miércoles, 23 de enero de 2008

Que los cumplas feliz, Genio (I)

Después de unas vacaciones -sin ir a ningún lado, por supuesto- aquí estamos de vuelta. El motivo musical que hoy me lleva a escribir es el cumpleaños número 58 del señor Luis Alberto Spinetta. En tiempos donde se recuerdan sólo las muertes, me parece un poco más interesante celebrar a los vivos; y más si se mantienen en tan buena forma. Porque Spinetta, quién puede dudarlo, sigue manteniendo un nivel artístico que pocos de los de su generación -y por supuesto, de las posteriores también- han podido mantener. Es, creo yo, -junto a Charly García- el tipo más importante dentro del rock argentino: por su calidad compositiva; por tener voz propia -no me refiero a su increíble forma de cantar, más bien a su estilo musical, globalmente hablando, único-; por el cambio constante que le imprimió a su carrera sin perder su esencia; por la fuerza poética de sus letras; ¡por esos acordes!
Y por hacer siempre lo que se le cantó. Pocos pueden jactarse de eso. El Flaco siempre se ha mantenido al margen de todo, y aún siendo uno de los músicos más importantes del país, nunca fue muy popular. Sin embargo, siempre se mantuvo activo, desde su rincón, con sus canciones. Con aciertos y errores, nadie puede negar que Spinetta es un artista único, y tenemos la suerte de que nació en Argentina.
Mi pequeño homenaje para él, es hacerles escuchar a ustedes una magnífica obra que se encuentra inexplicablemente descatalogada (no sé si esto cuenta como regalo, pero bueno, hice lo que pude Luis). Hablo de Kamikaze, editado en 1982. En este disco, Spinetta rescata once grandiosas canciones compuestas en diversos períodos -en la franja de años 1965-1978- para darlas a la luz en versiones minimalistas, en las cuales es acompañado sólo por su guitarra y los climáticos teclados de Diego Rapoport.
La única canción pre-Almendra que hay en Kamikaze es Barro tal vez, que fue compuesta por el Flaco a sus quince años de edad... Y uno lee esa impresionante letra, escucha esa profunda música, y se rinde ante la evidencia de que Spinetta es un iluminado. Sin dudas, esta canción supone el momento más sublime de la conjunción entre el rock y el folklore por estas tierras. Y era, paradójicamente, uno de los temas favoritos de Luca Prodan, quien decía que los verdaderos rockeros argentinos eran los folkloristas que se tomaban cinco damajuanas de vino y tocaban chacareras toda la noche (Barro... está en 6/8).
Siguiendo la cronología, está Ella también -de 1969- una pieza que iba a ser parte de la ópera fallida de Almendra. En cambio, es una hermosa canción de amor de este disco, definitivamente una de las mejores que haya escrito su autor (y eso es decir mucho). Más simple pero menos épica es Quedándote o yéndote, otro tema que cualquier músico que se precie como tal desearía haber compuesto.
Es inevitable sentir a Kamikaze como una placa melancólica, incluso siendo las canciones que lo componen de épocas tan diferentes -y supongo por eso, disímiles- para su autor. Casas marcadas, Y tu amor es una vieja medalla o ¡Ah!... Basta de pensar -otro momento soberbio- son, definitivamente, obras que llevan ese sentimiento impreso en música y letra. Quizá haya una intención conceptual de Spinetta en el rescate de estos temas para su edición en disco. Pero eso es sólo una suposición estúpida de mi parte.
También hay en el álbum lugar para un homenaje a Tupac Amaru, dividido en dos partes: Águila de trueno, I y II. Respecto del tema que da título al disco, rescato un fragmento del recomendable libro Martropía, conversaciones con Spinetta de Juan Carlos Diez, y me despido:

- En el texto que escribiste para tu álbum Kamikaze, de 1982, te preguntás si ya no hay más kamikazes de la vida creativa.
- Sí. El término “kamikaze” está utilizado para gente que se juegue por lo creativo. Es una pregunta que hice y creo que hay ese tipo de kamikazes, aunque me da la sensación de que cada vez menos. Ahora lo más estándar y lo más seguro es lo que pega con la gente. Y, en general, a través de estas ideas no se provocan hechos artísticos. No es que los guíe una intención mala, sino que simplemente no hay ningún resultado musicalmente bueno.

- ¿Vos te considerás un kamikaze?
- La del kamikaze creativo es una visión romántica. Aunque un disco como Kamikaze es un disco bastante kamikaze, por los temas que tiene. Pero eso fue antes y después de aquel disco. En última instancia, siempre fui un kamikaze creativo, pero por tomar decisiones en ciertas y determinadas cosas. Por lo tanto, simplemente me limito a seguir ese curso de acción. No me detuve a pensar en otras formas más allá de mi deseo artístico. Y si eso me hace ser medio kamikaze, bueno, debe de ser así, pero no es que me lo proponga sino que sigo de cerca los acontecimientos. No podría cambiar esas cosas de mi vida.



