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martes, 2 de octubre de 2018

LMEDA – Radio #40 (24-09-2018)


La semana pasada llegamos al programa número cuarenta y lo celebramos sin bloques invitados porque hubo mucha música nueva. Demasiada. En los últimos días brotó una cantidad infernal de discos, sumado a algunos estrenos que habíamos pasado por alto de semanas anteriores, lo que nos hizo seleccionar las canciones más interesantes entre todo ese material.

¿Ejemplos? Salió Copia viva, el nuevo disco -al fin uno larguito- de una de nuestras bandas favoritas, Los Besos: quizá las mejores canciones que puedan escucharse en estos días, cantadas por la voz más teatral, andrógina y poética de la ciudad de Buenos Aires y aledaños, la de Paula Trama.

Además, Marco Sanguinetti estrenó su versión de "Primavera 0", que será parte de Inmoral, álbum producido por Tweety González donde el pianista repasará la obra de Gustavo Cerati muy a su manera (ya sabemos cómo deconstruye y recrea Sanguinetti porque lo hizo en forma magistral con la música de Radiohead. Inmoral verá la luz a principios de 2019).

Otra que se puso a versionar es Hilda Lizarazu, que estrenó La Génesis, un disco en el que visita los primeros años del rock argentino con versiones muy peculiares -lejos del refrito para que suene en la Mega- y una elección de repertorio interesantísima (más allá de algún infaltable slgo obvio). El resultado es sorprendente y escuchamos a Hilda en territorios poco transitados. Sirve como ejemplo el tema que elegimos, "Natural", original de Tanguito, recuperado aquí en una oscurísima versión.

¿Más? Valle de Muñecas en vivo, 107 Faunos a dos voces, los jóvenes Regy con su disco debut Vómito millenial, Rayos Láser y Francisca y les Exploradores... y todo lo que pueden leer y escuchar debajo.



Hilda Lizarazu – Natural
Marco Sanguinetti – Primavera 0
The Bad Plus y Wendy Lewis – Radio cure
Francisco Slepoy – Maribel se durmió
Cam Beszkin – Ella vendrá

Valle de Muñecas – Gotas en la frente
Pyramides – Las partes del todo
Vera y las Bóvedas – Affaire
Los Besos – Las melodías
Maquillaje – Reflejo

Francisca y les Exploradores – La señal
Rayos Láser – Un regalo tuyo
Rodrigo Armando – Tornado
Regy – El río
Tani – League of Legends

The New Pornographers – Silver Jenny dollar
Nene Almíbar – Chancho
Isla Mujeres – Asesina
Los Rusos HDP – Cascada
107 Faunos – Una geoda

Noname – Don’t forget about me
Julian – Tétrico
Cazzu – Chapiadora
Lapacho y El Pipe – No huyo
The Sey Sisters – Follow the Drinking Gourd

Andrea Álvarez – Vende humo
Camionero – 999 calorías
Mambo Surf – Todo está bien
Ayermaniana – Movimiento
Más Que Uno – Distintos


viernes, 29 de julio de 2016

Valle de Muñecas: rock bueno


No, no vamos a mentirles. El día en que esta nota comenzó a desarrollarse, la situación de El final de las primaveras, cuarto disco de estudio en doce años de Valle de Muñecas, era incierta a niveles más que significativos. Todo estaba grabado, pero los detalles a resolver iban desde mezclas por terminar (tuvimos el privilegio de probar las canciones a la vez que salían del horno) hasta lo siguiente:

¿Ya tienen el nombre del disco?
Manza Esain: No (risas). De acá a diez días tiene que estar porque hay que laburar el arte y todo, que lo va a hacer nuevamente Pablo Font.
¿Va a ser problemático?
ME: Siempre es problemático hasta que deja de serlo (Risas).
Mariano López Gringauz: ¿Si el título va a ser más corto que el anterior, decís? (Más risas).

Con el transcurso de los días fueron cayendo las novedades: “éste va a ser el nombre del disco”, “de esta canción no pongas el nombre en la nota por si las dudas”, y así hasta que los melones terminaron de acomodarse en el carro. Las pistas que teníamos antes de la entrevista (apenas unas pocas canciones, para ser precisos: tres) fueron en incremento hasta que con las pruebas suficientes pudimos confirmar que Mariano y Luciano Esain (o Manza y Lulo, como mejor se los conoce), Fernando Blanco y Mariano López Gringauz lo hicieron de nuevo: El final de las primaveras, publicado en noviembre de 2015, es otro discazo con la firma de Valle de Muñecas y está entre los momentos cumbres de la canción de rock en la Argentina del año pasado. El que sepa buscar encontrará, y piezas como “La cura y el dolor”, “1000 kilómetros” o “Insomnio” quedarán adheridas en su memoria emocional, ese lugar intangible que las melodías del grupo interpelan.

Pero la historia de este disco comenzó a gestarse a fines de 2013, entre demoras por problemas de locación, según cuenta Manza: “Arrancó todo un poco más tarde que lo usual porque una vez que salió La autopista corre del océano hasta el amanecer (2011) estuvimos casi un año sin sala. Estábamos yendo a ensayar a salas por hora y eso te tira para atrás las ideas nuevas, entonces las fuimos acumulando hasta que en un momento dijimos ‘vamos a ponernos con esto’ y en la primera mitad del año pasado no tocamos casi nada y terminamos de armar el grueso de los temas”.

Ahí nomás, los cuatro se largan a hablar de las nuevas canciones. El Mariano de doble apellido marca la primera diferencia respecto del antecedente de La autopista…: “Hubo un laburo consciente de los matices en el estudio, ya desde la banda”. Sus compañeros coinciden y profundizan la idea:

ME: El hecho de estar todo el tiempo trabajando con lo de uno y con otras bandas hace que más o menos tengas una imagen de lo que querés hecha en la cabeza, entonces tanto en la grabación como en el laburo en la sala ya se apunta a eso (se refiere a su labor como productor, que le valió hace unos pocos meses el Premio Kónex por su trabajo de los últimos diez años en esa área; galardón que compartió con la dupla Toth-Guyot, Fabián Tweety González, Cachorro López y Gustavo Santaolalla). Lo que no hubo en el disco anterior es ese laburo con la cosa en mente, porque en realidad no estaba esa cosa. Ahora entramos con una idea de las canciones sonando y tocadas por los cuatro en el estudio y eso te da un lugar desde donde arrancar.
MLG: Está el bagaje que viene de tener tres discos previos. Ya encontramos eso de sonar en la sala y conocer los espacios de cada uno como para armar las voces, sabemos cómo entremezclarnos. Y te da una especie de producción previa en los arreglos, ¿no?
Fernando Blanco: También pasa que empezamos tirando todo y después vamos extrayendo. El trabajo es ése, básicamente, un poco de todos. Empezamos con un quilombo y de pronto, a sacar. Uno escucha el tema y dice “ah, se me ocurre esto”; se me ocurren diez cosas y después quedan tres, o quedan pedacitos de cada una de esas diez cosas.
Luciano Esain: No es una búsqueda en donde decís “quiero esto”, a veces es al revés: “Esto no lo quiero”. Esa manera de buscar las cosas también está buena y es divertida.
FB: Por ahí pasás a escuchar lo que toca él o lo que toca él (señala a sus compañeros) y funcionás distinto, vos solo vas editándote también. Porque en principio uno escucha lo que hace uno.
LE: Vas editándote… ¡En otra década no hubiéramos usado esa palabra! (risas).
FB: Bueno, yo trabajo de director, así que… La edición no sólo funciona en un workflow, funciona también en la vida real (más risas).

Más allá de que casi todos los temas los compone Manza, el trabajo sobre las partes de cada uno, ¿es individual?
ME: En general, sí. Obviamente, cuando traigo una idea tengo otras ideas previas sobre qué quiero del tema, o por lo menos de la sensación que quiero que genere. Entonces, muchas veces vengo con ideas claras. A veces quedan, a veces no y otras se modifican.
MLG: Cuando él nos dice su sensación, uno sabe cómo interpretar eso y hace un arreglo. Sabemos cómo encarar una canción que trae Manza, eso es lo que decía de los espacios.
ME: A veces no… (Carcajadas).
MLG: ¡A veces no! Pero no es tocar Do Re Mi Fa Sol.
FB: Es difícil hablar en abstracto, explicar cómo es el sistema. Pero hay veces en las que llegás con una idea y alguno dice “no, esto no va”; y otras veces traés algo y queda para siempre. También pasa que digo “¿y acá qué mierda puedo meter?”, porque no se me ocurre.
ME: Muchas veces una idea de ellos modifica el concepto original que yo tenía. Fernando trae una idea de guitarra y termino de armar mi parte de guitarra arriba de la de él, por ejemplo. Cuando empezamos a tocar los temas, por lo general yo toco una base muy base, como si el tema fuese en trío, ¿no? Y cuando él empieza a definir sus arreglos, yo empiezo a tocar con él.
FB: Incluso algunos temas cambian la intensidad. Ahora yo escucho el disco anterior y digo “ah, pero este tema no lo tocamos así”, porque fue mutando y fue hecho más quirúrgicamente. Cuando llevás eso al vivo, la batería que él tocaba tiqui-taca…

Suena con todo. Eso es muy de ustedes, potenciar en vivo los temas, aunque quizá Días de suerte ya traía esa fuerza.
ME: Sí, porque es un reflejo de la banda en vivo.
MLG: Los discos, al no sonar sacados… Tienen un buen audio y todo eso, entonces cuando vas a ver a la banda parece que es otra cosa. ¡Pero la banda cuando graba está sonando así de fuerte!
ME: Igual creo que son dos mundos distintos, no necesariamente uno tiene que replicar al otro.
FB: Hay cosas que el mismo disco te va tirando para un lado, temas que en la sala suenan refuertes y después lo escuchás y él (señala a Manza) les hace una edición que queda súper cool. Ahí, después de escucharlos, bajamos el nivel de intensidad.
LE: Una vez que el disco se termina los temas vuelven a acomodarse, te vuelven de otra manera y eso es relindo también.
ME: Después de La autopista… hicimos una serie de singles que están grabados en vivo en los estudios MCL y un disquito que regalamos en La Trastienda. Y eso fue hecho con el mismo concepto de grabación que Días de suerte pero con mucha más experiencia haciendo ese tipo de grabaciones. La idea con El final… era lograr esa intensidad de la grabación en vivo pero sin perder todo el laburo de texturas y profundidad en la producción que tiene La autopista. Creo que conseguimos el objetivo.

