miércoles, 2 de noviembre de 2016

Gastón Massenzio: de nuevo otra voz


Esta charla con Gastón Massenzio sucedió hace algunos meses en un recreo laboral de ambos, y tras casi un año de intercambio. La mano arrancó en pleno verano de 2016, en otro receso con encuentro y charla que no fue grabada. Hubo revancha, lógico, porque Gastón tenía mucho por contar y nosotros queríamos registrar todo aquello que no está dicho en la música (aunque los procesos de un músico sugieran bastante).

Seis años de búsqueda en el mundo de la canción, en distintas vertientes -él mismo se define como noventista en sus inicios y algo más cercano al folclore argentino en La presencia, su disco más reciente, editado hace exactamente un año-, siempre con buenos resultados. Y una palabra que puede haber pasado por alto en la primera oración de este párrafo pero es cierta: búsqueda. De un sonido distinto, de la palabra en su idioma, de una voz que, descubrió, puede ir más allá de lo que creía. Del estudio como laboratorio sonoro, de los colegas como fuente de inspiración, de los maestros y los alumnos.

Sí, había bastante para hablar.

EL REPOSO PREVIO AL SALTO
Venís editando un disco por año desde 2010. ¿Éste va a ser el primero sin nada?
Este año me propuse aguantarme las ganas de sacar un disco, fue al revés. Saqué el Tributo a Elliott Smith en 2010, al otro año un EP [Las formas], al otro, otro EP [Lyd]. Ya en 2013 el primer álbum [Lapsus] y en 2014 y 2015 los siguientes [Otra luz y La presencia]. Y dije “bueno, ahora me voy a tomar un respiro”. Sobre todo por un tema económico, porque sabía que si me embarcaba en esa movida después iba a tener que estar a la altura de las circunstancias. Vengo mezclando y masterizando los discos bien, sacando discos bien producidos, entonces sabía que iba a tener que esperar un poco.

Además, los últimos vinieron con muchos invitados.
Siempre son amigos, gente que admiro y con los que compartimos fechas y tenemos un vínculo de amistad. Pero claro, eso también te lleva toda una movida y se hace una cosa más grande. Entonces, lo que voy a intentar para esto nuevo es cerrar un poquito la fila y hacerlo como un proyecto solista pero de banda. La banda, con la que toqué en el Festival Ciudad Emergente, la integran Juan Irusta en bajo -con él toqué mucho este año-, Sebastián Briganti en percusión y Mariano Poc en cello. La idea es grabar en el verano de 2017, muy probablemente en Kimono Studio de Claudio Lafalce. Tenía la idea de hacer un disco al estilo power trío, pero al final va a ser un disco folk, experimental y con la sonoridad propia de esta formación, investigando en distintas afinaciones y patterns rítimicos y yendo hacia nuevos rumbos. Estamos muy entusiasmados y no sé en qué decantará... ellos van a tocar en el show del 4 en Café Vinilo también, claro.

¿Ya tenés todas las canciones?
Sí, tengo muchas. Quiero que tenga una idea conceptual, no juntar canciones sueltas. Estoy viendo cómo darle una ilación y una continuidad estética y que a la vez haya un cambio con lo anterior. Lo que se hizo ya se hizo, quiero ir para otros lugares. El primer disco fue casi todo en inglés y con un sonido más noventas, o algo así. Y al segundo y el tercero, si bien los veo muy distintos, tienen cierta continuidad en cuanto a que aparece una personalidad más marcada.

¿Puede ser que eso tenga que ver con que empezaste a escribir todo en español?
Sí, empecé a darle forma a todo lo que yo escribía en mi casa y antes no ponía en canciones. Quedaba en un lugar de relato, poesía o sueños anotados. Hice un taller literario que era muy lindo, y ese trabajo me llevó a reconciliar la canción con mis letras, como una especie de encuentro. Me amigué con el idioma. Ya cuando saqué el primer disco me sentía muy ajeno a eso, me quedaba viejo. Y lo que me pasa ahora es que hay un intermedio en este último disco que es el cambio de registro en mi voz. Algo que yo empecé a llevar también al laburo en el estudio, utilizar otro registro de voz de cabeza, más alto, y ahora estoy usando mucho eso para mis canciones. Va a haber un cambio notorio.

Y ¿lo llevás a lo viejo a la hora de tocar?
Lo viejo está en un modo, entonces no lo puedo correr tanto. Ahora estoy escuchando mucho Queen, Jeff Buckley o Rufus Wainwright, entonces estoy tratando de que esas influencias que tengo estén mucho más presentes en la música que hago. Ojo, no quiero ni estoy haciendo algo pretencioso, pero sí voy a utilizar un registro que tengo y no solía usar. Y esos nortes artísticos para tener presentes... porque yo venía por otro lado, la influencia de Elliott Smith o Nick Drake, tonos muy susurrados. Eso se reflejó un poco en los primeros discos, pero ahora está cambiando y yendo por otro lado.

