lunes, 8 de diciembre de 2008

El balance del pueblo (?)

Ya termina el año y necesito sus recomendaciones. A mí se me pasó rápido (muy) y tengo la impresión de que no sucedió mucho... pero soy una sola cabeza. Por ello, espero sus balances -o como se les cante decir- y que me digan cuáles creen que son el mejor disco y la mejor canción de este 2008. Puede ser algo ultra conocido o totalmente ignoto, acá nadie los va a tildar de snobs o caretas ni ninguna de esas boludeces. Es más que nada para ver si me perdí algo... y de paso ayudan a mi inspiración escriba, que oscila entre muy poca y nula.
Nombren lo que quieran.

viernes, 28 de noviembre de 2008

Ácido y profundo

“Entre febrero y mayo de 2005 graban Nada es rosa, su tercer álbum, en el que la versatilidad interpretativa de Mariana Bianchini da vida a una serie de personajes que han dejado la infancia atrás para enfrentar un oscurecido entorno que no favorece las expresiones individuales de disenso. Las guitarras superpuestas en capas de precisa armonía, una base instrumental concisa, potente y polirrítmica, y baterías que remiten a los loops electrónicos, se suman a una notable madurez compositiva en letras y música, énfasis de la veta de energía punk que Panza siempre demostró en vivo”.

Entre la ironía y la melodía. Entre lo frontal y el más asqueroso (¡y necesario!) cinismo.
En esos terrenos se mueve Panza en Nada es rosa, su tercer disco (como dice el texto de arriba, extraído de su sitio oficial).

Banda nacida a fines de los ’90, Panza viene remando el under porteño, siempre a punto de despegar... En este discazo muestran una combinación mortal de letra y música, en el que todas las piezas suenan furibundas y mucho le deben a la voz de Mariana Bianchini, con su excelente y perverso estilo (puede sonar amenazante y muy malvada si se lo propone; tiene un manejo de la voz notable). Mariana es acompañada por un trío (Sergio Álvarez en guitarras, Franco Barroso en bajo y Pablo Contursi en batería) que la sostiene con fuerza y efectividad. Álvarez le da lo que necesita a cada tema, tiene un gran sentido rítmico (toda la banda lo tiene) y pela un sonido pesado que cubre bien todo hueco. La base encuentra en Pablo Contursi, el batero, a un interesante instrumentista, original. Mediante esa emulación de loops con su instrumento, le da a la banda un toque electrónico sin necesidad de máquinas... más que él mismo.

Ahora vamos más profundo al disco: Nada es rosa es un canto en contra de lo que se supone que debe ser. Temas como el que da el título, Bailarina anarquista (“me escapé del mundo que habían armado para mí / me escapé del mundo rosa y el final feliz”) o Moscas (“porque no pienso como el resto siempre molesto”) sirven de perfecto ejemplo para ello. Parece que la protagonista de las lyrics se siente incómoda en todos lados, y terriblemente frustrada por lo que pretenden de ella y de lo que su pequeña persona tiene para dar. Que sea mujer no es un detalle menor en este caso, en especial por las cosas que canta la dama. ¿Rock feminista? Ni por asomo: Panza trata de tirar abajo los conceptos establecidos, esos que no te permiten ser diferente, los que no dan lugar al disenso, como dice el texto de arriba. En DNI, el cierre del LP, queda demostrado: se canta en contra de los estándares de lo “femenino” y lo “masculino”. Si ser femenina es vestirse de rosa, cantar canciones bobas y estar siempre hermosa, ella no lo es. Y si ser masculino es proteger a la mujer o querer llorar y no poder, tampoco.
El camino que eligen en lo musical se debate entre la oscuridad fuerte de las melodías, algunos estribillos pegadizos y la agonía que propone la combinación amplitud de registro de la hermana del bajista de Árbol + banda tensionada. Dentro de una misma canción generan diversos climas, de vez en cuando hacen salir el sol... Saben jugar con rítmicas irregulares y suenan auténticos... A mí ya me dejaron con la panza llena. Ustedes, exigente público, sabrán decir.

martes, 11 de noviembre de 2008

De regreso (Mirtha...)

