miércoles, 1 de enero de 2014

Trece del 13

Recién se va el 2013 y no quisimos olvidar algunos discos que estimularon nuestras horas. Varias músicas quedan afuera de esta entrega -la lista inicial ascendía a más de veinte discos-, pero estos 13 álbumes cosecha nacional merecen ser considerados: por su originalidad y personalidad, representan todo lo que pudimos escuchar del año que pasó. Ojalá les guste como a nosotros. 
Feliz 2014 para todos los que están del otro lado: esperamos que sigan por ahí.


La luna hueca - Skay y Los Fakires
El disco más convincente de un redondo como solista. Skay llega a un poder de síntesis asombroso, amparado por letras de fábula y misticismo y canciones que derrochan energía y belleza en partes iguales (Falenas en celo, Cicatrices). Entre clásicos y frescos rocks, profundiza su búsqueda hacia la música de otras latitudes con resultados asombrosos -La fiesta del karma-, y un contorno acústico que le sienta demasiado bien. Y entrega su pieza más enigmática y compleja, la notable La nube, el globo y el río.


SUBA - Un día perfecto para el pez banana
El debut más auspicioso de un grupo argentino en éste y varios años. Cinco cordobeses inquietos logran un complejo sonoro que parece trascender a la clásica formación de rock, a la vista de los resultados logrados desde lo tímbrico, la asombrosa capacidad de atravesar los más diversos paisajes en una sola canción y la bella voz de su cantante, Lucila Escalante. La fiesta de la forma se sintetiza en la fantástica México, una de las canciones de 2013. Certifica Manza Esaín en la producción, por si faltaba más.


Aquelarre - Sig Ragga
Sig Ragga, o de cómo hacer del reggae argentino un lugar mejor. La apuesta por la canción en un género que suele cantarle siempre a lo mismo no sólo funciona, sino que lleva a lugares encantadores (tanto que cuesta elegir una sola canción como muestra). Sig Ragga quiebra esa escena aburguesada y además irrumpe como un grupo sutil y climático, con la voz de duende estoico de Gustavo Cortés como referencia y un sonido refrescante que lleva encima sofisticación & radio. Los necesitábamos, amigos.


El corazón es el lugar - Pablo Dacal
¿Usted quiere hacer un disco que suene a otro tiempo y salga airoso hoy? Llame a Pablo Dacal y pregúntele cómo se hace, porque él lo hizo perfecto. Con la compañía de Las Guitarras del Tiempo -aplausos para esas violas-, Dacal llega a su pico de expresividad criolla, ese charco que nada con obstinación hace años y del que saca esta nueva Flor Nacional. Cómo reformular géneros añejos y que suenen a presente: las milongas del futuro son las de este cantor trashumante.


Palingenesia - El Atolón de Funafuti
Dicen que los terceros discos tienen “algo” y son los que terminan de definir hacia dónde va un grupo. Si tomamos al Atolón como caso testigo, aquella sentencia es totalmente efectiva: el grupo llega a su cumbre sonora como ensamble blusero-jazzístico-prog-cancionero y entrega sus mejores piezas en este disco de muerte, renacimiento y resurrección. Tino Moroder encuentra su voz definitiva y las melodías lo ayudan: respiran en esa marejada armónica de banda de rock con teclas y violín. Octoplus es la síntesis de la plenitud conseguida.


- Fede Cabral
Post-Sancamaleón, Fede Cabral se mudó, construyó su propio estudio de grabación e hizo un disco que lo pinta como tipo de cuerpo entero: optimismo, baile, energía e introspección por partes iguales. Hace rato que aquél espíritu combativo de los primeros tiempos de su ex grupo se reconvirtió en la búsqueda de cosas simples, esas que terminan haciendo de la vida algo con un poco sentido (“todo lo que importa entra en una bolsa, todo lo demás me da igual”). , su debut solista, parece ser una de esas cosas.


