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jueves, 9 de marzo de 2017

Atrás Hay Truenos: el futuro ya llegó


En un momento de la charla con Roberto Aleandri, cantante, guitarrista y compositor de Atrás Hay Truenos, el hombre vislumbró el papel diminuto con algunas anotaciones que quien escribe había llevado. Fue hacia el final, cuando el grabador yacía apagado en la mesa del bar. Pero la curiosidad de Roberto pudo más: quiso saber qué había quedado escrito y sin ser mencionado. Su discurso entusiasta hizo el resto y nos llevó a encender el aparato nuevamente.

Con ese fragmento del final -el descubrimiento de Neu!, fantástico grupo alemán que resultó un espejo en el que aquellos adolescentes neuquinos supieron mirarse; y la cita a una película de nombre curiosamente parecido al del grupo- empieza esta segunda y última parte de un diálogo rico en anécdotas y pensamientos (acá está la primera). Sobre la música propia y el arte ajeno (así dijo siempre Aleandri, el arte). Sobre el desarrollo continuo de las canciones y la producción de un disco. Sobre los sintetizadores, el instrumento estrella de su álbum Bronce. Sobre lo que vendrá, empapado por la ambivalencia entusiasmo por el presente artístico-desencanto político total. Y una probable salida que Simon Reynolds tacharía de pospunk: romper todo para empezar de nuevo.

LA SALVACIÓN SE LLAMÓ NEU!
“Conocerlos fue definir que uno podía hacer música. Y querer tomarse el atrevimiento de salir a tocar a un lugar o grabar un disco”, empieza Roberto cuando el grabador se reenciende. Y sigue.

¿Cuándo fue ese encuentro, te acordás?
Con Tito [Héctor Zúñiga, el baterista del grupo] tocamos desde 2003, más o menos. Esto fue en esa época, incluso antes de que fuéramos los Truenos. Ensayábamos con él y otro chico más, Maxi, un amigo que tocaba los teclados. Yo me vine a Buenos Aires a visitar a otro amigo -el Pato Rodríguez, vamos a darle el mérito- que vivía acá con varios neuquinos que no conocía. Y él tenía en su computadora 10 gigabytes de música bajados de internet, perfectamente catalogados. En ese momento era un montón para una computadora. Entonces me volví para Neuquén con varios CDs de mp3, entre ellos, Neu! y otros discos de Alemania de los 70; un montón de música. Y se los llevé a los pibes. Nosotros nos juntábamos a ensayar y siempre escuchábamos música, eran horas charlando y escuchando, como una terapia eterna. Y cuando llegamos a Neu! flasheamos, no lo podíamos creer. Fue decir “ah, boludo, tenemos una banda, estamos haciendo música”. Hizo que todo eso tuviera un sentido, le dio forma a algo que ni nosotros identificábamos que estábamos haciendo. Lo puso en un lugar en el que ya le podíamos decir a alguien qué hacíamos.

Podían citar una influencia.
Sí, y ni siquiera es que éramos parecidos a Neu! ni nada, no sé. Pero era la misma visión de la música y el arte, media hora tocando una nota y entrando en ese mundo sensible, digamos.

Esto no tiene nada que ver con Neu! pero lo anoté como una curiosidad. ¿Sabías que hay una película costarricense que se llama Atrás Hay Relámpagos?
¡No, ni idea! ¡Ya quiero contactar al director! ¿Atrás Hay Relámpagos, en serio? No, man, ¡ya hay que mandarles música! (Risas). Qué loco esto... me gusta porque siempre pensé que el nombre era medio enroscado, a mí nunca me gustó.

Pero ¿quién lo puso?
Entre todos, en una charla. Íbamos a tocar por primera vez y no teníamos nombre, y los organizadores querían hacer un afiche para promocionar la fecha. Era la gente de Domingos de Terciopelo, un ciclo de Neuquén hermosísimo, el más viejo que hay allá (tiene como 15 años). Se organiza con pacientes de salud mental del hospital y un domingo por mes tocan bandas: una onda bellísima, es lo mejor que hay en Neuquén.

¿Abierto al público o sólo para los pacientes?
No, abierto al público y autogestivo, no lo banca nadie. Pero bueno, volviendo al nombre, ahora mismo me pasa que no me gusta. Yo tuve algo que ver, no me acuerdo bien quién lo tiró. Fue así: siempre ensayábamos y grabábamos el ensayo con un aparato que le habían regalado a mi hermanito para su cumpleaños, un juguete que era como un gatito grabador. Tenía dos micrófonos, casetera, y grababa. Lo colgábamos de un ventilador en la habitación donde ensayábamos, grabábamos con eso, y después nos íbamos a la plaza a escuchar las tres horas de ensayo. Ni nos acordábamos de lo que habíamos tocado porque era todo sin parar. Y ahí pasó que una vez hubo una tormenta muy grosa, y en la plaza había toda una alameda gigante, muy vieja. Y bueno, nosotros habíamos fumado, estábamos sensitivos, flasheando, porque era una imagen impresionante... vino de eso, de una cuestión pictórica. Después, la primera fecha fue mágica. Nosotros pensábamos que nos iban a odiar por nuestra música de mierda, que nos iban a sacar cagando (risas). Teníamos sólo cuatro canciones, tocamos y nos hicieron repetir todo el set.

