lunes, 31 de diciembre de 2007

When Bob comes to town

Bueno, aquí estoy de vuelta, tras un receso no deseado gracias a problemas con mi PC que, supongo, poco les interesan. Entonces, vamos a lo que sí importa.

Termina un año con muchas y buenas noticias relacionadas al ámbito musical. Mucho disco nuevo de buen nivel -aquí y allá-; regresos dignísimos de bandas monstruo -recen por Zeppelin y su venida, amigos-; visitas más que interesantes... y para cerrar el año, La Noticia. Recuerdo que llegué a casa -hace ya unos cuantos viernes- después de un día laboral particularmente molesto. Prendí la tele un segundo, y lo primero que vi fue al idiota del Bebe Contepomi dando, por fin, una buena nueva -en vez de empecinarse en decir pelotudeces que, después, por supuesto, dijo-. Y apareció el videograph, y las imágenes: "vienen Dylan y Rod Stewart". Cuando leí el “Dylan” pensé que era una joda, pero todavía faltaba bastante para el Día de los Inocentes, así que le tuve que creer.
Y sí, señores, para despedir este año y recibir el próximo, no puedo menos que obsequiarles dos de las más recientes obras maestras de don Zimmerman. Según leí, este Never Ending Tour que lo traerá por Buenos Aires el 15 de marzo, está basado principalmente en Time out of mind (1997), “Love and theft” (el tipo es tan grande que publicó un disco llamado “Amor y robo” el 11 de septiembre de 2001) y Modern times (2006), sus tres últimos discos de estudio.
Mis problemas tecnológicos me impidieron subir los tres, por lo que sólo les dejo los dos primeros. No se lo pierdan, que es uno de los artistas más trascendentales de los últimos cincuenta años. (Creo que si veo Like a rolling stone en vivo -aunque lo veo a Dylan muy capaz de no tocarla e iré con esa idea por las dudas- me retiro de los recitales).

Bueno, sin más, les deseo a todos un mejor 2008 (si el 2007 les fue bueno) y un increíble nuevo año si este no lo fue tanto. Para cerrar, frases del maestro (un viejo post aquí sobre él había recogido la opinión de muchos colegas sobre su persona, ahora dejo sus palabras, extraídas de la muy buena página God Dylan, que tiene todas sus letras traducidas al castellano).


“Las canciones están ahí. Tienen una existencia propia, y lo único que esperan es a que alguien las escriba".

"Una canción es una experiencia: no hay necesidad de entender las palabras para entender la experiencia. Intentar entender el significado completo de las palabras puede destruir el sentimiento de la experiencia como un todo".

"Cuando yo muera, la gente va a interpretar todo de mis canciones. Van a interpretar hasta la última puñetera coma. Ellos no saben lo que significan las canciones. Mierda, ni yo mismo sé lo que significan".

"¿Que cómo son mis canciones? Pues mire, tengo canciones de cinco, de seis, de siete, de ocho, y aunque usted no se lo crea, hasta de diez minutos".

"Lo que más puedo esperar es cantar lo que pienso, y quizás evocar algo en los demás. No me insultes diciéndome que soy una persona con mensaje. Mis canciones no son más que un diálogo conmigo mismo".

"¿Sabes? Todas mis canciones podían estar mejor escritas. Esto es algo que me preocupaba antes, pero ya ha dejado de preocuparme. Nada es perfecto, y por eso no tengo por qué esperar que yo sea perfecto."

"Mis canciones solían tratar sobre lo que sentía y veía. Mis otras canciones, como mínimo, trataban sobre la nada. Las más recientes tratan sobre la misma nada, sólo que vista desde dentro de algo más grande, que quizás se llame ninguna parte".

"Las canciones son justamente pensamientos. Por un momento paran el tiempo. Escuchar una canción es escuchar algunos pensamientos".

"Si yo hubiera sido un fan de Dylan Thomas me habría llamado Bob Thomas y cantaría sus poemas".

"Yo no tengo esperanzas de futuro y solo espero tener suficientes botas para cambiarme".

"Las canciones me llegan cuanto mas aislado estoy en el espacio y en el tiempo".

