martes, 9 de marzo de 2010

Aquelarre: los brujos y el tiempo

Quizá Aquelarre sea uno de los grupos más injustamente olvidados por el gran público del rock argentino. A pesar de haber sido una de las bandas que surgió tras la separación de Almendra, su historia, transcurrida entre Argentina y España, no es conmemorada con la justicia popular que debiera. Acá, un repaso por sus primeros dos discos: el clásico debut homónimo y Candiles.


DE SEPARACIONES
Almendra, quizá el mejor grupo de la historia del rock argentino, dijo adiós a fines de 1970, el mismo año en que los Beatles detuvieron los jóvenes corazones rockeros del globo al anunciar que todo había acabado, que de ellos no había más. El efecto dominó que generó la despedida de los cuatro de Liverpool se cargó en pocos meses a los tres grupos que hicieron explotar lo que ahora llamamos rock nacional: los ya nombrados Almendra, Los Gatos y Manal. (Cuando sos influyente, sos influyente en todo).

Del conjunto en el que descubrimos -bah, algunos ni habíamos nacido- a Luis Alberto Spinetta, se desprendieron tres nuevas fuentes de música: Pescado Rabioso, con el propio Flaco terminando de convertirse en uno de los compositores más brillantes que se haya visto en Latinoamérica -y un espécimen artístico raro de calificar en el mundo entero, me atrevo a exagerar-; Color Humano, con el guitarrista de Almendra, Edelmiro Molinari, como principal figura y voz; y quienes me ocupan ahora, los Aquelarre, que contaban con la “base” de Almendra: el bajista Emilio Del Guercio y el baterista Rodolfo García.

Llamativamente -y no tanto, porque los cuatro integrantes de Almendra se demostrarían individuos muy creativos-, los conjuntos tenían poco que ver entre sí: Pescado era puro fuego, sin dudas el momento más incendiario y rockero en la carrera de su líder; Color Humano, trío como PR, desplegaba, sin embargo, cierta parsimonia en su música, y en Aquelarre se encontraba un cuarteto delicioso, capaz de elucubrar piezas complejas y líricas, de esas a las que el oído prueba varias veces hasta que les encuentra el sabor.

Acabo de decir que Aquelarre era un cuarteto, pero no conté quiénes eran los dos músicos que completaban el número. Héctor Starc, quien se encargó de las guitarras, venía de tocar en el Héctor Starc Trío junto a Black Amaya y Rinaldo Rafanelli -el primero terminaría en Pescado Rabioso, el segundo en Color Humano, éramos tan pocos...- y fue abordado por Rodolfo García a fines del ’70 tras una actuación con el trío en la primera edición del legendario festival B.A. Rock. Fue el primero en aceptar.

El cuarto en cuestión, Hugo González Neira, tocaba el clavicordio y había pasado por un par de grupos de jazz y blues. Se conocía con Starc del Instituto Di Tella, y así fue que lo llamaron para integrar el proyecto: con su sonido particular -el clavicordio, pero también el de su imponente voz- terminaría de conformar un grupo que se estrenó tímidamente en la versión 1971 del festival B.A. Rock, aun sin nombre.

AQUELARRE, EL DEBUT
Después de variadas presentaciones por un pequeño circuito que comprendió lugares como los teatros IFT y Margarita Xirgu, el Parque Lezama y el cine Pueyrredón de Flores, y con la banda en constante búsqueda de un estilo innovador, llegó la presentación oficial el 17 de marzo de 1972. La sede fue el cine Lorange, y la película del día fue este cuarteto de rock que, dicen, dejó boquiabierta a la audiencia con su sofisticada potencia, sumada a un impacto visual que generaron los juegos de luces y las proyecciones que decoraron la escena. Aquelarre ya tenía abundante material para llenar un concierto, y cuatro ases que volvían a la banda un cóctel irresistible para los buscadores de aventuras musicales. Cantaban todos, y tocaban de veras bien. La ausencia de un líder-estrella era por demás algo extraño, y el protagonismo se dividía en partes iguales incluso compositivamente.