(Feliz cumpleaños, Flaco. Gracias en serio).

jueves, 10 de enero de 2008

LMEDA Records presenta: 15 Temas Cosecha 07

Revisando los discos nacionales que escuché durante todo 2007, decidí elegir 15 temas destacados y armar otro compilado de LMEDA Records, con lo mejor del pasado año. Para todos los gustos, dejo los 15 tracks. Seguramente, debe haber importantes omisiones de mi parte, ya que siempre se olvida algo; además no tuve la chance de escuchar todos los lanzamientos que hubo. Si tienen alguna sugerencia, avisen (igual no la voy a agregar al compilado, es sólo para que mis oídos se deleiten con ella).

Giratoria – Ojas: Desde Haedo, mucha melodía pop para una canción brillante y brillosa, incluida en su promisorio debut, Naranja. A prestarles atención que me parece que se viene una banda interesante… y a olvidarse de los que sobran, que de a poco se van separando. (Al final, hay un separador –así está en el disco- no se asusten).

Esa melodía – Sancamaleon: Probablemente, mi banda under favorita y por la que me juego todas las fichas. En Polenta dejaron el rock latino a un lado y se acercaron al pop. Este tema certifica eso claramente. Por cierto, me encantan las canciones que hablan de canciones. Por eso está aquí.

Vórtice – Attaque 77: Violento tema de Attaque que, sin embargo, brilla en el estribillo. Digno de sus momentos más punks, la historia que relata la letra está relacionada a la violencia y la discriminación. Sin embargo, el estribillo alivia todo, aunque cuando vuelve a los versos…

Junín – Rosal: Costó elegir una de las diez entregas de delicadez que nos dieron con Su majestad. Preferí esta por su ambiente, y por una frase en especial de la letra: “si me caigo hay un colchón, Junín”. Genial forma de definir a un lugar querido.

La brisa – Las Pelotas: Desde su disco más pop -y más alegre también- Las Pelotas entrega esta canción irresistible. Uno de los grandes estribillos del año, con texturas de teclados a lo Cure y un uso ideal de los silencios en una canción pop.

Ramas desnudas – Indio Solari: Como todo disco del Indio, Porco Rex me fue difícil a las primeras escuchas. Sin embargo, este tema me gustó desde el principio, quizás por un par de frases –de esas que mete tan bien el muchacho- y por cómo las canta. Me parecen brillantes, aún siendo simples, los arreglos de esta canción. Lo mismo para el puente instrumental promediando el tema.

Tormentas – Valle de Muñecas: Con la irresistible voz de Manza ya sería suficiente, pero no. Valle de Muñecas, banda cercana al brit pop de los ’90, se despachó este año con un disco, Folk, en el que se muestran más cercanos a música de origen yanqui: juegan con el country, el blues y obvio, el folk. Tormentas es la mejor muestra de ese juego.

Barek – Cielo Razzo: Sin dudas, Grietas es su mejor disco -cosa que comentamos aquí- y una prueba superada de madurez. Letra reflexiva (“Como en un letargo, puedo ver que enseñan sin saber”; “Lo que afecta te expande y abre la conciencia”; “Algún día el saber será un lugar mejor y el espejo de la gente ya no será el dolor”) + música bien desarrollada + estribillo ganador: temazo.

El fantasma del 5º piso – Skay Beilinson: El gran Skay y una cuasi suite que relata una vieja experiencia lisérgica del guitarrista. Empieza tenebrosa y descriptiva, y se va desenvolviendo de a poco, junto con la desesperación del paranoico protagonista. Termina siendo un rock marca Skay, con solos luminosos a cargo de… Oscar Reyna, violero de la banda.

La orquídea blanca – Massacre: La elección de este tema obedece puramente a cuestiones musicales. La letra está inspirada en el film El ladrón de orquídeas de Spike Jonze, película que no vi, por lo que voy sólo a lo otro: clima tenso, sonido espeso, palabras dichas lúgubremente y un solo épico que cierra una gran pieza de rock, parte de ese discazo llamado El mamut.

Tu voz se va – Francisco Bochatón: Otro que llenó el año de lindas canciones. Este tema fue el corte de difusión de su disco Tic tac y es un pequeño ejemplar de canción bochatoneana, dotada de una simpleza encantadora.

Esa forma de viajar – Los Tipitos y David Lebón: Con sólo escuchar a Lebón decir “chu mirada” en vez de “tu”, esta canción de piano con armonías clásicas del llamado rock nacional se ganó un lugar aquí. Además, parece hecha especialmente para ser cantada por el ex Seru.

