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miércoles, 5 de octubre de 2016

Ruiz-Fontana: Tengo un cielo para vos

Prosigue la charla con Florencia Ruiz y Mono Fontana. En el medio pasó un concierto fantástico, donde su disco Parte sonó completo y en orden. El dúo, además, trajo al presente (bueno, las canciones siempre son presente) un puñado de piezas de Luis Alberto Spinetta. Y hablando de eso empieza esta segunda parte: el repertorio, la escucha -como músico y como oyente-, Lennon, Spinetta, el canto.

Y más aún. El estudio de ambos lados del mostrador: siendo docentes y alumnos. La notación musical (un capítulo que podría titularse "Cómo hacen estos extraterrestres para anotar eso que tocan"). El tango, los planes, los músicos amigos. Y cómo sigue el viaje.

Si se perdieron la primera parte, aquí está. Retomen y terminen acá. Y vayan a verlos, no se encuentra todos los días una propuesta así de convincente y emotiva en la cartelera:

MÁS DE PARTE, LENNON Y SPINETTA
¿Cómo fue la elección del repertorio en Parte?
Mono Fontana: Es lo que venimos tocando, ¿no?
Florencia Ruiz: Sí, es lo que venimos tocando. Con las nuevas estaba medio perdida pero después traté de equilibrar un poco. Yo no tengo mucho ritmo, por eso quise que hubiera alguna canción con un poco más de beats, qué sé yo. No componerla especialmente, sino elegir de las que ya tenía compuestas, para que escuches el disco y no sea siempre lo mismo (porque a la larga somos siempre nosotros dos). Por suerte, él siempre va cambiando, y el piano le aportó una cosa terrible.

¿Ésa fue una decisión de estudio, la de incluir pianos?
FR: Les dijimos “por las dudas afinen, ténganlo pronto por si sale algo”.
MF: Sí, en “Los peces” y “A través de ti”, en esos dos temas me parecía que quedaba bien. Los otros también se podían hacer así, pero esos, como eran temas nuevos y Florencia no los había tocado nunca, capaz les podíamos aportar un color distinto.

¿Qué les sorprende cuando vuelven a escuchar el disco?
MF: Yo lo tengo que escuchar más. Lo escuché con auriculares y no soy de escuchar la música muy fuerte, me debo todavía una escucha muy fuerte, que eso tiene otro efecto. Yo toco así y escucho así (junta los dedos índice y pulgar de su mano para indicar que escucha a un volumen bajo). Pero súper. Y me ayuda a afilar la oreja, porque me hace esforzar más. Entonces, después, tengo un tiempo ganado ahí. La primera vez que escuché el disco entero me pareció que estaba bien parejo y que dentro de lo parejo tenía mucho degradé en los colores. Por ahí me quedó alguna duda con una entrebanda, que sentí o dije “uy, este tendría que haber durado dos segundos más de entrebanda mía”. Por ahí lo escucho otro día y no, pero bueno, estando ahí terminaste y sale el otro tema y el otro y el otro... uno tiene que tener la pausa que a veces no se puede.

Es el riesgo de grabar en una toma, lo que queda, queda.
FR: No se regrabó nada. La única cosa rara que pasó fue en “Susurro”, que tuvimos que cortar una nota porque entre los dos micrófonos hacían no sé qué. En tres cuartos de la canción, más o menos, pero después es todo lo que se tocó.

Y ¿por qué decías lo del volumen, Mono, de escucharlo bien fuerte? No parece ser una música que pida potencia.
MF: Bueno, pero hay música así, acústica que... salvando distancias y todo, yo escuchaba ponele, los Lost tapes de Lennon, que son grabaciones que él hacía con el grabador de la casa, así, y suena más que cualquier disco que yo ponga después. Eso solo, un tipo cantando y tocando, por cómo suena, es una cosa como gigante. En algunas escuchas le decía a Florencia que la voz, conociendo cómo canta, tenía que cubrir más, la escuchaba como que salía muy de ahí y me parece que ella tiene eso. Y eso después, a volumen, es como ver una peli en una pantalla así y en otra así (dibuja con las manos un tamaño chico y uno grande).

Mencionaste a Lennon, y al final de “Viviré” hay una cita a “Mind games”. ¿Cómo surgió incluirla?
MF: Una vez lo hicimos y quedó para siempre. Salió y yo después lo usé, siempre me gustó.
FR: Bueno, hablábamos de emocionarse... eso no hay modo que a mí no me haga llorar. No lo consigo, y mirá que yo sabía que iba a venir eso en algún momento. Me mata, no puedo evitarlo.