"Todavía no he escrito nada que me haga dejar de escribir. No he llegado al lugar al que llegó Rimbaud cuando decidió dejar de escribir y se fue a vender armas a África".

martes, 11 de diciembre de 2007

Sin fisuras

Ante cierta insistencia en parte del público sobre la mediocridad del rock argentino, no dudo en creer que este ha sido uno de los mejores años en lo que refiere a producción discográfica en la escena (quizá el mejor de la década 00). Muy buenos discos vieron la luz desde el mainstream y también desde el under. Y para todos los gustos. Haciendo un repaso corto, hubo nuevas producciones de: Las Pelotas, Attaque 77, Los Piojos, Andrés Calamaro, los dos solistas redondos, Fito Páez, Massacre, Pez, Hilda Lizarazu, El Otro Yo, Francisco Bochatón, Karamelo Santo, Valle de Muñecas, Los Cafres, Lisandro Aristimuño, Rosal, Cuentos Borgeanos, Sancamaleón y otros tantos más.
Cielo Razzo ocupa un extraño lugar dentro de esta escena. Sería estúpido de mi parte decir que es una banda under. Pero tampoco es una banda archiconocida por el gran público. No tienen grandes hits, no suelen hacer muchos videoclips para sus canciones y tampoco suenan mucho en las radios. Sin embargo, son una banda que cada vez que toca, llena, en Buenos Aires o en Rosario (su ciudad de origen). Ya tuvieron su bautismo en Obras y se dice que para presentar Grietas, su más reciente producción, se van a tirar a hacer un Luna Park.
Más allá del merito de ser una banda que llena sus recitales sin tener mucha repercusión en los medios -en este caso, lo es- su valor reside en lo musical. Pocas bandas pueden jactarse de haber evolucionado ante cada nuevo disco. Ellos sí pueden decirlo. En su primer disco, Buenas, ya mostraban ídem intenciones... pero compararlos con Los Piojos resultaba algo inevitable y molesto para una banda que, se notaba, podía despegarse de eso y hacer algo más personal. En el segundo, Código de barras, lograron esa evolución y consiguieron con Luna y Estrella dos mini hits que mucho sirvieron para su estabilización en Buenos Aires, paso obligatorio de cualquier banda para hacerse popular en todo el país. En Marea, su tercer disco, el progreso ya se hizo notorio: aquí terminaron de definir su estilo, entre buenos arreglos, letras sufridas -entre el primer disco y el segundo la banda sufrió un forzado cambio de baterista, a causa de la muerte en un accidente del batero original, Pablo Largo Caruso- y estribillos efectivísimos.
Ahora vamos a Grietas. Recién salido, perfecciona los ya muy buenos resultados de su predecesor. Presenta a una banda con mucha potencia, quizá gracias al combo de guitarras -afiladísimas, marcan la atmósfera sonora de los 13 tracks del disco- y a esa grata sorpresa tras los parches, que es el excelente baterista Javier Robledo. Todos los temas presentan un sano desarrollo que va más allá de la simpleza de la famosa estructura estrofa-estrofa-estribillo. El arranque es de lo más convincente, con De caer, Algen y Resto. Cielo Razzo ha evolucionado hacia un rock cercano al grunge -han contado en su momento, antes de tocar en Obras, que “la única vez que estuvimos ahí fue para sacar las entradas de Pearl Jam”- que no llega a ser alternativo. La fuerza y la redondez melódica de los estribillos -Santos, Barek- los hace a estos irresistibles, y el agregado de percusiones y teclados a la clásica formación rockera -dos guitarras + bajo + batería- les da a algunas canciones un toque de distinción que enriquece. Sin embargo, no se puede decir que sean una banda radiable, por cierta dosis de angustia que muestran muchos de los temas que componen Grietas (ojo, no todo es oscuridad). Desde mi lugar, no dudo en afirmar que Cielo Razzo terminará siendo una banda de estadios. Y que Grietas es uno de los mejores discos de este año que ya termina.