Gracias a un contacto de Daniel Ripoll, editor de la revista Pelo, la banda llegó a Alfredo Radoszynski, el director del novel sello independiente Trova. Pocos meses más tarde, ya habían grabado sus dos primeros discos casi de manera simultánea: las ideas eran claras y las composiciones sonaban imperecederas, por lo tanto en el seno del grupo se propusieron no dejar ni una sola pieza sin ser registrada.

El debut, que llevó el nombre de la banda, reafirmaba lo que ya había sido mostrado en sus contadas presentaciones previas: la destreza de los instrumentistas, la famosa bola de ruido en la guitarra de Starc, cantantes excelentes que intercalaban sus voces -principalmente González Neira y Del Guercio- en piezas que daban lugar a la improvisación, y arreglos entre el jazz y el rock progresivo.

La portada fue dibujada por Emilio Del Guercio, y aquel peculiar sujeto comiendo una sopa de instrumentos cosechó varios elogios y sirvió de muestra para notar que en Aquelarre la preocupación estética comprometía a los propios músicos hasta este punto. El bajista también diseñaba los afiches de sus presentaciones.

Ahora sí, vayamos a Aquelarre. La apertura es "Canto, desde el fondo de las ruinas" un tema de introducción potente con gancheros riffs de guitarra, atmósfera densa y letra oscura (al menos eso puede derivarse de una letra que repite tanto las frases “no, no puede ser” y “no, no puedo ver”). ¿Por qué Aquelarre dice cantar desde “el fondo de las ruinas”? Suponemos una explicación social para las letras, y no hay dudas que estas dejan pistas claras respecto de la realidad política de aquellos primeros ’70, cuestión que se acentúa aun más en el segundo track, "Yo seré el animal, vos serás mi dueño". La visión del futuro en esta canción poco tiene que ver con una utopía, y aquel presente dejaría las huellas de lo que vemos hoy. Más claro, echarle agua: “Vayamos a luchar, la historia se murió. Mamá no quiere dar a luz a un niño, porque dice que va a salir a matar con sus manos por las calles”.
Continúa "Aventura en el árbol", un blues de corte progresivo (dura casi nueve minutos) donde Starc se cuelga la medalla de guitar-hero, con improvisación grupal incluida. El sonido de la guitarra es violento y contrasta con las cuidadas voces en perfecta armonía.

Por lo general las piezas del disco superan los famosos 3 minutos y medio de duración ampliamente, para extenderse en improvisaciones de vuelo alto, tal como sucede en "Jugador, campos para luchar", con Del Guercio y su límpida voz haciendo los honores. Starc, otra vez, vuela en las seis cuerdas.

"Cantemos tu nombre" es la pieza que más se diferencia de las otras: aires acústicos en el año del primer disco de Sui Generis. Esta vez la voz que destaca es la de Hugo González Neira, que nos cuenta bellas imágenes bucólicas: “Cantemos tu nombre en casa, abran todas las ventanas/ lentos campos van a hablar, árbol de una sola calma, canto que gotea el sol. Hamaca tu propio cuerpo y en el aire soplo yo”.
El cierre es intenso como casi todo Aquelarre, y la sexta y última pieza, "Movimiento", es ante todo un duelo de riffs entre teclados y guitarras. Pero si escuchamos bien, la letra dispara una pregunta interesante en años de la infame Revolución Argentina, que imponía a Lanusse como presidente de facto: “¿Qué figuras quieren nacer desde este fuego, en este enloquecer?”.

ENCIENDE LOS CANDILES
El mismo 1972, trajo una segunda placa de Aquelarre, grabada de manera simultánea al debut. En Candiles el grupo amplía sus horizontes musicales y sigue debatiéndose cuestiones sociales y políticas de peso en aquellos días. La portada en este caso no fue diseñada por Del Guercio: se trata de El aquelarre, la pintura al óleo de Francisco de Goya que forma parte de sus famosas Pinturas negras.