¿Duplicaron el show?
Hicimos dos veces la lista de canciones porque a la gente le pareció hermoso. Hay registro en video de ese primer recital, lo veo y todavía no lo puedo creer. Y bueno, a partir de ahí nos enamoramos de tocar en vivo y ya quedó el nombre. Aunque nos han llamado de mil maneras... Atrás Hay Trenes (risas). Ahora que veo que hay una película de nombre similar me gusta, significa que alguien más pudo haber pensado como nosotros y tiene un poco más de sentido.


LA CANCIÓN NUNCA ES LA MISMA
Aquí retomamos la charla al punto en que había quedado en su primera parte: el disco de reversiones de Bronce y las nuevas formas que toman las canciones con el tiempo, a riesgo de parecer... interminables. Roberto lo explica mucho mejor: “En el disco va a estar la versión cantada de Interminable, que ahora salió instrumental. Es una canción que ya tiene sus versiones -está en un Compipulenta-, pero para mí se sigue transformando y la sigo escribiendo. Quiero ver si logro llegar a la versión definitiva. Me gustaría sacarme esa canción de la cabeza y que quede registrada en el disco, como parte del Bronce”.

¿Eso pasa con las canciones de este disco o con anteriores también?
También pasa con “Luna vieja”, de Encanto. La versión que tocamos en vivo es extendida, tiene todo un final nuevo con otra estrofa que me parece increíble y me hubiera encantado que esté en el disco. Quizá alguna versión en vivo pueda quedar o grabarse. Creo que ahora tengo más consciencia sobre una canción, cantar y decir algo, e ir a grabarlo. Justamente por eso, porque no es normal que pase que vos grabes una canción y la sigas extendiendo. Entonces, me gustaría tomarme más tiempo para la composición. Digo, más tiempo antes de grabar un disco que en el momento de grabarlo. Pero es algo que te digo y después no sé si lo voy a hacer (risas).

Ahora fue al revés el proceso.
Sí, fue totalmente inverso. Teníamos una idea cuando fuimos a grabar, para nosotros las canciones ya estaban desarrolladas y tenían principio y fin. Pero en todo el proceso, las canciones tomaron otro volumen, se expandieron. Y fue más difícil, por una cuestión de tiempo, de fricción, de todo, desarrollar eso durante la grabación. A mí se me hizo más difícil por los contextos: todo sale dinero y no podés estar probando tanto. A la vez, los estudios de grabación son hermosos porque son lugares para ponerle imaginación al trabajo, no tanto lo técnico.

Y con Bronce fueron a ION y se fascinaron.
ION es un lugar increíble, yo me enamoré profundamente. Nunca había estado en un estudio de esa magnitud, son lugares que están preparados para la música, para la imaginación, para la libertad. Fue una experiencia reveladora.

¿Lo próximo que graben va a ser ahí?
No sabemos todavía. Pero va a ser difícil no ir. Me intriga mucho cuál sería la próxima obra nuestra. Ahora, además del disco de remezclas, estamos viendo de hacer un disco de covers, un pequeño EP de canciones que nos gustan: tenemos una canción de Primal Scream, una de Suárez, una de los Perdedores Pop y otra de Lemonheads. Van a ser cinco o seis, y las queremos ir a registrar en vivo a algún estudio. Hay que darle forma a la idea, ese sería nuestro próximo disco. Lo de las remezclas sale seguro porque no requiere de ir a grabar. Y esto lo vamos a hacer con Willy [Ruiz, alias Doctora Muerte], el batero de El Mató. Escuchó el disco y nos dijo “quiero grabarlos”.

Les gusta trabajar con productores, ¿no?
El productor es una figura importantísima, porque realmente te da una visión que vos no vas a tener. Y es así, por más que vos tengas mil visiones. Para mí la producción tiene más que ver con lo artístico, no con lo técnico, eso se resuelve yendo a un buen estudio. El tema es la visión sobre el arte y sobre quiénes son los músicos, cómo se captura eso. El productor tiene que saber cómo son las personas y entender lo que uno quiere hacer. Ese aura, el alma, no sé cómo decirlo, es algo humano y también algo medio espiritual que hay que lograr que quede registrado. Es mucha tensión y no es un trabajo que pueda hacer cualquier persona. A mí me interesa que el productor sea músico, que toque en el disco y sea un integrante más de la banda. En este disco lo logramos, con Juan Cruz [Palacios] a lo último ya estábamos tocando, prácticamente. De hecho, tocó los sintetizadores en un par de shows nuestros. Para mí es así: no puedo ver al productor como alguien que dice sí o no. Hay que ver quién será el próximo.

