sábado, 21 de julio de 2007

Rock and roll cuadrado y necesario

Directo y tremendo. Así es el quinto disco de Creedence Clearwater Revival, una leyenda del rock and roll. Miren si Creedence será leyenda que, actualmente, Creedence Clearwater Revisisted -hija de la banda original- sigue tocando los clásicos de éste y los demás discos del grupo... ¡sin sus dos componentes fundamentales! (Porque, sabemos, los hermanos Fogerty están en otra cosa, en especial Tom...).
Cosmo’s Factory, el disco del que estoy hablando, fue grabado entre 1969 y 1970, y editado dicho año. Fue un suceso comercial -llegó al puesto número uno- y, fundamentalmente, una de las grandes trompadas del rock en los ‘70 (y una de las primeras, para colmo). Por empezar, en esta obra están presentes algunos clásicos indestructibles de la historia del rock, temas ganadores por lo pegadizo, lo sencillo y también lo avasallante. ¿Quién en el mundo -si, no exagero- no conoce Travelin’ band? ¿Quién puede ser indiferente con un riff tan certero y criminal como el de Up around the bend? ¿Hay gente en el Planeta Tierra (¡!) que no se haya rendido ante el entrador encanto country de las dos baladas del disco, Long as I can see the light y Who’ll stop the rain? Mi respuesta a todas estas preguntas es un no gigante como este disco.
Pero, por suerte, además de los hits, hay otros momentos que también merecen la gloria. El tema que abre, Ramble tamble, justifica el aspecto rudo que siempre mostraron los cuatro Creedence: son siete minutos y pico puramente salvajes. Y los muchachos, como si nada, se meten con Before you accuse me, de Bo Didley, con la misma solvencia que reinterpretaron The night time is the right time de Ray Charles. El momento grandilocuente, sin embargo, es otro: cuando versionan I heard it through the grapevine, tema popularizado unos años antes por Marvin Gaye (pero compuesto por Norman Whitfield y Barrett Strong) y lo llevan a una zapada que termina durando poco más de once minutos.
En síntesis, las once piezas que conforman Cosmo’s factory, forman parte de la historia grande del rock mundial. Por lo tanto amigo, no desperdicies tus oídos con La 25. Aquí está el verdadero rock and roll.

Y como todo tiene que ver con todo, les dejo esta increíble noticia sobre un personaje que -como dijeron alguna vez de Homero Simpson- representa “todo lo que es el rock and roll, excepto la música”. Sin palabras...

lunes, 16 de julio de 2007

Skay, marca registrada

Skay siempre me pareció un guitarrista tremendo. Porque sabe lo que hace y tiene su estilo, simple y efectivo. Es mucho más económico que el violero promedio -que siempre trata de demostrar su híper-agilidad- y sin embargo me parece mucho más interesante. Y creo que tiene un sonido y un ritmo tremendo (algo parecido pienso de Cerati). Alguna vez escuché a alguien -no recuerdo quién- citarlo a Beilinson como el David Gilmour argentino. Y puede ser... Salvo que escuches La marca de Caín. Porque este disco, recientemente editado, sorprendióme por cierta pesadez sonora. Por lo general, las bandas evolucionan hacia un sonido más pop, se van abriendo (por supuesto, no todas, sí las que van buscando cambios estilísticos... o quieren facturar). Pero aquí fue al revés: el bajo está bien denso y la batería por momentos tiene una marcha imparable. Y por supuesto, la viola del maestro es la estrella, secundada por la segunda guitarra a cargo de Oscar Reyna.
De todas formas, más allá de esa densidad sonora, el disco presenta ribetes interesantes, con algunos pasajes electro-rockeros (Arcano XIV); una balada ganadora y con un riff bien oscuro (El viaje de las partículas, el tema que, si Skay sonara en las radios, sería corte de difusión); y esos temas marca registrada (Tal vez mañana, Los caminos del viento, este último uno de los mejores momentos del álbum). También hay lugar para el blues en Canción de cuna, una lullaby para un “niño robot”, que me hace acordar a Back of my hand del último disco de los Stones -sin ser choreo-, y algunos pasajes que suenan a música celta, en parte gracias al sonido de los teclados de Javier Lecumberry. Y a no olvidarse de la voz de Skay, ya suelto como cantante, en esa mezcla Indio Solari-Keith Richards-Tom Waits.
El mejor tema del disco, creo yo, es El fantasma del 5º piso. El propio Skay lo definió como una suite, en la reciente nota que dio a La Mano: “Hace rato que vengo queriendo hacer un tema así, casi como una especie de suite. Algo que se vaya desarrollando y pase por diferentes lugares. Salir de la estructura propia de “canción”... Arranca con una introducción bastante volada, empieza a armarse, te mete en un clima, cambia, se va a otro, y termina en otro lado. Empieza con tonos menores, y termina con tonos mayores. Y la historia que cuenta: me acordé de una de las primeras veces que fumé hash, allá en Londres, en una especie de pieza de hotel, y lo trasladé a una situación imaginaria, alucinatoria, donde ves que te empiezan a aparecer cosas de las paredes. Es bastante raro, sí”.
En síntesis, para concluir, La marca de Caín es otro disco del ex violero de los Redondos -ésa es la marca que nunca se podrá sacar- que satisface las expectativas. A excepción de algo, un detalle pequeño pero no tanto: ¡se hace muy corto!

