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miércoles, 14 de julio de 2010

Ir por (la senda) colectora

Nota para el lector: esto ya se ha hecho y visto en varios lares. Pero igual es divertido y se me canta repetirlo a mi manera.

NPEL 2: el afiche que ven originó este escrito. Para más información, haga clic aquí.


Hay distintas clases de enfermos respecto del coleccionismo en la música. Hay gente que tiene muchos discos pero no tiene ese afán compilador (e incluso hay quienes desde el advenimiento de Internet dejaron de comprar discos). A mí, que aunque baje mucho sigo comprando en cantidades también -por la edad podría ser un bajador que no compra, pero creo que el coleccionismo a esta altura tiene poco que ver con cuestiones de edad, es o no es- me resulta divertido saber cómo la gente colecciona discos. Creo que cualquiera que guste de tener el disco como objeto es un coleccionista, al menos potencial. Por eso, cuando visito una casa en donde la discoteca está a la vista, no puedo evitar posar los ojos sobre ella primero para, si se me permite luego -y si hace falta aclarar que soy obsesivamente cuidadoso con los discos, hacerlo- meter mano a los que me interesen más. Alguna vez me dieron ganas de robar algún disco pero no me animé, en realidad ganó el respeto por el otro.

Para ver qué tal son ustedes, los que leen esto, les propongo una especie de cuestionario para que cuenten cómo llevan la vida de su discoteca, por qué siguen comprando discos -o por qué no compran más, lo cual también es toda una postura- entre otras cuestiones.
Pero primero les cuento mi caso, para que de paso vean qué es lo que quiero que me cuenten:

Debo andar cerca de los 300 discos -si bien no es una mala cifra me parece poco-, que vengo comprando desde mis doce años, o sea la mitad de mi vida. Por cuestiones lógicas, en aquella época no compraba mucho, cuando empezás a tener más guita propia te largás más. Me gustaría tener 1000 discos por lo menos, es otro numerito. Ya llegaré.
Esta idea de charlar sobre los discos surgió luego de que un amigo de mi cuñado me preguntara el otro día, después de ver mis discos, cuál era el que más había escuchado de todos, cuál era el más raro y/o preciado y cosas así. Cuento entonces: el disco que creo que más escuché es Singles Collection, el triple de los Stones con los singles de comienzos de su carrera hasta el ’70 más o menos; creo que no tengo discos decididamente raros aunque tenga algunos importados. Revisando, quizá el más raro sea Being there de Wilco pero no por ser en sí un disco extraño, sino por sus condiciones técnicas: me lo compró mi novia con la caja rota y un 305 escrito en fibrón negro que luego intentó ser borrado sin suerte por -imagino- su dueño anterior. No entiendo a quién se le ocurrió escribir un número sobre la tapa de un disco, pero lo hizo. En cuanto a lo otro, Marquee moon de Television y Bryter layter de Nick Drake son algo así como mis discos mimados, pero esa es una pregunta más difícil de responder porque casi todos tienen algo.

Los CDs ya no me entran en el espacio que tengo. Como tengo un equipo de audio en el comedor de casa y otro en la pieza, siempre dejo en el comedor (más o menos) diez álbumes que quiera escuchar. En mi cuarto los tengo divididos en distintas bateas: una de grupos nacionales -en realidad en español, porque Raro de El Cuarteto de Nos, por ejemplo, está ahí-, otra de solistas y otras dos con el mismo rótulo pero internacionales, aunque ahí se me mezclan más por cuestiones de espacios (hay que encastrar todo como se pueda). El orden es el siguiente: de arriba para abajo, comienzo con los artistas de los que más discos tengo hasta llegar a los que menos, y los discos de cada grupo/solista están ordenados por su salida, estando arriba de todo el más nuevo. Cuando tengo la misma cantidad de discos de dos bandas, elijo arbitrariamente cuál va arriba, excepto que haya algún disco doble o triple: ahí gana la banda que tenga más producción.