Confía - Los SUB
En Confía todo parece venir desde las profundidades pero asoma a la superficie de manera encantadora: se viaja desde los 80s más oscuros hasta los 90s más brillantes. El combo más rocker de Triple R Discos entrega nueve canciones donde las guitarras dirigen el devenir de los que deberían ser los hits indie del año que se fue (pero recién salieron del horno... tiempo al tiempo): el adictivo Todo lo que quiero en este momento, oh; el tema-título y Hippies. La banda en pleno se suena todo para el momento más temerario, Volviendo a casa de noche.


Shaman y Los Pilares de la Creación - Shaman y Los Pilares de la Creación
El cantor más singular del rock argentino (no sólo del rock independiente) y una nueva entrega de sus delitos de voz cavernosa y épica. Por momentos pareciera que su garganta se devora los paisajes folk que la sostienen, pero la música prevalece en su propio brillo, como si funcionara por contraste con ese vozarrón grave. Sonriendo debe ser el título más oximoronístico de la historia: la tristeza que contiene esa canción define la marcha de un disco difícil, duro y hermoso a la vez.


El poder oculto - Lucy Patané y Marina Fages
Basado en su mayoría por piezas instrumentales, El poder oculto resuelve de manera brillante la conjunción de instrumentos autóctonos, canción popular y experimentación. La dupla Patané / Fages hace gala de sus probadas capacidades como instrumentistas con un resultado absolutamente original, que combina el folklore norteño con la música oriental. Y no sólo en la profusión de arpegios, el sonido dulce y la profundidad que huele a naturaleza -presente en todo el disco- está la clave: cuando abren la boca salen poemas de canciones como La sangre en la boca del lobo. Belleza pura.


La humanidad - Miro y su Fabulosa Orquesta de Juguete
Las canciones redondas de Ramiro García Morete -en la vena de Dylan y Calamaro- son de nuestras favoritas en el mercado local, por perdedoras y hermosas. En esta vuelta, la Fabulosa suma ingredientes del comandante Tweedy en Zapatos, rockea stonianamente en Simple y se autoflagela en Ido y La mística del perdedor, como si Elliott Smith hubiera sobrevolado las sesiones de grabación. Sí, estos muchachos aman el mundo de las canciones perfectas. Y predican con el ejemplo: melodías de estadio y grandes letras (¡Epifanía #32!).


Las invasiones inglesas - La Joven Guarrior
La voz del Pastor en La oportunidad alcanzaría para incluir a Las invasiones inglesas en esta lista. Pero además de esa hermosísima canción, este colectivo de trece locos con apodos insólitos (El Nuevo, El Pochoclero, Junco) despliega un abanico de sonidos que van desde el folklore (Alma lejana) hasta el funk (¡Fa!), todo ejecutado con gracia y personalidad. Las letras no parecen tener término medio: o son introspectivas (Paisajes desiertos) o destilan humor e ironía (Mi amigo el Tano, un integrante de la nueva bohemia que se trae “tomates hechos en Holanda”). Ideal para bajar de la ansiedad ciudadana.


La nostalgia soundsystem - Mi Amigo Invencible
Desde Mendoza, Mi Amigo Invencible nos recuerda cuán importante es la concepción del tiempo en la música: todas sus canciones parecen desplegarse de a poco, hasta llegar al lugar necesario. En La nostalgia soundsystem hay una noción de las duraciones que le da un desarrollo coherente y fresco. El disco está hecho de lugares y no-lugares (el camino, los árboles, las habitaciones, las casas, el cielo, las sombras), con la mudanza del grupo a Buenos Aires como tema inevitable. Un cancionero que estalla sin dejarte sordo, a veces se electrifica y otras se torna electrónico. Pero siempre llega a buen puerto.


Debo admitirlo con algo de ¿culpa?: le había perdido el rastro a Gabo hace un par de discos. Y de seguro volveré a ellos con otra atención luego de escuchar este álbum. Elogiar su prodigiosa voz y su excelso manejo de la palabra a estas alturas es lugar común, pero hay lugares comunes que no pueden dejar de ser señalados. Su universo, de palabras, de relaciones perdidas, de inflexiones en esa voz de madera y vino, de guitarras brillosas y cientos de preguntas, encuentra en La primera noche del fantasma la cumbre. Otra más.

4 comentarios:

dante dijo...
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Anónimo dijo...
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Santiago Segura dijo...
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Frodo dijo...
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