¿Y cómo fue sumarlo a Juan Stewart en la producción?
ME: Juan es una persona en la que confiamos. En algunos procesos trabajamos con él y tiró y grabó muchas ideas. Al mismo tiempo que nosotros terminamos la mezcla, estuvo grabando algunos teclados y cosas así, muy de estudio, que forman una gran textura que acompaña a la banda. Todo lo que puso aparte del cuarteto está en función de lo que hay, partes que se doblan: una línea de bajo doblada por otro instrumento arriba; una cuerda que toca lo mismo que un arreglo de guitarra. Orquestaciones sobre lo que ya existe.
Igual hay una parte del proceso que no cambia en mí, eligiendo las tomas en casa o haciendo algún laburo que a nadie le gusta hacer y yo sé que lo puedo hacer bien (se ríe). Ese laburo fino de editar o elegir las tomas que van de las voces. No sé si usar la palabra editar, porque a veces no es así, a veces va una toma entera. Digámosle el ajuste fino de la cosa. Como sé que soy bastante obsesivo y puntilloso, eso me gusta hacerlo a mí.

¿Pero cuánto cedieron ustedes a la hora de la mezcla, por ejemplo?
LE: Las mezclas se desarrollaron en total paz y armonía, no es cuestión de ceder o no ceder, creo, no hubo mucho “a mí no me parece”, o “a mí sí”. Fue más decir “esto no va, ¿no?”, o “uy, esto está bueno, dejalo así que está buenísimo”. No sé si se entiende, como ir proponiendo e ir acercándose de a poco a la idea final. Pasa que Manza y Juan pueden llegar a lo mismo pero desde diferentes lados, por ejemplo: Juan puede armar una batería súper pulcra en cuanto a sonido y al final la destroza; en cambio Manza arranca ya con toda la mugre directamente (risas). Es lo que veo yo. Y nosotros tres (señala a Fernando y Mariano) estamos ahí señalando o pequeños detalles ultrapequeños, o ideas generales muy generales, en mi caso a través de onomatopeyas o palabras inventadas en el momento (risas).
FB: Durante la grabación, Juan estuvo muy atento, sugiriendo, el laburo de él está reflejado ahí también.
ME: Juan es un minimalista, pero yo lo veo muy contento. Tengo bocha de conversaciones con él sobre el disco y hubo un montón de ideas que me pasó y de alguna manera, filtradas por mí, llegaron a la sala o al estudio. Muchas cosas vienen de hablar.
LE: También pasó que él le prestara atención a algo que nosotros no, al menos no tan puntualmente. Podés tener una mezcla terminada y pensar “el tambor está refuerte”, pero venía Juan con una cosa que ni te imaginabas y te hacía parar en otro lado para ver la mezcla.

Recién marcaban las diferencias en cuanto al proceso de gestación entre este disco y La autopista… En la música en sí, ¿cuáles son las diferencias entre El final de las primaveras y los anteriores?
ME: A diferencia de Días de suerte, este es más guitarrero pero menos rockero. Al menos en el sentido tradicional, casi no tiene rock clásico. En Días de suerte y Folk había cosas que remitían claramente a los Beatles o a los Stones, y creo que en este disco hay muy, muy poco. Todo eso ya está muy filtrado y muy deglutido (risas). Es difícil a esta altura que una influencia sobrepase la impronta de la banda. Valle de Muñecas ya tiene un sonido y una personalidad, puede ir un poco más para un lado o para el otro.
LE: Este es un disco de la banda, estuvimos todos juntos, todo el tiempo.
FB: Y creo que este disco suena mucho mejor.

¿“Mejor” en qué sentido? ¿Sienten que está mejor tocado?
MLG: Es la experiencia.
LE: Las baterías de La autopista… las grabé solo, ¡los temas todavía no existían, loco! (Risas).
ME: Estábamos en el estudio y mientras íbamos grabando yo le decía “este tema es así: acá viene el estribillo, acá viene el puente y acá paramos; cuatro vueltas y el final” (risas). Toma uno, toma dos, toma tres, chau: terminábamos de armarlo. Había una base de batería con una guitarra de referencia y una voz, también de referencia, que cantaba cualquier cosa. Pero de algunos temas hasta cambió la melodía.
LE: Hay un par de temas de este disco que sobrevivieron esas sesiones. ¡“Las cosas perdidas” estaba terminado!
FB: Pero le encontramos la vuelta ahora, qué sé yo, esa es la cuestión.


LO QUE SE GUARDA Y LO QUE SE TIRA
La charla se dirige, entonces, hacia aquel material que no sobrevive a los discos. En los últimos años se instaló en los medios una fantasía santaolalleana según la cual los grupos se encierran a escribir sin parar ante cada nuevo álbum y producen un mil por ciento respecto de lo que después verá la luz: así, el artista escribirá cien canciones y elegirá las diez mejores. Valle de Muñecas no parece responder a esta consigna: las canciones que conforman El final de las primaveras son las que mejor cerraron entre los cuatro y no hubo demasiado que raspar en la olla de las sobras. Manza cuenta cómo funciona esa dinámica compositiva: “Somos de tirar muchas ideas, pero después capaz quedan en una estrofa y un estribillo y no les terminás de encontrar la vuelta, o no termina de armarse entre los cuatro. ¡O suena tan diferente a como imaginaba, que lo descarto! El disco iba a tener diez temas pero ‘Esta vez’, se metió por la ventana, salió redondito”.

¿Pasa seguido eso?
ME: El tema así del disco pasado fue “Cosas que nunca te digo”, que de hecho está grabado completamente distinto al resto, todos juntos en el cuartito del estudio.
MLG: El clima de los temas es medio parecido.
LE: Sí, igual que con “Cosas que nunca te digo”, Manza vino con el tema entero, con la letra y todo. Pero “Esta vez” lo grabó él solo y fuimos poniéndole cosas encima. “Cosas…” se grabó con la banda entera tocando en vivo. “Esta vez” también tiene como un clima más “íntimo”, por llamarlo de alguna manera.

Digamos que si una canción se completa entre los cuatro es más probable que no se descarte definitivamente.
ME: En esta grabación nos quedaron dos temas afuera, que pueden volver en algún momento. Uno no me gustaba cómo había quedado, y el otro es un tema que el disco no necesita. Era el más fácil de dejar afuera, no por ser el más flojo sino que el disco se arma conceptualmente bien sin ese tema.
FB: Es encontrarle la vuelta para que no sea como esos discos de los noventa, que tenían cinco o seis temas al pedo.
ME: Eso era por la fiebre de decir “uy, ahora tenemos 74 minutos: hay que llenarlos” (risas). La tecnología determina, siempre. Cuando salió el CD, todo el mundo quería llenar los 74 minutos que tenía.
FB: Sí, pero en un disco de noventa minutos, cuando llegaste a los noventa -si llegaste- te querés pegar un tiro (risas).

Queda claro que le encontraron la vuelta. El final de las primaveras funciona y no por duración o equilibrio. Es ese canto épico que habita entre la desazón y la esperanza lo que lleva la magia, el mando del timón. A estas alturas se puede decir que la marca de fábrica del grupo se halla en el contrapeso entre el bajón del bajón y la belleza del amanecer (con o sin autopistas). No por nada Manza entona que “la cura y el dolor/ son caras de la misma suerte”. Otra vez la suerte, una temática recurrente que esta vuelta aparece al menos en la superficie de tres canciones (las otras son “La llave de los días mejores” y su “nada sucede al azar” y “Una hoja en blanco”, donde se asevera que la buena suerte es “saber dónde pisar”); siempre la noche, su flagrante decadencia y su fugacidad. Ése es el terreno donde Valle de Muñecas sabe moverse a sus anchas (insistimos: chequeen “Las cosas perdidas” e “Insomnio”, una gema compuesta hace años por Lulo).

