martes, 22 de julio de 2014

La remera de los marcianos


Tengo muchas remeras rockeras con las que me encariñé. Muchas que uso hace años, y otras que tuve y fui desechando (por ser de grupos que ahora no me gustan, más que nada: todas me quedarían si las tuviera, a lo sumo un poco más chicas, como para usar de entrecasa).

Si tengo que elegir una y sólo una me quedo con la que tiene la foto de portada de Marquee moon, de Television. Además de ser uno de mis discos favoritos -sino el más-, esa imagen tomada por Robert Mapplethorpe siempre me pareció hipnótica: no son cuatro seres humanos que hacen rock, sino que parecen extraterrestres congelados en un instante de máxima concentración. De Tom Verlaine siempre lo pensé -por su voz, por su manera de tocar la guitarra y por sus letras- pero los demás podrían haber sido tipos comunes si no fuera por esa foto. Para la remera que mandé hacer -es difícil conseguir remeras de Television, no son ni los Ramones ni los Stones- invertí los colores de la tapa: la remera blanca, las letras negras y la foto en el medio.

Elijo esta prenda porque ese disco de TV es un clásico algo oculto y todo aquel que lo conoce me lo hace saber cuando llevo la camiseta puesta: me pasó después de tocar en un bar, que el tipo de la barra agitara su puño desde lejos, mirándome, en señal de aprobación. Creí que le había gustado la música… pero cuando me acerqué descubrí que su alegría era por esa foto. Me contó que tenía el disco en vinilo y CD, y que también era uno de sus favoritos. Otro saludo de este tipo sucedió en un show de… ¡Onda Vaga! (probablemente el último show en el que imaginaría encontrar no un fan, siquiera un conocedor de la obra de Verlaine y Cía.). El flaco en cuestión fue casi tan entusiasta como el de la barra del bar y equiparó a Marquee moon con el debut de Velvet Underground, la vaca sagrada del rock alternativo.

Después hubo otros tantos saludos, cerveza ofrecida en cantidades en un show de los New York Dolls, cortesía de tres pibes emocionados que me daban toda la birra que tenían al grito de “¡Aguante Verláin!”, y pulgares para arriba por la calle (contados, no llegan a los dedos de las manos, ojo). Pero lo más gracioso sucedió cuando entrevisté a Walas para La música es del aire. Debo confesarlo: llevé la remera sabiendo que era probable que me dijera algo al respecto. En realidad, deseaba que lo hiciera. La nota se hizo en la previa de un show de Massacre en San Miguel, adentro de la camioneta de la banda, totalmente a oscuras. No bien me vio, Walas miró la remera y lanzó una de esos preguntas entre bizarras y lúcidas que suele tirar en los shows: “Ese disco… ¿es genial o es una mierda?”. Sonreí por dentro, había funcionado. Por supuesto, Walas me contó que tenía el disco, que le gustaba pero a la vez le parecía negativo que no tuviera hits comparado con otros álbumes de grupos de la época (creo que mencionó a Blondie y Ramones entre ellos; lo “negativo” lo interpreté así yo, creo).  Nuestros primeros minutos de charla a oscuras fueron sobre Marquee moon, y al final del debate me preguntó “¿pero a vos te gusta el disco?” y, claro, le respondí que era mi disco favorito.

En fin. A veces las remeras pueden funcionar como un código que entienden pocos, y en este caso esa foto genial estampada en una remera blanca me trajo varias anécdotas graciosas. Creo que se merecía ser ella la destacada y, aunque menos, la sigo usando de vez en cuando. Una cerveza no se le niega a nadie…

[Publicado en Arte Zeta el 4 de abril de este año, invitado a la sección Remeras rockeras.]

lunes, 14 de julio de 2014

LMEDA Mundial: Epílogo


[Post en dúplex con La Otra]

“Cuando se pierde por poco no se revisan los proyectos”.

Leí esta frase de Marcelo Bielsa en un foro racinguista que suelo visitar (sí, esas páginas partidarias algo ridículas donde los hinchas se reúnen a chatear, comentar novedades de su club, celebrar cuando va bien y elaborar todo tipo de teorías conspirativas cuando va mal). La derrota argentina fue tan exigua que vale aplicar los supuestos dichos del sabio Bielsa, y digo supuestos porque busqué y no encontré en Google. Se encontró un equipo noble, sacrificado, humilde, peleador pero buenaleche que pudo jugarle de igual a igual a una selección como la germana, que horas atrás había aplastado a Brasil en la mayor demostración de fútbol, superioridad física y mental, y desinterés por los “códigos” de la pelota que haya visto en mi vida.

Parece que Argentina, a medida que encontró su equipo -o mejor, su estructura defensiva-, perdió arriba. Atacantes maltrechos (Agüero, Higuaín; Di María afuera), más otros que jugaron más atrás en el campo de lo que acostumbran (Lavezzi) y otros a los que les quedó grande la camiseta (Palacio). Y un Messi que fue de mayor a menor, aunque levantó respecto del partido con Holanda. Si AFA fuera seria, debería confirmarse la continuidad de Sabella, no sólo por romper con la barrera de los cuartos de final sino por cómo se logró (los atributos mencionados arriba, más una unión de grupo que acaba de quedar clara hace instantes, con Sabella ofreciéndole una botella de agua a Lavezzi en el encuentro del plantel argentino con Cristina). El año que viene hay una Copa América que no cura el dolor de una final perdida, pero es un título que también nos debemos hace años.

En verdad: por una AFA seria, lo primero que debiera renovarse es la cúpula dirigencial, con Julio Grondona y su familia completa a la cabeza (¡todos tienen cargos, su mafioso e ingrato hijo dirige las categorías juveniles que hasta hace no mucho dirigió José Pekerman!). Ése es el principal cambio que debemos hacer. Y parece el más improbable.


***

Había tres jugadores que quería ver con la Copa en la mano, por ellos deseaba una Argentina campeona: Messi, Mascherano y Romero. El primero, por ser un deportista increíble, maravilloso, deslumbrante; y por ser un enigma humano. El segundo, porque se erigió Jugador del Pueblo sin necesidad de los medios, sólo con su corazón, su sacrificio y su buen fútbol (estar siempre en el lugar indicado es propio de los elegidos). El tercero, porque tuvo un Mundial impecable y deseaba la coronación de un hombre de la cuna de Racing, un pibe que sigue visitando el club cada vez que viene al país, con guantes, botines y demás regalos para los chicos de las divisiones inferiores.

Messi: el enigma humano. Me apena mucho, me destroza el corazón Messi. Recibiendo un premio que es puro marketing y sabe que no merece, porque su Mundial fue bueno, pero no fue extraordinario.
Messi decidió no ser campeón del mundo, aunque muchos nunca lo hayan pensado. Messi podría haberse retirado tranquilo ya, con todos los honores y títulos posibles que da el mundo del fútbol. Pero no. ¿De qué estoy hablando?

Messi eligió. En 2010, su Barcelona en pleno (no recuerdo si 7 u 8 de los jugadores titulares del club catalán) representaba a la selección española en el Mundial de Sudáfrica. Él podría haber estado ahí, jugando con ellos, haciendo dos o tres goles, o más, y consagrándose para siempre: pero Messi eligió ser argentino (o sea, representar a su patria de nacimiento en un mundo del fútbol en que eso no importa tanto; sin ir más lejos: el vencedor de ayer, Alemania, cuenta en su plantilla con una cantidad considerable de jugadores nacionalizados, entre ellos el máximo goleador en la historia de los mundiales, el polaco Miroslav Klose). En 2004, supimos de él cuando se organizó un ridículo amistoso de la Selección Sub 20 para que Messi tuviera presencia nacional y no fuera tentado (ya lo estaba siendo) por los españoles. Allí supimos quién era, nomás.

Diez años después, sabríamos mucho más. De su juego, de su historia relampagueante en el fútbol, rompiendo todos los récords habidos y por haber, de su gesto imperturbable y sus goles insólitos, muchos de ellos parecidos a los de Diego Armando Maradona. Del entusiasmo argentino por tener otra vez al mejor (si armáramos una ridícula lista de los 10 mejores de la historia, tendríamos de seguro a tres argentinos en ella).

Y para Messi parece ser un karma. No lo expresa, le cuesta. De por sí, las siempre odiosas comparaciones esta vez olvidan algo muy importante: Messi nunca podrá ser Maradona, porque Maradona es carisma puro, lleva con una pasión desorbitante todo lo que hace, se manda cagadas, siendo el mejor muchas veces hizo lo peor, es tan argentino que asusta. Lio eligió, pero en ese sentido no tiene nada que ver: tímido, intachable públicamente, sin condiciones de caudillo (más allá de la cinta de capitán), correcto y hasta plausible de amores por parte de la FIFA, esa que a Maradona lo tilda de mufa y lo desacredita.