Ni discos de Bob – Pez: Salido a fines de año, Los orfebres es un disco impecable. Este tema es, más que probablemente, su momento menos progresivo y más melódico. Y como todo el álbum, muestra a una banda sólida, confiada y definitivamente virtuosa haciendo un rock intenso y sentido que merece el aplauso general. No se pierdan este disco, más allá del tema en cuestión.

El ocaso de mis ídolos – Cuentos Borgeanos: En el año de su consolidación, tenía que poner un tema de Cuentos Borgeanos. Elegí este porque me gusta su energía, su letra y su melodía. Las letras en este disco quizá sean menos poéticas que en el anterior, para volverse más certeras. Abril canta “van cambiando los cielos, ¿es que no ves? somos el nuevo suelo” y tiene razón. Sino, te termina convenciendo igual, por lo terminante que suena.

Buenos días, Palomar - Los Piojos: Otro tema que habla de un lugar, de un barrio. La letra recorre la infancia de Andrés Ciro y llega hasta el presente, en un camino acompañado por música casi ambiental, con un clima muy logrado. A medida que el tema avanza, va subiendo su intensidad y se van agregando elementos que lo vuelven una canción que conjuga definitivamente el eclecticismo de la banda.


(Antes de que pregunten: el compilado es nacional, pero la foto es una expresión de deseos para que "el" regreso del año pasado se extienda en gira y nos pase cerca. Ojalá).

lunes, 31 de diciembre de 2007

When Bob comes to town

Bueno, aquí estoy de vuelta, tras un receso no deseado gracias a problemas con mi PC que, supongo, poco les interesan. Entonces, vamos a lo que sí importa.

Termina un año con muchas y buenas noticias relacionadas al ámbito musical. Mucho disco nuevo de buen nivel -aquí y allá-; regresos dignísimos de bandas monstruo -recen por Zeppelin y su venida, amigos-; visitas más que interesantes... y para cerrar el año, La Noticia. Recuerdo que llegué a casa -hace ya unos cuantos viernes- después de un día laboral particularmente molesto. Prendí la tele un segundo, y lo primero que vi fue al idiota del Bebe Contepomi dando, por fin, una buena nueva -en vez de empecinarse en decir pelotudeces que, después, por supuesto, dijo-. Y apareció el videograph, y las imágenes: "vienen Dylan y Rod Stewart". Cuando leí el “Dylan” pensé que era una joda, pero todavía faltaba bastante para el Día de los Inocentes, así que le tuve que creer.
Y sí, señores, para despedir este año y recibir el próximo, no puedo menos que obsequiarles dos de las más recientes obras maestras de don Zimmerman. Según leí, este Never Ending Tour que lo traerá por Buenos Aires el 15 de marzo, está basado principalmente en Time out of mind (1997), “Love and theft” (el tipo es tan grande que publicó un disco llamado “Amor y robo” el 11 de septiembre de 2001) y Modern times (2006), sus tres últimos discos de estudio.
Mis problemas tecnológicos me impidieron subir los tres, por lo que sólo les dejo los dos primeros. No se lo pierdan, que es uno de los artistas más trascendentales de los últimos cincuenta años. (Creo que si veo Like a rolling stone en vivo -aunque lo veo a Dylan muy capaz de no tocarla e iré con esa idea por las dudas- me retiro de los recitales).

Bueno, sin más, les deseo a todos un mejor 2008 (si el 2007 les fue bueno) y un increíble nuevo año si este no lo fue tanto. Para cerrar, frases del maestro (un viejo post aquí sobre él había recogido la opinión de muchos colegas sobre su persona, ahora dejo sus palabras, extraídas de la muy buena página God Dylan, que tiene todas sus letras traducidas al castellano).


“Las canciones están ahí. Tienen una existencia propia, y lo único que esperan es a que alguien las escriba".

"Una canción es una experiencia: no hay necesidad de entender las palabras para entender la experiencia. Intentar entender el significado completo de las palabras puede destruir el sentimiento de la experiencia como un todo".

"Cuando yo muera, la gente va a interpretar todo de mis canciones. Van a interpretar hasta la última puñetera coma. Ellos no saben lo que significan las canciones. Mierda, ni yo mismo sé lo que significan".

"¿Que cómo son mis canciones? Pues mire, tengo canciones de cinco, de seis, de siete, de ocho, y aunque usted no se lo crea, hasta de diez minutos".

"Lo que más puedo esperar es cantar lo que pienso, y quizás evocar algo en los demás. No me insultes diciéndome que soy una persona con mensaje. Mis canciones no son más que un diálogo conmigo mismo".