¿Les gustaría alguien en particular?
Juan Cruz y Félix [Cristiani] son dos chabones que hacen discos hermosos. Pero bueno, con ellos ya trabajamos. Me gusta [Ezequiel] Araujo, me parece que es un genio. No lo conozco, pero la otra vez vi una entrevista que le hicieron en un blog y me sentí en la misma línea de esto que hablamos. Y bueno, [Daniel] Melero me parece una bestia.

HOLA, SINTETIZADORES
Bronce es un disco meleriano, empezando por el desplazamiento sonoro que hicieron, de la guitarra al sintetizador.
Yo había usado siempre los sintetizadores de la compu. Y bueno, Félix fue productor de Melero. Es un animal, tiene una mente impresionante y sensible, y él toca mucho sintetizadores.Y de ir a su casa a tocar y grabar, me enamoré perdidamente del instrumento, que es fascinante. Eso quedó plasmado en el disco (se ríe).

¿Fue una idea de él?
En realidad no fue una idea de nadie, fue producto de estar ahí haciendo. Prender el sintetizador, probarlo en una canción, que pase algo y empezar a meterse. Teníamos la nave armada de sintetizadores, que también nos permitía grabar -sin ir a un estudio- al nivel de lo que teníamos de ION. Esto lo podíamos hacer cualquier día y a cualquier hora, porque manejás el volumen y no necesitás un equipo prendido al palo, como puede pasar con una guitarra.

Y ¿ves su uso como algo que va camino a convertirse en un patrón?
No te lo sabría decir. De hecho, ahora estamos tocando el disco con el formato de la banda más un nuevo integrante, Marto, Martín Villulla. Él toca los samples y sintes del disco, y obviamente, si lo próximo se compone con alguien que está tocando sintetizadores, el instrumento va a estar.

Pero por ahora la participación de él tiene que ver con el sonido de Bronce.
Sí, porque estamos presentando el disco. Aunque el deseo nuestro es que se quede, porque es un sol y es un músico increíble, toca muy bien. ¡Es la primera que tenemos un músico en la banda! (Se ríe).

¿Te referís a un músico con estudios más formales?
Que estudió, claro, que sabe muchísimo. Nosotros somos todos autodidactas. Y Marto estudió, hizo conservatorio, sabe muchísimo de teoría musical, de composición. De la academia. Lo mágico es que él se complementa a nuestro lenguaje mononota (risas). Fue un encuentro bellísimo, desde el primer día que ensayamos hasta hoy sigue siendo sorprendente. Entonces la idea es que se quede. Para el disco de remixes, él va a participar en la producción de “Interminable”. Le propuse que reinstrumentara un poco la canción, es sutil: sobre lo que tenemos grabado, agregar un sintetizador que toca en vivo y que acompaña mucho a la voz. Sería la única grabación que haríamos, y va a estar formando parte de la creación musical. Ahora, si me preguntás cómo va a estar instrumentada la próxima obra nuestra, es un misterio.


¿CRISIS? ¿QUÉ CRISIS?
El debate de al menos el último lustro de rock argentino gira en torno a una supuesta crisis. ¿Crees que es así? Y de ser así, ¿no es necesario para el rock estar siempre en crisis?
Me fascina la crisis en el arte, el arte es una situación de crisis. Estamos en un gran momento, la crisis es a nivel difusión-mercado. En lo que está llegando a la masividad sí hay una crisis artística horrible, no hay ningún mensaje nuevo para el mundo. Pero hay todo un movimiento de artistas nuevos, no solamente en el rock. Hay una manera nueva de hacer las cosas, de crear el arte, de mostrarlo, de llevarlo a cabo, de presentarlo ante otras personas. Tiene que ver con la autogestión, y me parece que es algo que no pasaba hace muchos años. También es un momento de superinformación para todo, no se puede terminar de abarcar qué es lo que está pasando porque hay demasiado y muy bello. Ojalá dentro de un par de años -o lo más pronto posible- eso pueda llegar a más personas, porque sé que es algo que se retroalimentaría, generaría más artistas. Siento al mundo de las artes menos hermético y más abierto. Por ejemplo, ahora se hacen recitales de poesía, hay miles. Cuando yo era más joven había muy pocos, y tenías que ser un iluminado o un estudioso, no sabías cómo llegar ahí. Lo mismo con la cultura del rock, es más transparente. Me parece que puede cambiar radicalmente las cosas.

