martes, 21 de abril de 2015

Palo Pandolfo: Místico tiene que ser un hombre de acción


Seguimos tildando los objetivos en la lista de deseos de La música es del aire. Este era uno de los grandes anhelos: tener un buen rato, mano a mano, al maestro Palo Pandolfo. Todo empezó en febrero, cuando junto a Oscar Cuervo, Maxi Diomedi y Martín Farina entrevistamos a Palo en el marco de Antojo (programa veraniego de La Tribu que pueden escuchar acá). Poco después de esa charla furiosa, en la que Palo con una sola pregunta disparó para todos lados, quedó concretada la propuesta para el músico argentino que mejor comprende mística y política.

Entonces, pasó algo similar a lo sucedido en la radio: visité a Palo en su casa de Ituzaingó y, con una sola pregunta-disparador, el hombre volvió a demostrarme que es un charlador tremendo. Intenté no repetir los temas que se habían tocado aquella vez (o al menos, que no repitiera conceptos) y Pandolfo me lo hizo fácil: casi sin querer armó un recorrido histórico por toda su carrera, desde Don Cornelio hasta hoy.

Luego de su tremendo show del viernes pasado en Niceto y antes de su presentación este sábado 25 en Rosario, va la primera parte de esta enorme y extensa charla. En qué cambiaron su música y su vida desde que se mudó a la zona oeste del Conurbano; sus trabajos en otros rubros; por qué se separó Don Cornelio; la fiesta menemista y los amigos freaks; su reescucha de Espiritango, Maderita y más. Con que lo disfruten la mitad que nosotros nos alcanza. Y esto es sólo el comienzo:

ESTARÉ A DONDE SALGA EL SOL 

Quiero arrancar con una pregunta geopolítica, si se puede exagerar. Geopolítica de acá, de este lugar, el Oeste. ¿Cómo y por qué llegaste? ¿Y en qué creés que afectó a tu música?
He hablado bastante de esto y no quiero repetirme. Pero bueno, voy a repetirme un poco porque las causas que tengo en la cabeza son más o menos las mismas: en el '94 me fui de Capital, todavía era la primera presidencia de Menem, un momento de bastante jolgorio en la Capital Federal. Yo recuerdo bien los shows de Los Visitantes en la primera época: el objetivo era llegar a las 7 de la mañana a un kiosco para comprar Chandon, porque salía 7 pesos el Chandon helado. Y lo tomabas en la calle, del pico, a las 8 de la mañana.

El show duraba hasta el otro día.
Los shows empezaban tarde y era bien decadente la cosa; toda esa época, si se quiere. A todos nos gusta un poco la decadencia, como hablábamos hace un rato [en el desayuno]: Messi versus Maradona, el Maradona dionisíaco, orgiástico, que a todos nos seduce. El principio del placer: la música se aplica al principio del placer. Hacés música para eso, luego querés emocionar y vivir pero hay una cuestión de sentirse bien y sentir ese éxtasis musical. Yo la pasaba bien en ese momento.
Hasta el ’92 -que fue el año en que salió el primer disco de Los Visitantes- hacía otros laburos, pero cuando me contrataron de Trípoli pedí licencia en la empresa que laburaba. No recuerdo si esto ya lo conté.

En las notas que leí contabas algo pero no en profundidad. Sí decías que habías dejado la música por un tiempo.
No, no dejé la música, lo que dejé fue “el negocio del rock”. Dije esas palabras: “el negocio del rock no es para mí”. Ya en el ’89 había empezado a laburar de otras cosas y, ojo, antes también había laburado. Apenas terminé la secundaria empecé a laburar -¡ibas con el diario a buscar laburo!- y conseguí laburo en una encuestadora de ILVEM, para vender cursos. Salía a encuestar gente pero en realidad era una falsa encuesta (risas). Era una engañapichanga, para que al que caía en esa “encuesta” después le enviaran un vendedor que le hacía la cabeza para venderle el curso. Una pesadilla, laburé un año ahí.
En el ’86 estaba trabajando con un amigo que fabricaba consolas, potencias y equipos de audio. Soldando circuitos y qué sé yo. Y en el ’87, cuando la compañía nos pide un contrato para Don Cornelio [se refiere a Berlin Discos, el subsello de EMI que los fichó] dije “voy a grabar un disco, ya está, no laburo más”. Tenía 22 años. Pero no se ganaba guita con Don Cornelio. Yo vivía con mis viejos y cuando fui a SADAIC la primera vez, cobré plata que para mí era una fortuna. Por ahí eran cuatro mil pesos de hoy pero para mí era una fortuna total.