El disco también abre con una pintura negra: la polenta de "Cruzando la calle" revuelve en aquellos sucesos sangrientos en los que la muerte “te ronda”, como dicen. Poco tiempo antes, por citar un ejemplo, había ocurrido la masacre de Trelew -que sigue generando increíbles noticias aun hoy- en la que 19 miembros de organizaciones armadas peronistas/de izquierda, intentaron fugarse del penal de Rawson y, al frustrarse el raje, fueron fusilados por marinos dirigidos por el capitán Luis Emilio Sosa. Si aclaramos que Emilio Del Guercio se reconocía peronista, está claro por qué se reiteraban en sus canciones estas descripciones de la realidad (algo que, de todas maneras, se daba en gran parte del rock de aquellos días, sea cual fuere la inclinación política).

Candiles presenta más matices que el primer álbum, más eclecticismo que progresividad, aunque varios de sus temas derivaran en momentos de tensión y cambios rítmicos. Según relataron Del Guercio y García en una entrevista a Clarín, “en Candiles modificamos ligeramente el criterio de grabación. Las bases las tocamos como siempre, los cuatro juntos, pero trabajamos más en las sobregrabaciones con nuestro criterio casi artesanal y siempre acentuando la búsqueda de una identidad sonora”.

"Soplo nuestro", una balada reposada donde destaca el sutil trabajo de Rodolfo García en batería, corta el aire brumoso del comienzo, aunque no es necesariamente una canción feliz, sino más bien un momento melancólico con una dama como protagonista solitaria. "Hermana vereda", en tanto, devuelve la energía rockera, quebrada por un inesperado intermezzo psicodélico digno del San Francisco 1967. Cierra el primer lado "Cuentos tristes", otra canción más bien folk-pop, y a esta altura nos damos cuenta de que hay un ida y vuelta entre canción y canción del disco: se va del momento fuerte a la distensión.
"Miren a este imbécil", que abre la segunda parte, comienza despacito, como un susurro que terminará por explotar. Y sí, es lo que sucede... menos no puede pasar si, como canta Del Guercio, el imbécil “mata hermanos en la casa donde debe vivir”. Le sigue "Patos trastornados", el único tema instrumental entre ambos discos, que muestra el virtuosismo y la conexión musical derivados en un sonido irrompible, con una banda a mil y García imprimiéndole a la música una potencia inusitada.

Para el cierre de Candiles dejan la canción más bella del álbum, aunque leer la letra desespera... "Iluminen la tierra" pone en primera a persona a González Neira, en procura de un sol al que “no espera más”, y el coro a cuatro voces del estribillo emociona aunque asegure que “ha pasado tanto tiempo” y “mucho más ha de pasar” en la búsqueda de esa luz.

Con la publicación de Candiles, Aquelarre terminó por ganarse a la prensa y el público de rock, gracias a su (reafirmado) compromiso estético y poético, que demostraron en sus siguientes álbumes de estudio -Brumas de 1974, y Siesta de 1975- y en su estadía por España, donde, junto a Moris, ayudaron a la castellanización del rock en la Madre Patria (sí, aunque no lo crean, aún cantaban en inglés). Retornaron a fines de los ’90 para algunas presentaciones en vivo, y sus discos fueron recientemente reeditados en un box-set de lujo, para que, ahora sí, no los perdamos más de vista y oído: el tiempo les da la razón a estos brujos.

20 comentarios:

s dijo...

gran texto, realmente. me sirvió para querer meterme más en aquelarre, de quienes tengo bien escuchado nada más que 'brumas'.
en fin, un golazo.
abrazo,
s

Darío dijo...

Habrá que buscar esa edición de lujo.

