miércoles, 18 de noviembre de 2015

Momo (y todo lo demás) por ellos


Antes de escribir una sola palabra sobre Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota me pareció interesante rastrear los propios dichos de la banda cuando Momo sampler vio la luz. Dentro de mi escueto archivo de revistas hay algunos números de la extinta revista La García, aquella apuesta rocanrolera que fue una insignia del aguante de fines de los '90 y rendía culto a la igualación público-músicos propia de esos días (en realidad, una idea inherente a la cultura rock que, como cualquier otra, no existiría sin la gente adentro. Otro día discutimos las formas). Buena parte del staff de La García fue luego (sigue siendo, en parte) el de la Revista Barcelona, lo cual habla muy bien de los autores y sirve para reflexionar cómo ciertas cosas se mudaron del rock a la política. En fin, recuerdo que no pasaban más de cinco números de La García sin que hubiera cobertura de shows o entrevista con, quizá, los máximos referentes rockeros de aquella época y de todas: Charly García en su etapa Say No More y los Redondos.

Momo sampler fue editado el 17 de noviembre de 2000. En enero de 2001, antes del desastre social y la separación de la banda, nunca formalizada pero concretada ese mismo año, la revista publicó una nota completísima, al hueso, con Carlos Solari, Eduardo Beilinson y Carmen Castro. El Indio, Skay y Poli, bah. Puede que sea la mejor entrevista a ellos que haya leído alguna vez: fue tan jugosa que los tipos decidieron publicar una segunda parte  al número siguiente porque les había quedado hilo en el carretel. Buena parte de lo que se cuenta es revelador de aquel momento y de todo lo que vendría luego.

No voy a inventar nada pero leer al Indio es un ejercicio siempre placentero; su mirada sobre ciertos tópicos en la realidad de 2000 es profética. Sus dichos sobre el Grupo Clarín y la situación asfixiante de los primeros días del milenio se resignifican tanto como lo que a la banda y a Momo refiere: el método de composición con Skay -que desde su mutismo parece asentir lo que Solari dice aquí y repetiría hasta el cansancio después- y el archivo fílmico del grupo, que luego sería motivo de... bueno, ustedes ya saben.

Quince años atrás, algo se olía.

LA BANDA... SON DOS

INDIO: El álbum está hecho con Skay y el equipo Luzbola: Eduardo [Herrera] que es el ingeniero y Hernán [Aramberri] que trabajó mucho porque es el más diestro con respecto a la parte midi. Yo manejo las máquinas pero con cierto rubatto y cuando estás queriendo pintar necesitás la destreza y también las opiniones. Supongo que se parece un poco a la dirección de una película, que hay un director de fotografía que te dice “mirá, la luz que vos querés no da, suspendemos”, “seguimos”... Y después, intentamos grabar con los músicos. Prácticamente los músicos no participaron a no ser por un solo de saxo y un calefonazo en “Pool, averna y papusa”.
SKAY: Hay algunos bajos más, que tocó Semilla [Bucciarelli] y quedaron...”.

Contaron que Semilla grabó algunas cosas, hay algo de Sergio, ¿y la batería?
INDIO: La batería la volvió a tocar toda Hernán. Primero tomamos muestras de distintos lados, de algunas baterías que había compuesto yo. Pero todo midi, todo una cadorcha. Eso, por un lado, porque queríamos darle una unidad de contexto humano, y por otro lado, una vez que se armó toda la estructura rítmica, se reemplazaron cada uno de los módulos vueltos a tocar, y se volvieron a tomar muestras, y se volvió a trabajar como muestra...

¿Loopeada?
INDIO: Muestra. A veces loopeada, y a veces no. Los platos, por ejemplo, están tocados en tiempo real. Hay cosas hechas para darle naturalidad. Las escobillas están tocadas en tiempo real. Hernán trabajó bastante. Lo que pasa es que la comodidad de trabajar con Hernán es que estaba en el estudio. Que viniera Walter [Sidotti] para tocar una timbaleta, una cosita, estando ahí Hernán, no tenía mucho gollete.

¿Cómo fue la relación con los otros integrantes de Los Redondos cuando supieron cómo iba a ser este disco?
INDIO: Pasó que fueron a grabar, y la tecnología escapa, expulsa un poco las cosas. Se hacía muy difícil.
SKAY: Semilla grabó todos los bajos, con distintos equipos...
INDIO: Y no andaban...
SKAY: ...probando distintos equipos. Y el quilombo era el sonido: cómo conciliar sonidos que, por ahí, tenían una gran profundidad, probamos de mil maneras y no rendía.
INDIO: Se lo morfaban los loops.
SKAY: Los bajos que tocó Semilla quedaron en algunos lugares donde sí había mas espacio, donde no competía. Pero en los otros lugares, donde estaba muy cargado de instrumentos, ahí hay bajos de chapa, o sintetizados.
INDIO: De cualquier manera ustedes preguntaban cómo lo tomaron. Yo supongo que lo tiene que tomar bien.
POLI: Uno cambia de dogmas...
INDIO: Claro, continuamente. Hay muchas cosas que yo tocaba en otro momento, y cuando íbamos al estudio las tocaba Sergio [Dawi]. Pero que estando ahí, en casa, las toco yo.
SKAY: Y teniendo la posibilidad de volver a grabar...
INDIO: Hacés una muestra y la repetís todas las veces que querés. Es ridículo. Cuando tenés un plan de trabajar con música de edición, llega un momento en que la epopeya de la grabación en directo se justifica sólo si tenés ganas de hacerlo. Hoy no es lo mismo que en los años 70, donde las emulaciones eran muy berretas, donde había síntesis de sonidos. Y un sampler es una muestra de sonido natural. Vos tenés a tu merced un tipo que toca la balalaika en otro lado, una librería de un tipo que toca otro instrumento... Y después tenés que componer y reemplazás el sonido de la chapa por el sonido de bajo, por ejemplo. Entonces, si tenés ganas de decir “un, dos, tres, pum...”, llamás a los músicos. Pero si, por otro motivo, por el concepto, tenés ganas de generar esta idea de música de edición en contexto humano, utilizás otro sistema.
En realidad, lo que uno hace siempre es darle un sentido a los ruidos. Y es como una escenografía que hay por detrás de las guitarras y de la voz. Es como la escenografía del drama musical que se va haciendo y después actuamos: el que canta la lírica, el que toca los solos en la guitarra, el solo de otro. Pero la escenografía musical puede estar dada por otros músicos o, por ejemplo en este caso, por muchas muestras, y trabajos que hemos hecho nosotros. Este es un proyecto que, inclusive, se intentó hacer de otra manera en algunos temas, y no prosperó, se puso muy difícil. Se podría haber hecho pero tendríamos que haber invertido mucho más tiempo: si tenés que agarrar el bajo y volver a trabajar ese sonido hasta distorsionarlo, ya no sólo tenés que encontrar un buen lugar en la sala, microfonearlo bien, sino que después tener que estar hasta encontrarle un lugar al sonido, algo que esté vinculado al escenario del sonido que estás generando. Esta idea empezó en el álbum anterior y que tiene que ver con que si uno está jugando a ser algún tipo de espejo, como artista, de lo que pasa, hoy no podés no incluir los sonidos electrónicos. Si querés hacer un drama musical de esta época, un poco de quilombito que vaya más allá de la guitarra, el bajo y la batería tenés que hacer.

Indio en el estudio.

CÓMO COMPONÍAN

Esta idea de la emulación relacionada con el sampler y a la vez con el Momo, ¿cerró después de grabar o existía desde antes?
INDIO: Siempre es muy difícil explicar cómo nacen las cosas, porque nacen, primero, de una manera que tiene que ver con toda la musicalidad que tiene Skay y que tengo yo. Todavía, ahí, no hay ningún concepto ni ninguna letra, ni una mierda. (...) Hace tres álbumes que estamos componiendo por separado y después nos juntamos. Originalmente él está tocando la viola, y grabando partes de violas y momentos musicales. Por otro lado, yo estoy generando estructuras de canciones con samplers, me hacía cargar muestras en los pad de un sampler cualquiera y con eso componía la estructura, los sonidos que me interesaban. (…) Y después sí, esa es una especie de marea que tenemos alrededor de los dos, que es independiente. Hay canciones que empiezan con una idea de Skay, pero del paquete más grande yo genero la melodía cantada y las letras, las texturas y las armonías del tipo de melancolía... o del tipo de oscuridad (risas)...
(…) Ni bien aparecen las canciones, tanto en el caso de las que van quedando como las que más nos gustan, yo le paso un montón de ideas a Skay, él selecciona las que le gustan y también las que tienen que ver con cosas en las que él ya tiene dominio para hacer las codas, para hacer los intermezzos.
SKAY: Tiene que ver con las cosas más estimulantes y también las que son más diferentes unas de otras. De todo el paquete de ideas que él me da, por ahí hay muchos temas que tienen el mismo clima, la misma intención. Entonces, tratás de diferenciar un poco, elegís los climas más distintos. Y después empieza todo el otro laburo. Yo escucho las ideas del Indio un par de veces, las saco, y no escucho más el sonido, empiezo a jugar con lo que me van sugiriendo. Y no hay sonido, no hay nada. Después empieza la otra confrontación cuando, para mí el tema se disparó para un lado y empezamos a conversar, a ver qué cosas entran a tener un sentido...
INDIO: Porque se sigue modificando todo. Y a partir de ahí ya empieza el laburo. A partir de ahí ya hay una demo. Previo a grabar, nos reunimos en el mismo estudio nosotros dos, sin los técnicos, con las grabadoras digitales, a hacer las demos. Y una vez que ya se armó, a partir de ahí es entrar a mejorar la calidad. Yo siempre doy un ejemplo que es pintar: primero arrancás haciendo un bosquejo con una carbonilla, que todavía es una especie de visión primordial. Pero cuando ves el cuadro terminado, entre el bosquejo original y el final, hay personajes que los tapaste todos porque no prosperaron y pusiste otros... Esto es lo mismo: arrancás y generás una estructura que es el primer boceto, que en nuestro caso ya tiene las tensiones, los claroscuros ya están determinados”.

