lo que me fascina -y que fue lo lindo de recrear- es cierto espíritu adolescente del que hablamos. Una de las cosas que más me gusta de la película es esa chispa que enciende algo, cómo funciona ese entusiasmo, ese impulso de cuando uno es más chico. Entonces uno está intentando recrear ese impulso de cuando es más pibe y, obviamente, son unos anteojos para mirar, es una forma de pararse, no es ingenuo, no es inocente, es rojo, hay un montón de cosas que le podés encontrar. Pero desde una cosa muy personal, a nuestra escala, me parece que tiene que ver con que uno hace rock para compartir eso. Esa rebelión, esa actitud, ese ideal de libertad. O buscar una sensación de libertad, aunque nunca te sientas libre del todo: siempre compartida, siempre nosotros, siempre colectiva.

LE: Un poco ese espíritu del Do It Yourself del punk rock, también.

FG: Un día tuvimos la suerte de hacer un show en Mendoza tocando sobre la película, con la película de fondo. Se proyectaba El Acorazado..., y nosotros estábamos tocando abajo. Se juntó mucha gente, era la primera vez que tocábamos en Mendoza y aparte estaba toda la gente así (mira para arriba).

JPF: Hay por ahí una foto hermosa de eso.

FG: Aparte fue en un cine de la década del ’40, ponele, y se juntaron como 300 personas. Le decíamos a la gente de la organización “no vemos un carajo” (risas) porque teníamos tres veladores nomás.

JPF: “Y bueno, sino no se ve la película”, nos decían (más risas).

FG: Trabajábamos con la luz de la película. Y en un momento, creo que fue justo en la escena de la escalera, estábamos tocando Puma Thurman... Ahí fue un flash.

JPF: Aparte mirabas a la gente y estaban todos así (mira para arriba como Federico), no nos daban ni cinco de bola.

SS: Estaría bueno que lo hicieran de nuevo.
JPF: Nos gustaría, estaría buenísimo. Sé que hay una versión musicalizada por los Pet Shop Boys, también. Se han hecho muchas cosas. A mí siempre me gustó que el grupo tuviera el nombre de algo, que la banda tenga algo que nos englobe y nos supere y nos trascienda a los tres. Que hablemos de eso como si fuera otra cosa y no la suma de nosotros. “Toca Acorazado”, me gustaba eso. Y después todas las cosas que te puede traer, no sé... yo la vi en el Centro de Estudiantes del colegio. Pero para mí en particular reencontrarme con la guitarra y con una forma de componer, hacer un trío... fue muy importante. Había muchas cosas que tenían que ver con eso, con lo que creíamos que eran ideales del rock. Después uno va creciendo y se da cuenta de que ni el rock ni ningún movimiento tienen sus propias formas y nada está ajeno a lo que pasa alrededor y a la gente que lo compone. No es que el rock es una cosa y el tango otra cosa, está lleno de cruces por todos lados.

FG: El rock venía bastardeado de todas las cosas que pasaron en los ’90, hubo un momento que no pasaba nada, de una sequedad de ideas... Y creo que después de lo que pasó en el 2001 con De la Rúa y todo el problema que tuvimos, de vuelta volvió la llama vieja. Y las nuevas generaciones también, claro. Porque nosotros, siendo gente mayor, trabajamos con el impulso de los pibes.


*Acorazado Potemkin continúa presentando Remolino. El viernes 31 de octubre tocarán junto a Las Diferencias en Pura Vida (Diagonal 78 y 61, La Plata). Entradas en puerta: $40. Show después de medianoche.
En tanto, el domingo 9 de noviembre se presentarán en La Usina del Arte (Cafarena 1 esq. Pedro de Mendoza, La Boca; horario tentativo: 17 hs.); y el miércoles 12 abrirán la V Muestra de Cine Independiente de Rio Cuarto, Córdoba, en el C.C. Leonardo Favio. Ambos shows con entrada libre y gratuita.