Quizá Messi sea parte de una burbuja tal que ni sabe dónde está, o lo sabe demasiado bien y no lo puede superar. Muchas veces leo (y yo mismo pienso) comentarios del tipo “qué lindo ser Messi, qué lindo hacer algo tan bien, tener a las mejores minas, saber que estás salvado, que te quieran en todo el mundo”. En algo nos parecemos, entonces: debe ser horrible ser Maradona, o ser Messi, ¡qué mierda va a ser lindo! Y se nota que Messi lo sufre, aunque nada diga. En algún punto me hace acordar a Bart Simpson en su personaje del Niño Yo No Fui, con todo lo que te rodea pidiendo que hagas tu gracia. Y ser el mejor durante diez años debe ser lo más difícil. No quiero más.


Por empezar, porque Messi en Argentina nunca jugó de lo mismo que juega en Barcelona. ¿Qué hacía Messi agarrando la pelota en la mitad de la cancha, si en Barcelona es quien termina las jugadas? ¿Puede ser el mejor alguien que sólo se dedica a terminar? Ahí nos pega el Sindrome Maradona, porque queremos a otro igual, que se cargue todo al hombro. Pero Messi es el mejor. Es el mejor porque los rivales le dedicaban a sus dos piernas, al menos seis piernas ajenas. Lo respetaron porque le temían, y distraídos por Messi se olvidaron de Di María (los suizos), de Enzo Pérez (los holandeses), y de Lavezzi (ayer, para qué lo sacaste, Pachorra...).

Otra pregunta: ¿puede ser el mejor alguien que camina la cancha con el equipo parado en defensa? Reconozco que es difícil de soportar y es doloroso verlo pero, o aquí falló un pedido técnico o de sus propios compañeros (que no creo que haya existido: pedirle a Messi que presione más); o quienes le piden eso nunca vieron que en Barcelona juega 60 partidos por año y jamás de los jamases lo hace. Él es el rey y él, nada más ni nada menos, tiene que estar para el toque final. Son cosas que ya están en su juego y si no cambiaron fue porque nadie las recriminó. Tomad o dejad.

¿Qué carajo pensara Messi? Ya es el goleador histórico de uno de los clubes más prestigiosos del mundo, ya logró todo lo que puede lograr un deportista en ese ámbito, el de clubes. Sólo le queda, “sólo”, la espina que ayer no se pudo sacar. Así y todo, está cerca y seguramente se convierta en el goleador histórico de la Selección. Pero ayer no hizo el suyo. ¿Cómo explico que el único tipo que definió bien su mano a mano con Neuer fue Messi? ¿Qué por 10 centímetros, hoy, muchos periodistas, sabihondos de ocasión, y el común de la gente en las redes sociales, se está burlando de él y lo está criticando cuando, por esos diez míseros centímetros, podría estar amándolo y diciendo “es nuestro”? Porque el único de los delanteros argentinos que tuvo la frialdad de apuntar y no tirar a la marchanta fue él. Pero parece que el destino dice no, que él no puede o no quiere (harto de ser siempre el que hace la gracia, como El Niño Yo No Fui), que hay algo que no cierra. Y es muy doloroso: los mismos que cantan tu nombre con fervor y que te toman como bandera, se limpian el culo con esa misma bandera cuando el árbitro pita el final.

Por 10 centímetros.


domingo, 13 de julio de 2014

LMEDA Mundial: Un cumple, El Diego y el Regalo


Por Cristian Bonomo director de Orphenica Lyra, músico de La Nube Mágica y columnista de La Otra.-Radio.

Cada cuatro años, un nuevo Mundial trae el recuerdo intacto de una tarde inolvidable.
22 de junio de 1986.
Imaginen a un chico cumpliendo quince años, con el fútbol a pleno, viviendo un Mundial con un Maradona a pleno.
Luego del almuerzo en familia llegó la torta, y con ella, la ceremonia de los deseos; adolescentemente mis tres deseos fueron:
Ganarle a los ingleses, no recuerdo, no recuerdo.

¿A cuántas personas se les cumple un deseo instantáneamente?
Primero, el gol de la picardía, o de la trampa, o de la impotencia.
Luego, el gol de la magia, y del tiempo y también, de la impotencia.
La memoria de aquel día es el regalo más preciado que he recibido en un cumpleaños.
Cada junio me repito contando una historia que me invade en un sueño recurrente, donde un colectivo, un túnel en Castelar que al salir desemboca en un campo de juego, o cualquier otro escenario me sorprende encontrándome con el Diego, pidiéndole con emoción y ansiedad que me escuche unos minutos para poder contarle de mi alegría por ese regalo infinito.

Mi recuerdo más antiguo con Maradona viene de mi infancia, en un partido entre Huracán y Argentinos Juniors de finales de los setenta, cuando mi abuelo, un fanático que me llevaba a ver a Huracán (yo soy de River) se me acercó al oído y señalando con el dedo en un tiro de esquina me dijo: Ése, ése es Maradona.
Los mundiales siguen y siguen.
Hace pocos días, luego de enfrentar a Irán, intentaron tildar al Diego de mufa.
En ese partido, al descubrir su presencia en el estadio a través de las pantallas gigantes, la hinchada comenzó a cantar, Die gó, Die gó, luego siguió el Maradooooo, Maradooooo. Siempre me sumaré a esa música.
También, en estos días del Mundial de Brasil, escuché a Maradona decir: A mí me pegaron en todos lados menos en la memoria. También me sumaré a esa música.


[Nota del editor: conocí esta historia durante el transcurso del Mundial, el día de aniversario de estos famosos goles de Maradona. Creí que la anécdota debía ser compartida en un día especial... Y hoy llegamos a ese día. Que sea el mejor epílogo.]

sábado, 12 de julio de 2014

LMEDA Mundial: Una historia del llanto


Por Facundo Miño periodista y docente

Todo pareciera ser una cuestión de costumbres nomás. Nos acostumbramos a las decepciones, a los retornos a casa antes de lo esperado, a que nos bajen las expectativas de un hondazo. Vivimos en cada Mundial el ciclo de la ilusión al desencanto. Aquel pasado glorioso y épico de finales consecutivas es cada vez más pasado, algo ocurrido allá lejos y hace tiempo.

Hernán Casciari escribió hace tiempo Acordate de olvidarte, un texto en el que realiza una analogía entre los recuerdos que tiene una persona a lo largo de su vida y su correspondiente versión digital. Así, en su ingeniosa mirada los txt ocupan un espacio ínfimo, los jpg son más respetables y los avi demandan un gran espacio de la memoria.

Una aplicación arbitraria de esta metodología podría asegurar que entre 1930 y 1950 la mayoría de los archivos son txt, puro texto. Conocemos la historia del Maracanazo por lo que leímos y por los que nos contaron. Basta buscar en Google esos cuatro primeros mundiales para comprobar que las imágenes eran en blanco y negro, generalmente fotografías estáticas de las formaciones de los equipos. A partir de allí y hasta México ’70 dominan los jpg. Desde entonces muchos de los archivos son avi aun cuando no tengamos la voluntad antropológica de Gonzalo Bonadeo.

Los que andamos entre los 30 y los 35 años  ya habíamos nacido cuando Argentina ganó la copa en el ’86 aunque, en la mayoría de los casos, no contamos con recuerdos genuinos de aquella consagración: los que atesoramos provienen de repeticiones y documentales posteriores. Para Italia ’90 sí hay recuerdos propios aunque dotados de una cuota de ingenuidad. Cuando Codesal cobra el penal de Sensini y mis viejos se amargan yo aseguro que el superhéroe Goycochea lo va a atajar. ¿No había sucedido así antes? ¿Por qué razón tenía que cambiar ahora si nosotros éramos campeones del mundo y estábamos destinados a confirmar nuestro poder?


LÁGRIMAS AZULES

Maradona, máximo transgresor de toda esa etapa, insulta a los italianos cuando silban el himno. Leemos sus labios. El mismo que le niega el saludo a Havelange, el mismo que llora. Desconozco si alguien lo hizo antes del Diego; intuyo que hubo algún caso pero no lo recuerdo y me animo a pensar que casi nadie los recuerda. La historia del llanto en los mundiales de fútbol se divide en AD (antes de Diego) y DD. Mis viejos me compraron El Gráfico porque se las puse en carretilla para que lo hicieran: “Héroes igual”, Maradona con la  camiseta azul, la medalla colgada y los ojos hinchados.

