viernes, 17 de febrero de 2017

Atrás Hay Truenos: poner el cuerpo y el bocho en acción


En septiembre de 2016 vio la luz Bronce, el disco más enigmático, profundo y logrado en la trayectoria de Atrás Hay Truenos, grupo de músicos neuquinos que se asentó en la Capital Federal hace ya varios años. Bronce es además un álbum maduro y pensado, insinuante y elusivo, épico desde la sumersión. Desde la primera vez que lo escuchamos nos dibujó un gesto de sorpresa y admiración, y su calidad se mantiene mientras los meses se suceden: parece ser una obra de esas que atravesarán el tiempo sabiéndose perennes, invencibles.

Por eso esta charla con Roberto Aleandri, cantor, guitarrista y compositor del cuarteto que expandió su universo luego de casi tres años de experimentación, trabajo intensivo -al borde de la obsesión- en el estudio y resultados lógicos para con esa búsqueda maniática. Por si hace falta repetirlo, la siembra dio sus frutos.

Fue lógico, entonces, encontrar en Roberto a un tipo lúcido con quien hablar tres horas de corrido de un universo tan amplio, siempre en torno de la música de los Truenos: los procesos de un disco, la recepción del público, las colaboraciones externas, la entrega del cuerpo en pos de la obra, la idea de construir un circuito de música alternativa en todo el país. Ideas, buenas ideas. Y lo mejor: que se proyectan, pero también se llevan a cabo.

Aquí, la primera entrega de esa charla estimulante:

ZONA DE PROMESAS
Recién vuelven de una gira por el sur del país. ¿Cómo los tratan cuando vuelven a Neuquén, su ciudad de origen?
Neuquén está clavada culturalmente, es un desastre. Es la ciudad más grande de la Patagonia, pero no hay por parte del municipio de la ciudad ni por parte de Cultura de la provincia ninguna intención de fomentar la cultura ni de generar espacios. Todo lo contrario, cierran lugares. Nos costó muchísimo organizar la fecha para tocar allá, fue la última que confirmamos.

¿Tenían toda la gira por el Sur menos la fecha en su ciudad?
No había lugares: los teatros que hay en la ciudad estaban cerrados por todo enero. No sé por qué, es el momento en que más gente hay. Es realmente triste, porque no es así en las otras ciudades. Por ejemplo, en General Roca, ya hace dos o tres años que vienen haciendo el Rock al Río. También está el festival de San Martín de Los Andes, El Primer Color; el Prisma en Bariloche; y el Mucho Gustok en Meliquina, una localidad entre Bariloche y San Martín de los Andes.

Claro, hay un circuito de festivales ya.
En Bariloche no tocamos en el festival Prisma, pero nos organizaron una fecha los chicos de Mapache Records, que son varias bandas de allá. Hay una movida de rock impresionante. Las fechas estuvieron increíbles, hubo una onda... gente, predisposición, el arte cuidado. Y en Neuquén fue lo opuesto. Lo hicimos nosotros en un boliche, fue el único lugar que conseguimos y, como no pasa nada en la ciudad, mucha gente arrancó y se fue para los festivales. Nos fueron a ver a Roca porque era gratis, al aire libre, a la tardecita, al lado del río, con un supersonido...

Era más tentador el festival.
Claro. Nosotros buscamos la manera de generar algo en la ciudad que se una a todo lo demás, porque están pasando cosas increíbles en todas las ciudades del país, festivales que unen a bandas de todas las provincias. En diciembre tocamos en Santa Fe, en el festival Creciente Magnética: bandas de Rosario, de Córdoba, nosotros. Y está pasando porque hay gente joven con una visión, que quiere cambiar el mundo. Pero bueno, nuestra ciudad está atrasada 25 años.

¿Cuál es la razón por la que pasa eso?
Es la idiosincrasia del petróleo. Mucha gente vive del petróleo: hay mucho dinero para algunos y poco para muchos. Entonces hay una idiosincrasia del dinero, es bien oscura la onda. Y la cultura está relegada, obviamente. El estado provincial está concentrado en Vaca Muerta [el mayor yacimiento petrolífero de Argentina]. Cualquier cosa que se haga tiene ver con eso, para robarse todo y destruir todo. Viene sucediendo hace años. Hablamos con músicos de allá para forjar algo, decir “bueno, man, empecemos un pequeño festival, una vez al año”.

