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sábado, 15 de mayo de 2010

Esto está bueno

De vez en cuando salen discos que me ponen contento. Me refiero a lo siguiente: no sé si son obras maestras, no sé si alguien más los escucha, no sé si van a quedar en la historia, a generar el culto de diez gatos locos o a gozar de la total intrascendencia. Pero son álbumes que me dibujan una sonrisa en la cara ni bien los escucho por primera vez.
Este es uno de esos. Una escucha, una sonrisa.

Cuando una leyenda viva del rock graba con una de las bandas que más te gusta del rock angloparlante, está claro que algo bueno va a suceder. Y que Roky Erickson haya hecho un disco con Okkervil River es groso. Está buenísimo. Okkervil River, quizá el grupo que mejores melodías ha creado en los últimos años, se junta con uno de los hombres clave de la psicodelia, un sobreviviente que las pasó todas y que muchos creían que estaba muerto.

Pero este excelente disco -climático y psicodélico, con pasajes rockeros y folk- demuestra que si Erickson está muerto, nosotros, los demás, estamos directamente enterrados. Emociona su voz curtida. Queda claro que esa voz sabe.

Escuché True Love Cast Out All Evil una sola vez. Sí, una sola, pero me alcanza para afirmar que va a ser uno de los lanzamientos del año. Y para que lo vayamos escuchando juntos, lo dejo para el que lo desee conocer... Se va la segunda.

Y qué lindo sería que lo editen por acá, ¿no?

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Bonitos y nerviositos

Mientras en varios lares están haciendo análisis, elecciones y balances de década, aún no sé si voy a escribir algo sobre eso -un poco por falta de tiempo para armar algo piola y otro poco porque tantas ganas no me da, o me cuesta decidirme-, pero les cuento que planeé una interviú que hasta ahora está quedando trunca porque le falta una pata (cuando sepa bien cómo se cierra el tema les cuento mejor, quizá; sé que diciéndolo así les suena raro).
El año próximo trataré de reforzar el blog con esas charlas y alguna sección más, me es interesante hablar con músicos: cuentan sus experiencias y saben más que nosotros. (Además, me siento músico también -toco, ergo, lo soy (?)- y el año que viene espero comenzar un nuevo proyecto relacionado con eso). Lo que nunca puedo prometer es voracidad y constancia en la publicación de textos aquí, ustedes saben...

Pero bien, sin hacer aún esos benditos balances y después de contarles nada, les quería dejar al paso este disco de Okkervil River, The stage names. Sin dudas, el disco y la banda estarían entre mis elegidos como una de las cosas más interesantes que he escuchado en la década que se nos va. La palabra interesante tal vez los confunda y les haga pensar en Okkervil River como una banda archimoderna, y no van por ese lado estos señores texanos: su fuerte son las melodías tarareables que mueven las entrañas. Canciones con swing -onda, bah-, algunas con las guitarras como protagonistas y otras con el pianito... Sin embargo hay algo en ellos, un nervio especial que los destaca y no sé cómo explicar; un algo que ni siquiera sé si responde a esos ataques psicótico-musicales (Our life is not a movie or maybe, el temazo de apertura), a la manera de cantar de su frontman Will Sheff o a qué.
Lo que les aseguro, así de una y con confianza ciega en estas nueve canciones, es que The stage names les va a gustar. Así de soberbio me pongo. No sobra nada más que belleza melódica, clasicismo indie y arreglos que engordan y ensalzan páginas insoslayables como A girl in port, una de las canciones más perfectas que he escuchado en los últimos 5 añitos.

Que lo disfruten, les digo que así será.



PD: nada que ver con Okkervil, pero en A estos hombres tristes están subiendo el show de Spinetta en Vélez. A quienes les interese, ya saben.