Estábamos malacostumbrados y encima no lo sabíamos o no lo queríamos saber. Al Mundial siguiente entramos por la ventana tras el terrible baile que nos dio Colombia en el Monumental.  Nos sacó Rumania en un partido imposible que no merecimos perder pero... perdimos. Batistuta, sin camiseta ni tatuajes a la vista, llora agachado la eliminación, sin poder entender lo sucedido. Igual, la imagen más recordada es la de Diego de la mano de la mujer rubia que lo lleva al control antidoping donde le van a cortar las piernas. Un archivo jpg que también es avi pero ya no txt, todos lo vimos, también, en vivo y en directo.

Y así como estábamos acostumbrados a las instancias finales nos fuimos acostumbrando a quedarnos afuera en películas avi con diferentes actores pero el mismo final anticipado. El cabezazo de Ortega en el `98. La vuelta a casa en primera ronda en 2002 (pródiga en lágrimas de Batistuta, Crespo, Aimar y el Piojo López, todos otra vez de azul) en esos horarios imposibles con esos resultados imposibles. Los penales de 2006 y el llanto desconsolado de Cambiasso más las lágrimas de Lucho González, de Coloccini, de Maxi Rodriguez y del propio Mascherano. En 2010 ni hubo llanto. La hecatombe y la paliza nos dejaron en shock, tan paralizados que ni siquiera aparecieron las lágrimas.

A partir de Corea-Japón, se produjo un quiebre en el vínculo entre los jugadores y la hinchada. Para explicar esta distancia se dijo que ellos millonarios que no sentían la camiseta y la hinchada que exigía jugar con el corazón. Paralelamente, una generación de publicistas usufructuó hasta el hartazgo la épica futbolera en años mundialistas con Quilmes a la cabeza.  Los goles por Eliminatorias y las frustraciones desde el '90 como partes del clip. ¿Cuántas veces vimos el gol de Riquelme a Brasil en el Monumental? Apenas un poco menos que el de Messi cuando les metió tres en un amistoso más reciente.

Pasaron 24 años desde la última final, camadas enteras de jugadores y cracks que se quedaron con las ganas. Recuerdo cada escenario y cada compañero con los que vi las sucesivas eliminaciones. Del tele familiar pasé a la casa de amigos, de la casa de amigos a las pantallas en el laburo. Por el horario de esta edición dejé la pantalla laboral y volví a la TV en familia.


MI ÚNICO HÉROE

Para este Mundial llegué con ganas pero sin confianza. Uno ya no cree en los superhéroes, está curtido en desilusiones tras cinco frustraciones. Si encima es hincha de Instituto, un equipo especializado en despilfarrar ascensos, más curtido todavía. Esta vez parece distinto. Es distinto. El llanto ya lo vimos en pantalla pero todavía seguimos en carrera. ¿Alguien se animará a decir, todavía, que los Pumas sienten más la camiseta que Mascherano porque lloran al cantar el Himno?

Ese tipo que ya tiene dos frustraciones sobre el lomo no está tatuado ni tiene piercings como muchos de sus colegas. Casi no tiene pelo así que tampoco usa peinados distintivos. No le hace falta, todos lo identificamos.  Ese  tipo tiene una cara de caballo que se acentúa aún más cuando llora. Ese tipo, en un ambiente muy homofóbico como el fútbol, cuenta que en el cierre con Robben no se desgarró sino que se abrió el ano. Sólo es un jugador de fútbol pero en la cancha tiene actos heroicos. En él se resume buena parte de la historia del llanto futbolístico argentino en formato avi. Basta mirar sus lágrimas en los mundiales anteriores para notar la enorme diferencia.

viernes, 11 de julio de 2014

LMEDA Mundial: hoy, Manza Esaín

Vamos llegando al final del recorrido en La Música es del Aire Mundial. La casualidad quiso (aunque no me crean porque soy hincha de, fue casualidad) que nuestro mes y monedas mundialista abriera y cerrara con hinchas de Racing: Pol Neiman al comienzo, y Manza hoy. Quedan cosas por publicar, pero ya no serán entrevistas...

Mariano Manza Esaín es -siempre hay algún desprevenido- el productor estrella del rock underground. Y nos quedamos cortos: ha aportado su oído avezado a los más diversos y geniales discos del rock argentino de los últimos 15 años. Entre ellos los que hizo con sus propios proyectos, claro. A saber: Menos que Cero entre fines de los '90 y comienzos de los 2000, el hoy regresado trío que conforma con Flopa Lestani y Ariel Minimal; y Valle de Muñecas, grupo con el que ha publicado tres álbumes donde la canción rockera argentina llega a la cumbre melódica.

Además, Manza es un sufrido fanático de Racing y siente que la vida debe compensarlo por ello, le gustaría escuchar una canción suya cantada por la hinchada en el Cilindro... Y cree que hay cuatro países en el mundo donde el fútbol es cuestión de vida o muerte. Pero mejor sigan por aquí abajo:


RACING, LOS ÍDOLOS Y NICK HORNBY

¿Hincha de?
Hincha de Racing.

En una entrevista reciente dijiste que algunos de los mejores momentos de tu vida fueron en una cancha. ¿Cuándo empezaste a ir, de chico?
Fui por primera vez a los 9 o 10 años, y fui bastante intermitentemente. En el '99 o 2000, creo, me picó el bicho y me hice socio. Y desde entonces, voy de local siempre que puedo.

¿Qué momentos felices recordás más claramente? ¿Y qué momentos bochornosos? De esos que decís “para qué habré venido…”. Tenemos muchos (risas).
Y... hay de todo (risas). Momentos felices, obviamente el campeonato en cancha de Vélez, el golazo de Bedoya a River, la cancha llena en la Libertadores al año siguiente, ya con Ardiles dirigiendo y jugando un fútbol más acorde a mis gustos. Arruinarle el campeonato a Boca dos torneos seguidos, goleada incluida. Los (pocos) buenos momentos de Giovanni Moreno, que me hacían pensar que la belleza en el fútbol aun era posible.

¿Y de los otros?
De los otros: montones de derrotas impensadas, un partido con Estudiantes en el que me fui porque se pudrió todo en la tribuna (risas), y el silencio más grande que escuché en mi vida: la eliminación por penales de una Libertadores sin derrotas, a cancha llena sin público visitante casi, en el 2003.

¿Hiciste promesas por el fútbol alguna vez? ¿Tenés cábalas?
Creo que no. Bah… los días que juega Racing no uso nada rojo en mi vestimenta. Igual no funciona (risas).

¿Creés que tu música tiene algo de racinguista?
Jamás lo pensé. Lo que sí pensé es que por ser de Racing la vida tenía que compensarme por otro lado.

Quizá deba ser con la Selección... ¿Los mundiales los vivís con la misma intensidad o es distinto?
Es algo completamente distinto, hay mundiales (como éste) en los que no puedo dejar de ver todos los partidos. Sufrir, sufro sólo con la Selección, pero ni se acerca a lo que vivo con Racing.

¿Admirás más a tus ídolos deportivos o a los musicales?
Admiro más a los músicos, desde ya. Siempre existe la fantasía de que un futbolista que te gusta escuche buena música y le puedas regalar un disco; o que un músico que te gusta sea hincha del mismo equipo que vos. Pero son sólo ideas ridículas (risas).

¿Tenés informantes cuando se te cruza la profesión con el fútbol? Ahora se juegan muchos partidos los viernes y sábados… ¿O preferís no enterarte?
Estoy con el teléfono a full, ¡incluso viéndolo por tele digital en el aparato!

Sé que sos fan de Nick Hornby y de su libro Fiebre en las gradas, donde cuenta sus peripecias en la cancha, como hincha del Arsenal. ¿Creés que el fútbol se vive igual en todos lados?
Gran libro de Nick Hornby, con muchos momentos en los que te identificás (y a veces te sentís un idiota también). Creo que no es igual en todos lados: Argentina, Inglaterra, Brasil e Italia son los únicos países en donde el fútbol es cosa de vida o muerte. No sé si está bien, de hecho creo que no. ¡Pero es así y no lo podemos evitar! (Risas).


EL FÚTBOL Y LOS MÚSICOS

¿Te gustaría que alguna de tus canciones fuera reformulada como himno de cancha?
¿A quién no? Ya el hecho de escuchar en la cancha la canción de alguien que conozco personalmente me mueve.

¿De quién hablás, de Manuel Moretti y Ella dijo?
Y, ese es el ejemplo más cercano. El otro es el tema de Turf, pero no recuerdo que lo haya cantado mi hinchada [nota del editor: ¡sí, lo cantamos!]. Escuchar una mía sería tremendo. Pero ni en pedo compondría pensando en eso. Igual no sé qué pasa cuando la canta otro equipo que no es el tuyo...

