martes, 8 de abril de 2014

Yo también fui al Lollapalooza: día 2


Después de un primer día agitado y con muy buenos shows -obviemos a Julian Casablancas, por favor-, la segunda jornada del Lollapalooza argentino nos movilizaba más temprano que el día anterior, feriado fatídico y triste del 2 de abril mediante. La oferta del día parecía en la previa más jugosa en cuanto a clásicos de la alternatividad (y no tanto): a lo largo de la fecha se presentaban Johnny Marr, Pixies, Soundgarden y Red Hot Chili Peppers, gente de amplia y reconocida trayectoria.

Llegamos al hipódromo de San Isidro a las dos menos diez de la tarde, para atender al único grupo argentino que veríamos en ambos días: los platenses El Mató a un Policía Motorizado. A la misma hora tocaba Savages, un grupo de -claro- salvajes jovenzuelas que me recuerda al Patti Smith Group + PJ Harvey: estuve tentado de repartirme entre el Main Stage 2, donde tocaba El Mató, y el escenario Alternative, pero finalmente ganó la potencia nacional de los de Santiago Motorizado. El Chango se bancó estoicamente la presentación y debió cantar buena parte del show sentado: se rompió el tendón de Aquiles jugando al fútbol (¡rock chabón!).

Por momentos, al cantante le costaba contenerse y se paraba. Cuando pidió disculpas por estar tocando en esas condiciones -“me rompí todo”-, se ganó la ovación del numeroso público que contaba a los miembros de Pez entre sus presentes. (Graciosísimo Ariel Minimal cantando El día del huracán junto a su pequeña hija, probablemente motivado por su amor futbolero).

El show estuvo basado en Día de los muertos y La dinastía Scorpio, los dos últimos discos del grupo. Pero fue Chica rutera, desde Un millón de euros, la que encendió la chispa: por la polvareda y el estruendo que levantó debería llamarse Seis palabras son suficientes a la hora de rockear. Mi próximo movimiento ya es un hit del underground y significó el cierre, ovación mediante.


Pasados El Mató y Savages, la oferta en escena era más bien poca. Tan solo la presencia de Jovanotti más algún DJquenonosinteresaba en el Perry Stage. Ese momento vino bien para comer -otro de los grandes momentos del festival: una bondiola que valió cada centavo- pero al rato hubo oferta doble, nuevamente confrontando propuestas de aquí y allá: en un escenario Pez, en el otro Johnny Marr.

Resulta polémico, siendo buenos, que se deje un vacío de una hora sin contraponer shows convocantes para que luego se crucen dos grupos que mucha gente quiere ver, en un caso comparable -en menor escala- a lo que pasó en la primera fecha con las presentaciones de NIN y New Order. Lamentamos perdernos el show de nuestros queridos Pez: lo que era un acto de justicia (su merecida presencia en la grilla de un festival convocante) devino en desazón para muchos, supongo que empezando por ellos mismos (ponerlos en simultáneo con un histórico que toca en el país por primera vez se asemejó bastante a un chiste de mal gusto). Deberían haber sido la contraoferta en la hora al pedo de Jovanotti.

Y sí, nos inclinamos por Johnny Marr: el pendeviejo más cool del planeta la rompió. Y hay varias observaciones para hacer respecto de su presencia en el festival: a) Parece mucho, pero mucho más joven de lo que es; b) Canta los temas de los Smiths igual (o casi) que Morrissey. Estamos ante otro caso de sincronía vocal (John-Paul; Spinetta-Del Guercio; Calamaro-Roth; Beilinson-Solari), esos en los que uno nota que los músicos amigos, o quienes lo fueron alguna vez, hablan parecido y cantan igual; c) Es diez veces más simpático que Morrissey: agradece constantemente al público (“good-looking people”), intercala Smiths con más ganas que Mozz y le dedica una canción a Agüero, su ídolo del City; d) Toca un cover encendido de I fought the law y cierra con soberbias versiones de How son is now? y There is a light that never goes out, uno de los grandes momentos de todo el festival. Tanto, que mientras hace corear a la gente la coda del tema, del cielo totalmente nublado asoma un insólito rayo de sol; e) Tiene el peor corte de pelo de la historia del rock. Johnny Villano.
Gracias por todo, crack.


Después de Marr, llegó el momento de sentarse sobre el pasto mojado del predio. Era el turno de la hermosa Ellie Goulding y su chicle pop dietético. Sí, es muy linda, por momentos la agita tocando la percusión, canta bien y es noble. Pero no pasa mucho más que eso, excepto cuando queda casi desnuda. Que su show transcurriera luego del de Marr en la grilla no motivó la devolución del dinero a los espectadores por parte de Fénix, la empresa organizadora. Al menos descansamos un rato.