No tenías que mantener nada ni a nadie.
Nada, entonces para mí era “uhhhh” (hace un grito fiestero) y estaba como loco. En el ’89 me independizo, alquilo una casa, cerca del final de Don Cornelio. El último año de la banda decido irme de mi casa, tenía 24 y a fin de año cumplía los 25, ahí alquilé en Alberdi y Olivera, cerca del Parque Avellaneda. Tenía un entrepiso, entonces hicimos ahí lo que fue la sala de ensayo de Los Visitantes: Don Cornelio se disuelve en enero del ’90, de común acuerdo entre todos los miembros de la banda. Dijimos “ya está, esto se terminó” y nunca entendimos bien por qué. Aunque hay causas, boludas y circunstanciales (risas).

¿Cuáles fueron esas causas?
Yo quería tocar a fin de año en Babilonia para empezar el primero de enero del ’90 tocando a las 4 de la mañana, esas cosas orgiásticas que te decía: dados vuelta, que tocábamos como el orto (risas). Y una parte de la banda no quería, quería estar en paz, festejar Año Nuevo con su familia... No tenía ganas de estar saliendo a las 4 de la mañana para tocar con estos dementes. Que en este caso éramos yo y Federico [Ghazarossian] Él estaba en la misma.

¿Sólo ustedes dos querían hacer la fecha?
Sí, ¡por eso hicimos la banda, Los Visitantes! Queríamos seguir con el hedonismo y con la fiesta pero sobre todo con la experimentación, ¿no? Porque éramos bastante oscuritos. Entonces: ya en el ’89 tenía que pagar el alquiler de mi casa y empecé a trabajar con un amigo, Sergio Bondar, que murió en el ’96 de SIDA. Era compañero mío de la secundaria y después hicimos una banda en la que yo tocaba el bajo, Julio Madurga, una banda muy postpunk, bizarra pero genial, paralela a Don Cornelio (y que duró más o menos del ’88 al ’92). Era como una panacea, yo estaba chocho con tocar el bajo y salir del rol de cantante. Sergio era un iluminado, murió de SIDA porque éramos los chicos malos...

Qué increíble suena ahora decir “murió de SIDA”, porque hoy es raro que alguien muera de SIDA y pasaron sólo 20 años.
Fue el momento aquél, donde empezaron Miguel Abuelo, Federico Moura, Freddie Mercury. Y bueno, Sergio Bondar. Él era un poco más joven que nosotros pero estábamos en esa misma historia, aunque digamos que yo siempre fui un poco más reservado que Sergio. Si bien era loco y qué sé yo, no era un extremista de la droga como él. Yo hacía lo que todo el mundo hacía, el tema es que ellos se picaban y yo nunca lo hice. Un ángel me decía “no” y cuando quise hacerlo el propio Sergio me dijo “no, no, hoy no”.

Te protegió.
Sí, me protegió, obviamente. Era mi amigo, mi hermano. Y a lo que iba es que con él empezamos a vender sánguches en esa época. Él había alquilado en Cabildo y Roosevelt y salíamos por ahí: comprábamos los panes, las piezas de fiambre, hacíamos pollo. También tartas de cebolla y queso, ensaladas, bandejitas. ¡Con canasta por Cabildo a vender sánguches! Estuvimos dos años así.

¿Alguien te reconocía? Porque Don Cornelio había logrado su fama.
Siiii (acentúa y se ríe fuerte). Aparte habíamos hecho dos videoclips. Y sobre todo el primer disco, había tenido mucha difusión. Me colocó a mí, hoy, hasta acá. Por ese año ’87 yo estoy haciendo esta nota con vos: me puso en la órbita del rock nacional.
En fin, con Sergio íbamos por Cabildo y en la avenida hay o había miles de disquerías, galerías y negocios de rock. Entonces ahí me reconocían. Un chabón me dijo una vez: “¡pero vos sos Palo!, ¡¿qué hacés acá?!”. “Tengo que pagar el alquiler, laburo de esto” (risas). Era un delirio, imaginate laburar con Sergio que era un freak. Laburábamos el mal, éramos el mal encarnado. Y por supuesto que era todo muy divertido.