TÍTULO Y REALIDAD

¿Cómo surgió lo del título, lo del Momo Sampler?
INDIO: En un momento aparece la idea. Me gustaba un poco por esto que pasaba en los reportajes, también, copiar el método de trabajo de la edición, que me parecía bueno para crear un monstruo, para que aparezca otra cosa y no lo que debe ser. Y, por otro lado, porque veía que con el carnaval, y esa cosa de travestismo, de farsa, de gente disfrazada de gente, de lo que no es, la única diferencia que había con lo que estaba pasando en la vida cotidiana de todos, era que el carnaval es un episodio cíclico, y que el carnaval que vivimos ahora es permanente, que no hay ninguna cuaresma, ningún ascetismo posterior, no pasa nada que modifique el estado de locura, de travestismo de disfraces, de máscaras, de antifaces donde, inclusive-y esto los excluye por libertad que tienen ustedes de trabajar en una cosa que no está circunscripta a la política- el bastión de la relación entre las personas, que es el periodismo, hoy también da pena, por los intereses de las corporaciones que están encima, de las líneas editoriales. O ves la televisión, que es el mediador que ha reemplazado al resto de los territorios de encuentro entre la gente, y ves los programas periodísticos y son de terror.
(…) Si el artista que va a tocar hoy no es del Grupo Clarín, es del otro, en el noticiero no aparece o le tiran algún mierdeo, y si es al revés, Natalia Oreiro es el peor número que hay en la Tierra. Entonces ya no hay ningún criterio de verdad funcionando ahí, sino que hay un montón de intereses que tienen como mascarón de proa un medio para que la línea editorial represente las conveniencias de la Fundación de la Corporación del capital que está atrás metida. Todo superorganismo está atomizado, somos distintas personas, y siempre hubo mediadores o territorios de encuentro. Y el territorio de encuentro que es el rock también está atomizado, porque está el punk-metal, el pendorchopop, el qué sé yo, hay como una atomización muy loca que si fuera un episodio cíclico está bien. Nosotros venimos de generaciones donde las marchas eran cosas de todos los días, pero había como un brillo en los ojos, la gente creía algo, aunque sea en una ideología. Y digo aunque sea en una ideología porque nosotros somos de mudar de dogmas permanentemente.
Cuando uno habla de la cultura rock, habla de un evento histórico donde, en el caso nuestro, no tuvimos ni tenemos una militancia por algún género en particular. Creo que en cada momento se hicieron cosas buenas y fue importante para la cultura. No somos mucho de una ideología, y convencer a todo el mundo y “vamos con esta bandera”, porque esas cosas cambian de acuerdo al momento histórico, al nodo en el que estás metido, a la encrucijada a la que te fuiste a parar. Lo que veo yo hoy es que los ojos de los piqueteros no son ojos vinculados con una creencia, sino con el desamparo. No ves un brillo que dice “vamos a tomar la Casa Blanca con maúseres”, una cosa del pasado, pero que por lo menos daba un brillo en los ojos. Hoy están ahí como diciendo “bueno, estamos haciendo este quilombo para ver si alguien, Dios, miranos, alguien...”.

¿Y cómo empieza la relación específica con el carnaval? Tanto con los ritmos musicales, como con la tradición, la cultura...
INDIO: Cuando uno elige un concepto, quiere elegir siempre algún condimento. Yo voy a los carnavales de Uruguay que son los que más me gustan, y que cada vez son más difíciles de encontrar, hay que irse al Club Albatros, a la concha de la lora, porque en el Teatro de Verano hay una cosa más televisiva ya. Lo que me pasa con el carnaval se parece lo que me pasó antes con el circo. Cuando yo era pibe, el circo era una cosa con una estética propia, el hombre bala, las fieras... Y de pronto, con la aparición de la televisión, a la gente empieza a gustarle que haya bailarinas con coreografías... Con el carnaval pasa lo mismo, hay una invasión de la estética televisiva, y con mucho éxito, se llena mucho más el Teatro de Verano, van turistas de todos lados. En cambio, vas al Club Sporting, y es la gente del barrio, hay choripanes, copos de nieve, entre grupo y grupo, hay bingos, ¡es muy bueno! Cuando vas a ver a Araca la Cana o a Falta y Resto al Club Sporting, te encontrás con tipos de tu edad cantando a voz en cuello, apasionados, las letras de los tipos, y ahí si pasa que los discursos de la murga, de alguna manera, señalan las cagadas que se mandan desde el poder. De todos modos a nosotros no se nos ocurre pretender hacer murga, ni ritmos de ellos. Está muy en boga, pero nosotros no somos cultores de nada, ni de la cultura rock. En nuestros álbumes hacemos un par de rocanroles, pero el resto, desde siempre, es otra cosa. Porque el rock es un evento transcultural. Yo no tengo la esencia de los bluseros negros, y lo mismo que me pasa acá con el folclore, a mí el folclore de salón no me gusta. Me gusta lo que hace Leda Valladares, pero el chirarararaiii (imita algo tipo Chalchaleros), es un embole, nunca me dijo nada. Lo mismo pasa con el disco, hubiera sido ridículo que uno quiera hacer murga. Aquel que lo quiera hacer que lo haga. Sí hemos incluido mucho tambor batiente. En la gráfica hay algunos personajes de la comedia del arte mezclados, por supuesto, porque es un carnaval al uso Patricio Rey (risas).

Skay grabando bajos de Momo sampler.
TRINIDAD

INDIO: En la lírica se pone medio difícil representar algo más que lo íntimo. Yo sé que estoy confirmado por el hecho de que la gente que yo respeto y quiero todavía está conforme con lo que yo haga al respecto.

Vos decías que de alguna manera escribís “como escribimos...”
INDIO: ¿Sabés por qué? Hay un lugar que yo capitalizo para nosotros, y ahí la incluyo a Poli. No hablamos del evento estrictamente musical, porque cuando nosotros tres decidimos que algo va, es porque nos representa a los tres. Ahí ya no hay roles. Es como cuando Poli discute con alguien. No es que yo estoy en una nube de pedos e ignoro lo que pasa. A partir de ahí es como si fuéramos tres directores de algo, somos dueños de todo lo que pasa en el producto o la obra. Ahí la autoría es una cosa que escapa. ¿Quién es el autor de algo que se confirma cuando lo decidimos los tres?

Por eso lo del autorretrato...
INDIO: Una cosa es el consentimiento de cómo se pinta la lírica, y otra cosa es si con lo que escribo estoy representando lo que le pasa a Skay.

BENDITO ARCHIVO

Poli, ¿tenés un archivo?
POLI: Vamos guardando las notas y Skay las recorta y tira el resto.
SKAY: Tengo todos los casetes de todos los recitales que hemos hecho. Quizá me falte uno o dos, pero nunca los escuché...
INDIO: Tal vez cuando estemos viejitos... (risas).
POLI: Más adelante, ya vas a tener tiempo... Si no lo agarra la laucha...
INDIO: Sí, si no me corre la laucha en la cabeza. Cuando ya esté arteriosclerótico, cuando piense “¿quién es este pelado que está acá?” (con voz de viejito). Lo que estoy haciendo es tratar de sacarle un poco la tierra antes, porque si no trasladás la tierra, también, al nuevo lugar. Entonces primero le pego una leída y hago una especie de selección, lo guardo cuando el artículo tiene una especie de extensión o profundidad. Cuando veo que es la típica nota...

Hablando de cosas de archivo, el hermano de Skay hacía filmaciones. En una entrevista que editaron con un libro, en un compacto...
INDIO: Esa es otra cadorcha del amigo [Tom] Lupo (Poli se ríe). Lo que pasa es que los amigos quieren dinero. Yo lo tengo porque me lo mandaron, y es, como una especie de disparate. Más que nada es la rimbombancia que le da Tom Lupo a lo que vamos a decir y después es una pavada. Es toda una noche en la casa de Tom, no me acuerdo ni en qué condiciones estábamos (risas).

Pero podés suponerlo (risas)
INDIO: Empieza hablando y le da como una importancia, una significación a lo que voy a decir. Y después escuchás y decís...

Una de las cosas más interesantes, al escucharlo, es cuando contás que hay una filmación en super 8, del primer viaje...
INDIO: ...a Salta. Sí, sí, sí.

¿Esa filmación existe?
INDIO: La tiene el hermano de Skay.
POLI: ¡No lo digas, qué lo van a ir a buscar, lo van a matar! (risas).

¿Y qué les pasa cuándo ven algo de ésa época?
INDIO: Yo hace rato que no veo. Pero lo tengo grabado porque lo filmábamos, y lo editábamos nosotros, y es la gira a Salta que era... (risas) bueno, en esa éramos todos presidiarios, todo el bondi eran presidiarios. Y era todo un delirio, de movida, porque justo era una banda como nosotros en un lugar de los más conservadores que había. Todavía debe ser, hace mucho que no voy a Salta, pero en ésa época no sabes lo que era. Esa filmación es inenarrable, es maravillosa. Yo dos por tres le quiero pedir al Negro, porque hemos hecho varias cosas juntos.
SKAY: Es más, el origen de Los Redondos es haciendo la música para una película que había hecho: Ciclo de cielo sobre viento. Empezamos a hacer la música, y de ahí terminamos siendo...
INDIO: Muchas cosas han pasado. De pronto, había un plan para conseguir dinero para comprar máquinas. Porque siempre hubo una idea de independencia. La plata fue siempre para la independencia.
SKAY: Sobre todo porque no había otra manera.
INDIO: Y en el tiempo de estructurar todo eso fue creciendo la banda.