La cosa es simple: hace rato estoy sin internet en casa y por eso -aunque a algunos no les parezca excusa válida- este espacio no se actualizó debidamente. Además, factores laborales (cualquier intromisión ferrocarrilística en los textos no es pura coincidencia) y de cabeza quemada (cosa que sucede en este preciso momento cuando son casi las tres y mañana -hoy- despierto a las seis) influyeron en la demora. Me sorprendió observar que en todo este tiempo de ausencia, el disco de González-Vita fue bajado por unos cuantos, así que retorno re copado. Gracias chicos.
Y para volver a lo grande (?) después de tanto tiempo, aquí van cinco discos que me alegran los viajes por Buenos Aires, sea conurbano o Capital. O sea, cinco discos que hasta Baglietto debería tener en su reproductor de mp3, 4 o 5.



Conor Oberst - Conor Oberst: el CD buena onda del año, definitivamente. Conor se sacó los ojitos brillosos y también un poco de melancolía; se puso su nombre (qué jodido es pronunciar Oberst, la pucha) y se mandó con temazos como Get-well-cards (canten todos: “Right there, that's the postman sleeping in the sand!”), Danny Callahan y Moab. Simple y lindo como para caminar por, ponele, Moreno, y que te invadan las buenas vibras justo cuando estabas (o estaban) por tirarte a las vías del Sarmiento. Y si se prende fuego, que sea escuchando I don’t want to die (in a hospital) mientras escapás de la tecnología de punta cortesía de TBA.
Ah, tiene edición nacional, no sean ratas...



John Mayer - Room for Squares: hasta hace muy poco ignoraba por completo la música de este muchacho. Sabía que era un mimado de bluseros y jazzeros capos-capos, y se suponía que era un gran violero. Me pasaron este disco... y la primera impresión fue “esto es pop maricón para mujeres”. Si bien mi pensamiento respecto del disco mucho no cambió, ahora esa frase suena positiva y, sí: acá está su lado más melódico y perfectito, pero aún así me gana porque está muy pero muy bien, con mucho pop y algo de funk. Escúchenlo, que la primera vez van a putear pero la segunda van a admitir que John Mayer no es un tipo que cae bien de una, sino que te hace confiar en él al tiempo. Además, ha mostrado en sus discos más recientes un lado rockero también interesante; y sí, toca... con dos nenes que también tocan un poquito.



The Shins - Wincing the night away: No sé qué es lo que me hace pensar que esta banda es muy pero muy pero muy pero muy Beach Boys. No lo sé porque no es tanto. Pero no crean que eso sea malo, porque está buenísimo... No se me canta decir mucho de estos muchachitos oriundos del pueblo por el que Homero hizo huelga de hambre para luego ser defendido por Duffman (sí, me fui a la re mierda, dormí poco y es tarde) porque alcanza con citar una sola canción: Australia es la gloria, el tema que me despierta cuando estoy dormido en el Urquiza, de lo bueno que está.



The Silent League - Of stars and other somebodies: otros mariconcitos (espero que nadie sea susceptible y entienda el uso de la palabra). Ya el nombre de la banda y el del disco lo son, y sirven de identificación para lo que se va a escuchar: según Wikipedia son post-rock y/o chamber pop. Como yo nunca entendí muy bien para qué degeneramos tanto la cosa inventando géneros que nadie sabe muy bien qué carajo son, la hacemos fácil: ¿te gustan las canciones linditas y mariconas, de piano o de guitarra, bien arregladitas, de esas que escucharías caminando por Shan Ishidro con la alegría de vivir ahí? Bueno, bajatelo y listo. Y si vivís lejos de San Isidro también bajatelo. ¿No querés? Bueno, entonces no. Pero si se copan mejor.