¿Esa coda se te apareció en un show, Mono?
MF: Sí, me pasó varias veces. En el show de Luis [Spinetta] de las Bandas Eternas hay un tema que se llama “Las cosas tienen movimiento”, de Fito [Páez]. Entonces bueno, sabía las partes que venían: la primera vez que viene el puente, toco lo que venía. Y hay un momento, cuando va a empezar de nuevo, que justo la cámara me enfoca y se me viene a la cabeza meter un tema de los Beatles. Y dije “a ver...”. Se ve eso, porque yo sé lo que me pasaba a mí. Y toqué “And your bird can sing”, atrás de (tararea las primeras notas del estribillo de “Las cosas tienene movimiento”: “Una voz/ como un sentimiento”- y luego la introducción del tema de los Beatles). Lo que hacen esas dos violas que hay, el final lo sanateé [en el video, a los 3:25, se escucha lo que cuenta el Mono]. Como esto de “Mind games”, a veces es una cosa que no tiene nada que ver, algo de [Alfred] Hitchcock, cualquier cosa. Si me viene y creo que tiene que ver y suena, lo mando de una.

Y ¿desde la primera vez les gustó?
MF: A mí me encanta, me parece que queda lindo y aparte Lennon y los Beatles son algo que abarca todo.
FR: No sé si alguna vez lo pensaste, pero la canción habla de que en el fondo estás en el aire, ¿viste? Muchas veces me pregunto por la muerte. Obviamente que cuando una persona se va, uno tiene como esa extrañeza de no ver más el cuerpo. Al final está en el aire. Y Lennon, te digo la verdad... yo no sabía que tenía un cariño tan grande hacia Lennon.

Te cayó la ficha ahí.
FR: Ahora, con los años, no sabía. Me parece que Lennon está en todo, es medio como Hugo [Fattoruso], también. Vos decís “no tengo nada que ver con Hugo” y al final todos tenemos algo que ver con él, es la música con la que crecimos. Habrá quien ni se dé cuenta y gente que al revés, lo note.
MF: Es algo del patrimonio universal. No es que metí algo de Radiohead, no sé, entra en otro lugar.

¿Escuchás Radiohead?
MF: Más o menos, escucho a veces, pero no es que necesito escuchar a Radiohead así. A veces digo “uh, a ver, por dónde andan”.

¿Tu caso es como el de Florencia, que suele decir que es más la música que estudió o compuso que la que escuchó?  
MF: Yo escucho música, lo que pasa es que necesito meterme un poco más, no puedo con el mp3 y las discografías y toda esa bola. Escucho, sí, pero trato de, mínimamente, escuchar... porque si no, es como leer un libro, hacer así (simula pasar páginas velozmente) y decir “lo leí”.
FR: Si escucho un disco, lo re escucho. Me sé qué tema viene después, me acuerdo del orden, de todo. Una vez fuimos de vacaciones con familias amigas y llevaron como mil discos en el mp3. Terminado el viaje les dije “a ver quién de todos me dice qué disco sonó”. Y nadie respondió. “Bueno, no hinchen más, escuchemos los pájaros” (risas). Me pasa con Luis que me sé todos los temas de sus discos. Rara vez cuando hacemos los shows me decís una canción y no la tengo mucho. Tengo todos.

¿Cuándo cantan una canción de Spinetta también surge ahí?
FR: No sé, la otra vez tocamos “200 años”, que nunca la habíamos tocado [fue parte de la lista de temas en la presentación de Parte]. Justo era 9 de julio, eran 200 años, qué sé yo. Salió y la hicimos.
MF: Nos ponemos de acuerdo, “cuál querés hacer, éste o éste? ¿Probamos aquel?”. A los dos nos gusta cualquiera.
FR: El Mono organiza una juntada por año con los temas de Luis y en mi caso yo estudio un montón, que no sé si estudio así mis temas. Me siento a estudiar. Fue un lugar nuevo al que él me invitó, de cantante, porque ahí no toco nada. No es que no me considerara cantante, siempre me consideré cantante pero es como una cosa más...

Desde afuera te veo como una cantante tremenda.
FR: Pero por ejemplo, yo empecé a estudiar canto hace dos años. Empecé porque tenía que hacer las giras esas en Japón que eran terribles, y tenía miedo de quedarme disfónica o que me pasaran cosas de no estar a la altura. Había entrado en un plan medio profesional y eso no me podía pasar.

Y ¿seguís yendo?
FR: Sí, sigo, es complejo pero sigo. Porque es un entrenamiento, no cantás nada para que la voz esté más fuerte.


ESTUDIAR, ENSEÑAR... Y ANOTAR
Los dos son estudiosos y dan clases. ¿En qué creen que les sirve la docencia?
FR: Mirá, yo siempre pienso esto: “che, yo me voy a drogar, ustedes no se droguen”, una cosa así (risas). Porque yo les explico a los pibes cómo armar una canción o cómo alguien hizo una, qué grado puso, qué acorde puso... y yo nunca en mi vida sé qué acorde usé. Si tengo que cifrar un tema mío no tengo ni idea, yo hago la partitura.

Bueno, pero de alguna manera los escribís.
FR: Sí, pero no es lo mismo, no sé cómo explicarte... es como si yo no entendiera mi propia música. Muchas veces me pasa eso, que me preguntan y tengo que andar mirando. Yo estudié eso y realmente lo puedo comprender, pero si vos me decís “armate todos los no sé cuánto semis”, yo no sé cómo es la posición en la guitarra. Como si tuviera un rechazo a entrar en eso porque para mí componer es estar en otro estado. Estoy ahí, viene la música y no pienso en nada. No estoy pensando, no le pongo mucho pensamiento.