¿Lleva trabajo o sentís que sale con cierta naturalidad?
Está dentro de mis registros, aunque también tomé algunas clases con Paula Maffia y ella me ayudó mucho a tomar consciencia de eso. No quiero que suene como algo pretencioso, que parezca que ahora voy a cantar como Jeff Buckey (risas). Lo que quiero decir es que en el proceso de grabación de La presencia con Lucy [Patané] y también en esas clases con Paula, tomé consciencia de que tenía un registro del que no estaba haciendo uso. Entonces, eso está presente en el encare de las nuevas composiciones.

¿Lo probaste en distintas formaciones? Porque una cosa es en la vertiente acústica y otra en banda, que quizá cuesta más.
Lo probé con la banda y me es más fácil llegar a lugares dinámicos más altos. Y el otro día tuve un acústico en Duncan y todo se fue a un lugar minimalista. También tiene que ver desde dónde se construye la canción, si estás en el living de tu casa tocando, o parado en la pieza con el amplificador enchufado. Genera hasta ergonómicamente distintas cosas, no es lo mismo cuando me siento en el piano que cuando estoy tocando la criolla en la cocina, o si estoy con la guitarra y los pedales.

Pero esas situaciones son en soledad. ¿Qué pasa cuando le presentás una canción a la banda?
A mí me pasó con los temas de Otra luz, que los tuve que mover más de un tono y pico arriba. Empecé a trasponer todos los temas. Uno siempre piensa que todo va a ser mucho más lineal de lo que termina siendo pero no, no siempre pasa.


OTRAS VOCES
¿La grabación del nuevo disco te la planteás con tiempo, o rápido?
El grueso queremos que sea en pocas sesiones, dos o tres días. Después, los detalles de sobregrabación, la voz...

¿La voz no la grabarías en vivo?
No estaría mal, pero... me re gustaría. Puede llegar a quedar mucho más crudo. Los chicos son grandes músicos, así que confío en que se puede hacer rápido. Yo cuando voy a grabar y pongo rec me pongo nervioso, un poco, pero después se pasa. Son nervios constructivos, no paralizantes. La cuestión es cambiar, que sea un disco que vaya por distintos lugares, temas que sean en piano, bajo y batería... y después temas con guitarra solo, no sé. Toda una cosa que me gustaría englobar, pero hay un margen de desconocimiento cuando uno se embarca a grabar. Desde que grabé Lapsus, que lo hicimos con Hernán De Micheli, un artista al que yo admiro mucho, tenía ideas armadas pero había disparadores y cosas nuevas que iban para acá y para allá. Tiene que estar esa confianza mutua con el productor. Pero te enriquece mucho, y yo voy con esa idea. De decir “sí, pero...”, abierto a que puedan aparecer cosas nuevas.

Vos siempre trabajaste con productores, ¿te gusta tener esa opinión ajena?
Me gusta poder anclar en una opinión, porque uno pierde objetividad para bien o para mal (nunca es para bien). Podés creer que algo está mucho mejor de lo que realmente está. Así como fue con Hernán, lo mismo me pasó con Lucy: compartimos una visión estética enorme y entonces uno se retroalimenta, uno tiene una idea de un arreglo y se enriquece con el otro. Me gustó todo lo que hicimos con Hernán y también esta etapa nueva con Lucy. Hablamos con ella incluso, hay que ver cómo viene su agenda y sus tiempos pero me encantaría que produjera lo nuevo. Además, hizo de todo, desde mi disco hasta el último de Los Rusos Hijos de Puta, que es tremendo el sonido que tiene. Hay productores que pasan todo por un filtro Instagram propio (risas), entonces está bueno cuando se respeta la identidad de la banda. Y quiero que el disco sea representativo de esta etapa, porque si no, te queda viejo.

¿Te pasó eso en algún momento?
Me pasó más con el primero [se refiere a Lapsus], quizá, que traés composiciones de un tiempo atrás, sumado a que después dejé de cantar en inglés. Con los demás no, ahora los escucho y... no quiero poner que me encantan mis discos pero... (risas). Trato de no escucharlos mucho, igual, pero estoy en una etapa de madurez nueva, aceptando todas las cosas que hice. Creo que en mis discos no hubo azar, o cosas hechas a las apuradas, lo que se hizo está bien pensado. No hubo apuro, siempre se demoraron las ideas y todo fue más lento de lo que yo pensaba que iba a ser, aunque haya salido un disco por año.