miércoles, 11 de julio de 2007

Eso que pocos tienen: estilo propio

No tenía pensado subir este disco por lo pronto -por empezar, porque me cuesta describir y/o calificar discos de jazz, o al menos no me siento tan capacitado para hacerlo- pero encontré en TomaJazz esta crítica que me gustó. Y bueno, ya que estamos, los deleito con el señor Pat Metheny y su Bright Size Life, que no está nada mal, por cierto.
Aquí, la crítica -con un poco de historia también- hecha por Arturo Mora Rioja:

La vida, y mucho más la del artista, es un compendio de eventos donde tomar riesgos y no desaprovechar oportunidades es fundamental. Las cosas no ocurren cuando uno quiere, y si la situación es propicia hay que afrontarla sin mirar atrás, jamás quedarse esperando a que los astros se alineen, porque eso nunca ocurre. O casi nunca. Una excepción que confirma la regla sucedió en la primera mitad de los años setenta, cuando un jovencísimo Pat Metheny, héroe local en su tierra de Missouri, recibió más de una oferta para grabar su primer disco como líder. Demostrando una innata madurez el guitarrista depuso las invitaciones, considerando que aún no era el momento, que en pocos años podría ofrecer un trabajo mucho más digno. Esa clara fijación de objetivos desde los albores de su carrera convirtieron el rechazo en una sabia decisión. El joven Metheny no se quedó esperando, más bien intentó alinear los planetas por su propia cuenta y riesgo, y esa obstinación sigue dando sus frutos incluso hoy en día.
Si hablamos de astros debemos remontarnos a un momento mágico que bien pudo ser desastroso: el primer día de Pat como alumno de la Universidad de Miami, éste conoció a la más grande estrella que ha dado el bajo eléctrico hasta nuestros días: Jaco Pastorius. El desastre estuvo a punto de sobrevenir cuando el de la camiseta a rayas escuchó tocar al maestro de las cuatro cuerdas: quiso abandonar la música de inmediato. Por fortuna no fue así, y Metheny continuó haciendo amistades en Miami (donde en pocos meses pasó de alumno a profesor de guitarra con tan sólo 19 años), en Boston y gracias al grupo de Gary Burton, del que era integrante. Pronto formaría su propio trío con el batería de Burton, Bob Moses, y con su amigo Jaco, actuando de forma regular por diversos bares de la costa Este como el Pooh's Pub y el Jazz Workshop de Boston.
La labor docente de Metheny le llevó a escribir una serie de ejercicios musicales donde quería enseñar a sus alumnos (entre ellos el mismísimo Mike Stern) aproximaciones armónicas más evolucionadas que el material impartido habitualmente en escuelas de música moderna (estándares, blues, rhythm changes, be-bop, jazz modal). Así, en enero de 1974 compuso una serie de temas de tinte contemporáneo, basados (pero distantes) tanto en los conceptos del jazz-rock reinante en la época como del jazz clásico que todavía muchos interpretaban. Dichos temas darían forma a la grabación y pondrían las primeras piedras del sonido Metheny: Bright Size Life, con su espíritu cálido y alegre, ejercía su función de tarjeta de presentación. Jaco Pastorius aportaba un precioso solo basado en notas largas, sin prisa y con sensibilidad, estilo que aplicaría a su acompañamiento en Sirabhorn, donde Metheny grabaría dos guitarras (una acompañante y otra solista), mezclando dulzura y profundidad. También se aprovecharía el guitarrista de las técnicas de estudio en Unity Village (localidad cercana a su Lee's Summit natal), balada sin bajo ni batería donde los arpegios toman especial protagonismo. En Missouri Uncompromised encontramos el primer tema rápido, un blues donde destaca el buen trabajo de Moses y que cerraba lo que en su día fue la cara A del disco.