Y ¿hay un movimiento de bandas para poder hacerlo?
Sí, sí. La ciudad está creciendo mucho pero sigue siendo algo chico, igual. Tiene sus pequeños circuitos: hay muchas bandas de punk y de heavy metal. También una movida alternativa, más reducida, que es en la que nosotros entraríamos. Está el sello Jungla Discos, que empezaron hace poco. Ellos son los que están activando ese costado alternativo, por ponerle alguna etiqueta. Y con ellos es que queremos armar un circuito y llevar cosas de afuera también, para nutrir a la ciudad de cosas nuevas. Cuando yo era chico, cada vez que iba una banda de Buenos Aires era decir “vamos”, no importaba quien toque. Porque también, vos vivís en Neuquén, tocás tres meses y ya está: fueron tus amigos, alguno que otro más y se acabó. Es acotado el circuito, no es tan fácil.

No podés hacer tres shows por mes, por ejemplo.
Olvidate, una sola fecha y ya es bastante. Es mucho más difícil en ese sentido, por eso es importante nutrir a la ciudad de cosas nuevas. Para sumarse a la región, darle un contexto más grande. La misma banda puede tocar sola, después con una banda de otra ciudad... es fundamental.

Y a ustedes en particular, ¿les jugó a favor irse? ¿Los va a ver más gente cuando vuelven o no?
Ahora estuvo re tranqui, no fue mucha gente. Pasó lo que decía, que fue gente a San Martín y a otras ciudades. Pero antes de venirnos a vivir a Buenos Aires, nosotros tuvimos dos años fuertes. Habíamos tomado un teatro... no tomado ilegalmente (risas), sino que teníamos un lugar fijo, muy buena onda con el dueño, que era un muchacho del mundo del teatro, copado total. Y nos había dado bandera blanca para que hiciéramos lo que quisiéramos en un teatro hermoso. En esos dos años, 2006 y 2007, fue que llevamos a Él Mató, ahí nos invitaron al sello [se refiere a Laptra Discos]. Y en ese momento empezaron a ocurrir un montón de cosas cada vez que tocábamos: fiestas donde invitábamos gente a pasar música, bandas que traíamos de Buenos Aires (lo que también nos sirvió a nosotros de link para venir a tocar acá). Nos tomamos el laburo de empapelar la ciudad con afiches, toda una movida. Fue una pequeña ebullición que hubo en la ciudad, y el mejor momento nuestro allá. Recién después de eso nos invitaron de Mamushka Dog Records a participar del sello, del netlabel.

¿Ahora los miran de reojo?
Hay como un recelo. Como es tan chico todo, la gente imagina cosas raras. Por ejemplo: te ve que tocás acá en Buenos Aires y se piensa que vas a ir al programa de Susana Giménez (risas). Reniegan de algo que no existe, es un garrón. Por eso a nosotros nos cuesta un huevo ir a tocar a Neuquén ahora, es rejodido hacer una fecha. Porque son pasajes, un montón de dinero que hay que cubrir... e iba más gente cuando estábamos allá que estando acá, que sacamos los discos. ¡Estando allá no teníamos ni un disco! No sé, quizá cambie con el tiempo. Tal vez, con esta idea de unir todo, aunque sea desde acá empezar a formar algo allá. Porque es increíble, hay bandas impresionantes en todas las provincias, están todos viajando para todos lados, intercambiando, y allá no está sucediendo. Y es una pena porque se pierde lo que está pasando, porque hay grupos, está GiroAngular, que es una banda impresionante de electropop, o Vidafuego, ambas del sello Jungla. Y estaría buenísimo que ellos puedan venir acá porque allá no hay espacios, es acotado, y tampoco se puede cubrir que vaya alguien a tocar. La idea, entonces, es empezar por ahí, y presentar algo a Cultura del municipio o de la provincia para que apoye un poco. Sobre todo ahora, que Neuquén, Catamarca y Godoy Cruz (Mendoza) fueron declaradas ciudades culturales de este año por Nación.

Significa que el gobierno nacional les baja una plata extra para organizar eventos culturales.
Recibieron fondos, sí. En Neuquén ahora se hace la Fiesta de la Confluencia y va a tocar Kevin Johansen, no sé. Toda una lista de artistas [Turf, Airbag, Miranda!, Los Pericos] que pagaron con ese dinero, una fiesta millonaria. Es gratuita y la gente va, pero no es un espacio para la nueva cultura en absoluto. La cultura de la ciudad queda relegada por competo.