martes, 4 de diciembre de 2007

Las cosas que pasan de largo

Es tanta la música que hay a disposición de nuestros oídos que, sencillamente, el tiempo nunca alcanza. Al menos si sos una persona que gusta de investigar y buscar cosas nuevas (cosas nuevas significa cosas que todavía no escuchaste, no solo cuestiones musicales recientes). En ese camino uno va descubriendo músicas que lo llevan a otras, sumergiéndose en distintos géneros y subgéneros -fascinándose con unos y sobrepasando o directamente ignorando otros- y desarrollando sus conocimientos. Claro que, como dije al principio, el tiempo sigue corriendo y nadie está las veinticuatro horas del día escuchando música. Esto genera que muchas cosas pasen de largo y uno olvide posar sus orejas en ellas. O simplemente, que ni siquiera se entere de otras.
Mi caso con John Cale es extraño: por esas cosas de la vida, nunca me había dispuesto a investigar sus aventuras musicales más allá de la gloriosa Velvet Underground. Sí había escuchado algunas obras maestras que lo tuvieron como productor, como el primer disco de los Stooges o Horses, de Patti Smith -sí, el tipo siempre fue un visionario- y su homenaje a Andy Warhol a dúo con Lou Reed, Songs for Drella.
Hace unos días, entonces, me puse a buscar. La respuesta fue un disco de hermosa factura, al que llegué luego de averiguar un poco sobre su vasta discografía solista. Paris 1919 fue editado en 1973 y según un par de crónicas que leí -en inglés todas, me hicieron laburar- es su disco más accesible, más clásico. De seguro debe ser así, ya que teniendo en cuenta que Cale siempre fue un tipo que gusta de innovar por el lado de lo extremo y lo experimental, este álbum brilla dentro de lo tradicional.
En este caso, son canciones que se podrían enmarcar entre Sunday morning -Velvet Underground ’67- y Sad song, del Lou Reed de Berlin (no por nada fueron compadres musicales; de hecho, Berlin y Paris 1919 fueron editados el mismo año). O sea, estamos ante un pop de armonías y arreglos clásicos, ideal para cualquier marco cotidiano de tranquilidad (la principal diferencia con el citado disco de Reed). Encuentren por sí mismos grandes momentos como Andalucia, Paris 1919 o Hanky Panky Nohow. Yo estoy en eso... y voy a seguir averiguando.

viernes, 30 de noviembre de 2007

Música desértica para una década... desierta

Ya termina otra década. A la hora de sacar balances musicales, y pensar por qué se caracteriza, lo primero que se me ocurre es... por las vueltas. Vueltas a un sonido retro y retornos de bandas muertas hace tiempo ya, pero que dejaron un legado que ningún otro grupo de 2000 para acá pudo hacer olvidar (aquí, allá y en todas partes). Pensando en los grupos que -si se quiere- marcaron el ritmo de estos años, podríamos citar a los Strokes y White Stripes, más algunas bandas que ya venían de la década anterior como Radiohead, Red Hot Chili Peppers y Foo Fighters; y algunas locuras alternativas como Mars Volta, agregando la reciente explosión de Arctic Monkeys.
Algo corrida al margen, para mí, aparece la banda más personal de todas -palmo a palmo con el dúo White- y la más drástica en lo que refiere a concepto sonoro. Creo que son lo mejor que nos deja esta pálida década, llena de tributos y vueltas al pasado (algo que no está mal en su justa medida, pero que se transformó en moneda demasiado corriente estos últimos años). Hablo nada más y nada menos que de Queens of the Stone Age, un plan llevado a cabo por Josh Homme, que bien podría denominarse como combo musical. En todos los discos cambia la formación y aparecen muchos -y muy buenos- músicos invitados colaborando con el proyecto. En este caso, iremos a su disco de 2002, quizá el más conocido.