La mezcla de sonoridades folk y urbanas que siempre han sido evidentes en la carrera de Metheny, aportando un cierto misterio, una cierta oscuridad a sus composiciones, ya se estaba dejando ver en este su primer trabajo. Midwestern Nights Dream surgió como una investigación sobre una forma específica de afinar la guitarra, tratándose de una simple variación entre dos acordes. Curiosamente se trata de uno de los temas más estructurados, profundos y deliciosos del disco, e incluso contiene anécdota: la noche anterior a la grabación de Bright Size Life, Pat se dio cuenta de que no había escrito ninguna línea melódica para el bajo eléctrico. Dado lo excepcional que era Pastorius para las interpretaciones, en ese mismo momento, horas antes de entrar al estudio, el de Missouri escribió la melodía de este Midwestern Nights Dream que ejecuta Jaco al final de su propio solo con la maestría que de él se esperaba. Unquity Road es un tema que pone a prueba la tensión del oyente, llegando la conjunción de los tres músicos a su más alto nivel de interacción, especialmente en el uso de dinámicas. Omaha Celebration es simple y divertido, evocando visiones del Medio Oeste donde Metheny se crió. Ambiente desenfadado para dar paso a las únicas versiones del vinilo, como no podía ser de otra forma ambas de Ornette Coleman, quizás la mayor influencia del guitarrista. Round Trip y el Broadway Blues que hoy en día sigue interpretando en directo de vez en cuando son el broche de oro a una de las grabaciones más míticas de los años setenta (y que, a diferencia de la mayoría, sigue sonando vigente treinta años más tarde), primera gran piedra en la carrera de uno de los grandes genios del jazz más reciente.
No obstante Metheny no volvió a escuchar esta grabación en más de veinte años, llegando incluso a renegar de ella, y el batería Bob Moses comentaría décadas más tarde que Bright Size Life no da, ni con mucho, la medida de lo que el trío llegó a ofrecer en directo, con un Pat Metheny serio y estructurado intentando llevar total control de la situación, y un Jaco Pastorius gamberro e irreverente (musicalmente hablando) tratando de cambiar el patrón establecido y arrastrando con él a su compañero de sección rítmica. Alguna grabación en directo queda por ahí demostrando el dinamismo que los tres músicos alcanzaban sobre un escenario y que, más que desmerecer la calidad de este Bright Size Life, pone de manifiesto los elevadísimos estándares musicales que utilizan como objetivo intérpretes de esta talla.

jueves, 5 de julio de 2007

Camaleones nutritivos

Sepan disculpar, pero voy a ser breve porque el tiempo no me sobra. Este el nuevo disco de Sancamaleón -ultrarecomendable banda- recién salido hace unos días. En este preciso instante lo estoy escuchando por primera vez -sí, mientras lo subo- y ya con eso me alcanza para darme cuenta de lo bueno que está. No puedo hacer una crítica global porque con una sola escuchada sería injusto, pero, como nos tienen acostumbrados, es un combo musical de lo más variado, con muchos matices: guitarras arriba, pop, funk, murga, alegría, melancolía. Ya saben si los escucharon alguna vez.
Después, si puedo, actualizo la entrada cuando vuelva y le hago una crítica algo decente, pero ya saben: si es Sanca, es bueno.
¡Saludos amigos!