"¿Sabes? Todas mis canciones podían estar mejor escritas. Esto es algo que me preocupaba antes, pero ya ha dejado de preocuparme. Nada es perfecto, y por eso no tengo por qué esperar que yo sea perfecto."

"Mis canciones solían tratar sobre lo que sentía y veía. Mis otras canciones, como mínimo, trataban sobre la nada. Las más recientes tratan sobre la misma nada, sólo que vista desde dentro de algo más grande, que quizás se llame ninguna parte".

"Las canciones son justamente pensamientos. Por un momento paran el tiempo. Escuchar una canción es escuchar algunos pensamientos".

"Si yo hubiera sido un fan de Dylan Thomas me habría llamado Bob Thomas y cantaría sus poemas".

"Yo no tengo esperanzas de futuro y solo espero tener suficientes botas para cambiarme".

"Las canciones me llegan cuanto mas aislado estoy en el espacio y en el tiempo".

"Todavía no he escrito nada que me haga dejar de escribir. No he llegado al lugar al que llegó Rimbaud cuando decidió dejar de escribir y se fue a vender armas a África".

martes, 11 de diciembre de 2007

Sin fisuras

Ante cierta insistencia en parte del público sobre la mediocridad del rock argentino, no dudo en creer que este ha sido uno de los mejores años en lo que refiere a producción discográfica en la escena (quizá el mejor de la década 00). Muy buenos discos vieron la luz desde el mainstream y también desde el under. Y para todos los gustos. Haciendo un repaso corto, hubo nuevas producciones de: Las Pelotas, Attaque 77, Los Piojos, Andrés Calamaro, los dos solistas redondos, Fito Páez, Massacre, Pez, Hilda Lizarazu, El Otro Yo, Francisco Bochatón, Karamelo Santo, Valle de Muñecas, Los Cafres, Lisandro Aristimuño, Rosal, Cuentos Borgeanos, Sancamaleón y otros tantos más.
Cielo Razzo ocupa un extraño lugar dentro de esta escena. Sería estúpido de mi parte decir que es una banda under. Pero tampoco es una banda archiconocida por el gran público. No tienen grandes hits, no suelen hacer muchos videoclips para sus canciones y tampoco suenan mucho en las radios. Sin embargo, son una banda que cada vez que toca, llena, en Buenos Aires o en Rosario (su ciudad de origen). Ya tuvieron su bautismo en Obras y se dice que para presentar Grietas, su más reciente producción, se van a tirar a hacer un Luna Park.
Más allá del merito de ser una banda que llena sus recitales sin tener mucha repercusión en los medios -en este caso, lo es- su valor reside en lo musical. Pocas bandas pueden jactarse de haber evolucionado ante cada nuevo disco. Ellos sí pueden decirlo. En su primer disco, Buenas, ya mostraban ídem intenciones... pero compararlos con Los Piojos resultaba algo inevitable y molesto para una banda que, se notaba, podía despegarse de eso y hacer algo más personal. En el segundo, Código de barras, lograron esa evolución y consiguieron con Luna y Estrella dos mini hits que mucho sirvieron para su estabilización en Buenos Aires, paso obligatorio de cualquier banda para hacerse popular en todo el país. En Marea, su tercer disco, el progreso ya se hizo notorio: aquí terminaron de definir su estilo, entre buenos arreglos, letras sufridas -entre el primer disco y el segundo la banda sufrió un forzado cambio de baterista, a causa de la muerte en un accidente del batero original, Pablo Largo Caruso- y estribillos efectivísimos.
Ahora vamos a Grietas. Recién salido, perfecciona los ya muy buenos resultados de su predecesor. Presenta a una banda con mucha potencia, quizá gracias al combo de guitarras -afiladísimas, marcan la atmósfera sonora de los 13 tracks del disco- y a esa grata sorpresa tras los parches, que es el excelente baterista Javier Robledo. Todos los temas presentan un sano desarrollo que va más allá de la simpleza de la famosa estructura estrofa-estrofa-estribillo. El arranque es de lo más convincente, con De caer, Algen y Resto. Cielo Razzo ha evolucionado hacia un rock cercano al grunge -han contado en su momento, antes de tocar en Obras, que “la única vez que estuvimos ahí fue para sacar las entradas de Pearl Jam”- que no llega a ser alternativo. La fuerza y la redondez melódica de los estribillos -Santos, Barek- los hace a estos irresistibles, y el agregado de percusiones y teclados a la clásica formación rockera -dos guitarras + bajo + batería- les da a algunas canciones un toque de distinción que enriquece. Sin embargo, no se puede decir que sean una banda radiable, por cierta dosis de angustia que muestran muchos de los temas que componen Grietas (ojo, no todo es oscuridad). Desde mi lugar, no dudo en afirmar que Cielo Razzo terminará siendo una banda de estadios. Y que Grietas es uno de los mejores discos de este año que ya termina.