Songs for the deaf fue grabado entre marzo y junio de 2002 y editado en agosto del mismo año. Es el tercer disco del grupo y fue calificado por la prensa especializada como uno de los mejores discos de dicho año. Cada tema del álbum tiene un separador con un locutor anunciando el siguiente track, algo que ya hiciera hace unos años antes Attaque 77 (¿habrá escuchado Josh Homme Radio insomnio?). Según el mismo Homme comentaba a la salida del álbum: “el primer disco fue ‘distanciarse de Kyuss’, el segundo fue llevar nuestra música a otras áreas y este disco lleva eso un poco más lejos aún. He pensado en este disco desde el primero”. La otra cabeza del grupo, Nick Olivieri, decía: “Nosotros seguimos haciendo lo que hicimos siempre. O sea, la música que queremos oír pero que no conseguimos en las tiendas. Entonces la hacemos. No tratamos de satisfacer a nadie, no sé como hacer eso porque nunca he vendido discos, sabes a lo que me refiero, ‘¡escribamos un hit!’... No sé qué es eso, porque nunca tuve uno”.
Para la ocasión, el baterista del grupo –tanto en la grabación como en la gira de presentación del disco- fue el Sr. David Grohl, más conocido por sus trabajos en otras banditas de los noventa que supongo ustedes conocen. Entró temporalmente como reemplazo de Gene Trautmann y su estadía en la banda fue únicamente por esta placa (les comenté que en QOTSA los músicos van y vienen). Más que suficiente, podría afirmarse, porque el trabajo del foo fighter es impecable.
Pero claro que el disco no es ni por asomo sólo el trabajo del estelar músico invitado. El clima opresivo de cada uno de los temas, esa oscuridad tan violenta que presentan casi todos los tracks, es mérito del genio de Homme y el -ya ex- bajista Olivieri. Aún sonando casi como una antítesis al pop de difusión, lograron meter un par de pequeños hits en MTV: las gemas No one knows -quizás por su irresistible riff y su marchoso ritmo- y Go with the flow.
Etiquetarlos como stoner rock quizá sea algo injusto, pero a su vez ellos mismos desde su anterior banda Kyuss fueron pioneros de dicho género. Yo diría más bien que Queens of the Stone Age es rock desértico, saturado y paranoico, con algunos momentos cercanos al heavy metal y la psicodelia -los justos y necesarios- y una mínima dosis de pop e ironía que los vuelve irresistibles luego de un par de escuchadas (está claro que no son una banda de sencilla digestión. Digamos que son como comerte cinco hamburguesas con un vaso de agua).
Otro invitado del disco que se destaca -en realidad figura como miembro estable de la banda- es Mark Lanegan, uno de los cantantes más ásperos e interesantes de la década anterior, recordado por su trabajo con los Screaming Trees. Su participación resulta ideal para el estilo de los Queens -tan huraño como su voz- y resalta en uno de los grandes momentos del disco: Hangin’ tree.
Distintas razones por las que no debe faltar Songs for the deaf en sus discotecas -o PC’s-: el rock alternativo mixado con flamenco de First it giveth; la desaforada Six shooter; el clima de God is in the radio -ese solo sí que es stoner rock-; la sesentosamente convencional Another love song; la acústica Mosquito song, un poco de aire entre tanta gravidez... Bueno, ya saben.
Mejor escúchenlo enterito.

Pequeño Detalle 1: como siempre, en todos lados hay un argentino metido en el medio. En este caso, Paz Lenchantin –a esta altura, más yanqui que argentina, pero no importa- colabora en el disco metiendo cuerdas.
PD2: ¿sabían que los QOTSA vinieron a Argentina como soporte de Iron Maiden -cuando estos tocaron en Vélez- y fueron maltratados por el público, algo increíble si los escuchan un poquito? ¿Y que luego tocaron en Cemento para -solo- unas doscientas personas?
PD3: el último tema del álbum es Everybody’s gonna be happy, un justo homenaje a The Kinks.

jueves, 22 de noviembre de 2007

Cinco perlas del Camaleón

Una de las razones que me llevó a hacer el blog fue que veía que la mayoría de los blogs que ofrecen discos no emitían críticas respecto de lo subían. Si bien muchos guardaban y guardan cierto concepto a la hora de subir -como JS Free o Stay Free; por citar solo un par conocidos y, para mí, excelentes- en otros te mandaban discografías a rolete y sin explicación alguna (no voy a decir cuáles, jeje). Eso me parecía y me sigue pareciendo de poco valor, porque creo más interesante que te recomienden algo y después te dejen investigar, a que suban la discografía completa de un tipo que capaz tiene 34 discos. Dicha cuestión me llevó a armar todo esto: dar el pie y que después ustedes sigan buscando, si quieren.
El tema es que viendo los discos que David Bowie editó entre fines de los ’60 y todos los ’70… me dieron ganas de subirlos a todos. Para no ser cargoso al pedo, como en esos blogs que te suben discografías enteras sin un mínimo comentario o concepto, al final elegí cinco discos, casi consecutivos. Espero que sean inteligentes y si no los tienen, los bajen a todos (y después se los compren, por supuesto). Porque acá recomendamos, no subimos lo que piden o lo que sea para que entre más gente.