“Más guitarrero pero menos rockero”, dicen ellos mismos más arriba y puede que sea cierto, por el agregado, aunque sean detalles, de algunos timbres poco usuales en su sonido -el glockenspiel- y un pulso de rock que sin embargo no invita al pogo. Parece haber más aire que el habitual (“A un lado”, “Reinvención”) y así la vedette melodía se eleva por sobre el resto: destaca como nunca el trabajo del dúo de guitarras, con Blanco en un rol marcadamente shoegazer dando el golpe tronador, el ruido que de tan fuerte astilla el cristal; y Manza en su eminencia rítmica, chingui-chigui que algunos guitarristas de rock olvidan para siempre o prefieren no aprender nunca. El cruce de mundos es notable en, por ejemplo, “Una hoja en blanco”, con un duelo digno de la dupla de Television, Verlaine–Lloyd: tan frenético como la canción, que desaparece en lo que un chasquido de dedos. Mariano y Lulo también hacen un laburo fino que pone en manifiesto ese trabajo previo a la grabación: los huecos serán de ellos y el protagonismo a la hora de apretar el switch en una canción tendrá que ver con lo que ambos hagan (limpios y al frente en “La cura…”, sigilosos a la espera del ataque con el cuchillo en la mano en “El final de las primaveras”, el cierre del álbum).

Pero volvamos a lo nuestro. Fernando opinó sobre los discos “largos” y no deja otra opción que preguntarles, entonces, por qué el año pasado reeditaron sus dos primeros álbumes (Días de suerte, de 2005, y Folk, de 2007) en una versión doble. Según Manza, esa era una idea que había surgido al momento de publicarse Folk: “Inicialmente Folk iba a ser varios EP relativos a Días de suerte. Pero por un tema de costos terminó siendo un disco, en el que el arte gráfico tenía referencias a Días de suerte e incluso había temas en común. Desde el momento en que salió pensamos que si alguna vez se reeditaban, era juntos”. “Aparte se da que es justo una etapa de la banda, con el otro guitarrista”, agrega Fernando. Y vuelve a dejárnosla picando para rebobinar casi hasta el comienzo del cuarteto.

¿Podría dividirse la historia de la banda justo en dos? Esos dos discos marcan una etapa y estos dos últimos, otra.
FB: Sí, aunque Mariano entró cuando apenas salía Días de suerte.
ME: Mariano entró el día que salió Días de suerte (risas).
MLG: A la semana de ensayo me dicen “tenemos un show en La Plata, ¿venís?”. ¡Y toqué todo un disco grabado por otro bajista!
LE: Es loco porque él tiene mucho más que ver, incluso, con la idea original que tiene la banda, todo ese bagaje pospunk.
ME: En ese momento había una idea de algo más rockero, uno siempre se mueve por reacción a lo que hizo antes. Días de suerte fue sacarme las ganas de todas las cosas que no había podido hacer en Menos que Cero, ese pulso más stone y pesado. Después se estabilizó la cosa.
MLG: Si volvemos a hablar del tiempo que le lleva a una canción llegar al disco, cuando me llamaron ellos, saco todo Días de suerte, voy a ensayar y me dicen “estamos probando este tema”. Manza tiró un riff, Lulo un beat de batería, yo hice un arreglo ese mismo día… ¡Y eso después fue “Gotas en la frente”! Todo esto que cuento fue en 2005. Pero cuando volví a tocarlo hice el mismo arreglo (la canción se editó recién en 2011).
LE: ¡Por eso te contratamos! (Risas).
MLG: Son cosas que van rondando y ahí ves como cambia todo con la acción: cuando vino Fer fue un cambio rotundo. Cuando salí a tocar Días de suerte también, porque uno no toca lo mismo que otro ni aunque lo intente. Siempre está tu oído de por medio y la impronta que le das termina siendo distinta.


EL ROCK INDIE Y LAS ETIQUETAS: SER O NO SER
Una simple pregunta -¿cómo se llevan con la etiqueta de indie?- lleva la charla hacia lo difícil que les resulta convivir con los formulismos de la prensa especializada. Aunque los años parecen haberles enseñado que es mejor no descartar los rótulos, estos no gustan demasiado. Manza recoge el guante y todos se van a sumar al debate: “Lo primero que hay que aclarar es que para mí son cosas distintas lo independiente y lo indie pero, más allá de eso, lo que me parece que está mal es relacionar lo independiente o indie como algo que es para pocos y de culto. Son etiquetas que necesita la gente para hacer una nota, para vender algo o para consumir. Uno hace la música que tiene ganas de hacer y listo: nosotros no nos vamos a poner nunca una etiqueta porque no estamos cómodos con ninguna. Y al mismo tiempo si alguien nos pone una etiqueta, qué sé yo… ya aprendí: con los años, me pusieron 28 etiquetas, renegué de ellas y me di cuenta de que es ridículo”. Fernando coincide: “Renegar de las etiquetas termina alejando a la gente en vez de acercarla”.

ME: ¡Claro! Una vez estuve toda una nota tratando de desestimar la propuesta del periodista de etiquetarnos de determinada manera. Y cuando el tipo escribió la nota, más allá de que puso cosas que yo dije, ¡mantuvo eso de lo que me quería convencer!

Algo así como el sketch de Capusotto, “Vas a decir lo que necesito que digas”.
ME: Yo leía la nota y pensaba “qué hijo de puta”, pero unos años después volví a leerla y me dije “qué boludo, todo el tiempo tratando de contradecir al tipo que vino a hacerme una nota, ¿para qué?”. Él ya venía con la idea de hacer esa nota. Y uno, como se mueve siempre por reacción, quiere demostrar que hay mucho más, que tenemos un montón de música escuchada y por eso no queremos quedar pegado a una etiqueta. Pero tratando de negar lo que me decía ese periodista me perdí decir cosas mucho más interesantes. Así que ya no me molesta que digan que somos independientes, porque lo somos, y tampoco que digan que somos indies. Si agarrás la historia de lo que se cataloga como indie rock, nosotros seríamos una banda de indie rock. ¡Y creo que este es el disco más indie que hicimos en nuestra historia! (Risas).
LE: Igual hay muchos indies, hay un indie más desajustado y a ese indie no le gusta Valle de Muñecas.
MLG: El pulso nuestro no sé si es indie.
ME: La palabra indie es como la palabra rock, cada uno hace lo que quiere. Pero pedirle al indie que sea independiente es ridículo, es como pedirle al blues que sea siempre triste (risas). Es un tipo de música con el que yo crecí y me siento identificado, toda la cultura que baja de los Smiths en Inglaterra y de R.E.M. en Estados Unidos. Lo que vino a partir de eso se llama indie rock, no tiene otro nombre en el mundo. Pasa que acá cada uno dice indie rock y se imagina lo que se quiere imaginar. Con el rock pasa lo mismo: pará una vieja en la calle, preguntale qué es rock y mostrale Joy Division. Para mucha gente el rock es sólo AC/DC.

El costado pappista del rock argentino.
FB: Acá durante mucho tiempo rock era Creedence y Johnny Rivers (risas).
LE: ¡Eso porque vos sos del Oeste! (Más risas).
FB: Igual, si a mí me preguntan qué hacemos digo “rock”. Si preguntan “pero ¿rock cómo?”. “Bueno, escuchalo” (risas). Si la persona tiene sesenta años, le decís “Elvis Presley más fuerte”.
MLG: Al final lo que habla es la música. Decís rock y hay gente que se imagina algo mucho más pesado. También depende de cuánta música haya escuchado esa persona.
FB: (Imita) “Ah, ¡pero estaban buenas las canciones!” (risas).
ME: Tenemos dos definiciones históricas de nuestra música. Una la dio Lulo una vez que nos subimos a un micro (se ríe y no puede continuar con la anécdota). El chofer preguntó qué música hacíamos y le dijimos rock. Volvió a preguntar “pero ¿qué rock?” y Lulo le dijo “rock bueno” (risas). Y la otra fue una vez que tocamos en Goya, en un festival. Había un presentador, como si fuese Julio Mahárbiz, todo de traje. Antes de subir al escenario te preguntaba un par de cosas, entre ellas “qué música hacen”. Y otra vez lo mismo: “rock”, “pero ¿qué rock?”. “No sé, rock, a secas”, le digo. Entonces, sube el tipo al escenario mientras nosotros terminábamos de armar y empieza (imita una voz épica): “Ellos son Fernando, Lulo, Mariano y Manza, se llaman Valle de Muñecas, hacen… ¡rock a secas!” (carcajadas).
LE: El tipo era un remador de la palabra, en los quince minutos que había entre banda y banda hablaba todo el tiempo. No es que ponían música y él sólo te presentaba. De Bicicletas tiró “la banda que viene pedaleando” (risas).

Pero ¿quién había organizado ese festival?
MLG: ¡La Municipalidad de Goya! Fue todo surrealista. Tomamos un micro, todos arriba: Los Pakidermos, Bicicletas, Superlasciva y nosotros. Había un mozo, que sacó vino, champagne.
FB: Nos cagamos de calor terriblemente, 35 grados a la sombra, pero estuvo buenísimo.
LE: Y al otro día tocamos en Bella Vista, en la playa. Mariano y Fernando se habían ido, entonces Manza y yo hicimos un dúo, Lulo Viaja en Bondi con Manzana (risas).
ME: El show era a las cuatro de la tarde en la playa. Hacía 44 grados. No podías agarrar los pedales porque eran como una olla de agua hirviendo. El escenario miraba al río y tocábamos para un montón de cabecitas, ¡gente que estaba metida hasta acá adentro del río! (Risas).