Esa idea está muy arraigada con la ideología de este gobierno, sobre “lo que funciona” y lo que va a pérdida.
Sí, y el gobierno neuquino está ligadísimo al gobierno nacional, con Vaca Muerta... firmaron unos convenios y van a destruir todo. Pero bueno, la idea es generar otra cosa, algo que pueda perdurar con los años para que las bandas -no nosotros en particular, cualquiera- puedan ir y venir. Que Neuquén entre en el circuito de la cultura nacional, que está hermoso: Córdoba, Santa Fe, Rosario, Mendoza, Mar del Plata, Tucumán, Formosa, Misiones... todos. ¡Somos la única provincia que está aislada!


PENSAR EL ARTE PROPIO DESDE LO AJENO
La tapa de Bronce es una obra de Ariel Mora, Variables. ¿De quién surgió la idea de incluirla?
Ariel es un artista plástico de Neuquén que está acá en Buenos Aires hace un par de años. Nos conocemos de allá, era la única persona que bailaba en nuestros primeros recitales en Neuquén (risas). El único que, creíamos nosotros, entendía nuestra música. Después nos cruzamos acá y se me ocurrió -durante el proceso de grabación del disco- sumar a alguien de afuera para eso. Los artes de los discos anteriores los había trabajado más Tito [Héctor Zuniga, el baterista]. Es diseñador y con su novia y su cuñada tienen armado un grupo de artistas plásticos. Pero la idea fue agrandar un poco más el universo de la obra, así como hay invitados que tocan otros instrumentos y hay más productores. Y pensé en Ariel. Se lo dijimos hace como dos años y enseguida se copó. Le habíamos mandado los demos, ni siquiera los temas del disco.

Y ¿qué eran los demos respecto de lo que salió del disco?
Unas versiones... (se ríe). Algunas canciones similares a lo que salió y otras, muy distintas. Pero bueno, quedó todo en stand-by dos años y nos juntamos antes de que saliera el disco. Hicimos unas reuniones con él para charlar, para pensar. Queríamos hacer algo simple, por idea de él, que es un artista de la cultura pop y maneja la simpleza. Pensábamos en algo que quedara, que lo ves y no necesitas que diga nada.

Bueno, es simple pero tiene un componente enigmático...
Sí, justamente, no hay nada que te cierre. Y como somos muy fanáticos de la obra de él y la conocemos, le propusimos que directamente fuera una obra lo que esté en la tapa, más allá de pensar algo. Nos trajo varias para elegir e hicimos las sesiones de fotos buscando, y la que quedó era una foto de prueba. Hicimos como 600 fotos sobre tres obras de él y ésa es la primera o la segunda que sacaron para ver la luz. Siempre es un momento crucial el del arte de tapa.

Y ¿le encontraron alguna relación a la tapa respecto de la música?
Yo lo pienso así: me parece bastante gráfico y muy correspondiente con la construcción sonora que tiene el disco, que es de capas. También tiene mucho que ver con nuestra primera grabación, aquel EP muy viejo que era medio gráfico y geométrico. Siento que las tapas están relacionadas: se une el principio y lo más reciente, lo que hasta ahora es el final.

¿Eso les pareció a todos o es una impresión tuya?
No, es más un flasheo mío, posterior a la salida del disco. No es que lo vimos desde antes ni fue una idea para decidir si era la tapa del disco o no. La decisión de la tapa, viendo el material que teníamos y todo, fue elegir lo que nos pareciera más bello y que no tuviera una unión tan sentimental o lógica con la música. Incluso con la misma música pasa eso.

REVISIONAR
¿Van mutando también las apreciaciones sobre la música?
Sí, totalmente. A mí me duele mucho escuchar la música que hago.

¿Te duele?
Sí, me resulta una tarea durísima escuchar mi voz. Pasa más por no gustarse. Yo no me considero ni un gran artista ni un gran cantante, más bien tengo una visión artística sobre mí... de fracasado. Lo veo más por ese lado, pero no lo digo por falsa modestia ni para generar lástima en nadie, yo me veo así y busco, quiero más todo el tiempo.

A la larga, ese inconformismo termina siendo el motor para crear.
Me cuesta la tarea de escuchar la música grabada que ya está en un disco, pero también lo hago porque me gusta revisionar lo que hice. Estoy constantemente escuchando demos o los mismos discos. Bah, no constantemente, pero les voy dando su lugar y pienso cosas. Me lleva de vuelta a lugares, a decisiones, a ambiciones que tuve en ese momento para que eso esté ahí. A veces se refuerza y a veces no y te quebrás, también: “podría haber cambiado algo”.