¿Habrá forma de mostrar eso o no les interesa?
INDIO: Mirá, a mí me interesaría, de movida, tenerlo.
SKAY: Mi hermano está en este otro viaje. Le hemos pedido, pero él tiene otros tiempos...
INDIO: Aparte de eso, hay películas donde trabajamos nosotros, trabaja Skay. Aunque sea para verse uno, joven. Decía que en Ciclo de cielo sobre viento yo aparezco con una escopeta... (carcajadas, aplausos). Como un francotirador, por una ventana, con un maúser... (risas).
SKAY: O aparece esa foto que nos habíamos sacado en Santa Fe, ¿te acordás? Una que estamos todos con las escopetas. (risas)
INDIO: A mí me gustaría tener copias, porque también me da miedo. Yo sé que él ya las cambió de formato.
SKAY: Yo le dije a Guillermo, y quedamos en que las iba a hacer...
INDIO: Y tengo la copia de una, de Celos, en Super 8. Incluive, la banda de sonido empieza a estar pegada al celuloide como en la mitad.
SKAY: De la gira a Salta pasa lo mismo, de la música ya no quedó nada...

¿Qué música era?
SKAY: Lo que tocábamos nosotros.
INDIO: Sí, qué sé yo, “Maldición...”, “Blues de la libertad”...
POLI: “Toma luz de mi estera”...
INDIO: ¿“Toma luz de mi estera”? ¡Ah sí!, lo hacíamos. Nada más que más rockeado. No tan country.

Ese tema no está en ningún disco.
INDIO: Hay montones de cosas. Lo que pasa es que uno siempre quiere hacer lo último que se le ocurrió. Si vamos a ir a buscar...somos jovatos, ya. Las cosas que estoy descubriendo ahora, cintas donde canta Poli, canta [Claudio] Kleiman (risas), yo toco un balde de plástico, y canto. Y hacemos coros y canta Poli. Hay una versión -mirá lo que les voy a decir, total nunca la escucharán-, de “Mejor no hablar de ciertas cosas”, hecha por nosotros tres, que es otra cosa, no tiene nada que ver con la versión que se conoce.

¿Por qué nunca la vamos a escuchar? (más que una pregunta es una súplica).
SKAY: Bueno, en algún momento, por ahí...

15 AÑOS: INDIO LEE INDIO

¿Te interesa ver lo que decías hace quince años?
INDIO: A veces lo leo, y me sorprendo a mí mismo. Veo que hay una especie de coherencia que uno niega (risas). O sea que no tenemos dogma, y veo cosas que decía hace muchos años...

Justamente, eso de “no tenemos dogma”, se viene repitiendo en los reportajes...
INDIO: Bueno, no tener dogma es un dogma...


[Ambas partes de la nota de La García pueden leerse en Mundo redondo]

martes, 17 de noviembre de 2015

De regreso a Momo: a 15 años del último disco de los Redondos

Hace unos meses recordé, casi sin querer, que se cumplían quince años del adiós discográfico de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, quizá la banda más trascendental en la historia del rock argentino (esta sentencia excede por escándalo lo musical, que siempre es discutible). Poco revisitado en estas páginas, el grupo es -sigue siendo- paradigma de la independencia dentro de la música local, dueño de una estética y un sonido que marcó a fuego a descendientes y dividió aguas entre contemporáneos. Algo es innegable: la música de los Redondos contiene un código de fiereza que ni siquiera las FM de rock nacional han logrado desgastar. No es apta para todo público, aunque su extraordinaria masividad diga todo lo contrario.

La herencia que dejaron es de una inabarcabilidad tal que encuentra ejemplos insólitos en algunos sucesos recientes: novedades que van desde la edición de Fuimos reyes, libro de Mariano del Mazo y Pablo Perantuono al cual el mismísimo Indio Solari describió como “la historia de los Beatles contada por Pete Best”; hasta una apasionada revisión de “Jijiji” a voz en cuello de Tarja Turunen, la cantante finlandesa de heavy metal sinfónico que reside en Argentina de un tiempo a esta parte. Es decir: aún hoy, el mito y la obra (¿escindibles?) generan revuelta, sea en la pluma de un periodista denostado públicamente por Solari (“es un pelotudo”, dijo hace no demasiado tiempo de Del Mazo) o en la garganta de una cantante nacida a miles de kilómetros del fenómeno. El libro se vende como pan caliente, el público metalero no duda en traducir “Jijiji” = pogo encendido. Y saltan.

Ahora bien, ¿cuánta gente escuchó con atención Momo sampler, el último disco de estudio del grupo, que exactamente hoy cumple 15 años de vida? Aquel rostro grisáceo de tonalidad y mueca no ha sido observado como el eslabón perdido que es, entre el final y los nuevos principios: las carreras solistas de la dupla Beilinson-Solari; el fervor popular ante el rocanrol y la distancia contemplativa de un público que hasta Último bondi a Finisterre solía encontrar de dónde agarrarse, “misas” al margen. También, claro, entre el ocaso de una era política y social que dejaría heridas profundas y explotaría meses después; y lo que vino... Esto es más evidente cuando se leen las palabras del Indio en las notas de la época: sus dichos son casi clarividentes y su posición respecto del kirchnerismo resulta lógica al leerlos.

En La música es del aire intentaremos desgranar el influjo de aquel disco denso, junto a algunos amigos que nos prestan su talento. ¿Queda algo por decir de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota? Haremos la prueba.

jueves, 12 de noviembre de 2015

Gonzalo Gamallo siempre dice la verdad

Ballotage de Gonzalo Gamallo en La música es del aire. O bien, secuela de aquella tarde soleada del sábado 17 de octubre regada por café, charla intensiva mediante. En esta segunda vuelta del diálogo con El Pastor no hay vencedores ni vencidos, en la otra vuelta no hace falta decir quién queremos que gane...

Por lo pronto, vale destacar que lo que leerán abajo está enfocado más en sus bandas que en Paralelo, el debut solista que abordamos en detalle en la primera parte de esta charla. Entonces, bien cuenta GG en qué andan hoy Los Niños y los Locos y La Joven Guarrior, lo que podríamos denominar sus dos proyectos principales (entre otros tantos satélites).

Además, para la oreja de la dama y el oído del caballero: qué ve de nuevo y bueno Gonzalo en la música argentina actual, en qué ayuda que el gran mercado no dé bola a lo under, cuánto cuesta vivir de la música; y lo importante de estudiar y no ser un cachivache.

Lean y disfruten, está permitido.

LOS NIÑOS Y LOS LOCOS

En alguna de nuestras charlas me dijiste que Los Niños y los Locos era tu banda bastarda. ¿Por qué?
Sí, porque para mí Los Niños es una banda terrible... y es mi primera banda. Yo pensé que iba a ser un músico de rock y distorsión toda la vida, aunque a mí me gusta un montón de música que podría ser la razonable que esté en La Guarrior. Pero la verdad yo de pendejo era fana de Zeppelin... Me gusta el rock. ¿Viste que los músicos que estudian mucho dejan de escuchar rock? Yo no, yo escucho otros palos, me gusta el jazz, amo el tango y toco mucho [de hecho, forma parte del trío Tangodelic y conforma un dúo de guitarra y voz junto a Gino Arazi] pero sigo con el rock. Y bueno, con Los Niños pasó lo que te contaba al principio: empezamos como power trío, muy pulenta... con Edu [Baeza] el bajista, tenemos esa sociedad desde los catorce años, estuvimos sin batero como 7 u 8 años hasta que apareció Manu [Lugea]. Laburando solos, con batería electrónica, componiendo. Una cosa muy de pendejo que vas a jugar a la casa de tu amigo, él tenía la portaestudio, yo llevaba la viola y qué sé yo, nos enamoramos de la música así, juntos. Él ahora es el bajista de Pollera Pantalón, además, terrible bajista, tiene un peso, un sonido... Y es trombonista en La Guarrior.
Y bueno, con Los Niños veníamos muy bien, en 2007 nos habían elegido Banda del año en Loca Bohemia, un lugar en el que tocábamos muy seguido y nos amaban, los patovas, el dueño, todos (risas).



¿Tocaban seguido ahí?
Prácticamente tocábamos una vez por mes ahí, habíamos logrado dejar de pagar, porque ellos querían que toquemos y nosotros estábamos medio cansados de eso de pagar, un día les dije “basta”. Los Niños sufrió el post Cromañón, los pocos lugares, creo que Capital durante un tiempo dejó un poco el rock, o el rock dejó de estar en Capital, no sé bien cómo fue.

Se “acustizó” un poco el asunto en cierto momento.
Los Niños igual tienen esa cosa que tienen ciertas bandas... de que la gente no va a ver rock. Lo que puteó Minimal con Pez durante años, es la típica banda que todos vienen y te dicen “che, loco, espectacular, me encantó” y no vienen nunca más (risas). Todos nos dicen lo mismo “qué banda que tienen, espectacular”, pero después no vuelven, entonces uno piensa “nosotros no hemos sabido mover bien a la banda”, no sé. Pero es un grupo que labura, nosotros ensayamos y estamos con medio disco nuevo ya hecho. Hay una química para componer que es única y especial, realmente componemos tocando los cinco, es así y es muy mágico, es una cosa muy horizontal, de verdad, y hay un espacio donde las ideas de cada uno valen, siempre; aparece la forma en la que cada uno toca lo que se le canta y todo funciona.
Nosotros tenemos un palo de jazz-rock instrumental, ponele, o de funk...

Igual es fuerte, es más rock que jazz.
Sí, sí, creo que Los Niños tienen una lógica de jazz que quizá está más clara en el primer disco que en el segundo, en el segundo quisimos ser más sintéticos. Y el concepto es jazzero desde la improvisación y desde la música instrumental, para mí lo que hacemos es un laburo desde la forma de la música, es un trabajo formal, nuestra clave es cómo vamos armando la música, para nosotros tiene una lógica clarísima.