¿Cuándo sacan un disco, se plantean sí o sí tocar por todo el país?
ME: Es algo natural. Tratamos de generar la situación nosotros, porque cuando sacás un disco empiezan a salir los comentarios en distintos lugares, entonces estás en boca de la gente que escucha rock y hay que aprovechar esos momentos para salir a tocar lo más posible, sobre todo a lugares fuera de Capital. Tratamos de volver a donde ya fuimos, porque de a poco se va construyendo algo y el que ya te vio quizá vuelve, le avisa al hermanito menor (risas).

¿Se ve un crecimiento?
ME: Es mínimo, son laburos a largo plazo. Pasa con todas las bandas que van a tocar mucho al interior; ahora Pez, en su momento El Otro Yo. Fueron a tocar mucho y por ahí no es que les iba bárbaro pero se genera algo.
FB: Y es un público mucho más fiel que el de Buenos Aires.
ME: También porque es un público, de alguna manera, más chico. La gente que quiere ir a ver bandas es gente que quiere ir a ver bandas, no es que tiene dieciocho grupos por fin de semana para elegir. Entonces el tipo que te va a ver a vos, al día siguiente va a ver a Almafuerte.
LE: Igual, en realidad, tratamos de ir siempre a tocar por todo el país.
ME: Lo que pasa también es que este último año, pensábamos “no vamos a quemar un show en Neuquén ahora, que podemos ir dentro de poco cuando salga el disco”.
FB: Capaz la gente ve “Valle de Muñecas”, googlea y le salta lo mucho o lo poco que salió del disco que estás por tocar.

¿Y qué otras expectativas se traza una banda como ustedes cuando saca un disco?
ME: Y… llenar un Luna Park (risas).

Por supuesto me refiero más a si se fijan en la recepción de la crítica o la gente; o si fabrican cierta cantidad de copias de un disco y esperan venderlas todas (risas).
ME: No hay objetivos de ese tipo, obviamente para uno siempre es mejor que a la gente le guste el disco y tener buenas críticas, pero no es la razón por la que hacemos las cosas. Yendo por ese lado, lo que esperamos es un poco lo mismo que esperábamos con el disco anterior: subir un par de escalones más de donde estábamos. Si ahora estamos haciendo un show “importante” por año, lograr hacer dos shows así y que estén a full de gente. Eso lo fuimos logrando, antes de La autopista… no lo podíamos hacer.
LE: El objetivo siempre termina siendo el mismo: que gire la rueda. Que haya una continuidad de shows y de cosas para hacer con la banda. Tocar mucho, que eso nos lleve a grabar y volver a salir a tocar. Y en el medio hacer algo lindo. Por ejemplo, filmar un video. Ahora hicimos el de “La cura y el dolor” en Carlos Keen.
ME: Queríamos tocar en una especie de bosque.
FB: El video lo hicieron Emiliano Cativa y Federico Pérez Losada y vamos a editarlo juntos. Hoy, casualmente, estuve viendo el material. Está bueno haberlo filmado ahí para salir un poco de que Valle de Muñecas es una banda urbana, de ciudad.
LE: Igual a mí esa me cabe.
MLG: ¡Es que somos urbanos! ¡Se nos acercaban las vacas por la música! (Risas).
ME: Cuando arrancamos el tema, que dura tres minutos y pico, las vacas estaban lejos. Pero de pronto, en el medio de la canción, las teníamos acá al lado.
FB: Pensábamos que venían por la comida, pero me parece que al final venían por la música.
ME: Claro, ¡si de comida no había una mierda! (Risas).

“Los músicos siempre pensamos que nuestro último disco es el mejor del mundo. Es indescriptible la sensación de tener un disco a punto de salir. La ansiedad de que el resto del mundo conozca eso en lo que uno estuvo tan metido durante la semana, los dos meses o los tres años que duró la grabación. La satisfacción de que sea como lo imaginabas. También el recuperar todas las otras cosas de tu vida que dejaste de lado en algún momento (generalmente el final) del proceso. Y poder pensar en otra cosa además del disco. Hemos pasado tanto tiempo con esas canciones. Les dimos forma, las mimamos, las detestamos, las rescatamos del tacho de basura y las volvimos a amar. Las que suponíamos no lo iban a lograr se convirtieron en nuestras preferidas, y nuestros supuestos hits quedaron en el camino. Así que tenemos mil razones para pensar que nuestro último disco es el mejor del mundo. Con el tiempo las cosas se ponen en su lugar, uno toma distancia y separa la paja del trigo. Pero ese momento ahora a mí no me importa. Porque estamos por editar el mejor disco del mundo”, escribió Manza en su perfil de Facebook el día que, al fin, terminaron el proceso de grabación y mezcla del álbum. Parece emoción, también debe ser la satisfacción de haber producido algo con este calibre de belleza.


[Publicado el 30 marzo de 2016 en Rock Salta. Fotos por Victoria Schwindt]

miércoles, 4 de marzo de 2015

Música argentina del Siglo XXI. Artistas más votados: #14, Valle de Muñecas


Por Marco Sanguinetti
Músico (Pibe A, No-Jazz Collective) y diseñador industrial

Dime quién te escucha y te diré cómo suenas. El siglo XXI arrancó hace rato. En la vereda para entrar a escuchar a Valle de Muñecas somos jóvenes (de espíritu) con entre 30 y 50 en el DNI. Hombres barbudos con algunas canas y prominentes panzas, en perfecto equilibrio entre lo primitivo y lo sensible. Algunos pelados también, claro. Mujeres de belleza auténtica no buscada pero inevitable, portadoras de anteojos cancheros y melenas despeinadas. Cuerpos ilustrados con tatuajes precisos, sin exceso de color, muchos jeans y zapatillas. Disfrutadores mensurados del tabaco, el alcohol y otras sustancias. Como siempre, los fumadores son los últimos en ingresar. Con cierta calma, dando tiempo a las cosas, atravesamos las puertas dispuestos a digerir el momento por venir. Vinimos a escuchar buena música.

Jesus and Mary Chain, Bowie, Cure, Radiohead y otros británicos armaron el soundtrack de nuestra juventud. ¿Algo que ver con Valle de Muñecas? Sin dudas, la melancolía, unas guitarras y varios climas. Aunque si jugamos a los parecidos, el ADN seguramente revele algo de Television y R.E.M. Afirmaciones que suenan escandalosas, pero que se vuelven convincentes al realizar un largo viaje en auto en compañía de los discos completos de todos ellos. Y el rock argentino... Abandonó el viejo milenio muy debilitado. Si no fuera por Spinetta, Cerati y Divididos, el rumbo hubiera sido incierto. La cultura futbolera que invadió a esta música no aportó nada más que ritmos básicos para carnavales en malas fiestas de casamiento. Por otra parte, la consagración de los Pomelos, de mirada oculta en lentes y falta de ideas al hablar, expandió un virus de pura postura y poquísima musicalidad.

Valle de Muñecas atrae por su autenticidad. El rock local necesitaba buenos músicos dedicados a hacer buena música. Cuando Manza, Lulo, Mariano y Fernando aparecen en escena se nota que tienen todo bien preparado. Sin anuncios ponen a correr la primera canción potente, una sucesión de acordes bien enfocados. La banda construye los momentos sin dudar, comprometidos con el plan de sonar tan prolijos como si estuvieran grabando un disco en vivo. Con las primeras notas todos revelamos nuestra capacidad de ejecutar algún instrumento ilusorio sobre el aire. Surgen movimientos poco coreográficos, no se hace pogo, tampoco hay danza, sino una sincera expresión corporal en tono rítmico. Acompañamos las letras con poco grito, cantando hacia adentro en rostros de placer o sufrimiento, según corresponda al argumento que se recita. Si estamos sentados, hay un impulso que nos pone de pie. Si estamos parados, el suelo se nos despega un poco de los zapatos. Somos un público cuya principal actividad es la escucha. Todo lo demás nos sucede sin querer.

En escena, Manza (Mariano Esain) vuelca la fuerte identidad musical que ha desarrollado a través de años de gran productividad. “Mapas”, “Ni un diluvio más”, “Gotas en la frente”, “Días de suerte”, “Sábados” o “Cosas que nunca te digo” sirven para comprobar el carácter inconfundible de su voz, su retórica, su forma de armonizar y la sonoridad de su guitarra. Lulo (Luciano Esain) aparece como un baterista con protagonismo, lleno de propuestas, firme y delicado a la vez. Sin el respaldo de su voz ésta sería otra banda. Mariano López Gringauz sabe encontrar el contrapunto entre su bajo y las líneas vocales, además de entrelazarse con las guitarras. Fernando Blanco completa el círculo armónico-rítmico con sus cuerdas enérgicas y precisas, además de sorprender con saltos certeros que ya son imagen registrada de estos shows.

