Después de unas vacaciones -sin ir a ningún lado, por supuesto- aquí estamos de vuelta. El motivo musical que hoy me lleva a escribir es el cumpleaños número 58 del señor Luis Alberto Spinetta. En tiempos donde se recuerdan sólo las muertes, me parece un poco más interesante celebrar a los vivos; y más si se mantienen en tan buena forma. Porque Spinetta, quién puede dudarlo, sigue manteniendo un nivel artístico que pocos de los de su generación -y por supuesto, de las posteriores también- han podido mantener. Es, creo yo, -junto a Charly García- el tipo más importante dentro del rock argentino: por su calidad compositiva; por tener voz propia -no me refiero a su increíble forma de cantar, más bien a su estilo musical, globalmente hablando, único-; por el cambio constante que le imprimió a su carrera sin perder su esencia; por la fuerza poética de sus letras; ¡por esos acordes!Y por hacer siempre lo que se le cantó. Pocos pueden jactarse de eso. El Flaco siempre se ha mantenido al margen de todo, y aún siendo uno de los músicos más importantes del país, nunca fue muy popular. Sin embargo, siempre se mantuvo activo, desde su rincón, con sus canciones. Con aciertos y errores, nadie puede negar que Spinetta es un artista único, y tenemos la suerte de que nació en Argentina.
Mi pequeño homenaje para él, es hacerles escuchar a ustedes una magnífica obra que se encuentra inexplicablemente descatalogada (no sé si esto cuenta como regalo, pero bueno, hice lo que pude Luis). Hablo de Kamikaze, editado en 1982. En este disco, Spinetta rescata once grandiosas canciones compuestas en diversos períodos -en la franja de años 1965-1978- para darlas a la luz en versiones minimalistas, en las cuales es acompañado sólo por su guitarra y los climáticos teclados de Diego Rapoport.
La única canción pre-Almendra que hay en Kamikaze es Barro tal vez, que fue compuesta por el Flaco a sus quince años de edad... Y uno lee esa impresionante letra, escucha esa profunda música, y se rinde ante la evidencia de que Spinetta es un iluminado. Sin dudas, esta canción supone el momento más sublime de la conjunción entre el rock y el folklore por estas tierras. Y era, paradójicamente, uno de los temas favoritos de Luca Prodan, quien decía que los verdaderos rockeros argentinos eran los folkloristas que se tomaban cinco damajuanas de vino y tocaban chacareras toda la noche (Barro... está en 6/8).
Siguiendo la cronología, está Ella también -de 1969- una pieza que iba a ser parte de la ópera fallida de Almendra. En cambio, es una hermosa canción de amor de este disco, definitivamente una de las mejores que haya escrito su autor (y eso es decir mucho). Más simple pero menos épica es Quedándote o yéndote, otro tema que cualquier músico que se precie como tal desearía haber compuesto.
Es inevitable sentir a Kamikaze como una placa melancólica, incluso siendo las canciones que lo componen de épocas tan diferentes -y supongo por eso, disímiles- para su autor. Casas marcadas, Y tu amor es una vieja medalla o ¡Ah!... Basta de pensar -otro momento soberbio- son, definitivamente, obras que llevan ese sentimiento impreso en música y letra. Quizá haya una intención conceptual de Spinetta en el rescate de estos temas para su edición en disco. Pero eso es sólo una suposición estúpida de mi parte.
También hay en el álbum lugar para un homenaje a Tupac Amaru, dividido en dos partes: Águila de trueno, I y II. Respecto del tema que da título al disco, rescato un fragmento del recomendable libro Martropía, conversaciones con Spinetta de Juan Carlos Diez, y me despido:
- En el texto que escribiste para tu álbum Kamikaze, de 1982, te preguntás si ya no hay más kamikazes de la vida creativa.
- Sí. El término “kamikaze” está utilizado para gente que se juegue por lo creativo. Es una pregunta que hice y creo que hay ese tipo de kamikazes, aunque me da la sensación de que cada vez menos. Ahora lo más estándar y lo más seguro es lo que pega con la gente. Y, en general, a través de estas ideas no se provocan hechos artísticos. No es que los guíe una intención mala, sino que simplemente no hay ningún resultado musicalmente bueno.
- ¿Vos te considerás un kamikaze?
- La del kamikaze creativo es una visión romántica. Aunque un disco como Kamikaze es un disco bastante kamikaze, por los temas que tiene. Pero eso fue antes y después de aquel disco. En última instancia, siempre fui un kamikaze creativo, pero por tomar decisiones en ciertas y determinadas cosas. Por lo tanto, simplemente me limito a seguir ese curso de acción. No me detuve a pensar en otras formas más allá de mi deseo artístico. Y si eso me hace ser medio kamikaze, bueno, debe de ser así, pero no es que me lo proponga sino que sigo de cerca los acontecimientos. No podría cambiar esas cosas de mi vida.
(Feliz cumpleaños, Flaco. Gracias en serio).