Tenía a Del Guercio como diseñador, ya que me lo he cruzado cuando yo era más chico (y cadete) por algún pasillo de la empresa donde laburaba. Esa tapa del primer disco es exquisita (tanto como los instrumentos que devora ese extraño tipo).

el_iluso_careta dijo...

excelente descripción de una de las 5 mejores bandas del rock nacional...

Santiago Segura dijo...

Gracias Eze por los elogios! Desde cuándo sos S, así con la letra sola? Te dejo con los dos primeros, que los disfrutes.

Darío, está salada... mi suegro la tiene. Claro, Del Guercio es diseñador, y además está haciendo un programa en Encuentro que está muy bueno y está muy bien filmado. Se llama Cómo hice y habla de las grandes canciones del cancionero argentino junto a sus autores. Buscalo.

Cada vez que los escucho pienso que, aunque sea de su época, están entre las mejores bandas. Y eso es mucho decir, Iluso, sin dudas.

Salutes.

bonito lunch dijo...

grossos!

Pablo Libre dijo...

"Cantemos tu nombre" es uno de mis 3 temas favoritos del rock nacional.
Y en un top 100 habría varios de Aquelarre y de Color Humano.

Santiago Segura dijo...

Para variar, don L. y su brevedad. Supongo que, por tus gustos, te gustan (qué repetitivo).

Temazo don Pablo. Los otros dos? Estallando y cuál más?
Hace tiempo vengo pensando en hacer una lista de 100 temas de rock argentino pero se me ocurrió, mejor, que sea interminable: ir subiendo de a 20 temas porque sí, de vez en cuando. Ya lo voy a empezar algún día.

Ezequiel R. dijo...

es que no estaba logueado y me dio pereza hacerlo... así que firmé como firmo los mails, jaja.
le dí durísimo al homónimo... ¡cómo suena!

Pablo Libre dijo...

Ahora me pusiste a pensarlo! Mirá, con el rock de acá lo que me pasa es que tengo temas que me encantan, pero cuyos autores detesto. Ejemplo, Águila de trueno de LAS, o Como mata el viento norte de CG. Habría que hacerl a lista, yo la estoy haciendo con discos en el otro blog que viste. Estaría buenísimo.
PD: Hay un tema que no dudaría en poner en el top 10, Para traerte a casa, de Gabo Ferro...

Santiago Segura dijo...

Está bien Eze, no hay drama. Yo para reconocer quién es quién nomás. Seguí dandole tranqui, a Candiles también.

Pablo, armá tu lista, yo ya comencé la mía y quizá la suba en unos días. Qué buenas letras hace Gabo.

juanelemental dijo...

Festejo la restrospeccion justiciera de Aquelarre y tendria que hacer lo propio con el Miguel Abuelo de esa epoca, sus simples y Miguel Abuelo Et Nada un coctel de zeppelin y purple entre otros pero hecho aca. Despues de escuchar eso entendi porque el timbre de voz de Miguel Abuelo.

Clau dijo...

Cuando te embarcás en estas heroicas empresas (actualización de blog queda diminuto) como fueron los escritos sobre Pappo o el mítico recital del flaco Spinetta, los resultados son: muy personales, instructivos, emotivos y ciertamente poéticos, Tucho. Sé que textos como éste y los mencionados no se escriben de un rato para el otro, y que requieren esfuerzo y tiempo, pero tan sólo te pido que, cuando puedas, los sigas incluyendo, porque hacen de LMEDA un blog distinto y absolutamente imprescindible para los que amamos el rock argento.

Abrazo.

Ale Do Carmo dijo...

Buenisimo el post. Lo que me da bronca de las nuevas generaciones fanaticas del rock nacional es que no indagan en la historia. Todo bien con La vela Puerca, No te va gustar, etc pero en los 70 habia bandas del carajo en Argentina de las cuales hoy nadie se acuerda
Bueno ya me descargue
Saludos

Santiago Segura dijo...