No debe ser fácil poner en vivo el sonido que logra Manza en los discos que produce. Siguiendo su creencia de que “la ansiedad nubla la razón”, se pasa obsesivo el tiempo que sea necesario para lograr la mezcla perfecta. El tratamiento sonoro de La autopista corre del océano hasta el amanecer (tercer disco del grupo, del año 2011) merece repetidas escuchas con fina atención para poder apreciar ese trabajo exhaustivo del productor. Y, sin embargo, la banda en concierto suena detallista y viva a la vez.

Cuando tocan “Mil formas de estrellarme” sabemos que estamos en presencia de un himno y cerca del final de la noche. Ésta y otras canciones de Valle de Muñecas se perfilan como clásicos argentinos. Afortunadamente, son varias las bandas que en los últimos 10 años volvieron a enfocarse en la música y pusieron nuevamente de moda el interés por el rock local. En esa luz más intensa, Manza, Lulo, Mariano y Fernando se abrazan y reciben el aplauso final cargado de afecto y agradecimiento. Lentamente, salimos a la calle donde ya están los fumadores recuperando nicotina. Se percibe la dicha por las buenas horas que pasamos ahí y la ilusión de todos por el próximo disco que, sabemos, pronto estará entre nosotros.


[Foto, gentileza de Martín Santoro]

viernes, 11 de julio de 2014

LMEDA Mundial: hoy, Manza Esaín

Vamos llegando al final del recorrido en La Música es del Aire Mundial. La casualidad quiso (aunque no me crean porque soy hincha de, fue casualidad) que nuestro mes y monedas mundialista abriera y cerrara con hinchas de Racing: Pol Neiman al comienzo, y Manza hoy. Quedan cosas por publicar, pero ya no serán entrevistas...

Mariano Manza Esaín es -siempre hay algún desprevenido- el productor estrella del rock underground. Y nos quedamos cortos: ha aportado su oído avezado a los más diversos y geniales discos del rock argentino de los últimos 15 años. Entre ellos los que hizo con sus propios proyectos, claro. A saber: Menos que Cero entre fines de los '90 y comienzos de los 2000, el hoy regresado trío que conforma con Flopa Lestani y Ariel Minimal; y Valle de Muñecas, grupo con el que ha publicado tres álbumes donde la canción rockera argentina llega a la cumbre melódica.

Además, Manza es un sufrido fanático de Racing y siente que la vida debe compensarlo por ello, le gustaría escuchar una canción suya cantada por la hinchada en el Cilindro... Y cree que hay cuatro países en el mundo donde el fútbol es cuestión de vida o muerte. Pero mejor sigan por aquí abajo:


RACING, LOS ÍDOLOS Y NICK HORNBY

¿Hincha de?
Hincha de Racing.

En una entrevista reciente dijiste que algunos de los mejores momentos de tu vida fueron en una cancha. ¿Cuándo empezaste a ir, de chico?
Fui por primera vez a los 9 o 10 años, y fui bastante intermitentemente. En el '99 o 2000, creo, me picó el bicho y me hice socio. Y desde entonces, voy de local siempre que puedo.

¿Qué momentos felices recordás más claramente? ¿Y qué momentos bochornosos? De esos que decís “para qué habré venido…”. Tenemos muchos (risas).
Y... hay de todo (risas). Momentos felices, obviamente el campeonato en cancha de Vélez, el golazo de Bedoya a River, la cancha llena en la Libertadores al año siguiente, ya con Ardiles dirigiendo y jugando un fútbol más acorde a mis gustos. Arruinarle el campeonato a Boca dos torneos seguidos, goleada incluida. Los (pocos) buenos momentos de Giovanni Moreno, que me hacían pensar que la belleza en el fútbol aun era posible.

¿Y de los otros?
De los otros: montones de derrotas impensadas, un partido con Estudiantes en el que me fui porque se pudrió todo en la tribuna (risas), y el silencio más grande que escuché en mi vida: la eliminación por penales de una Libertadores sin derrotas, a cancha llena sin público visitante casi, en el 2003.

¿Hiciste promesas por el fútbol alguna vez? ¿Tenés cábalas?
Creo que no. Bah… los días que juega Racing no uso nada rojo en mi vestimenta. Igual no funciona (risas).

¿Creés que tu música tiene algo de racinguista?
Jamás lo pensé. Lo que sí pensé es que por ser de Racing la vida tenía que compensarme por otro lado.

Quizá deba ser con la Selección... ¿Los mundiales los vivís con la misma intensidad o es distinto?
Es algo completamente distinto, hay mundiales (como éste) en los que no puedo dejar de ver todos los partidos. Sufrir, sufro sólo con la Selección, pero ni se acerca a lo que vivo con Racing.

¿Admirás más a tus ídolos deportivos o a los musicales?
Admiro más a los músicos, desde ya. Siempre existe la fantasía de que un futbolista que te gusta escuche buena música y le puedas regalar un disco; o que un músico que te gusta sea hincha del mismo equipo que vos. Pero son sólo ideas ridículas (risas).

¿Tenés informantes cuando se te cruza la profesión con el fútbol? Ahora se juegan muchos partidos los viernes y sábados… ¿O preferís no enterarte?
Estoy con el teléfono a full, ¡incluso viéndolo por tele digital en el aparato!

Sé que sos fan de Nick Hornby y de su libro Fiebre en las gradas, donde cuenta sus peripecias en la cancha, como hincha del Arsenal. ¿Creés que el fútbol se vive igual en todos lados?
Gran libro de Nick Hornby, con muchos momentos en los que te identificás (y a veces te sentís un idiota también). Creo que no es igual en todos lados: Argentina, Inglaterra, Brasil e Italia son los únicos países en donde el fútbol es cosa de vida o muerte. No sé si está bien, de hecho creo que no. ¡Pero es así y no lo podemos evitar! (Risas).


EL FÚTBOL Y LOS MÚSICOS

¿Te gustaría que alguna de tus canciones fuera reformulada como himno de cancha?
¿A quién no? Ya el hecho de escuchar en la cancha la canción de alguien que conozco personalmente me mueve.

¿De quién hablás, de Manuel Moretti y Ella dijo?
Y, ese es el ejemplo más cercano. El otro es el tema de Turf, pero no recuerdo que lo haya cantado mi hinchada [nota del editor: ¡sí, lo cantamos!]. Escuchar una mía sería tremendo. Pero ni en pedo compondría pensando en eso. Igual no sé qué pasa cuando la canta otro equipo que no es el tuyo...

¿Y cómo es la dinámica futbolera en Valle de Muñecas? ¿Los demás le dan pelota al fútbol?
Somos tres hinchas de Racing, Fernando [Blanco, el guitarrista], Lulo [el hermano de Manza y baterista del grupo, Luciano Esaín] y yo, pero soy el único al que le interesa el fútbol. Lulo nunca fue muy futbolero; suelo ir a la cancha con Pato, mi otro hermano. Y Mariano [López Gringauz, el bajista] es de River, pero no ejerce demasiado.

Tengo una impresión que vos me podés confirmar por trabajar con mucha gente: un porcentaje importante de músicos no le da bola al fútbol, ¿puede ser?
Diría que es cincuenta y cincuenta.

¿Ejemplos de ambos lados?
No sé, ¡en todas las bandas hay fanáticos! Minimal, los Cosmo, el Mosca, Chivas de normA, los Crema del Cielo, Santi de El Mató, Tom de Bestia Bebé. Al revés no sé, obvio que hay mucha gente a la cual no le interesa, pero también puede ser que no hablen de la cuestión. Yo hace mil años que toco, ¡y mucha gente se enteró de que me gusta el fútbol por una nota que hice este año! (Risas finales).


*Flopa Manza Minimal sigue presentándose todos los miércoles de julio (16, 23 y 30) en Ultra (San Martín 678, Capital Federal). Entradas anticipadas a $100 en Anthology Discos (Galería Bond Street, Av. Santa Fe 1670, Local 7) y en Oíd Mortales (Av. Corrientes 1145, Local 17).
En tanto, Valle de Muñecas se estará presentando en el Festival Encandila el sábado 26 de julio, junto a El Perrodiablo, Los Sub y Las Armas Bs. As. La cita será en Zaguán Sur (Moreno 2320, Capital Federal) a las 21 horas. Entrada: $50.

[Fotos de Manza por Victoria Schwindt.]

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Charlas con músicos: Manza Esaín (Valle de Muñecas), pt. 3

Hemos llegado al final de la charla con Manza Esaín, voz cantante y guitarrista de Valle de Muñecas. En esta tercera parte, Mariano nos cuenta los pormenores del retorno del trío Flopa-Manza-Minimal, nos cuenta qué opina sobre su propia música -y devenimos en las posibilidades de difusión de un grupo under-; recuerda shows en el interior, planea giras y cierra con el mejor bonus track que hemos hecho hasta ahora: es tan melómano que, a la hora de elegir cinco discos que salvaría de un incendio, ¡no puede elegir y se desespera! Y por si fuera poco, como segundo bonus, le recordamos una frase propia para que se explaye en una explicación de su vida que nos encantó y quisimos poner como cierre.