¿Es pura intuición?
FR: Claro, hay otros que piensan más, que dicen “si hice esto, ahora voy a hacer aquello”. No sé, toda mi primera música no conoce estribillos, no me importaba. Me acuerdo que el maestro de composición siempre me decía “es raro porque puede terminar en cualquier lado”. Me han llegado a echar de clases, un maestro que daba “Dos palomitas”, ¿se acuerdan de esa canción? (Tararea la melodía). Había que hacerla para coro y yo la hacía... y él me decía “bueno, vení acá, armame un coro”. Yo llamaba a mis compañeros y todos cantaban lo que yo había escrito. Y claro, es verdad, no tenía ningún acorde perfecto, ¡pero a mí me sonaba así! Yo era chica, tendría diecisiete años, y el tipo me decía “andate a tu casa porque no te aguanto” (risas).

Y ¿en tu caso, Mono, que sos autodidacta? ¿Cómo hacés para anotar todo eso que hacés?
MF: Me anoto todo de una forma muy extraña en una libretita. Tengo unas notaciones que más o menos me hacen acordar, pero si yo se lo doy a alguien, no entiende nada. Es un sistema propio, el Sistema Oscar (risas). Es rarísimo pero lo fui desarrollando precisamente por no saber y tener que anotar las cosas de alguna manera. Es una traba eso, pero bueno, hay otras cosas comunes que sí las anotás. Por lo general, entre mis alumnos hay músicos que tienen un buen oído, con ellos se hace más sencillo que para el que no tiene esa parte. Y bueno, las clases sirven para el alumno y para el maestro, a los dos nos sirven.

¿Por qué pensás que es así? Además vos no das clases de piano o sintetizador, son clases más generales.
MF: Viene de todo, cantantes, bandoneonistas. Si viene alguien que toca bandoneón, posiblemente le pases algo distinto porque por ahí el maestro de bandoneón le enseña más repertorio, entonces ahí tiro otras ideas. Siempre trato de dar ejemplos, vos después profundizás y lo llevás a lo que necesites. No es que le enseñás algo y le decís “esto pasa acá y solamente acá”, no. Porque así, al alumno le hacés ver chiquito.

Tratás de expandir un poco más. Eso es lo que a veces espanta de los conservatorios, que no se te permite correrte un centímetro de ciertos parámetros, lo que contabas recién del profesor que te echaba.
FR: Sí, pero también depende de tu personalidad, no sé, a mí nunca me hizo daño que me echara. Después me puso un siete, que fue la peor nota que tuve. El tipo estaba loco pero tenía cosas copadas. Por ejemplo, él ponía un disco para mostrar un ejemplo -era práctica coral de conjunto- y decía “esto está desafinado”. Y cambiaba el equipo cien veces. Y uno no puede creer que cambiando el equipo cambie la afinación, y sí, cambiaba la afinación. Era milimétrico pero cambiaba. Entonces, vos sos chico y estás al lado de esos locos y también entrás en esas locuras. Yo en el mundo de los chiflados siempre me manejé rebien (risas). De verdad te digo, me cuesta más en el mundo cotidiano.

LOS PLANES
¿Se sienten medio outsiders dentro del mundo de la música o no es para tanto?
MF: Yo me sentiría outsider si todo pasara por la alfombra roja, cuando entran cosas que no tienen nada que ver con la música. En ese caso sí, creo que no tengo nada que ver con lo que quiere una compañía, lo que espera.
FR: Ayer pensaba una cosa que está buena, de coincidencia entre nosotros. Fui a ver a Hugo con Mavi Díaz, y también había otros músicos que nada que ver. Eso de no diferenciar, ¿no? Que podés tener un amigo músico folclorista y uno re punkie, no sé, y otro que toca el bandoneón. No estar cuadrados. Ésa me parece una característica que tenemos en común, que nunca me había dado cuenta y está copada. Ahora, con el disco, me escribieron un montón de músicos diciéndome “quiero el disco, quiero ir”, y te puedo asegurar que el abanico es terrible. No sé, desde Machi hasta [Quique] Sinesi, gente que decís “nada que ver” pero a la vez sí, porque somos todos músicos y es una sola la música. Yo no me veo componiendo vidalas, pero en un momento puede pasar.

Aunque has cantado algún tango.
FR: Sí, eso es un tema familiar, de familia y de abuelos tangueros, esa conexión. Pero veía a todos los que agradezco en el disco y está Liliana [Herrero] que me ayudó y me llamaba, me decía “fijate esto, fijate lo otro”, o Tweety [González] que nos prestó el estudio para remezclar una cosa, que no es mi amigo y no tengo ninguna relación pero por cosas del estudio y calculo que cosas con el Mono y con Villa...
MF: Sí, claro, yo lo conozco, ¡yo le puse Tweety, también!
FR: Por eso, yo no participo de eso. Después, todos los que entraban, Hugo mismo que me decía “dale, yo te voy a acompañar a mezclar”. ¡Sacado! (Risas). Y bueno, el abanico de gente distinta que entre comillas encierra esta música me parece que también es la riqueza, de no estar con eso de “acá tengo que poner este sonido”. Que se le ocurre y lo pone y no está preocupado por si va a vender o no, o si va a gustar o no. Qué sé yo, ojalá que le guste a todo el mundo pero no hay nada pensado para agradar, ¿viste?