¿Y cómo es la dinámica futbolera en Valle de Muñecas? ¿Los demás le dan pelota al fútbol?
Somos tres hinchas de Racing, Fernando [Blanco, el guitarrista], Lulo [el hermano de Manza y baterista del grupo, Luciano Esaín] y yo, pero soy el único al que le interesa el fútbol. Lulo nunca fue muy futbolero; suelo ir a la cancha con Pato, mi otro hermano. Y Mariano [López Gringauz, el bajista] es de River, pero no ejerce demasiado.

Tengo una impresión que vos me podés confirmar por trabajar con mucha gente: un porcentaje importante de músicos no le da bola al fútbol, ¿puede ser?
Diría que es cincuenta y cincuenta.

¿Ejemplos de ambos lados?
No sé, ¡en todas las bandas hay fanáticos! Minimal, los Cosmo, el Mosca, Chivas de normA, los Crema del Cielo, Santi de El Mató, Tom de Bestia Bebé. Al revés no sé, obvio que hay mucha gente a la cual no le interesa, pero también puede ser que no hablen de la cuestión. Yo hace mil años que toco, ¡y mucha gente se enteró de que me gusta el fútbol por una nota que hice este año! (Risas finales).


*Flopa Manza Minimal sigue presentándose todos los miércoles de julio (16, 23 y 30) en Ultra (San Martín 678, Capital Federal). Entradas anticipadas a $100 en Anthology Discos (Galería Bond Street, Av. Santa Fe 1670, Local 7) y en Oíd Mortales (Av. Corrientes 1145, Local 17).
En tanto, Valle de Muñecas se estará presentando en el Festival Encandila el sábado 26 de julio, junto a El Perrodiablo, Los Sub y Las Armas Bs. As. La cita será en Zaguán Sur (Moreno 2320, Capital Federal) a las 21 horas. Entrada: $50.

[Fotos de Manza por Victoria Schwindt.]

jueves, 10 de julio de 2014

LMEDA Mundial: Martín Farina, un Fulboy

Continuamos con La Música es del Aire Mundial... Exultantes, eufóricos, contentos de haber llegado al último día con la Selección Argentina ahí, en partido. Gracias de verdad, muchachos. (Además, mantuvieron esta sección viva hasta el último segundo: por eso también, ¡gracias!).


La nota que les presento es especial, porque el protagonista está muy metido en el mundo del fútbol. Martín Farina es director de cine y músico. Lo conocí en el programa La Otra.-Radio (como a Oscar Cuervo y Maxi Diomedi), al cual fui invitado muchas veces a lo largo de este año. Los últimos encuentros fueron para hablar exclusivamente de fútbol y Martín en esto tiene historia, ya que fue futbolista (aunque no llegó a debutar en Primera División) y este año presentó un film dedicado al mundo de la pelota: la enorme Fulboy, donde muestra con ojo clínico los momentos de mayor privacidad de los jugadores. Las concentraciones, los tiempos de ocio, el vestuario, la desnudez (literal y no), el sufrimiento, el lujo, los premios, los perfumes... Todo está ahí, entre sugerido y descarnado, entre lo introspectivo y lo superficial, llevado con gracia por la cámara de Martín, que volvió gracias a Fulboy a un mundo que conoce, reconoce y extraña. Con el que aún hoy sueña (también, literalmente).

De todo esto hablamos aquí abajo. Lean la nota y, cuando puedan, vean esta gran película. Yo sé lo que les digo:


DEL ROJO... Y DE DONDE JUEGUE TOMÁS

¿Hincha de?
Soy de Independiente. 

¿Cuán fanático?
Durante muchos años, infancia y adolescencia, fui a la cancha con mi papá y hermanos. Era el momento de encuentro familiar más importante, y creo que como a casi todos los aficionados, la simpatía futbolística funciona como una filiación que se entrecruza con procesos de identificación e identidad afectiva. Con el tiempo fui perdiendo esa conexión profunda, y me quedó el deseo de que Independiente gane, y fundamentalmente que le gane a Racing. Cuando mi hermano Tomás empezó a jugar profesionalmente me sentía atraído a ver cómo funcionaban sus equipos.

Y empezaste a hinchar por los equipos de él.
Un poco como si yo mismo estuviera viviendo eso que nunca viví. Entonces miraba la tabla de posiciones, evaluaba el rendimiento de los jugadores (y los técnicos) como desde adentro. Algo que yo no pude hacer, porque no llegué a jugar profesionalmente. Siempre me gustó mucho saber que pasaba en sus planteles. Las relaciones entre los jugadores, los vínculos con el cuerpo técnico, los hinchas y especialmente la relación económica con los dirigentes. También me interesaba ver cómo se movía por dentro el mercado de jugadores una vez finalizado los campeonatos. Esto pasó siempre en equipos del interior y del ascenso.

Volviendo a Independiente, ¿cómo viviste el descenso?
Era algo que pensaba que no podía suceder, más todavía después del descenso de River. Me sorprendió, lo sufrí pero no llegué a angustiarme. También seguí el ascenso con un fuerte deseo de que ganen, aunque cada partido me hacía ver y entender la ineludible realidad institucional y futbolística del club. Independiente hace tiempo que juega horriblemente, y creo que su situación institucional es tanto peor.

¿Qué opinás de que haya sido elegido presidente Hugo Moyano, con su hijo Pablo, Noray Nakis y Cristian Ritondo en la comisión?
Siento un poco de vergüenza por esta comisión directiva. Creo que porque me identifico política e ideológicamente con el kirchnerismo, y veo en esta junta una manifestación de la barbarie y la negación. Como una suerte de resurgimiento del espíritu noventista, que la gente sabe que no debe ser, pero que acompaña ciegamente y en silencio. Niegan la realidad por plata. Veo a Edipo. Un suicidio.

-Jugaste al fútbol, aunque no llegaste a debutar en Primera. ¿En qué puesto jugabas? ¿Por qué decidiste dejar?
Jugué en Ferrocarril Oeste, desde el '95 hasta el 2001.Era volante carrilero por izquierda, de los que corren mucho, con ida y vuelta, y también hacía goles. Jugaba bien. Cuando se fue haciendo el embudo de la cuarta división empecé a ser menos tenido en cuenta, y paralelamente había empezado la universidad que poco a poco despertaba un gran interés en mi. Por otro lado, un representante me hizo tomar una mala decisión, me fui de Ferro, y mi destino sería buscar suerte por el interior del país, lo que suponía comenzar el peregrinaje del futbolista asalariado.

¿Extrañás algo de ese mundo? ¿Tuviste compañeros que llegaron lejos?
Mis compañeros más conocidos fueron Fernando Sanjurjo, Luis Pupi Salmerón, Eugenio Klein, y también jugué durante un tiempo con Maxi Velázquez, de quien aprendí mucho. Lo que más extraño (todavía con sueños recurrentes) es lo que no tuve: jugar profesionalmente, ante la gente. Toda una vida de entrenamientos, para abandonar en el umbral del comienzo de la carrera profesional.


FULBOY: HOMBRES TRABAJANDO

El año pasado estrenaste Fulboy, tu primera película, un documental que muestra a los jugadores en situaciones que no solemos ver: la intimidad del vestuario y las concentraciones. ¿Qué situación de todas las vividas te resultó más sorprendente? 
Me sorprendió su consciencia de sí. Yo no conocía el vestuario de un plantel profesional, de un club importante. Son personas tímidas, sensibles con una autoestima muy fuerte. Entienden perfectamente el juego de los medios, los códigos y la vorágine del hincha. Creo que viven una vida envidiable desde lo emocional. No imagino otro trabajo tan apasionante con tanta demanda afectiva por tanta gente en tan poco tiempo, y con tanta frecuencia. Incertidumbre, dramatismo, épica, gloria, fervor. ¡Ahh! Tremendo el fútbol (risas). Por supuesto que además deben lidiar con la rutina, la cotidianidad, y todos los problemas de la vida misma. La guita, los garcas, la infidelidad, el fracaso, etc.

¿Cambió algo en los vestuarios desde que vos jugabas a hoy, o en ese sentido el fútbol es conservador?
El fútbol es conservador, en tanto es un gran negocio. Tiene sus formas, y códigos secretos. Yo jugaba al fútbol en donde el DT es una hegemonía. El amateurismo. En el fútbol profesional, el éxito de un grupo depende de cuán importantes y seguros se sientan los jugadores. En este sentido, me sorprendió la forma en que eso se lleva a cabo. Los hilos que se entretejen. Los liderazgos ocultos. La forma en que se conversa en las habitaciones del hotel. Los grupos, las amistades. El poder y la supervivencia. Las llamadas por celulares entretejiendo el futuro. Las informaciones cruzadas. Las opiniones. El equilibrio allí es muy delicado. Pende de un hilo todo el tiempo. Creo que supe leer muy bien esa jugada; lo hice con mucho afecto, y de ese modo accedí a la intimidad con la conducción de mi sentido cinematográfico.