FLOPA-MANZA-MINIMAL: AYER, HOY Y MAÑANA

Contame un poco cómo surgió volver con Flopa-Manza-Minimal el año pasado y por qué no estás ahora en el proyecto de los chicos.
Cuando el trío se separó en el 2004 estuvimos un poco distanciados. En algún momento las cosas se empezaron a recomponer, recuperamos la relación que teníamos antes y nos empezamos a ver de nuevo seguido y a compartir un montón de cosas. Sabíamos que era inevitable volver a tocar juntos y que en algún momento iba a pasar, hacía tiempo que estábamos compartiendo cosas y algún momento íbamos a coincidir.
Todos sabemos que Ariel es una persona híper prolífica, está todo el tiempo produciendo cosas y sacando discos: de él, de otro, grabando en el estudio, sacando un disco en vivo o compartido con otra persona. Y en cambio yo en particular necesito que el trío caiga en un hueco de las otras cosas que estoy haciendo. El año pasado fue Ariel el que lo propuso y justo fue un momento en el que me dieron ganas de tocar, entonces fuimos para adelante, pero el trío es un grupo que no tiene una continuidad. Depende de que los tres estemos con pilas para hacerlo y cuando sale está buenísimo, porque la gracia de ese grupo y la gracia que tuvo el disco fue que ninguno de los tres esperábamos nada.


Todo fue espontáneo.
Muy espontáneo, ésa fue la gracia. Fue un momento que coincidió de los tres, súper especial: se acababa de terminar Menos que Cero, yo estaba pensando en empezar Valle de Muñecas; Flopa no había grabado un disco con nadie; Ariel estaba a medio camino de la separación de los Cadillacs... fue un momento muy particular de los tres. Y me parece que eso surge de nuevo cuando surge, no hay que forzarlo y tenemos que estar los tres de acuerdo. Y cuando no estamos de acuerdo, Ariel y Flopa hacen shows ellos solos, o Flopa en este nuevo disco de Valle escribe conmigo las letras de dos canciones (Gotas en la frente y Cuentos para no dormir jamás), o sube a cantar con Pez... y así.
Hay un montón de cosas que compartimos y en algún momento vamos a volver a hacer shows los tres juntos, y a grabar juntos. Pero no sé cuándo, no lo puedo saber.

Cuando tenga que ser.
Cuando tenga que ser, sí. Somos grandes y cada uno hace lo que tiene ganas, si ellos tienen ganas de grabar un disco juntos ahora lo harán: yo en este momento estoy completamente absorbido por este disco y me parece que tiene que ser así, de hecho hace tanto que no saco un disco con la banda que me parece que se merece esa dedicación absoluta mía. Pasa por ahí.

Además, La autopista... iba a salir hace como un año.
Sí, pero hubo muchas cosas en el medio. Tampoco somos un grupo del cual todos vivamos y entonces hay que hacerlo rápido porque la compañía lo pide y sino “no hay difusión y no hay plata”. En realidad, lo que queríamos era que quede el mejor disco posible y es un disco del cual estoy orgullosísimo, me parece que es uno de los mejores discos que hice y eso es así -en parte- debido al tiempo que le dedicamos. Quizá fue un exceso... pero bueno, fue el tiempo que le pudimos dedicar y listo.


SU MÚSICA, LAS COMPAÑÍAS, LAS MOVIDAS INDEPENDIENTES

Lo que dijiste de la compañía me hizo recordar algo que pienso cada vez que escucho algunas canciones de ustedes que son potenciales hits: si sonaran en la radio pegarían. ¿Nunca vino nadie a ofrecerles algo?
Nosotros también lo pensamos, montones de veces, pero la verdad es que nunca vino nadie a decirnos nada. Con Menos que Cero hubo un aproximamiento pero se diluyó, nunca llegó a ser algo tan fuerte.

Estaba seguro de que me ibas a decir que sí. ¿Para los festivales tampoco les llegó nada?
No, tampoco. Hay gente que va a golpear la puerta y dice “necesito tocar acá”, yo la verdad que nunca fui. Después de un montón de años de carrera hay situaciones que son medio denigrantes y prefiero evitarlas, como ir a la oficina de un tipo que se dedica a armar grillas de shows y tener que explicarle a esa persona quién soy yo y qué hice antes de este disco. Me deprime. Me deprimiría porque sería como rebajarme porque si te dedicás a eso, tendrías que saber quién soy yo. Y bueno, no te pienso explicar, listo. No es una cuestión de dinero. Realmente me gustaría que la música que hacemos la escuche la mayor cantidad de gente posible, no tengo ningún problema con que un tema sea cortina de un programa, ponele.

No sos de los que se autoboicotean.
Al menos no conscientemente (risas). Hay gente que en su momento dijo que yo me boicoteaba porque separé Menos que Cero, o porque cambiaba mucho de formación. Por ser sincero con un montón de cosas, por ejemplo: no me gusta tocar con alguien con quien no me llevo bien. Hay un montón de grupos que siguen tocando y vos decís “pero si estos tipos se llevan como el orto, ¡¿cómo hacen para seguir tocando juntos?!”. O bandas que realmente laburan y viven de lo que tocan y es un trabajo para ellos, la amistad ya la perdieron hace años y permanecen juntos porque están alimentando a sus familias y a un montón de gente que labura con ellos.
Tampoco puedo opinar con certeza de eso porque nunca estuve en la situación de que dependa mucha gente de lo que yo toco. Quizá si estás en una situación así, decís “la verdad que no puedo dejar de hacerlo”. Pero en la situación en la que estoy, quiero tocar con los que me gusta tocar y eso es lo que disfruto de la banda en este momento.

¿Tendrían que darse muchas cosas para que, llegada una oferta, la acepten?
No sé... la verdad que no sé qué es lo que ofrecen las compañías ahora, habría que ver. Para mí es una música que tendría que escucharla un montón de gente. También es una cagada que no haya algo alternativo grande dando vueltas, que no haya un circuito de medios -de radios y revistas- realmente alternativo. O no sé, que no haya radios en las universidades que pasen una música distinta.

En La Plata quizá se dé un poco.
Sí, La Plata es una ciudad en la que se dan cosas, comparativamente con Buenos Aires, ¡porque en Buenos Aires en ese sentido no pasa nada! Pasan las cosas pero tampoco es que hay una cantidad de público espeluznante para eso. Sigue siendo algo reducido.


DE GIRA

¿Tienen planeada alguna gira de presentación del disco?
Tenemos planeado -aunque no esté todo arreglado- ir bastante al interior. Después de la presentación con Norma en Niceto -el pasado jueves 10 de noviembre- la idea es hacer una presentación importante, solos, en marzo o por ahí: hacer una Trastienda o un Niceto. Y hacerlo coincidir en el tiempo con algunas presentaciones por el interior: Córdoba, Rosario, Mendoza, lugares donde hay un montón de gente que le gusta la banda y cada vez que vamos está buenísimo.

La pasan bien cuando van.
Sí, excelente. La gente de cada lugar tiene distintas maneras de acercarse a la música y a uno, y es enriquecedor. En Córdoba el público es muchísimo más efusivo de lo que es en Buenos Aires... También lo que pasa acá es que al público uno ya lo vio un montón de veces, ya lo conoce, y vas a una ciudad en la que el otro no te conoce y hay un poco más de euforia. La gente está menos pendiente de si la están mirando o no, acá todo el mundo está preocupado por la imagen que da, y en otros lugares no les importa tanto eso.
Tengo en la memoria los shows que hicimos este año en Córdoba que fueron así, muy efusivos, hubo un feedback con la gente muy copado. Uno la pasa bien, la situación de viajar a tocar a otro lado... Son experiencias colectivas de la banda, pertenecen a la historia colectiva de Valle de Muñecas porque ya no somos pibes de 20 años, ya no salgo con los chicos del grupo jueves, viernes y sábado. Cada uno tiene su familia, su pareja o lo que sea y la situación de gira te hace convivir con el otro. Y eso me encanta.

¿Tratan de hacerlo lo más que pueden?
Sí, es bastante difícil porque la verdad que con los pasajes cuesta, son distancias muy largas y los transportes son carísimos.


BONUS TRACK: CANCIONES Y DISCOS

¿Qué canción de Valle de Muñecas le mostrarías a alguien que no conoce al grupo?
En este momento mostraría La soledad no es una herida, me parece que es la canción que define el estilo actual de la banda, es una conjunción de un montón de cosas que me gustan: la letra me gusta mucho, la base me parece contundente -tiene una línea de bajo que como hablábamos antes, es bien post-punk y me agrada- y hay un trabajo de guitarras con varios sonidos que se superponen por momentos. Me parece interesante cómo la terminamos produciendo y me parece linda la composición.

Representa el hoy.
Sí. Y después, si tuviera que elegir otra canción que disfruto mucho de tocar en vivo, Tormentas sería la elegida, por lo que siento en el momento de tocarla: es linda de tocar.

¿Y qué canción te gustaría haber compuesto?
Qué sé yo, es muy difícil...

Te doy un par...
¡¿Un par?! ¿Canciones de todo el mundo, de cualquiera? Vamos a hacer más fácil (se para y empieza a mirar discos). A ver... There is a light that never goes out de los Smiths. Esa ni la tuve que pensar (risas). Ever fallen in love de los Buzzcocks; Try a little tenderness de Otis Redding; No expectations de los Rolling Stones... y Common people de Pulp. Listo (risas).