Hay todo un proceso.
Sí, ni hablar. Este material que estamos armando siento que recupera el espíritu más jazzero del primer disco. Con Los Niños yo trato de evitar saber para dónde va la cosa, porque con La Joven Guarrior o en Paralelo mismo, yo tengo el tema y ya sé para dónde puede ir.

Es el lugar donde rompés con lo otro.
Sí, yo ahí puedo llevar una melodía de guitarra, o algo, y lo que te devuelve la banda es otra cosa, transformada por mis compañeros. Y para mí es impresionante. Creo que seguimos juntos pese a que ni tocamos mucho en vivo ni nos acompaña el público (risas) porque para nosotros lo que pasa es muy fuerte. Y es un espacio muy lúdico, también, es una banda muy divertida en vivo, suelen pasar cosas graciosas, hay algo del absurdo, trato de que las letras de Los Niños sean algo muy naif, no trato de que tengan una carga muy humana, algo de lo que por ahí hay en La Guarrior y en Paralelo, sino que trato de que sea otra cosa.

Y mantener ese costado de improvisación y ruptura.
Sí, para romper un poco con esa cosa de vago que tiene a veces el músico de rock. Me parece bueno tratar de moverse el piso. Y por eso también es bueno estudiar, escuchar música, leer. Estudiar es muy importante, no por nada Mollo llega a los cincuenta cantando así: es porque el chabón se lo propuso. Y eso que a mí me gusta más cómo cantaba antes, pero lo veo cómo está cantando a esa edad y pienso “es un capo”.



RESPETAR A LA MÚSICA

En el rock siempre está ese debate sobre perder la espontaneidad al estudiar.
Y está esa de “qué necesidad tenés de estudiar canto si igual te vamos a ir a ver”, pero no, esa cosa del amor propio, de cuidar... Para mí tiene que ver con el respeto a la música: nosotros, los músicos, estamos en el mundo para hacer sonar a la música bien. Nuestra función social es esa, creo. Hay que preocuparse por el sonido, no podés tocar hecho un cachivache, dado vuelta, salvo que seas Charlie Parker y puedas hacerlo porque tocás bárbaro. Pero yo lo veía a Charly hace unos años y era una cosa... Si lo comparo con Spinetta, creo que Charly le ha faltado más el respeto a la música que el Flaco, se permitió ser un cachivache en el escenario y como algunas personas se lo festejaron lo siguió haciendo. Pero vos ves el show de presentación de Clics modernos, en el Luna Park y no puede ser lo bueno que es, es Radiohead. Es maravilloso todo: cómo canta, los temas, las cosas que dice entre los temas; de golpe queda solo con el piano y es alucinante. Él lo tuvo eso, tanta fama le pegó mal.

Sí, tal vez su caos personal...
Bueno, pero manejalo, vieja, dale, ¿qué, te manejó la merca? Ojo, yo lo amo a Charly, lo amo, pero creo que Spinetta fue absolutamente íntegro como artista.

Creo que ese aspecto es una diferencia que marcaba el propio Spinetta entre ellos dos. Que con Charly no pudo hacer el disco que iban a hacer por ese costado caótico.
A mí me gusta que suene bien, que esté bien, a veces eso lo sufrís. El otro día vi algo de La Guarrior en la tele y no me gustó cómo sonábamos, capaz era algo de la tele misma pero yo era autocrítico igual. No es que sea perfeccionista pero sí soy muy exigente. También porque creo que es lo que tenemos que hacer. Es importante que los músicos respetemos a la música, lo que la música nos da se lo tenemos que devolver. Dale algo vos, si no es muy injusto: si ganás plata con la música comprate una mejor guitarra, pagate un profesor. Lo que valoro de las bandas cuando las veo es ver si laburan o no, no si “me gusta”.



EDAD DE ORO Y NOVEDADES GUARRIORS

¿Y con quiénes te pasa de ver eso?
Me parece que estamos en un momento zarpado de la música y creo que la crisis de 2001 tuvo algo que ver, mucha gente estudió música. Yo justo tenía dieciocho en el 2001 y para nosotros era... Mi viejo quería que fuera a la facultad y no había manera de que él me convenciera porque eso no me aseguraba nada. Todos veíamos el desastre y pensabas “si me gusta tocar la guitarra, voy a tocar la guitarra, si ahora igual no voy a laburar ni de guitarrista, ni de actor, ni de nada”. Hoy en día la situación es distinta porque si estudiás ingeniería te dan una beca, no sé. Es otro país, por eso uno a veces no entiende a la gente que no se da cuenta. En fin, proliferaron los estudiantes de música, lo cual hizo que los músicos seamos mucho más abiertos; tenés muchos músicos que tocan muy bien y en todos los palos. Hay gente que, de hecho, toca todos los palos.

¡Como vos, que tocás todos!  
No, ponele, a los pibes de Duratierra, que ahora están tocando folclore, yo les conozco bandas de rock, y así hay un montón de grupos que me gustan. El disco de Nahuel Briones está buenísimo, el de ChauCoco! me gustó mucho, Surales para mí es lo máximo, Vero [Bonafina] hace unas canciones de la concha de la lora. Ayer estuve con el de Los Espíritus que recién sale y tiene una onda bárbara, es una música que a mí me encanta, ese rock and roll atorrante. Los chabones tocan eso y tocan eso, y me recierra. Locos de Nacimiento está buenísimo también, su último disco está muy bueno, tienen una base tremenda... Es rock, es barrial pero muy volador. En el disco grabaron muchos temas con tres guitarras y como soy amigo de ellos me invitaron a tocar en vivo para hacer esa tercera guitarra cuando lo presentaron. Salió bien y entonces estoy yendo seguido. Como el mainstream no nos da pelota, eso favorece al arte.

Es que ya hay una escena completamente separada del mainstream.
De hecho, la música comercial de esta época es un desastre si la comparás con otras. Los Bee Gees son alucinantes; o Michael Jackson, que lo detesto pero era un monstruo. Y esa espalda que nos da el sistema creo que nos ayuda a cagarnos en todo, favorece al arte porque la verdad no nos corre nadie. No se trata de pegarla y estar en el programa de Tinelli.

A la vez es difícil para los músicos vivir de la música.
La Guarrior está en esa situación en la que necesita generar dinero, sí. Se trata de que el proyecto se empiece a sustentar porque cuando empiezan a pasar los años, te vas poniendo viejo y necesitás vivir de algo. Y creo que a una banda le viene muy bien que vos te puedas dedicar exclusivamente a eso. Si yo pudiera conseguir guita para que todos los de la banda podamos ensayar todos los días... volvemos a lo anterior. Uno con el amor llega hasta un lugar, se va generando una mezcla de expectativas y necesidades, si vos tocás para gente necesitás más y mejores equipos, instrumentos. Y la música es un metier de mucha plata, digo... los fierros de la batería salen un huevo. Y a veces ves que llega La Guarrior y no tienen funda los cajones, tenemos la percusión en un cajón de frutas, ¡y es una banda que ya lleva gente! Estamos corriendo la coneja, yo voy a ser papá, entonces necesitamos que el proyecto se consolide, no es pegarla. Es lo que decía antes: cuando la música te da, vos le devolvés. Y cuando la música no te da, inevitablemente las bandas se van separando.

¿Ya están en proceso de nuevo disco?
Sí, lo tenemos que hacer, estamos en un momento de cambio. Ahora estoy tocando la guitarra eléctrica, por ejemplo. Creo que es el momento de cambiar porque cambiar es bueno, “cambiar por cambiar, nomás”, como dice la canción. Además, la trilogía de la historia ya está cerrada, en eso estamos de acuerdo todos. El material sustancialmente es parecido, como somos una banda que no tiene género vamos visitando todo ininterrumpidamente. La idea de cambio viene por el lado de lo tímbrico, veremos qué pasa. El gran yeite del que hace canciones, me parece, es la ropa que vos le ponés a cada tema. No sé, Spinetta: los temas de él son iguales de Almendra para acá, más allá de las letras en esencia es lo mismo, lo que sí fue cambiando fue la instrumentación a lo largo del tiempo. Nosotros veníamos tocando con guitarra criolla y cajón, ahora queremos pasar a guitarra eléctrica y batería, veremos si el resultado es muy parecido o no. La eléctrica ya está en los shows, la situación lo fue pidiendo porque fuimos sumando músicos y público, y ahora que estoy tocando con una fila de cinco caños, con la guitarra criolla no podés pasarlos. Terminás tocándola muy fuerte y suena feo.

¿Los temas para el disco nuevo ya los tienen?
Sí, hay un 70%. Y siempre tengo algún tema cajoneado que puede salir para cubrir. Tenemos ganas de grabar algo más tanguero, bien, tomándolo en serio. En esencia, no va a haber grandes cambios desde lo que es la composición, sí subir un poco tímbricamente, me parece que a todo el mundo le viene bien, nos va a refrescar y poner en una situación nueva. Yo quiero que haya teclados pero los pibes no quieren, así que no sé si me voy a salir con la mía (risas). Son visiones que vamos discutiendo, por lo pronto esperamos hacer un buen disco y veremos qué pasa.


*La Joven Guarrior anuncia la última edición de la Fiesta Nacional de la Guarrior para el viernes 20 de noviembre a las 23:55. La Fiesta tendrá lugar en Uniclub (Guardia Vieja 3360, CABA), con Grupo Ganjah como banda invitada.
En tanto, el sábado 28 del corriente, Los Niños y los Locos se presentará junto a Los Maruchos en Mamerta Espacio Cultural (Lavalle 4080, CABA), próximo a inaugurarse.

[Fotos: gentileza de Andre Gaetano]

jueves, 29 de octubre de 2015

Gonzalo Gamallo, compañero y guerrero


A esta altura de la vida, la tecnología e internet -y de este mismísimo blog, por qué no- da la sensación de que todos nos conocemos con todos. Al menos, eso parece suceder a la hora de charlar con músicos y allegados, descubrir que tenemos amigos e ideas en común y que todo está más cercano de lo que marca las propia distancia. Un caso que me sirve como ejemplo de esto es el de Gonzalo Gamallo, músico al que descubrí gracias a, precisamente, un amigo compartido. Gonzalo es fundador y el principal compositor de dos bandas que mueven la aguja y tensan el nervio de la escena porteña como pocas: La Joven Guarrior y Los Niños y los Locos.