Y ¿qué es lo que falla? ¿La responsabilidad es de los medios de comunicación, de los músicos, de quién?
Es una transición y hay muchas cosas que tienen que ver. El Estado es un factor importante en la medida en que fomente la difusión de artistas y brinde espacios. Porque es difícil organizar una fecha, todo cuesta, tenés más trabas que buena onda. Si diera una mano y regulara ciertas cuestiones, ya sería un paso hacia delante. Y creo que el mercado está regulado por algo viejo, está perdido. En la medida en la que entre músicos y artistas empiece a haber más lugares y más comunión, también se va a ir cambiando el mercado y la manera de consumir el arte. Va a llevar tiempo...

Uno ve algunas puntas de lanza. El éxito creciente de El Mató a un Policía Motorizado suele ser el primer ejemplo dentro del rock.
Ellos son una bandera, un estandarte de ese cambio. Para mí representan a la perfección esto que te estoy diciendo: cambiaron la forma de hacer las cosas, de transmitirlas. Y eso da esperanza, me lo imagino llevado a todo, no sólo en la música... en el mundo editorial, qué sé yo. No sé si uno la va a ver, ojalá, sería mi sueño vivir en un mundo como el que describimos. Quizá suceda dentro de 60 años. Y en este momento de la historia creo que puede ocurrir cualquier cosa. Yo no puedo creer que esta persona gobierne un país, no lo quiero ni nombrar. Entiendo que la corrupción existe y es estructural, pero están legalizando el robo en nuestra cara. Acá la gente tiene hambre, no hay laburo, es real: cierran los negocios, están cerrando comercios.

Bueno, recién hablabas de la importancia del Estado...
Es un paso para atrás gigante, yo venía sintiendo una evolución. De la cultura, del papel del Estado en la cultura. Hubo muchos espacios nuevos, pasaron cosas que no habían sucedido nunca. Por eso digo que en este momento puede pasar cualquier cosa, a veces cuesta ser optimista y uno termina pensando en la destrucción total. Que se pudra todo para empezar de vuelta.


*Atrás Hay Truenos sigue su ruta del bronce con dos fechas imperdibles este marzo. El viernes 10 se presentan en la Fiesta Hacele Caso a tu Espíritu, Volumen 7 y 1/2 junto a, por supuesto, Los Espíritus. El festejo tendrá lugar en Niceto Club (Niceto Vega 5510, CABA) a partir de las 23.59 (!). En tanto, el jueves 16 de marzo, desde las 21 horas, tendrá lugar la Noche Solar. Allí, los neuquinos animarán la jornada junto a Mi Amigo Invencible. ¿Dónde? En el Club Cultural Matienzo (Pringles 1249, CABA).

[Fotos de Atrás Hay Truenos por Medusa Azul]

viernes, 17 de febrero de 2017

Atrás Hay Truenos: poner el cuerpo y el bocho en acción


En septiembre de 2016 vio la luz Bronce, el disco más enigmático, profundo y logrado en la trayectoria de Atrás Hay Truenos, grupo de músicos neuquinos que se asentó en la Capital Federal hace ya varios años. Bronce es además un álbum maduro y pensado, insinuante y elusivo, épico desde la sumersión. Desde la primera vez que lo escuchamos nos dibujó un gesto de sorpresa y admiración, y su calidad se mantiene mientras los meses se suceden: parece ser una obra de esas que atravesarán el tiempo sabiéndose perennes, invencibles.

Por eso esta charla con Roberto Aleandri, cantor, guitarrista y compositor del cuarteto que expandió su universo luego de casi tres años de experimentación, trabajo intensivo -al borde de la obsesión- en el estudio y resultados lógicos para con esa búsqueda maniática. Por si hace falta repetirlo, la siembra dio sus frutos.

Fue lógico, entonces, encontrar en Roberto a un tipo lúcido con quien hablar tres horas de corrido de un universo tan amplio, siempre en torno de la música de los Truenos: los procesos de un disco, la recepción del público, las colaboraciones externas, la entrega del cuerpo en pos de la obra, la idea de construir un circuito de música alternativa en todo el país. Ideas, buenas ideas. Y lo mejor: que se proyectan, pero también se llevan a cabo.

Aquí, la primera entrega de esa charla estimulante:

ZONA DE PROMESAS
Recién vuelven de una gira por el sur del país. ¿Cómo los tratan cuando vuelven a Neuquén, su ciudad de origen?
Neuquén está clavada culturalmente, es un desastre. Es la ciudad más grande de la Patagonia, pero no hay por parte del municipio de la ciudad ni por parte de Cultura de la provincia ninguna intención de fomentar la cultura ni de generar espacios. Todo lo contrario, cierran lugares. Nos costó muchísimo organizar la fecha para tocar allá, fue la última que confirmamos.