Me imagino, trabajar en la calle abre el anecdotario.
Sí, y tuvimos un par de malos momentos. Una vez un puchero se nos puso malo porque no lo pusimos en la heladera y lo vendimos igual; un chabón nos puteó (risas). Cosas de la gastronomía, digamos. Después nos deprimimos un poco, era un momento crítico pasada la hiperinflación, la Argentina estaba muy mal económicamente. Entonces agarré y empecé a buscar otros empleos. Para cuando armamos Los Visitantes, en el ‘90, tenía un trabajo en Essilor, una importadora de lentes, de óptica francesa. Teníamos que grabar el primer disco, pedí licencia y no me la dieron, entonces me fui a grabar el disco... subrepticiamente, digamos. Le pedí a un compañero, “cuidame a la tarde” porque yo era el jefe de expedición. Había entrado como cadete por agencia pero como venía muy laburante y tenía mucha calle, enseguida me hicieron efectivo. El que era jefe de cadetes se fue a hacer pulido de lentes: no quería saber nada con la calle, los motoqueros, los cadetes. Entonces me pusieron a mí en su lugar y ¡todo lo que salía de la empresa a las ópticas pasaba por mis manos! (Risas).

¿Y cómo le fue a la empresa?
Bien, veo que Essilor sigue por ahí. Todo esto porque me echaron (risas), porque abandoné el puesto de trabajo dos semanas a la tarde. Cuando no me dieron ese permiso para grabar Salud universal dije “me voy igual”. Y el francés que era el gerente general se enteró, me llamó y me dijo la frase célebre de mi vida: “Pandolfo: lentes o música” (risas). Entonces yo le dije “bueno, poniéndolo así…”. Me paré, le di la mano y me sentí despedido. Como estaba efectivo y fue antes de la ley de flexibilización laboral, me re indemnizaron. Y con esa plata dije: “¿y ahora qué hago? Tengo un disco, tengo Los Visitantes, vamos a hacer un videoclip. Ya está: tengo que ser la prensa, el manager y las relaciones públicas del grupo”.

¿Y te mandaste con eso?
Y me dediqué a eso, fui el manager de Los Visitantes al principio, hasta que encontramos otro amigo, un loco freak. Me monté como manager, como ahora con La Hermandad. Es algo que siempre hago porque no puedo parar, me gusta laburar y tengo que hacer algo. Además de las canciones hay otras cosas para hacer, hay que moverse y no hay nada mejor que “hágalo usted mismo”. Ojo, igual está bueno tener un ayudante, un socio, un manager, me encanta. Pero tiene que ser alguien del amor, que esté trabajando arte, canciones. Si no siente pasión, amor y vibración por eso, te garca. O sea, no hay términos medios. Tiene que tener amor por la causa y transmitir, cuando sube la banda al escenario tiene que vibrar y estar emocionado como si fuera un músico más. Es uno más, sino no sirve. Por eso yo me fui sacando de encima gente que me estaba cagando, eran tibios o garcas. Uno me garcó en los últimos años. Pobre.

Hasta tenés compasión por él.
Sí porque me da pena, es penoso porque queda mal. Pero pará, voy a volver a cómo llegué acá, estoy haciéndote toda una descripción del momento aquel para poder saltar hasta al Oeste.

Dale, sigamos con el recorrido.
Los Visitantes ensayábamos mucho, tres veces por semana en ese entrepiso de la casa de Alberdi. Y teníamos una vinoteca a dos negocios de la casa, El Solitario: si buscás en el primer disco de Los Visitantes, está en los agradecimientos [la vinoteca aparece mencionada entre Revista Lanzallamas y Pablo Schanton] Cuando le llevamos el disco al Gallego, el dueño, se lo pusimos y vio que estaba ahí... ¡Se emocionó tanto! Y yo también, ahora me pasa lo mismo, me emociono, boludo. El tipo se puso colorado y dijimos “ahhhhh” (pega un grito indescriptible que nos hace carcajear a los dos). Hace mucho que concebí el concepto de que “comercio es amor”. Digo, que se entienda: un buen almacenero de barrio da amor. El comerciante es un chabón que está en relación con el otro, de toma y daca, una relación amorosa. De esa emoción que nos agarró con el dueño de la vinoteca, dijimos “hay que hacer algo, vamos a hacer algo”. ¿Y qué hicimos? Un recital en la calle.