Cuando inició el show de Vampire Weekend, era notable el incremento de público comparado a la fecha anterior. No daban las seis y el predio ya empezaba a colmarse, mientras la gente se agolpaba frente al escenario donde el cuarteto neoyorkino daría un show que no cumplió ni de cerca las expectativas: la banda pechofrío del festival. Todo demasiado prolijito y delicado, al límite de lo exasperante.

La sofisticación de los discos es harto sofisticada en el vivo, y hace aparecer baches enormes en el intercambio instrumental. Es cierto que en sus álbumes no hay mucho relleno, tan cierto como que en el vivo deberían sumar músicos que engrosen su propuesta escueta: música sin proteínas. De paso, a los músicos invitados podrían sumarles enfermeros que le inyecten un poco de sangre en las venas a Ezra Koenig, un artista de lo inmóvil.
Decepcionante show. Tanto que nos fuimos a pasear por el predio para encontrar amigos perdidos, mientras AFI versionaba a The Cure (Just like Heaven) en el escenario alternativo.

Y vinieron los Pixies, en esta remozada versión con la compatriota -aunque dicen que apenas si recuerda algunas palabras en castellano- Paz Lenchantin en lugar de la histórica Kim Deal. La primera impresión no bien arrancado el set se corroboró a lo largo del show: Lenchantin se la recontra bancó, le puso sonrisa y onda a un escenario de rostros y acordes distorsionados. El Diego, Messi, El Papa, Máxima y Paz Lenchantin. En tu cara, brasileño.

La evolución del show fue del sonido más podrido del grupo, el afamado, imitado y caótico suave-fuerte-suave -que desató una ráfaga de 10 temas uno tras otro en sólo media hora-, a la cara más amigable de Black Francis y los suyos, sin tanto noise y de esencia cancionera. Entre Wave of mutilation y Monkey gone to Heaven -con las soberbias e inenarrables Hey y Caribou en el medio; gracias gordo- está el background sonoro de la banda, que va de las guitarras ultranoise de Joey Santiago a las acústicas de Francis. Todo suena y se resuelve con esa naturalidad mugrienta. El de Pixies debe haber sido de los shows con el sonido más ajustado a las necesidades de las canciones, inclusive las nuevitas (Greens and blues, Magdalena), que pasaron con dignidad el test.

Sólo una cosa les vamos a reprochar, mis queridos: el show venía rumbeado perfecto para cerrar con Here comes your man. Sé que es un capricho y que no les importan los hits (bueno, es lo único que tienen parecido a eso) pero tenían que tocarlo.


Se acercaba el final y las alternativas eran dos: Soundgarden o el crédito local, Illya Kuryaki and the Valderramas. Otra vez, y teniendo en cuenta que a los yanquis no los iría a ver si vinieran solos, me concentré en el show de los de Cornell y descarté al dúo Horvilleur-Spinetta (apreciado en otras oportunidades). El me concentré es un decir: tras el final de Pixies, el reencuentro en un punto intermedio con mis compañías nos dejó a todos bastante lejos del escenario. Mal perfilados y con el sonido algo difuso por la ubicación.

Si a esto le sumamos la decisión de Soundgarden de tocar Black hole sun y Spoonman al comienzo del set y nuestro cansancio acumulado, la resultante es obvia: reculamos los pasos que nos acercaban al tablado para descansar. No juzgaré severamente lo que hicieron los de Seattle, aunque a lo lejos sonaba monótono y creo que me hubiera divertido más con IKV. (Ojo, el show fue muy elogiado por los que pudieron verlo y escucharlo mejor).

***

Queremos a los Chili Peppers. En Argentina juegan de locales hace muchos años, y se nota. El marco es muy superior al del día anterior y no hay espacio para moverse mucho. Los turistas se mezclan entre la multitud de gente que muestra una mescolanza más nacional & popular que el martes (tampoco para tanto).

Tenía 15 cuando los vi en el estadio de Vélez, un día de lluvia despiadada del verano de 2001. Famosos por su desprolijidad en vivo, aquella vez llegaban con Californication a cuestas y con su formación más clásica. Ahora, todos mis acompañantes ansiaban verlos y yo estaba más para irme. Los cargué toda la tarde con el “yo ya los vi, y los vi con el genio de Frusciante”, “ahora ya están viejos” y demás chicanas exageradas. Porque a la hora de enumerar shows favoritos, ése, con el paso de los años, no asomaba en mi lista de memorables ni por casualidad.