Martin Newell - The greatest living Englishman: tremendo tremendo tremendo. Salido del cofre de sorpresas de mi amigo Bonito Lunch, este disco es perfecto para toda situación: de fondo en una joda, caminando por cualquier lado, cruzando incorrectamente la calle, esperando eternamente el colectivo... Es imposible que te pongas de mal humor si sale la voz de Martin Newell por los auriculares con joyas como Goodbye dreaming fields, She rings the changes, The jangling man, A street called prospect… o la que sea, son todas canciones notables. Para colmo, Andy Partridge mete mano en la producción y participa de varios temas. Y se nota.

Ni se les ocurra pasarlo por alto.




(Nota del autor: juro que no consumí drogas para el armado de este post. La droga soy yo).

miércoles, 1 de octubre de 2008

Al servicio del alma

Un bajo de seis cuerdas y una voz preciosa. De vez en cuando, una armónica, un sikus y un bombo legüero.
Y no, no hace falta más.
Cuando se tienen cualidades y buen gusto, en la música no hace falta la presencia de muchos elementos para trabajar al servicio de la profundidad. Tanto Willy González como Micaela Vita saben bien de eso: son ejecutantes impecables de sus instrumentos y parieron hace tres años este disco increíble, llamado Ares y mares. En él, revuelven el cancionero clásico del folklore latinoamericano y destrozan y reformulan estructuras, para volver épicas desde el minimalismo piezas ultraconocidas como Balderrama, Bailarín de los montes o la Baguala de Juan Poquito.

Todo es más simple si uno lo dice con palabras brutas: Willy González es una bestia. Y no sólo como bajista, ya que demuestra una capacidad notoria como arreglador, para que cada tema tenga su toque: cuando hace falta, arpegia, cuando no dibuja melodías, sino... ¡rasguea! De a ratos hace parecer que su bajo es una guitarra, pero no. Su laburo es impecable, él da la única base a la voz de Micaela, aunque aparezcan otros instrumentos para decorar y ambientar algunas piezas.
La voz de la muchacha no se queda atrás: es encantadora, tiene gracia, técnica y emoción. Con los cantantes no hay vuelta que darle, si se tiene gracia y estilo, ya está. Y a ella le sobran condiciones y caudal -prueben con Balderrama, notable- para ser una voz más que importante de la escena argentina, dentro del folclore y fuera de él.
Me cuesta seguir explicando y describiendo un disco tan bueno como este, con intérpretes tan consagrados a la música que desarrollan. Creo mejor ir a los bifes, de parte de ustedes, claro. Entonces: si es que los tienen, dejen de lado prejuicios y accedan ya a esta maravilla. Y después, si ven alguna fecha de ellos por ahí, vayan a verlos (avísenme así voy también): el show en vivo en tanto o más bueno que el propio disco.

Y bueno... agradecer... si quieren, después me agradecen.

TRACKLIST
1- Duerme negrito (Anónimo)
2- Bailarín de los montes (P. Carabajal)
3- Baguala de Juan Poquito (Walsh)
4- Criollita santiagueña (Chazarreta / Yupanqui)
5- Viejas promesas (P. Carabajal)
6- El Tímido (Carnota)
7- Zamba para Mercedes (T. Parodi / González)
8- Fina estampa (C. Granda)
9- Para Hugo Díaz (González)
10- Balderrama (Castilla / Leguizamón)
11- Mi charango (F. Ramos / González)
12- Chacarera de un triste (Hnos. Simón)
13- Zamba del Abuelo (Anónimo chileno / González)
14- El Avenido (Leguizamón)
15- Recuerdos de Ypacarai (Z. de Mirkin / D. Ortiz)

miércoles, 17 de septiembre de 2008

LMEDA Records – Hoy: El Flaco que no Sabemos Todos


Nuevo compilado de LMEDA Records. Ya saben de qué trata esto, así que vamos al grano...

Una sola cosa: Desde Privé, elegí esta para abrir porque me sonaba ideal para ello, simplemente es buen pop ochentoso, sin muchas complicaciones. Con batería real sería aún mejor, pero bueno... ya sabemos de las innovaciones de aquellos años; que ahora nos (me) suene horrible es otra cosa.