Juan, es verdad, debo lo de Abuelo, un genio súper interesante. La historia de ese tipo sí que es grosa... Ya va a aparecer algo (próxmamente en una pequeña compilación).

Te zarpaste Clau, creo que es demasiado y te agradezco tantos elogios... ya que tardo tanto en actualizar, al menos va desarrollado!

Puede ser Ale, hay de todo... yo tampoco soy un viejo y los que comentan acá varios son de veintipico. Igual suele ser así, somos más bien pocos los que investigamos.
Ah, guacho, de paso: La Vela y NTVG son uruguayas! Y ojo que los segundos tienen una discografía más que respetable, me parecen bandas decentes.

Saludos caballeros.

Ale Do Carmo dijo...

Si, ya se que son uruguayas y no me parecen malas bandas. A lo que voy es que me parece que ahora hay menos ganas de ir para atras, de indagar en el pasado. Te puede gustar Viejas Locas pero si nunca escuchaste Manal hay algo que no funciona. Lo mismo con Aquelarre, Invisible, etc No se si me explico (creo que no)
Saludos

emeygriega dijo...

Flor de reseña, excelente. Si, Del Guercio es diseñador, de hecho su web asi lo dice.

Tucho, ademas de disfrutar este informe de esa epoca gloriosa, te cuento a vos y tus lectores que el miercoles quienes esten de acuerdo suprimiran por un dia el "avatar" de su blog o facebook en memoria del golpe.

Beso.

Santiago Segura dijo...

Sí, Ale, se entendió perfecto, y supongo que eso es una herencia cultural que va más allá de la música: que no tengamos memoria no sé si es para reprochárselo a los pibes, de todas maneras. Da para largo el tema, creo!

No entendí Eme, explicá mejor, no comprendo.

Anónimo dijo...

Aquelarre era un grupo completísimo... músicos del carajo todos. Y todos cantaban. !Y cantaban bien! Los discos que más escucho de ellos son los tres primeros. Son los mejores. Despues, si no me equivoco, ellos se van para España, y se edita Siesta. Un disco que no es como los anteriores, pero que todavia tiene el encanto de su musica.

Gran texto, tucho...

"estás entusiasmada con tu nuevo amorrr, las tontas seducciones que te dan calor y al final... perderás uhhhhh uhhh!" (Aniñada)

dios mio, qué banda

abrazo

Mati C.

Roedor dijo...

Uf, me paso unos días sin mirar y se me larga con todo esto, y además con lo de Nebbia.

Aquelarre es una de las bandas fundamentales del rock, sus letras eran excelentes aunque algo crípticas (sí, había censura, pero sus imágenes se podían atisbar), y musicalmente siempre fueron muy aventurados, no se quedaban en lo que ya habían hecho. El box set quizás no conviene comprarlo. Han reeditado ellos mismos todos sus discos con nuevo sonido, y la verdad es que está muy bueno. Comprarlos individualmente es más barato, aunque por ahí te perdés el librito de la caja.

Con Aquelarre me da la misma sensación de cuando fui a ver a Spinetta en Vélez: hay canciones que hoy suenan vanguardistas, y fueron compuestas y grabadas hace casi 40 años.

Santiago Segura dijo...

Sabés que Siesta creo que nunca lo escuché, Mati? De casualidad. Cantaban todos MUY BIEN! Creo que lo digo en el txt... ya ni me acuerdo muy bien qué digo.

Más que días meses, master, porque esto está colgado hace rato! Los discos se venden por separado, sí, son los mismos que vienen en el box. Creo que está medio caro, yo lo vi porque mi suegro lo tiene. Y coincido en todo.

Decime si Almendra no le pasa el trapo a cualquier banda de hoy! Ya lo dije en el texto que escribí del show: qué Radiohead ni Radiohead, la versión que hicieron de Color humano es mejor que cualquier cosa de hipervanguardia!
Después leéte a Litto.

Abrazo gentes.