Luego de llegar a los dos primeros discos de La Gloriosa JG por recomendación del amigo, el grupo editó Las invasiones inglesas, disco que recibí en mano de su propio prensa (en otro acto que fue obra de la pura casualidad: contacto, oferta, recepción y nuevamente encantamiento). Escribí unas líneas del disco entre los álbumes destacados del año 2013, fui a testear bondades en el vivo y quedé maravillado con esa multitud deforme: la de arriba y la de abajo del escenario. El teatro y la canción, la improvisación y la melodía, una verdadera fiesta sin venta de humo -o mejor, con la necesaria- y con mucho vuelo y gracia.

Pasó el tiempo y Facebook mediante, empecé a recibir mensajes en el chat de la red social a nombre de un tal Caja de Goma. Hablamos de música varias veces, sin saber demasiado quién era quién, hasta que un día, Caja me dijo yo soy El Pastor de La Joven Guarrior. ¡Ah!

¿Cómo se cierra el círculo? Con más música, por supuesto. A comienzos de este año me llegó la consulta, otra vez desde Caja de Goma: ¿querés escuchar el disco solista que hice? ¡Claro, mandamelo ya! Y me encontré ante el precioso y entonces inédito Paralelo, disco solista que Gonzalo Gamallo, El Pastor, terminó de cranear en el tiempo libre (mucho) del trabajo grupal en un crucero: fueron seis meses arriba de un barco. Lean la nota y sabrán los detalles, por supuesto. 

El tenor confesional, entre lo político y lo acústico del disco, mueve el piso desde el primer play. Canciones como “Lo que hubiera sucedido”, “Centenario” o “Vacaciones largas” no pasan el aire desapercibidas sino que paralizan, inquietan, brillan, susurran directo al oído. Hay pocas sensaciones más movilizadoras que la primera vez de una gran canción y de esas sobran en este disco. Por todo esto, después de tantas vueltas, era hora de una charla con Gamallo. Como suele suceder en este espacio, sin que el tiempo y los caracteres nos corran: con la excusa de Paralelo, uno de los discos más bellos que parirá 2015 por estas tierras (es insólito que aún no tenga su edición física) pero también, con la necesidad de hablar cara a cara con Gonzalo para... ¡comprobar que era de carne y hueso!

Ahora sí, nos conocemos todos.

PARALELO, PARA MÍ

¿A Paralelo lo pensaste como disco desde cero o son canciones que se te fueron apilando de distintos proyectos y llegado el momento dijiste “estas canciones van juntas”?
Un poco sí es así... es largo. La Guarrior nació como un proyecto paralelo, de hecho es un proyecto paralelo a Los Niños y los Locos, que es mi banda más antigua (tiene como once años ya). Se dio en un momento de saturación con el rock, viste... yo soy violero también, y venía con el mambo de que no quería hacer más solos de guitarra, estaba anti-rock. Eso sumado a un enamoramiento adolescente por la guitarra criolla, porque de pendejo toqué siempre con guitarra eléctrica y a partir de los dieciocho, cuando terminé el colegio, empecé a estudiar música más seriamente y me enamoré de la guitarra criolla. De chico escribía; empecé a hacer canciones, y todo eso que no entraba en Los Niños porque era una cosa de música más argentina o de canciones con criolla, inocentemente apareció La Guarrior. Empecé a juntarme con El Gasista y con los primeros guarriors...

¿Ustedes se dicen así, por los apodos que tienen en la banda?
Sí, sí, a algunos más que a otros. A mí me dicen más bien el Goma, los pibes no me dicen Pastor.

En Facebook estabas como Caja de Goma, ¡hablábamos y yo no sabía que vos eras vos!
Caja de goma era un blog que yo tenía; tardé en entrar a Facebook, no quería. Y después mi hermano me dijo “dejate de hinchar las bolas, necesito una mano con la banda, ayudame”, él me abrió la cuenta. Con el celular me pasó lo mismo... Y con Paralelo también me pasó un poco lo mismo: la banda tomó su propia vida, tiene sus propios tiempos y su burocracia, ya no soy el único que compone. Digamos, quedó un poco ajena a mis caprichos, a que yo traigo doce temas y hacemos el disco. Y por otro lado, tenía ganas de hacer una cosa intermedia entre lo que es la impronta acústica de La Guarrior y mi gusto por el rock eléctrico. Quería grabar algo distinto y caprichoso, hacerlo solo, como a mí me pareciera. Un disco solista, ¿no? Una serie de canciones que fueron quedando cajoneadas, tienen edades diferentes.

Son de distintas épocas, entonces.
Sí, hubo todo un... A ver, yo tengo unos discos como piratas, hechos solo, los tienen algunos amigos. Del primero de esos discos que yo grabé [ahora me da un poco de vergüenza cómo cantaba en ese momento y no los paso más, responde ante mi mangazo] muchos temas terminaron en Semana santa, el primer disco de La Guarrior. Y otra tanda de 10 o 12 temas de esos, algunos, cayeron en el segundo disco, La conquista del desierto. Otros quedaron y salen ahora. Ese grupo de canciones había quedado de un segundo disco pirata, que se llamaba algo así como La moto de soltero del Pastor, o El Pastor y su moto de soltero...

Ya estaba lo del Pastor.
Sí, El Pastor, El Gasista y El Pochoclero llegamos a tocar antes que La Guarrior, antes de llamarnos así. Después estaba El Vietnamita y éramos los cuatro, así nos llamábamos. Un día, jodiendo, salió La Joven Guarrior, empezó a quedar y quedó. Lo de los personajes ya viene de fábrica, a mí se me ocurrió que el cantante era el pastor. A los dieciocho años me pareció gracioso, a esa edad en la que uno está en contra de la iglesia, ¿viste? (Risas). Me parecía divertido y en un principio las canciones de Semana santa tenían cierta temática, me interesaba hablar de la publicidad, de la religión, era una obsesión. Y bueno, está ese grupo de canciones y otro tándem que compongo en el crucero, cuando me fui a laburar a un crucero seis meses. Con la mitad de La Guarrior tenemos una banda de laburo, de covers, y nos fuimos seis meses a trabajar a un crucero. En un momento de pobreza empezamos a tocar en el subte y toda esa locura que empezó ahí terminó en un crucero.

¿Cómo llegaron a lo del crucero?
Vimos una convocatoria en Alternativa Teatral y fuimos. Ganamos el casting, tocamos para los dos jetones de la empresa y quedamos. Cuando vimos a la banda que estaba antes, dijimos “bueno, ya está”, porque tocaban rebien y tenían una mina con unas tetas así (risas). Pero bueno, con los pibes tenemos algo...

Ustedes ya tenían toda la cosa teatral.
Sí, claro, esto fue con La Guarrior existiendo, mientras grabábamos el último disco. De hecho, apuramos la grabación de Las invasiones inglesas porque nos íbamos al crucero. Y bueno, laburar en un barco es tener mucho tiempo libre, mucho. Éramos la banda del bar, teníamos que tocar cumbia, rock, y el pasaje eran argentinos, o sea que los turistas eran todos de acá. Empezábamos a laburar a las once de la noche, todo el día estábamos sin nada que hacer... O dormías hasta las ocho, que a veces pasaba. En toda esa zozobra, me copé con una serie de canciones que tenía a medio hacer, porque a las canciones las dejo, no las apuro ni las termino rápido. Leí alguna vez una nota de Leonard Cohen donde decía que las letras son importantes y no hay que apurarlas.

Nada menos Leonard Cohen...
Sí, un monstruo. Y ese es el lugar que les doy, para mí son importantes y por eso no me apuro, las escribo todo el tiempo que las tenga que escribir. Un día encontrás una estrofa, al año siguiente otra, o llegás a grabar y decís “tal palabra no va”.

Pero ¿en el crucero te salieron algunas de las canciones que terminaron entrando en el disco, o ese fue el momento en que dijiste tengo que juntar estas canciones que están guardadas?
Me pasaron cosas personales antes de irme al viaje. Fuertes, perder seres queridos... tuve unos años de mierda, muy movilizadores para mal, así que ahí apareció por ejemplo “Lo que hubiera sucedido”, las canciones más sentidas. Esa, puntualmente, la terminé en el crucero. Era una canción que quería escribir, fue la primera vez en mi vida que me pasó que quería escribir una canción: sobre esta historia, sobre esta persona.

Es una historia real, entonces.
Sí, es el exmarido de mi mamá, que fue como... yo tengo a mi papá pero viví muchos años con él, El Negro había sido monto y las historias que te contaba eran increíbles. Después se murió en otras circunstancias, tristes y penosas, pero había algo ahí. A la vez, descubrí que poner un personaje en una canción te ayuda a decir cosas, digo: lo hacés decir cosas; no me había topado con esa situación, siempre era más en primera persona, esa cosa de la vida de uno. Con los personajes te podés poner en otro lado e incluso los ponés a decir barbaridades que quizá pensás y no las podés decir. Ojo, tampoco creo que sea casual que casi todos los temas estén en primera persona, es un material muy personal. Tiene una parte política de la cual era más cómodo hacerme cargo solo que pretender que los guarriors estén de acuerdo con que no hay que mirar series yanquis. Qué sé yo, yo lo digo medio en joda pero... (risas). Por otro lado, el crucero me dio una plata que me permitió grabar porque, si no, no hubiera podido grabar el disco nunca.