Pero los Red Hot Chili Peppers me demostraron que estaba equivocado, desde el comienzo. Sonaron como Gran Grupo de Estadios y desplegaron una energía en escena que ninguna banda del festival peló, amparados por un complemento visual y lumínico notable. Los cuatro monos bailarines de siempre.

Bah, los cuatro monos de siempre no: los ojos del soberano miraron con desconfianza al “nuevo”, Josh Klinghoffer. Y Klinghoffer pasó el examen con solvencia, sin ser un guitar hero chispeante ni un émulo de John Frusciante. Logra complementarse perfecto al sonido de la banda, a la base de Chad Smith y Flea, que esta vez sonó descomunal. Muchísimo mejor que doce años atrás.


La lista comenzó con un viejazo -¡The power of e-qua-li-ty!- y fue adentrándose en distintas épocas del grupo: impresiona la cantidad de canciones híperconocidas que tienen, muchas que había olvidado por no escucharlos en años. Además, se dieron el gusto de enganchar algún cover juguetón en el que el bajista pasó a la voz por un rato (Why don’t you love me, de Hank Williams).

Los temas de I’m with you y Stadium arcadium (a mi gusto, su disco más flojo) se acoplaron perfecto con perlas de antaño como Otherside o la siempre conmovedora Under the bridge. En ambas piezas, el canto del público casi tapa al por siempre joven Anthony Kiedis. El consenso absoluto se las dejó picando a los Red Hot, que zaparon entre tema y tema, improvisando separadores que derivaban luego en la siguiente canción de la lista. Leí varias quejas al respecto de gente que prefería “más canciones en vez de esas cosas en el medio”...

El show completo se me hizo tan placentero que sentí que, como todo lo bueno (cualquier libro de Nick Hornby, un gol de Vietto, los fines de semana largos, Marquee moon, una cerveza fresca en verano), se esfumaba demasiado rápido. Tras If you have to ask y Give it away, los muchachos saludaron medio apurados y agradecieron con la emoción demagoga de siempre (ojo, estos vinieron en 2002 cuando no venía ni Locomía). En especial Flea, que llevó hasta las últimas consecuencias su castellano querible y expresó algo así como que “No alcanzaban las palabras”.
Esta vez se redimieron de las desprolijidades pasadas.

Yo, que los vi con el pecho de Frusciante, les digo que esta vuelta fue mejor. Y ahora los quiero de nuevo.

***

A modo de conclusión: esta primera edición del Lollapalooza es, probablemente, el festival mejor realizado en el país a la fecha, al menos de los últimos diez años en que proliferaron los festivales de rock esponsoreados por grandes marcas. Es menester que sea rock aclarar que en la Argentina los festivales siempre se organizaron dándole la espalda al público, cagándose en la seguridad y el disfrute de la gente, con poca plata invertida en luces, sonido e infraestructura en general. No era tarea difícil igualar y superar lo previo, tampoco.

Y aún quedan cosas por corregir -la salida del segundo día fue algo más caótica; las bandas argentinas fueron puestas al mismo horario que números estelares del extranjero o muy temprano; el agua debió tener un precio más accesible, en Chile se da gratis- pero, con todo eso a cuestas, hay que decir que lo pasamos muy bien. Si quieren volver el año que viene con Wilco, Belle and Sebastian, The Decemberists, Fleet Foxes, Alabama Shakes, Black Keys y Dirty Projectors, están invitados.

[Todas las fotos gentileza de Anabella Nolasco; excepto Black Francis (Pixies) por Tomás Correa Arce].

10 comentarios:

Hugo dijo...

Geniales ambas crónicas, te envidio un poco.

Yoapenas seguí por el stream un poco del recital de Soundgarden, que sonaron muy bien para mi gusto y con la voz de cornell en bastante buena forma (aunque sé que no es lo mismo un stream que escucharlos in situ )y el de los Chili Peppers completo, que no defraudaron mis expectativas.

Sólo disiento en lo que decís de Stadium Arcadium, a menos que te refieras al más flojo de los que Frusciante participó pero aún así tampoco coincidiría.

Saludos.

Santiago Segura dijo...

Envidie Hugo, ya habrá tiempo de venirse... Vos estás cerca del Indio Solari.

Por eso no soy tan terminante con el show de Soundgarden, estaba lejos del sonido y el clima del show: lo que vi no me alcanza ni a mí para condenarlos; me hubiera gustado estar mejor posicionado pero era un mar de gente.