¿La película te ayudó a comprender por qué dejaste de jugar o ya lo tenías muy en claro?
La película me devolvió un lugar dentro del fútbol. O al menos eso es lo que quiero creer (risas). Un lugar privilegiado. Que me gusta. Mi pequeño triunfo que nunca tuve como jugador. Yo todavía sueño que juego al fútbol. Entregué mi vida durante mucho tiempo a la ilusión de ser jugador de fútbol. Y de ese fracaso no es fácil reubicarse. Tardé bastante en reconocer que fue un fracaso. Fui a la facultad, hice 4 carreras. Soy profesor de inglés, periodista, Licenciado en comunicación, músico y estudiante de filosofía. Pero no me alcanzaba. Qué sé yo… Con el cine encontré algo de aquello.

Mostrás un costado de los jugadores casi tierno, una humanidad despojada y a la vez superficial; y se nota cierto sentimiento de tribu en los futbolistas. ¿Cuánto hay de cierto entre lo que se ve y lo que es? (Teniendo en cuenta que lo viviste en carne propia, jugando, y luego filmando).
Pienso que la película tiene muchas coincidencias con la verdad de lo que intenta hablar. La cosa es bastante así como se ve. De todas formas, traté de utilizar procedimientos cinematográficos que pongan en juego aquello que intento mostrar. Digo, que lo pongan en juego en su verdad. Creo que hablo del consumo todo el tiempo. La tribu es el código. Los grupos cambian cada pocos meses. Lo fundamental es establecer un liderazgo positivo e indubitable. Que sea genuino. Lo superficial es el acto de consumo. El tiempo libre es tiempo de consumo. El fútbol es un acto de consumo, porque tiene el espíritu de la juventud: diversión y dinero. Los futbolistas deben despejar la cancha para estar concentrados. El futbolista es futbolista todo el día. Y hoy está de moda. Su cuerpo, su pelo y su cultura marca tendencia, combina gueto con alta costura. Gucci y Fuerte Apache tienen algo en común allí dentro. De eso se trata el fútbol que miramos por televisión.

¿Cómo estás llevando el Mundial?
Atentamente. Aunque con cierto grado de espíritu historicista que se interpone en la incertidumbre del momento. De pronto, no sé si me gusta más la Argentina desequilibrada de la primera fase, o el devenido orden que la puso en la final hace apenas unos minutos. A propósito, me recomendaron incluir escenas del Mundial en la película. Futbolistas de Fulboy mirando el Mundial. Es algo que puede hacer que tenga mayor visibilidad en el extranjero. Y pienso que eso es el fútbol.
Disfruté mirando muchos partidos, y me emociona lo que pasa con un Mundial de fútbol. Creo que éste ha sido uno muy bueno. Con grandes demostraciones de destreza y despliegue técnico. Buenos partidos. Mucha evolución en el juego. Mucha inteligencia. Muchos tatuajes. Cuerpos perfectos. Creo que el Mundial de fútbol abre un espacio entre la gente, que nada más puede abrir. Como un portal hacia el inconsciente de la época. La sublimación del espíritu de la guerra, escuché ayer. Qué sé yo. Quizás sean las páginas más recordadas del imaginario colectivo mundial.

¿Dónde miraste los partidos? ¿Y con qué mirada?
No tengo televisión. Vi todos los partidos. Los he visto por Internet, en una estación de servicio (la mayoría), en bares, y con amigos. Creo que el Mundial de fútbol es la historia de todos. Ayer también vi una foto de un grupo de jugadores brasileros mientras les hacían masajes en un hotel, y parecía un fotograma de Fulboy. Lo cierto es que ese fotograma era mudo. Ausente. No había ningún deseo de ser allí. Una mera muestra de la rusticidad del periodismo que supo en este caso, aunque sea por un pequeño instante, ver lo prohibido. Creo que Fulboy es voluntad y deseo de ser. Me siento parte de la historia. Quién me quita esa ilusión.

martes, 8 de julio de 2014

LMEDA Mundial: hoy, Julia González

Se acerca el fin del juego y ya tenemos al primer finalista de Brasil 2014: el sanguinario, prepotente y perfecto equipo de Alemania. Cruzamos los dedos para que el otro equipo sea Argentina, por supuesto (y que nos vaya mejor que a los brasucas). Mientras tanto, Julia González se encarga de contarnos su vida futbolera en La Música es del Aire Mundial

Periodista y poeta, acostumbramos leer a Julia en Página/12 y además, la dama hace lo suyo en radio (conduce Rock & Text en La Rocker), dicta un Taller de literatura y rock en el C.C. Matienzo y da clases de periodismo gráfico en el ISEC. En 2010 publicó su primer libro de poemas, Full of love.

Entre todos esos trabajos, oficios y pasiones, Julia se hizo un tiempo para contarnos que es de River pero cree que el descenso le hizo bien al club, que lo que más le gusta del fútbol son las reuniones familiares para ver los partidos y que, aunque no le gustan mucho los mundiales, terminó enganchándose con éste:


FÚTBOL, PASIÓN Y POESÍA

¿Hincha de?
Soy de River.

¿Por herencia o por elección? No suele haber mucho de elección en esto…
Soy de River por herencia. Mi padre nos puso camisetitas con la franja roja y nos enseñó canciones que hoy no recuerdo. Dijo que los rivales eran los bosteros y cuando me enteré que bosteros venía de la bosta no me gustó, aunque sea un chascarrillo cultural. No me dan gracia muchas cosas culturales que se transmiten de generación en generación.

¿Cuán futbolera sos? ¿Vas a la cancha, seguís a River por TV o te enterás cómo salió y punto?
No voy a la cancha porque no soy socia ni me interesa serlo, pero veo los partidos los domingos. Es un ritual que me gusta; nos quedamos en casa con Martín, mi marido. Yo miro y aprendo. A veces mientras miro el partido hago otra cosa, como escribir o trabajar.

¿Cómo viviste el descenso?
El descenso de River lo viví con mucha pena porque veía personas, hinchas, que realmente sufrían, más allá del manejo interno y la corrupción del club. Pero creo que fue justo, no me importó el descenso. No me importa el orgullo. River no daba pie con bola y todos los juegos tienen sus reglamentos. El que pierde sistemáticamente, desciende, se va a la B. Por más que los hinchas no entiendan mi postura, estamos dentro de un sistema con reglas, y todos los días las seguimos. Un juego, un deporte, es como vivir. Si jugás mal, te va a ir mal.

¿Creés que le hizo bien a River como institución tocar fondo?
Creo que a River le hizo bien descender y ser el blanco de las burlas. La soberbia es una actitud que se paga caro. Aprender de los errores es la mejor enseñanza. Y ésta parece una frase de Osho pero no me importa: las crisis o las desilusiones sirven para crecer. Y River este año creció. Por más que los fanáticos insistan en decir Riber. Chascarrillo cultural.

¿Te interesan los mundiales?
No me interesan los mundiales. Nunca les presté atención ni miré los partidos. No me importan. Me dio rabia lo que hicieron en Brasil para que el torneo se llevara a cabo, hicieron cosas incongruentes. Pero me pregunto si acaso yo esperaba otra cosa. Pecaría de naif al creer que se iba a proceder de otra manera, si la raza humana y su zanahoria llamada capitalismo es lo que importa. El cambio está en cada uno. No pretendo nada santo ni nada humano de las autoridades mundiales del deporte que más recauda.

¿Comprendés tanto fanatismo o te molesta el fútbol las 24 horas todos los días? ¿Cómo te llevás con todo lo que genera un evento de estas características (invasión publicitaria, “patriotismo” entre comillas, etc.)?
No le doy bola a las publicidades ni al fanatismo. Sé que éste es un país futbolero y entiendo el monstruo que se genera. Todo el país se jacta de Maradona, ahora de Messi y hablan (hablamos) de los partidos como si los estuvieran jugando ellos. “Hoy ganamos”, “¿a qué hora jugamos?”. Me gustaría que todo el país se jactara de otras cosas que incumben realmente en nuestro día a día. Pero el Mundial es cultural, ni siquiera los fanáticos son responsables de esta creencia. Tenemos el chip incorporado. Es una utopía pensar en la verdadera unión más allá de un deporte. Somos un país y compartimos una historia. Pienso que el Mundial es una quimera, una fantasía. En este Mundial empecé viendo los partidos de la Selección con mi familia. Y cada vez que mi familia coincide en una casa, es una fiesta.