¿Tenían toda la gira por el Sur menos la fecha en su ciudad?
No había lugares: los teatros que hay en la ciudad estaban cerrados por todo enero. No sé por qué, es el momento en que más gente hay. Es realmente triste, porque no es así en las otras ciudades. Por ejemplo, en General Roca, ya hace dos o tres años que vienen haciendo el Rock al Río. También está el festival de San Martín de Los Andes, El Primer Color; el Prisma en Bariloche; y el Mucho Gustok en Meliquina, una localidad entre Bariloche y San Martín de los Andes.

Claro, hay un circuito de festivales ya.
En Bariloche no tocamos en el festival Prisma, pero nos organizaron una fecha los chicos de Mapache Records, que son varias bandas de allá. Hay una movida de rock impresionante. Las fechas estuvieron increíbles, hubo una onda... gente, predisposición, el arte cuidado. Y en Neuquén fue lo opuesto. Lo hicimos nosotros en un boliche, fue el único lugar que conseguimos y, como no pasa nada en la ciudad, mucha gente arrancó y se fue para los festivales. Nos fueron a ver a Roca porque era gratis, al aire libre, a la tardecita, al lado del río, con un supersonido...

Era más tentador el festival.
Claro. Nosotros buscamos la manera de generar algo en la ciudad que se una a todo lo demás, porque están pasando cosas increíbles en todas las ciudades del país, festivales que unen a bandas de todas las provincias. En diciembre tocamos en Santa Fe, en el festival Creciente Magnética: bandas de Rosario, de Córdoba, nosotros. Y está pasando porque hay gente joven con una visión, que quiere cambiar el mundo. Pero bueno, nuestra ciudad está atrasada 25 años.

¿Cuál es la razón por la que pasa eso?
Es la idiosincrasia del petróleo. Mucha gente vive del petróleo: hay mucho dinero para algunos y poco para muchos. Entonces hay una idiosincrasia del dinero, es bien oscura la onda. Y la cultura está relegada, obviamente. El estado provincial está concentrado en Vaca Muerta [el mayor yacimiento petrolífero de Argentina]. Cualquier cosa que se haga tiene ver con eso, para robarse todo y destruir todo. Viene sucediendo hace años. Hablamos con músicos de allá para forjar algo, decir “bueno, man, empecemos un pequeño festival, una vez al año”.

Y ¿hay un movimiento de bandas para poder hacerlo?
Sí, sí. La ciudad está creciendo mucho pero sigue siendo algo chico, igual. Tiene sus pequeños circuitos: hay muchas bandas de punk y de heavy metal. También una movida alternativa, más reducida, que es en la que nosotros entraríamos. Está el sello Jungla Discos, que empezaron hace poco. Ellos son los que están activando ese costado alternativo, por ponerle alguna etiqueta. Y con ellos es que queremos armar un circuito y llevar cosas de afuera también, para nutrir a la ciudad de cosas nuevas. Cuando yo era chico, cada vez que iba una banda de Buenos Aires era decir “vamos”, no importaba quien toque. Porque también, vos vivís en Neuquén, tocás tres meses y ya está: fueron tus amigos, alguno que otro más y se acabó. Es acotado el circuito, no es tan fácil.

No podés hacer tres shows por mes, por ejemplo.
Olvidate, una sola fecha y ya es bastante. Es mucho más difícil en ese sentido, por eso es importante nutrir a la ciudad de cosas nuevas. Para sumarse a la región, darle un contexto más grande. La misma banda puede tocar sola, después con una banda de otra ciudad... es fundamental.

Y a ustedes en particular, ¿les jugó a favor irse? ¿Los va a ver más gente cuando vuelven o no?
Ahora estuvo re tranqui, no fue mucha gente. Pasó lo que decía, que fue gente a San Martín y a otras ciudades. Pero antes de venirnos a vivir a Buenos Aires, nosotros tuvimos dos años fuertes. Habíamos tomado un teatro... no tomado ilegalmente (risas), sino que teníamos un lugar fijo, muy buena onda con el dueño, que era un muchacho del mundo del teatro, copado total. Y nos había dado bandera blanca para que hiciéramos lo que quisiéramos en un teatro hermoso. En esos dos años, 2006 y 2007, fue que llevamos a Él Mató, ahí nos invitaron al sello [se refiere a Laptra Discos]. Y en ese momento empezaron a ocurrir un montón de cosas cada vez que tocábamos: fiestas donde invitábamos gente a pasar música, bandas que traíamos de Buenos Aires (lo que también nos sirvió a nosotros de link para venir a tocar acá). Nos tomamos el laburo de empapelar la ciudad con afiches, toda una movida. Fue una pequeña ebullición que hubo en la ciudad, y el mejor momento nuestro allá. Recién después de eso nos invitaron de Mamushka Dog Records a participar del sello, del netlabel.