Bronce es un disco que contiene un universo amplio, encima...
Me pasa en este disco, pero menos. Porque me di el gusto, justamente por esta tarea de revisionar y estar atento a lo que hice antes. Para que no sea algo que ya está, que lo hacés y no importa más. No, lo hiciste y eso te va a seguir toda tu vida, o sea: vos grabás un disco y es para toda tu vida. Y para Bronce, tenía la decisión en mi corazón y en mi mente de darlo todo, tomar el tiempo que fuera necesario. Grabar la cantidad de veces que quisiera la misma guitarra, la misma voz. Cueste lo que cueste, no me importaba. Entonces eso de “se podría haber hecho esto así” sigue estando, porque llega un momento en el que decís “esto tiene que salir, se termina acá”.

En particular este disco, que les tomó casi tres años.
Sí, dos años y medio de actividad intensa. Y bueno, es como que costó también, pero pasó en menor medida y en otros aspectos. Creo que ahora tengo más consciencia sobre la composición de la música a la hora de ir a grabarla, algo que siempre fue más inconsciente. Son experiencias muy distintas, pero...

Pero respecto de lo técnico imagino que no tenés objeciones. ¿O sí?
Y... sí, porque tampoco sabés todo, vas aprendiendo. En este disco hicimos cosas que por ahí las veo y digo “uy, convendría haber esperado para esto”. Fuimos a premezclar a El Pie, un estudio hermosísimo pero bueno, es caro. Y tal vez era una tarea para bancarla un poco. Nosotros pensábamos que nos íbamos con el disco de ahí y no. Faltaba un montón. Pero por impaciencia... me hubiera gustado hacer eso al final del disco, mezclarlo en una consola, bien. Es difícil, es una gran película un disco.


BUSCAR EL SONIDO, PONER EL CUERPO
Encontré un dicho de Tito, en una nota vieja. Te lo cito: "solemos tenerle miedo al estudio, pensamos que cuando todo está tan organizado para hacer una determinada cosa, ésta no sale naturalmente como nosotros queremos". ¿Esa noción no cambió después de encerrarse en el estudio tanto tiempo?
¡Es una buena apreciación, sigue vigente! No cambió en absoluto. Antes pensaba que era como autoboicot o algo así, pero tiene que ver con nuestra naturaleza. Como conjunto funcionamos así, es necesario que las cosas fluyan de manera natural. Y en este disco, más allá de que tardó tres años, fueron tres años de esa búsqueda. Por eso también se tardó lo que se tardó, porque tuvimos un montón de sesiones de estudio donde por estar buscando un ángel que pasara en ese momento... no dijimos “hoy vamos a grabar este arreglo”. No. Fuimos, llevamos las guitarras y buscamos el sonido ahí. Buscando una sorpresa de la música, esa cuestión natural que es la que te enamora. Porque cuando vos escuchás un disco de alguien, o la música que te llega, esa música te sorprende, te cambia, te atrapa.

Bueno, acabás de decir que es “una gran película hacer un disco”.
A mí se me ocurre pensar en la grabación de un disco como en la filmación de una película, digamos. Porque es algo más profundo que ir a grabar un día... o no, hay discos que pueden grabarse en un día y ser mágicos. Es difícil saber cuándo una cosa puede ser de una manera u otra. Creo que la manera de saberlo es que la naturaleza lo presente así, estando en el momento, haciéndolo. Todo lo va dictando, si te gusta y te interesa, esa cuestión artística de que no sea algo... te di el ejemplo de las películas porque existen las maneras y los formatos de hacer un disco o una película. Desde lo técnico, desde lo artístico, hay diferentes maneras de hacer, y es difícil saber cuál es la tuya para un disco particular. Porque no va a ser lo mismo al grabar el próximo. O sí: no lo sabés hasta que estás ahí haciéndolo y estás atento a la naturaleza de los sonidos, al lado salvaje de eso, a lo inesperado.

¿Hubo mucho de inesperado esta vez? ¿De momentos reveladores?
Hubo muchos momentos reveladores que nos fueron llevando hacia lo que es Bronce. Como sacar una batería completa: tomar la decisión de decir “esta batería no va más”. Y de golpe, tener una canción que estaba completamente terminada y que vuelva a estar por la mitad.