Estás acá: Su tema más rockero en los últimos 20 años. Editado en San Cristóforo, aquel rockero registro en vivo de los Socios del Desierto. Fue una de las novedades de esa placa, y no volvió a ser grabada en estudio.

Sombra de la noche negra: El glorioso Pescado 2 es uno de los mejores discos del rock argentino todo... y no es precisamente un compendio de hits. Tenía para elegir, me decidí por ella para mantener el tempo up, porque me gusta el solo y porque el estribillo me suena muy hardcore, y por lo tanto, muy adelantado. Temón.

Superchería: A pesar de estar en el disco de Spinetta más analizado y discutido -Artaud, claro- es una canción que pasa desapercibida al lado de otras más reconocidas por el gusto popular, como Todas las hojas son del viento o Bajan. Y cuando no se habla de esos, se habla de Cantata de puentes amarillos. Se olvidan de este excelente momento, musical y letrístico: “Siempre soñar, nunca creer: eso es lo que mata tu amor. Siempre desear, nunca tener: eso es lo que mata tu amor. Lo mismo da morir y amar”. Todavía se agradece.

Parvas: Casualidad o no, también desde otro disco doble, el segundo de Almendra, este rock de guitarras alocadas y letra ídem. Podría haber sido Para ir, o alguna otra de ese disco, porque del primero son todas conocidas y a El valle interior nunca le di bola. Pregunta eterna: ¿a qué se referirá el Flaco cuando canta “cien para mi, cien para el aire”?

Lago de forma mía: Letra surrealista bien Spinetta + despliegue armónico criminal bien Spinetta + melodía difícil pero muy bonita bien Spinetta = temazo. Incluida en el último disco del Flaco que logró cierta trascendencia popular -o eso me parece-, el casero Pelusón of milk.

Siempre en la pared: Pocos temas de su obra me suenan tan tristes como este. Téster de violencia es un disco que empecé a escuchar recién hace un par de meses, y en general tiende a este ánimo no muy feliz... Crónica del encierro, o de la depresión, o ambas. A mí me suena a canción cocainómana, no sé porqué.

Suspensión: Hierbas verdes, dragones que vomitan fuego, un bajo gordo, guitarras que machacan y riffean, cambios rítmicos y melódicos constantes... De Invisible había para elegir, pero me quedé con esta pieza porque quizá sea el tema que mejor equilibra la pesadez con lo melódico de aquel genial grupo. Ah, me encantan los coros de Machi.

Preciosa dama azul: Perlita oculta de un disco totalmente ignorado, quizá el más de toda su trayectoria. Hablo de Fuego gris, compuesto para musicalizar un filme del mismo nombre. Preciosa dama azul es un vals breve, con una armonía muy simple, de una niña que parece terminar mal. Menos de tres minutos y una canción preciosa, porque Spinetta es capaz de generar belleza con elementos simples, también.

La flor de Santo Tomé: Del reciente Pan, otra delicia sonora y de pluma. Exquisita y reposada, me agrada el desarrollo de la melodía en los versos, tiene algún sabor folclórico. Para echarse cómodo y escuchar a media luz.

Perdido en ti: El único rapto más o menos rockero -y hasta ahí- en un disco ultra tranquilo como Los ojos. Seis minutos y medio que tienen: letra triste, los coros geniales de Graciela Cosceri -sólo con hacer los “ah ah ah” que hace me alcanza- y un Flaco gritando su desolación por aquel amor modelo perdido. Recomendable como todo ese disco.

Paraíso: Una letra que por momentos parece dirigirse a un ser superior (“son tus hombres en el paraíso”) y en otros a aquellos mismos hombres. Guitarra limpia, y otra armonía genial que me hace pensar que el mundo sería mejor si más músicos se preocuparan por los detalles armónicos como hace Luis. (Nota: de no haber existido Gastón Pauls y su programa comprometido socialmente, de este disco quizá elegía Jardín de gente).