Esto sí lo has contado, es muy gracioso.
Sí, y lo repito porque es muy anecdótico y divertido. Entonces, con una caja de vinos, la policía nos puso un patrullero. Cortamos avenida Alberdi, en esa época la ruta 3. Una avenida doble mano ¡y un viernes a las 8 de la noche, con tránsito pesado! (Risas). Armamos un quilombo infernal. El Club Alvear, un club de Floresta que estaba por ahí, nos dio un escenario. Y los otros comerciantes, que eran todos amigos, pusieron plata para alquilar el sonido. A todos les iba a hacer bien porque la heladería podía vender helados, el almacén iba a vender no sé qué carajo... y Vinoteca El Solitario puso una mesa con una rubia que daba vino espumante para degustar. Gratis. O sea, era un sueño (risas). Era la fiesta menemista en su máximo esplendor, si querés, con perdón de todos nosotros (más risas).

Y se anticiparon a la era de los megafestivales sponsoreados.
No, bueno, tanto no. El primer show que vi en mi vida en el ’79 estaba auspiciado por Chocolates Crico (risas). Siempre hubo sponsors, sino no hubiera existido nada. Woodstock fue algo bastante raro porque fue bastante independiente y sin sponsors.
A nosotros nos sponsoreó toda la cuadra e hicimos el recital, que fue justo enfrente de la puerta de casa. Cuando terminó el show, abrí la puerta y me metí. Pero quedó abierta, era un pasillo largo al fondo y se sucedió como un continuum performativo. Hay un actor del teatro neoyorkino que hace obras con performance: el tipo se lleva el público a su casa y continúa la obra ahí. Performance pura, bien ritualística.


Acá te pasó lo mismo.
Claro, pero esto tenía cola. Con el tiempo, en el ’93, la gente por ahí aparecía a las 3 de la mañana y me tocaba el timbre. Había un continuum de locura y llegaba gente rara. Digamos que empecé a sentir esa densidad. Yo era muy sociable y lo sigo siendo, con mucha calle y mucha noche, estaba en todos lados y no tenía un carajo que hacer. Vendía sánguches en la calle, imaginate. No me importaba nada, la calle es mi ámbito. Y tenía muchos amigos freaks: el Basu, que venía de San Justo, un basurero. Los Visitantes era una banda muy de la impronta popular, teníamos muchos amigos criminales, gente del bajo mundo pero de una nobleza diferente, quizá. Igual, criminales más o menos amables, no asesinos (risas). Bueno, había algunos narcos también (más risas). Toda esa cosa de la noche que era bastante sabrosa. Yo soy de las personas que se sientan en el colectivo en el último asiento y aparece un linyera todo mal, herrumbrado, patético, desagradable...

Y se sienta al lado tuyo.
Y se sienta siempre a mi lado. Y siempre, siempre, entabla conversación. Desde chico me pasó, desde que tengo memoria, ¡tengo un imán para toda esa gente! Y cuando estaba en la calle y era de Don Cornelio y Visitantes, que era como el dios del punk y qué sé yo, tenía todos amigos así. Quería que todos mis amigos fueran así. Y entre toda esa gente estaba Adrián Cayetano Paoletti, los chicos de El Lado Salvaje, Todos Tus Muertos, los artistas del underground. Estábamos todos en esa línea, volcados a la calle.