¿Ahora los miran de reojo?
Hay como un recelo. Como es tan chico todo, la gente imagina cosas raras. Por ejemplo: te ve que tocás acá en Buenos Aires y se piensa que vas a ir al programa de Susana Giménez (risas). Reniegan de algo que no existe, es un garrón. Por eso a nosotros nos cuesta un huevo ir a tocar a Neuquén ahora, es rejodido hacer una fecha. Porque son pasajes, un montón de dinero que hay que cubrir... e iba más gente cuando estábamos allá que estando acá, que sacamos los discos. ¡Estando allá no teníamos ni un disco! No sé, quizá cambie con el tiempo. Tal vez, con esta idea de unir todo, aunque sea desde acá empezar a formar algo allá. Porque es increíble, hay bandas impresionantes en todas las provincias, están todos viajando para todos lados, intercambiando, y allá no está sucediendo. Y es una pena porque se pierde lo que está pasando, porque hay grupos, está GiroAngular, que es una banda impresionante de electropop, o Vidafuego, ambas del sello Jungla. Y estaría buenísimo que ellos puedan venir acá porque allá no hay espacios, es acotado, y tampoco se puede cubrir que vaya alguien a tocar. La idea, entonces, es empezar por ahí, y presentar algo a Cultura del municipio o de la provincia para que apoye un poco. Sobre todo ahora, que Neuquén, Catamarca y Godoy Cruz (Mendoza) fueron declaradas ciudades culturales de este año por Nación.

Significa que el gobierno nacional les baja una plata extra para organizar eventos culturales.
Recibieron fondos, sí. En Neuquén ahora se hace la Fiesta de la Confluencia y va a tocar Kevin Johansen, no sé. Toda una lista de artistas [Turf, Airbag, Miranda!, Los Pericos] que pagaron con ese dinero, una fiesta millonaria. Es gratuita y la gente va, pero no es un espacio para la nueva cultura en absoluto. La cultura de la ciudad queda relegada por competo.

Esa idea está muy arraigada con la ideología de este gobierno, sobre “lo que funciona” y lo que va a pérdida.
Sí, y el gobierno neuquino está ligadísimo al gobierno nacional, con Vaca Muerta... firmaron unos convenios y van a destruir todo. Pero bueno, la idea es generar otra cosa, algo que pueda perdurar con los años para que las bandas -no nosotros en particular, cualquiera- puedan ir y venir. Que Neuquén entre en el circuito de la cultura nacional, que está hermoso: Córdoba, Santa Fe, Rosario, Mendoza, Mar del Plata, Tucumán, Formosa, Misiones... todos. ¡Somos la única provincia que está aislada!


PENSAR EL ARTE PROPIO DESDE LO AJENO
La tapa de Bronce es una obra de Ariel Mora, Variables. ¿De quién surgió la idea de incluirla?
Ariel es un artista plástico de Neuquén que está acá en Buenos Aires hace un par de años. Nos conocemos de allá, era la única persona que bailaba en nuestros primeros recitales en Neuquén (risas). El único que, creíamos nosotros, entendía nuestra música. Después nos cruzamos acá y se me ocurrió -durante el proceso de grabación del disco- sumar a alguien de afuera para eso. Los artes de los discos anteriores los había trabajado más Tito [Héctor Zuniga, el baterista]. Es diseñador y con su novia y su cuñada tienen armado un grupo de artistas plásticos. Pero la idea fue agrandar un poco más el universo de la obra, así como hay invitados que tocan otros instrumentos y hay más productores. Y pensé en Ariel. Se lo dijimos hace como dos años y enseguida se copó. Le habíamos mandado los demos, ni siquiera los temas del disco.

Y ¿qué eran los demos respecto de lo que salió del disco?
Unas versiones... (se ríe). Algunas canciones similares a lo que salió y otras, muy distintas. Pero bueno, quedó todo en stand-by dos años y nos juntamos antes de que saliera el disco. Hicimos unas reuniones con él para charlar, para pensar. Queríamos hacer algo simple, por idea de él, que es un artista de la cultura pop y maneja la simpleza. Pensábamos en algo que quedara, que lo ves y no necesitas que diga nada.

Bueno, es simple pero tiene un componente enigmático...
Sí, justamente, no hay nada que te cierre. Y como somos muy fanáticos de la obra de él y la conocemos, le propusimos que directamente fuera una obra lo que esté en la tapa, más allá de pensar algo. Nos trajo varias para elegir e hicimos las sesiones de fotos buscando, y la que quedó era una foto de prueba. Hicimos como 600 fotos sobre tres obras de él y ésa es la primera o la segunda que sacaron para ver la luz. Siempre es un momento crucial el del arte de tapa.

Y ¿le encontraron alguna relación a la tapa respecto de la música?
Yo lo pienso así: me parece bastante gráfico y muy correspondiente con la construcción sonora que tiene el disco, que es de capas. También tiene mucho que ver con nuestra primera grabación, aquel EP muy viejo que era medio gráfico y geométrico. Siento que las tapas están relacionadas: se une el principio y lo más reciente, lo que hasta ahora es el final.