martes, 4 de diciembre de 2007

Las cosas que pasan de largo

Es tanta la música que hay a disposición de nuestros oídos que, sencillamente, el tiempo nunca alcanza. Al menos si sos una persona que gusta de investigar y buscar cosas nuevas (cosas nuevas significa cosas que todavía no escuchaste, no solo cuestiones musicales recientes). En ese camino uno va descubriendo músicas que lo llevan a otras, sumergiéndose en distintos géneros y subgéneros -fascinándose con unos y sobrepasando o directamente ignorando otros- y desarrollando sus conocimientos. Claro que, como dije al principio, el tiempo sigue corriendo y nadie está las veinticuatro horas del día escuchando música. Esto genera que muchas cosas pasen de largo y uno olvide posar sus orejas en ellas. O simplemente, que ni siquiera se entere de otras.
Mi caso con John Cale es extraño: por esas cosas de la vida, nunca me había dispuesto a investigar sus aventuras musicales más allá de la gloriosa Velvet Underground. Sí había escuchado algunas obras maestras que lo tuvieron como productor, como el primer disco de los Stooges o Horses, de Patti Smith -sí, el tipo siempre fue un visionario- y su homenaje a Andy Warhol a dúo con Lou Reed, Songs for Drella.
Hace unos días, entonces, me puse a buscar. La respuesta fue un disco de hermosa factura, al que llegué luego de averiguar un poco sobre su vasta discografía solista. Paris 1919 fue editado en 1973 y según un par de crónicas que leí -en inglés todas, me hicieron laburar- es su disco más accesible, más clásico. De seguro debe ser así, ya que teniendo en cuenta que Cale siempre fue un tipo que gusta de innovar por el lado de lo extremo y lo experimental, este álbum brilla dentro de lo tradicional.
En este caso, son canciones que se podrían enmarcar entre Sunday morning -Velvet Underground ’67- y Sad song, del Lou Reed de Berlin (no por nada fueron compadres musicales; de hecho, Berlin y Paris 1919 fueron editados el mismo año). O sea, estamos ante un pop de armonías y arreglos clásicos, ideal para cualquier marco cotidiano de tranquilidad (la principal diferencia con el citado disco de Reed). Encuentren por sí mismos grandes momentos como Andalucia, Paris 1919 o Hanky Panky Nohow. Yo estoy en eso... y voy a seguir averiguando.

viernes, 30 de noviembre de 2007

Música desértica para una década... desierta

Ya termina otra década. A la hora de sacar balances musicales, y pensar por qué se caracteriza, lo primero que se me ocurre es... por las vueltas. Vueltas a un sonido retro y retornos de bandas muertas hace tiempo ya, pero que dejaron un legado que ningún otro grupo de 2000 para acá pudo hacer olvidar (aquí, allá y en todas partes). Pensando en los grupos que -si se quiere- marcaron el ritmo de estos años, podríamos citar a los Strokes y White Stripes, más algunas bandas que ya venían de la década anterior como Radiohead, Red Hot Chili Peppers y Foo Fighters; y algunas locuras alternativas como Mars Volta, agregando la reciente explosión de Arctic Monkeys.
Algo corrida al margen, para mí, aparece la banda más personal de todas -palmo a palmo con el dúo White- y la más drástica en lo que refiere a concepto sonoro. Creo que son lo mejor que nos deja esta pálida década, llena de tributos y vueltas al pasado (algo que no está mal en su justa medida, pero que se transformó en moneda demasiado corriente estos últimos años). Hablo nada más y nada menos que de Queens of the Stone Age, un plan llevado a cabo por Josh Homme, que bien podría denominarse como combo musical. En todos los discos cambia la formación y aparecen muchos -y muy buenos- músicos invitados colaborando con el proyecto. En este caso, iremos a su disco de 2002, quizá el más conocido.