No eras el único.
No, claro. Pero toda esa densidad empezó a pesarme en un momento. También, vivir sobre una avenida de tránsito pesado a San Justo, era todo como “pshhhh” (hace un ruido metálico, estruendoso). Un ruido infernal, de camiones. Y algo en mí dijo “me tengo que ir”, fue una voz que siempre tengo, yo siempre me digo cosas. Entonces me tomé el tren Sarmiento, bajé en Castelar, pregunté dónde había una inmobiliaria y me dijeron “acá a la vuelta está Corigliano”. Fui, dije “hola, qué tal, quiero alquilar una casa”, me atendió Corigliano, “tengo un chalet, tatatá”, me lo mostró esa misma tarde y le dije “listo, lo alquilo”. ¡Alquilé la primera casa que vi en Castelar! (Risas). A Los Visitantes nos había ido bien en esos años, tocábamos mucho en vivo y ganábamos algo de plata que se repartía en partes iguales. Éramos una banda muy democrática.

Entonces, tu primera parada en el oeste fue Castelar.
Sí, Castelar, eran todas casitas lindas, chalecitos. Contra todo este personaje que te estoy definiendo, un chabón que vendía sánguches en la calle y era amigo de los criminales, de repente alquilé un chalet en Castelar. Esto fue en 1994.

Castelar, además, es una localidad muy tranquila. Aún hoy lo es.
Sí, aparte… cheto, si querés. Bueno, es contradictorio, lo entiendo, pero me parece interesante la contradicción. Aparte mi generación era posthippies, yo empecé con mi primera banda en el ’78, es decir, en la década del ’70. Éramos setentistas, estábamos con el pelo largo y queríamos ser Color Humano. De alguna manera, desde que te ibas a tu primer viaje en carpa, la cosa era “me tengo que ir a vivir a El Bolsón, me tengo que ir a vivir a El Bolsón…”. Y nunca me fui a vivir a El Bolsón pero fui a vivir a Castelar y tenía pasto, planté un ceibo, tenía una huerta, hice tomates. De alguna manera, con un remanente hippie. Y ahora vivo acá, en este parque maravilloso (señala) y planto árboles, soy experto en lo que es plantas, soy un jardinero natural. Antes estuve 15 años en una quinta en Puente Gnecco, en Paso del Rey (Moreno), donde también planté millones de cosas. Siempre está eso y creo que hoy por hoy, haciendo una salvedad histórica en la charla, sigue siendo muy vigente el concepto de lo autosustentable, la vida en la ecología. Se mezcla la izquierda con lo hippie en la ecología social, un concepto moderno de decir “cada familia tiene un fondo, un gallinero, una vaca comunitaria, leche orgánica”. Una revolución ecológica para salir de las formas de producción dominantes. Es un tema vigente todavía.

Y en el medio de tu mudanza estaban por hacer Espiritango.
Claro. Yo me escapé de la ciudad y fue bastante raro, nadie lo entendió de lo que es el mainstream del rock. Y justo en el ’94 yo grabo Espiritango acá, en Del Cielito. Fue rarísimo porque nosotros no elegimos el estudio: Trípoli Discos quiebra -cosas raras- y es absorbida por DBN, que elige que grabemos ahí [en la contratapa del CD se vislumbra el logo de Trípoli tachado, al lado del de DBN]. Entonces me mudo al Oeste y grabo acá el disco, fue extraño. Del Cielito todavía pertenecía a Castelar en esa época, ahora es Ituzaingó. Y Espiritango sale disco del año, nos va bien a nivel opinión pública pero a nivel shows seguíamos más o menos con lo mismo. Muy indie todo, éramos nosotros con nuestro manager los productores en Casa Suiza, el manager era un hermano, un loco. Hicimos el disco en vivo En caliente...

Que es crudísimo.
Tá, pero está bueno, muy ensayado. Ensayamos un mes seguido todos los días y está muy producido porque lo hicimos con Mario Breuer y Pichón Dalpont, todo súper profesional.

Capta un gran momento de la banda. 
Boludo, el otro día escuché Espiritango. Alguien lo linkeó en Facebook y por algún motivo no empezaba en el primer tema [“La musa”], empezaba en el tercero [“Patada sucia”]. Me gustó que empiece así. Y de repente escucho y empiezo a sentir una adrenalina, unas palpitaciones… Empecé a sentir unos subidones, o sea, me sube todo como “ay, boludo” (habla excitado, nos reímos). Claro, yo estaba prendido fuego, no es joda. Con los años, había puesto al disco en un lugar blando y nada que ver. Me acuerdo de un par de sensaciones y momentos puntuales que te quedan grabados pero, con el tiempo, me queda un tema u otro. Tiene tantas canciones, es un disco tan diferente y variado, que hay cosas que no me gustan...