Uno de los problemas (?) que surge al momento de ordenar se da cuando aparece algún disco en colaboración. ¿Dónde lo ponés? Yo resuelvo por gusto o cantidad. Para que entiendan doy un ejemplo: La la la, de la dupla Paez-Spinetta, está metido entre mis discos del Flaco y no en los de Fito, sencillamente porque tengo más discos de Luis y porque -esto correría si tuviera la misma cantidad de discos de ambos- me gusta más.
Otro problema, al menos para mi discoteca en la que predomina el rock, sucede con los discos instrumentales. Pero es un inconveniente de simple resolución, lo arreglo fácil: nada de ponerlos juntos, las categorías siguen siendo las mismas cuatro que antes aunque no cante nadie. En síntesis, no ordeno ni por género ni alfabéticamente. Cuanto tenga miles de discos veré.

Vamos a los box-sets: poseo algunos, aunque me gustaría tener muchos más y la suerte de que me caigan todos los discos gratis al programa de radio que no tengo (!). El más groso en cantidad de discos es el más nuevito, Una celebración del rock argentino, que consta de nueve CDs y un librillo de varias páginas, seguido de lejos por El salmón de Calamaro, de 5 dedos, como decía su autor, y De Ushuaia a La Quiaca, de 4 discos (la edición 20º aniversario).
El artista del que más discos tengo si sumo todos sus proyectos es Luis Alberto Spinetta: entre los 11 solistas, el dúo con Fito, los 3 de Pescado e Invisible,
los dos primeros de Almendra y uno de Jade, llego a 21 compactos del Flaco. El que le sigue, de lejos, es Bob Dylan con 13.

El primer disco que compré fue La paciencia de la araña de Caballeros de la Quema y todavía lo tengo por ahí, el último -fue regalo pero lo elegí yo, así que lo cuento como compra-, Black and blue de los Stones, era una deuda pendiente. El LP que más barato me salió y que compré sólo por eso, fue Vision valley de The Vines: cuando lo escuché entendí por qué salía 7 pesos, fue esa primera escucha y un nunca más, ahora está al fondo de la pila... quizá algún día le dé otra chance. El más caro fue el box-set de Celebración producido por Nebbia, que igual lo garpé a un precio mucho más bajo de lo que sale en Musimundo y con DVD y libro incluidos. En realidad me salió súper barato, digamos.
Nunca compré un disco por su tapa.

Por supuesto, así como uno tiene maneras bastante peculiares de manejarse con sus discos, también las tiene con los mp3. Les cuento un par de manías: a cada copia le hago una carátula que indica los álbumes que tiene el disquito y su respectivo año de edición. A veces trato de que la selección de discos -si no es la discografía de un grupo en particular- tenga cierta coherencia, aunque otras hay que aprovechar megabytes y quedan metidos en un CD el último disco de Liliana Herrero con el primero de Kyuss. Al fin y al cabo es música que me gusta y si está todo escrito la encontraré.
En caso de que el mp3 contenga la discografía de un grupo prolífico que sacó más de un disco en alguna época de mágica inspiración por parte de sus autores –siempre pasa con grupos de los ’60 y ’70, está claro, no con los de ahora; el mercado ha cambiado, además-, se indica el orden con un número entre paréntesis al lado del año de edición del disco. Por ejemplo, si tuviéramos la discografía de los Beatles, sería: 1963 (1) – Please please me, 1963 (2) – With The Beatles y así sucesivamente. Siempre se pone el año primero.

Para el final les dejo un pequeño detalle sobre el tema: si alguien me saca un disco de su lugar correspondiente, lo escucha y vuelve a dejarlo donde estaba, de igual manera me doy cuenta de que lo sacaron. Varias veces lo consulté y no hacen más que darme la razón: habían sacado equis disco para escucharlo. Lo que no me dan es la receta para curarme...
Y bueh, todo no se puede.


(Espero que después de leer, por favor no se asusten y sigan entrando a charlar de música. Y abro el juego para que cuenten ustedes sus locuras y ordenamientos de discos, a ver si de paso me dan nuevas ideas para aplicar con mi colección).