Songs for the deaf fue grabado entre marzo y junio de 2002 y editado en agosto del mismo año. Es el tercer disco del grupo y fue calificado por la prensa especializada como uno de los mejores discos de dicho año. Cada tema del álbum tiene un separador con un locutor anunciando el siguiente track, algo que ya hiciera hace unos años antes Attaque 77 (¿habrá escuchado Josh Homme Radio insomnio?). Según el mismo Homme comentaba a la salida del álbum: “el primer disco fue ‘distanciarse de Kyuss’, el segundo fue llevar nuestra música a otras áreas y este disco lleva eso un poco más lejos aún. He pensado en este disco desde el primero”. La otra cabeza del grupo, Nick Olivieri, decía: “Nosotros seguimos haciendo lo que hicimos siempre. O sea, la música que queremos oír pero que no conseguimos en las tiendas. Entonces la hacemos. No tratamos de satisfacer a nadie, no sé como hacer eso porque nunca he vendido discos, sabes a lo que me refiero, ‘¡escribamos un hit!’... No sé qué es eso, porque nunca tuve uno”.
Para la ocasión, el baterista del grupo –tanto en la grabación como en la gira de presentación del disco- fue el Sr. David Grohl, más conocido por sus trabajos en otras banditas de los noventa que supongo ustedes conocen. Entró temporalmente como reemplazo de Gene Trautmann y su estadía en la banda fue únicamente por esta placa (les comenté que en QOTSA los músicos van y vienen). Más que suficiente, podría afirmarse, porque el trabajo del foo fighter es impecable.
Pero claro que el disco no es ni por asomo sólo el trabajo del estelar músico invitado. El clima opresivo de cada uno de los temas, esa oscuridad tan violenta que presentan casi todos los tracks, es mérito del genio de Homme y el -ya ex- bajista Olivieri. Aún sonando casi como una antítesis al pop de difusión, lograron meter un par de pequeños hits en MTV: las gemas No one knows -quizás por su irresistible riff y su marchoso ritmo- y Go with the flow.
Etiquetarlos como stoner rock quizá sea algo injusto, pero a su vez ellos mismos desde su anterior banda Kyuss fueron pioneros de dicho género. Yo diría más bien que Queens of the Stone Age es rock desértico, saturado y paranoico, con algunos momentos cercanos al heavy metal y la psicodelia -los justos y necesarios- y una mínima dosis de pop e ironía que los vuelve irresistibles luego de un par de escuchadas (está claro que no son una banda de sencilla digestión. Digamos que son como comerte cinco hamburguesas con un vaso de agua).
Otro invitado del disco que se destaca -en realidad figura como miembro estable de la banda- es Mark Lanegan, uno de los cantantes más ásperos e interesantes de la década anterior, recordado por su trabajo con los Screaming Trees. Su participación resulta ideal para el estilo de los Queens -tan huraño como su voz- y resalta en uno de los grandes momentos del disco: Hangin’ tree.
Distintas razones por las que no debe faltar Songs for the deaf en sus discotecas -o PC’s-: el rock alternativo mixado con flamenco de First it giveth; la desaforada Six shooter; el clima de God is in the radio -ese solo sí que es stoner rock-; la sesentosamente convencional Another love song; la acústica Mosquito song, un poco de aire entre tanta gravidez... Bueno, ya saben.
Mejor escúchenlo enterito.

Pequeño Detalle 1: como siempre, en todos lados hay un argentino metido en el medio. En este caso, Paz Lenchantin –a esta altura, más yanqui que argentina, pero no importa- colabora en el disco metiendo cuerdas.
PD2: ¿sabían que los QOTSA vinieron a Argentina como soporte de Iron Maiden -cuando estos tocaron en Vélez- y fueron maltratados por el público, algo increíble si los escuchan un poquito? ¿Y que luego tocaron en Cemento para -solo- unas doscientas personas?
PD3: el último tema del álbum es Everybody’s gonna be happy, un justo homenaje a The Kinks.

jueves, 22 de noviembre de 2007

Cinco perlas del Camaleón

Una de las razones que me llevó a hacer el blog fue que veía que la mayoría de los blogs que ofrecen discos no emitían críticas respecto de lo subían. Si bien muchos guardaban y guardan cierto concepto a la hora de subir -como JS Free o Stay Free; por citar solo un par conocidos y, para mí, excelentes- en otros te mandaban discografías a rolete y sin explicación alguna (no voy a decir cuáles, jeje). Eso me parecía y me sigue pareciendo de poco valor, porque creo más interesante que te recomienden algo y después te dejen investigar, a que suban la discografía completa de un tipo que capaz tiene 34 discos. Dicha cuestión me llevó a armar todo esto: dar el pie y que después ustedes sigan buscando, si quieren.
El tema es que viendo los discos que David Bowie editó entre fines de los ’60 y todos los ’70… me dieron ganas de subirlos a todos. Para no ser cargoso al pedo, como en esos blogs que te suben discografías enteras sin un mínimo comentario o concepto, al final elegí cinco discos, casi consecutivos. Espero que sean inteligentes y si no los tienen, los bajen a todos (y después se los compren, por supuesto). Porque acá recomendamos, no subimos lo que piden o lo que sea para que entre más gente.

Space oddity (1969): El comienzo de la épica
Su primer gran disco. Acá empieza a mostrar sus pergaminos, con canciones heroicas como la que da título al álbum. Solo con ella alcanzaría, pero David se destapa con otros admirables momentos, como Letter to Hermione -de conmovedora letra- o los memorables nueve minutos de Cygnet committee, que termina con un Bowie desgarrador gritando “I want to live”. Quienes pensaban que Space oddity era solo una gran canción, no se olviden del disco que lleva el mismo nombre: un Bowie que quería vivir y nos empezaba a dar mucha música a nosotros. Y la música, vaya si es vida.
Otros grandes momentos: An occasional dream, God knows I’m good, Memory of a free festival.