Y con el tiempo te queda sólo esa parte que no te gusta, quizá.
Sí, te quedás con eso, lamentablemente puede pasar. Igual no soy muy resentido de mi pasado, al contrario, lo amo. Sobre todo por el ejemplo de Spinetta, que siempre fue tan resentido con su pasado. Yo no quiero ser así, amo todo y me encanta en serio. Y el otro día me encantó Espiritango, me re cabió, mal, ¡me gustó más que nunca, boludo! (grita enfervorizado). Porque yo entraba en un infierno en un abrir y cerrar de ojos. Vocalmente, la voz. Venía como “nananá” (susurra) y de golpe “yeahhh” (grita aún más fuerte que antes). En el ’94 fue que se pegó el tiro Kurt Cobain, ¿no?

Sí, abril del ’94.
Bueno, el otro día pensé y ¡tiene que ver con el grunge! No es que estábamos tan en otra, que éramos relocos.

Hay un par de hardcores, por ejemplo.
Tiene hardcore y rock alternativo, “Mecánica ciudad”. O “Noche oscura” [se refiere a “Villa Domínico”], que es bien grunge, tipo “chanchan-chán” (imita el riff de guitarra). El espíritu que más atraviesa el disco me parece que es el del rock alternativo. Aunque está “El ente”, que me parece un plomo: la canción me encanta, la versión del disco me parece horrible. Hubiera preferido que sea todo hardcore, nos quedaba bien. En “El ente” estoy... “Inocencia encerrada en una espiral ardiente…”. Un boludo (risas). Ahora lo hago bien, ahora canto bien eso porque tengo ductilidad, puedo hacer hardcore o tango. Tengo todo ese hardcore adentro y muchas otras cosas más, en ese momento no tenía tanta cintura. Hice cosas que... Qué buena reflexión, nunca había pensado esto que estoy pensando en voz alta: de alguna manera cagábamos más ancho que el culo. Igual Espiritango salió disco del año, pero no es que la banda estalló, para nada. Estalló artísticamente mi vida y hasta ahora sigo haciendo temas de ese disco, como “Gris atardecer”, que me encanta. Y a La Hermandad le sale mucho mejor que a Los Visitantes, la rompe La Hermandad.

¿Y con “El ente” qué hacés?
“El ente” también lo hago porque me parece una canción que me trascendió a mí mismo, digamos, gracias a que Calamaro la grabó; también la canté con él un día en el Ópera. Y la gente la canta, la canto y todos cantan. Yo me pierdo en ese tipo de cosas, entonces aprovecho y la toco de vez en cuando. Pero es bastante depresiva para mí, un tipo “buscando la verdad que sea rentable”. Es muy crítica, está bien, me parece bien. Me deprime pero igual la hago, me la banco (risas).
Todo eso fue  el año en que me mudé y bueno, los cambios empiezan a operar. La pregunta era qué me pasó a mí con esa transformación geográfico-política, y qué le pasó a mi música.

Sí, a vos mismo como tipo, en el fondo. Y hasta como cantante, qué sé yo. Creo que sos uno de los cantantes más singulares de la historia del rock argentino. 
Está bien (se ríe). Tengo mucha ductilidad, mucho rango, mucho movimiento. Puedo ir a todos lados.

Movimiento y carne viva, siempre.
Lo he asumido. El vivo mío, nuestro, es un lugar en el que no se sabe qué puede pasar, yo mismo lo siento. No es que sé que el show empieza y termina de tal manera, en algún momento me atraviesa un rayo feroz y me vuelvo loco, me termino tirando en el piso, me pasan cosas. Creo que eso es lo que busco y no es que lo busco conscientemente, lo busco de manera inconsciente. Igual tiene que ver con Pescado Rabioso, con el éxtasis. O con “Twist and shout” y Lennon gritando como una bestia loca, sacada (lo imita): toda esa cosa del grito primal me interesa. Pero bueno, pará: “Estaré”. Eso es lo que me pasa. Compongo “Estaré” en ese paraíso de Castelar, con tomates. Eso es lo que me pasó, “Estaré”, que es como una gran obra de mi vida, con que yo levanto muertos. Si yo tengo que ir a cantar un tema ante 100 mil personas en la Plaza de Mayo con las Abuelas, cantó “Estaré”. Y quedo bárbaro porque es combativo, alegre, dramático, furioso, esperanzador, tiene todo.