La búsqueda de la estrella: No suele ser común escuchar a Spinetta en temas de piano. El más conocido quizá sea Quedándote o yéndote. Esta genial canción, lo muestra sólo a voz y piano, en un plano intimista y a la vez rockero. La letra es magnífica, una de mis favoritas de él... y el “¿te parece?” del final le da un humorístico broche de oro. Imperdible.

Tu nombre sobre mi nombre: La solemnidad y la perfección acústica en una sola canción. Desde el hermoso unplugged, donde le bajó por un rato los decibeles a los Socios del Desierto, un momento que conmueve y merece ser escuchado con atención.

Yo miro tu amor: ¿Esto es Luis o los White Stripes? Guitarra bien podrida, rítmica simple, riff de esos, solo bien sucio... el retorno a los setentas rabiosos en 2004, reformulado. Suele tocar en vivo este tema, que podría haber sido el cierre del compilado, pero no...

Penumbra: porque el cierre es esta brillante canción, también del ignoradísimo Fuego gris. Me pareció ideal para este compiladito: totalmente desconocida, bonita y entradora para alguien que no conoce mucho de la obra del Flaco. De paso, como el corte de difusión del reciente Un mañana, Mi elemento, me hace acordar a este tema, queda como conexión entre el pasado y el presente.

Que lo disfruten.

lunes, 15 de septiembre de 2008

Hasta pronto

...Porque, obvio, vamos a seguir escuchando Pink Floyd. Post inesperado, la verdad.
Si son pendejos o llegaron tarde... acá tienen un pedacito.




Gracias, maestro.

viernes, 5 de septiembre de 2008

Charlas de Rock

Anónimo 1: ¿Qué hacés negro, cómo va eso tanto tiempo? Años sin verte.
Anónimo 2: Acá ando che, sigo guitarreando como cuando íbamos al colegio.
A1: ¿Ah, sí, tenés banda?
A2: Sí, hace rato, nos va bastante bien...
A1: ¿Y cómo se hacen llamar?
A2: Drive-by Truckers
A1: Ah... lindo nombre. ¿Hace mucho que están?
A2: Y sí, desde el ’96. Qué preguntón que estás...
A1: Bueno, no lo puedo evitar, me pasa siempre. ¿Qué onda hacen?
A2: Uh, esa pregunta cuesta siempre. Qué se yo... rock.
A1: Esa palabra es muy amplia. ¿Heavy, punk, qué?
A2: ¡Qué se yo! Rock... me cuesta definir mi música, es difícil. ¿Viste cuando escuchás una banda y decís “esto es rock”? Bueno, así.
A1: Ajá. ¿Rock bien duro, con actitud?
A2: Sí. Bah, tenemos momentos medio country, pop. Y sureños. No sé, es jodido afirmar y etiquetar en la música, es todo tan difuso...
A1: Bueno, pero más o menos... ¿Y qué disco me recomendás?
A2: Qué pesado, averiguá algo vos, ni idea. No me gusta que me pregunten estas cosas, nunca se qué contestar...
A1: Pará, ¿tienen muchos discos?
A2: Sí, unos cuantos. Nueve, más precisamente.
A1: ¿Y cuál me bajo?
A2: Hijo de puta, ¿encima te vas a bajar el disco de tu mejor amigo de la infancia? Compralo, rata.
A1: Estoy pobre... ¿qué querés que haga?
A2: No sé, hacé lo que quieras.
A1: Bueno... ¿entonces cuál bajo?
A2: No te banco más hermano, basta de preguntas.
A1: Che, qué mala onda, ni me preguntaste por mí. ¿No te interesa?
A2: No. Bajate The dirty south y andá a la concha de tu madre, filósofo. Chau.

miércoles, 27 de agosto de 2008

Siempre tan alegre, vos...