Sale así, básicamente.
FR: Creo que esta es una era pensada para agradar, todo está hecho así, todo lindo y... no es todo lindo. A veces pasan cosas que no están tan lindas. A mí me pasa que Villa me dice “che, ¿cuándo vas a hacer una canción pum para arriba?” (Risas). ¡Nunca! No sé si me va a salir. Cuando hice “Helados”, él me dijo que era la mejor canción que había hecho en mi vida. Estaba Julián [su hijo] en la sillita y yo empecé a molestarlo. Le hago el personaje Mamá Tanguera, que lo odia (risas), todo es con tango: “veníiii” (estira la I con sentimiento). Ahí salió esa canción y así como quedó la grabé, él estaba contento porque dice su nombre, era chiquito. Y a Carlos le parecía que estaba buena esa canción porque tenía cierta luminosidad. Porque bueno, nosotros nos reímos mucho, yo soy bastante... me río, me gusta divertirme.

Muchos músicos dicen que componen a partir del sufrimiento o de los malos momentos.
FR: No sé... yo agarro la guitarra y ya me sale ñeee (hace un sonido retorcido), no me sale un Do. En “Los peces” lo puse, era exactamente igual la canción, sólo que arrancaba con otro acorde. Y dije “lo voy a sacar y voy a poner un Do”. Me pareció que estaba el Do y yo no lo veía, a veces pasa eso. Hay cosas de uno que no tienen explicación, ¿por qué a él desde los 13 años le gusta escuchar los fondos? Es su esencia, qué sé yo, ser otra persona me parece una pérdida de energía.

Y no te lleva a ninguna parte.
FR: A mí me parece que no, a otros sí porque ganan plata o prestigio y les parece que está bien. Pero a mí me parece una pérdida de tiempo terrible, no tengo voluntad.

¿Cómo sigue esto? ¿Hay planes?
FR: Sí, nos vamos a Córdoba, que eso es terrible, vamos a ver cómo nos va.
MF: Vamos a mostrar el disco, a tocar en los lugares que se pueda. Ya nos llamaron de Azul y de otros lugares también, y eso a veces genera un movimiento, por ahí te llaman de otro lado “vi que tocaron acá, ¿no quieren venir?”. Porque somos dos, no hay que trasladar una banda. Hoy en día, muchos artistas hacen así, van solos o con la mitad de la banda a los viajes. Y gente que tiene música pum para arriba, ¿eh? Así y todo... así que lo nuestro es esto, es lo que es y podemos movernos un poco mejor.

Después no se sabe qué deparará. Nunca se planeó tanto, ¿o sí?
FR: Creo que nosotros nunca nos planteamos mucho nada, ¿no? De verdad.
MF: Me invitó al show, “Che, ¿podés?”. “Dale, sí”. Nada más.
FR: Me parece que eso es lo que...

Lo que hace que la cosa funcione.
FR: Sí, el otro día me preguntaban “che, pero vos tenés un plan”. Yo nunca tuve ningún plan, a pesar de que soy mujer y las mujeres somos más de planificar. Digo, tengo planes a full: “a las once voy a hacer la cama”, ¿entendés? “A tal hora voy a buscar a mi hijo”, “voy a tratar de tocar a tal hora”. Organizar el día, cosas así. Ojo, no es que con la música no hay trabajo, ahora fue llevar el disco aquí y allá, hacer notas...

Pero ni siquiera se pensó un futuro disco. A veces los grupos sacan un disco y ya quieren lanzarse a hacer otro.
FR: Me lo decís y ni se me había ocurrido. Hacer un disco con él siempre era un sueño que tenía ahí pero... terrible. Cuando llegó el disco y lo vi, dije “no...”. Estaba nerviosa porque no sabía si lo ponías y escuchabas uno de Los Parchís (risas), esas cosas que suelen pasar. No sé quién me dijo que a Luis le pasó.
MF: Sí, y con un disco de Nito [Mestre] donde tocaba yo. Fue con Artaud, con la primera edición: el lado A estaba bien y en el lado B empezaba tocando yo (risas). Increíble, habían hecho, no sé, dos mil discos de esos.
FR: Y de Privé yo tengo una edición fallada, en la que “La pelicana y el androide” estaba toda shh (imita ruido blanco). ¡Al oeste llegó esa versión! El mundo de las cosas que pueden pasar siempre es muy grande.

*Florencia Ruiz y Mono Fontana siguen presentando Parte. Este viernes 7 de octubre se presentan en Cocina de Culturas (Julio A. Roca 491, Córdoba).