Bueno, algo te enganchaste esta vez...
Hace una semana empecé a dejar en mute los partidos de las otras selecciones. Me enganché. Ahora mismo estoy viendo el 7-1 de Alemania a Brasil con mi hermana, mi cuñado y mi madre. Es triste este resultado exagerado. Pero creo que me enganché por los resultados de la Selección Argentina. Ojalá les vaya bien.

Das clases en el Isec dentro de la carrera de Periodismo Deportivo. Sé sincera: ¿hay esperanzas de ver algo renovador o distinto a lo que hoy se ve en líneas generales dentro de ese periodismo?
Doy clases de Periodismo gráfico a alumnos de Periodismo Deportivo y aprendo de ellos en las clases. Pero no suelo verlos o escucharlos en la tele. El periodismo se volvió cosa de una cháchara barata tremenda. Veo que los periodistas deportivos hacen una sentencia de cada opinión. Y a la semana siguiente tienen que comerse sus palabras porque cuando hablan no percibo una reflexión.

¿Encontrás poesía en el fútbol?
Puedo ver poesía en el fútbol y es la que se relaciona a los afectos, como cuando Martín me cuenta que tal partido fue a verlo con el padre y el abuelo al Monumental. O el cuadro que tiene mi viejo colgado en su casa con un equipo de chicos cruzados de brazos alrededor de una pelota. En esa foto la cara de mi padre es igual a la mía. O como cuando mi hermano se trajo de la despedida del Enzo un pedazo de bandera de no sé qué, que funcionaba como cortina de su cuarto adolescente. O también como cuando un superclásico nos reúne algún domingo a los de River y a los de Boca en la misma mesa. Mate y cosas que se dicen, no importan nada los colores. Para mí la poesía es ver la belleza en la cotidianeidad. Y el fútbol es algo de todos los días.

¿En el juego en sí, no ves esa belleza?
Me gusta la danza, el ballet en el juego, los pases largos y la destreza de los jugadores que van a buscar el gol así sea lo último en sus vidas. No me gustan los rebotes, la especulación ni el juego sucio. Entiendo que gana el que más goles hace pero prefiero que eso suceda con buen fútbol. Los jugadores sólo se dedican a eso y ganan fortunas por hacerlo, supongo que no es mucho pedir esto del "ballet". ¡Al menos dénme algo bueno! (Risas). Por eso me gusta Messi. Y también dicen que por esto soy de River...

¿Y la literatura sobre fútbol, te interesa?
Lo último que leí relativo a esto, es Messi es un perro, de Hernán Casciari. Y fue cuando pude entender algunas cosas de la pasión y de esto que se dice que Messi es de otro planeta. Juan José Campanella lo dice también en El secreto de sus ojos: la pasión. Es un sentimiento, no puedo parar. Los sentimientos no se explican. Me duele la violencia en las canchas pero eso también es reflejo de este día a día desigual que duele todavía más.

lunes, 7 de julio de 2014

LMEDA Mundial: hoy, Flopa Lestani

La Música es del Aire Mundial celebra que Argentina juegue los siete partidos de una Copa del Mundo después de 24 años. Nuestra manera de festejarlo es moderada pero efectiva: con la noble palabra de Florencia Lestani, o sea, Flopa.

A esta altura un clásico dentro del cancionero underground porteño y nacional, Flopa se hizo un hueco entre las presentaciones-retorno del trío que conforma con Manza Esaín y Ariel Minimal -vayan a verlos, es una orden- para responder con sabiduría acerca del fanatismo, el machismo y demás ismos del fútbol. Además, Flopa se confiesa buena jugadora y admiradora de la destreza de algunos futbolistas. Y nos cuenta de cuando fue hincha de Ferro durante un año... Pero no cuento más. Lean:


CUERVA VERDE

Recuerdo que sos de San Lorenzo, pero ¿cuán fanática? ¿Vas a la cancha, mirás los partidos, o es algo más esporádico?
Conozco las canchas de fútbol por ir a recitales. Tuve épocas de estar más pendiente, saber cómo venía en los campeonatos, el Bambino, Gorosito y eso... ¡Y por los nombres que te tiro podrás deducir más o menos hace cuánto! (Risas). Por ahí caigo engripada y me fumo unas fechas del Fútbol Para Todos, y ahi me pongo al día de un par de jugadores que me gustan. Está claro que no lo llevo tatuado en el corazón, no es pasión lo que siento, no me causa ni gracia que la cancha la quieran mudar a 15 cuadras de mi casa, y Tineyi y el Pope para mí son mala prensa, aunque digan que "la mala prensa no existe". Por suerte también tenemos a Fabián Casas y a Viggo Mortensen. Aún así, mi pensamiento siempre está dirigido positivamente y con el mayor de los cariños hacia el CASLA, porque sí, lo acepté como una herencia familiar.
Una vez, fui de Ferro por un año, como regalo de cumpleaños a un amigo.

¡Explicame eso, por favor!
El chiste de siempre es que Ferro eran 4 hinchas, él estaba bajoneando la B como era costumbre y yo le dije 'este año vamos a ser 5'. Así que, en esa época me preguntabas ¿de qué cuadro sos? y sin titubear contestaba de Ferro. No era de veleta, era una ofrenda inmaterial por tiempo limitado a un amigo, expiró cumplido un año (risas). O sea, un bolazo total, el único partido de fútbol que vi en una cancha fue en cancha de All Boys en el ochentialgo, una beneficencia donde jugaban los veteranos de All Boys versus Selección de Galanes, ¡con Ricardo Darín, Gustavo Bermúdez y Víctor Laplace! (Risas).

¿Te jode el machismo del fútbol o creés que de a poco va cambiando? Pareciera que se sigue desautorizando la opinión de la mujer.
En general, al hombre le pasa algo con el fútbol que tiene que ver con la identificación, y es muy fuerte. El futbolista es el modelo masculino por excelencia. En los niños se ve claramente, encabezan los superhéroes y siguen los futbolistas. La mayoría de los varones se criaron con una pelota en los pies y proyectándose en sus ídolos del momento, mientras a la nenas les habilitan muñecas, cosméticos y electrodomésticos en miniatura, entonces ¡¿qué querés?! Existe una programación para todo eso, de la cuál es difícil escapar. Así se mira raro también a los varones que no se interesan por el fútbol, y te aseguro que entre los músicos se cuentan en cantidad. Hay de todo, hay tipos que creen que las mujeres no podemos comprender el fútbol porque nunca lo jugamos. Bueno, es relativo, yo entiendo el reglamento del fútbol perfectamente, y la línea de 4 y el doble 5, y hasta que la pelota no doble... Lo que no puedo entender es que se digan barbaridades mientras se tironean en un corner, hiriendo al macho dentro del atleta, con "sasasa...anoche con tu jermu", y eventualmente, varios tiros de esquina después se trompeen en la cancha; o que fajen a un árbitro. El fútbol es un deporte hermoso en el que se han naturalizado cosas horrendas, casi todas, actitudes típicas de macho traducidas en violencia verbal o física. De las hinchadas, ni hablar.

¿Y en los medios cómo ves eso?
En los medios es difícil, muy chabacano todo. Si aparece una tipa que habla más o menos de fútbol están todos más pendientes de sus tetas que otra cosa. Y bue... eso en el mejor de los casos. Por lo general ponen tipas con buenas piernas, probablemente locutoras y que de fútbol, nada. También es entendible que en la carrera periodística se te complique empezar de abajo como notera y hacer campo y vestuarios, hasta llegar a comentar, ponele. Igual, ¡no sé para qué querríamos UNA Toti Pasman! (¡Qué loco que les quepa el mismo nombre!).  No sé, yo tampoco miro mucha tele ni leo el Olé, por ahí ya existen y comentan hockey.


LOS MUNDIALES, FLOPA JUGADORA Y MORRISSEY

¿Qué te genera el Mundial? ¿Te interesa más allá de los partidos de Argentina? ¿O son más las cosas que molestan que las que atraen?

El Mundial me llama la atención, siempre. Veo todos los partidos que puedo, me gusta ver jugar fútbol, me da ansiedad cuando juega Argentina, me amargo un rato si pierden, grito los goles y puteo a buen volumen. Esta vez me da intriga, no conozco al plantel de Estudiantes, así que no conozco a media Selección ni de nombre... (Risas). Tampoco los googleé. (Más risas).
Y también me genera contradicciones, sí, como el funcionamiento del mundo todo, pero eso no me impide disfrutarlo. Entiendo que es un gran circo, un negoción y sirve como distracción de las masas y otros bizcochitos... Lo hacemos todo el tiempo con todo, no le echemos la culpa de todos los males ahora al Mundial de fútbol, tampoco. No deja de ser un reflejo de la sociedad en que vivimos. La diferencia entre la FIFA y la ONU es que Estados Unidos le sigue llamando soccer al fútbol, sino, ya se lo habría cargado también.