A vos te di cinco, no te podés quejar. Mañana se te van a ocurrir otras cinco (risas).
¡Ya tengo un montón! ¡No distance left to run de Blur! (Más risas).

¿Y cinco discos?
Cinco discos... No sé, hay que pensar mucho... (Carcajadas).

Es más fácil discos que canciones, ¿o no?
Pero dejaría muchísimos afuera, ¡dejaría tantos afuera! (Mira de vuelta los discos, se ríe, suspira).

No mires, cerrá los ojos y elegí. ¿No te sale ni uno?
¡Me salen un montón pero no sé si están entre los cinco! (risas). El primero de Violent Femmes, que se llama Violent Femmes. El primero de Flying Burrito Brothers. El primero de Jarvis Cocker.

Te gustan los primeros discos veo.
Beggars banquet de los Rolling Stones, Please please me de los Beatles...

Ya llegaste a cinco...
Bueno, yo te digo varios y vos después hacé la selección. Surfer rosa de los Pixies; Psychocandy de Jesus & Mary Chain; el de Neil Young que tiene Heart of gold, creo que es Harvest; Marquee moon de Television; Blank generation de Richard Hell; In the city de The Jam; y Nevermind the bollocks de los Pistols...

¡Listo, ya está! (Risas).
¡Esos van todos juntos! (Risas). Te podría decir un compilado de Motown de los años ’64 al ’67, no puedo elegir un disco de las Supremes. Elegí lo que quieras...

Los voy a poner todos, rompiste el cuestionario pero bueno, ya está (carcajadas finales).

BONUS TRACK II: LA MEDIOCRIDAD Y LA SALVACIÓN

Te voy a citar una frase que dijiste hace unos años: “tocar y hacer música me salva de la mediocridad”.
(Se ríe fuerte).

¿Lo seguís pensando?
Yo creo que dedicar la vida a algo que tenga que ver con cualquier rama del arte en general, es algo que eleva la condición de ser humano de alguna manera. Uno hace las cosas de todos los días, no es que me levanto y no tengo necesidades básicas, pero me parece que es una conexión... Yo soy completamente ateo y no creo en el concepto cristiano de "alma", pero creo que hay algo que es el espíritu, que no sé lo que es pero para mí es físico. Y hay una conexión con eso cuando uno está creando algo que no existía... Cuando uno hace una canción o toca está haciendo algo que hasta unos minutos antes no existía, entonces está conectado con sus sensaciones o sus emociones de una manera... ¡Claramente, no sé cómo explicarlo! Pero me parece que la mediocridad es lo contrario a eso, la mediocridad es tener una vida completamente terrenal, donde no hay sorpresa en lo que vas a hacer y tenés que hacer cosas que otro te manda. A eso me refiero con la mediocridad. A mí la música me permitió conocer un montón de cosas. Un montón de músicas que me llevaron a vivir emociones que no las hubiera vivido de otra manera, o me llevaron a conocer libros, películas o gente a la que no hubiera llegado.


* Este jueves 17 de noviembre es la tercera edición de La Noche de las Disquerías. Muchas estarán abiertas hasta tarde, tendrán ofertas y descuentos, e incluso algunas tendrán música en vivo. Valle de Muñecas se vuelve itinerante por esa noche y va a tocar en formato acústico en un par de ellas. Aquí la data completa:

18.00 hs.: Oid Mortales Discos (Av. Corrientes 1145, local 17)
19.30 hs.: Anthology Discos (Av.Santa Fe 1670 local s7 - Galeria Bond Street, subsuelo)
21.00 hs.: Compakta (Pje. El Lazo 3156 local 7 - J. Salguero y Cabello)

(Las fotos de esta tercera parte vienen repartidas: las dos que son en color las saqué yo; la de Flopa y Manza es de Martín Santoro; la de Fernando Blanco en el aire es de Javier López Uriburu y las dos de la banda en acción son de Anita Filipponi, alias Planeta del Cangrejo. ¡Gracias a ellos por el aporte!).

lunes, 7 de noviembre de 2011

Charlas con músicos: Manza Esaín (Valle de Muñecas), pt. 2

Segunda parte de la charla con Mariano Manza Esaín. En esta ocasión repasamos sus días como estudiante y su relación con el rock argentino, retomamos algunos detalles y anécdotas acerca de sus labores como productor y asistente en discos ajenos, y derivamos en una discusión sobre el virtuosismo y a quiénes considera Esaín verdaderos virtuosos.
Tan disfrutable como la primera parte. (Si te la perdiste, podés leerla acá).

MANZA ESTUDIANTE

¿Estudiaste música en algún lado?
Sí, en algún momento estudié. Hice un año en conservatorio, un par de años en la carrera de música de la Universidad Católica, que era el único lugar donde había una carrera universitaria de música. Pero en realidad yo tenía ganas de hacer musicología y siempre me pasaban cosas como que se suspendía porque era el único inscripto. Nunca me interesó estudiar una carrera de un solo instrumento, eso de perfeccionarse mucho en guitarra o piano. Yo quería estudiar orquestación o composición y después me agarró lo de musicología.

Querías tener nociones más generales.
Sí, claro. Y qué sé yo, todo eso es algo que aportó a mi formación. No sé si fue determinante pero me hizo una persona más rica de alguna manera.

¿Podrías improvisarte un jazz, por ejemplo?
No, ni loco (risas). Me encanta el jazz, tiene muchos lenguajes y por ahí el lenguaje de New Orleans, ese costado más primitivo, tiene más que ver con el blues y ahí es un terreno en el que yo me podría mover de manera más simple. Después, del bebop para adelante ni compito (risas).

¡Del cincuenta y pico para acá ya aparecen muchos monstruos!
Ahí ya se necesita más. Igual, uno se perfecciona en lo que más le interesa, no quiere decir que uno no escuche otras cosas. Pero cuando estudiaba, por ahí me pasaba que íbamos con mis compañeros a una disquería y ellos iban a ver las bateas de música clásica y contemporánea, y salían con discos de Debussy o Schoenberg... y yo salía con un disco de los Clash o de los Pistols. Y pensaba “acá hay algo que no funciona, esta gente va a ser mejor que yo para esto”.
Y claramente lo mío es esto que hago y ésta música, lo que me apasiona y me interesa. Lo otro me abría la cabeza a un montón de cosas, me copaba ir a los conciertos de música de cámara, de orquesta, fui a ver música electroacústica. Es parte de la información musical que tengo y no necesariamente se tiene que notar en cada canción que hago. Todo lo que uno escuchó o consumió está ahí metido, yo no voy a estar explicándole a todo el mundo “esto viene de acá”: el que lo ve, lo ve. Las cosas tampoco son tan obvias, no están mostradas con luces de neón.


ROCK NACIONAL

¿Qué fue lo primero que escuchaste, que recuerdes?
¡¿En la vida?! (Risas). Supongo que la banda donde estaba mi viejo...

¿Tu viejo tenía una banda?
Mi viejo toca en una banda de jazz.

¡Mirá vos, no sabía que tenías viejo jazzero!
Sí, es jazzero y sigue tocando todavía. Y bueno, después lo que escuché fue rock, cuando me independicé y empecé a escuchar una música que no era la que escuchaban mis viejos: Queen, o alguna cosa así. Beatles, Abba... y después, cuando descubrí al punk rock y a los Rolling Stones como que hubo un cambio.

Me cuesta encontrarte influencias argentinas. Quizá por lógica supongo que Spinetta te debe gustar, al menos Pescado Rabioso, Invisible o Almendra. Pero no te imagino escuchando a Charly, por ejemplo.
En algún momento de mi adolescencia lo escuché, pero no es una música que me llegue. Reconozco que es un músico con talento, tiene un montón de cosas que lo atestiguan y ojalá yo tuviese la discografía que el tipo tiene pero, la verdad, no es una música que me llegue particularmente. Te diría que no me llega casi ninguno de los grandes ídolos de acá. De Spinetta me gusta muchísimo Almendra y Pescado Rabioso, un poco menos Invisible y a medida que van pasando los años cada vez menos. No me emocionan sus discos más nuevos, aunque también reconozca su talento, como el de Charly García.
Me gusta muchísimo el primer disco de Manal, me parece que ahí están mis letras preferidas del rock argentino y después salto casi hasta los ’80 para encontrar cosas que me gusten. Ojo, escuché mucho y hay cosas que me gustan ahí, pero no hay nada que me vuelva loco.

Que te gusten de verdad hay pocos grupos.
De los ’80 hay cosas que me gustan: obviamente Sumo, Don Cornelio y la Zona, algunas cosas de los Redondos y los Ratones, lo primero de Los Violadores. Y después ya vienen bandas que son más contemporáneas mías, la movida de Invasión ’88 la viví por cuestiones de edad, Mal Momento y ese tipo de cosas; y otras como Peligrosos Gorriones y los Suárez, que ahí ya somos más colegas, hicimos cosas, fechas juntos...

¿Babasónicos?
Son muy buenos. No es que me emocionen particularmente, pero me parece que son muy talentosos. De la camada de principios de los ’90 son claramente superiores a todo el resto de las bandas.

¿Y del otro lado, digamos? La Renga, Los Piojos...
No me gustan mucho. Me gustan algunas cosas de Los Piojos… bah, no sé si de Los Piojos, de él.

