lunes, 31 de mayo de 2010

Voces desde el alma

"Qué locura la simpleza".
Edelmiro Molinari.

Ya comenté aquí lo contento que me pone el retorno de Flopa Manza y Minimal, aquel trío casual que siete años atrás acuñó una de las obras maestras de la canción argentina en la década que se nos fue. Finalmente, se sucedieron los shows anunciados y asistí a una de las cinco funciones que F, M y M dieron en Ultra Bar. Y aquí estoy, más contento que antes. ¿Por qué? Por empezar, porque comprobé algo que suponía y era el éxito que iban a tener, dentro de los parámetros de la música que no suena en todas las FM del país, por supuesto: debieron agregar una fecha más de lo pautado y además van a emprender una minigira que por ahora los va a tener tocando todos los jueves del mes de junio -o sea, desde este mismísimo y cercano jueves- en la ciudad de La Plata, más precisamente en Ciudad Vieja.
¿Qué vi en Ultra? El valor de la simpleza llevada a la música como principal valor para encontrar el alma de la canción, la esencia de la melodía, lo que supera cualquier decorado y superproducción. Hay una frase famosa de Luca Prodan que decía algo así como "si yo te doy una guitarra algo tenés que hacer, algo que me golpee acá en el pecho". Y el jueves pasado había tres guitarras en Ultra. Y tres voces con mucho por cantar, tres personas, autores, que han escrito canciones que mueven, sobre el amor y la soledad, principalmente... como casi todos, pero con una identidad que los une incluso en cada uno de sus proyectos individuales: por decirlo de alguna manera, forman parte de una misma cofradía -imaginaría- de cancionistas.
Ahí la tenemos a Flopa cantando Abandoná, a Minimal dejándonos mudos y estupefactos con Compañera y a Manza, su forma tan especial y sus Días de suerte. Hay nostalgia, pero suena la esperanza en esas canciones también, y que hayan retornado en otoño no es un mero acto de la casualidad.

Repasaron sus frondosos repertorios, tocaron casi todo el disco y hasta se dieron el lujo de mostrar algunos temitas nuevos. Dos horas atravesadas por un buen clima que asemejaba casi al de una reunión familiar, entre chistes, risas y distensión que varias estrellas podrían imitar y contagiar al público. Prometieron repetir en noviembre y, quién dice, quizá tengamos la suerte de que unan sus fuerzas en un nuevo disco que no va a sorprender a nadie por sus bondades: esperamos esa simpleza que te parte al medio con los oídos abiertos. Qué locura Flopa Manza Minimal.
Brindamos por ellos.


***


"Cosas rústicas hacen al tiempo por mí".
El mismo de arriba.

Dos noches después: la misma ciudad, pero un día de mierda. El jueves hacía frío pero no había agua; el sábado llegamos al Teatro Coliseo entre varias muchas finas chotas gotas cayendo desde arriba. Pero tocaba Cat Power, ergo: si el día de Flopa Manza Minimal fue de pura cepa otoñal, la jornada de Chan tenía que ser cruel invierno, oscuro, húmedo y asqueroso: no entiendo cómo hay gente que prefiere el frío al calor. En fin, no había asistido a su show del año pasado, así que la expectativa (no sé si decir que era "grande", pero) era la suficiente en cuanto a la intriga que me generaba en escena esta bonita dama: sus afamados y supuestos problemas de comunicación y excesiva timidez en los shows y su fragilidad y a la vez su caráracter de rea que más de una vez la ha mostrado en estados complicados sobre un escenario y... todo eso. Y como en FMM, también, su voz y un escenario poblado por sólo tres músicos, porque cuando salió a escena, Chan fue secundada sólo por su tecladista y su guitarrista (esa voz se adueña de todo lo que pase cerca). Ellos tres alcanzaron para llenar la acústica del Coliseo con un sonido volátil y denso, que mostró a pleno esa convivencia generacional presente en la música de Cat Power: es soul y es blues, pero también es rock alternativo de los noventa, es flotante y es suave, puede ser áspera y seductora. El concierto se basó en sus excelentes des-versiones de canciones clásicas de la música popular anglosajona, diría yo con un dejo de chamuyo (?), combinadas con sus composiciones propias más clásicas si se quiere, la gran mayoría de The greatest.

La flaquita esa, que arranca tímida bailando al tempo de las canciones casi sin moverse, se va soltando. Se mueve cada vez más pero igual es suave, sigue siendo poco, parece atada, no podés dejar de mirarla, tiene una voz que una chica blanca no suele tener, susurra pero fuerte, baja a cantar entre la gente, la vemos desde lejos pero lo más cerca que la podemos ver, es más alta de lo que creía, canta como le gustaría cantar a cualquiera que quiera cantar bien sea mujer hombre o pájaro, recibe ramos y entrega rosas, ¡firma autógrafos a los riquillos de las primeras filas! -¡cosa nunca vista en un recital!-, saluda y se saca un sombrero que no tiene varias veces, quiere decir algo pero ya le apagaron el micrófono. Parece que se enamoró de Buenos Aires, seguro va a volver pronto, y nosotros por ella. La próxima le llevo un ramo.

5 comentarios:

Claudia dijo...

Excelente el poder felino.

Aguante color humano.

FMM me dejaron sin palabras.

Tami dijo...

También estuve por allí. FMM me emocionan, la señorita Marshall me deja sin aliento.

Saludos!

Santiago Segura dijo...

Tengo que escribir algo de Color Humano, Claudia... ya lo haré algún día.

Tami, estuvieron ambos muy buenos. Es más: me hubiera gustado FMM de soporte de Cat.


Besos.

HERNAN dijo...

Tucho,siempre pasando por aqui,y encontrando cositas interesantes.Me puse feliz de leer la cronica de FMM,y me sonrei porque en noviembre ya estare viviendo en mi pais otra vez,y los podre ir a escuchar,por suerte.Y por ultimo me sumo a lo de Color Humano,lindas frases de Edelmiro elegiste,asi que esperare con ansias tu posteo.Un abrazo grande,y sigo pasando.

Santiago Segura dijo...

Buenísimo Hernán! Me huele a que va a haber disco de FMM nomás, así que los podrás ver y escuchar.

Ojo que muchas veces digo "ya voy a escribir algo de X" y después tardo una eternidad. Por las dudas espera sentado!

Salud!