Berlin es el tercer disco solista de este arisco hombre del rock llamado Lou Reed. La definición de Wikipedia respecto de él es más que elocuente, cierta en más de un punto; la enciclopedia virtual lo define como una tragic rock opera.
Reed cuenta en Berlin los andares de una muchacha de las calles, Caroline, y su respectiva relación con un yonqui de nombre Jim. Se imaginarán que la historia no es precisamente un cuento de hadas, o una película de Suar... El detalle -esos detalles que nunca son tan pequeños para pasar por alto- es que Caroline es alemana, y el yonqui, yanqui. ¿Y? Siendo un poco rialista, me animaría a afirmar que la puta alemana es nada menos que Nico, la dama que cantara en la primera grabación profesional que hizo Lou en su vida -el glorioso The Velvet Underground & Nico, claro; los de la fotito de arriba- y Jim, un tal James Morrison. Lo gracioso es que di cuenta de esto cuando empecé a buscar info sobre el disco. Claro, cabe explicar que en la vida real, Jim y Nico fueron amantes.
Igual, esto es un dato de color si uno desglosa el álbum desde sus formas musicales...

Berlin agobia por todos lados, ahoga. Desde la siempre cruel y seca forma de cantar del narrador, desarrolla piezas de difícil digestión. Historias sombrías, drogas, depresión, tristeza y violencia son los temas recurrentes, todo en un marco de decadencia extrema como sólo este muchacho lo podría hacer. (Sí, leen bien, todas esas cosas lindas en un solo disco). Además, Lou cuenta con un seleccionado de músicos envidiable -entre ellos, Steve Winwood-, y la producción de Bob Ezrin.
Sólo por ser selectivo y todo lo breve que puedo (nada), voy a elegir las tres piezas que siento como claves en el desarrollo de la obra:
Men of good fortune es la primera. La voz de Reed tiene la expresión justa y necesaria, en especial cuando canta la frase “and me… I just don’t care at all” y te convence totalmente de que, sí, a ese tipo no le importa nada de nada. La sección rítmica del tema es excelente: escuchen el increíble bajo, en esta gema y en todo el disco, de parte de Jack Bruce -afirmativo, el de Cream- y la intensidad lograda. La canción data de épocas primigenias de Velvet, pero recién aquí fue incluida. Decisión acertada de parte de su autor reflotarla para este momento de su carrera.
La segunda pieza clave es The kids, que cuenta cómo Carolinita es alejada de sus hijos por la ley (o sea, le sacan a los pibes por mala madre; según canta el hermano mayor y perdido, de Maximiliano Guerra). Es otro momento -quizá “el” momento- desesperante, de guitarras acústicas pero una densidad que supera ampliamente ese formato. Si uno no supiera de qué habla, podría tomarla como una canción austeramente alegre. Eso, hasta que escucha los llantos de niños al promediar el tema. La Wiki dice al respecto que los pequeños son nada menos que los hijos del productor, quien habría cometido la bestialidad de decirles a sus críos que la madre los había abandonado... ¡para luego grabarlos llorando! (Nota 1: y uno pensaba que el único productor loco era Phil Spector). (Nota 2: Ezrin se encargó de desmentir el mito, pero la gerencia de este blog ha decidido dejar el dato como cierto porque queda bien con la onda del disco). Tan feo suena ese intermezzo desesperante de los niños sollozando y a los gritos por su mami con un fondo musical de acordes mayores, que trajo como resultado la prohibición del tema en muchos países.

La tercera pieza es la clave, y merece este párrafo aparte. Una de las mejores composiciones que Reed haya hecho jamás, tiene todos los elementos de canción perfecta. Otra interpretación majestuosa de su voz, orquestación ídem, pasajes musicales brillantes... No por nada es el cierre del disco, luego de The bed, que narra el suicidio de la dama germana. Sisí, hablo de Sad song. ¿De qué otra forma podría terminar Berlin? Una canción con ese nombre y sentido de la épica triste -ya hablé millones de veces de esto en el blog, así que no explico de vuelta-, con Lou diciendo el estribillo con la voz más grave y fulera que puede, pero acompañado de coros que lo contrastan de fondo; más una sección de cuerdas simple y deliciosa, que repite una melodía que se hará mantra para fundirse en el final. Notable.