Space oddity (1969): El comienzo de la épica
Su primer gran disco. Acá empieza a mostrar sus pergaminos, con canciones heroicas como la que da título al álbum. Solo con ella alcanzaría, pero David se destapa con otros admirables momentos, como Letter to Hermione -de conmovedora letra- o los memorables nueve minutos de Cygnet committee, que termina con un Bowie desgarrador gritando “I want to live”. Quienes pensaban que Space oddity era solo una gran canción, no se olviden del disco que lleva el mismo nombre: un Bowie que quería vivir y nos empezaba a dar mucha música a nosotros. Y la música, vaya si es vida.
Otros grandes momentos: An occasional dream, God knows I’m good, Memory of a free festival.

The man who sold the world (1970): Las guitarras al frente
Si bien tiene puntos de contacto con su antecesor, sin dudas este disco posee una densidad más rockera. Probablemente, esto tenga que ver con las grandes bandas monstruo que comenzaban a explotar en esta época, como Zeppelin, Purple y Sabbath. Bowie -siempre camaleón- supo adaptarse a cada momento musical, y nunca desentonó. En esa nueva faceta guitarrera, se despacha con temones como All the madmen, Running gun blues y She shook me cold. Un dato para nada menor: este es el primer disco con la base de la banda que luego fuera The Spiders from Mars.
Otros grandes momentos: After all, The supermen, The man who sold the world (lo que yo pueda decir de este tema está de más ante semejante canción).

Hunky Dory (1971): Entrando al Olimpo
De este disco, sinceramente, no hay mucho que se pueda decir. Empieza con Changes, sigue con Oh! You pretty things, luego con Eight line poem. Pasa por Life on Mars?, a la que le sigue Kooks, para después llegar a Quicksand y Fill your heart. Después, llega el homenaje a Andy Warhol, y la Song for Bob Dylan. Queen bitch es la que sigue, y cierra con The Bewlay brothers.
¿Por qué no describo nada? ¿Por qué sólo enumero? ¿Por qué sólo los nombres? Justamente por eso. Porque Hunky Dory es perfecto. Y no me vengan con cinco estrellitas ni nada. Esto es la gloria de la música pop, en una de sus tantas formas. Y es una de las tantas manifestaciones musicales de maestría que nos dio Bowie. Y listo.
Si no lo tienen, sepan que son unos idiotas. Si lo ignoraron sin querer los perdono y les doy revancha, pero si lo dejaron pasar... fíjense de vuelta que algo está mal en sus cabezas.

Aladdin Sane (1973): Es un afano, suspendanlón (?)
Suponiendo que todos tienen Ziggy Stardust, pasamos al siguiente. Después de semejante disco como ése, siempre se espera algo peor. Pero la inspiración furibunda de Bowie en estas épocas saciaba los gustos de cualquiera. Arrancar con Watch that man fue una buena forma de acallar cualquier sospecha de que después de Ziggy no se podía mantener el nivel. Por suerte no fue sólo el arranque: Aladdin Sane está compuesto de 10 temas impresionantes, uno mejor que el otro. Si hasta ahora no destaqué el trabajo vocal de Bowie fue porque esperé llegar hasta aquí. Escuchen Drive-In Saturday, o Lady grinning soul -qué canción- y ahí me dicen qué tal. Además, la forma en que Bowie se desenvuelve en los temas más rockeros del disco confundiría a los que lo ven simplemente como un símbolo de los ochenta. Las pruebas: The Jean Genie y la humillante versión de Let’s spend the night together.
Otros grandes momentos: Time, Aladdin Sane, Panic in Detroit.