PD: Sancamaleón se presenta este viernes en el teatro Stella Maris, de San Isidro. Si pueden, vayan, no se arrepentirán.

jueves, 28 de junio de 2007

10 razones por las que Dave Grohl es un capo


1) Porque fue el baterista de Nirvana
2) Porque es multiinstrumentista.
3) Porque irradia buena onda.
4) Porque hace excelentes canciones, emotivas, melódicas y sinceras.
5) Porque es respetado por todos sus colegas.
6) Porque es versátil incluso para actuar (chequear los videos de Foo Fighters).
7) Porque es el baterista de QOTSA en Songs for the Deaf, uno de los grandes discos de esta década pálida.
8) Porque es tan buen tipo que hasta lleva a su madre a las giras.
9) Porque no se hace el reventado, sufrido o rockero como todos los demás músicos de rock de su país.
10) Porque hizo este discazo solo.

Estas cosas de la internet...

El amigo Bonito Lunch, además de escuchar olores, me propuso un pequeño jueguito, que le fue propuesto a él anteriormente (eso que llaman cadenas, que, entre paréntesis, las odio).
Me pasó un meme, algo que nadie sabe bien qué es, pero voy a seguir sus instrucciones: Transcribir el segundo párrafo de la hoja 139 del libro que esté leyendo y luego pasarle la posta a tres amigos bloggers.

Supongo que esto debe ser para alguna macumba, brujería o derivados, pero por las dudas lo hago, aún sin saber la razón exacta de su propósito.



Ramsés y sus amigos parecen no molestarse demasiado. De vez en cuando se vanaglorian de su juventud, de que son hermosos, de que se sienten felices. Es la respuesta. Aunque la indiferencia parece predominar en todos los casos.

Tanguito, la verdadera historia, de Víctor Pintos.


Bueno, ahora les toca hacer lo mismo -por supuesto, no están obligados- a Marian, Lelaina y el Roedor.

domingo, 24 de junio de 2007

El mejor cielo azul

Mientras algunas bandas trazan su carrera en una línea casi recta, con imperceptibles desvíos estilísticos (pensar en Ramones o AC/DC, por ejemplo), hay otras que parecen avanzar en zigzag, reaccionando contra su álbum anterior. Wilco no pertenece a ninguna de esas categorías, porque el derrotero a lo largo de sus doce años de carrera ha sido por momentos sinuoso, en otros intrincado, a veces bajo un cálido sol otoñal y en otras con el bajo cero que provoca el sentimiento de incomunicación. En realidad, Wilco no sólo no entra en las categorías citadas anteriormente, sino en ninguna categoría, lisa y llanamente. Sirve decir que vale la pena atesorar sus seis discos de estudio, pero siempre por motivos diferentes. El debut A.M. (1995) continuaba la senda del country alternativo (o alt country) que Jeff Tweedy, líder de Wilco, había ayudado a inventar en su banda anterior, Uncle Tupelo. El doble Being there (1996) ampliaba la paleta con elementos de psicodelia, detalles orquestales y hasta uso de instrumentos de viento. Summerteeth (1999) se internaba en un pop bien luminoso y beatle. Yankee Hotel Foxtrot (2002), la obra maestra de Wilco, era un canto desesperado y solitario en un mundo que se derrumbaba: por algo se lo llamó “la respuesta norteamericana a Ok Computer”. Y A ghost is born (2004) mostraba a un Tweedy a punto de quebrarse: al poco tiempo de publicarlo se internó en una clínica para superar su adicción a los calmantes, porque hacía años que convivía con una molesta migraña.
Sin embargo, desde el mismo título, el nuevo álbum de Wilco deja en claro que los fantasmas quedaron atrás: Sky blue sky (“Azul cielo azul”) trae una versión orgánica de la banda de Chicago. Eso no implica que el disco, que se despereza hasta rockear con amable intensidad –entre el Neil Young de Harvest y el soft rock californiano–, no contenga algunos de los momentos más altos de la carrera de Wilco. En la hermosa balada Impossible Germany, Tweedy está más desolado que nunca, pero en Shake it off, otro de los picos del disco, se muestra resuelto a sacarse de encima viejos estigmas “cuando esté lo suficientemente despierto”. Hate it here, en tanto, podría haber sido una gran canción de los Eagles si los Eagles hubieran escrito grandes canciones. Y Walken, que arranca con un piano de bar del oeste, enseguida oscila entre la delicadeza de una balada y los cortes abruptos de la guitarra del hechicero Nels Cline, de gran renombre en el mundo de la improvisación sónica, una de las últimas incorporaciones de Wilco.
“Hay una luz dentro de vos”, insiste Tweedy en What light, entre “uhhhuhhhhs” de sus compañeros y una slide guitar preciosa: el hombre ha recuperado la esperanza y es capaz de avizorar tiempos mejores, como en On and on, donde la luz del amor se filtra en medio de los nubarrones. Tweedy sabe por experiencia que cuando éstos se disuelvan, sólo quedará el cielo azul, profundo y bello.