El 22 de octubre tocarán en Estación Provincial (17 y 71, La Plata), el 17 de noviembre en Kirie Music Club (CABA). el 15 de diciembre en Azul y el 16 de diciembre en Tandil (Para más información sobre estas fechas, ingresar a la página de Florencia Ruiz en Facebook).

[Fotos por Federico Caruso]

miércoles, 28 de septiembre de 2016

Florencia Ruiz y Mono Fontana: Música para las estrellas

Que Florencia Ruiz y Juan Carlos Mono Fontana hayan hecho un disco juntos es uno de los grandes sucesos de la música argentina en 2016. Dos músicos de distintas generaciones que, sin embargo, parecían destinados a encontrarse. Ambos con un toque personal, volátil y disruptivo, forjaron su espacio y se ganaron bien ganado su prestigio en base a eso: la música que producen, juntos o separados, es especial, emotiva y única. Llena de preguntas, de misterio. No hay dos Florencias Ruiz, no hay dos Monos Fontanas. (En Europa tampoco se consiguen, ni se gasten).

Esta introducción no es un compendio de adjetivos elogiosos para Flor y el Mono en agradecimiento por la hermosa charla que tuvimos a cuento de la edición de Parte, la obra que resulta tras años de toques y toques. Es exactamente al revés: quisimos hablar con ellos porque lo que hacen conmueve y moviliza, inquieta y sorprende. Por suerte, aceptaron la invitación y no sólo eso: ésta fue la primera entrevista que hicieron juntos.

Entonces, no quedó otra que recorrer toda su historia juntos. Los primeros encuentros y shows, el código genético que sus músicas comparten, qué es eso que en los créditos del disco definen como fondos y cuánto lugar dan a la interpretación. Y más, porque se habló mucho: cómo juegan las emociones para Florencia a la hora de compartir sus canciones con un músico al que admira tanto. Cómo hace Mono lo que hace. Qué veremos en la presentación de Parte, este viernes en la sala Caras y Caretas.

Adéntrense y viajen... que esta es la parte uno, nomás.

EL PRIMER CRUCE
La pregunta es obvia pero inevitable para empezar, ¿cómo se conocieron?
Florencia Ruiz: ¿Te acordás, Mono? Muchas cosas arrancan en la bizarreada... [Fernando] Kabusacki armó una especie de show -no era festival-, un concierto a beneficio de Japón, que justo había sufrido el tsunami con terremoto. Si mal no recuerdo, fue en Casa Brandon, éramos nosotros, Alan Courtis y el mismísimo Kabusacki.
Mono Fontana: Y Ale Franov.
FR: ¡A Ale lo había borrado! Justamente, todas esas personas tenemos una relación con Japón, desde distintos lugares. Y el festival fue un fracaso total, porque vinieron cuatro personas que eran alumnos del Mono. Y bueno, así fue que nos conocimos personalmente, porque yo al Mono lo conozco desde siempre.

Ese día, ¿charlaron algo? Se rieron un poco de la situación, imagino.
FR: Sí, ese día charlamos y tocamos. No sé si nos reímos de la situación, un poco después, quizá. Al toque de eso yo me iba para Japón, es gracioso porque la plata en Japón no tiene nada que ver con la nuestra, calculá que en ese momento el dólar estaba a tres pesos, o algo así. Se habrán juntado dos dólares (risas). Para Japón es comprarte un agua. Pero bueno, los encuentros son lindos, con Kabu yo no soy amiga, con Ale sí, Alan Courtis siempre me gustó lo que hace, lo fui a ver mil veces. Esa fue la última vez que lo vi, ¡hay que mandarle un mail!

Así hiciste con el Mono el siguiente contacto, ¿cierto?
FR: Sí. Un mail no, un mensaje por Facebook.
MF: El día ese de Japón habíamos tocado todos en forma individual y después en un momento se hizo una especie de mitin, Florencia tocó algunas músicas de ella y con Ale tocamos atrás algunas cosas que se pueden orejear.

¿La habías escuchado a ella alguna vez?
MF: No, y me gustó. Me gustó y después...
FR: Yo te di unos discos, me parece. Justo de casualidad tenía, eso fue una suerte.
MF: Sí, después ya escuché mejor. Pero siempre al principio, esa primera impresión para todos sirve. Vos decís “acá sí, acá no” (ríe).
FR: El sonido era malísimo. Igual estuvo rebueno. Bah, no sé, yo no asocio, si bien uno siempre que va a tocar espera que vaya gente por un montón de motivos, también son circunstancias. No sé qué pasó, no me puedo acordar por qué fueron cuatro personas. Realmente me acuerdo del día y algunas cosas, ahora que me decís de Ale me acuerdo de estar riéndome con él porque es una persona muy divertida. Creo que después sí, fuimos a comer con él, o a algún lugar lo llevamos.
MF: For Japan se llamaba el show. Sí, terrible...