En fin, supongo que este es uno de los discos más bajoneros y crueles de la historia del rock... Y si se tiene en cuenta que salió después de su intento solista más reconocido y up, Transformer, no queda más que agradecer por una obra maestra sobre las miserias humanas y todo lo que traen, llevan y dejan. Alguien lo tenía que hacer y nadie lo podría haber hecho mejor que Reed, un pesado de verdad.

domingo, 27 de julio de 2008


Es re melanco.

Es una artista total.

Es sensible y mata de una.

Vive lejos pero la visitaría seguido.

Es, o al menos quiere ser, the greatest.

Es simple pero a la vez necesariamente rara.

Es de las que están al costado pero llama la atención.

Es mi mejor descubrimiento en estos últimos tiempos.

lunes, 7 de julio de 2008

LMEDA Records presenta: Redondas canciones de amor

Mi oreja lo pedía cada vez que escuchaba alguna de esas canciones en un medio de transporte, lugar público, hogar o prisión (mentira, prisión no). Es simple, las canciones de amor de los Redondos alegran el corazón, mueven algo, aunque suene simplista decir sólo eso: gracias a ellas, este nuevo compilado de LMEDA Records. Sí, sé que muchas son conocidas y las hemos escuchado hasta el hartazgo, pero piénsenlo: está bueno tenerlas todas juntas, de hecho lo he probado y... ¡te ponen de muy buen humor!

(Ahora, el desglose una por una).

El tesoro de los inocentes: Elijo esta para empezar, porque la letra me parece de un valor inmenso. No es una canción de amor hacia una dama, sino que parece hablar -digo así porque nunca se sabe con Solari- de la necesidad fundamental del amor en un mundo contaminado por la maldad del hombre. El momento culmine es el estribillo y su frase: “si no hay amor que no haya nada entonces”.
Parece dirigida a quienes hacen mal al mundo desde su sector de poder -no sé si es específicamente para los políticos; también puede ser una forma de hablar del egoísmo-, y no se dan cuenta de que el verdadero tesoro no lo compran jugando “a primero yo, y después a también yo”, como canta el pelado en una parte. Es raro definirla como “canción de amor”, es más bien “del amor”. Supongo que se entiende la diferencia.

Gualicho: Perlita de Último bondi a Finisterre, creo que es el único momento de luz en aquel disco oscuro de finales de los noventa. Acústicas, clima, y una de las tantas letras de ellos con alguna cita a los juegos de azar, en ese estribillo que se lamenta por lo que “cuesta armar un full”: una excelente metáfora sobre lo que cuesta sostener una relación para que luego desvanezca de un día para el otro.
Grandiosa canción de olvido y despedida... ¡El comienzo de la intro de guitarra es igual a Alive de Pearl Jam! ¿Habrá sido a propósito?

Esa estrella era mi lujo: Otra que transita la misma senda, un clasicazo indestructible de toda su carrera. La letra es simple y concisa, va al grano y relata sin muchos detalles una relación de esas… breves. El protagonista se siente un iluso por haber sido usado al gusto de una bonita compañera. (Indio, no te quejes que en esa época no eras tan conocido…). La introducción es maravillosa y la melodía de la estrofa final, también. Le da el marco y la emotividad de una real canción de amor a una oda más fugaz. Recién escuchándola hoy, me doy cuenta de algo en muchos temas de ellos: los coros los hace Skay y siempre creí que eran segundas voces de Solari.

El viaje de las partículas: Del último de Skay, esta cancioncita mueve la emoción desde la simpleza, empezando por el punteo de la introducción, hasta llegar a su estribillo, que luego de una letra que parece hablar del fin del mundo -o de cómo se está yendo a la mierda... hace miles de años- concluye con el protagonista declarándole a su amada: “quedará para siempre tu mirada en mis ojos, aunque un día la tierra deje de girar”. Más allá de todo lo que se ha dicho de ella, la Negra Poly también tiene sus canciones de amor.