Y tiene la naturaleza del lugar.
Sí, es ecosocial, ecosocialista. Y aquello de que el sol entra en una cuna y en la prisión [“como la cálida luz/ que entra en la cuna y en la prisión”]. O sea, el sol les pega a tu hijo y a un preso que quizá es asesino. Estamos todos bajo ese mismo sol, es muy socialista el tema. Y hippie, y hasta punk porque ¿por qué la cuna junto a la prisión? Son imágenes fuertes. “Estaré” me parece un gran tema y es lo que pasó en ese movimiento, empecé a componer desde otro lugar, seguro. Hice “Que se abra Buenos Aires”, ¡que es justamente lo que hice yo! Yo me abrí de Buenos Aires y entonces digo “que se abra” (risas), “que abra bien las piernas”.

Qué tonto, ésa no la había pensado.
Todo esto pasó y es un poco Maderita, ya incluso el nombre... Maderita, viste, “sssss” (imita, creo, el sonido de brasas). Aparte “Que se abra Buenos Aires” habla de todos estos personajes que te decía. “Pelea el pueblo demente”: son todos mis amigos estos, los freaks y qué sé yo; “perdiendo todos los dientes” porque están todos refisurados, ¡se les cae la vida, viste, hechos mierda! (Risas). “Con religiosa anarquía”, hay una observación de todos esos personajes que te contaba al principio de la charla, que con muchos somos amigos aún hoy. Adrián Cayetano Paoletti, por ejemplo, volvió y está a full. Lo invité a leer en la presentación de mi libro de poesía La estrella primera, que fue en la Biblioteca Nacional. Entre otros amigos estaba Adrián leyendo un puto poema, ¡25 años después! Con algunos nos encontramos y todavía no lo podemos creer.

Sobrevivieron varios...
¡Algunos sí, por suerte! (Risas). Todo este proceso que te digo está muy claro con el tiempo y en la distancia, ahora a la perspectiva. Pero en el momento no sabés qué está pasando: vos vas, vas y vas.


*Palo & La Hermandad se presenta este sábado 25 de abril en McNamara (Tucumán 1016, Rosario). Anticipadas en Sarmiento 780. Reservas: 3413-298189.


[Fotos de Palo & La Hermandad, por Fernando Manino Dachdje]

6 comentarios:

Chancho Piluqui dijo...

Qué loco, tengo el disco de Don Cornelio en vivo desde hace más que quince años y en el último tema ("Yo soy el visitante") Palo se pone a delirar y a recitar cosas extrañas en un estado destructivo notable. Una de las cosas que repite varias veces es "Julio Madurga"... yo pensaba que estaba puteando a uno que se llamaba así, es muy extraño conocer una verdad tantos años después.

Qué más agregar. Palo es Palo. Es enorme. Ha sido y sigue siendo banda de sonido de mi vida.

Te dejo un abrazo mientras espero la próxima parte de la entrevista. Gran blog, estimado, gran blog!

Santiago Segura dijo...

Justo volví de la casa de Palo escuchando ese disco y pensé "claro, qué idiota".

Están buenísimos los videos que armaste sobre PP, en alguna de las partes de esta nota los voy a linkear.

Chancho Piluqui dijo...

Jaja, qué grande! Gracias por la onda, che. Abrazo

Diego Passamonte dijo...

Sigo a Palo desde 1990. Es un genio, un transmisor que irradia belleza.
Nunca había leído una entrevista tan buena de él. Gracias.

Santiago Segura dijo...

Gracias, Diego. Quedé muy contento con la nota, hay toda una historia adentro... por suerte Palo se copó mucho en contarla con lujo de detalles.

Esta es la primera parte de varias, estoy trabajando en ellas.

¡Pronto tendrán novedades!

Dosmo dijo...

Qué tipo hermoso es Palo... qué artista hermoso... y Estaré es para cantarla con la voz y el corazón.
Grax Santiago!