¿Lo grabaste inmediatamente a la vuelta del crucero?
No, pasó un tiempo. Igual ya lo tenía decidido y me dediqué a demear y a organizar la cosa, porque tengo un montón de ocupaciones. En el momento que empecé a grabar lo laburé más pero como todos los discos se te extiende un montón, terminás tardando un año. Además, lo hice con Tino Moroder, que es amigo, recién abría su estudio y no nos corría el tiempo, él se recopó. Nos entendimos muy bien dentro del caos mental que tenemos, porque no fuimos derecho, no grabamos ordenadamente las cosas. Lo que sí sabía es que quería hacer un disco así, con una parte de canción folk-rock, o como le quieras decir; quería poner más rock and roll, que fueran cuatro los rocanroles como el de “Voy a bajar al pueblo”. Pero me quedé sin nafta, se me estiraba mucho la grabación.

¿Los tenías y preferiste guardarlos?
Sí, con los rocanroles yo tengo... Digo, los tenés así, después los termino. Necesitás la base y la melodía, yo por lo menos; lo más lindo es el solo de guitarra. Había algo de lo estético que yo quería de tener rock and roll en el disco. Me gusta mucho, amo a los Rolling Stones mal, empecé tocando rock barrial, tuve mi banda y quizá, si la hubiéramos pegado, hoy sería un guitarrista de rock and roll (se ríe).

Querías hacer esa reivindicación.
Claro. Sinceramente, creo que lo que más me gusta es el blues y el rock and roll. Ahora que salió el disco de Keith Richards, es una bomba atómica... y volvés a los Rolling Stones y cada día me alejo más de los Beatles y todos esos cornos...

¿Te cansa un poco? Justo tengo una remera de los Beatles (risas).
No, los amo igual, soy fanático, pero siento que no envejeció tan bien la música de ellos... sí los primeros discos, justamente la parte de rock and roll. La parte de los cornos y los violines es como que parece más Sandro o Raphael que lo que terminó siendo el rock después de que apareció Jimi Hendrix, que fue otra cosa y tuvo que ver con otras cosas. Igual creo que es culpa de George Martin toda esa superproducción exagerada que tienen algunos discos. En fin, volviendo, quería buscar un punto de contacto entre todos mis intereses musicales, creo que finalmente eso son los discos solistas.

¿“Memoria imprudente” también es una historia real, aunque más cotidiana?
Es una letra medio surrealista, toda una situación muy de porro, una cosa que se va volviendo confusa porque empieza hablando de Moria pero después aparecen las lesbianas. Finalmente no dice nada, termina diciendo “toquemos en Cemento”.

Igual se entiende la ironía.
Particularmente, el disparador fue escuchar a Moria Casán hablar por la tele, eso sí es verdad. Estaba sentado, fumando, viendo a Moria y, te digo la verdad -el otro día se lo decía a mi suegro-, yo escribo una frase de Moria, te la pongo como si la hubiera dicho Nietzsche y lo crees. Después digo lo de las series yanquis y... yo no entiendo a la gente que mira esas series pero está bien. Me rompe un poco las bolas esa actitud de... son progres, re de izquierda, están en contra del gobierno, de la minería, pero después están viendo como cocina merca el chabón de Breaking bad, no sé. No creo que estemos asistiendo al momento donde ese aparato culturizante que es Estados Unidos... no creo que no lo estén haciendo, tiene que estar ahí eso. Igual en la canción viene desde el prejuicio y desde la humorada. Pero creo que el disco habla un poco de esa falsa moral de la clase media, hay varios temas que se refieren a esa hipocresía.

Está “Vacaciones largas”, el tema de “las dos plazas”. ¿Cómo es que dice?
“Qué raro me sienta saber que hay dos plazas”. Yo creo que el campo nacional y popular tendría que estar unido, ¿no? La verdad no lo entiendo, me da tristeza. “Ahora viene la izquierda”, todos los últimos años fue así, es una cosa que no entiendo y además cuando era chico no era así y nunca fue así. Se ve que cuando hay un demonio en el gobierno es más fácil que estemos todos juntos, cuando estaba Menem estábamos todos contra Menem. Hasta Lanata te parecía macanudo, todos creíamos en Lanata, Andy Kusnetzoff y Pergolini. El disco hace varias menciones a esa moral de la clase media. Son pensamientos míos y... me sentí más cómodo quemándome solo (risas). Muchos amigos me dijeron que con “Vacaciones largas” se sintieron interpelados. Es algo que pasa, la gente se va de viaje ocho meses y viene acá y te quiere hablar de “la pobreza en Latinoamérica” y vos decís “dale, si te fuiste de vacaciones...”. Te estás sacando fotos, no sé. Hay un doble discurso ahí.



LA JOVEN GUARRIOR, EL TEATRO Y VANGUARRIOR

Decís que la mirada política está muy presente en estos temas, sin embargo los discos de La Joven Guarrior tienen su bajada también, quizá no tan directa pero sí irónica para con ciertos personajes como el prototipo de estudiante de Puán o el que se trae “tomates hechos en Holanda”. También está “Marrón”...
Sí, pero está sobre todo en los conciertos, donde indudablemente hablamos mucho de política y somos una banda... No te digo “comprometida” porque no estamos comprometidos con la realidad (risas), pero que hablamos de la misma, sí. Pasó en uno de los últimos shows en Uniclub que era el fin de semana del balotaje porteño y nosotros hicimos un falso debate entre Larreta y Loustau. Fue increíble lo que empezó a pasar con la gente: nos empezaron a tirar cosas porque algunos querían que dijéramos que votaran en blanco y nosotros, obviamente, no íbamos a decir jamás eso. Pero era muy gracioso porque yo tenía unas pibas adelante, en las primeras filas, que me putearon de arriba a abajo y a la vez con buena onda. Había un clima antibanda, lindo.

Fue un debate de verdad y a la vez no se dio una situación tan violenta.
Fue un poco violento, nos tiraban latitas de cerveza (risas), al Perro Nuevo le tiraron una en la cara y se recalentó (más risas). Yo veía todo y pensaba “la gente está picante con el tema”. Me encantó también que nos puteen y esa cosa no tan condescendiente con la banda, se generó una especie de diálogo con el público que se da muchas veces. Creo que hay cosas de La Guarrior que tenés que completar cuando ves a la banda, que le falta la guitarra eléctrica y la distorsión. Y eso también pasa con lo ideológico y lo que tocamos.

Creo que es una banda que cierra la idea cuando la ves en vivo.
Sí... buenísimo, yo siento que es un poco así y que pasa algo, hay un ida y vuelta con la gente. Creo que es algo que nuestro grupo humano tiene: logramos interpelar, romper el hielo, eso que si estás muy tímido no sale. Es algo que tienen los cantores viejos, no sé si alguna vez viste a Larralde; una vez lo vi a Ricardo Vilca en Jujuy y fue increíble cómo el viejo entre tema y tema contaba un cuentito. Larralde capaz está veinte minutos hablando y ni toca.

¡Y cuando toca te cuenta otra historia de veinte minutos! (Risas).
¡Claro! Pero hay algo que quizás tiene que ver con el palo más teatral que nosotros tenemos, gente que tiene ese training; yo por ahí no soy tan desenfadado como los pibes pero sí me apasiona, me encanta el teatro, es una gran conjugación de lenguajes y es interesante el trabajo de la música. Como músico es casi una colimba porque tenés que tocar con una precisión total, no podés ni afinar, sólo tenés que tocar lo que tenés que tocar, no hay margen para probar si tal pedal quedó bien. No hay improvisación, aunque hay todo un laburo en el que sí, probás. Pero es lindo porque en general no sabés qué va a pasar con la obra cuando te vienen con el proyecto. Ahora hicimos una obra de nadadores, Crol, de la que yo hice la música pero no quise estar en el escenario. Quería probar con dirigir a la banda.

Ahí son varios de La Joven Guarrior, ¿no?
Sí, excepto el tecladista, que cayó Gonzalo Pastrana, un buen actor que además toca bien. Porque está mi hermano Lautaro [Zé Pequenho] que sí es actor, pero Andrés [El Gasista] e Iván [El Nuevo] son más músicos, necesitábamos un poco más de soltura en lo teatral. En fin, lo que te decía: te caen con el proyecto y te dicen “bueno, Gonza, hagamos una obra de nadadores...” y vos decís “¡¿qué?!” (risas). Y te juro que siempre es así y hay algo muy de la fe, de hacerlo, confiar y bancarse el proceso que es largo y es arduo.

¿De qué va Vanguarrior? ¿Puede adelantarse algo?
Hace bastante tenemos ganas de hacer este show. Quizás la gente piensa que somos unos hippies que tocan la guitarra criolla pero en realidad nada que ver. No soy el único que tiene mil bandas y con el mambo de la música electroacústica, los monotrones, algunos de los pibes son muy especialistas. El Líder de los Wichis, que con nosotros toca la quena, tocaba con Leo García e hizo ambient muchos años. Él es pianista, profesor de piano de conservatorio... y en La Guarrior toca la quena (risas). Esas son las cosas que pasan en la banda (más risas). Y la idea venía por ese lado que tiene que ver con la música electrónica y la música electroacústica, de jugar con filtros y hacer algo medio noise. Después el concepto se amplió un poco y vamos a hacer como una gran parodia de lo que es el arte posmoderno. Va a haber un grupo de danza -que vamos a ser nosotros, obviamente-, la Vanguarrior va a estar tocando; filmamos una película de cine arte, extremadamente pretenciosa, espectacular. La apuesta es que sea una pequeña Bienal de Arte Posmoderno.