The man who sold the world (1970): Las guitarras al frente
Si bien tiene puntos de contacto con su antecesor, sin dudas este disco posee una densidad más rockera. Probablemente, esto tenga que ver con las grandes bandas monstruo que comenzaban a explotar en esta época, como Zeppelin, Purple y Sabbath. Bowie -siempre camaleón- supo adaptarse a cada momento musical, y nunca desentonó. En esa nueva faceta guitarrera, se despacha con temones como All the madmen, Running gun blues y She shook me cold. Un dato para nada menor: este es el primer disco con la base de la banda que luego fuera The Spiders from Mars.
Otros grandes momentos: After all, The supermen, The man who sold the world (lo que yo pueda decir de este tema está de más ante semejante canción).

Hunky Dory (1971): Entrando al Olimpo
De este disco, sinceramente, no hay mucho que se pueda decir. Empieza con Changes, sigue con Oh! You pretty things, luego con Eight line poem. Pasa por Life on Mars?, a la que le sigue Kooks, para después llegar a Quicksand y Fill your heart. Después, llega el homenaje a Andy Warhol, y la Song for Bob Dylan. Queen bitch es la que sigue, y cierra con The Bewlay brothers.
¿Por qué no describo nada? ¿Por qué sólo enumero? ¿Por qué sólo los nombres? Justamente por eso. Porque Hunky Dory es perfecto. Y no me vengan con cinco estrellitas ni nada. Esto es la gloria de la música pop, en una de sus tantas formas. Y es una de las tantas manifestaciones musicales de maestría que nos dio Bowie. Y listo.
Si no lo tienen, sepan que son unos idiotas. Si lo ignoraron sin querer los perdono y les doy revancha, pero si lo dejaron pasar... fíjense de vuelta que algo está mal en sus cabezas.

Aladdin Sane (1973): Es un afano, suspendanlón (?)
Suponiendo que todos tienen Ziggy Stardust, pasamos al siguiente. Después de semejante disco como ése, siempre se espera algo peor. Pero la inspiración furibunda de Bowie en estas épocas saciaba los gustos de cualquiera. Arrancar con Watch that man fue una buena forma de acallar cualquier sospecha de que después de Ziggy no se podía mantener el nivel. Por suerte no fue sólo el arranque: Aladdin Sane está compuesto de 10 temas impresionantes, uno mejor que el otro. Si hasta ahora no destaqué el trabajo vocal de Bowie fue porque esperé llegar hasta aquí. Escuchen Drive-In Saturday, o Lady grinning soul -qué canción- y ahí me dicen qué tal. Además, la forma en que Bowie se desenvuelve en los temas más rockeros del disco confundiría a los que lo ven simplemente como un símbolo de los ochenta. Las pruebas: The Jean Genie y la humillante versión de Let’s spend the night together.
Otros grandes momentos: Time, Aladdin Sane, Panic in Detroit.

Diamond dogs (1974): Qué perros ni perros...
Después de un gran disco de covers (Pin ups, 1973) llegamos a otra obra bestial. Cuando entré a Wikipedia a buscar información sobre el disco y me encontré con una crítica que le pone dos estrellitas y media, no lo creí. Después, no me quedó otra que pensar que los periodistas de rock son todos unos estúpidos que no entienden nada -y encima resentidos, como dice Divididos: “el periodista que se muere por tocar”- y no valoran el concepto de un genio en estado de gracia. Los 11 temas que componen Diamond dogs están entrelazados, musical y conceptualmente -algo parecido, por ejemplo, a Dark side of the moon- y mayoría de ellos tienen su origen en 1984, de George Orwell. Para este disco se da un hecho clave: aquí ya no están los Spiders; y Bowie se hace cargo de todas las guitarras.
Grandes momentos: Rebel rebel, We are the dead, Sweet thing, Rock n’ roll with me, 1984.