Escrito por Roque Casciero, en Página/12.
Disculpen, pero los domingos no inspiran a nadie (salvo a los buenos futbolistas). Aparte, coincido con lo que comenta Casciero del disco y me gusta su recorrida por los diferentes estados de ánimo de la banda, reflejados en cada uno de sus discos. Disfrutenlo, que Sky blue sky es un discazo.

Pedido especial: si alguien tiene el primer disco de Wilco, A.M., por favor deje un comentario avisando para ver si me lo puede facilitar, que es el único que me falta para completar su discografía. Muchas gracias.

lunes, 18 de junio de 2007

Siguiendo con las chicas salvajes...

Como no tengo tiempo para escribir -por laburo-, robo una reseña de la página Revista Caleta. El disco criticado es Stories from the City, Stories from the Sea, excelente obra de PJ Harvey, LA mujer dentro del rock alternativo del ’90 para acá. Es probable que este sea su disco más digerible en términos comerciales, así que, espero, lo sepan disfrutar. Los dejo con la crítica:

“Polly Jean Harvey no es una gitana adivina, pero puede contarte historias que has vivido; no es un ángel ni un demonio, pero puede inspirarte a cuidar de ella o golpearla hasta hacer sangrar tus nudillos (nota mía: !!!); viene dándole a la guitarra desde 1991 en su natal Inglaterra, y definir su perfil creativo es imposible, ha transitado por todo lugar y estado anímico, y aseguramos que no está loca (¿aún o ya no?). Stories from the City, Stories from the Sea te da la sensación de ser claustrofóbico, excitante, deprimente o simplemente hermoso.
Con el don que sólo los escogidos poseen para grabar extensas variedades de emociones sin caer en el exceso, PJ Harvey se anima por ser la compañera, la amante, la amiga y el espejo de si misma. En este disco, su guitarra eléctrica y distorsionada se fusiona con el piano clásico y esa particular voz, siendo así el paralelo femenino a un Lou Reed internado en los lados más oscuros del alma y la miseria humana. El álbum lleva una curva ascendente desde el violento Big Exit hasta la esperanzadora We Float, introduciéndose en el cerebro del oyente con sus imágenes de enajenación citadina, claustrofobia hogareña y obsesión romántica.
Harvey no se hace problemas para apoyar a músicos de diversa índole, ha colaborado con John Parish, Tricky, Pascal Comelade y Nick Cave, y en este álbum cuenta con Thom Yorke para This Mess We're In
(nota mía: temazo). La mezcla de voces, las letras y los arpegios hacen de este un tema hipnótico, impresionante (“Por encima de los rascacielos/ y el pecado/ y el lío en el que estamos/ el sol en la ciudad se oculta sobre mí”). Polly Jean no intenta ser Patti Smith o Carole King, está por encima de Fiona Apple (nota mía: no estoy tan seguro de eso) y tiene argumentos para hacer pelea a Tori Amos, a Sarah McLachlan o a cualquier otra mujer del Lilith Fair, pero eso a ella no le importa, es única en su especie, es PJ Harvey y eso es todo.
Wilfredo Oliveros”.

lunes, 11 de junio de 2007

¿Y cuánto vale ser la banda nueva?