Del show de RHCP no leí muchas críticas pero parece que no fueron buenas. En ese caso, estoy completamente en desacuerdo porque el show estuvo muy a la altura en sonido, puesta, y en especial en la onda que le pusieron ellos.

Stadium arcadium... sí, me parece el más choto de los que hicieron entre Mother's milk y el último, si querés.

Salud.

Martín dijo...

Excelentes crónicas, veo que el miércoles todos hicimos casi el mismo itinerario de shows y de break times (en Jovanotti y en Ellie Goulding).
Debo decir que a RHCP los vi por primera vez en este festival, por lo que sólo puedo basar mi opinión en lo que escuché y vi de ellos en YouTube, pero la verdad es que el nuevo guitarrista no me terminó de convencer. Entiendo, y me parece buenísimo que la banda le haya dado la libertad para que el tipo bata la suya en lo que arreglos respecta, y me pareció también muy bien que también respete ciertos yeites que son necesarios, pero, por ejemplo, lo que hizo en el momento del solo en Otherside me pareció malísimo, hasta diría que cagó toda la canción, sin dudas una top 5 del repertorio hitero de los californianos. Más allá de eso me pareció que la banda sonó muy bien y muy ajustada, pero hubiese preferido toda la vida tener el privilegio de escucharlos con Frusciante. Una pena.

Santiago Segura dijo...

Ojo Martín: Frusciante TAMPOCO respetaba en vivo lo que grababa en estudio, cambiaba todos los solos.

Martín dijo...

Es verdad, no sé si ese era el punto al que quería ir ahora que me releo. A ver, me dio la sensación de que el nuevo violero (no es por ningunearlo diciendo "el nuevo violero", pero no recuerdo su nombre y me da paja googlearlo) tiene un sonido y un estilo de tocar medio dark (se nota también en su look pero eso no viene al caso), que con el sonido funky de los Red Hot no pega mucho a mi parecer. Frusciante sí tiene un sonido más crunch clean típico de la Stratocaster que es especial para tocar funk, y por más que no respetaba a rajatabla lo que grabó, no dejan de ser canciones de su autoría y eso le da ventaja a uno a la hora de resolver sin caer en la repetición. Eso, y además de que el sonido de Frusciante, más allá de las notas que toque, me parece que es el que le daba identidad al sonido de RHCP, y eso es muy notorio si comparamos los discos que grabó Frusciante con One Hot Minute, un disco claramente alejado del funk y más tirado al hardcore.
En este momento creo que, más que aclarando, me estoy enredando y contradiciendo jaja, o quizás tenga que acostumbrarme al nuevo sonido de la banda con lo que vayan haciendo de ahora en más. La cosa es que me gustaban más con Frusciante y punto, jaja.

Santiago Segura dijo...

Bueno, ahí ya es otra discusión, sí. No creo que hayan perdido identidad, de todas maneras. El último hit que tuvieron -"Rain dance Maggie"- podría ser de By the way o el siguiente y no nos habría parecido una locura. Sí, algo cambió, pero creo que mantienen la esencia. O quizá yo siento que todavía no cambió tanto, veremos en los próximos discos que saquen.

Qué buen disco One hot minute -ése sí me parece claramente distinto, Navarro tiene poco y nada que ver con John-, lástima que no lo toquen en vivo.

Anónimo dijo...

si le agregas miniature tigers y grouplove al proximo lolla, ya te compro las entradas. Lamentablemente no pude ir (por el precio de las entradas y por cuestiones laborales) y tuve que escucharloa por la radio. Me dieron ganas de hacer un atentado en las oficinas de los forros de la metro. Pero genial que hayan llegado a Argentina y ojala que vuelva el año que viene. Saludos

Santiago Segura dijo...

Miniature Tigers no me entusiasmó tanto lo que escuché... A Grouplove no los tengo, voy a buscarlos a ver qué tal.

Supongo que volverán, fue mucha gente. Y lo de la Metro, a veces dios le dan pan...

Anónimo dijo...

Más vale tarde que nunca, pero lo de Soundgarden fue tremendo, una clase del hard rock noventoso, con un Cornell enterísimo. No serán Pearl Jam pero mantienen su vigencia. Me sorprendió la cantidad de sub 40 y sub 50 (como yo) que estábamos ahí viendo el show.
Abrazo, alto blog! Dosmo.

Santiago Segura dijo...

Nunca es tarde. Por eso digo, yo vi de lejos y decido no juzgar severamente. Mejor si lo disfrutaron. (Y nunca vi a Pearl Jam...).

¡Gracias, salud!