De Ciro, decís.
Sí, de Ciro como intérprete, cuando canta canciones, me gusta cómo frasea y eso. No me gusta para nada cuando se pone murguero. Igual no hay muchas bandas de ese palo que me gusten mucho. Cuando se acerca a los Rolling Stones me atrae más: los Ratones, Blues Motel me gustan.
No tengo prejuicios, estoy dispuesto a que venga una banda que por ahí no me gusta tanto y escuchar una canción y decir “guau, este tema está buenísimo”. Encuentro todo el tiempo cosas de afuera que me encantan y con las bandas de acá viejas no me pasa, pero también es cierto que hay un montón de grupos que veo ahora que me gustan, que hacen cosas que tienen que ver con músicas que me gustan: La Perla Irregular es una de las que más me gusta, Cosmo, Excursiones Polares, hay unas cuantas bandas.
Reconozco que es una cuestión personal; y supongo también que hay alguna de las bandas que quizá fue mínimamente influenciada por cosas que yo hice, claro que no voy a ser tan soberbio de pensar que es todo así.


EL ARTE DE PRODUCIR (II)

Bueno, por eso también muchos grupos te llaman para que los produzcas. ¿Hay algún grupo en particular al que te gustaría producir?
Hay un montón de grupos que me gustaría producir, algunos porque me gustan... y otros porque no (risas).

¡Para cambiarles todo lo que hacen!
Sí, creo que podría hacer algo que me gustase, les podría sacar un jugo distinto al que le sacan los productores con los que trabajan normalmente.

¿Te animás a nombrar alguna banda? Al menos de las que te gusten.
Sí, no sé... (Duda de contestar).

¿No querés que quede como que te estás candidateando?
Claro, eso me parece medio raro... No sé, te puedo decir que me gustaría producir a El Mató, o algún disco de Bochatón, que son gente con la que nunca trabajé pero son más cercanos. Ya bandas más grandes prefiero no nombrar.

¿De la producción qué es lo que mejor? Vos cumplís funciones dobles porque sos técnico también.
Sí, en realidad yo lo veo a todo como una sola cosa, lo vivo de esa manera. Incluso lo veo de la misma manera que tocar... cuando empiezo a producir una banda y voy a un ensayo hago lo mismo que en el ensayo de mi banda: digo qué es lo que me parece que se podría mejorar y aparte pienso en la parte técnica, cómo llevar a cabo algo en el estudio. Pero no trabajo muy distinto, no lo pienso diferente.
Igual, con cada banda la situación es diferente porque lo que uno hace como productor tiene que ver con el espacio que cada grupo te da. Algunos están más seguros de lo que están haciendo, pero hay grupos que necesitan que los incentives o los aconsejes; con unos te dedicás (casi) a hacer sólo la parte técnica y con otros tenés que trabajar desde los ensayos, con las estructuras de los temas o los sonidos de los instrumentos.

Con el segundo disco de Coiffeur (No es) pasó un poco eso, ¿no?
Yo tuve ideas para agregar algunas cosas, pero también fueron de él. Partimos de la base, que era la voz y la guitarra, pero desde un principio los dos sabíamos que no queríamos que el disco fuese chato; que cada tema tuviera alguna cosita extra que le diese una personalidad más allá de la composición. A mí se me ocurrieron algunas baterías y contrabajos, después hay otras cosas hechas con teclados o con efectos de guitarra, delays... Igual, en ese sentido, sigue siendo un disco bastante sutil, mantiene eso de la guitarra y la voz. Es uno de los discos que hice que más me gusta.

¿De qué discos que hiciste pensás ‘qué suerte que estuve acá’? ¿Ése es uno?
Sí, sin dudas. Y Hickie de Mataplantas es un disco del cual estoy muy orgulloso, fue hecho en un gran momento de la banda... (Piensa) En realidad no sé, tengo un montón. Es difícil, hice como setenta y pico...

Entre ellos estuviste en uno de Pappo, ¿cierto? ¿Fue Blues local?
(Se ríe). Sí, pero eso fue como asistente. En el que vino después de Blues local, creo que es Caso cerrado. En realidad en ese momento eran sesiones varias y alguno de esos temas apareció en Caso cerrado y otros en otros discos. El chabón venía y grababa siempre con músicos distintos.

¿Y es cierta la anécdota de Bordón?
Sí, cierta (Risas). Fue en el primer estudio en el que trabajé, el estudio Del Abasto. Ahí fui asistente de un montón de gente: de Pappo, de Almafuerte...

Te tocó arrancar con gente especial...
Sí, en realidad eso fue al par de meses de haber empezado. Un disco en el que me acuerdo mucho que estuve porque me gustaba es Galería desesperanza, de Massacre. Después estuve en el último de Hermética, el disco en vivo... medio que se separaron durante la mezcla. Y al tiempo vinieron Almafuerte y Malón, estuve en los dos primeros discos.
El primer disco en el que hice de todo en el estudio fue el primero de Blues Motel y con ellos seguí trabajando, hice como 7 u 8 discos. Con Mal Momento hice dos...

Bueno, con Pez...
Cabeza fue el primer disco que grabé.

Y siguen estando en contacto, sucede así con muchos colegas.
La gente tiene la idea de que hay muchos celos y mucha mierda, pero yo la verdad que conozco (y me llevo bien con) mucha gente. Y con la gente que no me cae bien o me parecen malas personas, directamente dejo de tratar. Creo que tuve suerte, tengo muchos amigos músicos.


MUSICOS, COMPOSITORES Y PRODUCTORES: VIRTUOSOS

¿Es cierto que detestás a los virtuosos?
No sé si los detesto, la realidad es que no me emocionan, no me generan nada. Que un tipo haga un gran solo de guitarra... digo: hay grandes solos de guitarra. Me refiero a tipos que no puedo escuchar, como Yngwie Malmsteen o Joe Satriani. Con toda esa gente no me pasa nada cuando los escucho. Ni siquiera sé si es pirotecnia, no podría decir qué es.
Por supuesto, escucho música de gente que es virtuosa con su instrumento pero no de esa manera. Como te decía antes, Charlie Parker, o Hendrix en la guitarra. Y escucho a los Who y Keith Moon era un virtuoso de la batería. Está bien, era un salvaje: pero nadie puede negar que era un superdotado. Supongo que me interesan muchísimo más los compositores virtuosos (risas).

¿Y quiénes serían esos compositores virtuosos?
Lennon y McCartney a la hora de hacer melodías y armonías. Morrissey, Jarvis Cocker, Michael Stipe de R.E.M. Y después hay muchos cantantes que me parecen súper importantes, ponele, Otis Redding me parece un gran cantante.
Después Lennon, que como cantante hoy quizá lo prefiero en sus primeros años: el Lennon anterior a 1965 me parece increíble.

La Beatlemanía, digamos.
Claro, el Lennon cantante de rock and roll me parece soberbio. Y después hay muchos cantantes de la época del punk: Richard Hell, Howard Devoto, Ian Curtis; y la camada de gente más emotiva que ya te nombré: Morrissey, Cocker, Richard Hawley. O Ian McCulloch, que es uno de mis cantantes preferidos.

¿Y como productor? Ya que me dijiste cantantes y compositores, vamos con todas tus actividades.
Siempre me olvido de alguno. Por nombrar de ahora... Nigel Godrich, Dave Fridmann, Danger Mouse, que está haciendo cosas increíbles. Creo que es el último gran productor de esta época: el disco que hizo con Black Keys, el de Sparklehorse, las cosas que hizo en su momento con Gorillaz... Hay un montón en realidad.

De acá es más difícil encontrar.
Es que acá al principio era un trámite. No es que vos decías “quiero grabar con este técnico”: la compañía te ponía el estudio y ya venía con los técnicos. Uno que trabajaba de diez a doce, el otro de tres a ocho... Era como un operario y listo, se suponía que no importaba quién grababa. Eso cambió muchísimo.
Acá no hay una tradición de productores, aparecen en los ’80 y son músicos. Me refiero a que son músicos que quizá no manejan la parte técnica. Cuando uno veía en los ’80 que Charly o Calamaro producían un disco, no se ocupaban de la parte técnica en absoluto. Y creo que casi todos los productores que me gustan tienen esa dualidad de ocuparse de las dos cosas.
A mí me cuesta mucho imaginarme produciendo a alguien y que las perillas las esté tocando otro, me volvería loco.

Se te iría la mano para las perillas...
¡Claro! Lo hice un par de veces lo de trabajar de a dos y no me peleé ni nada, pero uno tiene que ceder en algunas cosas que decís “está bien, pero yo lo hubiera hecho de otra manera”. Sí disfruté hacer El Tonel de las Danaides (de Coiffeur) con Juan Stewart, por ejemplo.
Hacer algo con otro ahora... ¡Me molestaría demasiado! (risas). Alguna vez pensé en hacerlo y por ahí estaría más tranquilo... pero creo que me odiaría (más risas).


* Valle de Muñecas se estará presentando junto a Norma este jueves 10 de noviembre en Niceto.
Anticipadas $30, por Ticketek o en Niceto Vega 5510.


(Las fotos que ilustran esta segunda parte son todas de Martín Santoro, a excepción de la primera imagen, capturada en el hogar de Esaín por mí).