Murga de la virgencita: Este tema está incluido en un disco que resignifica la palabra murga: cuando en Momo sampler aparece el término, lo hace como sinónimo del dolor. Bueno, de eso trata esta grandiosa pieza, con reminiscencias al U2 más moderno: los andares de una puta argentina, Marita, con descripciones del Indio que, cada vez que vuelvo a leer la letra, me hacen creer que es la canción definitiva a una trabajadora de las calles. De amor y sufrimiento.

Tarea fina: De esta no hay mucho que decir, es clara como el agua. Un pobre muchacho busca conquistar a una dama que prefiere codearse con la alta sociedad. O sea, la clásica canción del loser al que la minita ambiciosa no le da pelota. Claro, otra vez los slogans del cantante convierten a la letra en una genialidad. Y eso, sumado a una bonita melodía, y un buen acompañamiento musical convierten a Tarea fina en, quizá, la canción de amor estándar de los Redondos. No está nada mal ese título.
(De todas formas, lo mejor es el mito que encierra la letra: dicen las lenguas rialistas del rock que Carlitos le hizo la canción a Karina Rabolini, que después de estar junto a él se fue con el actual gobernador de la provincia de Buenos Aires. Nunca lo sabremos).

Caña seca y un membrillo: “Vamos negrita, baila hasta el fin, vamos negrita, hacélo por mí”. El estribillo ya dice todo, no jodamos. Y vos, negrita, bailá y no rompas las bolas.

Un poco de amor francés: La más conocida de todas, uno de los pocos hits de toda su carrera (obviando que con el tiempo casi todas sus canciones se han convertido en un clásico para cientos de miles de jóvenes de por aquí). En este caso, aunque partan del mismo disco, no sucede lo de Tarea fina: la mina conquista al señor luego de afirmar que “el lujo es vulgaridad”. El riff de la intro es un clásico, Skay marca registrada.

La pequeña novia del carioca: ¡Redondos cuasi trip-hoperos! Esta pieza, una de las canciones de amor menos conocidas de su repertorio, me mata por su musicalidad. Por empezar, el tono de la voz relatora es escalofriante aunque a su vez brinde calor. La música es chiquita durante los versos, pero explota en el estribillo, de licores y malas ideas: otra oda a la fugacidad. Una gema oculta y oscura, definitivamente brillante en su concepción.

El pibe de los astilleros: Este tema le debe al riff de guitarra, al menos, la mitad de su éxito. En cuanto a la letra... iba a hacer mi pequeño análisis, pero encontré éste tan increíble en Taringa… que mejor se los dejo.

La hija del fletero: La unión de las palabras “linda” e “infinita” en una frase que describe a la hija de un fletero, ya merece palmas. Sólo ellos podrían hacer un tema con tal nombre y que quede bien. Esta vez, la protagonista marcha a Europa -más precisamente, a Madrid- el tipo queda dolido y no se anima siquiera a leer las cartas de ella que, sabe, recibió. Durante toda la letra, en vez de disparar contra la dama, o bien describirla, quien canta recuerda los reclamos que ella la hacía (“no calentás la misma cama por dos noches”) e incluso se bastardea a sí mismo, de manera lapidaria: “siempre fui menos que mi reputación”.

Lágrimas y cenizas: Otra de Skay, desde su primer disco, A través del mar de los Sargazos. Épica por todos lados, de letra y orquestación.

Una piba con la remera de Greenpeace: Quizá, la canción de amor definitiva de los Redondos haya llegado en su último disco. De letra y música impecables, no hace agua en ningún lado. Descripciones geniales como siempre, un método similar al de La pequeña novia… respecto de la estructura versos-estribillo -del susurro al grito con un bonito puente en el medio- y la emoción a flor de piel, en otra historia de toques sufridos.

Mi genio amor: Voy a morir sin comprender cómo puede ser que esta canción no haya sido incluida en Gulp, me parece inconcebible desde la primera vez que la escuché que no haya formado parte de aquel disco debut. Algunos pasajes musicales me recuerdan a The Police, y la letra... bueno, no voy a cansar diciendo lo mismo que en todos los temas anteriores.
Ustedes sólo disfruten.