¿Eso les pareció a todos o es una impresión tuya?
No, es más un flasheo mío, posterior a la salida del disco. No es que lo vimos desde antes ni fue una idea para decidir si era la tapa del disco o no. La decisión de la tapa, viendo el material que teníamos y todo, fue elegir lo que nos pareciera más bello y que no tuviera una unión tan sentimental o lógica con la música. Incluso con la misma música pasa eso.

REVISIONAR
¿Van mutando también las apreciaciones sobre la música?
Sí, totalmente. A mí me duele mucho escuchar la música que hago.

¿Te duele?
Sí, me resulta una tarea durísima escuchar mi voz. Pasa más por no gustarse. Yo no me considero ni un gran artista ni un gran cantante, más bien tengo una visión artística sobre mí... de fracasado. Lo veo más por ese lado, pero no lo digo por falsa modestia ni para generar lástima en nadie, yo me veo así y busco, quiero más todo el tiempo.

A la larga, ese inconformismo termina siendo el motor para crear.
Me cuesta la tarea de escuchar la música grabada que ya está en un disco, pero también lo hago porque me gusta revisionar lo que hice. Estoy constantemente escuchando demos o los mismos discos. Bah, no constantemente, pero les voy dando su lugar y pienso cosas. Me lleva de vuelta a lugares, a decisiones, a ambiciones que tuve en ese momento para que eso esté ahí. A veces se refuerza y a veces no y te quebrás, también: “podría haber cambiado algo”.

Bronce es un disco que contiene un universo amplio, encima...
Me pasa en este disco, pero menos. Porque me di el gusto, justamente por esta tarea de revisionar y estar atento a lo que hice antes. Para que no sea algo que ya está, que lo hacés y no importa más. No, lo hiciste y eso te va a seguir toda tu vida, o sea: vos grabás un disco y es para toda tu vida. Y para Bronce, tenía la decisión en mi corazón y en mi mente de darlo todo, tomar el tiempo que fuera necesario. Grabar la cantidad de veces que quisiera la misma guitarra, la misma voz. Cueste lo que cueste, no me importaba. Entonces eso de “se podría haber hecho esto así” sigue estando, porque llega un momento en el que decís “esto tiene que salir, se termina acá”.

En particular este disco, que les tomó casi tres años.
Sí, dos años y medio de actividad intensa. Y bueno, es como que costó también, pero pasó en menor medida y en otros aspectos. Creo que ahora tengo más consciencia sobre la composición de la música a la hora de ir a grabarla, algo que siempre fue más inconsciente. Son experiencias muy distintas, pero...

Pero respecto de lo técnico imagino que no tenés objeciones. ¿O sí?
Y... sí, porque tampoco sabés todo, vas aprendiendo. En este disco hicimos cosas que por ahí las veo y digo “uy, convendría haber esperado para esto”. Fuimos a premezclar a El Pie, un estudio hermosísimo pero bueno, es caro. Y tal vez era una tarea para bancarla un poco. Nosotros pensábamos que nos íbamos con el disco de ahí y no. Faltaba un montón. Pero por impaciencia... me hubiera gustado hacer eso al final del disco, mezclarlo en una consola, bien. Es difícil, es una gran película un disco.


BUSCAR EL SONIDO, PONER EL CUERPO
Encontré un dicho de Tito, en una nota vieja. Te lo cito: "solemos tenerle miedo al estudio, pensamos que cuando todo está tan organizado para hacer una determinada cosa, ésta no sale naturalmente como nosotros queremos". ¿Esa noción no cambió después de encerrarse en el estudio tanto tiempo?
¡Es una buena apreciación, sigue vigente! No cambió en absoluto. Antes pensaba que era como autoboicot o algo así, pero tiene que ver con nuestra naturaleza. Como conjunto funcionamos así, es necesario que las cosas fluyan de manera natural. Y en este disco, más allá de que tardó tres años, fueron tres años de esa búsqueda. Por eso también se tardó lo que se tardó, porque tuvimos un montón de sesiones de estudio donde por estar buscando un ángel que pasara en ese momento... no dijimos “hoy vamos a grabar este arreglo”. No. Fuimos, llevamos las guitarras y buscamos el sonido ahí. Buscando una sorpresa de la música, esa cuestión natural que es la que te enamora. Porque cuando vos escuchás un disco de alguien, o la música que te llega, esa música te sorprende, te cambia, te atrapa.