Gracias a ese show están hoy acá.
FR: Más vale, por eso te decía. Cuando yo le escribí al Mono estaba en Japón, y me habían dicho de hacer una fecha porque se inauguraba la capilla del Centro Cultural Recoleta, que estaba en desuso hacía años, si quería ir a hacer un show tranquilo. Justo era ese espacio, no sé si ahora se sigue usando porque nunca más fui.

¿Se te ocurrió a partir de ese día en Casa Brandon lo de invitarlo? ¿Pensaste “es el momento, ahora que ya lo conozco”?
FR: En Japón siempre ocurre que tengo más ánimo de hacer cosas. Como voy ahí, pasan cosas, estamos en una gira larga con un montón de amigos... Esos viajes son un poco agotadores, la gira te hace trabajar todo el día, 24 horas, pero me pareció que era una buena oportunidad. Justo habíamos sacado el disco con Villa [se refiere a Carlos Villavicencio, reconocido arreglador y productor que trabajó en su álbum de 2011, Luz de la noche] y era un disco redifícil de tocar. Imposible de tocar, porque si bien él tenía la ilusión de poder tocar eso en vivo, yo no sé cómo se le había ocurrido esa locura, ¿no? Eso nunca se iba a poder tocar.

Y terminaste postergando la presentación de aquel disco para tocar con él, ¿no?
FR: No es que la postergué, no surgía nada. No es que “uy, la voy a postergar”, no aparecía ninguna idea ni nada, un par de años después apareció una idea que en realidad la trajo un amigo. “¿Por qué no disparamos esto, por qué no hacemos aquello?”, y se hizo.

LOS ENSAYOS, LOS FONDOS
¿Cómo fueron las primeras pruebas, los ensayos?
FR: Haciendo. Como dice Carlitos Balá, “el movimiento se demuestra andando”, buscando fechas, haciendo shows. Empezamos a tocar, más o menos, seguido, a veces, según nuestros ritmos familiares (además, el Mono tiene un montón de otros proyectos).
MF: Sí, para el tipo de cosas que yo toco no me tenía que adaptar mucho a la música de Florencia. A ella le gustó eso y entonces es como decir, bueno, algo especial. Tener tus cosas y meterlas ahí, respetando y conociendo más la música que ella hace, las letras, su forma de tocar y de cantar... eso lo aprendí mucho con Spinetta [siempre hay algún desprevenido al que vale aclararle: el Mono tocó en infinidad de discos de Luis Alberto Spinetta, como miembro estable en la última formación de Spinetta Jade y de su banda cuando solista; también en calidad de invitado]. Sin que él me lo enseñe, lo aprendí de tener en cuenta los textos. Es como un cuadro: no ves que está todo adelante, esa perspectiva de hacer una canción, una composición. Uno se guía instintivamente, por lo menos adonde le parece que tiene que ir, incluso con elementos distintos a las cosas que yo he escuchado que hace Florencia. A veces, ella me decía “probá” y yo voy un poco más. Yo pruebo, trato de profundizar siempre un poquito más.

En esos momentos de prueba, ¿había un límite o era eso, ver hasta dónde se llegaba? En el librito del disco hay una palabra muy interesante para lo que hacés, Mono, dice “Mono Fontana, sintetizador y fondos”.
MF: Fondos, sí. Eso es una cosa que hago desde chico, más o menos desde los trece años. De incorporar a lo que uno hace, poner sonidos como ahora, que se escucha el ventilador, la gente hablando... traté en ese tiempo de hacerlo con mi cabeza de trece años, después eso fue creciendo y creciendo hasta que ya se formó parte de un vocabulario. El primer recuerdo que tengo de hacer esto, así como puso Florencia, como fondos, fue con el grupo que teníamos con Lito Epumer y Pedro Aznar [se refiere a la formación original de Madre Atómica]. Ponía como fondo de una música que tocaba, no sé, alguien con la viola... yo tenía un recipiente con agua y tiraba unas Redoxón. ¿Sabés lo que son, no? Esas pastillas efervescentes. Y si teníamos un micrófono para los tres era mucho, así que imaginate, eso no se escuchaba, por ahí lo escuchaba el que estaba al lado mío, la primera butaca (risas).

Pero vos lo necesitabas.
MF: Sí, yo estaba como si tuviera los lentes 3D, así, igual. Y empecé a poner cada vez más cosas, y eso después lo empecé a grabar: de casete, no sé. Florencia ahora me regaló un iPad, lo tengo todo ahí. Viene todo de ese mismo lugar, y hay gente a la que le gusta y músicos a los que no, o no les hace nada. Pero a mí me condiciona la forma de tocar, toco de otra manera con eso que sin eso, me da todo un espacio, una cosa que si no la tengo, toco distinto. Y para la música de ella, aunque esté chiquito o sea algo atrás, cuando escucho el disco le aporta algo.
FR: Es tremendo. Bueno, es parte de tu modo, ¿no?