Hay mucha producción.
Es un show en un teatro y nos lo estamos tomando como una fecha muy importante. Es nuestro primer teatro, nunca vendimos tantos tickets (risas) y queremos ver qué pasa. Nuestro plan de este año era no tocar y hacer un teatro en junio, ponele, y al final terminamos tocando un montón. Hay una situación de conquistar el público que a nosotros nos viene muy bien y de tocar tanto en Capital quizá ya no pasa porque la gente nos conoce, pero vamos a San Miguel y tocar “Marrón” tiene sentido. Ese plan cambió porque surgió lo de Uniclub, la Fiesta Nacional, y fue un desafío tremendo. Llamamos a bandas que nos gustaban, pudimos tocar con Sergio Dawi -yo no lo podía creer- o traer una banda de Rosario y después ir para allá... pero ahora paramos unos meses para hacer este teatro y preparar todo lo que había que hacer. Además, la banda tiene un palo más climático y lento, algo que en los discos se nota mucho y como los recitales son más arengadores... Imaginate lo que era Uniclub: 100% demagogia (risas). No hay lugar para el clima, a las 3 y media de la matina la gente ya está muy borracha para que le toques una balada, hablan encima. En cambio, en el teatro se da la situación inversa, vos tenés toda la atención y hay que aprovecharla bien, conquistarla.


*La Joven Guarrior presenta Vanguarrior hoy a las 21 horas en la Sala Caras y Caretas (Sarmiento 2037, Capital Federal). Entradas: $100, en TuEntrada.com y en la boletería del teatro.

[Fotos de Gonzalo Gamallo por Jorge Giorgio -byn- y Andrea Gaetano -color-]

lunes, 28 de septiembre de 2015


Hoy Jorge pasó a vivir en toda la realidad que su cuerpo deja atrás. Sigue construyendo desde el corazón de todos los que amándolo tengan el coraje y la alegría de amar la vida como él.

***

A mi amigo Jorge.
Extraordinariamente la capacidad de sobrevivencia de la especie humana nos muestra cuán indescifrable puede ser el final de una vida. Solo esta misma encapsulada en energía agotable pero transformadora, puede hacer que aquello que pensamos se nos escapa, se quede, o vuelva luego de algún viaje en forma de sensaciones y emoción.
Jamas daría por terminada la lucha quijotesca de mi amigo Jorge Pistocchi. No precisa más que una mueca de su picardía o una mirada sonriente para poner límite a lo que decimos.

Hay algo allí de misterio dentro de su intensa racionalidad, que nos juzga siempre. Jorge se nombra a sí mismo como un espíritu rebelde, desde aquella patada a quien lo cuidaba en un conventillo hasta la terquedad noble de sus principios. Desde chico no se cansó de vivir tratando que eso valga la pena. Y así lo fue, el viernes estuvimos charlando como casi siempre de historias, filosofía y actitudes y fueron éstas que tomaron nuestras palabras y formaron los relatos, nosotros sólo escuchábamos.
Querido Jorge, no existe más que el día a día y en el hoy sos la misma totalidad de espíritu que la del pibe que caminaba por la Plaza de Mayo en aquel 1945.
No hay final posible, la transformación es y será combustible de algún Expreso imaginario, en el que siempre estarás conduciendo.
A disfrutar la vida TODA, ella es, ahora y para siempre, tuya
Chau amigo.

Ambos textos publicados hoy en la página de Facebook del Expreso Imaginario (el segundo no tiene firma). Hasta siempre, Jorge, gracias por todo (y por ese rato).

viernes, 11 de septiembre de 2015

Ciruelo: para las almas sensibles

El año pasado completaron su breve discografía con El vientre de la ballena, y ahí paré la oreja de forma definitiva. La banda, ya lo dice el título de esta nota, es Ciruelo. Un trío -Manuel Eguía en voz y guitarra, Tiago Vega en bajo y Toto Ciccone en batería- que pule sus canciones hasta sacarles el mayor brillo posible, mientras hace equilibrio entre sutileza y distorsión. Melodistas y minuciosos, versátiles pero no inaccesibles: es difícil no rendirse ante sus encantos.

Por eso nos debíamos una charla con ellos, y fue Manuel quien se encargó de despejar algunas dudas respecto de los dos discos que editaron a la fecha, su trabajo como acompañantes del uruguayo Alejandro Balbis, las bandas con que sienten una afinidad spinetteana y el futuro inmediato del grupo, que incluye una presentación en horas en el Club Cultural Matienzo. Esto hablamos:

EL ARTE DE HACER DISCOS

Para El año de la cosa grabaron todos juntos en el estudio y El vientre de la ballena se grabó en partes. Ya pasado un tiempo considerable de la salida del disco, ¿cuál de los dos métodos prefieren? ¿Sienten que el resultado final fue muy distinto según el procedimiento?
Sin dudas fue diferente el resultado. En el primero teníamos esa energía que hizo que elijamos registrar las cosas que sucedían cuando tocábamos juntos. El otro fue pensado más en frío, con más conciencia de la canción que del toque únicamente. De hecho previamente lo maqueteamos por completo antes de entrar al entrar al estudio. Fue más concienzudo. No te puedo decir cuál prefiero más, porque eso tiene que ver con el momento en que lo decidís y lo hacés. Con la sintonía del momento.

O sea que también sería difícil saber en qué plan puede ir un próximo disco...
Hoy acá, pensando en esto, sólo te puedo decir que un tercer disco lo grabaría en vivo y con una superbanda, que sé yo ...

Otro cambio que hubo entre un disco y otro fue el de formación. ¿Cuánto mutó la composición de las canciones con el agregado de los teclados? ¿Tuvo relación directa con la forma de grabar ambos discos o sólo con la búsqueda de otro sonido global?
Se va planteando la idea de cambiar, de probar otras cosas, para eso estamos. Ya habíamos grabado un disco en trío y en vivo, con esa cosa cruda y directa. Evidentemente al componer contando con un teclado relajás una parte importante que no pesa sobre la viola, sobre toda la banda te diría, pero es más evidente en la guitarra ese factor de complemento. Y esto pasa a la hora de componer, de arreglar y de grabar.

¿Y son de componer mucho o todo sale cuando el álbum se proyecta a consciencia y con un plazo?
En los dos casos fue diferente el tema de la composición, por varios motivos. En El año de la cosa juntamos composiciones mías que venía arrastrando de años y unas pocas que hice para la banda. En El vientre... pasó que la gran mayoría de los temas se hizo para el disco y en ese proceso cruzamos material con Tiago, es decir yo traía una música y él le ponía una letra o él me tarareaba un pedazo de música y yo la terminaba y le metía letra. Hay varios temas en ese plan y alguno que quedó afuera del primer disco también. Para lo que viene veo algo más en el plan del último disco, pero todavía hay muy poco.

ESTUDIAR, ACOMPAÑAR, TOCAR

¿Qué estudios musicales tienen? En el rock a veces hay un prejuicio bastante estúpido para con el que “toca bien” o sabe leer partituras, como si estuviera mal. ¿Ustedes son autodidactas o tuvieron algún tipo de formación académica?
Tuvimos de las dos cosas, un poco y un poco. Pasamos por conservatorios de música popular y mucho por profes particulares. Pero nuestra formación tiene más que ver con la calle, en el sentido musical obviamente. Con escuchar discos todo el tiempo, con tocar con gente diferente, solos en el cuarto arriba de discos que nos mataban, y entre nosotros mucho. Yo creo que ahí está la papa. Lo otro es importante, pero como dice un amigo “en la academia podés aprender todo menos lo importante”.

Son músicos versátiles, se nota que pueden tocar mucho. A la vez, pareciera que tratan de dejar en cada canción lo mínimo indispensable. ¿Es tan así? ¿Cuánto les cuesta “sacar”? 
No creo que podamos tocar mucho como vos decís, tal vez exista una versatilidad en el sentido de géneros y estilos de toque, pero no tanto en virtuosismo del instrumento si es que a eso te referís.

A eso iba, a esa versatilidad. ¿Y les cuesta ese trabajo de limpiar?
No es que cueste sacar. A la hora de vestirla lo que hay que aprender es a ver la canción vacía, despojada… Eso es lo más difícil.

¿Cuál de todas las ventajas de tocar con el uruguayo Alejandro Balbis -Tiago y Manuel forman parte de su grupo- les gustaría tener con la banda? ¿La tranquilidad de no tener que pagarse el disco ustedes? ¿Tocar en escenarios con otra infraestructura? 
Sin dudas que todo lo que enumerás es preferible. Tocar con Balbis es un placer, tocamos canciones que nos gustan con gente amiga y que se toma las cosas muy en serio, la pasamos realmente bien... ¡y ganamos guita! (Risas).

En alguna entrevista han contado que tocar para las audiencias de Balbis, más numerosas, les hizo perder el nerviosismo antes de tocar. En la música de Ciruelo, ¿cuánto influye el trabajo que hacen con él?
Influye en nuestro laburo en el momento en que ves como se hacen las cosas desde otro lugar, con una perspectiva profesional. También a la hora de arreglar, nos sirve pasar por ese proceso con canciones ajenas, digamos, se ve desde otro lugar esa instancia, con otro filtro. Con menos ego, al menos para mí y eso siempre suma.

Es inevitable preguntarles por Spinetta, por el influjo que tiene su música en la de ustedes y porque suelen homenajearlo en vivo. ¿En qué otros grupos actuales notan esa afinidad por el rock argentino “de autor”, ligado a la tradición Spinetta/García, que en ustedes se sienten como dos faros?
Martin Reznik y La Filarmónica Cósmica o ChauCoco! son ejemplos que se me vienen a la cabeza ahora. Sin embargo, Spinetta  y Charly dejaron algo tan grande que me parece imposible pensar siquiera una influencia directa en la música de nadie...

¿Preparan algo especial para el show del sábado en el Matienzo?
Dado que tengo una mano fracturada, tuvimos que acomodarnos a esa situación. Vamos a tocar en formato superbanda, no sólo por lo de mi mano sino por unas ganas que teníamos desde antes. Batería, bajo, guitarra, teclados, coros... una bomba. A la estructura habitual de Tiago en bajo y Toto en batería se suman Lionel Padrevecci en teclados y guitarra acústica, Sebastián Baró en guitarra eléctrica, Juliana Manoukian -que abre el show- en teclados y Sofía Castellano en coros. Yo voy a poner mi voz nada más. Respecto de la lista solo te adelanto que vamos a tocar El vientre de la ballena entero y en orden y casi todo el otro disco más alguna versión.



