miércoles, 14 de noviembre de 2012

Sábados de Superación



“Quiero caminar con vos, 
y llenarme los ojos de sueños de homeless que sólo saben cantar, que vivirán”.

Esta frase se repite en el estribillo de Los chicos de Orense, la tercera canción de Todos los sábados del mundo, uno de los (tantos) magníficos discos que han aparecido dentro del amplio panorama under local en este 2012 que comienza a saludar su retirada. Las primeras veces que escuché el tema en cuestión no reparé en esta porción del texto, que define a la perfección el estado natural –así suena– de un disco y una banda en plenitud. ¿Será la juventud, serán las ganas, será que el 8N y la lluvia no nos pueden pasar por arriba, serán las drogas, será la joda, será la perdición, será que cuando las canciones te salen derechitas no hay manera de no sonar así? No lo sé, pero todo fluye, quizá gracias a ese estado loser consciente (“yo juego al perdedor porque al fin, sé que ganaremos los dos”) de Valentín y Los Volcanes. De ellos hablamos, platenses desprolijos –como buenos platenses– que esta vez se peinaron un poco y vistieron mejor para la foto.

Y sí. Puede ser la esperanza típica de un joven con gracia, o la (odio esta palabra pero la voy a usar igual) desfachatez de un grupo que arrima como promesa del rock cancionero, la que nos ofrezca versos épicos en los que un grupo marginado por la sociedad canta (maravilloso gesto, mejor imagen: muchos homeless cantando) y luego afirma su resistencia (el "que vivirán"; los primeros estribillos no resuelven ese final). Lo mejor de todo esto es que la foto está en las retinas del protagonista: llena sus ojos de sueños desesperados, sueños que en realidad se relacionan con un amor. Esto funciona bien.

***

Utilizo la cita como un extracto de la relevancia textual y musical omnipresente en Todos los sábados del mundo. Canciones sueltas y bien resueltas, los trece temas del álbum son pequeños objetivos cumplidos de tres minutos y medio. No hay un solo momento flojo. El contenido letrístico, queda claro, es más que original: busca y encuentra buenas, nuevas y breves formas de decir, a veces por medio de la repetición (la tautologiquísima No veo la hora de ver la hora parece insoportable a primera escucha y luego se revela excelente) y siempre con buenas resoluciones, mediante imágenes logradas e ingeniosas o descripciones lo suficientemente enigmáticas como para atraer la atención del escuchante.

Musicalmente, como esbozaba con anterioridad, Los Volcanes han terminado de pulir su sonido y así favorecen las cualidades de sus melodías que, como ejercicios bien resueltos, cuentan con estribillos infalibles. Los teclados se tornan un ingrediente fundamental a la hora de matizar y embellecer la forma, tanto en las partes cantadas como en los pasajes instrumentales, a la vez que la voz de Jo Goyeneche (garganta sin arena) se acopla al sonido hi-fi y sabe cuando arrastrarse y cuando flotar.
El curso del álbum es tan redondo que hasta da satisfacción ir descubriendo los también originales nombres de los temas, tan buenos como las piezas mismas: Si Ud. fuera la muerte, La maravillosa muerte de alguien más, Pequeña Napoleón (tres hits si Los Volcanes fueran un grupo con chapa y radio).

No digan que no les avisé: aquí está uno de los mejores discos independientes de los últimos días. Pueden escucharlo desde el Bandcamp del grupo y comprobar la buena salud de la canción nacional: los días felices quizá sí estén hechos para nosotros.

2 comentarios:

Franco dijo...

Lo descubri hace poco,la verdad que es un discazo y yo pense lo mismo,si sonarian en la radio,por lo menos tres o cuatros canciones son para hits.

Saludos

Santiago Segura dijo...

¡Por no decir todas! Es un disco muy parejo.

Salud, Franco.