Si la idea era hacer algo juntos, eso tiene que estar.
FR: Además, qué sé yo... no sé cómo decírtelo, yo te tendría que hablar del disco pero en realidad a mí me encanta todo lo que toca el Mono. Lo que más quiero es que pruebe cosas y que la canción se vaya a otro lado. Sería muy limitado que yo pensara una cosa y pedirle, “hacé esto, hacé aquello”. Me parece que no avanzás nunca en nada, ni en la vida, ni en la música. Si hacés un dúo con él... Es circunstancial que justo todas las canciones sean mías, el disco también tiene mucho de frescura, el repertorio y todo, porque surgió un poco ahí.


PARTE, IMPROVISACIÓN Y EMOCIÓN
¿Las canciones nuevas surgieron en ese período de tocar juntos?
FR: Hay dos canciones que yo había hecho para una serie japonesa. Las otras -“A qué”, “Los peces”, “A través de ti” y “Llama”-, sí tienen como, digamos... yo no compongo igual desde que toco con él, a pesar de que sí, vos lo escuchás y decís “es lo mismo”. Yo no me siento la misma persona.

¿En qué pensás que te cambió?
FR: Primero, me parece que al compromiso de compartir con él, humildemente, le pongo todo. Justo me agarraron unos años de maternidad que son un poco difíciles, porque mi hijo es chiquito. Ahora que está creciendo tengo más tiempo. Hoy estoy acá, ponele, si esto hubiera sido el año pasado no estaba acá. Tocar con él y estar más o menos a la altura -aunque nunca estoy a la altura-, eso ya es terrible. Ayer me acerqué a Hugo [se refiere a Hugo Fattoruso, el gran músico uruguayo que se presentó en Buenos Aires el día anterior a esta entrevista, amigo de Florencia] y le dije “no puedo creer lo que escuché”. Y él me dice “pero pará, vos tocás con Mono Fontana”, como diciéndome “vos estás con el número uno”. Terrible, lo dijo con una cara, como llorando.

Alguna vez dijo que eras el mejor músico del mundo. ¿Cómo lo tomás, Mono?
MF: Lo pongo en un lugar muy del sentimiento. Es algo lindo, alguien que te demuestra que te quiere, obviamente no en lo literal... que un músico como él te diga una cosa así, es un piropo gigante.
FR: Aparte lo dice desde un lugar... yo estaba con Julián dormido, a upa, y Hugo estaba haciéndole así con la camiseta, como quitándole el sudor. Y además, no es tan piropeador.
MF: Hugo es así para cualquier cosa, muy legítimo. Quiero decir, bancatelá si es así, eso es lo que me gusta, porque es re legítimo.
FR: Varias veces, hablando con él en situaciones hogareñas, me dice que no entiende lo que hace el Mono, que realmente... yo le explicaba que cuando grabamos...

¿No entiende en qué sentido? ¿Cómo hace todo lo que hace?
FR: Esto que me pasó a mí. Nosotros grabamos el disco y por suerte eso se registró en video, se filmó. Y yo mirando el video decía “ah, ¿así hace eso?” (Risas). Porque claro, yo voy escuchando una música pero como estoy concentrada en lo que hago no puedo estar mirándolo. Lo vi como espectadora, lamentablemente uno sólo tiene un lugar.
MF: Lo ves distinto.

Es genial que vos digas eso, ¡que lamentes no poder verlo!
FR: Claro, incluso trato de ir a verlo cuando toca porque me encanta lo que él hace, ¿entendés? Me parece increíble. Y cuando terminamos de grabar el disco, se acercó un amigo, Miguelius y me dijo “yo no puedo creer que una sola persona haga todo eso”. Él es más técnico del audio y estaba impresionado. Y me gustó también mucho toda la mezcla del disco porque me quedaba como “a ver, poné de nuevo eso que hizo ahí”, porque en el devenir del show se te escapa, no podés escuchar todo.

Escuchando Parte pasa eso, que siguen apareciendo cosas. Todo lo que sucede en “Hacia el final”, por ejemplo, da sentido al concepto de fondos. Hay un segundo plano que va apareciendo de a poco. Pareciera que uno, desde el lugar de escucha, nunca terminara de aprender esa cantidad de cosas que suceden. No sé si a vos te pasa también, Florencia, de escuchar algo que tocó él y pensar “¿esto estaba antes o es nuevo”.
FR: Pasa que la escucha es algo muy personal. Yo que soy bastante obse de escuchar, en general estoy escuchando los mismos discos que escuchaba de chica. Y ahora digo “uy, mira, eso no lo escuchaba, aquello tampoco”, como de avivarte, ¿no? Me parece que este es un disco para avivarte durante diez años porque, te digo, lo escuché un montón. Fue el disco mío que más escuché, por cosas técnicas, de estar mezclándolo y qué sé yo. Y no lo podía creer, decía “no puede ser lo que tocó acá”. En dos oportunidades del video yo me pongo a llorar porque no puedo creer...