¿Todo el furor latinoamericano qué te pareció?
Me encanta la idea de la unidad latinoamericana y creo que en las escuelas se debería enseñar portugués, pero no quiero que Brasil gane en Brasil. Y, obviamente, quiero que Argentina salga campeón, muy a pesar de tener que bancarnos luego toda la fiebre exitista de la protopatria futbolera. Nosotros seremos indignos, pero Messi se lo merece.

¿Jugaste alguna vez o nunca te interesó?
Sí, siempre me gustó. De chica, en la primaria jugaba TODOS los recreos. Tuve pelotas de cuero que han llegado para reyes. Y era buena. Ahora de grande me invitan a jugar, y me gustaría, pero paso, soy flaquita, me da miedo romperme. Prefiero partirme una guitarra en la cabeza a lastimarme una mano atajando o que me den un patadón en la canilla. Igual, si me das una pelota un rato te puedo hacer una cantidad importante de jueguitos...

Sos fan de Morrissey. ¿Hay alguna figura que para vos sea equiparable a él en el mundo del fútbol?
No, ni ahí. El fútbol me emociona por un instante, no me dura en el cuerpo. La música, en cambio, me atraviesa la vida, años de alquilarle la cabeza... es vitalicia.. El fútbol paga como invitado en mi club y no tiene acceso al natatorio (risas).
Supongo que habría un cierto paralelo con Gabriel Omar Batistuta, ¡por goleador y 'dandy'! (Risas).

¿Te interesa el afán competitivo del fútbol o vas más por el costado romántico?
Hay veces que los jugadores me parecen casi como gladiadores. Tipos que hacen cosas que parecen imposibles: eso me deslumbra, me parece bello, disfruto de apreciar esa destreza superadora del deporte vuelto arte por un momento. Lloro, sin vergüenza.
El resto del tiempo, digamos... en este mundo que gira, se trata de los espectaculares negocios del negocio del espectáculo deportivo, en las grandes ligas, y la lucha por la subsistencia de clubes que nunca tendrán el equipo necesario para hacer una buena campaña, no si venden a los jugadores que juegan porque no les pueden pagar, para pagarle a los jugadores que sí pueden pagar, pero que no juegan. Como la vida misma, la magia, sólo son momentos.

*Flopa Manza Minimal sigue presentándose todos los miércoles de julio (9, 16, 23 y 30) en Ultra (San Martín 678, Capital Federal). "Carreteando canciones hacia un nuevo disco y revisitando los temas clásicos del trío". Entradas anticipadas a $100 en Anthology Discos (Galería Bond Street, Av. Santa Fe 1670, Local 7) y en Oíd Mortales (Av. Corrientes 1145, Local 17).


[Foto de Flopa por Victoria Schwindt; foto de Cómo se ve un amistoso en casa, gentileza de la propia Flopa.]

jueves, 3 de julio de 2014

LMEDA Mundial: Marcelo Iconomidis y la Tragicomedia Racinguista

La Música es del Aire Mundial continúa su Viaje Hacia la Nada del 14 de Julio (claro, amigos, el día después). En esta ocasión, compagina sus anécdotas racinguistas Marcelo el Griego Iconomidis. También conocido por su seudónimo televisivo-videógrafo-capusotteano Los Iconos de Midisel Griego es el musicalizador de Peter Capusotto y sus Videos y se define a sí mismo como investigador autodidacta: todo lo que suena en el programa pertenece a su inmenso archivo fílmico, que crece día a día por los videos que él mismo realiza de grupos emergentes.

Entre la resignación y el humor, Marcelo nos cuenta cómo lleva el karma de ser hincha de Racing. Anécdotas de cancha con Diego Capusotto, buenos recuerdos -y de los otros-, y una colección de revistas tirada a la basura por culpa de un arquero que aún hoy es amado por sus andanzas en la Selección... aunque en Racing, ¿adivinen?, no le fue tan bien.


RACING (Y 40 AÑOS DE PARTO)

¿Hincha de?
De Racing, aunque desde el año '73 no le encuentro mucha explicación (risas).

¿Cómo hace para mantener el interés y el fanatismo un hincha de Racing que vivió con consciencia la realidad del club de los ’70 para acá?
Ser hincha de Racing es una identidad personal con la cual voy a morir y me hago cargo. Hace algunos años el tema del fanatismo se fue diluyendo (mal que por suerte no heredó mi hijo, es de Racing pero no tiene ese fanatismo ciego y obtuso) por dos cuestiones: la degradación institucional del club (que derivó en las contrahazañas más desopilantes y horrendas que haya tenido un equipo grande en el universo) y en lo personal algunas ausencias que me alejaron de la cancha.

¿Qué podrías rescatar de todos estos años?
Prácticamente, en los últimos 40 años hay muy poco para rescatar futbolísticamente: el equipo de Basile del '88 [primer ganador de la Supercopa] y el campeonato del 2001, igualmente incomparable en el plano futbolístico respecto a las huestes de Rubén Paz y sus amigos.

¿Disfrutaste el descenso de Independiente? ¿Fue una especie de venganza?
Si, lo disfruté y mucho por los años de tragedia propia. Pero a su vez a la semana me siguió importando mucho más la realidad futbolística de Racing que la excursión con boleto de regreso comprado de antemano de los primos. Algún día van a tener que hacer autocrítica y dejar de vivir del pasado ya que hace 20 años que son un cachivache con un título (2002) y un ascenso comprados.

¿Y el ya célebre Racing-Quilmes qué te pareció?
No lo vi sabiendo lo que iba a suceder. Sentimiento ambiguo, digamos...

Capusotto, Saborido y vos son de Racing. ¿En cuánto puede llegar a tener que ver la coincidencia -si es que lo es, quizá se conozcan gracias a Racing- a la hora de armar el  programa? ¿Creés que hay cierto espíritu racinguista en los personajes? 
Con Diego sí tuve un acercamiento cuando nos conocimos por Racing y algunas otras cuestiones pero con Pedro no. Calculo que el espíritu racinguista de algunos personajes está relacionado con la infancia y la primera adolescencia, que coincide por una cuestión de edad en los tres.

¿Sos un hincha talibán o a esta altura de la vida y de Racing estás más moderado?
Dejé de ser talibán hacia afuera. La procesión va por dentro, donde en la moderación también hay algo de resignación ante lo inevitable (risas).

Así como tenés un gran archivo de videos de música, ¿tenés cosas de fútbol, rarezas? ¿O lo tuyo con las filmaciones sólo va por el lado del rock?
No, nada. Solamente tenía una cantidad importante de revistas Racing de la década del setenta. Una parte fue a parar como obsequio a manos de mi ahijada, a la cual hice fanática de Racing. Y la otra parte fue a parar a un volquete la mañana que perdimos 6 a 1 en la Boca con el mamarracho de Goycochea en el arco (risas).

¿Qué anécdota de cancha que hayan vivido es digna del programa?
Seguramente debe haber, no recuerdo tanto ahora. En la cancha de Banfield, una vez -llegando tarde- dejamos el auto estacionado a varias cuadras para poder estar tranquilos a la salida. Y al finalizar el partido estaba toda la barra de Banfield sobre el capot del auto con todo el cotillón, bombos y banderas (risas). El tema fue que estaba con Diego y ya era bastante conocido y reconocible. Horas mirando desde la esquina esperando que se vayan... (Más risas).

Yendo al Mundial, ¿te despierta el mismo interés que Racing o ni cerca?
En absoluto.

¿Estás más preocupado por los jugadores que pueda incorporar Racing que por el Mundial?
Milito: 35 años, dos rodillas operadas (risas). Si tuviera tres, también estarían operadas (más risas). Grimi ya estuvo, el resto son ignotos. Racing con Cocca. ¡Final! (Risas).

Ya es resignación pura lo tuyo.
Dame un dato objetivo para que deje de serlo.

Sos de Racing: ¡no queda otra que siempre creer que va a ir mejor! (Risas).
Ja ja... La utopía y el aguante son para la revolución. Ya le demostramos a todo el fútbol argentino que el aguante lo inventamos nosotros hace muchos años. Hoy todos los giles nos imitan. ¡Yo quiero ir a la platea y tomar Jack Daniels mientras Racing les gana a todos! (Risas). Por lo menos quiero 5 años así.