*Ciruelo despide El Vientre de la ballena el sábado 12 de septiembre en el C.C. Matienzo (Pringles 1249, CABA). Entradas anticipadas: $50. En puerta: $70.

viernes, 4 de septiembre de 2015

Para ver: Las Margaritas del Chancho












Mientras finiquito detalles de dos entrevistas que tendrán lugar en este blog -una con el grupo Ciruelo, la otra con Jorge Pistocchi, fundador, entre tantísimas otras cosas, de la revista más importante en la historia de la cultura rock en nuestro país, Expreso Imaginario- concreto esta recomendación que me debía hace unos cuantos meses. Para ser más precisos, desde la charla interminable con Palo Pandolfo.

Se trata de un interesante, divertido y ¿pedagógico? proyecto 2.0 del blog Chancho Piluqui, comandado por Javier Stickel, donde a través de una serie de videos se documenta cómo Javier descubrió a sus grupos y solistas de rock y aledaños favoritos. El emprendimiento lleva el nombre Las Margaritas del Chancho y un subtítulo que define con pericia lo que se ve: "un recorrido espacio-temporal subjetivo a través de las huellas que han dejado las músicas en mí".

Las Margaritas del Chancho retrata a la perfección aquella época no muy lejana -aunque hoy la velocidad se mida en microsegundos-, cuando conseguir un disco era buscar con desesperación en todas las disquerías de la ciudad, donde la información no abundaba y conocer la historia de un grupo llevaba lo que conseguir su discografía completa y leer/escuchar varias entrevistas, en tanto que las "nuevas" músicas podían conocerse a través de algunos canales de televisión (¿se acuerdan? Había algunos muy buenos como Solo Tango o Music Country, espacios que Javier referencia y reverencia; no hablamos de MTV). Visto desde la actualidad de Spotifies, Bandcamps, YouTubes, Wikipedias y torrents, resulta entrañable. (Aunque la máxima que asegura que en internet está todo es falsa de toda falsedad).

La selección de grupos y solistas, además, parece tener poco de antojadiza: el mencionado Pandolfo, Pequeña Orquesta Reincidentes, Nick Cave, Regina Spektor, Gabo Ferro, Morphine e inclusive algún que otro artista que hasta estos videos (me ruborizo) ignoraba, como Loción Migré y Jorge Lazaroff (por cierto, estoy en campaña para conseguir los discos del cantautor uruguayo). Música popular en el borde.

Este es el canal donde pueden ver todos los videos. No se los pierdan.

jueves, 6 de agosto de 2015

Niños Envueltos: "Nos gusta lo que nos da escalofríos"


Me debía esta nota hace rato. Niños Envueltos es un suspiro en la escena underground de Buenos Aires, un poco de aire cálido entre tanto indie chispeante: el grupo apuesta a la canción donde las tensiones van por otro lado y no se crece desde la pisada de un pedal de distorsión sino desde la suma, de a poco, de todas las partes (al clásico guitarra-bajo-batería ellos le agregan vientos, teclas y cuerdas varias).

Hace dos años recibí su disco debut, El último casette del parque, un poco por casualidad (amigos en común con miembros de la banda). Desde entonces, tenía sentido hacer el contacto y hablar con Tonga, la peculiar voz que susurra las siete canciones de ese último casette que se pasa volando en poco más de 20 minutos encantadores. Charlamos del disco que ya empezaron a concebir, de cómo funciona la composición dentro del grupo, el innegable influjo de cierto pop británico (en particular, Belle and Sebastian) y la insólita denuncia de una compañía discográfica que dio origen al nombre de su único álbum a la fecha.

LA REDENCIÓN DEL CASETE

Empecemos por el final. El último casette del parque ya tiene casi dos años, ¿están en el proceso de armado de un nuevo disco?
Sí, estamos preparándonos para grabar dentro de un par de meses. El fin de semana pasado nos fuimos con los instrumentos y equipos a la casa de un amigo en Villa Domínico, estuvimos sábado y domingo ahí en su cuarto grabando los demos. Las canciones ya las tenemos y los arreglos están casi todos, ahora más que nada estamos buscando el sonido que queremos para cada tema.
Después del recital de hoy vamos a dejar de tocar por unos meses para poder terminar de armarlo, grabarlo, mezclarlo y todo eso.

El debut parece perseguir un concepto ligado a la niñez/adolescencia. ¿Ese costado conceptual en las letras es algo que intentarán repetir o sucedió un poco de casualidad?
No me había dado cuenta de lo que me decís,  pero nos lo han dicho varias veces, puede que suceda por el nombre de la banda, por la forma de cantar y porque el disco arranca con “La feria”, que es una canción que nació un poco inspirada en “El oficio de ser mamá” de Macaferri & Asociados.

Digamos que fue casual, entonces.
En realidad, salvo el nombre del disco, el resto sucedió todo por azar, elegimos las canciones que más nos gustaban en ese momento.  Pero sí, en el próximo disco queremos repetir el método y que el azar disponga. Nosotros vamos a estar de acuerdo con él.

¿Es cierta la anécdota de que te denunció una compañía por vender grabaciones de shows en vivo en el Parque Rivadavia (y de ahí viene lo de “el último casette...”)?
Es cierta, sí. Grababa los recitales y los casetes los vendía los domingos en la feria de música del Parque. Con esa plata iba a ver bandas y me compraba discos, lo hice de los 17 a los 23 años, que fue cuando una multinacional me denunció.

¿Cómo te llegó la denuncia?
Mandaron un allanamiento policial a mi casa y justo mi tía entró al edificio mientras buscaban testigos en la puerta, así que se enteró y nos avisó por el portero eléctrico (risas). Cuando entraron revisaron todo, vaciaron los placares y dieron vuelta los colchones buscando las grabaciones. No las encontraron porque mientras ellos subían por el ascensor, con mi hermano las llevábamos por la escalera a lo de mi tía que vivía dos pisos más abajo (más risas).
Igualmente agarraron catorce CDs copiados que había entre los discos de mi hermana y armaron la causa. Me hicieron ir a declarar varias veces a Tribunales, una ronda de reconocimiento y un juicio oral. Todo muy absurdo. Me declararon culpable y me dieron la probation, una libertad condicional por un año con asistente social todos los meses, tenía que ir y convencerla a la señora de que no iba a volver a delinquir (risas). De ahí viene lo de El último casette del parque.

Increíble. ¿Planean editar nuevamente en ese formato, o aquella vez la idea de editar en casete vino ligada sólo al nombre del disco? ¿Son fetichistas?
No planeamos editarlo en casete. En realidad, del primer disco sólo hicimos trece casetes para regalar a algunos amigos, los regrabamos arriba de algunos que me habían sobrado del parque. La confusión viene por el nombre del disco, pero en realidad lo editamos en CD y también puede bajarse gratis en el Bandcamp.

Ahora muchos grupos están volviendo a editar en casete y también en vinilo. ¿Les interesa esa posibilidad o es inviable por los costos?
Nos encantaría editar los discos en vinilo porque nos gusta como suena y quisiéramos tener las tapas grandotas, pero sale muy caro y no se puede.



CON QUIÉN TOCAR, CON QUIÉN ESCRIBIR

Quizá sea una visión equivocada, pero pareciera que en el under argentino predominan bandas más cercanas a lo noise que al sonido que ustedes proponen. ¿Lo sienten así, les cuesta encontrar bandas para armar fechas?
También pienso que predominan más esas bandas, algunas nos gustan y otras no, pero lo mismo nos pasa con las que tienen un sonido más acústico o folk, creo que eso no depende tanto de la forma sino más bien de la esencia. A nosotros nos gusta lo que nos da escalofríos. Pero igual no nos cuesta encontrar bandas para compartir fechas, si las armamos nosotros tratamos de tocar con bandas con las que nos sentimos cómodos por alguna razón.

¿Cómo llevás la composición a la banda? Porque componer para un septeto te obliga a pensar de otra manera el lugar de los instrumentos en una canción. En algunas notas contaste que las canciones del disco debut fueron saliendo a la vez que el grupo se armaba...
Y... a mí las canciones me salen tocando acordes con la acústica y cantando arriba, dejo que salga solo, sin pensar, como la escritura automática pero con melodías, palabras, algunos papa papas y turu turus. Si encuentro algo que me gusta lo sigo hasta que se hace una canción y lo que llevo a la banda es eso, se las canto con la guitarra.

Pero hoy que la formación ya está afianzada, ¿el proceso de composición es el mismo o se piensa desde antes el espacio para cada uno?
Para armar el disco que estamos por grabar nos estuvimos juntando bastante fuera de la sala con Franchi (el guitarrista) y Fede (el baterista), Franchi es quien hace la mayoría de los arreglos, sobre todo las orquestaciones o partes melódicas y Fede tiene el ritmo en la sangre, mucha musicalidad y una cabeza muy curiosa. Entre los tres nos complementamos muy bien. Después los temas los terminamos en la sala tocando todos juntos y vamos cambiándolos mucho hasta que todos sonreímos. Así que cada uno aporta algo, siempre.

Una de sus bandas favoritas es Belle and Sebastian. En unos meses van a estar tocando en Argentina, ¿qué darían por ser la banda invitada?
Nos gusta mucho Belle and Sebastian, sí. Sobre todo sus primeros 4 discos y los EPs de esa época. A ellos podríamos darles abrazos y cariños. A los que organizan el recital plata no les podemos dar porque no tenemos, no sé, ¿Dejamos que se queden con toda la plata de Sadaic? (Risas). ¿Sabés con quién tendríamos que hablar? ¡Yo igual con que no pongan de nuevo a abrir al exbaterista de Catupecu Machu estoy conforme, eh! (Risas finales).


*Hoy jueves 6 de agosto a las 22 horas, Niños Envueltos se presenta junto a Franny Glass (Uruguay) en Club Cultural Matienzo (Pringles 1249, CABA). Entrada: $50.