Vos sos de emocionarte mucho en los shows también. Muchos músicos dicen que están tan concentrados durante el show que no se emocionan en ese momento.
FR: Una vez escuchaba hablar a Edgardo Cardozo en un programa de radio, el de Maxi Diomedi, [Patologías culturales] y él decía -después me lo dijo a mí una vez- que no hay que emocionarse, que la emoción hay que dejársela al otro. Yo, te digo la verdad, estaba renerviosa antes de grabar. Los primeros temas me temblaba la mano, decí que ya estoy vieja (ríe) o estudié y fui a dar muchos exámenes, que tenés que tocar cosas redifíciles. Todo eso me ayudó a hacer un muro un poco más fuerte y por eso, entre comillas, no pifié tanto y pude seguir tocando. Ya en la mitad del disco estoy más concentrada pero “Susurro”, la que toco con la guitarra española -que es la guitarra con la que tengo más relación-, es la que peor toqué. Es increíble, ahí se me caía todo. Estudié guitarra española pero cuando puse la guitarra no podía tocar.

¿Era por la situación del disco en general o por la canción?
FR: Esa canción es una de las que compuse para la serie japonesa, y Japón para mí tiene un lugar muy amoroso, no sé, de un montón de amigos que tratan de que mi música esté sonando ahí. Se juntan y es un grupo, y todos dejan sus casas y sus familias por un mes para estar en un auto girando por todos lados. Está ligado también a Hugo, que también es otro ídolo y que compartimos todo ese mundo y yo... ¡me hace llorar! No es que lo veo como algo bueno, pero qué sé yo, son cosas de la emoción. No sé si está bien, posiblemente no esté bien. Tampoco sé si en el disco se escucha, igual, si ves el video vas notando más cosas. Yo lo testeé eso, le pregunté a varios. Cuando hice el disco con Ariel [Minimal, hicieron juntos Ese impulso superior en 2008] era otra instancia de grabación, nada que ver. Y a la vez hay algo de conexión porque yo llevaba una canción ese día y ese día la grabábamos, no había ensayos ni nada. Ya con el Mono... para mí, él tiene una conexión con lo espiritual terrible.

Ustedes venían tocando hace varios años pero el disco se grabó en una sola sesión, en un día. ¿Se ensayó mucho antes de grabar o se dejó lugar a la improvisación?
MF: No... tenemos una manera de entrar ahí. Si entramos, entramos, si no entramos, bueno. Pero si entramos, entramos a ese lugar. Que no es del ensayo, ¿viste? El ensayo pasa, no es lo mismo cuando vos estás con las personas y vos estás recibiendo eso que viene, que no está en la sala. Eso lo tenemos y creo que los dos vamos con ese espacio ganado.
FR: En mi caso, yo estudié los temas fríamente, quizás ya sé lo que voy a tocar el viernes, voy a tocar eso. En el fondo, de alguna manera, lo tengo que ayudar para que él vuele, por decirlo de alguna manera.

¿Lo sentís así? ¿Qué vos aportás a las canciones la mínima estructura indispensable para que él construya desde ahí?
FR: Sí, por eso tengo que estar bien con el tiempo, con cosas bien técnicas que si no están es un desastre. Tocar bien, cantar bien, esas cosas que hacen que el otro diga “ah, bueno, está bien, qué bueno”.

Y la parte de improvisar quizá correría más por cuenta tuya, Mono.
MF: Claro, sí. Ojo, la improvisación no de la manera en la que a veces se conoce, que improvisación es hacer un solo. No. Va por otro lugar, cosas que vos podés aportar a un color que tiene la armonía, que tiene la letra, que tiene determinado tema en la manera como está cantado. Un montón de cosas que, a la hora de tocar... yo las tengo en cuenta y todas son distintas.

Es decir que en la presentación, la gente no va a escuchar el disco tal como es.
MF: Hay un lugar, tenemos un lugar ahí, hay como un sonido que logramos entre los dos.
FR: Quizá después las notas son otras o él pone otro fondo, no sé, pero yo me quedé recontenta porque fue eso, registrar el trabajo de años. Si hubiésemos hecho otras tomas, hubiera sido otro disco, sin esa frescura. Y veníamos hablando de tocar el disco entero.

Caras y Caretas tiene un sonido que ayuda a su propuesta.
FR: En honor a la verdad, creo que nunca habíamos tocado en un lugar con un sonido de decirte “che, nos escuchamos rebien”. El último show que hicimos, yo venía de tocar en Japón y cuando empezamos a tocar... a veces es medio cachetazo, después me acostumbré. De todos modos, no reniego de ningún lugar donde tocamos ni de nada, porque todo suma y es lo posible para nosotros, lo que nosotros podemos hacer. Y esta sala está pensada para que se suene todo. Tengo un amigo que organiza ahí y cuando se enteró del disco me dijo “por favor, vengan acá, qué bueno que sería”. Y yo le insistí al Mono también... por esto que tiene que ver con escucharnos.


*Florencia Ruiz y Mono Fontana presentan Parte el viernes 30 de septiembre en la Sala Caras y Caretas (Sarmiento 2037). Entradas a la venta en TuEntrada.com (sin costo por servicio escribiendo a zumadiscos@gmail.com hasta el jueves 29).


[Fotos por Federico Caruso, flyer del show por Gogogoch]