[Foto del Griego por Matías Corral.]

martes, 1 de julio de 2014

LMEDA Mundial: Maxi Diomedi, de Fútbol y de Básquet

La Música es del Aire Mundial presenta su capítulo 9. Esta vez, quien despeja nuestras dudas futboleras es Maxi Diomedi, voz en el éter de FM La Tribu con su inmenso programa Patologías Culturales, por el que han pasado infinidad de músicos, poetas y artistas varios a lo largo de diez años (recién cumplidos). Maxi también co-conduce La Otra Radio.- junto a Oscar Cuervo y, además, este año publicó su primer libro de poesía titulado Fortaleza. Espera hacer lo propio con un disco de canciones.

Más allá de ese currículum, el hombre es un riverplatense informado pero moderado que, por procedencia (es de Bahía Blanca), se ocupa con mayor entusiasmo del básquet. Sin embargo, no deja de seguir el deporte más popular de la Tierra, ya sea acompañando a su hermano a ver a Racing o discutiendo el valor (sí, como Juan Manuel Strassburger) del multicampeón Ramón Díaz.
Ahí vamos:


RIVER, RACING Y RAMÓN

¿Hincha de?
Soy de River.

¿Viene por una cuestión filial, territorial, o por qué razón?
Digamos que me hice hincha de River porque cuando era chico, en la década de los 80, estaba en la cresta de la ola un jugador uruguayo que se llama Alzamendi y que metía muchos goles. A su vez mi tío Edgardo vivía en Buenos Aires, era muy fana e iba a la cancha seguido. Cuando en el '96 River jugó la final de la Libertadores, él me invitó a venir a Buenos Aires y me llevó a la cancha. Inolvidable. Esa fue mi primera vez en el Monumental. Pavada de debut.

¿Sos de ir a la cancha, o un hincha más televisivo?
No mucho, fui bastante cuando recién me vine a vivir a Capital. Iba tanto de local como de visitante, épocas en que no era necesario ser socio para levantarse el domingo a la mañana, tomar la decisión al mediodía, llegar a la cancha, comprar la entrada y ver el partido. Desde hace mucho soy un hincha televisivo (si bien cuando voy Pigüé a pasar las fiestas con la familia de Sofi [su novia], mi cuñado me lleva a las finales del torneo zonal, que son otra cosa: reposera y mate). Pero este año volví a ir a una cancha grande para ver a... Racing.

¿Cómo es eso?
Mi hermano es fanático/enfermo y me quiere hacer hincha de Racing, El sí tiene un lazo filial: es hincha por mi viejo y mi viejo por mi abuelo. O sea que la Acadé es mi segundo equipo y hasta te diría que estoy más pendiente de Racing que de River. No creo que sea conveniente que mi hermano lea esto porque va a pensar que logró hacerme hincha (risas). Este último campeonato conocí el Cilindro y me encantó, los dos o tres partidos que fui no perdió (o sea que funcioné como cábala en un campeonato muy malo para el club). En la cancha canto las canciones y grito los goles pero no me pongo la camiseta. Él siempre lleva una de más (risas).

Todavía no llegás a tanto, es peligroso...
Cuanto mucho la uso de bufanda pero no le quiero dar el gusto de que tenga la foto con la camiseta puesta. El partido post Colón, me mandó un sms que decía (textual): "Que no se diga pero hoy se te escapó un LE ganamos a Colón. Ya estás un 50/50. Lo sabés, jaja" (Muchas risas).

Volviendo a River: ¿cómo analizás la transición de la B a hoy, campeón y con un DT que renuncia?
El descenso de River fue doloroso. Yo trabajaba en un bar en San Telmo y ese domingo me encontró trabajando sin televisión, escuchando el descenso por radio... y se me cayeron unas lágrimas. Y hubo un hecho que me llevó a querer que vuelva lo antes posible: Almeyda. A mí me pasa eso, muchas veces quiero que gane un equipo porque una persona me cae bien y con River en la B yo era hincha de Almeyda. Nunca me voy a olvidar de Almeyda yéndose expulsado de la cancha de Boca, besándose la camiseta y sacándose de encima a los policías que querían cubrirlo con sus escudos de las escupidas. Y la transición empezó con su conversión de jugador a técnico en 24 horas. Un espasmo. Trató de jugar bien, de ir para adelante, algunas veces lo logró y muchas otras no, pero ascendimos. Cuando asumió Ramón -que nunca me cayó del todo bien por menemista- me desapasioné porque le serruchó el piso. A los tipos así no me gusta que les vaya bien pero por otro lado no quería que pierda River. Así que imaginate. Y después apareció una comisión directiva que no lo quiso nunca a Ramón y yo creo que es porque lo miran por encima del hombro, un gesto de clase. Como Ramón es "ramonista", se fue. Ganó y se fue. Y eso no me cayó tan mal (risas). Esta nueva comisión directiva está demasiado fogoneada porque la mayoría proviene del macrismo y desde el periodismo deportivo (que es macrista) se está relatando todo como un cuento de hadas.


DE MANU AL MONO, UN SOLO PASO

¿Te gustan los mundiales o los ves con menos interés?
Me gustan. De chico los devoraba. En lo que va de Brasil 2014 vi apenas seis o siete partidos completos: El debut de Brasil, Suiza-Ecuador, los de Argentina, Inglaterra-Uruguay y algún otro más. Por supuesto que vi todos lo resúmenes del resto de los partidos pero hace algunos años que me cuesta ver partidos enteros.

¿Encontrás relación entre el fútbol y la poesía? ¿Hay poetas en el fútbol? ¿Y antipoetas?
¿Dentro de la cancha? No lo sé. Maradona era un artista, poeta seguramente. Riquelme y Ortega también. Son fuera de serie, no hay modelo que los contenga. Hablo de los que vi. De los anti: Gerlo (risas).

Siendo de Bahía Blanca, ¿el básquet te tira más que el fútbol o están parejos?
Están parejos pero definitivamente me gusta más el básquet.

¿Ginóbili es comparable a algún futbolista, o es único?
Mmmm, no hay un futbolista que reúna todas las características de Manu. Si me permitís me voy a extender un poco acá.

Dale tranquilo, te escucho.
Manu tiene todo lo que uno encuentra en un deportista de elite: talento, destellos de genialidad, personalidad, liderazgo y rebeldía. El básquet es un juego donde el técnico puede tener en carpeta 50 jugadas distintas para aplicar de acuerdo a las circunstancias del partido; Ginóbili, que es de acatar ese tipo de decisiones, por personalidad y características puede salirse de lo planeado y eso suele tener sus costos. Incluso los tuvo en sus primeros años en San Antonio. En ese sentido me hace acordar al Ortega de gambetas indescifrables y tendencia a salirse del libreto (incluso en épocas de Bielsa en la Selección). Pero hay algo que él tiene y otros grandes no. Ni Riquelme ni Maradona ni Messi.

¿Y qué es eso que él tiene y otros no?
Ginóbilli es medio despatarrado y muchas veces cuando penetra lo hace de una manera tan destartalada que nos hace mirar para el costadito, con un poco de vergüencita, como diciendo: "¡Ay Dios!" (Risas). Manu está todo el tiempo caminando por esa cornisa, debatiéndose entre caer del lado de la gloria o del ridículo. Pero como es un juego (millonario, es cierto, como millonario se volvió Manu jugando) no le importa hacer el ridículo y prueba una y otra vez hasta dónde se puede llegar jugando. Esa manera de pensar el deporte lo convirtió en el alma del equipo, de la Selección, y en el jugador más talentoso e importante que haya dado la historia del básquet de Sudamérica. Un idealista deportivo que además tiene estampa de antihéroe. Un genio. Un fuera de serie. Ninguno de los otros que nombré -que son genios- bordean el ridículo cuando asumen riesgos. Manu sí. Y por eso es único.

¿A qué futbolista te gustaría tener mano a mano en una entrevista?
A tres (ex) futbolistas: Maradona, Almeyda y Germán Adrián Ramón Burgos.

¡El Mono Burgos! Qué personaje.
El Mono Burgos es el arquero más arriesgado que vi en mis 33 años. Sé que tenía un estilo deudor de Gatti y cuando digo arriesgado quizás lo piense en el mismo sentido en que te hablaba de Ginóbili. De hecho recuerdo varias ocasiones en las que el Mono hizo el ridículo. Y aún así siempre me pareció un arquerazo. Hacía del puesto una filosofía de vida. Es más, mirá lo que te voy a decir: si en vez de Cavallero, Bielsa ponía a Burgos en el Mundial de 2002, ese gol de tiro libre Suecia no lo metía. Ahí arrugó Bielsa. Y me gustaría entrevistarlo porque sé que tiene una historia interesante y porque me gustaría hablar de rock con él, cosas que en general no están dentro de los intereses del futbolista. Por lo menos así lo veo yo. Sic sic (risas finales).