Y ¿Tito que decía ahí?
Tito, el dueño de la frase, aceptó. Fueron tres años, entonces hubo varios momentos así. Y lo que hizo que el disco se terminara también fue llegar a un límite físico, mental. Y de sonoridades, de decir “bueno, el disco es así, ya está”. aceptar que esa era la obra. Teníamos ganas de pasar a otra obra para tener otra chance más. Porque te podés morir, es real eso: la música -o cualquier arte- mata gente.

¿Llegaron a un nivel de tensión complicado?
Yo sí, personalmente lo viví con mucha intensidad. Con todos los discos me pasa, siempre viví las grabaciones de discos así.

Bueno, te he leído decir que “en los discos se la pasa mal”.
(Se ríe). No quiero que sea tan... es así, es algo intenso hacer un disco. Entonces, las cosas intensas son muy bellas y a veces... no son tan bellas. Hay muchos días malos en la grabación de un disco.

No podés escapar de la cotidianidad de la vida.
Claro, y sobre todo cuando estás más tiempo. Es la primera vez que nos tomamos tanto tiempo para hacer un disco, así que experimentamos esto por primera vez. Llegó un momento en el que estaba volviéndome un poco loco. Siempre me había vuelto loco pero en este caso, mi cuerpo, más allá de lo mental, ya pedía. Porque no dormía, o me despertaba con las sesiones en la cabeza. Me sé todos los canales del disco de memoria.

O sea, escuchás el disco y podés ubicar todo.
Absolutamente todo, conozco absolutamente todo el disco. De hecho, ya empecé a laburar en un disco de remixes. La idea es que esté para este año, de cada canción una versión distinta. Sería remezclas y versiones, porque hay versiones también. Hubo un período que lo trabajamos con Juan Cruz Palacios oficiando de productor, fue todo un año que laburamos mucho nosotros dos. Nos juntábamos todos los días: armamos una nave con sintetizadores y un par de aparatos más, y estábamos internadísimos, no nos sacaban de ahí ni con la policía (risas). Era prácticamente todos los días de la semana. Y bueno, ya en ese momento lo visualicé, porque veníamos transformando todas las canciones y dejando versiones atrás. Se lo comenté a Juan y me dijo “por favor”.

El disco les dio material de sobra.
Hay aproximadamente 150 gigas de sesiones de grabación, lo cual es una barbaridad.

Y eso, ¿cuánto significa en canciones? ¿Entre 10 y 15 versiones de cada una?
Mirá, ponele que son las nueve canciones. En una sesión organizada y normal, donde tuvieras los archivos específicos de cada canción, tenés algo así. Un poco menos, entre ocho y 10 versiones o instrumentaciones distintas por cada canción. Hay que revisar el material, lo quiero hacer con tiempo.

¿No te pasa lo contrario, de querer sacarlo rápido después de trabajar todo este tiempo?
No me voy a enroscar tanto, la idea es que salga este año pero hacerlo respetuosamente, porque son tres años de trabajo. Buscar esa misma sensibilidad que se buscó en el disco, ese cuidado. Hay mucho material muy hermoso, que costó vida y cuerpo, que merece ser escuchado. Es algo que se puede compartir.

*Atrás Hay Truenos continúa presentando Bronce este sábado en Xirgu Espacio Untref (Chacabuco 875, CABA, más información acá). Sobre el show -que abrirán el ruso Julián Desbats y la excelente banda rosarina Mi NaveRoberto cuenta: “es una presentación especial y queremos hacer varias así durante el año. Estará invitada Rosario Bléfari y la banda está extendida a una versión con percusionista y con más músicos”. 

[Fotos de Atrás Hay Truenos por Carlos Castel y Maron Barberis (en vivo)]

2 comentarios:

somos mapaches dijo...

hermosos los truenos

Anónimo dijo...

Si bien en Neuquen existe el problema que desde el estado no hace nada por el arte regional, hay algo que comenzo en los 70s en el mundo y se llama "HAZLO TU MISMO", no hay que esperar a nadie ni nada para poder hacer lo que te gusta, hay una movida contracultural muy grande que mantiene viva la llama, desde teatro, fotografia, artistas plasticos y en cuanto a la musica desde el stoner, blues, hasta el techno y psychedelic trance. Como tambien las grandes luchas sociales para mantener espacios vivos y generar nuevos. Me parece que a esta banda le falto curtir la calle y unirse a otros colectivos artisticos. No se coman el viaje de palito ortega chicos y de ultima sumen.