Diamond dogs (1974): Qué perros ni perros...
Después de un gran disco de covers (Pin ups, 1973) llegamos a otra obra bestial. Cuando entré a Wikipedia a buscar información sobre el disco y me encontré con una crítica que le pone dos estrellitas y media, no lo creí. Después, no me quedó otra que pensar que los periodistas de rock son todos unos estúpidos que no entienden nada -y encima resentidos, como dice Divididos: “el periodista que se muere por tocar”- y no valoran el concepto de un genio en estado de gracia. Los 11 temas que componen Diamond dogs están entrelazados, musical y conceptualmente -algo parecido, por ejemplo, a Dark side of the moon- y mayoría de ellos tienen su origen en 1984, de George Orwell. Para este disco se da un hecho clave: aquí ya no están los Spiders; y Bowie se hace cargo de todas las guitarras.
Grandes momentos: Rebel rebel, We are the dead, Sweet thing, Rock n’ roll with me, 1984.

Justo me enteré que hoy se celebra el día de la música. Creo que es un digno homenaje a ella.

lunes, 19 de noviembre de 2007

Punk stone

Siempre me causó muchísima gracia que los punks detesten a los Rolling Stones. Me parece lo más estúpido del mundo, porque lo creo el subgénero más influenciado por Jagger & Cía. (junto al glam y en menor medida el hard rock). Si uno busca en las raíces, y quiere ir antes del ’77 -a los Stooges por ejemplo- es innegable que esa mugre es muy stone. Y los mismos Sex Pistols deben mucho de su sonido a los Rolling también. ¡Ni hablar de los New York Dolls! Por lo tanto, es un misterio que nunca comprenderé muy bien esto del odio (y eso que ni cité que los mismos Ramones o Patti Smith también eran fanáticos).
La cuestión es que no les voy a hablar de los Stones, sino de los Heartbreakers, una eminencia del punk-glam-rolinga. Los Rompecorazones fueron idea de Johnny Thunders, uno de esos grandes perdedores de la historia del rock, luego de la disolución de los citados Dolls. Quedaron de dicha banda Thunders (voz y primera guitarra) y Jerry Nolan (batería), a los que se agregaron Walter Lure (segunda guitarra y voz) y Billy Rath (en bajo, puesto que en un principio había ocupado Richard Hell, recién salido de Televisión, pero dejó rápidamente para formar los Voidoids).
Editaron un solo disco de estudio, L.A.M.F. La sigla significa Like a Motherfucker, y era -supuestamente- bastante utilizada por los jóvenes neoyorkinos de la época. Nunca mejor puesto el nombre, porque solo unos hijos de puta como ellos podían hacer un disco tan mugriento. Los cuatro músicos hicieron sus propias mezclas y el resultado fue un grandioso quilombo. Las críticas de la época elogiaron las canciones, su ejecución presurosa, esa urgencia, ese instinto... pero destrozaron la mezcla. Nadie comprendía el por qué del caos sonoro. De todas formas, el disco se transformó en un suceso del otro lado del Atlántico, en el Reino Unido, que en ese momento estaba invadido por esa música sucia que ellos tan bien hacían.
Por lo general, los temas abordan historias de amor (I love you, I wanna be loved) y drogas (la perla Chinese rocks, escrita por Dee Dee Ramone: una oda a la heroína, droga por la que compartía pasión con Thunders). La canción más conocida es casi una síntesis de la vida de Johnny: Born to loose.
La vida del grupo fue tan intensa como el disco, y eso les valió la separación en el mismo 1977. El primero en irse fue Nolan, que no estaba de acuerdo con la mezcla final. Lo siguieron Lure y Rath, que se volvieron a Estados Unidos.
Lo que aquí les dejo es la versión editada en 1994, con las mejores mezclas disponibles.

martes, 13 de noviembre de 2007

Post punk

Después del trabajo que me generaron sendos post de Pink Floyd y Keith Richards, ahora no me pienso gastar nada. Sólo les digo que escuchen este discazo de John Lennon y se rindan ante él. Si quieren un poco más de info, les dejo links a Aloha y Wikipedia, con un poco más de data. Yo, me cago en todo (pero me cago en todo con amor, como dice Calamaro).