Lucila Cueva es una banda cordobesa formada una noche de verano del 2002 entre bares y copas. Con el crecimiento espiritual y musical se fueron encontrando estilísticamente hasta empezar a desarrollar sus propios temas y, a fines del 2004, el proyecto tomó forma de mujeres cordobesas haciendo un estilo particularmente rockero. Tras algunos cambios en la formación original, pasaron en ese destilar de conceptos y sonidos Julieta Ghibaudo, Guadalupe Sueldo, Lula Bertoldi, Viky Fontana y por ultimo la talentosa Trini Bertero. La formación actual es la siguiente: Mariana Pellegrino (voz y guitarra), Laura Volando (batería) y Trinidad Bertero (bajo).

Todos estos datos los pueden encontrar en su página web, pero si se quedan en las palabras se van a quedar muy cortos. Porque Lucila Cueva es una banda para escuchar, y con mucha atención. Son un power trío y se lo bancan muy bien, todas ejecutan sus instrumentos en gran forma y con versatilidad. Si bien son esencialmente rockeras, pasan por otros estilos (funk, chacarera) sin vergüenza y con bastante despojo. Eso les hizo ganar el Cavern Rock Festival, un concurso de bandas de todo el país, por el cual viajaron a Liverpool a tocar en dicho antro (que sea histórico no quita que sea un antro).
En este demo logran cuatro canciones con mucha frescura, buenas voces y, por sobre todo, mucha actitud. Ahora están haciendo su primer disco, y supongo que no les va a llevar mucho tiempo ganar oyentes nuevos, al menos por lo que proponen. Si te gusta Divididos (o te gustaba cuando hacía discos y no tocaba siempre los mismos temas) te presento a estas niñas cordobesas, que te van a gustar. Si no te gusta la banda de Mollo y Arnedo, igual escuchalas. Sino te vas a arrepentir, yo te aviso...

PD: Si pueden, ingresen a su página y escuchen la excelentísima versión que hacen las chicas de Todo un palo. Suena adecuado -y hasta casi intencional- que canten “El futuro ya llegó”... porque el futuro son ellas.

PD2: Gracias Ornela por la foto!

domingo, 3 de junio de 2007

Un poco de brit-pop

Es domingo y no tengo ganas de escribir. Pero como estoy regalón, tengo para dejarles tres disquitos de brit-pop, aquel género (?) que surcó los noventa con alegría e intensidad.
El primero que merece comentario es, creo, el mejor disco de Radiohead: The bends. Escuchando a The Cure el otro día, saqué la conclusión de que las bandas con tendencias depre -como ellos y Radiohead- cuando hacen canciones alegres, suelen ser más alegres que lo común: dibujan una sonrisa espontáneamente. Este disco, sin dudas, es el más positivo de Radiohead, más allá de que hay climas oscuros también (es imposible que Thom Yorke haga un disco 100x100 arriba).
El siguiente es Leisure, el primero de Blur. Otro álbum sin duda con mucha buena onda encima, más algunos riffs interesantes, que significó el comienzo discográfico de un tipo con mucha inventiva como Damon Albarn, a veces con buenos resultados y otras no tanto (Gorillaz).
El tercero es el debut de Valle de Muñecas, la banda comandada por Manza Esaín (sí, el de Flopa Manza Minimal). ¿Qué carajo hace acá este disco, si el post es sobre brit-pop? Escúchenlo y me dicen, van a ver que merece estar aquí.