Bueno, acabás de decir que es “una gran película hacer un disco”.
A mí se me ocurre pensar en la grabación de un disco como en la filmación de una película, digamos. Porque es algo más profundo que ir a grabar un día... o no, hay discos que pueden grabarse en un día y ser mágicos. Es difícil saber cuándo una cosa puede ser de una manera u otra. Creo que la manera de saberlo es que la naturaleza lo presente así, estando en el momento, haciéndolo. Todo lo va dictando, si te gusta y te interesa, esa cuestión artística de que no sea algo... te di el ejemplo de las películas porque existen las maneras y los formatos de hacer un disco o una película. Desde lo técnico, desde lo artístico, hay diferentes maneras de hacer, y es difícil saber cuál es la tuya para un disco particular. Porque no va a ser lo mismo al grabar el próximo. O sí: no lo sabés hasta que estás ahí haciéndolo y estás atento a la naturaleza de los sonidos, al lado salvaje de eso, a lo inesperado.

¿Hubo mucho de inesperado esta vez? ¿De momentos reveladores?
Hubo muchos momentos reveladores que nos fueron llevando hacia lo que es Bronce. Como sacar una batería completa: tomar la decisión de decir “esta batería no va más”. Y de golpe, tener una canción que estaba completamente terminada y que vuelva a estar por la mitad.

Y ¿Tito que decía ahí?
Tito, el dueño de la frase, aceptó. Fueron tres años, entonces hubo varios momentos así. Y lo que hizo que el disco se terminara también fue llegar a un límite físico, mental. Y de sonoridades, de decir “bueno, el disco es así, ya está”. aceptar que esa era la obra. Teníamos ganas de pasar a otra obra para tener otra chance más. Porque te podés morir, es real eso: la música -o cualquier arte- mata gente.

¿Llegaron a un nivel de tensión complicado?
Yo sí, personalmente lo viví con mucha intensidad. Con todos los discos me pasa, siempre viví las grabaciones de discos así.

Bueno, te he leído decir que “en los discos se la pasa mal”.
(Se ríe). No quiero que sea tan... es así, es algo intenso hacer un disco. Entonces, las cosas intensas son muy bellas y a veces... no son tan bellas. Hay muchos días malos en la grabación de un disco.

No podés escapar de la cotidianidad de la vida.
Claro, y sobre todo cuando estás más tiempo. Es la primera vez que nos tomamos tanto tiempo para hacer un disco, así que experimentamos esto por primera vez. Llegó un momento en el que estaba volviéndome un poco loco. Siempre me había vuelto loco pero en este caso, mi cuerpo, más allá de lo mental, ya pedía. Porque no dormía, o me despertaba con las sesiones en la cabeza. Me sé todos los canales del disco de memoria.

O sea, escuchás el disco y podés ubicar todo.
Absolutamente todo, conozco absolutamente todo el disco. De hecho, ya empecé a laburar en un disco de remixes. La idea es que esté para este año, de cada canción una versión distinta. Sería remezclas y versiones, porque hay versiones también. Hubo un período que lo trabajamos con Juan Cruz Palacios oficiando de productor, fue todo un año que laburamos mucho nosotros dos. Nos juntábamos todos los días: armamos una nave con sintetizadores y un par de aparatos más, y estábamos internadísimos, no nos sacaban de ahí ni con la policía (risas). Era prácticamente todos los días de la semana. Y bueno, ya en ese momento lo visualicé, porque veníamos transformando todas las canciones y dejando versiones atrás. Se lo comenté a Juan y me dijo “por favor”.

El disco les dio material de sobra.
Hay aproximadamente 150 gigas de sesiones de grabación, lo cual es una barbaridad.

Y eso, ¿cuánto significa en canciones? ¿Entre 10 y 15 versiones de cada una?
Mirá, ponele que son las nueve canciones. En una sesión organizada y normal, donde tuvieras los archivos específicos de cada canción, tenés algo así. Un poco menos, entre ocho y 10 versiones o instrumentaciones distintas por cada canción. Hay que revisar el material, lo quiero hacer con tiempo.

¿No te pasa lo contrario, de querer sacarlo rápido después de trabajar todo este tiempo?
No me voy a enroscar tanto, la idea es que salga este año pero hacerlo respetuosamente, porque son tres años de trabajo. Buscar esa misma sensibilidad que se buscó en el disco, ese cuidado. Hay mucho material muy hermoso, que costó vida y cuerpo, que merece ser escuchado. Es algo que se puede compartir.

*Atrás Hay Truenos continúa presentando Bronce este sábado en Xirgu Espacio Untref (Chacabuco 875, CABA, más información acá). Sobre el show -que abrirán el ruso Julián Desbats y la excelente banda rosarina Mi Nave- Roberto cuenta: “es una presentación especial y queremos hacer varias así durante el año. Estará invitada Rosario Bléfari y la banda está extendida a una versión con percusionista y con más músicos”. 

[Fotos de Atrás Hay Truenos por Carlos Castel y Maron Barberis (en vivo)]