martes, 6 de noviembre de 2007

LMEDA Records Presents: The Best of Keith Richards Sings

La Música es del Aire Records presenta su segunda compilación. Tras el abrumador éxito (!) obtenido por el compilado 15 Canciones para la Primavera, llega una grandiosa colección de canciones. Estamos hablando nada menos que de una leyenda viva del rock mundial, el Sr. Keith Richards. Gigante guitarrista; aspirador de padres; padre de piratas; trepador de palmeras; amigo de la policía; hombre de transfusiones (!!!). Todo eso es el bueno de Keith.
Sin embargo, aquí destacaremos un aspecto no tan resaltado de su majestuosa carrera. Las canciones que componen este rejunte musical son cantadas en forma increíble por este anciano londinense y su borrachísima y añeja voz. Aquí están todas las songs a las que le puso la voz como parte integrante de los Stones, mas un par de bonus de mi gentileza. Y para que no se enoje el bocón, al final les dejo otro regalito más que bizarro.

Nota 1: El disco está dividido en dos partes pero la numeración de las canciones sigue subiendo. O sea, el disco dos no arranca del track 1. Vale la pena que unan ambas partes.

Nota 2: Entre las canciones aquí expuestas se encuentran algunas en que el amigo Richards comparte los créditos vocales con Sir Mick Jagger. No se incluyó el tema Salt of the Earth porque el autor del blog consideró mínima la participación vocal del hombre calavera.

LAS CANCIONES:

Parte uno:
1- Little T&A
2- Something happened to me yesterday
3- Wanna hold you
4- Too rude
5- Coming down again
6- The nearness of you
7- Before they make me run
8- You got the silver
9- You don’t have to mean it
10- Sleep tonight
11- Happy
12- Thief in the night
13- How can I stop?

Parte dos:
14- Can’t be seen
15- Infamy
16- All about you
17- Memory motel
18- This place is empty
19- The worst
20- Gimme shelter
21- Slipping away
22- Thru and thru
23- Losing my touch
24- Girl of the North Country (Bob Dylan cover)
25- Happy (con Sheryl Crow)
26- Bonus track

martes, 30 de octubre de 2007

10 razones para ir en diciembre

Para las fechas de ahora, dormí. No quería ir a campo porque no estaba dispuesto a pagar tanto dinero para estar incómodo (cada vez soporto menos al público argentino, me explico).
Cuando intenté comprar plateas altas, ya no había.
Pero tengo fe, van a agregar nuevas funciones.
Claro, esas tres personas chiquititas que aparecen en la foto son Cerati, Alberti y Bosio. Si no escucharon nada de la vuelta, os dejo 10 temas masterizados -los que regalaban ellos- que demuestran que la vuelta no era solo por dinero. Era para demostrar cuán buenos eran. Y vaya que lo lograron.

Quienes hayan ido, pueden contar detalladamente. (Ah, la foto es de sodastereo.com, por las dudas).

LAS CANCIONES:
1- Juegos de seducción
2- Texturas
3- Hombre al agua
4- Fue
5- En remolinos
6- No existes
7- (En) el séptimo día
8- Cae el sol
9- Prófugos
10- Nada personal

martes, 16 de octubre de 2007

...Y la droga se la compran ustedes

El viernes anduve por el centro con mi viejo. Como teníamos que hacer tiempo fuimos a un Musimundo -sí, giles, acá los piratas son ustedes- porque se quería comprar un CD de Raly Barrionuevo. La cosa es que me hizo una torpe apuesta respecto al orden de unos CD’s (no vale la pena explayarse) y le gané, claro. El premio era un disquito a elección para el ganador. Entré a revisar y el primero que vi fue el último de los White Stripes. Pensé “no puedo ser tan hijo de puta de pedirle uno de los más caros” entonces seguí buscando. En la misma batea estaba Nadir’s big chance de Peter Hammil, importado, a 31 mangos. Nunca en mi vida había visto ese disco. Por un momento lo dudé, pero al final tampoco fue ese mi elegido (ahora un poco me arrepiento) y busqué alguno no tan caro. Para mí sorpresa, miro para la “P” y veo Wish you were here a $19.99. Ahí pensé “este podría ser”, hasta que revolví un poco en el mismo lugar y, tras él, estaban Animals y Meddle, dos que no tenía hasta ese momento (por lo general los CD’s de Floyd están el doble o por ahí). Sin dudar me compré ambos, siendo uno de ellos la paga de la apuesta, claro. Así llegamos a Meddle, que me resulta tan zarpado como para analizar tema por tema (en realidad solo son seis, así que no es tanto lío):