Justo me enteré que hoy se celebra el día de la música. Creo que es un digno homenaje a ella.

lunes, 19 de noviembre de 2007

Punk stone

Siempre me causó muchísima gracia que los punks detesten a los Rolling Stones. Me parece lo más estúpido del mundo, porque lo creo el subgénero más influenciado por Jagger & Cía. (junto al glam y en menor medida el hard rock). Si uno busca en las raíces, y quiere ir antes del ’77 -a los Stooges por ejemplo- es innegable que esa mugre es muy stone. Y los mismos Sex Pistols deben mucho de su sonido a los Rolling también. ¡Ni hablar de los New York Dolls! Por lo tanto, es un misterio que nunca comprenderé muy bien esto del odio (y eso que ni cité que los mismos Ramones o Patti Smith también eran fanáticos).
La cuestión es que no les voy a hablar de los Stones, sino de los Heartbreakers, una eminencia del punk-glam-rolinga. Los Rompecorazones fueron idea de Johnny Thunders, uno de esos grandes perdedores de la historia del rock, luego de la disolución de los citados Dolls. Quedaron de dicha banda Thunders (voz y primera guitarra) y Jerry Nolan (batería), a los que se agregaron Walter Lure (segunda guitarra y voz) y Billy Rath (en bajo, puesto que en un principio había ocupado Richard Hell, recién salido de Televisión, pero dejó rápidamente para formar los Voidoids).
Editaron un solo disco de estudio, L.A.M.F. La sigla significa Like a Motherfucker, y era -supuestamente- bastante utilizada por los jóvenes neoyorkinos de la época. Nunca mejor puesto el nombre, porque solo unos hijos de puta como ellos podían hacer un disco tan mugriento. Los cuatro músicos hicieron sus propias mezclas y el resultado fue un grandioso quilombo. Las críticas de la época elogiaron las canciones, su ejecución presurosa, esa urgencia, ese instinto... pero destrozaron la mezcla. Nadie comprendía el por qué del caos sonoro. De todas formas, el disco se transformó en un suceso del otro lado del Atlántico, en el Reino Unido, que en ese momento estaba invadido por esa música sucia que ellos tan bien hacían.
Por lo general, los temas abordan historias de amor (I love you, I wanna be loved) y drogas (la perla Chinese rocks, escrita por Dee Dee Ramone: una oda a la heroína, droga por la que compartía pasión con Thunders). La canción más conocida es casi una síntesis de la vida de Johnny: Born to loose.
La vida del grupo fue tan intensa como el disco, y eso les valió la separación en el mismo 1977. El primero en irse fue Nolan, que no estaba de acuerdo con la mezcla final. Lo siguieron Lure y Rath, que se volvieron a Estados Unidos.
Lo que aquí les dejo es la versión editada en 1994, con las mejores mezclas disponibles.

martes, 13 de noviembre de 2007

Post punk

Después del trabajo que me generaron sendos post de Pink Floyd y Keith Richards, ahora no me pienso gastar nada. Sólo les digo que escuchen este discazo de John Lennon y se rindan ante él. Si quieren un poco más de info, les dejo links a Aloha y Wikipedia, con un poco más de data. Yo, me cago en todo (pero me cago en todo con amor, como dice Calamaro).

martes, 6 de noviembre de 2007

LMEDA Records Presents: The Best of Keith Richards Sings

La Música es del Aire Records presenta su segunda compilación. Tras el abrumador éxito (!) obtenido por el compilado 15 Canciones para la Primavera, llega una grandiosa colección de canciones. Estamos hablando nada menos que de una leyenda viva del rock mundial, el Sr. Keith Richards. Gigante guitarrista; aspirador de padres; padre de piratas; trepador de palmeras; amigo de la policía; hombre de transfusiones (!!!). Todo eso es el bueno de Keith.
Sin embargo, aquí destacaremos un aspecto no tan resaltado de su majestuosa carrera. Las canciones que componen este rejunte musical son cantadas en forma increíble por este anciano londinense y su borrachísima y añeja voz. Aquí están todas las songs a las que le puso la voz como parte integrante de los Stones, mas un par de bonus de mi gentileza. Y para que no se enoje el bocón, al final les dejo otro regalito más que bizarro.

Nota 1: El disco está dividido en dos partes pero la numeración de las canciones sigue subiendo. O sea, el disco dos no arranca del track 1. Vale la pena que unan ambas partes.

Nota 2: Entre las canciones aquí expuestas se encuentran algunas en que el amigo Richards comparte los créditos vocales con Sir Mick Jagger. No se incluyó el tema Salt of the Earth porque el autor del blog consideró mínima la participación vocal del hombre calavera.

LAS CANCIONES:

Parte uno:
1- Little T&A
2- Something happened to me yesterday
3- Wanna hold you
4- Too rude
5- Coming down again
6- The nearness of you
7- Before they make me run
8- You got the silver
9- You don’t have to mean it
10- Sleep tonight
11- Happy
12- Thief in the night
13- How can I stop?

Parte dos:
14- Can’t be seen
15- Infamy
16- All about you
17- Memory motel
18- This place is empty
19- The worst
20- Gimme shelter
21- Slipping away
22- Thru and thru
23- Losing my touch
24- Girl of the North Country (Bob Dylan cover)
25- Happy (con Sheryl Crow)
26- Bonus track