¿Eso obedece a que sos muy prolífico, o tratás de ejercitar la composición?
Un poco de todo. Capaz se me ocurre una frase acá en el bar y la anoto. Y cuando estoy en casa, si no estoy haciendo lo que fuere con una guitarra encima, estoy sentado en el piano, es una cosa para la que no busco un momento. Si buscase un momento de paz y un lugar zen para ponerme a tocar, no podría tocar nunca. Entonces, discurre mi día, de una manera u otra, con el instrumento a mano. Pero no digo “ahora me voy a componer”. Casi que no puedo estar sin un instrumento. Lo que suelo hacer es levantarme y tocar, cuando empiezo el día. Antes de salir, mientras desayuno, es un reflejo que tengo desde siempre.


EL ESTUDIO Y LA DISCIPLINA
¿Seguís estudiando guitarra?
Sí, sigo estudiando. Por ejemplo, ahora quiero aprender un poco de técnica de guitarra española y de, no sé, folclore, tango. Yeites que nunca usé: digitación, arpegios, técnica de dedos. Me gusta mucho escuchar [AtahualpaYupanqui, el Dúo Salteño, Carlos Moscardini, mucha música de proyección folclórica, cosas que quizá en mi primera época no se evidenciaban porque venía de un lugar más indie americano. Después se van repercutiendo las influencias de mi casa de chico, más los gustos propios. Porque yo escucho tango instrumental o de guitarras de la primera mitad del siglo XX y me encanta. También me encanta el folclore de guitarras...

Y ¿seguís al tanto de esas movidas?
No demasiado. Pero sí, escucho, Juan Quintero me gusta, Aca Seca Trío. Estoy con eso y también tocando con el Ensamble de Guitarras de Coghlan, todos los sábados son repertorios que van de Tchaikovsky, Paganini, algunas cosas de Bach. Entonces ahí es técnica y repertorio, eso te corre del lugar de la canción y te enriquece mutuamente, no es que va enfrentado.

En el rock a veces está mal visto estudiar y pasarse con la técnica, ¿puede ser?
Yo creo que es la manera en la que cada persona se toma el estudio. No sé, siempre fui de estudiar con maestros, pasé poco tiempo por escuelas, siempre me costó. Estudié muchos años con Fernando Kabusacki, entonces hice todo un approach al sonido, a la técnica, a la guitarra, a la posición, que me ayudó para todo. También estudié jazz con Patricio Carpossi, pero en ningún momento... ojo, soy de los que creen que cuando el estudio formal es todo el acercamiento a la música puede llegar a cerrarte. Pero así como hay gente que estudia en un conservatorio, está todo el tiempo con la partitura y no toca nunca afuera -que es el gran defecto-, también está el otro ejemplo: la persona que tiene una formación académica y a su vez está participando de un montón de ensambles, y compone.

Vos preferís esa alternativa, la de salir.
Sí, porque es un lugar en el que se genera un feedback que te lleva a seguir creando. Cada uno tiene su lugar, hay gente que va a pasar su trayecto como músico analizando obras y tocando música académica, ojalá que siga existiendo eso porque me parece indispensable. Me gustaría tener un poco esa personalidad. Ahora voy a empezar a hacer un taller de ensamble y grupal, tengo muchas ganas. Es de lo que me gustaría vivir, viviría dando clases, porque es algo que me encanta.

Además de los estudios que contás, vos participaste de cursos con Robert Fripp.
Puff... hice dos cursos de esos y en el último tocamos con él y con el ensamble. Esos retiros, esa manera de desarrollar una relación con el instrumento, con la música y con uno mismo es... eran jornadas con una dedicación y trabajo bastante extenuante. O sea, muy placentero, pero levantarse muy temprano y hacer muchas cosas, no sólo tocar la guitarra, sino encargarse de la limpieza del lugar donde uno está. Una cuestión de disciplina. Y hacer esa traslación a la música es muy enriquecedor.



*Gastón Massenzio despide el año con amigos el viernes 4 de noviembre en Café Vinilo (Gorriti 3780, entre Salguero y Bulnes). Entradas: $100 (reservas en Alternativa Teatral). Dice Gastón“va a ser el cierre de La presencia, manteniendo y respetando el formato acústico del disco. Uno lo escuchó mil veces y lo tocó, pero por ahí trata de que la gente que no escuchó el disco más o menos esté dentro de la estética. Para que no lleguen a la remake.

[Fotos de Gastón por Nat Motorizada
Afiche del show por Pedro Mancini]

1 comentario:

Lilian Mass dijo...

Muy completa la nota, felicito al periodista.
En ésta oportunidad se ha visto muy bien reflejado a este artista.
Artista en su amplio sentido, ya con leer -para los que no lo conocen- se puede deducir la envergadura de su talla.
Tenemos suerte los que buscamos sentimos el cambio, la evolución musical está saliendo a la luz, gracias al esfuerzo de estas "tribus" holísticas que han surgido como redes. Gracias!!!