One of these days: El disco arranca instrumental, luego de unos cuantos segundos de silencio sopla un viento. Después, machaca el bajo y empieza este gran tema -era más largo pero lo acortaron- que se va volviendo cada vez más pesado y suena cuasi industrial-metalero, denso mal. Por momentos hasta parece Deep Purple. Personalmente, le hubiera dado un poco más de minutos de desarrollo, pero se ve que no les entraba, porque Floyd no se caracteriza por cortar canciones (dura cinco minutos y pico). Excelente y potentoso comienzo para lo que se va a venir luego.

A pillow of winds: Nunca mejor puesto el nombre de una canción tan etérea y dulce como lo es esta (les traduzco a los que no saben inglés: pasado sería Una almohada de vientos). La letra, descriptiva, no se queda atrás: “Sleepy time when I lie with my love by my side and she’s breating low, and the candle dies”. Definitivamente, me encantaría hacer una canción la mitad de buena que esta (y sus slides... y esos arpegios… se me cae la baba). El contraste entre esta belleza y la apertura queda raro en una banda que en casi todos sus discos presenta cierta cosa conceptual desde las letras hasta el sonido general. Este disco no es el caso, y se celebra igual.

Fearless: Acá sí se mantiene lo conceptual, esta gema también es tranquilita. Parece hablar de las cosas riesgosas o imposibles de hacer, mostrando que todo es posible, más allá del miedo que algunas de esas cosas generen. Al final, se escucha a la hinchada del Liverpool cantar estruendosamente You’ll never walk alone (himno de la institución), que dice “camina con la esperanza en tu corazón y nunca caminarás solo”. Tipos tan pensantes como ellos no ponen esta frase en una canción porque sí.

San Tropez: Este es como una mezcla de Stevie Wonder-blues-jazz-minimal aun con gusto a Pink Floyd. Me parece ideal para ir caminando en un desfile de moda (no yo, por supuesto), tiene un swing excelente para eso -y vuelve a romper con lo conceptual. Antes de llegar a Seamus uno puede hasta llegar a pensar que es el tema menos Pink Floyd del disco, no por eso menos bueno, por supuesto.

Seamus: Floyd haciendo un blues medio rural no es cosa de todos los días. Pero que un blues tenga los coros de ¡un perro! y que encima queden tan perfectos es aun más grandioso. Seamus -el can-canción- se manda unos aullidos tan afinados que no se puede creer, en especial el del final. La letra es bien blusera, o sea, bastante tonta y graciosa. Claro, lo que importa aquí es el corista y sus superlativos aullidos, de hecho el tema fue hecho para eso. Si no lo escucharon, busquen la forma -jeje- aunque sea por el increíble momento sonoro que significa.

Echoes: No creo casual que uno de los últimos compilados que salieron de la banda se llame como este tema. Tiene todo, muestra el espíritu y la variedad que el grupo supo tener. Claro, cualquier obra musical que dure 23:31 podría tenerlo -ocupaba un lado entero en la vieja edición- pero de ahí a que eso se logre es otra cosa. La letra es brillante, y el desarrollo del tema -sus silencios; los solos de Gilmour; esa cosa progresiva pero no; la agonía casi insoportable y tenebrosa del medio; la vuelta ¡y esas guitarras!; el retorno a la estrofa; como lo dejan caer al final- es tan logrado que no lo hace aburrido. Se nota que acá ya tenían más que claro hacia donde iban con su sonido. Y también tenían claro que, por canciones como esta -¿se puede calificar como canción o tema semejante bestialidad?- iban a transformarse en uno de los grupos más importantes de los últimos cincuenta años de música popular.

…Entonces, acá tenés el disco que para Gilmour y Mason es el verdadero comienzo de la leyenda Pink Floyd.